Anastasia Pov.

Observo con aburrimiento el papel impreso amarillo chillón que presenta el "Baile de Bienvenida".

Dios, es la sexta vez que veo un maldito cartelón. Las chicas que caminan entre los pasillos cada vez que ven los surdidos papeles chillan de emoción.

¿Enserio?

¿Será que soy la única chica que realmente detesta la idea de un baile?

Vuelvo a observar a la multitud de chicas, chillando y comentando que vestido usarán.

…Sí, creo que soy la única que detesta este tipo de eventos.

Gracias a Dios, los exámenes han finalizado y he sacado notas buenas, eso es lo único realmente bueno de mi día. Por otra parte; está ese tema de ojos grises que desde aquel día he tratado de ignorar, fallando estrepitosamente, claro. Pero, bueno… Los sueños son algo que no se pueden evitar.

Me dirijo hasta la biblioteca y saludo a Rosie; la señora de mediana edad que está encargada de esta parte del instituto.

Sé que tal vez me lleve unos treinta años como mínimo, pero la verdad, prefiero a esta amable mujer, que a las chicas insoportables de la escuela.

Rosie, es de estatura algo baja, y su complexión es robusta. Tiene el cabello rubio canoso por la edad, y unos increíbles ojos turquesa. A veces cuando llegan las horas del descanso, aquí es donde paso esos minutos, y en compañía de ella.

Hace días que la conozco, y al menos se que tiene dos hijos ya mayores y un esposo el cual es obrero.

Pasando por el grande y viejo umbral de la biblioteca, me dirijo hasta donde se encuentra Rosie, la cual esta inclinada hacia la computadora de la escuela, me río discretamente porque sé que aun no les entiende del todo.

— Hola Rosie, ¿Necesitas ayuda?

Rosie brinca ante el susto y me reprendo por haberla tomado desprevenida, me debí anunciar.

— ¡Oh! Dios, Ana… ¡Pero qué susto me has dado! — exclama la vieja mujer agarrándose el corazón palpitante.

Yo le doy una media sonrisa apenada.

— Realmente lo siento, Rosie; ¿Podría hacer algo por ti?

Ella lo piensa un minuto y después asiente.

— Oh, sí Ana. Verás, sé que ya me explicaste infinidad de veces como utilizar estas cosas, pero realmente mi viejo cerebro no puede cooperar para recordarlo. — Rosie me explica con sus ojos brillantes y una mueca compungida.

Yo le vuelvo a sonreír, haciéndole saber que no será ningún problema explicarle nuevamente. Así que dándole otro —quinto—curso de cómo registrar a las personas que ingresan a la biblioteca para llevarse libros, finalizo tratando de que esta vez me explique mejor.

Rosie al entenderle un poco más que antes, deja salir un chillido de alegría y me abraza cariñosamente.

Perdida entre los altos estantes de la biblioteca, buscando cualquier cosa que leer, mis ojos vagan de uno a otros títulos de diferentes y viejos libros.

La biblioteca se encuentra silenciosa, por la falta de alumnos y sólo se escucha el eco de mis pasos sordos al caminar sobre el suelo pulido.

Encuentro varios títulos reconocidos pero me abstengo a tomarlos, quiero algo diferente a lo que siempre leo. Tal vez, podría intentar con novelas paranormales, así que tomando la decisión me encamino hasta el pasillo donde se encuentra la literatura paranormal.

Mientras camino, escucho unos susurros procedentes de dos estantes más, y curiosa, quito los libros de esa hilera para poder reconocer las voces susurrantes.

Mi aliento se congela en mi garganta cuando reconozco aquel perfil. Su semblante es serio, y lo he observado bastante para saber que cuando se sujeta el tabique de su nariz es porque algo le molesta. Su boca se mueve al hablar algo que esta vez no logre escuchar, y termina en una línea recta. Esta más que molesto.

Quito otros dos libros que me impiden ver quién es la otra persona, y cuando lo hago, siento los celos hervir la sangre de mis venas.

Gwen Owen se encuentra tan cerca de él, y repasa con su uña color rojo cereza su antebrazo.

Los ojos de Christian echan chispas y le toma la mano que hace unos segundos lo estaba tocando.

Sonrío.

— ¡Ya te lo he dicho! —Christian vocifera — ¡Lo que viste fue un malentendido!

