Este capítulo son escenas perdidas del capítulo en el que Beckett y Castle viajan a Los Ángeles para buscar al asesino del ex-compañero de Kate (3x22)
Primeros de Mayo...
El ruido de la ducha despertó a Josh. Oía el agua caer con furia. Remoloneando hundió la cara en la almohada de Kate, que estaba fría. No había terminado su turno en el hospital hasta medianoche, pero a pesar de la hora había decidido pasarse por casa de la detective. Ella lo había recibido en pijama, medio dormida y con la pistola en la mano. Aun así habían sacado tiempo para un achuchón salvaje de esos con que últimamente le obsequiaba su novia. Sonrió al recordarlo.
Miró el reloj y pasaban de las seis de la mañana, supuso que Kate habría salido a correr y que ya había vuelto. Como cada amanecer. No sabía de donde sacaba tanta energía, a veces le costaba seguirla. Pensó en que le podía dar los buenos días en la ducha, así que apartó las sábanas y se incorporó en la cama. Uf, estaba deshecho. Antes de que le diese tiempo a levantarse oyó como ella cerraba el grifo y a los pocos segundos salía del baño envuelta en el albornoz.
- ¡Ey! - dijo él restregándose los ojos adormilado.
Kate apenas lo miró y se dirigió a la cómoda a buscar ropa.
- Oh, Josh, perdona, ¿Te he despertado? - dijo volviéndose hacia él desde el mueble a los pies de la cama.
- Oh, no... - mintió el.
La observó y supo que algo pasaba. No era normal que Kate empezara la mañana con el ceño fruncido y que lo ignorara de esa manera, sobretodo estando desnudo. No es que su novia fuese excesivamente cariñosa, pero solía tener unos despertares más dulces. Ella cogió su ropa limpia y salió rápidamente del dormitorio.
- ¡Josh, vístete! ¡Lo siento, tengo que salir pitando! - le gritó ella desde el salón.
Cuando cinco minutos después Josh salió a medio arreglar de la habitación, Kate ya estaba junto a la puerta de su apartamento, enfundándose la pistola y abrochándose el abrigo. Josh sabía que Kate no le iba a contar nada ahora, estaba en modo 'poli' y era mejor no perturbarla, así que se limitó a mirarla y agacharse para calzarse los zapatos. Observó como ella toqueteaba su móvil impaciente. Llamó a alguien.
- ...¿Habéis localizado la llamada?...¿Cómo?...
Josh vio como Kate tragó saliva y miraba nerviosamente de un lado a otro.
-...Vale...Voy para allá. - dijo en voz baja.
Colgó. Ensimismada se llevó una mano a la cabeza y cerró los ojos. Él cogió su cazadora y se acercó a ella preocupado.
- Kate... ¿Qué ha pasado?
Intentó establecer contacto visual, pero ella parecía estar en otra parte. Se cruzó de brazos, abrazándose a sí misma y se apoyó en la puerta. Suspiró y esperó unos segundos antes de contestar.
- Royce. - susurró ella.- Han encontrado a Royce en un callejón. Muerto.
Josh hizo memoria, ya le había hablado de Mike Royce hace unos meses, fue el instructor de Kate recién salida de la academia. Le contó alguna batallita de aquella época, le encantaba ver a Kate con la cara iluminada recordando aquellas anécdotas. Él pensó que era lógico, ya que fue el primer apoyo que encontró en la policía. Lo último que sabía era que ella lo había detenido. No volvió a nombrárselo. Ya no volvió a contarle viejas historias.
- Lo siento, Kate. - dijo él sabedor de que no le iba a dejar decir más.
Ella le hizo una señal para que no intentara consolarla.
- Ahora no, Josh, necesito estar concentrada. Necesito trabajar.
Dicho esto abrió la puerta y ambos salieron.
En la calle Josh dio un fugaz beso en la cabeza a Kate antes de que ella fuese corriendo a su coche. Él se quedó de pie, en la acera, mirando como se alejaba, pensando en ella... en si debía romper el muro que Kate levantaba a veces alrededor de sus sentimientos o si debía esperar a que ella lo echase abajo.
Castle estaba sentado frente a Ryan y Espo, que estaban enumerándole una serie de cosas:
- Entonces hemos quedado en: entradas para el baseball... dos fines de semana de Ferrari para cada uno y barra libre en The Old Hunt durante todo el veranito.
