3x14 'lucky stiff' Beckett manejando el Ferrari de Castle como si hubiese nacido para ello... y la creación de la beca Johanna Beckett.
- Trátalo con cariño Beckett, que es muy sensible. - dijo Castle preocupado mientras se sentaba de copiloto.
- ¡Oh, vamos Castle! ¡Ni que fuese mi primera vez! - le respondió ella metiendo la llave en el contacto.
- ¿No es tu primera vez?... Quieres decir... ¿con un Ferrari? - le preguntó confuso.
El atronador ruido del motor al arrancar y la maestría con que la detective acariciaba el pedal del acelerador para hacer un poco de música, le dejaron claro a Castle una vez más que Kate era una caja de sorpresas. El escritor la observó cómo sonreía mientras acariciaba el volante y de alguna retorcida y absurda manera, se sintió celoso. Peor fue cuando posó su mano en el cambio de marchas, con suavidad y con firmeza puso primera. Castle tuvo que tragar saliva y mirar hacia otro lado para que su mente no empezase a enviar sangre a su otra palanca. Pero el subidón se le pasó pronto, en cuanto Beckett condujo zigzagueando a través de los atascos de las calles de Tribeca y él tuvo que agarrarse al asiento como una abuela. Luego lo negaría, pero lo cierto es que hubo momentos en los que cerró los ojos y rezó.
Beckett cerró la puerta de su loft y sonrió. Dios mío, eran las tantas de la noche. Observó la mesa del comedor, con un par de copas de vacías y una botella de su mejor vino, que aún así había que decir que no era muy bueno, de la que ella y Castle sólo habían dejado el culín de la vergüenza.
¿No era raro lo que acababa de pasar, no? No todo el mundo puede decir que una noche se les presentó un amigo millonario en casa para organizar un sarao y recaudar fondos para una beca en honor a su madre, pero no es raro ¿verdad? La detective recogió las copas, las llevó al fregadero.
Entonces ¿por qué ella se sentía como si estuviera haciendo algo malo? Esta... esta intimidad que había creado con Rick no sería 'mala' ¿verdad? Le estaba dando vueltas, sí. Se sentía algo culpable, sí. Algo de este tipo se prepara con... un novio, un marido, pero... ¿con un escritor que te tiene de musa? Bueno, tampoco hay mucha gente que pueda decir que tiene a un escritor inspirándose en ella. Se puso a fregar las copas mecánicamente.
¿Qué había pasado entre ellos estos últimos meses? Era algo así como... una amistad... Era increíble. Si se lo hubiesen dicho hace un año hubiese pensado "¡Já, por encima de mi cadáver!". Era una amistad, una relación de sincero cariño mutuo. Sin más pretensiones. Simplemente habían llegado a conocerse y respetarse mutuamente a un nivel que... ¡Oh, Dios! Dejó las copas enjabonadas.
¿Porque es sólo amistad, verdad Kate? Se tomó unos segundos para buscar la respuesta. Miró las copas. Miró la botella. Miró su guitarra. Miró la puerta cerrada de su apartamento. Era... Era... La detective asintió con la cabeza auto convenciéndose. Era amistad. Era una muy buena amistad. Y siguió fregando.
Como véis la parte del Ferrari no aporta nada al argumento, pero me gusta imaginarme a Beckett motorizada, que le vamos a hacer, je je.
14 de Febrero, San Valentín-tín-tín... continuación del capítulo 3x15 'el último clavo': amigo de Castle resulta ser mu malo, mu malo.
- Vamos a la barra. No me pienso sentar en una de esas mesitas cursis. - dijo Beckett señalando lo que habían preparado para el día se San Valentín en la cervecería.
Castle ni siquiera contestó con un típico '¿No quieres que te vean conmigo rodeada de corazoncitos rosas?' simplemente la siguió. Se sentaron en sendos taburetes y pidieron un par de pintas. Mientras las traían, el escritor se entretuvo jugueteando con el cestillo de cacahuetes. Al rato, el camarero colocó dos enormes jarras de cerveza delante de ellos.