— ¿Un malentendido?— Gwen repite con burla— ¿Cuántos años tenía esa mujer?... ¡Cuarenta!

Frunzo el ceño.

¿De qué está hablando Gwen? , ¿Qué mujer?

Christian encolerizado y con el semblante al rojo vivo, la toma de sus escuálidos hombros y la acorrala entre el estante y su metro ochenta.

— No te lo volveré a repetir, Gwen. No. Te. Metas. Conmigo.

Y tras decir aquello con una voz tan amenazante que me erizó la piel, Christian la soltó y se marcho tan rápido del lugar.

Me paso as manos por los brazos tratando de quitar el frío que me recorrió. Mi cerebro trabaja a mil por hora tratando de analizar la conversación. Pero, a decir verdad, la conversación me había dejado más ignorante. ¿Qué cosa había visto Gwen para que Christian reaccionara de esa manera?...

Cuando terminaron las clases caminé sin prestar atención con la cabeza echa un embrollo. Aun mi mente repasaba cada una de las palabras de Gwen, llegando a una conclusión absurda de mi parte. Christian no podía estar saliendo con una mujer de cuarenta… Eso era absurdo.

Así que riéndome internamente de mi tonta teoría, no me percate cuando choque contra algo, o más bien, contra el pecho de alguien enfundado con la chaqueta azul del equipo americano de la escuela.

— Vaya Anastasia, ¿Dos en el mes? Uh —Lo hoyuelos y los ojos color hielo me hacen inmediatamente reconocerlo. Tom Prescot, el chico con el que anteriormente me tropecé me está sonriendo encantadoramente.

Siento el sonrojo caliente inundarme las mejillas.

— Estaba distraída, lo lamento. —murmuro afligida y apenada.

¡Dios! ¿Podía ser más distraída y patosa?

Lo escuchó reír. Una risa cálida y amistosa. No de burla. Suspiro relajada.

— No te disculpes Anastasia, creo que lo que a ti te gusta es chocar contra mi pecho. —bromea y eso solo sirve para ponerla más roja —si es que se puede—.

Río disimuladamente.

— ¡Te aseguro que estaba distraída!

— Sí es así, que decepción… —murmura con un deje de tristeza.

¡Mierda! ¿Acaso está flirteando conmigo?

Me quedo muda ante la posibilidad.

Su pecho cimbra al escucharlo nuevamente reír.

— Tranquila, Anastasia, sólo bromeo…

— ¡Lo sé!— exclamo rápidamente— Es sólo que… parece q-que estas…

— ¿Coqueteando contigo? —termina con una ceja levantada.

Siento más calor en las malditas mejillas.

— Yo…

— ¿Qué hay de malo con eso, Ana? vamos, eres una chica guapa. —concluye con una media sonrisa.

¿Guapa? Mi boca se abre.

— Bueno, Ana fue un placer volver a tropezar contigo… pero lamento informarte que tengo entrenamiento, y no es por jactarme pero, dudo mucho que puedan sobrevivir sin su quarterback. — Se despide y lo único que puedo hacer es decirle adiós con la mano.


¡Hola!

Gracias a todas las personas que comentaron, realmente me subieron mucho los ánimos para continuar con esta historia.

Quiero decirles, que esta historia, será en dos partes. "Dulce Tormento" y "El Amo" digamos, que a esta historia le quedan unos cinco capítulos más, no sé, tal vez pueda que más. Tengo muchas ideas, que pienso tal vez les gustarían. No quiero decirles más, pero si comentan que quieren saber, en el siguiente capítulo soltaré un poquito de información de como finalizara esta historia y como empezara la otra.

Por favor comenten que les pareció. Acepto ideas, y de todo. ¡Já!

Ahora; ¿Quién creen que será esta mujer? ¿Christian "saldría" con alguien mayor?...

Pues, ustedes pueden recordar al casí finalizar el libro de "Cincuentas sombras liberadas" la historia de su juventud que le cuenta Christian a Ana.

Eso es una pista...

Hasta la próxima actualización que será pronto. (Bueno no tanto, en menos de dos semanas les subo el siguiente capítulo, El Lunes empiezo con exámenes) ...

Otra vez gracias a todas. Recuerden que si tienen cualquier pregunta tengo facebook, el cual es Natalia Bonham.

Besos y abrazos.

Natsby.