- Síiiii. - dijo el escritor aburrido ya.
- ¡Bien! Entonces qué Ryan ¿se lo decimos?
- Sí. Yo creo que es un buen trato.
- Sois peor que mi hija y mi madre juntas.
- ¡Ey! A ver si te va a salir más caro...
Cinco minutos después Castle reservó dos plazas en primera clase en el mismo avión que Kate tomaría para su viaje relámpago a Los Angeles.
Después de varios intentos por fin Josh consiguió contactar con ella.
- ¿Kate? ... ¡Kate!, ¿¡me oyes!? - hablo el doctor por el móvil.
- Josh, estoy a punto de embarcar ¿Qué pasa? - dijo Kate contrariada.
- ¿Que 'qué pasa'? Dímelo tú Kate. ¿¡Te vas repentinamente a L.A. y me entero por un mensaje en el móvil !? - Josh se encontraba en la sala de descanso del hospital. Sus compañeros le miraron extrañados, el doctor Davidson no solía alterarse ni levantar la voz de esa manera.
El sonido de los altavoces del aeropuerto avisando de la próxima salida del avión fue lo único que escuchó.
- Escucha Josh, lo siento, ha sido una mañana muy dura, no he tenido tiempo... Sólo serán unos días, tengo una pista que debo seguir.- se explicó ella.
- Pero, he llamado a comisaría, uno de tus chicos me han dicho que te habías cogido vacaciones, que ellos no sabían nada - dijo confuso.
- ¿¡Que has llamado a comisaría!? - le cortó ella molesta.
- Kate, sé que no te gusta que haga eso, pero, escucha, estaba preocupado.
No oyó respuesta alguna, sólo un soplido. Al cabo de unos segundos habló.
- Estoy siguiendo una pista sobre Royce, ¿vale?. Necesito hacerlo, Josh.
- Kate... - dijo él pasándose la mano repetidamente por el cabello - Me asustas, Kate. Primero lo de tu madre y ahora... no comprendo esa obsesión ... - Josh se mordió la lengua.
Beckett hizo una pausa al otro lado de la línea.
- ¿Que no lo entiendes, Josh? Resulta que esa 'obsesión' como tu dices es mi trabajo - le replicó ella seriamente.
- Kate, no he querido usar esa palabra. Perdona. - se disculpó el.
- No es justo, Josh, yo... Es mi vida. Ya me conoces. Y te di a elegir. Nos dimos una segunda oportunidad. Pero no habrá una tercera. - dijo ella gravemente.
El silencio se adueñó de ambos.
- Retiro lo dicho. No quiero que te vayas enfadada, Kate. - dijo él rompiendo la tensión.
- Vale. No lo estoy. Tranquilo. - dijo intentando suavizar su tono de voz.
- Hablaremos a la vuelta - dijo él frunciendo el ceño- Ya sabes que no me gustan los teléfonos.
- De acuerdo... Tengo que subir al avión. Cuídate. - dijo ella un poco incómoda.
- Te echaré de menos. Bye. -dijo él justo antes de colgar.
Kate se había acostumbrado a llevar una vida independiente, sin dar demasiadas explicaciones a nadie. Al igual que él mismo. La diferencia es que Josh estaba intentando amoldarse, aún no se había hecho a la idea, pero sabía que tendría que limitar sus colaboraciones con Médicos Sin Fronteras. Porque sabía que ambos necesitaban a alguien al lado, día a día, aunque sólo coincidieran un rato a la hora de cenar, aunque sólo pudiesen darse los buenos días y salir corriendo al trabajo. A pesar de lo independiente y cabezota que era la detective, él la quería, porque también era recta, honesta, apasionada, inteligente, culta, divertida y un poco gamberra a veces. No quería perderla.
Suspiró y volvió al trabajo, dejando atrás a toda una sala de residentes cuchicheando a sus espaldas.
Los Ángeles. Por la noche, después de la escena del sofá...
Kate cerró rápidamente la puerta de su suite y abatida se apoyó sobre la puerta.
¿Qué había pasado? Castle le provocaba ese efecto, simplemente sucedía. Sin darse cuenta había abierto la puerta de su corazón hablándole de lo mucho que admiró a Royce y mostrándole su pesar por su pérdida, porque sus sentimientos por el que había sido su compañero eran contradictorios. Él le había reconfortado con sus palabras, no le había intentado consolar, él sabía de sobra que ella no podía permitirse el echarse a llorar por su ex-compañero ahora.
