Principios de Diciembre... durante el 3x10 'Última llamada', haciendo referencia a la investigación de Josh y Kate con el portátil, capítulo en donde aparece The Old Hunt por primera vez.


Kate miró confusa el mapa en la pantalla del portátil.

- ¿Dónde dices que está vuestro hospital?

La detective estaba buscando una aldea perdida entre la frontera de dos países africanos que hace unos meses no sabían ni que existían. Josh decía que era una zona con preciosas puestas de sol, pero desgraciadamente el google maps no había llegado por ahí. El doctor salió del baño, vestido únicamente con el pantalón del pijama, secándose la cara con una toalla y se acercó a la cama, donde estaba la detective cómodamente sentada con el portátil apoyado en sus piernas cruzadas.

- A ver... esta carretera que ves aquí... - dijo él señalando una línea amarilla.

- Ajá

- Pues aunque no está en el mapa, sigue varios kilómetros hacia el interior y... antes de llegar a la linea discontinua que marca la frontera... está la aldea.

Kate frunció el ceño para imaginarse el lugar exacto y refunfuñó.

- Me hacía ilusión ver donde habías estado, pero ya veo que es imposible.

- Usa tu imaginación, cielo.

- Soy más de hechos y pruebas tangibles.

Él se rió y volvió a entrar en el baño. Kate se tendría que conformar con algunas fotos que había tomado Josh con el móvil durante su estancia.

El doctor había estado trabajando todo el mes anterior con Médicos Sin Fronteras, había regresado hace poco y ya estaba pensando en el próximo viaje que quería hacer en enero. La detective lo había echado de menos los primeros días, pero el trabajo la mantuvo entretenida y las semanas pasaron volando. 'Mejor' pensó ella, no quería pasar los días suspirando en plan heroína romántica. Sólo cuando regresó, se dio cuenta de lo que añoraba el sentirse arropada y abrazada por las noches. Seguramente que durante el próximo viaje se le haría más duro.

Josh volvió a salir del baño, ahora sin el pantalón del pijama. Kate no levantó la vista de la pantalla, así que el doctor se acercó y la abrazó desde atrás y le besó el cuello varias veces.

- Ey... - dijo ella divertida mientras se giraba y le besaba en los labios.

El doctor observó con el rabillo del ojo que Kate había dejado por imposible lo de África y seguía buscando algún tipo de información policial, pero él quería pasar el rato de otra manera.

- Si me explicas lo que llevas buscando desde hace un buen rato y que te tiene tan intrigada que no te 'percatas' de que estoy desnudo...

- Mmmmm - respondió ella mientras él recorría sus curvas con las manos.

- Quizás pueda ayudarte... - dijo susurrándole al oído.

Kate apartó el portátil y se acomodó sentándose encima de los muslos de Josh.

- Me he 'percatado', exhibicionista. - se quitó la camisola que llevaba puesta, quedándose ella desnuda también - sí que me puedes ayudar, pero de momento haremos trabajo 'de cama'.


Gina apareció por la puerta del loft justo cuando Castle se disponía a irse. El escritor había cogido su chaqueta en una mano y el móvil y las llaves en la otra.

- Richard. ¿A dónde vas con tanta prisa? - dijo sorprendida mientas él la ignoraba y miraba su teléfono.

- Es un caso... se me ha ocurrido algo que tengo que enseñar a Beckett. - dijo contento como un niño.

- Pero ¿y nuestra cena? - dijo ella parándole los pies en la misma puerta.

- ¿Cena? Bueno, ve picando algo, aún es pronto. - dijo él señalándole la barra de la cocina llena de cócteles. Martha incluso levantó una copa invitándola.

- Nuestra cena de negocios, Richard, con los distribuidores europeos... - le refrescó ella

- Uy. Se me había olvidado por completo. - dijo siendo totalmente sincero.

Gina se cruzó de brazos y lo miró de arriba a abajo esperando su reacción.

- Pero... Pero ahora no puedo... Trabajo. - dijo él señalando su móvil y haciendo pucheros.

