3x18 One Life to Lose: ¿Beckett fan de un culebrón? Pues sí...
Una madrugada iluminada por las luces de neón y aderezada por los ruidos del tráfico y el trajín de la gente que nunca duerme... Eso era en la calle, pero a unas manzanas de distancia, en el ático del edificio de Beckett, se respiraba la oscuridad y la tranquilidad de los que duermen para reponer fuerzas.
No obstante hoy se podía ver la silueta de la detective, en la terraza, acurrucada en un silloncito disfrutando de la templada noche que indicaba la proximidad de la primavera. Sostenía en sus manos el móvil, cuya luz iluminaba fantasmagóricamente la cara de Kate, pero que gracias a Dios estaba dibujada con una sonrisa de oreja a oreja.
De repente un coche de policía se oyó a lo lejos, el lejano pitido de las sirenas se fue acercando pero ella, acostumbrada por su oficio, ni se inmutó. El coche cruzó a toda velocidad y se alejó llevándose consigo el estridente ruido. Kate subió un poco el volumen de su móvil, sin dejar de sonreír, mientras los cambios de luces en la pantalla se reflejaban en su cara. Los sonidos enlatados de los diálogos se volvieron a oír en el silencio de la noche. Tantos recuerdos... Una cálida sensación la reconfortó transportándola mentalmente a su niñez.
Un ruido la sacó de su introspección. Era Josh, asomándose a la terraza.
- ¡Ey! - de dijo ella parando el vídeo de inmediato.
- ¡Ey! - respondió él adormilado restregándose los ojos. - Me desperté y no estabas...
- Sí, lo siento, no podía dormir y salí a despejarme. - se explicó mientras cerraba unas aplicaciones de su móvil.
- Pajarillo de sueño inquieto... ¿Y qué estabas viendo? - dijo inclinándose para besarle.
- Son cosas que solía ver de niña y que me han traído recuerdos... nada más.
- Ajam... - dijo él como esperando más explicación.
- Está bien... Son viejos capítulos de 'La calle de la tentación' y películas... ya sabes... 'Planeta Prohibido', 'La amenaza de Andrómeda', 'La invasión de los ultracuerpos'.. - le miró y dejó de enumerar muerta de vergüenza
- Alguna me suena. - mintió él intentando ser amable, pero su cara de extrañeza le delataba.
- Vale. Definitivamente yo soy la friki de los dos. - dijo ella sonriendo tímidamente.
- ¿Y no tienes frío? - dijo él cambiando de tema.
Ella le miró y se rió. Sólo llevaba el pantalón del pijama. Era increíble la facilidad con que Josh acababa paseándose en paños menores delante de ella.
- Vamos para dentro, exhibicionista. - dijo levantándose del silloncito.
Kate empezó a bajar las escaleras con cuidado, siguiendo a Josh que iba un par de escalones por delante. Alargó una mano y le acarició la espalda. Él paró un momento y giró la cabeza pensando que ella quería algo, pero lo que hizo la detective fue inclinarse para apartarle un mechón de cabello y besarle en cuello. El doctor sonrió y echó sus manos atrás para acariciarle los muslos.
- Deberías cortarte el pelo. - le susurró ella con los labios rozando su piel.
A continuación pasó ambos brazos alrededor de sus hombros, se inclinó sobre su espalda y le abrazó rodeándole la cintura con sus atléticas piernas, quedando montada a caballito sobre él.
- Ey... - dijo él sonriendo ante las ganas de juguetear de su novia. - Lo del pelo... ¿es una sugerencia o una orden, inspectora Beckett?
Kate le acarició introduciéndole los dedos a través de la abundante cabellera, le inclinó ligeramente la cabeza un lado y le susurró al oído.
- Sugerencia.
El aire que salió de la boca al pronunciar la palabra le erizó el vello. Él gimió, ella lo oyó, sonrió y le susurró:
- Una orden sería: Hazme tuya.
El doctor sabía perfectamente que significaban esas palabras.
Había veces en las que su novia llevaba la iniciativa y lo utilizaba como un juguete sexual. Pero había otras en las que quería sentirse deseada y dominada por él. Esta era una de ellas. El doctor bajó rápidamente los pocos escalones que le quedaban para llegar a la cocina, que atravesó rápidamente mientras Kate se reía cabalgando a su espalda para desaparecer por la puerta de la habitación.