- ¡Venga! ¡Estás sorprendentemente callado! - le animó Beckett.
La detective, apoyada en la barra miraba a su compañero incómodamente sentado en un taburete alto. Acababan de arrestar al culpable de un antiguo caso de asesinato, que había resultado ser un amigo de Castle en el internado. Más que un amigo, un mentor, un hermano mayor. Había sido un shock para el escritor, que para complacer a su musa, comenzó a hablar...
- Estaba pensando lo malo que es que se te caiga un ídolo... Una persona en la que confiabas, a la que te habías abierto. Una persona con la que habías compartido risas y alegrías, y también penas y malos ratos... - bebió un trago antes de seguir- Una persona a la que creías conocer bien, que te había ayudado y guiado cuando estabas perdido...
- Hum. - respondió ella severamente.
Castle supo por la contestación de Kate, que también habría pasado por la mente de la detective su excompañero en la poli, Mike Royce. Otro ídolo caído del pedestal, detenido por ella misma hace unos meses.
- Me pongo a pensarlo y me siento como... como si todos los ratos que pasé con él hubiesen sido... de mentira. Me siento estafado, Beckett. - comentó él muy serio observando el dibujo en el cristal de la jarra.
- Mmmm.- dijo Kate tras saborear un trago largo - Te comprendo, es decepcionante, pero... No pienso que haya que echar todos tus recuerdos y sentimientos por la borda. - eso captó la atención del escritor - Tu amigo te ha fallado, cierto. Estrepitosamente. Pero su amistad te sirvió a ti para convertirte en lo que eres... plantó unas semillas, pero tú las hiciste crecer, Castle. La gente cambia, todos cambiamos, es irremediable, sólo que... hay que cruzar los dedos para cambiar a mejor.
- Brindo por eso. - dijo levantando su jarra. La detective levantó la suya y las chocaron suavemente. Ambos bebieron. A Kate se le quedó un bigotillo de espuma en el labio que hizo sonreír al escritor, le hizo una seña para que se limpiara.
- Pensándolo bien... no creo que mi amigo cambiara... no creo que se convirtiera en un asesino, ¿tan joven? yo creo que era así de siempre... de nacimiento o por el entorno en el que se crió... - siguió él.
- Entonces piensa que tú también sacaste lo mejor de él... te trató bien, cuidó de ti... yo creo fuiste una buena influencia, Castle. Quédate con ese buen sabor de boca.- concluyó la detective con determinación.
Él sonrió ampliamente agradeciendo sus palabras.
Tenía suerte poder contar con Kate. Durante estos últimos meses habían apartado a un lado sus flirteos tontos, ya que ella estaba con el doctor-chico-de-la-moto y él había estado hasta hace poco con su ex. Así que comportándose como adultos con vidas privadas independientes, habían empezado a forjar una buena amistad, para sorpresa de ambos. Había cosas que podía hablar con su hija, había cosas que podía hablar con su madre... pero había cosas que sólo quería hablar con Kate, porque sólo con ella se sentía comprendido de un modo que nunca nadie lo había hecho y sólo ella era capaz de aconsejarle desinteresadamente. Era una buena amiga.
- Es curioso. - dijo él con su voz más aguda y sin dejar de sonreír.
- ¿Qué? - preguntó ella con sus deslumbrantes ojos chispeando.
- Las personas. A veces congenias con alguien enseguida, pero luego por alguna razón se acaba. Otras veces conoces a alguien con quien chocas continuamente, pero acabas llevándote bien. - se explicó él.
- Jé. Y a veces no hay nada que hacer, desde el principio hasta el final. - dijo riéndose ella. Castle pensó que quizás beber con el estómago vacío estaba afectando a su compañera... y a él también.
- ... Y otras veces es... magia. - dijo mirándola fijamente.
