Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen. Solo los utilizo sin un valor pecuniario, solo para un mero desahogo mental. Por tanto la historia y los hechos que se cuenten a continuación y me pertenecen en su TOTALIDAD.
Notas del autor: Dije que me apuraría y he cumplido. Un capitulo difícil porque no he querido que sonase vulgar. Lo he hecho lo mejor que pude pero bueno eso les toca juzgarlo a ustedes. Gracias por sus amados reviews, y a todos aquellos que me han agregado a sus alerts, favorite author y favorite story de verdad que me honra muchísimo.
A mi querido Lonely boy por haberme soportado todo este tiempo,
A pesar de todo seamos lo que seamos,
Siempre seremos los mejores amigos cariño.
Te amo.
Juguemos al amor, y asumamos que yo gano.
X
Cita a ciegas.
Nara suri
¿Cómo he podido ser tan tonta? ¿De verdad había creído yo que Lonely boy se iba a mostrar ante mí así como así? Estaba claro que había truco. Él como siempre, estaba jugando.
La sensación de tener los ojos vendados era exasperante. Aún más cuando los brazos grandes de Sai rodeaban mi cintura de aquella tortuosa manera, que me nublaba los sentidos. Me guió unos cuantos pasos y me hizo sentarme en lo que creía yo que era una silla. Esta, estaba mullida y cruce las piernas al instante para que no se me vieran las bragas.
-. Espera aquí…-me susurro sensual e insinuante.
Me invadió el terror. Al encontrarme vendada y sentada en el departamento de alguien que no define la línea de lo ilícito o lo lícito conmigo. Me han entrado unas ganas inmensas de salir corriendo. ¡Era jodidamente sobrecogedor el estar así! Sentía los segundos como horas y los minutos como años dándome una posibilidad. ¡Huir! ¿Correr o no correr? He allí el dilema. Estaríamos frente a frente. Estaría frente a frente con el hombre del cual me había enamorado. He allí una razón para no salir de aquí. Pero por otro lado estaría expuesta y vulnerable a una realidad que podría tragarme por mi inexperiencia. Quizás yo supiera detalles íntimos de Lonely boy que nadie supiese, pero eso era nada. ¿De qué me servía saber su color preferido si podía saber si quiera como se comportaba? Luego entonces el terror me invadió al saber que ya no tenía la protección que te ofrece el estar detrás de la pantalla. Entonces lo definí iba a irme. Cuando procedería a quitarme la venda he odio la puerta chirriar y el vello se me ha puesto de punta. Mis piernas se hicieron gelatina y no me quedo otra que quedarme como un maniquí sentado en la silla.
-. Vale… hasta mañana.- le oído decir al que creo que era Sai y acto seguido ha cerrado la puerta, en un golpe seco. Nunca pensé que su solo ruido sordo pudiese otorgarme algo de paz.
Fue entonces que lo he oído. Me he quedado petrificada ante los pasos fuertes de él que creía era el hombre de mi vida. La respiración se me ha hecho desigual. Lo oí caminar cerca de mí y rodearme con sus pasos. He sentido el calor de su cuerpo cerca al mío y ha tomado mis ondas rosadas en sus manos que parecían grandes por la cantidad que ha logrado coger. Sentí su cara y su nariz olisqueando un poco y una voz nueva y varonil que no recordaba que tuviese.
-. Hola pequeña Sakura…-me ha dicho depositando un pequeño beso en la mejilla que me ha hecho jadear. -. Tranquila sé que es incómodo…pero hace parte de nuestro jueguecillo.- me ha dicho dando unas zancadas tan fuertes que sentí sus pasos y se a tirada en una silla o eso creo.
-. Hola…- le he dicho bajito. Esta nerviosa y sentía como si se me saldría el corazón.
-. Tu voz suena mejor que en el teléfono. – dijo riendo un poco y eso me ha hecho relajarme.
Moví ligeramente la mano sobre la mesa y creo que la he metido en algo, porque he sentido un líquido viscoso recubriendo esta. Él ha estallado en una carcajada sonora y yo me he reído bajito.
-. Creo que lo de la cita a ciegas ha sido una mala idea.- oí de nuevo sus pasos cerca de mí. El contacto del papel de servilleta con mi piel acompañada de sus manos me ha dejado extasiada y algo tonta.
-. Metiste la mano en la salsa de soya.- se rio de nuevo -. ¿Qué te le parece señorita Haruno si cenamos en el sillón? Creo que será más cómodo.- yo he asentido con la cabeza y me ha ayudado a levantarme.