Josh yacía boca arriba exhausto, se sentía extraño, algo había sido diferente esta vez.
No sabía bien qué había sido.
Quizás eran sólo imaginaciones suyas, pero... en plena faena Kate le había pedido que parara un segundo y entonces ella había colocado un cojín pequeño entre ambos. No era la primera vez que utilizaban algún juguete sexual, pero... ¿un cojín aprisionado por sus vientres?
Él por supuesto no puso ningún reparo, pero se dio cuenta de que con el cojín entre ambos, se tenía que esforzar más, tenía que moverse más violentamente y eso pareció encantarle a Kate, que se agarró fuertemente a él con brazos y piernas y no dejó de gritar con cada movimiento, que empujaba el cojín contra su diafragma y le hacía expulsar el aire con violencia de sus pulmones.
Ahora ella dormía plácidamente, acurrucada en torno al pequeño cojín, abrazándolo como si de un osito de peluche se tratase.
No lo había buscado a él y lo había abrazado, como hacía casi siempre, no.
Lo dicho, había sido... diferente.
3x19 Law & Murder: Ha terminado el caso y... ¿qué tal una película friki en el Angelika?
- No me pienso sentar en la última fila, porque serías capaz de aprovechar para meterme mano, pillina. - dijo Castle en voz baja mientras avanzaban por el patio de butacas.
- ¡Que más quisieras! - le susurró ella observando la numeración de las filas con cuidado de no tropezar en la penumbra de la sala.
La detective se adentró por una fila sin gente sentada y la atravesó seguida de cerca por su compañero, que acarreaba caballerosamente con el cargamento de chucherías, salieron al pasillo central y Beckett fue hasta una fila con dos asientos libres que dieran al pasillo central.
- Muy buena elección, centrado en la sala pero con salida directa a las puertas de emergencia y con sitio para estirar las piernas... - comentó él dando un vistazo alrededor del lugar mientras ella se acomodaba en una butaca.
- Castle, por favor, se buen chico y siéntate - dijo señalándole el asiento a su lado.
- ¡Si aún están los anuncios! - le tranquilizó él, pero la mirada asesina de Beckett iluminada por las luces cambiantes de la pantalla le hicieron sentarse rápidamente. Nota mental: A Beckett no se le pone en evidencia.
- ... Castle... Dame lo mío. - dijo ella después de silenciar su móvil
- ¿Qué? ... ¡Ah! - dijo él dándose cuenta de que ya se había acomodado el paquete de palomitas con mantequilla en su asiento y ya había cogido un par de ellas.
Beckett se acomodó el paquete en su regazo, lejos del alcance de Castle. Nota mental: Beckett no comparte las palomitas en el cine.
- ¿Te las vas a comer tu sola? - dijo él compungidamente.
- Ya te pregunté si querías palomitas y dijiste que no.
- ¡Es un paquete XXL, Beckett. Pensé que lo compartirías!
- Está bien, anda, puedes coger, pero de una en una.
La película empezó y ambos se dejaron de tonterías y observaron atentamente la pantalla. Castle estuvo muy comedido en sus comentarios, pues se suponía que él no había visto la película, cuando en realidad casi podía decir los diálogos a la vez que los actores. De vez en cuando su mano se rozaba con la de Beckett cogiendo palomitas. Podía sentir su calor, sus rodillas rozándose, sus brazos compartiendo el reposabrazos, el aroma de su voluptuosa melena. A veces el escritor se quedaba embelesado mirando a la pantalla y oía a Beckett emitir un pequeño resoplido con alguna escena concreta, entonces se volvía y observaba su perfil, relajado, disfrutando de la película. Estaban casi en la penumbra, pero sus ojazos brillaban como los de una niña. Fue la primera vez que viendo 'Planeta Prohibido' la atención de Rick estaba fuera de la pantalla.
...- Dime cómo fue tu primera vez... - dijo Castle una vez que se hubo alejado el camarero al otro extremo de la barra. La cara de hielo que le puso Beckett le llevó a explicarse más.
- La primera vez que viste 'Planeta prohibíííído'... malpensada - le explicó cómicamente mientras cogía con mucho cuidado la enorme hamburguesa entre sus expertas manos.