A Kate se le relajó la sonrisa y se perdió en la sincera mirada de su compañero. Antes de ruborizarse se giró para dejar de mirarle, con la excusa de beber un largo trago. Él no dejó de mirarla de reojo mientras también bebía un sorbo. Había vuelto el flirteo y lo había hecho para quedarse.
- ¡Já! ¿Te ha funcionado eso con otras, Castle? - le preguntó Kate echándole cara al asunto, en vez de amilanarse - '...es magia...' - repitió la detective distorsionando la voz.
- ¡Uy! Te sorprenderías, pero no quiero ponerte celosa porque te enfadarás y acabaré pagando yo las cervezas.
Kate iba subiendo las escaleras de su edificio con ligereza, pensado que tenía cuarenta y cinco minutos para ducharse, arreglarse y llegar al restaurante donde hubiera conseguido reservar Josh. Según tenía ella entendido, hasta última hora no había conseguido confirmar los turnos de guardia, así que habría suerte si no acaban en una hamburguesería de carretera.
Le hubiese gustado tener más tiempo, pero lo cierto es con Castle los minutos habían pasado volando. Le gustó pensar que había sido una buena amiga y que había conseguido mandarlo a casa más animado. Aunque cuando lo dejó en el taxi rumbo a su casa le puso una mirada, seguramente fingida, de cachorro abandonado.
Al llegar a su rellano, para su sorpresa, se encontró con el doctor sentado en los escalones. Iba vestido con un traje oscuro sosteniendo un frondoso ramo de flores y una caja que por el tamaño y forma parecía de bombones. Por la cara de aburrimiento que tenía debía de llevar un buen rato esperando.
-¡Ey!Josh... Pero si habíamos quedado más tarde... - dijo ella sorprendida con las llaves de su piso en la mano. Desde que había vuelto de África, hace unos días, el doctor se comportaba de manera diferente, o al menos esa sensación le daba a Kate.
- Lo sé, lo sé, pero quería darte una sorpresa. - dijo mientras se levantaba y ponía cara de alivio.
- Pues lo has conseguido - dijo sonriendo ampliamente mientras abría la puerta.
El doctor le cedió el paso educadamente. Nada más entrar Kate echó un rápido vistazo haciendo memoria de cómo había dejado su casa antes de salir al punto de la mañana. Afortunadamente no estaba muy desordenada.
- Bueno, pues... - empezó a decir Josh detrás de ella y carraspeó para llamar su atención - ...feliz día de San Valentín.
- Feliz... - dijo ella haciendo una pausa para cogerle el ramo de flores y los bombones - ..día... - se puso de puntillas y le obsequió con un fugaz beso en los labios - ... de San Valentín.
Intercambiaron unas radiantes sonrisas y Kate se dirigió hacia la cocina con sus regalos. Buscó un jarrón para poner las flores mientras de reojo observaba a Josh hacer sitio en el perchero para dejar su abrigo. Cuando estaba llenándolo de agua en el grifo del fregadero, se le acercó él por detrás.
- Pensaba que tenías mucho trabajo y que apenas podríamos cenar y... - comentó Kate extrañada.
- Ajá. Y veo que... has picado. - le susurró al oído abrazándola por la cintura.
- ¿Entonces? - preguntó ella juguetona.
- Entonces te sugiero que te vistas -elegante pero informal- para una romántica cena en... -es una sorpresa- que continuaremos con románticas actividades a lo largo de todo Manhattan para terminar a altas horas de la madrugada en... -es otra sorpresa-.
- Vaya...¿No tendré que llevarme una maleta o algo así?
- O si lo prefieres nos encerramos en la habitación ahora mismo.
- Mmmmm... Tentador, pero, prefiero salir y que nos vean. Con tanto viaje algunas personas creen que tengo un novio imaginario.
La puerta del loft cerrándose despertó a Castle, con un sobresalto. Tras un par de segundos de desconcierto, se dio cuenta de que se había quedado dormido en el sofá viendo una película.
- ¡Ey Alexis! - dijo cuando vio a su hija de reojo.