Pero esa mirada...
Castle era un maestro de las palabras, podía haber estado engatusándola, haciéndole la pelota, pero esa mirada no se podía fingir. Esa mirada que decía 'tú sí que eres admirable e impresionante'. Ella había notado su corazón acelerarse, se había levantado del sofá y le había dado las buenas noches rápidamente. Porque aunque en ese momento se había sentido fuertemente atraída, aunque hubiese tenido ganas de abrazarle, hundir su nariz en su cuello e inspirar su olor, ella no era así, no se dejaba llevar de esa manera.
Y además estaba Josh.
¿Estaba? ¿Seguro? Bueno, de momento sí, eso era algo que tendría que aclarar con sí misma y con él. Además ella siempre se había considerado una persona leal, no se hubiese perdonado una infidelidad nunca.
Pero... ¿por qué había abierto la puerta otra vez? ¿quería encontrárselo ahí, esperándola? Por suerte él ya no estaba... ¿por suerte?... entonces ¿por qué se sintió desilusionada? ¿qué querías Kate? ¿qué pensabas hacer? "Solo darle las gracias. Decirle que es un buen amigo. Recordarle que se levantara pronto..." le dijo a la voz de su conciencia.
"Mentirosa. Hubieses corrido hacia él y le hubieras pasado los brazos alrededor del cuello y le hubieses comido la boca apasionadamente. Como hace unos meses en el callejón, cuando os besasteis. Ese beso no del todo fingido, que cuando lo recuerdas se te pone la piel de gallina." Fue lo que le contestó su conciencia.
Abrumada por su cerebro, se dirigió a la cama, se tumbó y abrazó una de las almohadas fuertemente contra su pecho. No contenta con eso, agrupó todas las almohadas y cojines de la cama y las abarcó con sus largos brazos, y las apretó fuertemente contra su regazo y hundió su cara entre ellas. Mucho mejor. Imaginó que abrazar a Castle sería parecido, sólo que él le devolvería el abrazo acariciándole la espalda.
Pasaron unos minutos y ella dejó volar un poco más su imaginación pensando en él, en el calor de su cuerpo, en el contacto con su piel, en sus grandes manos acariciándola, en sus suaves labios recorriéndola... apretaba los cojines contra su cuerpo, le faltaba el aire, era sumamente excitante... tuvo que ahogar un gemido cuando su cadera se contoneó instintivamente buscando más placer... abrió la boca exhalando aire y dio un mordisco a un almohadón... una de sus manos decidió pasar a la acción abriéndose paso entre los cojines y su pelvis... en tan sólo unos pocos segundos toda la tensión contenida se transformó en fuertes contracciones en lo más profundo de su ser que liberaron su cuerpo y su mente.
Fantasear. No era la primera vez que lo hacía, y había decidido no sentirse culpable por ello. Castle despertaba en ella un fuego irrefrenable, desde que se conocieron. Ella lo definía como atracción física pura y dura, que surgía de su más profundo instinto animal. Tenía que darle salida sin acabar con el corazón destrozado ni hiriendo a terceras personas. Y estaba bien, porque quedaba en la intimidad de su dormitorio, no complicaba una buena amistad con sexo y lo mejor de todo, ella seguía siendo fiel... técnicamente.
Castle repasó mentalmente todos sus movimientos: Se había quedado mirando la puerta cerrada de la suite de Kate durante un par de segundos.
Se había dirigido torpemente hacia su propia suite, había entrado el la habitación y había cerrado suavemente la puerta de su dormitorio.
Se había palpado la cara y el cuerpo como hacía unos meses en el callejón. Se sentía sediento, había echado un vistazo alrededor de la habitación, se había quedado mirando la cama y se había dirigido rápidamente al baño...
Hasta ahí, todo normal, pero ahora se preguntaba cómo rayos había acabado dentro de la ducha con el grifo de agua fría abierto al máximo, completamente vestido y calado hasta los huesos.
Se miró la entrepierna. 'Ah, sí. Eso.' pensó.
Se quedó varios minutos quieto y recibiendo la fría agua encima suyo, hasta que se disolvieron las imágenes que su calenturienta mente había elaborado de Kate, sobre la cama, abandonada a sus besos y caricias.
El regreso...