Beckett se concentró en remover su batido de chocolate y plátano mientras sonreía tímidamente recordando su niñez... aquellos viernes por la tarde después del colegio... cuando iba con sus padres al videoclub a alquilar una película para el fin de semana. Él dio un mordisco con todo el cuidado que se puede tener cuando no quieres acabar con un chorro de salsa manchándote la ropa. La detective tomó un sorbo del batido y se relamió.
- Ok. Ya veo que no me lo quieres contar...-dijo después de masticar- pero una cosa sí que me vas a tener que contar... ¿dónde metes las palomitas, los caramelos y los batidos que te zampas en ese cuerpo de gacela que tienes?
Kate levantó las cejas y sonrió observando como su compañero volvía a hundir la nariz dándole otro bocado. Sin ser consciente de ello, le recorrió con la mirada de arriba a abajo. Ahí sentado en el taburete en una posición un tanto forzada, para poder comer la hamburguesa... camisa gris con rayitas que se ajustaba algo tirante a sus hombros... pantalón oscuro, también tirante... remarcándole los muslos y el... En cuanto se dio cuenta que estaba recreándose en exceso se regañó a sí misma y procuró contestar algo.
- Bueno, Castle, corro todos los días y hago entrenamiento en el gimnasio tres veces a la semana, creo que me gano el capricho de los batidos.
- Ya veo. Me das envidia ¿sabes? Creo que he ganado algún kilito últimamente...
Él siguió hablando, amable y dicharachero, como siempre. Kate se sorprendió a si misma cuando se dio cuenta de que se estaba limitando a oirle y sonreirle y que no podía dejar de hacerlo. Se dijo a sí misma que 'era normal', al fin y al cabo ahora eran... amigos ¿no?. Sí, buenos amigos. Sólo amigos. Entonces... ¿por qué se estaba dando explicaciones a sí misma?
- ... yo no podría madrugar e irme a correr en ayunas, eso suena muy sacrificado...
Sus labios no dejan de moverse cuando habla. Tiene un poquito de mostaza en el mentón. Kate no aparta la vista de esa gotita de mostaza juguetona e inconscientemente se muerde el labio inferior... ¡Un momento! Está volviendo a fantasear... No puede ser, no. Seriedad. 'Intenta pensar en otra cosa, Kate' se dice a sí misma.
- ... y cuando iba al gimnasio era básicamente para ligar...
Ya sólo le mira las manos. Es lo único que se atreve a mirar. Esas enormes y fuertes manos que sin embargo sostienen con delicadeza la hamburguesa... Vale, mejor no mirar NADA. Kate se concentró en su batido y llegó a la conclusión de que la culpa de que estuviera pensando en Castle así, era de Josh. Por no estar a mano cuando ella tenía la libido por las nubes.
Josh, agotado después del turno de guardia, estaba recogiendo sus cosas de la taquilla del hospital cuando leyó un mensaje de su novia en el móvil. Extrañado se dirigió rápidamente a la salida y no perdió ni un segundo en coger su moto y dirigirse a casa de Kate.
Eso había sido hace dos horas. Ahora, en la oscuridad de la habitación de Kate, se acomodaba para conciliar el sueño. Desnudo, recogió la almohada del suelo y se la acomodó debajo de la cabeza. Luego buscó sin éxito un poco de sábana para taparse. Miró como Kate dormía exahusta, boca arriba, desnuda y sin pudor alguno. Observó el brillo del sudor en su pecho, mientras subía y bajaba son su pausada y profunda respiración.
Había vuelto a ser... diferente.
La noche había empezado con un mensaje en el que parecía que su novia tenía un problema urgente, pero al llegar a su casa ni siquiera le dio tiempo a llamar a la puerta. Kate la había abierto, le había agarrado de la muñeca y le había hecho entrar tirando fuertemente de él, para a continuación besarle salvajemente, mejor dicho, comerle la boca. A trompicones habían llegado a la habitación, para entonces su novia ya se había arrancado la ropa y lo empujó para que se tumbara en la cama, ella se lanzó encima suyo y continuó besándole sin dejarle respirar para finalmente morderle el mentón con decisión.
Estaba siendo tan directa que tuvo que pararle los pies, pero ella lo ignoró completamente y lo desnudó con ansia. Pero obviamente él no estaba preparado para la acción. Eso no pareció importarle a ella, que le hizo una llave para darle la vuelta y se lanzó a besarle... los hombros. Eso no lo había hecho nunca con él. Siguió hacia el cuello, entrelazó sus dedos en su pelo, algo largo, y lo apartó para besarle la nuca, luego le dio un pequeño tirón y le dijo al oído '¡Córtate el pelo, ya!' Esas fueron sus únicas palabras en toda la velada.
