Y aquí estoy, haciendo entrega de la segunda parte. Disfruten.

Durante una parte del capítulo, hallarán una referencia a "Advertencia."

Esto, significa que habrá lemmon, como conocerán algunos; habrá una(s) escena(s) explícita(s) Así que los que les guste leer esa parte, con gusto, y los que no, omitan leer este fic/two-shot.

Esta es una relación H/H O sea, Hombre/Hombre. Si no te gusta o no estás familiarizado, no leas.


Cuando todo empieza, nadie quiere estar abajo. Todos quieren ir arriba.

Sí, mi vida es un vil fracaso de toda la humanidad.
En todo sentido.

Cuando esas puertas del elevador se abrieron, las esperanzas de que fuera Bruce estaban por encimas de todas las probabilidades que habían, sin embargo, al ver esos ojos azules que me estaban mirando con paciencia, me frustré conmigo mismo. Sí, nunca debí de salir del taller, así cuando alguien tenía los deseos de ir a molestarme y tocaran la puerta yo no abriría de todas formas.

Solté un largo suspiro y me di la media vuelta. Como si Steve fuera alguien decente como para hablar con un genio como yo.

—Si pretendes dar un paso más o tan siquiera me sigues... No lo hagas.—suelto con un poco de amargura en mi voz. Enfado sería lo mejor para describir cómo me sentía en aquel momento. ¿Por qué a Pepper se le hubiera pasado por la cabeza que sería buena idea que me quedara a solas con ese Capitán inútil mientras ellos salían a comprar vasitos? Juro que me las pagaría esa mujer.

—No pretendo seguirte, pensé que sería buena idea venir acá.—su voz ya no es la misma; ya no pretende ser autoritario ni mandar a los demás, se nota más incómodo y nervioso por cada palabra o frase que dice. Me detengo a unos cuantos metros; sólo había dado tres pasos.—Pensaba cuidarte.—mala palabra dicha. Suelto un bufido y hago un ademán con mi mano de despedida. Me retiro a mi taller, esperando que no me siguiera ese Capi-paleta.

—Me sé cuidar solo, gracias.—digo casi en un susurro, más en un gruñido.

Sus pasos no se escuchan caminar. No le doy importancia alguna y me voy directamente al taller, donde en la pantalla holográfica coloco algunos números y la puerta se abre. Minutos después de que me entro al cuarto, juego con algunas cosas o diseños, tal vez proyectos que tenía guardados: en pocas palabras tenía que eliminar algunos archivos que realmente no importaban o ya no tenía sentido tener. Suelto un vago suspiro, mientras una de las pantallas holográficas está enfrente mío y la música que se estaba escuchando a casi todo su volumen algo dentro de mí dice que hice algo malo, pero otra cosa interrumpe: ¿Dónde carajos está Banner? Lleva más de tres horas y media fuera y ni siquiera ha contestado las cinco llamadas que le he estado haciendo. Maldito Banner, juro que cuando llegue, lo mataré por dejarme con ese tonto Steve y no responder las llamadas. ¡Mierda!, ¿dónde están Pepper y Thor?, se supone que sólo iban a comprar vasitos y ya llevan más de media hora afuera. En serio que los mataré...

Antes de sentarme enfadado en mi silla, algo impide que lo haga y por inercia volteo a la puerta. ¿Por qué soy tan buena persona? Carajo. En esos momentos me detestaba demasiado, y no sólo por apagar la música instantáneamente después de ver a la puerta, sino por lo que iba a hacer a continuación.

Abrí la puerta, para mi mayor sorpresa ahí se encontraba: sentado en el piso y recargado en la pared que daba a la puerta. Su cabeza estaba apoyada en sus brazos que estaban posados sobre sus rodillas. Fruncí el ceño, y me detuve enfrente de él. Me crucé de brazos.

—¿Películas?—¡¿películas?!, ¿pero qué carajos?

—¿Películas?—sale de su boca con algo de impresión. Sus ojos se detienen en los míos, esos profundos ojos azules son demasiado intimidantes. Segundos después, reacciono y desvío la mirada. Siento como si estuviera bajo presión ante la atenta mirada que me dirige Steve.