- Te recuerdo que también eres escritor, aunque posiblemente ya tampoco te acuerdes. Y es importante que mantengas tus contactos y ...

- Pero eso es más cosa tuya, Gina. Yo me aburriría. - dijo él cómicamente mientras se escaqueaba.

Se largó por el pasillo del rellano dejando a su editora con las palabras en la boca. Gina se resignó, saludó a Martha y Alexis y se unió a ellas en la barra.

- ¿Es siempre así con ella? - preguntó.

- Uy, querida. - dijo Martha - te voy a explicar como funciona: la detective Beckett hace sonar su campana y Richard acude como un Yorkshire Terrier.

Alexis asintió con la cabeza mirando a una incrédula y fastidiada Gina.


- Sing us a song, you're the piano man... Sing us a song tonight... Holaaaaaa - saludó cantarinamente Castle.

Entrar en casa cantando a pleno pulmón el 'Piano man' de Billy Joel no era lo apropiado. Menos aún si pasaban de las doce de la noche. Pero unas copas de más y descubrir que Beckett tenía una voz con la que podría haber sido estrella del rock lo había envalentonado.

- Uf, que tarde ¿dónde has estado? - Gina, adormecida en el sofá, le preguntó haciendo señas para que bajase la voz.

- ¡Adivina quien...! perdón. Adivina quien es el nuevo dueño de 'The Old Hunt'. - dijo bajando la voz hasta un susurro.

- Rick... ¿de qué estás hablando? y ¿por qué hueles a... tasca? - dijo parándole su aproximación con la palma de la mano en el esternón.

- ¿Tasca? ¡pero que dices! Es el olor de la amistad, del colegueo. Y acostúmbrate, porque a partir de ahora va a ser el olor de moda en Nueva York. Pienso hacer una fiesta de inauguración. De re-inauguración. Invitaré a todos esos peces gordos que dices siempre que tengo abandonados. Y será fantástico.

- Un momento, un momento Rick. ¿Hablas en serio? - Gina esperó su respuesta. Castle, sonriente, asintió con la cabeza como si fuese un niño pequeño.

- Pero... si apenas llegas a tiempo a tus entregas... ¿cómo piensas hacerlo ahora si además de ir por ahí con la policía te pones a regentar... ¡una tasca!? - se lamentó ella.

- Si sólo soy el propietario. La gente que trabaja ahí ya sabe cómo llevarlo. Sólo tendré que pasarme de vez en cuando a charlar con mis empleados y a darles palmaditas en la espalda y todo eso. - dijo quitándole importancia.

- Pero Richard...

- Uf... Tengo que ir al baño... otra vez... ese vino añejo debía de tener algo que... - dijo saliendo disparado y dejándola con la palabra en la boca.


La faceta exhibicionista de Josh es un guiño a la faceta exhibicionista del actor, Victor Webster, portada de revistas mostrando cachas hace unos años.

Enero... Salto hasta el 3x12, 'Puf, estás muerto', el de la magia, Castle romperá con Gina.


Le Cirque. El restaurante más romántico y por supuesto más caro del Midtown neoyorkino estaba lleno de gente que opinaba que toda gran ocasión debe estar coronada por la pompa y el boato francés que les brindaba el local. Gina Cowell se encontraba en su salsa, no tanto su acompañante.

- Entonces, el jueves 13 ¿de acuerdo Richard?... ¡Richard!

- ¿¡Qué!? - dijo el escritor dejando de hurgar en el centro de mesa, intentando averiguar cómo se sostenía una cabeza de cisne de cerámica entre un bouquet de florecillas blancas.

- Atiéndeme, Richard. La reunión con los editores asiáticos ¿el jueves 13? - le preguntó una vez más consultando su agenda en el móvil.

- Jueves 13... Jueves 13... parece una precuela de Viernes 13, muy apropiado. - fantaseó él.

- ¡Concéntrate de una vez, Richard! - le cortó ella.

- Pero si yo no... - la mirada de Gina no le dejó decir nada más. La mirada de las mesas de alrededor y de los camareros tampoco ayudaron - Mira, si no hay ningún caso iré, pero no te puedo prometer nada. - dijo en voz baja.