Kate cambió de posición y se dirigió decididamente a su trasero. No le besó, pero lo agarró con decisión entre sus manos y le dio un buen mordisco, que a él no le dolió, pero le hizo gritar de la sorpresa. Le volvió a dar la vuelta con otra llave. Josh había empezado a encenderse, pero aun así, estaba siendo demasiado lento para ella. Así que Kate se recostó a su lado, le cogió una mano y se la dirigió justo a donde ella lo necesitaba.
Estaba húmeda, estaba caliente, estaba... muy decidida. Dirigiéndole con su propia mano sobre la de él consiguió el clímax más intenso, largo y ruidoso que Josh le había visto tener, lo cual sembró en él muchas dudas sobre la veracidad de sus anteriores orgasmos. Pero lo cierto es que cuando Kate ya hubo acabado él estaba a punto de caramelo, pero no se atrevió a mover un músculo. Para su sorpresa Kate a los pocos segundos se incorporó, le puso un condón, se sentó encima suyo y lo cabalgó sin contemplaciones hasta volver a caer rendida.
Ahora estaba algo dolorido, observándola y no sabía qué pensar... ¿Iba a ser ahora esto lo 'normal'? Él no tenía inconveniente, pero... ¿por qué antes no había sido así con él? Además... ¿por qué estaba rendido y era incapaz de dormir después de una guardia y una sesión de sexo salvaje?
3x20 Slice of death: Ya ha terminado el caso de los pizzeros, Castle lleva a casa una pizza para Alexis, pero... ¿Qué hace Beckett?
- ¿Salimos o cena en casa? - preguntó un animado Josh a una adormilada Kate sentada en el sofá viendo las noticias.
- Uf... Estoy rota. Echa un vistazo a la nevera. - le contestó sin moverse.
Mientras el doctor se enfrentaba a un frigorífico donde sólo había una botella de leche desnatada, un huevo, un cartón con restos de comida china y medio limón al que sólo le faltaba un día para salir andando, sonó el timbre de la puerta. A pesar del cansancio la detective se levantó como un resorte porque prefería abrir ella la puerta de su apartamento. Le gustaba pensar así, a pesar de que Josh había llegado a ser un visitante casi permanente.
- Hola... Perdone, pero creo que ha habido una confusión. - Fue lo que dijo la detective Beckett tras abrirla y encontrarse a un repartidor de pizzas frente a ella.
- ¿Es la detective Beckett? - le preguntó el chaval mirando una nota que llevaba en la mano.
- Eu... Sí, pero no hemos pedido... espere... - volvió la cabeza hacia dentro - Josh... ¿Has pedido tú algo de... ?
- Stefano's - dijo el chico completando la frase
- De Stefano's? - repitió la detective mirando extrañada la funda térmica, observó que no era una dirección de Manhattan.
- No. ¿Qué pasa? - dijo su novio asomándose por la puerta.
- Bueno, la pizza viene con una nota. - Se explicó el repartidor tímidamente haciendo notar el sobre pegado encima de la caja de cartón.
- ¿Una nota? - dijeron al unísono.
- Y está pagada... y también me han dado propina, no se preocupen. - se explicó él ante la incrédula mirada de Beckett y su novio.
La detective, desconfiada, levantó con un dedo la tapa de la caja, que estaba calentita. Un embriagador aroma a albahaca nubló su sentido del olfato. Inmediatamente empezó a salivar.
- Cuidado, podría ser una bomba o algo así... - dijo Josh dando un paso atrás.
- Me arriesgaré. - fue lo que dijo ella con una sonrisa arrebatándole la caja al repartidor, que se despidió con una leve inclinación de cabeza.
Josh miraba con recelo la nota que el escritorzuelo había mandado junto con la pizza: "Para la auténtica y genuina K.B. Espero que sea tu favorita (y que el fiambre en el horno no te haya quitado las ganas... ¡de pizza!) R.C." Como Kate rara vez le hablaba de sus casos la verdad es que no entendió de qué iba el asunto. Lo único que sabía era que ese Castle había enviado una pizza a su novia ¿Era eso normal?