—Escuchaste bien Capi.—rolo los ojos con algo de desesperación. ¿Por qué decidí salir? Ahora mi mente me jugaba cosas que no quería jugar.—Levántate, que pienso que nuestro "trío" tardará más en llegar.—intento sonreír, pero no puedo. Esto es demasiado para mí.

Al caminar por el pasillo para ir directamente al elevador, se me hizo eterna esa caminata. Jamás hubiera pensado que 8 metros fueran demasiado largos. Cada momento que las miradas nuestras, de Steve y mía, se cruzaban algo interno mío se sentía protegido y algo cálido invadía mi estómago. ¿Pero qué mierda estoy pensando y sintiendo? No entiendo qué me pasa.

Después de la gran caminata que dimos hasta llegar a las puertas del elevador, me sentí aliviado. Apreté el botón de la flecha de arriba, y la pantalla que indicaba en dónde se encontraba el elevador subía cada 5 segundos, los cuales se me hicieron eternos. Ese silencio que era incómodo comenzó a invadir todo el pasillo en lo que esperábamos el maldito elevador que se tardaba demasiado en subir. En ese preciso momento quería correr a cualquier otro lado en donde no se encontrara cerca ese estúpido Capitán. Cada segundo veía la pantalla y número del piso en el que se encontraba. ¡Al fin!, siglos después, llegó el elevador abriendo sus puertas con rapidez. Me posicioné en una esquina mientras que Steve hizo lo mismo. Y, nuevamente, ese silencio se apodera del elevador. Mierda. Si tuviera algo para sacar alguna conversación, lo haría, pero no creo que su cerebro procese demasiada información con rapidez.

—La Guerra de las Galaxias.—comenta con un toque de felicidad en su voz. Lo volteo a ver disimuladamente y tiene esa sonrisa que es hipnotizante y dulce, sincera. Al cabo de unos segundos, al perderme en esa sonrisa, me desubico un poco y recuerdo las palabras que me dijo exactamente.

—¿Qué?—pregunto. Sinceramente, estaba despistado y me había perdido algunos escasos segundos que no llegué a escuchar lo que me dijo con anterioridad. Ahora el gran Anthony Stark estaba distraído. Vaya que eso era nuevo.

—Me gusta esa película. La Guerra de las Galaxias. La primera vez que vi esa película, pensé que todo parecía ser tan real. Se nota que le ponen empeño en esos de los efectos especiales, ¿no lo crees?—pregunta con esa sonrisa. Me mira detenidamente, como si me estuviese analizando.—¿Cuál es tu película preferida?

—Cualquiera...—respondo con rapidez. Pienso que no me entendió, porque me sigue mirando, ahora con algo de confusión; lo miro de reojo y vuelvo mi mirada al piso. Su mirada sigue pegada en mí, no pregunta nada... Esto ya me está frustrando demasiado. Frunzo el ceño y recargo mi cabeza en la pared mientras faltaban dos pisos para llegar.—¿Acaso tengo algo en mi cara?—pregunto inmediatamente. Su mirada atenta ya me estaba hartando. No sé porqué se comporta así conmigo, más bien, eso es lo que yo me tengo que preguntar: ¿Por qué yo actúo de esa manera cuando estoy al lado de él? Esa calidez que sentí momentos atrás, ese sentir de protección. Esa sonrisa que no podía dejar de ver. ¿Por qué esos sentimientos tan repentinos?

—Para nada.—responde como si nada, soltando una risa. En serio que su actitud me tiene harto, primero actúa nervioso al verme, después dice que quería cuidarme, ahora actúa como si nada, como si se estuviera riendo de mí. ¡Mierda, Steve! Parece mujer, nadie lo entiende. Pero... ¿por qué me interesa?

El elevador se detiene y se abren las puertas. Las luces se encontraban prendidas, el sofá de media luna que rodeaba una mesa de vidrio con un pequeño detalle de Pepper, se encontraban enfrente de una televisión de plasma de no-recuerdo-cuántas-pulgadas y abajo de ésta se encontraba un mueble en donde estaban todas las películas originales. Bueno, Steve ya sabía cómo poner una película, ya que Pepper se encargó de eso.