- Sabía que pasaría, Richard. Ya te lo dije. Demasiadas responsabilidades para tu cabeza de chorlito.

- Ey, ya te he dicho que si no hay cadáver iré. ¿De acuerdo? Ahora. Relájate y disfruta, mujer. Que aún tenemos que pedir los postres, y yo no me voy sin tomar una crème brûlée de las que preparan aquí.

La editora se quedó con el móvil en la mano y el ceño fruncido pensando en qué necesidad tenía un afamado escritor de jugarse la vida por las calles de Manhattan. Y ahí estaba él, mirando la carta de los postres.

- Pide tú pastel de chocolate y así lo compartimos, ¿vale? - propuso él tan sonriente como siempre que hablaba de postres.

Gina se levantó de la mesa, metió el móvil en su bolso y miró a un sorprendido Castle.

- ¿Qué haces? - preguntó él.

Ella no respondió. Hizo mención de irse. Pero Castle se inclinó y le agarró de la muñeca.

- ¿Qué pasa, Gina?

La editora apartó la mano con un brusco movimiento. Él le soltó. Para aquel entonces la gente ya había empezado a cuchichear. Seguramente habían reconocido a Castle. Dispuesta a no darles más comidilla, abandonó rápidamente el local.

El escritor se quedó mirándola y, muy a su pesar, hizo una señal al camarero, para que le trajese la cuenta.


Cuando Castle abandonó precipitadamente el local lo único que pudo llegar a ver fue un taxi alejándose del lugar. Maldita sea. Tenía un terrible déjà vu, lo cual encajaba muy bien con el ambiente francés del restaurante. Esta situación ya la había vivido, varias veces. Gina controlándole y frustrándose por no conseguir que él se comporte como un adulto. Él agobiándose con su agenda, y cuanto más se agobiaba más infantil se comportaba, y era de esperar ¿no? porque al final ella le estaba organizando la vida como algunos padres hacen con los hijos.

Cuando volvió con Gina pensó que... bueno, seamos sinceros, no pensó. Más bien se dejó llevar. Ahora se daba cuenta de que todo se repetiría más o menos como durante su matrimonio, hasta que acabara con ambos frustrados y desilusionados. Acarició su móvil pensando en llamarla, pero observó a alguien del restaurante curioseando y optó por dejarlo para luego y huir lo más rápido posible.


El puesto ambulante de comida rápida echó la persiana en cuanto sirvió a sus dos últimos clientes.

- ¿Sabes? - dijo Castle después de darle un mordisco a su sandwich de cuatro quesos - ¡Ouah, quema!

Kate se rió mientras su compañero se abanicaba la boca.

- ¿Qué? - dijo la detective mientras saboreaba el suyo de pollo y lechuga.

- Que es un peligro que me acompañes en mitad de la noche... - dijo él mientras echaba a andar por la acera para no helarse de frío.

- ¿Por qué? - preguntó Beckett haciendo lo mismo.

- Porque a la vuelta de la esquina puede haber un paparazzi y no estoy seguro de que te gustase ser... 'la otra' en las páginas del corazón.

- ¡Mmh! - dijo la detective mientras masticaba.

No pensaba que fuera a sacar el tema de su ex mujer. Kate no pensaba en decirle nada, ella sólo había oído algo que no debía y, aunque no se sentía orgullosa de ello, había dejado caer una invitación a cenar que tal y como sospechaba, el escritor había aceptado. Si no lo hubiese hecho ella hubiera pensado que iba a reconciliarse con Gina y punto, pero ahora estaba claro que habían roto.

- Bueno Castle, si me dieran a elegir, preferiría salir en la sección de cotilleos que en los obituarios.- dijo ella observándole. Él sonrió juguetonamente.

- Caray detective, ten cuidado porque se empieza así y acabarás saliendo de juerga sin bragas. - dijo mirándole de arriba a abajo como para cerciorarse de que ahora sí llevaba ropa interior.