La observó abriendo la caja, contemplando con una sonrisa la pizza -que por lo visto estaba hecha de forma tradicional- e inspirando su aroma -que hay que reconocer que hasta a él mismo le abrió el apetito. Olvidándose completamente de su proyecto de cena imposible con limón mutante, Kate había cogido una ración y se la había llevado a la boca, obsequiándole con un pequeño bocado. La observó cómo, tras unos segundos de seriedad mientras masticaba, abrió los ojos al máximo y miró con sorpresa la pizza que sostenía en la mano.
- Dios. Está buenísima. - fue lo que dijo en voz baja justo antes de asestarle otro bocado, esta vez más grande.
El doctor miraba con recelo la pizza. Tenía muy buena pinta, eso era innegable. Tomó la decisión de que Richard Castle no le iba a amargar la velada, así que tomó un trozo y se lo llevó a la boca. Estaba endemoniadamente buena, con un toque picante que él sabía que le gustaba a Kate, lo que se le cruzó por la mente fue ¿por qué el escritor también sabía ese detalle?
- Mmmm. - se relamió ella - ¿Sabes? Si existe un lugar perdido en el estado de Nueva York donde hacen una buena pizza Castle lo conocerá... y será amigo del dueño. - asestó otro bocado.
- Ajam.- fue lo único que él dijo.
- Y... - Kate tragó antes de seguir hablando - ... también se le da muy bien localizar hamburguesas... ¡oh! Hay un sitio cerca del Angelika al que tenemos que ir... no había probado un batido tan bueno en toda mi vida... tranquilo, también tienen ensaladas... aunque Castle dice que hay un sitio mejor para ensaladas en el Village... no me acuerdo... ¡le preguntaré! él va con su hija a veces...
Josh observó sin decir palabra lo entusiasmada que estaba Kate y no le gustó pensar que le desencadenante de su alegría había sido el escritor.
3x21 The Dead Pool: En medio del caso, Beckett ha quedado con el joven escritor pupilo de Castle y éste anda celoso.
Richard Castle observó su móvil con muchas dudas. Sentado en su despacho a oscuras, con la única luz del flexo, su fantasmagórica figura parecía sacada de una película de espías. Después de mucho pensarlo se decidió y seleccionó un número de la agenda.
- Hoooola. ¡Qué pasa tío! - dijo en plan colega total - ¡Sí... hace tiempo... sí, una pasada de fiesta! ¡Sí, tenemos que repetirlo, sí...! Oye escucha ¿te interesaría un trabajito fácil y bien pagado?
Una hora después Alexis y Martha observaban al escritor cómo silbaba alegremente mientras preparaba la cena. Al parecer se había animado a preparar comida mexicana y tenía la encimera de la cocina llena de su arsenal de especias, con las que había aderezado una sopera con carne y verdura que estaba prácticamente terminada. Ahora se iba a emprender con la masa de las tortitas.
- ¡Oh! ¡Que no se me olvide un buen vino! - dijo cantarinamente dirigiéndose a la bodega.
Abuela y nieta acercaron sus cabezas para cuchichear.
- ¿Qué le pasa a tu padre, querida?
- No tengo ni idea. Pero sólo prepara enchiladas cuando está tramando algo ligeramente malévolo.
El aludido volvió con una botella de tinto en su mano, leyendo la etiqueta y sonriendo con satisfacción.
- ¡Un Rioja!¡Sólo para ocasiones especiales! - explicó mostrándole la botella a las chicas.
- ¿Qué celebramos, querido? - preguntó su madre haciéndose la despistada y mirando con complicidad a Alexis.
Castle cogió tres copas y las puso en el mostrador de la cocina.
- Es una noche primaveral, estoy acompañado por mis dos chicas preferidas y vivo en la mejor ciudad de Norte América, si quitamos Canadá y la costa oeste... y Florida... ¿Hace falta celebrar algo más?
- ¡Ou, papá!¡Yo no puedo beber alcohol! - dijo Alexis antes de que rellenara su copa.
- ¡Oh, querido y yo no debería beber alcohol sin una buena razón! - dijo Marta pensando en su línea.
- ¡Oh, vamos un día es un día!¡No puedo beber yo solo! - se quejó él.
- Tendrás que buscarte a alguien a quien le guste beber vino con el estómago vacío, querido. - dijo Martha.
Castle se preparó sólo una copa para él y se quedó refunfuñando pensando en lo que le había dicho su madre.