- ¿Papá?
- ¿Qué haces en casa a estas horas?
- Es temprano, papá.
- Pues eso es lo que digo... ¿qué haces tan temprano en casa el día de San Valentín?
Alexis observó a su padre tirado en el sofá, con palomitas de maíz por encima de su camisa a cuadros, unos envoltorios de chocolatinas por el suelo y unas latas de Dr. Pepper vacías encima de la mesita auxiliar.
- ¡Papá, mírate! ¿Que tipo de celebración de San Valentín ha sido esta?
- No, no. Esto ha sido yo solo viendo una peli. La celebración ha sido antes.
- ¿En serio? -le regañó su hija
- Sí... Bueno, han sido unas cervezas con Beckett... improvisadas... y ella no sabe que esa era mí celebración así que no digas nada.
- ¿No, en serio.. esto? - le dijo recogiendo la nata en spray del suelo y mostrándosela.
- Bueno, hoy he tenido un día muy duro, así que no me juzgues brujilla pelirroja. A todo eso ¿Qué tal tu celebración?
- ...Un éxito.- dijo sonriendo tímidamente.
- Ey... cuéntale más a tu padre... ¿qué te ha regalado Ashley?
- ¿Quién es ahora la brujilla, papá? No intentes cotillear, llegará un día en el que habrá cosas que no quieras saber.
- Oh, sí sólo espero que sea dentro de muchos, muchos años.
El reloj interno del doctor Davidson tuvo la gracia de despertarle a las cinco de la mañana. Hacía menos de una semana que había vuelto de África y con el ritmo de guardias del Hospital, no había logrado dormir más de cuatro horas seguidas desde que había llegado. Miró con cierta envidia a Kate que dormía como un tronco a su lado.
Había acabado tan agotada de la celebración maratoniana de San Valentín que le había preparado que ni tan siquiera se había puesto el pijama. Así que contemplarla con el sexy top que le dejaba un hombro al descubierto y sus interminables piernas en unos leggins no ayudaron a volver a conciliar el sueño a Josh, que prefirió levantarse cuidadosamente para continuar la celebración preparando el desayuno.
Caminó a oscuras hasta llegar al salón-comedor-cocina de la detective, donde encendió una lámpara. Buscó los ingredientes para hacer un café resucita muertos casero y se puso manos a la obra. Esperando a que la cafetera italiana hiciera su trabajo, se sentó en un taburete alto de la encimera.
Observó el gigantesco cuadro en la pared junto al sofá: una estilizada mujer que parecía escapar de inquietantes figuras a su alrededor. A él ese cuadro le daban escalofríos. La primera vez que lo vio no se atrevió a preguntarle a Kate qué veía en esa pintura, pero ahora sí que lo comprendía.
Tras el espontáneo brote de 'naturalidad y sinceridad' que tuvo su novia mientras él estaba en África, durante el que le dio pinceladas del brutal asesinato de su madre y cómo le llegó a afectar a ella y a su padre, comprendió la frialdad y la distancia con la que Kate le había obsequiado al principio de su relación.
Él había estudiado algo de psicología antes de especializarse en cirugía y, de todos modos, no había que ser Freud para darse cuenta que Kate se había refugiado en su mundo para no volverse a enfrentar a un dolor semejante al que había sufrido. Estaba rodeada de gente, pero nadie había logrado pararse a pensar si la activa y exigente detective Beckett tenía alguien a su lado con quien ser ella misma. Tomaba copas con 'los chicos', se reían de chistes juntos, pero al llegar la noche la detective volvía a su casa, donde lo único que le esperaba era el cuadro que estaba contemplando.
Kate era increíblemente fuerte, tenaz y obstinada, él lo sabía, pero también era una persona herida en lo más profundo de su alma, que necesitaba el amor más que nadie que él hubiese conocido. Ahora comprendía que la vida que él le estaba ofreciendo en un principio a Kate sería insuficiente. Ella necesitaba a alguien a su lado que le recordara que la vida es bella y por eso él había cambiado su actitud.
