Capítulo tres.

Sentí las mejillas adoloridas por toda la sangre acumulada y observo a la persona que está esperando por mi respuesta.

— Yo…mmm… — Christian levantó una poblada ceja café.

Sentí las palmas de mis manos más húmedas y el nerviosismo consumirme.

Me aclaro la garganta tratando que mi voz suena lo más limpia posible.

— …Christian Grey. —Contesto tras una breve pausa.

Escucho su melodiosa risa retumbar en mis oídos.

— ¿No estuvo tan mal, verdad Anastasia Steele? —preguntó Christian con su voz apacible.

Se me escapa el aire de los pulmones.

Mierda, ¡estoy roja otra vez!

Vuelvo a escucharlo reír cuando no obtuvo respuesta de mi parte nuevamente.

Dios, ¿Puedo ser más patética?...

Sus cuencas grisáceas me observaron una vez más y tras regalarme una sonrisa, observo el volumen de la Odisea que sostiene entre sus manos.

— Creo que esto te pertenecerá por el momento — Me dice entregándome el encuadernado casi despastado.

Trago saliva sonoramente.

— Supongo que sí, gracias… —le agradezco tímidamente cuando lo coloca sobre el primer libro.

— Entonces, seguiré con mi camino. —lo escucho decir.

Levanto la vista y miro sus enigmáticos ojos.

— Fue un gusto finalmente conocerte, Anastasia Steele. —Se despide y al susurrar mi nombre, doy un respingo. Suena tan malditamente bien proviniendo de él.

Y sin más se da la media vuelta y se aleja por las altas estanterías llenas de libros.

..

Doy innumerables vueltas en mi cama tantas veces que termino con la sabana enredada en mi cuerpo sudoroso.

¡Malditos ojos grises!

Desde hace dos días no he podido conciliar el maldito sueño. Dos malditos días en que no he podido dejar de pensar en Christian Grey y en su enigmática voz, su irresistible aroma y sus endemoniados ojos.

Las ojeras color violáceas son resultados de esas noches de insomnio. Después de esa introvertida y corta charla en las estanterías de la biblioteca, no hubo más encuentros ni miradas furtivas de su parte.

Lo vi prácticamente nueve veces, y en esas nueve veces jamás me dirigió la palabra ni me miro. Les mentiría si les digiera que no me afecto, porque la verdad, es que me afectó más de lo que debería importarme.

Entre las clases que mantenemos juntos, Christian apenas habla y su mirada gris esta siempre fija en lo que el profesor escribe en la pizarra.

Muchas veces me propuse tratar de hablar con él, preguntarle cual era su maldito problema. Pero cada vez que lo veía, ese valor se esfumaba y mis piernas se debilitaban tanto que a veces tenía que sostenerme de algo para no caer.

Dios, realmente no sé cuantas veces me dije que era una persona patética. Era más que visto que alguien como él maravilloso Christian Grey pudiera si quiera fijarse en mí. La escuálida morocha ratón de biblioteca.

Me desecho de esas cavilaciones pasadas y siento mis ojos picar con lagrimas que no podrán quedarse en mis ojos por más tiempo. Y me vuelvo a decir estúpida por dejar que me afecte.

Reacomodo mi almohada en la cama y cierro los ojos con fuerza. Las lágrimas fluyen calientes, mojando mi rostro soñoliento.

Los días pasan largos y tediosos, y realmente no sé si echarle la culpa a Christian... Las rubias secuaces de Gwen, el día anterior me han molestado, y estaba vez no me he quedado callada. ¡Estoy harta de sus malditos maltratos!

Megan, la rubia de ojos color café, al pasar por mi lado empujado con su hombro el mío y en el proceso tirando mi cuaderno de notas al suelo de vitro blanco, eso fue lo que derramo el primer vaso, el segundo fue que cuando me agache para recoger el cuaderno, Megan lo pateo con sus zapatillas rojas de marca, así lanzándolo a un metro de distancia más lejos.

Humillada, me gire para observar el rostro plástico de Megan y ella me sonrío ladinamente.

Total, le grite tan fuerte que mis gritos alertaron al profesor de Biología y este me reprendió mandándome después de clases a tres horas de detención.

Y es por eso que ahora estoy en camino a mi primera detención. Lo que realmente no me esperaba para nada, era que en cuanto abriera la puerta un par de ojos muy conocidos me miraran. Sentí las piernas de gelatina, y mi corazón bombardear fuertemente contra mis costillas.

Christian Grey también estaba en detención y esta vez estaba decida a preguntarle cual era su problema conmigo.

...

¡Hola a todas! Gracias por sus reviews, realmente es lo que me motiva a seguir escribiendo esta historia.

Perdón por retrasar las actualizaciónes, pero, es mi último año de bachiller, y tengo servicio social, por lo cual me es complicado escribir con tan poco tiempo.

No abandonaré la historia, lo prometo. ¡Por favor dejen reviews! y recuerden que tengo facebook por si quieren preguntarme cualquier cosa.

Ahora, tal vez mañana actualice el otro fanfic; Mi dulce perdición. Gracias a todos, nuevamente. Bonita noche.