- ¿Quieres salir mañana en una esquela, Castle? - dijo entornando los ojos al sentirse observada.

Por una parte a Beckett le alegró ver que pese a todo Castle conservaba el ánimo. Mejor. Ella no se consideraba un buen hombro en donde llorar penas. Le iba más el colegueo policial: puyas de humor negro, los golpecitos de nudillos en el brazo y ese tipo de cosas.

- Gracias, detective, pero no. - le contestó el escritor con sarcasmo.

Kate observó a su compañero, no era el único que estaba alicaído. Había dado la casualidad de que Josh estaba de guardia y aunque no lo hubiera estado, se habría pasado la noche planificando su inminente viaje a África. A la detective le fastidiaba reconocerlo, pero no le apetecía quedarse sola esta tarde-noche. No necesitaba gran cosa, simplemente caminando con Castle calle abajo se encontraba bien.

- Oye, muy bonito el ramo, pero me tienes que hacer ese truco con hielo. - comentó él inocentemente.

Beckett rió y negó con la cabeza. Había omitido el detalle de que ese truco era de contenido erótico.

- Quien sabe, Castle, quizás otro día. - dijo finalmente.

- Oye, ¿por qué te has puesto colorada? ¿hay algo que debiera saber, viciosilla? - dijo él cantarinamente al analizar su reacción.

- ¡Castle! Aún estás a tiempo de acogerte a la oferta de la esquela.- le replicó la detective volviendo a ponerse a la defensiva.

- ¿Y entonces quien escribiría los libros de Nikki Heat que tanto te gustan?

- Uy, sí, que lástima... Ah, no, espera, Nikki Heat soy yo...

Continuaron calle abajo con su conversación. Quería hablar con alguien, con alguien que la evadiera de todo por un momento, hoy era Castle y mañana sería otro día.


Cuando Castle llegó a su loft dispuesto a enfrentarse con ánimo a su recién estrenada 'soltería', le sorprendió encontrar allí a su editora/exmujer/exnovia.

- ¡Gina! - fue lo único que dijo mientras ella se levantaba el sofá y caminaba hacia él.

- Lo siento Richard, pero quería recoger unas cosas y devolverte esto - dijo entregándole la llave del loft que él le había dado meses antes.

El escritor no se sorprendió que ella se mantuviese serena y que se comportara como si se le hubiese acabado un contrato, en vez de una relación sentimental, porque básicamente su relación había sido de negocios 'con privilegios' ya incluso cuando estuvieron casados. Castle era quien siempre intentaba poner la parte romántica y divertida de la relación, mientras que ella estaba más centrada en gestionar la gallina de los huevos de oro.

- Bueno, pues.. - dijo él observando la llave ya en su mano - . Como ya te dije la primera vez: Fue bonito mientras duró. - hizo una mueca que resultó ser una media sonrisa.

- No te sientas culpable por mí, Richard. Yo también creo que es lo mejor. - dijo cogiendo una bolsa con unas pocas cosas.

Él se le quedó mirando.

- Necesitaba algunas cosas para mañana. Ya enviaré a alguien para coger el resto. - le explicó ella.

Gina se le acercó y le dio un abrazo, que él le devolvió cariñosamente.

- Y hazme un último favor, Richard...

Él subió una ceja y giró la cabeza como indicando que tenía toda su atención.

- Lucha por ella, Richard.

Castle abrió los ojos sorprendido y despistado.

- No finjas que no sabes de qué te estoy hablando. Si tu detective ha conseguido que el Richard Castle mujeriego y fiestero que yo conocí, se haya completado con el hombre comprometido y responsable que he conocido estos meses, hazme caso, no la dejes escapar.

La editora se dirigió hacia la puerta, pero paró y se giró teatralmente para decir una última cosa.

- Lástima que el compromiso y la responsabilidad sea con ella y todo lo que le rodea, en vez de conmigo. - dijo seriamente pero a la vez alegre.

- Gracias Gina. Significa mucho viniendo de ti. - dijo obviando el hecho de que hubiese dicho 'conmigo' en vez de 'con nosotros'.