Había decidido darse un respiro en su ajetreada vida y disfrutar más de la compañía de Kate, aunque se había empezado a dar cuenta de que no le gustaba estar en el otro lado, es decir, no le gustaba estar esperando mientras ella trabajaba y que cuando por fin llegaba a casa estuviese demasiado cansada para disfrutar de todo lo que él tenía en mente.
Se levantó y dio un garbeo que acabó en el escritorio de Kate, observando en la penumbra los papeles y fotografías que realmente no le decían nada a él. Seguramente serían de algún caso en el que estuviera trabajando, pero... ¿trabajando en casa? Hubo una carpeta que llamó su atención, porque estaba escrito 'CASTLE' en la portada... ¿estaría investigando al escritor? Quizás. En tal caso tendría lógica que no guardase esa información en la comisaría. Miró rápidamente por toda la mesa a ver si encontraba una carpeta en la que pusiera 'JOSH', y respiró aliviado al ver que no había ninguna.
Entonces el doctor, picado por la curiosidad y con el monstruo de los celos revoloteando a su alrededor abrió la carpeta y observó. Él esperaba ver algo así como la crónica social del escritor, en plan presa rosa, pero lo que encontró fueron informes forenses, fotografías de heridas de arma blanca, y unos cuantos post-its de colores pegados ordenadamente con anotaciones que tenían la letra de Kate. Decían cosas del estilo 'Castle dice tal cosa', 'Castle encontró tal otra'... Así dedujo que todo aquello era información que le había ayudado a conseguir el escritor.
Hum. Eso le puso más celoso, pero intentó ser racional, a fin de cuentas ese tipo no era el único hombre que trabajaba con su novia, era normal que le ayudara a Kate con alguna cosa y... Buscó con curiosidad el nombre del informe forense y sintió que su nublosa mente se despertaba de golpe al leer 'BECKETT, JOHANNA'. ¿Pero aún seguía investigando el caso de su madre? ¿Y todo lo que le había contado?
Entonces se dio cuenta. Se dio cuenta de que Castle había sido el catalizador que había llevado a Kate a volver a enfrentarse al caso que la había llevado al borde del abismo hace unos años. Pero a diferencia de entonces, ahora estaba avanzando sin ahogarse en la espiral que la absorbía hasta el fondo. Y lo único que era diferente es que ahora estaba investigándolo con ese escritor. No sabía que era peor, descubrir que su novia se había abierto más a Castle que a él mismo o que seguía caminando por las arenas movedizas con el peligro de volver a caer.
El gorgoteo de la cafetera a punto de infusionar el café le hizo volver hacia la cocina, aturdido por la situación se quedó pacientemente sentado en el taburete mientras se volvía a encontrar mirando el cuadro que tanto le incomodaba, comprendiendo que Kate iba a seguir luchando y que lo único que podía hacer él era estar a su lado, manteniendo la esperanza de que algún día le dejara luchar junto a ella, como había hecho con Castle.
- Mmmmm. - Kate empezó a retorcerse en la cama antes de despertarse. Olía increíblemente bien a café.
- Buenos días. - Oyó a Josh sin llegar a abrir los ojos. Notó como el colchón se hundía a su lado.
- 'nos días. - dijo la detective mientras intentaba enfocar la habitación, pero lo que se encontró fue al doctor inclinado sobre ella y recorriéndole la mandíbula con pequeños besos que le hacían cosquillas.
La detective ahogó una risa y se movió para abrazarle y entonces se dio cuenta de que había dormido vestida. Que raro. Lo último que recordaba era...
- ¡Oh, rayos! ¿Me quedé dormida, verdad? - exclamó avergonzada.
- Ajam. - dijo Josh mientras seguía a lo suyo, pero la detective se incorporó haciendo que se apartara.
- Perdóname Josh. Yo... estaba agotada... después del trabajo... no me esperaba todo lo que tenías preparado... yo... lo pasé genial. - se explicó ella.
