Anastasia Pov.
Hace una semana que ingresé a la escuela Palos Hill y sólo quiero aclarar tres cosas;
1. Aun no tengo amigos. 2. Al parecer soy el nuevo juguete del grupito de amigas de Gwen Owen. 3. Ciertos ojos grises no dejan de perseguirme.
Por alguna razón Christian Grey se ha colado fuertemente en mis pensamientos. Y realmente es algo muy extraño, ya que bueno, jamás me intereso con tanta intensidad alguien.
Me he dado cuenta que comparto más de cuatro clases con él y que en todas no lo he visto hablar con alguien, ni siquiera los profesores le preguntan ni le dirigen la palabra. Eso realmente es algo raro. Me cosquillea el estomago y el vientre al recordar como a veces lo descubro mirándome.
Y eso me pone más nerviosa de lo normal. ¿Por qué me mira de esa manera?...
A pesar de no ser muy sociable con todas las personas, me he enterado tras una conversación que compartían unas chicas de la clase de Química, quien es Christian Grey. Recuerdo haber fruncido el ceño, tras enterarme de su radical cambio. Que cuando ingreso al primer año, fue unos de los más problemáticos, y que incluso estuvo a punto de ser expulsado. Ahora todos están sorprendidos. Christian Grey ahora es un alumno brillante, pero aun así muy introvertido.
Me gusta la biblioteca de la Escuela, tiene grandes estanterías que van desde los altos techos hasta los oscuros suelos de madera. Cuenta con una enorme recopilación de libros, enciclopedias, Infografías, y diccionarios. Y en las horas libres que me dan, aquí es donde suelo pasar el tiempo.
Desde aquella clase de Algebra, Gwen y sus rubias secuaces no han desaprovechado una mísera oportunidad para molestarme. Es por eso que a veces prefiero esconderme aquí en la biblioteca, aparte de que es el único lugar, donde siento que realmente pertenezco. Me gusta escuchar el crujir de las páginas amarillentas de los viejos libros cuando alguien va a hacer una investigación. ¡Me gusta hasta el maldito olor de papel viejo que desprenden algunos!
Hace tres días conocí a Tom Prescot, me tropecé con él para ser más precisa. Se presento conmigo como el capitán del equipo de Futbol Americano de Palos Hill. Su cabello rubio ceniza, su complexión fuerte y musculosa de casi dos metros de altura, su nariz recta y angulosa, con sus ojos azul hielo hicieron sonrojarme al darme cuenta que había caído sobre mi trasero haciendo una mueca.
Se comporto muy caballeroso al recogerme los libros que se me cayeron al chocar contra su musculoso pecho, y al igual que también ayudarme a levantarme.
El furioso sonrojo estuvo presente en mis mejillas todo el momento, hasta cuando al retirarse para ir a su clase gimnasia me dio un casto beso en la mejilla sobrecalentada.
Recuerdo que en mi antigua escuela, la mayoría de las personas me ahuyentaban. Tuve una amiga en los dos primeros años, Susan, pero en ese mismo cuarto semestre a su padre le hicieron una propuesta de trabajo. Susan se despidió de mí dos días después y se mudaron desde Vancouver hasta Florida.
Tras saludar a Mary, la vieja mujer que se encarga de la Biblioteca. Me dispongo a buscar una mesa disponible cerca de mi sección favorita. No tardo mucho en encontrarla por lo cual me acerco hasta una de las sillas y de mi vieja mochila saco mi encuaderno de notas de la clase de literatura.
Estamos empezando el periodo Grecolatino, por lo cual el más exponente es Homero. Sonrío para mis adentros porque a pesar de que me gusta la combinación de Mitología con historia ya he leído anteriormente la Ilíada y la Odisea.
Pero aun así para ser una investigación más profunda, me dedico a buscar en la sección de "Literatura clásica griega y Romana" los dos volúmenes de la Ilíada y la Odisea, y tal vez encontrar un libro de hermenéutica.
Camino por las estanterías y visualizo varios volúmenes que van desde "Prometeo encadenado" hasta los "Persas". Frunzo el ceño cuando por fin después de media hora de búsqueda encuentro la Ilíada y la Odisea.
Parándome sobre las puntillas de mis pies trato de alcanzar los dos pesados libros que están más arriba de lo que imagine. Vuelvo a hacer un esfuerzo titánico para poder alcanzarlos, pero ni siquiera logro rozarlos con las yemas de los dedos.
Cuando vuelvo a estirarme para tratar de alcanzarlos nuevamente. El olor a gel de ducha, y a una colonia fresca inunda mi nariz. Giro mi cuerpo para buscar aquel enigmático olor y me topo con un ancho pecho envuelto tras un oscuro suéter. Levanto mi rostro y casi me atraganto con mi propia saliva.
Rebelde cabello cobrizo con matices rubios dejan mechones largos que parecen besar su frente. Me quedo muda, y mi vientre cosquillea tras toparme con dos cuencas grisáceas que me observan con detenimiento.
Lo siento colocar algo pesado en mis manos y es ahí cuando corto el trance de sus ojos grises. El polvoroso volumen de la Ilíada se encuentra pesado entre mis manos.
Me sonrojo.
Christian Grey se encuentra tan cerca de mí que aspiro su enigmático buqué.
Y tras armarme de valor lo vuelvo a mirar y descubro que me está brindando una perfecta sonrisa ladina.
Siento mi corazón bombear fuertemente bajo mis costillas, y miles de mariposas cosquillearme en el estomago.
Siento mis brazos ceder bajo el pesado libro, y recuerdo que Christian me ha facilitado la tarea de seguir tratar de alcanzarlo.
— G-Gracias—Titubeo torpemente. Más sonrojo siento extenderse hasta mi cuello.
¡Dios, debo parecer un jodido tomate!
Vuelvo a observar sus ojos grises que brillan inquietantes.
— No es nada, Anastasia Steele—Murmura Christian con su voz gruesa y endemoniadamente caliente. Se me erizan los bellos de los brazos. Y tras darme una sonrisa divertida, recuerdo que dijo mi nombre.
Y sin pensarlo las palabras salen de mi boca.
— Sabes mi nombre… — Mi voz suena incrédula.
Lo escucho suspirar y soltar una silenciosa carcajada.
— Sí. Y te apuesto a que tú te sabes el mío…
Aquí les dejo otro capítulo de esta historia. Espero que les este gustando. Por favor, haganme saber sus opiniones. Y gracias a a todas aquellas que comentan, me sacan una sonrisa. :)
Natsby.