- ¡Es una maravilla!¡Si hasta cumples los plazos de entrega! - dijo levantando los brazos como si cantase un Aleluya.

- Esa frase te ha arruinado un poco el resto del discurso.- le respondió el escritor haciendo una mueca mientras la acompañaba a la puerta.


Finales de Enero... Llegamos a 3x13 un GRAN capítulo, sería un insulto para cualquier fan recordarte de qué iba...


La detective se encontraba en la penumbra de su despachito en casa, después de la dura jornada en la que por fin habían conseguido atrapar a Lockwood, el asesino a sueldo contratado por el cerebro que ordenó liquidar a Johanna Beckett, su madre. Estaba sentada en una silla, frente a la ventana donde hace meses había montado una mini pizarra con todas las anotaciones relevantes del caso. Tenía un par de flexos iluminándola. Repasó visualmente todos los recortes y fotos hasta que llegó a su última incorporación, la foto de Lockwood con un post-it pegado que decía 'Encerrado'.

Una leve sonrisa apareció en su cara, había conseguido dar otro pasito más. Aún no sabe dónde le conduciría, pero pensaba agotar la paciencia de ese malnacido hasta que dijera algo, cualquier cosa, a donde ella pudiera agarrarse para seguir tirando del hilo. Sus esperanzas se habían multiplicado y estaba contenta, muy contenta, casi eufórica podríamos decir, aunque viéndola ahí sentada nadie lo diría.

Pensó en lo que diría Castle.

Para él la euforia se manifestaba riendo, bailando, gritando y cantando. Si la hubiese visto a ella en este momento se hubiese acercado y le habría lanzado unas cuantas guindas sarcásticas, como cuando la veía muy seria, algo así como: 'Por favor, detective, de ejemplo bebiéndose una cerveza' o 'Para ya, Beckett, que te van a entrar agujetas de aguantarte la risa'.

Siguió pensando en él... en su ocurrencia de entretener al vigilante besándola... 'TIRORIRO-TIRORIRO'. Su móvil interrumpió abruptamente sus pensamientos, se levantó de la silla de un salto y se inclinó sobre el escritorio a ver quién llamaba a estas horas. Era Josh. Tragó saliva mientras sintió que se ruborizaba... Sintió rabia. ¿Por qué reaccionaba así? Quizás porque tenía la mente ocupada con Castle. O tal vez porque estaba delante de la pizarra secreta de los horrores de la capa más profunda de la cebolla Beckett. Dejó de divagar y contestó.

- ¡Ey! - Dijo con un tono algo sobresaltado en su voz.

-¡Ey!¿Cómo está mi chica? - contestó Josh animadamente, como siempre que la llamaba. Kate se recompuso antes de contestar para no parecer descolocada.

- Bien... Muy bien. Un día duro pero satisfactorio. -dijo ella.

- Estupendo. Me alegro. Cuéntamelo todo. - le ofreció él.

- Uf. Estoy agotada. Prefiero escucharte. ¿No es muy temprano por ahí? - le preguntó mientras se dirigía hacia el sofá del cuarto de estar.

- ...Sí. Está amaneciendo y me acabo de levantar. Tendrías que ver el sol que entra por mi ventana... - Josh estuvo un rato hablando de las maravillas del paisaje mientras ella le escuchaba. Luego empezó a contarle como había pasado el día de ayer...

Poco a poco un sentimiento empezó a cobrar fuerza en su cerebro. No sabía si era causado por el agotamiento que le había producido su último caso, por la euforia tras haber encerrado a Lockwood, por lo que había pasado entre ella y Castle aquella noche... cosa que aún no sabía cómo interpretarla... No lo sabía, pero el hecho era que...

- Te echo de menos. - dijo en voz baja.

- ...y las jiraf... ¿Qué? - se interrumpió él.

- Te echo de menos, Josh. - repitió mientras notaba su corazón acelerarse y bombear más fuerte.

Su interlocutor enmudeció. La detective lo imaginó contemplando el paisaje desde la ventana, con el anaranjado sol sobre su piel. Nunca le había dicho unas palabras tan sentidas a Josh y estaba segura de que le habían calado. Maldita sea, se había convertido en la heroína romántica que nunca quiso.