- Y eso que no me dejaste darte el postre. - dijo él mientras se recolocaba encima de ella dándole a entender que se lo iba a dar ahora.
Castle se había despertado anormalmente temprano para ser un día en el que no tenía que ir a comisaría, resulta que las palomitas mezcladas con el chocolate y la nata y regadas con Dr. Pepper no habían sido una cena muy digestiva. Pensó en tomarse una manzanilla, pero prefirió hacerse un café.
Cuando estaba observando el caer de las gotas en la jarra se abrió la puerta del loft. Se giró adormilado y no le sorprendió ver a su madre dirigiéndose sigilosamente hacia las escaleras del piso superior.
- ¿Madre? - dijo levantando la cabeza del apoyo de su mano.
- ¡Richard! Pensé... ¡Oh! ¡Pensé que aún estabas dormido! - dijo la mujer rectificando sus pasos y dirigiéndose a la cocina. Se acercó a su hijo para darle un abrazo.
- ¿Una buena noche? - le preguntó él tras dejarse achuchar por su madre.
- ¡Fabulosa, querido! No hay nada como una celebración del amor para encontrar a lobos solitarios en busca de una... lobita.- dijo guiñándole un ojo.
- Te felicito, madre, pero no hace falta que me cuentes los detalles.- dijo revolviéndose incómodo.
- Noto cierta envidia del chico que no ha celebrado San Valentín.
- Sí lo celebré, bebí unas cervezas con Beckett... Y luego me vi una peli yo solo. - se explicó intentando dar a entender que esa celebración era de lo más normal.
- Dado tu historial, Richard, me parece una celebración muy pobre. - dicho esto le dio las buenas noches -o días- a su hijo y subió a dormir.
El escritor deseó que asesinaran 'pronto' a alguien para escapar de las brujillas pelirrojas.
Kate descansaba relajadamente boca arriba con Josh adormecido a su lado. Como siempre que le pasaba cuando liberaba sus tensiones sexuales después de despertarse, su cabeza dirigía inmediatamente sus pensamientos hacia sus asuntos habituales. Mientras se estiraba desnuda cuan larga era, pensó en el día que pasaría agilizando todo el papeleo del último caso resuelto y se dio cuenta de que iba a ser sumamente aburrido. Con suerte, pensó que dentro de unos pocos días habría otro asesinato y llamaría a Castle y se irían a resolverlo.
No se sintió muy orgullosa de pensar así, pero estadística y lamentablemente era la verdad, y no es que estuviera deseando que cuando acabara un caso empezase otro para tener una escusa para ver a Castle. Bueno, ahora eran amigos ¿no? podría llamarlo para ir al cine, por ejemplo, porque Josh no era capaz de estarse dos horas quieto y sentado. O podría llamarlo para preguntarle 'algo' sobre la fundación 'Johanna Beckett'. O podría ella pasarse por la taberna Old Hunt al final de la jornada para tomarse una cerveza, ¿no?
Miró a Josh durmiendo y se preguntó a sí misma si era normal estar pensando en Castle después del sexo mañanero. Debería estar pensando en Josh. En la perfectísima cena a la luz de las velas, el rato que patinaron patosamente en el Rockefeller Center, en el congelante paseo en calesa por Central Park durante el que se tuvo que acurrucar junto a él, en las copas que tomaron después en un exclusivo bar con música en vivo, donde bailaron lento abrazados el uno con el otro hasta que cerraron el local, en la vuelta en taxi observando las rosadas luces de los locales en la noche de Manthattan...
Debería estar rememorando esos momentos y disfrutando con ellos, sí, pero como 'no le salía' optó por una decisión salomónica. Se levantó con cuidado de no despertar a Josh, se vistió con chandal y salió a correr esperando que la fría mañana de febrero congelara la parte de su cerebro que irremediablemente siempre terminaba pensando en Castle.
Y esto fue San Valentín.