Al menos ya habíamos llegado. Me dirigí rápidamente a la cocina que se encontraba allí, cerca del mini bar que tenía. Creo que hacer una palomitas de horno no sería mala idea, ya que íbamos a ver una película y sacar algunas cervezas de lata que tenía refrigeradas. Comencé por buscar las palomitas en la alacena. Pepper dónde habrá dejado esas cosas. Me pregunté mientras buscaba detenidamente en la alacena. Después de tres búsquedas en la alacena, encontré el sobre de las palomitas. "¿Cuál de estas películas quieres ver?" Escucho con atención la pregunta que me hizo Steve, pero alcé mis hombros en señal de que no me importaba cuál película agarraba, tenía que estar más atento en hacer las palomitas en saber la película que pondría, mientras no pusiera las películas que le gustaban a Pepper, por mí que mejor.

Cuando puse las palomitas en el horno, saqué las cervezas que tenía en el refrigerador y quité dos latas que venían en el six-pack. Después de escasos tres minutos, el horno terminó y desvié mi mirada en la televisión y estaba en la parte del menú. Al ver de qué película se trataba, abrí mis ojos más... Menuda mierda con la que me salió el Capitán. No recordaba el nombre de la película, pero sabía que tenía romance, ¿por qué habría escogido esa película Steve? Bufo y pongo las palomitas en un tazón que había sacado momentos atrás y me dirijo a la sala donde me siento algo lejos de Rogers y poniendo el tazón en la mesita. Le puso play a la película y comenzó.


Al menos, hablar de películas ya es una plática.
¿No lo creen?

Sí, había sido una pésima idea decir la palabra cuidar en esa oración, pero Potts me había comentado que Tony se estaba comportando algo raro últimamente, y sí, lo creo: no había siquiera platicado con alguno de nosotros, y ni con el doctor Banner había entablado una buena conversación. En fin, al menos esa media hora que me quedé sentado el suelo y esperando a que saliera Stark por la puerta de su taller no fue mala idea después de todo. Ya que tuvo la grandiosa idea de ver una película. Eso me alegró demasiado, aunque no con el mismo porte de antes: de ego y poder. Tenía razón, Potts, el doctor Banner y Thor ya se habían desaparecido. Era como si no existieran, aparte... Era mejor así, ¿no?

Cuando nos dirigimos al elevador, se notó desesperado por el elevador llegara rápido. Sinceramente, esa actitud de niño pequeño nadie se la quitaría, y en serio que se veía desesperado y a la vez tierno. Esperen, ¿tierno? ¿Por qué pensaría eso de Stark? No dudo que se veía como niño de 5 años cuando quiere que le traigan ya su platillo favorito a la mesa, pero ¿tierno? ¿Qué rayos? Desde hace unos días sentía la necesidad de ver a Tony, de verlo, de querer platicar con él, de estar al lado de él, y cuando llega la oportunidad de hacerlo me pongo nervioso. ¡Rayos!

Sólo tengo una pregunta, ¿por qué siento esas necesidades de pronto hacía él?

Cuando llegamos a la sala, la televisión y el mueblecito los reconocía fácilmente. El mueble, donde se encontraban las todas las películas, lo abrí inmediatamente mientras veía en dónde se encontraba Stark, di casi un giro de 180º para ver que se encontraba en una cocina pequeña, parecía que estaba preparando algo, pero no le di importancia. Vi todas la películas que se encontraban: había visto la mitad de todas, así que decidí agarrar al azar las películas de la otra mitad que no había visto. Saqué dos, y leí los títulos, una era de misterio y otra era de comedia y romance. No podía escoger yo, así que pregunté a Stark.

—¿Cuál de estas películas quieres ver?—pregunto mirándolo directamente. Aunque no percibe mi mirada, me responde en ademán de no saber cuál. Así que todo está en mi manos de saber la película para ver, después de todo no me respondió cuál película le gustaba. Por mí, hubiéramos puesto La Guerra de las Galaxias.

Prendí el DVD y la televisión. Puse la película cuando el DVD se abrió y agarrando los dos controles correspondientes a la televisión y DVD, me siento en el sofá, que ahora se comporta demasiado cómodo. Antes de poner play a la película, espero a Stark y se siente. En el aire, comienza a oler a palomitas de mantequilla, recordándome al cine de mi época. Así que eso era lo que estaba haciendo. Sigo oliendo ese fuerte aroma que invade mi nariz y mi estómago pide comer al menos un poco de esas palomitas. Escucho como el vidrio choca con el tazón en donde se encontraban las palomitas, escucho también cómo abre una lata de cerveza.