Ha puesto una de sus manos en mi cintura y la otra me traía agarrada de la mano izquierda. Me sentí protegida y relajada y me he dejado llevar por la emoción del momento. Tanto me he dejado llevar que se me ha olvidado que debo asegurar mis pasos, y debido a mi inexperiencia con los tacones me he casi caído. Cuando creí que me estrellaría contra el piso, él ha tirado de mi mano izquierda y no sé cómo ha logrado cambiarme el sentido y he aterrizado en su pecho. Las mejillas se me han puesto coloradas y he corroborado lo que ha dicho Sai. Lonely boy es más alto que yo.
-. Lo… lo siento.- le he dicho como tonta.
-. No seas tonta…siempre he sabido que eres un tanto torpe.- me dijo dándome un abrazo cálido.
Sentí sus manos por mis piernas y sus brazos estrujándome. Ha hecho que rodee mis manos con su cuello y ha echado a andar. He sabido entonces que él me estaba cargando. La vergüenza me invadió de inmediato. Nunca pero nunca me había imaginado estar en sus brazos.
-. Creo que así iremos mejor…- me deposito suavemente en el sillón. Yo me reincorpore y me senté como una señorita decente. Lo que menos necesitaba en estos momentos era que se me vieran las bragas.
-. ¿Y cómo pretende que coma señor? Tengo los ojos vendados-. Le dije. Sentí como los platos eran puestos en el mueble y que él se sentaba cerca.
-. Yo te daré de comer mi querida sirena.- me sonroje cuando me ha dicho así.
-. ¿Por qué me dices así?- le pregunte.
-. Tu cabello es como el de una sirenita.- me dijo.
-. Vale, tampoco te pongas pesado. Ya sé que parece más bien un desastre de peluquería pero no tengo la culpa de que mi cabello sea rosa.-
-. A mí no me parece un desastre…- me dijo cuando sentí el contacto de sus labios contra mis orejas. Mi cuerpo se estremeció recordando viejos contactos. Últimamente el que Lonely boy creía su mejor amigo solía mordisquearme o besarme las orejas al decirme algo. -. Me gusta mucho de hecho…pareces una sirenita con ese cabello rosado y lleno de ondas.-
-. Gracias…- se alejó un poco y yo respire aliviada.
-. Sé que detestas el pescado, así que te he hecho el sushi de ternera. Espero que sea de su agrado señorita…- me dijo. -. Abre la boca…- le he hecho caso y me ha dado el rollito. Sabia estupendo y lo saboree parsimoniosamente.
-. Sabe delicioso…- le he dicho.
-. ¡Jo! Tampoco tienes que decir que esta bueno solo por alagarme…-
-. Es enserio…- le dicho.
-. De verdad que esta bueno.- me dijo con la boca llena. Creo que lo ha probado. Y yo he sonreído divertida.
Me alimento un rato. Juro que comí como 16 piezas de sushi y ya me sentía realmente llena. Nos hemos reído como tontos. Lonely boy se ha burlado, dice que el alcohol me coge rápido y me ha dado algo de vino. Me lo dio de a pequeños sorbos y me dijo que solamente me daría media copa porque después me ponía borracha. Nos hemos reído con ganas de eso y entonces empecé a desechar mis miedos acerca de Lonely boy. Era el de siempre. El mismo tipo divertido, des complicado y radiante que me he imaginado que es.
-. A ver, a ver. Te he traído fondue de chocolate.- me ha dicho.
-. Pues vieras que me encanta pero estoy algo llena. Además el fondue sabe mejor entre más caliente este. Podemos conocernos un poquitín mejor mientras se calienta ¿No crees?- vale no voy a negar que esa oportunidad de conocernos no la iba a desaprovechar.
-. Nada mal. Me suena la idea…- me dijo juguetón y ese tono me dio escalofríos. Oí el estruendo de los platos moviéndose y sentí su peso y calor más cerca de mí. -. ¿Qué te parece si jugamos?-
-. ¿Más juegos?- le dije algo molesta.
-. ¡Oh vamos! Que no son tan malos. Mis juegos son la mar de divertidos ¿A quién más se le hubiese ocurrido una cita a ciegas como esta? Además es un juego para conocernos-. Hizo una pausa. -. ¿Alguna vez has jugado a las 21 preguntas?-
-. No. Pero sé cómo se juega.-
-. Pues… podríamos jugarlo de manera más personal. Me refiero a poder preguntar cualquier cosa.- me ha puesto la copa en la mano. El chasquido del líquido me dijo que estaba llena.
-. Vale juguemos. Tu primero.-
-. ¿Qué sientes por mí?-.