Josh la vio aparecer por la puerta de llegada de pasajeros. Intentó saludar con la mano pero parecía distraída hablando con alguien que venía detrás de ella... Castle.
El doctor se quedó perplejo y mudo. No hizo otra cosa que guardar la compostura y observarlos desde la zona de familiares y amigos que acuden al aeropuerto.
El escritor iba arrastrando una maleta con una mano y a la vez llevaba un par de bolsas que parecían llevar alcohol libre de impuestos, souvenirs o ambas cosas. Se estaba haciendo un lío con todo y apenas podía caminar. Kate le iba regañando a la vez que se reía. Josh, que pensaba que su novia había ido sola a Los Ángeles, tuvo un ataque interior de celos que se reflejó en una mirada matadora hacia Castle.
Ambos iban acercándose hacia donde él esperaba recorriendo el camino delimitado por cintas, ensimismados en su conversación, no se dieron cuenta de su presencia hasta que el escritor levantó la mirada. Sus ojos se encontraron con los del doctor y Castle pasó de risueño a serio y callado en un microsegundo. La detective se dio cuenta y entonces se giró hacia donde el escritor miraba. La reacción de Kate fue de sorpresa, pero estaba de buen humor.
Si ella hubiera reaccionado como si la hubiesen pillado, Josh hubiese supuesto un montón de cosas. Todas malas. Pero ella se le acercó sonriendo, le besó fugazmente en los labios y le dio un medio abrazo sin soltar su trolley.
- ¡Josh!¿No tenías guardia...? - comentó ella.
- La cambié. - dijo él devolviéndole el abrazo y la sonrisa. No quería darle el gustazo al escritor de montar una escena de celos ahí mismo.
Tras un segundo embarazoso, Castle agarró bien todas sus pertenencias y carraspeó.
- Bueno, me voy. He quedado con Alexis. Es increíble que mi hija de 17 años me eche tanto de menos. - dirigiéndose a ambos.
Echó una última mirada al doctor e hizo un gesto con la cabeza a la detective para despedirse.
- Te veo mañana, Castle. - dijo ella.
Él le hizo un gesto negativo con la mano y dijo '¡Papeleo no, gracias!'. Ella rió mirándolo alejarse y a continuación posó su mirada en Josh.
- ¿Y esta atención, pasa algo, Josh? - preguntó inquisitivamente.
- Nada... Sólo que te echaba de menos.- dijo dejando a un lado sus celos, ahora que la tenía toda para él.
- Que mono... - comentó ella en voz baja
Kate, sonriendo, se acurrucó a su lado, le pasó el brazo por la cintura mientras que él la rodeó por los hombros y caminaron tranquilamente hacia la salida.
Kate se quedó dormida en cuanto se sentó en el taxi. Josh la contemplaba respirar tranquilamente. Al tomar una curva se inclinó sobre él. Le pasó el brazo por encima de los hombros y ella se acomodó sin despertarse apoyando la cabeza en su brazo.
Cuando el coche frenó en frente del apartamento de la detective, esta se despertó desorientada y sorprendida de haber dormido todo el trayecto. Josh cogió la maleta antes que ella lo hiciera y la acompañó hasta arriba.
Kate entró en casa bostezando. Dejó el bolso en la encimera de la cocina y se sentó en uno de los taburetes.
- Deberías aprovechar tu día libre durmiendo. - Le dijo Josh besándola en la frente mientras ella apoyaba el codo en la encimera y se sostenía la cabeza con la mano.
El doctor se alejó pero ella le agarró la manga para captar su atención. Se miraron a los ojos y ambos sonrieron.
- Te debo una disculpa y un agradecimiento. - dijo Kate.
Josh levantó las cejas.
- Estuve muy dura contigo antes de irme. No te lo merecías.
- No te preocupes. Habías recibido un duro golpe. No era mi Kate la que me gritó.
La detective rió.
- Créeme, era yo. Teniendo un mal día.
Josh le miró con ternura.
- ¿Y el agradecimiento?
- ¡Ah! Por no montar una escena en el aeropuerto al verme con Castle. Me fijé en la cara que pusiste. -dijo en voz baja.
Josh no dijo nada, sólo asintió con la cabeza pensando en que era imposible ocultarle nada a su novia. Ella se explicó:
- Se presentó en el avión, queriendo ayudarme, aunque creo que fue todo una escusa para comprar cachivaches de Indiana Jones en L.A.