Momentos después, le pongo play a la película.

—¿Quieres?—pregunta con una media sonrisa en su boca y sosteniendo una lata de cerveza ya abierta.

—Gracias.—respondo gentilmente y tomo la lata dándole un sorbo y agarrando simultáneamente un puñado de palomitas.

La película sigue y sigue. Mientras escucho sonriente los comentarios de Stark hacía la película. Diciendo, ¿por qué vas con él? Estúpida, ¡te está engañando y tú ni en cuenta!; Así que si existe el amor a primera vista, ¿eh?; O sea, la intentaba besar después de las dos horas que se conocieron, ¡que estupidez! Y así cuarenta minutos. Después de media hora, ya cuando iba a acabar la película, los dos protagonistas se encontraban en la playa, platicando, mientras que el atardecer estaba enfrente de ellos. Los dos se miraron profundamente, la chica sonrió y el chico acarició una de sus mejillas. Pasaron segundos después de que se dieran un beso profundo que duro un minuto, dejando así, un silencio incómodo entre nosotros.

Empezaron a aparecer los créditos de la película. Observé a Stark agarrando dos palomitas y llevárselas a la boca, intentando no voltearme a ver y ver su expresión que tenía en su cara. Se levantó.

—Bien, ¡interesante película!—se estira y antes de que pudiera dar un paso. Lo sostengo de la muñeca. No sé cuándo me acerqué y lo tomé de la muñeca. No quería que se fuera, no aún.—¿Pasa algo Rogers?—me pregunta con una voz temblorosa y nerviosa. Intentaba zafarse de mi agarre, pero no podía.

—Yo sólo...—la música que pasaba en los créditos era una bella canción. Delicada, lenta y con ritmo. Me levanto de mi asiento y me acerco más a Stark. La diferencia de nuestras estaturas no es demasiada, diez centímetros más o menos. Aprieto un poco más mi mano. Ahora, era momento de responder la pregunta que tenía: ¿qué sentía por Stark?, ¿por qué me comporto de esa manera cuando estoy con él? Era tiempo de saberlo, mi corazón estaba palpitando demasiado rápido, como si hubiera corrido más de 200 metros. Mis palabras no salían cuando yo quería.

Nos quedamos callados un par de segundos. Estos sentimientos hacía él, ¿por qué tan repentinamente? No soy gay, claro está, pero porqué específicamente con él, ¿por qué no con los demás? Muchísimo antes de que hiciera ese mal movimiento, de irse al portal para aventar ese misil; la primera vez que lo vi llegar allá, en Alemania, ¿por qué? Sin saber de mis actos, me acerco más a su rostro. Se nota confusión en su rostro, no quisiera imaginar de cómo me vería yo. Sentía mis mejillas arder. Estamos cerca, nuestros rostros chocan, su nariz se posa en la mía, el aliento a cerveza está rondando mi nariz. Su respiración se vuelve entrecortada...

Me encanta la actitud de él, sus acciones que hace, sus gestos, los sarcasmos que no entiendo la mayor parte... ¡Rayos, tengo noventa años y estoy a punto de besar a alguien menor! Mierda.

Nuestras respiraciones se mezclan, los latidos del corazón resonan en mis oídos, es lo único que se escucha en ese momento. Nuestros labios de fusionan segundos después de espera. El sabor de palomitas de mantequilla está impregnado en sus labios. Deliciosos. Cada segundo, cada minuto, se vuelve intenso el beso. Nuestras lenguas, ahora danzan en un baile sin fin, un baile que no queremos que termine. Mi mano que sostenía su muñeca, se retira ágilmente a la espalda de Stark, acariciando su ancha espalda, pero aquella playera que lleva puesta, molesta demasiado. Mi mano, pasa por debajo de la playera sintiendo su piel suave y el calor que emana.

Siento cómo poco a poco, Tony se sienta en el sofá, jalándome con delicadeza hacía él. Segundos después, no sé cómo pero nos recostamos en el sofá, quedamos: yo encima y él debajo. En ningún momento nos separamos de ese eterno beso que, probablemente, estábamos esperando desde hace tiempo. En escasos segundos nos separábamos para tomar una bocanada de aire y volver a probar y saborear los labios del contrario. Al parecer, la película había ya terminado, pero no me importó demasiado ese detalle, y las luces ahora se encontraban en un nivel tenue.