Sabía que este estúpido juego iba a ser una reverenda mierda. En especial por estas preguntas sin respuesta. ¿Qué sentía yo? ¿Qué podía sentir? ¿Le amaba? Sí. ¿Le quería? Sí. Pero… ¿Me he besado con su mejor amigo? También. Me tome un sorbo del vino dulce y me aventure a contestar.
-. Pues es una pregunta difícil sabes. No voy a decirte que te amo y que eres el amor de mi vida y toda esa chorada. Por ti…por ti siento cosas. Cosas fuertes. Tan fuertes que me abruman. Pero…tengo miedo sabes. Quizás se necesite algo de realidad.-
-. Te comprendo.- me dijo sobándome la cabeza como una niña pequeña después de acunarme en uno de sus costados. -. Adelante es tu turno.-
-. ¿Por qué te gustan tanto los juegos?-
-. Todos tenemos miedos pequeña. Yo también siento muchas cosas por ti. Pero soy una persona insegura. Una persona llena de complejos. Es una forma de protegerme hasta que sienta que puedo estar seguro contigo.-
-. Ya…-
-. ¿Cuántos chicos has besado?- me preguntó.
-. Dos.- dije completa y totalmente la verdad. -. ¿Desde hace cuánto eres amigo de Sai?-
-. Desde la primaria.- continúe abrazada a él. -. ¿Has estado con alguien alguna vez?-
-. Define estar con alguien…-
-. Ya sabes me refiero a si has tenido relaciones con alguien…- había dudado y por su tono lo sentí nervioso.
-. No he estado con nadie nunca.- ¡Joder! menudas preguntas que hace. Me bebí otro sorbo de vino. -. ¿Has estado con alguien tú?-
-. Si- era de esperarse. -. Si esta mañana en la cafetería te hubiera dicho que cerraras los ojos y te hubiese besado. ¿Lo abrías hecho?-
-. Sin dudarlo…-confesé. Bebí un tanto para darme valor y pregunte. -. ¿Yo…te gusto?-
-. Mucho…- su nariz acaricio mi oreja y mordisqueo mi lóbulo ligeramente. -. Tengo que es demasiado peligroso para ti.-
No sé si ha sido el vino pero algo en mí se encendió en aquel momento. Era como si hubiera tocado algún botón que ha disparado mi sangre a mil por hora y me ha calentado las venas y arterias en el momento. Mi respiración se volvió desigual y sentí la imperiosa necesidad de que la poca distancia que nos quedaba fuese superada con un beso. Un beso demandante y exigente. Que había estado en suspenso casi como 3 años.
-. ¿Me…me dejarías besarte?- dijo nervioso. La copa de vino tambaleo en mis manos y el la retiro.
-. Ni siquiera tenías que preguntar.-
Fue suave, cariñoso y delicado. No por eso dejo de tener el perfecto balance de lujuria y cordura. Su nariz rosaba tiernamente la mía a la par que sus labios suculentos y expertos hacían lo propio con los míos. Mis manos se enredaron en su cuello y el deslizó las suyas por mis curvas. Paramos cuando nos dio la gana y lo sentí sonreír con la boca aun pegada a la mía.
-. ¿Te ha gustado?- pregunte.
-. Ni siquiera tienes que preguntar…- me dijo haciendo instalar en mi cielo personal de sensaciones.
-. ¿Más vino?-
-. ¿Qué clase de pregunta es esa? Pero bueno, dame otra copa.- me la he entregado y he preguntado. -. ¿Confías profundamente en Sai?- tenía que saberlo.
-. Como si fuera yo mismo.- la sola posibilidad me helo los huesos. -. ¿Por qué preguntas tanto por Sai?-
-. Nosotros no somos la mar de amigos. Él es algo bizarro.- le dije por no decir imbécil.
-. Ya…- escuche algunos ruidos y me dijo -. ¿Fondue?-
-. Si…- le dije.
Me metió en la boca una fresa bañada en chocolate. ¡Demonios! ¡Odio las putas fresas! Pero… ¿Cómo decirle? Enserio tengo un problema con estas cosas. Me dan asco desde que usaba pañales. Ni modo esto será asqueroso pero.
-. Regálame una servilleta por favor…-le dije medio atragantado.
Él me puso el papel en las manos y yo escupí su contenido con cuidado. Él se rio a carcajadas y con ganas. Yo me sonroje apenada y busque las palabras para poder excusarme.
-. No…no me gustan.-
-. Creo que quedo claro. Tranquila que es mi culpa por no preguntar.-
-. Ya me he aburrido de las preguntas…- le dije.
-. Vale, vale. ¿Qué quieres hacer entonces?- me dijo juguetón.