- Yo también. Mucho. Ojalá estuvieras aquí, Kate. Me gustaría que vivieras todo esto...conmigo. - dijo él seriamente.

Ella no contestó, pero pensó que eso sería como si ella le dijera que le gustaría que le acompañara mientras investiga sus crímenes. Imposible. Bueno, a no ser que seas un millonario con los contactos adecuados.

- Echo tanto de menos tus abrazos... - dijo ella doblando las rodillas y abrazándose las piernas. - Perdóname Josh. Ya se que me lo advertiste desde el primer día. Ya se que nuestros trabajos son lo primero. Ya se que te dije que estaba de acuerdo, pero... - la voz se le quebró un poco.

- Kate...

- No, déjame terminar...

El doctor se quedó mudo. Kate oyó el rechinar de unos muelles, dedujo que se habría sentado en la cama. Ella respiró profundamente intentando encontrar las palabras.

- Josh, te admiro y te respeto. Nunca te pediría que cambiaras tu ritmo de vida por mí. Pero por respeto a mí misma, tampoco puedo vivir con este tipo de relación a largo plazo. Quizás... me he estado engañando porque... bueno... cuando te conocí yo... - la detective suspiró al recordar cómo se sentía al verano pasado. Había estado dispuesta a intentarlo con Castle, había abierto una puertecilla en su muro, pero se encontró que al otro lado ya no había nadie. Entonces dispuesta a pasar página, había empezado a salir con Josh. Quiso pensar que no fue de rebote. Quiso pensar que podía funcionar. Pero se había quedado en las intenciones.

- Kate... No me gustaría hablar por teléfono de un tema así. Kate, yo... nunca nadie me había hecho sentir así... Escucha, ya se que quitando los viajes apenas llevamos tiempo juntos, pero sé que yo podría, yo podría viajar menos y... Kate, yo te... te quiero Kate.

La detective guardó silencio, por el tono de su voz, se lo imaginaba emocionado, al borde del llanto, dando vueltas en su habitación. Miró el tablón con la investigación de la muerte de su madre: El tenerlo así de completo le había supuesto tanto sacrificio personal a lo largo de los años que se había olvidado de lo que era una vida normal. Una vida privada 'normal' que había intentado llevar junto a Josh.

- Yo... Lo siento, Josh. Siento que creas eso, porque créeme, hay muchas cosas que no conoces de mi. Cosas que... - echó un vistazo al tablón - Cosas que quizás debería haberte contado antes, pero que no me resultan fáciles de rememorar ni te van a resultar fáciles de asimilar. Pero llegados a este punto creo que es mejor que juguemos con todas las cartas sobre la mesa... o que dejemos de jugar.

El doctor se tomó un tiempo para serenarse. Desde luego, no era lo más apropiado escuchar un 'te quiero' y responder con un 'sólo amas a la parte de mí que te he dejado conocer', pero así era como había surgido.

- Bueno, pues... soy todo oídos. - respondió finalmente Josh tras una larga pausa.

- Vale, sólo déjame advertirte que si después de lo que oyes... te echas atrás, no te guardaré ningún rencor. - dijo la detective.

- Por favor, Kate, habla sin más... No puede ser tan negro como lo pintas... Te conozco lo suficiente para saber que no puede ser tan grave... - dijo atropelladamente el doctor, más para tranquilizarse él mismo que por otra cosa.

Kate pensó en el infierno en el que había vivido desde el asesinato de su madre, pensó en cómo se había forjado su carácter: más duro, más exigente, más aislado... Pensó todas las veces que estuvo al borde del precipicio, sólo mirando al fondo del abismo y pensando en si no sería mejor que todo acabase... Pensó en los pedazos de tierra firme que había encontrado para salvarse... Pensó en cómo sacó fuerzas de donde no las tenía para ayudar a su padre...

- ¡Uf! Por dónde empezar... - susurró Kate al teléfono buscando inspiración.