—No es... un buen lugar.—escucho la voz entrecortada de Stark. Sus manos rodeaban mi cintura.—Ya sabes... el sofá no es un buen lugar.—comenta con un toque de burla y una sonrisa decoraba su rostro.

Esto está mal, pero ¿por qué no me voy?, ¿por qué no me puedo detener?, ¿qué siento ahora? ¿Amor quizá?Frunzo el ceño, no debería de pensar en eso... estoy disfrutando; segundos después sonrío ante la propuesta de Stark. Nos levantamos del sofá y nos miramos unos segundos que me parecieron horas.

—JARVIS. Si alguien llega por más de las diez de la noche... No dejes que entren para nada.—comenta a la nada, esperando que alguien responda. "Con gusto, señor." Contesta la voz británica con educación.—Conozco un lugar sorprendente.—me jala del brazo con delicadeza.

Caminamos por unos minutos, pasamos por habitaciones, puertas. Me sentía mareado de ver demasiadas puertas con rapidez. Llegamos al fin a una puerta, Tony la abrió con agilidad, colocando una serie de números en una pantalla holográfica (todas la puertas tenían un código para poder abrirse, cada una tenía una diferente). Al abrirse, observo la gran habitación, una cama king size en medio de la habitación, colocada hábilmente en una de las paredes, debajo se encontraba una elegante alfombra de un color vino que decoraba con las sábanas de la cama.

[Advertencia*]

Volteo a ver al pelinegro y nuestras miradas se encontraron, profundizando el deseo. Vuelvo a besarlo con pasión, mis manos agarraron sus caderas, y cómo dios quiso, nos dirigimos de esa manera a la cama, estando en las mismas posiciones que antes. Sin embargo, Stark comenzó a tener una iniciativa para estimular. Se acercó a mí, robándome pequeños besos de lengua para dirigirse simultáneamente a mi cuello lamiéndolo, donde los vellos se me erizaron ante tal acción, mientras sus manos robaban crédito a mi entrepierna, sacándome de quicio y excitándome más. Pronto, las prendas se vuelven dichosas y estorbosas; primero las playeras que no nos daban las flexibilidad necesaria, los pantalones de Tony salieron volando a quién sabe donde.

Recorría cada centímetro de ese cuerpo. Aunque sea mayor y tenga cuarenta y tantos años, se nota que hace ejercicio rutinario, y aquel reactor que lo mantenía con vida, se encontraba brillando cuán una lámpara en la oscuridad en una habitación. Mi boca comenzaba a succionar pequeñas partes del torso, abdomen, dejaba marcas, marcas que decían: él es mío., y la gratitud que vi al ver sus pezones duros y erectos, y eso me excitó muchísimo más. Jugueteé mordiendo uno y estimulando el otro, los recónditos gemidos que daba Stark, me hacían perder la cordura de mí mismo. Poco después, quise intentar otra parte: la entrepierna, que masajeé delicadamente, intentando tener más de esos gemidos deseosos de más. Las sábanas se encontraban ya arrugadas, pero no importaba demasiado. Mi mano, traviesamente se coloca debajo del bóxer. Los gemidos no se hicieron esperar, volteo a ver a aquellos ojos café y me acerco a él, besándole con lujuria. Nuevamente nuestras lenguas batallan, mientras mi mano masajea al ritmo de éstas.

¡Vaya!, después algunos minutos, la entrepierna se vuelve dura, dejando a notar un miembro demasiado erecto. Sonrío ante esto y con un movimiento de cadera, nuestros miembros chocan, sacando un doloroso gemido de parte de Tony. Siento el calor inundar la habitación, nuestros rostros están rojos cuán jitomate, no me detengo y vuelvo a chocar nuestras caderas, siendo que así me estimulara.

—¡Joder... Steve! Te quiero dentro ya.—se escucha torpemente. Le cuesta trabajo formular oración alguna. Volteo a verlo y tenía una almohada encima de su rostro. En conclusión, el maravilloso Tony Stark le da pena que lo miren en esa faceta suya.

—¡Hey!, calma... Esta es... mi primera vez.—grave error decir eso en un momento así. ¿Para qué mentir?, era cierto. Pensaba que perdería mi virginidad con una mujer, sin embargo todo cambió radicalmente.