- Vosotras os lo perdéis... - olió e vino - Mmmmm - tomó un sorbo - está buenísimo.
En la tranquilidad de la noche, un ruido seco, como el que haría un saco de arena al chocar contra el suelo, salió de la habitación del escritor.
A continuación se oyó un lamento.
Unos segundos después Richard Castle entró en su despacho frotándose la espalda dolorido. No podía dormir. No había dejado de dar vueltas desde que se había acostado y finalmente se había caído de la cama, como un crío. Sabía lo que le mantenía en vela, así que cogió su móvil torpemente y llamó a un número.
Esperó a que contestaran.
-¡Ey! - dijo atontado- Sí... No te quejes, sé perfectamente que estás despierto, puedo oír los hielos caer en el vaso y la música de fondo.
El escritor se sentó en su silla y se apoyó con un codo en el escritorio.
- Oye mira, necesito un adelanto de cómo le ha ido a mi 'amigo'... ajá... sí... así que, con una chica muy alta... ajá... ¿y cómo iba vestida?... mmmmh...
Castle empezó a tamborilear nerviosamente el salva escritorio con una pluma.
- ¿Y han hablado mucho?... Gñe... ¿Parecía contenta ella?... ... preciosa sonrisa, sí...
El escritor empezó a garabatear en una hoja en blanco.
- ¿Y qué pidió ella?... ¿Seguro?...Espera, ¿seguro que no pidió café?... Ajá, ¿pero eso lleva mucho alcohol?... Vale.
Un dibujo compulsivamente trazado empezó a surgir. Cualquier psicólogo hubiese dicho cosas poco favorables de su autor.
- ¿Estuvieron mucho rato?... Ajá...
Un rayo de esperanza apareció en su mirada.
- Entonces... ¿dices que estuvieron lo justo para que ella terminara su copa?...ajá... ah...
Volvió a agachar la cabeza abatido.
- Ah, claro... que vino un tipo alto... y con casco de motorista... a recogerla... vale.
El escritor oyó un ruido en la cocina que llamó su atención. Sintiéndose culpable por haber recurrido a un amiguete barman para vigilar a Beckett y el aspirante a escritor, se despidió rápidamente y se levantó. Salió a ver que pasaba y encontró a Alexis hurgando en la nevera.
- Cariño, ocurre algo... - dijo él bostezando.
- ¿Papá? No... es sólo que... tu salsa picante se ha adueñado de mi estómago.
- Oh, vaya, lo siento... pues yo la he hecho igual que siempre.
- ¿Estás seguro? Has revoloteado por la cocina como si estuvieras haciendo una pócima o algo así. Y no sé cuantas copas de vino te has bebido antes de cenar.
Él se quedó pensando en si antes de ir a buscar el vino había echado ya tabasco y si luego había vuelto a echarle.
- Y tú qué, papa, ¿no puedes dormir? - le preguntó observándole.
- Sí, no mucho... - se dio cuenta de que aún tenía el móvil en la mano y que ella le estaba mirando. Se lo iba a guardar pero iba en pijama y no tenía bolsillo así que lo dejó a un lado.
- Oye, Alexis... - titubeó antes de preguntar a su hija - ¿qué harías tú si otra chica estuviera con Ashely?
- Oh... - ella pensó unos segundos mientras se servía un vaso de leche. - Seguramente iría a la pelu, me haría la manicura, me pondría un bonito vestido y me pasaría el día a la vista de Ashley esperando que mágicamente nuestras miradas se encontrasen.
- Ajá. - Dijo Castle dándose cuenta de que su hija se estaba burlando de él, pues esa era su táctica con Beckett.
- Ooooh, queridos...
Padre e hija miraron hacia la escalera por donde bajaba Martha con una colorida bata.
- Madre... ¿problemas de sueño?
- Oooooh, no de sueño, ¡de estómago! Richard si quieres que me vaya de casa, dilo, pero no intentes envenenarme...
Castle estuvo a punto de abrir la boca.
- Toma abuela, un poco de leche te aliviará - le ofreció Alexis.
- Pero ¡cómo puede ser! Mi salsa picante siempre sale perfecta...
- Querido... no sé lo que te pasa, pero sea lo que sea ¡arréglalo! antes de que desgracies a alguien...
Gracias por seguir leyendo. Ay, Castle, si supieras lo que ha estado fantaseando Beckett.