-. Humm no lo sé…-le dije con el mismo tonillo. La cosa empezó como a calentarse.
-. ¿Fresas, cerezas o malvaviscos?- me ha preguntado
-. Malvavisco.- dije con el mismo tono.
Sentí el dulce del chocolate en mi boca y me dispuse a mordisquear el suave malvavisco. Sentí el tirón en este, seguido de los labios fogosos de mi furtivo compañero de esta noche. Su boca experta me envolvió en otro beso. Este fogoso y caluroso. Me dio un coctel de sensaciones tan intenso como el que había experimentado esta mañana. Deje que su lengua trémula se colara por entre mis labios haciendo nuestro beso algo más allá de los límites. El único hombre hasta antes de Lonely boy que me había besado así era Sai. No niego que había sido la experiencia más excitante de mi vida. Pero todo eso fue algo así como basura al sentir la cadena de sensaciones tan indescriptibles que estaba experimentando. Se separó de mi algo agitado y yo sonreí complacida. Sentía la boca pegajosa por el malvavisco mezclado con la saliva de ambos.
-. Me ha gustado comerlo de ese modo- le dije en tonillo sensual e insinuante.
-. ¿Ah sí? Pues fíjate que a mí me gustaría comer nada más chocolate.- me dijo. Sentí su dedo pasando el espeso chocolate por mis labios. –. Me gustaría comerlo de aquí…- mordisqueo mi labio ligeramente y su boca volvió a atacarme.
La cosa se estaba calentado eso era palpable. Lo notaba en la temperatura de su cuerpo y el mío. Lo notaba también en la fogosidad de sus besos. Y sobra decir en la habilidad que tenía su lengua para envolverme en un torbellino de emociones. Las tirantas de mi vestido se barajaron solas mientras yo enredaba mis manos en su cabello. Era suave. Las suyas viajaban por mi espalda y yo empezaba a sentirme extraña. A sentirme como si estuviese fuera de mí. El me recostó poco a poco y sentía el calor de su cuerpo sobre el mío.
Sentí el chocolate en mi cuello y acto seguido él lo ha atacado haciéndome perder total y completamente la razón. Lamia todo el dulce liquido café sobre mi cuello a la par que acariciaba mis piernas temblorosas. Mi corazón latía frenéticamente al igual que ciertas partes nada decorosas de mencionar en mi cuerpo. Esto solo había pasado levemente esta mañana, cuando Sai me ha besado en la sala, pero no era de ni la mitad de lo que en estos momentos me invadía tan violentamente. Lo había visto en aquellas revistas que Ino solía comprar a hurtadillas de sus padres que contenían tips para hacer un sin número de cosillas pervertidas y unas cuantas posturas para que el sexo fuese excitante. Las oleadas de calor eran más intensas tanto que sentía mi cuerpo arder tirando mi cabeza hacia atrás dejando mi cuello a merced de su boca.
La poca cordura que me quedaba quedo en el olvido cuando por accidente la rodilla de mi amante rozo un íntimo lugar, en ese centro del placer donde se sentía más calor que en el resto de mi cuerpo. Un corrientoso que comenzó desde allí recorrió mi espina dorsal y me hizo soltar un pequeño gemido que expreso la necesidad de algunas caricias quizás un poco más íntimas. Enrojecí de vergüenza.
-. ¡Joder! No sabes cuánto daría por ver tus ojos en este momento…- me dijo ronco y en un pequeño susurro. Estaba excitado era un hecho.
-. Velos si quieres…-le dije extasiada mientras su lengua recorría mi cuello.
-. Sería peligroso…- volvió a atacar mi boca y a descender hasta mi clavícula.
-. Me…me….me siento extraña- confesé al sentir como si me hubiese hecho pipi en mi bragas.
-. Shhh…. Tranquila.- me tranquilizo él besando la parte de abajo de mi barbilla.-. Es normal.- me beso en los labios y aparto sus manos de mis piernas. Me quito de la cara algunos cabellos que caían sobre ella. Y me beso de nuevo.
-. Todo esto es bastante nuevo para ti ¿verdad?- me pregunto reincorporándose ya que no lo sentí sobre mí.
Me sentí como una tonta. Me sentí infantil y alejada de él. ¡Joder! ¡Puta mierda! ¡Había arruinado el momento! Me reincorpore como pude. Tenía que explicarle mis motivos. Mis razones. Tenía que decirle la verdad. Tenía que decirle que hace un par de días antes de llegar aquí yo era una completa y total santa. Que jamás había tenido mayor contacto con un hombre y que pasar por un coctel de sensaciones como este había sido demasiado para mí. Pero que sin embargo yo quería saber, quería experimentar. Quería probar mis propios límites.