—¡Vaya!, el gran héroe de toda américa: el Capitán América, perderá su virginidad a sus noventa años con alguien menor que él y que tiene más experiencia. Una incongruencia detrás de otra.—se quita la almohada cuando comentó aquello, y vuelve a ponérsela segundos después de dar una enorme sonrisa.—Aunque parece... que sabes lo que haces.—comenta debajo de la almohada, pero escucho a la perfección lo que dice y sonrío ante eso.

—Sólo date la vuelta.—sonrío con malicia mientras que el buen Tony se da la vuelta, dejando ver el panorama de su gran y hermoso trasero. Alzo una ceja y sin dejar de sonreír, introduzco uno de mis dedos en mi boca, llenándolo de saliva. Bajo con delicadeza el bóxer, y poco a poco llevo mi dedo a su cavidad.

—Sólo una cosa... Hazlo con cariño.—dijo después de que introdujera mi primer dedo. Ante tal expresión suya de arquearse, sonreí. Escasos segundos pasaron después de que introdujera el segundo dedo, y así hasta llegar al tercer dedo. Las caderas de Tony, se movían por inercia, incitando y diciendo que era ya tiempo de introducirme en él. Aquel punto, que pensé que tardaría en encontrar, lo encontré con rapidez.

Antes, me desabroché con ansias mi pantalón, que después que me lo bajara, sentí menos presión en mi entrepierna; me bajé el bóxer, dejando a notar un miembro excitado. Al poder introducirme en él, su espalda arqueó, sacando un delicioso gemido; era como si yo fuese el cazador y él la presa. Comencé a moverme lentamente para no lastimarlo y tampoco lastimarme a mí. Su entrada estaba bastante estrecha aún, pero con el paso del movimiento, podría asegurar que sería realmente ancha.

—Estás muy estrecho...—dije con respiración agitada. Agarraba con delicadeza el trasero de Tony, dándole unas cuantas caricias.

—Bueno... no eres el único aquí que lo hace con un hombre.

Saco una débil risa. Mientras los minutos corrían, las embestidas que daba comenzaban a ser más rápidas y algo violentas, moviendo la cama al mismo ritmo de las embestidas. La cama comienza a pegar en la pared, siendo que ese sonido retumbara en mis oídos y fuese una melodía que estaba creando en ese momento, por nada del mundo me quería detener. Los jadeos y gemidos que dábamos, se mezclaban con el demás sonido. Música para mis oídos.

Mi mano derecha, se encontraba masturbando el miembro erecto de Tony, mientras que con la otra sostenía sus caderas para que no se descontrolaran. Entre los fuertes gemidos que daba el hijo de Howard, y las fuertes embestidas que daba, y la masturbación del miembro, ya no aguantaba un segundo más, la excitación y estimulación eran suficientes para un viejo como yo.

—No voy a aguantar otro rato más.—escucho a lo lejos la voz de Tony. Que después comenzó a gemir más fuerte. Sí, tenía razón, yo tampoco aguantaría otra embestida más. Al cabo de un minuto, exploté dentro de Stark, dejando mi semilla que se sentía caliente, mientras mi mano, siente la semilla que emanó su miembro, tibia cuán leche.—Nada de sexo dentro de unos días.—comenta con cansancio. Los dos nos habíamos recostado en la cama, yo con delicadeza salí de él, para no lastimar. Las sábanas habían quedado cubiertas por lo que miré a Tony.—Nadie sabrá nada. Las lavaré.—me sonríe como si nada.

Los dos estamos cansados, mientras que mis ojos comienzan a cerrarse. Había sido demasiado esfuerzo de parte de mi cuerpo, pero jamás me había sentido aunque estuviera entrenando. ¡Vaya que el cuerpo trabaja demasiado raro! Al ver a Tony cerrando también sus ojos, me dormí al lado de él, desnudos, pero no importaba. Sin embargo, la pregunta ¿qué siento hacía él?, al fin fue resuelta, sin embargo la pregunta ¿qué sentirá él por mí?, jamás lo tendré en claro...


Bueno, aquí está la segunda entrega y última. Sí, última. Así que, espero que hayan degustado un poco de la lectura.

No olviden sus reviews.

¡Ah!, probablemente tenga en mente hacer un pequeño extra (explicando lo que no se explicó aquí), estén pendientes. Yei : D