La habitación de Richard Castle estaba en silencio y en una semi penumbra que sólo dejaba adivinar las siluetas de la ropa del escritor tirada por la moqueta. La luz del baño asomaba por la puerta entreabierta, y se oía el sonido amortiguado de la ducha.

- Vamos a hacer un trato, ¿vale?

Castle se encontraba debajo del chorro de agua, con las manos apoyadas en la cintura y los brazos como jarras, parecía un superhéroe hablando con su archienemigo. Cualquiera que lo hubiese visto habría creído que estaba haciendo teatro.

- Vas a ser un buen chico y te vas a bajar y te prometo que algún día - no me preguntes cuando - tendrás lo que quieres ahora. Pero hoy no va a ser posible.

El escritor apretó los labios y movió rápidamente su mano derecha y agarró el monomando de la ducha firmemente. Inspiró y expiró como el deportista que se prepara para la acción y giró el mando...

- ¡OUAAAAAAA!...¡AAAAAAH!...¡OOOOH!...¡SHHHHHH!...¡GÑE!

Los gritos atravesaron las paredes del loft y llegaron a los oídos de Alexis, que casualmente había bajado a la cocina buscando algo que beber. Se sobresaltó y, con el tetrabrick de leche en la mano, se derramó un chorro por el pijama. Corrió hacia el despacho de su padre alarmada...

- ¿Papá?... ¿¡Papá!?... ¿¡PAPÁAAAA!? - gritó sin obtener respuesta.

Castle tiritaba de frío debajo de la ducha cuando oyó a su hija preguntándole si se encontraba bien. '¿Bien?' pensó el escritor... 'Sí, preparado para la acción' se respondió a sí mismo.

- ¡No pasa nada. Estoy bien, cariño! - gritó él todavía agarrado al grifo.

La chica oyó la respuesta de su padre a duras penas, muy solapado por el sonido del agua. Extrañada permaneció en la puerta de la habitación dudando qué hacer.

El escritor miró de reojo hacia su entrepierna, como temiendo lo que se iba a encontrar ahí. Sí. Ahí estaba. Todavía ¿Cuánto podía durar una erección?... Se frotó la cara con el agua que caía de la ducha. Se estaba empezando a enfadar seriamente, lo cual no mejoraba las cosas.

- ¡Oh, vamos! Está bien, está bien. Yo no te voy a hacer ni caso, me da igual, puedes estar así toda la noche.

Se preocupó en ignorar la situación y frotarse a conciencia con el jabón haciendo un rodeo para no acercarse a la zona en cuestión. Que lo llamaran romántico, pero no quería 'desahogarse'. Hubiese sido muy fácil: unas pocas caricias expertas y voilà, problema resuelto. Pero no. No quería que terminara así algo que había empezado con ESE beso. Se relamió los labios y se dio cuenta que rememorar la escena no lo estaba ayudando en absoluto.

- Venga... venga... No me hagas suplicarte. ¿Pero por qué no te bajas? ¡Si ni siquiera estoy pensando en ella ya! - dijo mintiéndole a su amigo de batallas.

Al cabo de un minuto de miradas mutuas sin que llegaran a ningún trato, el escritor cerró el grifo y alcanzó una toalla con la que se rodeó la cintura tapándose el trasero y, antes de taparse la entrepierna le dirigió unas airadas palabras a su amiguito...

- Me las pagarás. ¡Escucha! Haz lo que quieras, pero como en el momento de la verdad me lleves la contraria y no subas te... te juro que...

Un tímido toc-toc con los nudillos al otro lado de la puerta le cortaron su monólogo.

- ¿Estás bien?...¿Papá?¿Con quién hablas?

Era Alexis.

- Estoy.. estoy... ¡hablando solo!.

La chica prefirió creerle e hizo un esfuerzo por no imaginarse NADA. Así que se despidió de su padre y subió las escaleras a su cuarto, no sin antes echar una mirada atrás y sacudir la cabeza borrando todas las imágenes de lo que podía estar pasando en ese baño.


Un pelín largo me ha quedado este capítulo, ya perdonaréis.