-. Si.- le dije apenada.
-. Vale, he sido un bruto. Discúlpame. Yo…- le he buscado la cara con las manos y me he mandado a besarle. Nuestras narices chocaron sin embargo logre encontrarle la boca.
Necesitaba expresarle que no era una niña tonta. Necesitaba decirle también te deseo. También te quiero y que quiero estar contigo. Rápidamente el calor y el ímpetu con el que antes habíamos tenido volvió. Yo estaba sobre él a horcajadas comiéndole la boca de manera fogosa. Mientras nuestras temperaturas corporales volvían a ponerse por encima de los niveles normales.
Por mis libros y clases en la escuela sabía que cosas pasaban antes de una relación sexual. Pero jamás en mi vida pensé en sentir algo de cerca como eso. Jamás pensé que yo podría causar en el ese tipo de reacciones. Eso me remató y me dejo servida en bandeja de plata. Estaba agitado. Me puso debajo de él. Acaricio mis piernas y rozo el dorso de mis braguitas blancas. Respiraba de manera desigual. Mi vestido tenía un zipper desde el escote hasta el final del vestido, bajo mi zipper dejándome expuesta hasta el ombligo. Lo cual confieso me ha calentado un montón en especial el hecho de no ver nada le ha dado algo más de morbo al asunto. Besaba el nacimiento de mis senos y yo ya había olvidado hasta mi nombre.
Dos de sus dedos rozaron la tela blanca y lisa de mis bragas. Era tan jodidamente ardiente y sensual su toque que gemí excitada. El seguía besando en nacimiento de mis cumbres y sentía que la humedad en mi interior crecía. Me separó más las piernas y dejo de tocarme tan deliciosamente a lo que yo me queje con un gemido pequeño.
-. Tranquila. Voy a mostrarte algo.-
Sus dedos expertos se colaron debajo de mis braguitas. Haciéndome ver el cielo debajo de una venda. La sensación de estar en el paraíso seguida de esas sensaciones tan intensas y desconocidas me hizo gemir descontroladamente en un tono bajo. Nunca nadie me había tocada ahí, ni siquiera yo misma me había tocado así sola. En esas revistas que Ino y yo leíamos a hurtadillas hablaban de la autocomplacencia, no obstante siempre ella y yo habíamos tenido nuestras reservas y habíamos dicho que nunca se tendría que caer tan bajo. No obstante si ese bajo placer se sentía tan jodidamente bien como aquello que me estaba haciendo Lonely boy, iba a reevaluar mi ideas sobres los valores y que eso es solo para mujeres poco dignas.
La oleada más grande de placer jamás experimentado me golpeo sin aviso, como una corriente que se extendió a cada una de mis terminaciones nerviosas y colapso cada una de ellas. Era como sentir que la vida te abandona y tu alma sale de tu cuerpo, sin embargo este momento es tan breve que sientes al volver una tierra una paz tan intensa que te baja el cielo al cuerpo. Di un gran suspiro antes después de ello. El sacó su mano de aquel íntimo lugar que solo él ha tocado.
-. Perdóname. Lo arruine. Perdóname. Esto no ha tenido que ser así.- beso mis labios de manera delicada. Beso mi frente -. Esto ha sido un error. Perdóname-y eso no lo he podido asimilar.
Se paró rápido. Tan rápido que no pude quitarme la venda y decirle algo. Me encontraba tan golpeada por aquella pequeña muerte llamada orgasmo que no reaccione hasta que la puerta sonó de un portazo. Esto era una porción de realidad demasiado grande para mí. ¿Error? ¡¿Había sido un error? No podía asimilarlo. Me quite la estúpida venda y vi alrededor de la sala. Había una botella de vino, copas y la fondue. En la mesa había los platos vacíos de sushi. Me restregué la cara en las manos y me sentí una completa idiota. Las lágrimas recorrieron mi rostro.
Me eche a correr. Baje las escaleras corriendo sin importarme los estúpidos tacones. Quería salir y tomar el aire. Golpearme con la realidad de la gran ciudad y ver que ya había tenido suficiente. Darme cuenta que esta ciudad en solo 3 días me había tragado y cambiado la forma en la que veía la vida. Desee volver a casa. Volver a ver la tele, hablar por el ordenador y hablar con mis pocos amigos. Corrí y pase la salida. Corrí, pero soy torpe. Corrí y me caí. Lo último que recuerdo es estrellarme contra el pecho de un hombre adulto. No sé si era el vino pero sus ojos, sus ojos eran de color carmesí. Después todo se hizo negro.
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