Kate rió al recordarlo. Josh volvió a sentir el gusanillo de los celos. Kate había vuelto relajada y contenta de su viaje a L.A. pero no sabía hasta que punto era por haber resuelto el asesinato de su excompañero. Pensó en que quizás había llorado en el hombro de Castle, quizás él la había consolado, quizás por eso ella estaba mejor.
- Ey... estás muy callado.
- No me tienes que agradecer nada. - se inclinó y le besó- Recuerda que soy Canadiense. Somos famosos por no montar escenas.
Josh la abrazó y se quedó pensativo mirando al vacío.
- ¡Hola papá! - dijo alegremente Alexis al entrar en casa y ver a su padre trasteando en su despacho.
- ¡Alexis! ¿Dónde estabas? Habíamos quedado... - protestó el escritor musicalmente desde allí.
Las estanterías de libros le impedían verlo claramente, pero apostaría que su padre no estaba trabajando. No al menos de la manera clásica que se esperaría de un escritor, es decir escribiendo. Entró en el salón y dejó su bolso sobre el sofá.
- Sí, perdona. Estaba en la biblioteca con Ashley y se nos ha pasado el tiempo vol...
La muchacha enmudeció al ver a su padre entrar en el salón. Iba vestido con unos chinos kaki manchados, una camisa beige arrugada, un sobrero fedora marrón y, por supuesto, un látigo en la mano.
- Oh, perdón doctor Jones, estaba buscando a mi padre, ¿lo ha visto? - dijo ella teatralmente.
Lo miró de arriba abajo mientras sonreía, momento que aprovechó él para colocarse bien el sobrero y hacer una pose heroica, con las rodillas flexionadas como un tenista, el látigo en la mano derecha y cara de preocupación exagerada.
- Te has puesto la camisa de 'La última cruzada' con el sobrero de 'El templo maldito', papá.
- En ocasiones como esta es cuando más orgulloso me siento de ti, hija. - dijo volviendo a la normalidad.
Alexis reparó en el látigo, cuero de un bonito color oscuro complicadamente trenzado, formando una larga cola en disminución. Castle se percató de su interés.
- ¿Mola, eh? Es el látigo oficial de la última película.
- ¿No tenías ya uno?
- Sí, pero lo tengo guardado en su caja original. Este lo he comprado para... usarlo.
- Querrás decir, para... jugar.
- Pse, ¡qué dices!, si es super práctico. Ya casi sé agarrar el pomo de la puerta con él. ¡Mira!
Alexis salió corriendo y se refugió detrás de la isla de la cocina, porque no era la primera vez que su padre empuñaba uno de esos y había visto lo que pasaba. El escritor colocó bien los pies y atizó un latigazo hacia la puerta de entrada que, cómo no, le salió completamente desviado hacia la pared y acabó tirando un cuadro al suelo.
- Ups. Diremos que ha sido una corriente de aire. - dijo Castle enrollando el látigo y dejándolo con cuidado en la encimera de la cocina.
La chica le sonrió y pensó que algo tendría que estar pasándole a su padre para haberse disfrazado. Abrió la nevera y cogió un refresco sin azúcar para ella, echó un vistazo a su padre que se había sentado en un taburete, se había quitado el sobrero y le estaba buscando pelusillas al fieltro. Sonrió y cogió uno normal para el doctor Jones.
- Bueno, cuéntame. ¿Qué tal en L.A.? - preguntó acercándole la lata.
- Guay. Hemos ido en un Ferrari, hemos estado en una fiesta de piscina, hemos dormido en camas separadas y hemos cogido a los malos. - abrió la lata desganado y bebió un sorbo. Alexis hizo lo mismo.
- Papá, hay cosas que no deberías detallar a tu hija adolescente.
- Créeme, fue para todos los públicos... bueno, lo de Beckett saliendo de la piscina quizás fue para mayores de siete.
- Me refiero a que no deberías mostrarte... desilusionado porque no hayas podido ligar con Beckett, una mujer que te recuerdo que tiene novio además de ser tu compañera, papá. No me estás dando buen ejemplo.
- ¿Y desde cuando lo he sido en cuestiones amorosas?
Alexis sonrió a su padre que dio un sorbo ensimismado en sus pensamientos.
- Hum. El doctor-chico-de-la-moto. Vestido de cuero. Recogiéndola en el aeropuerto. Gñe. - masculló entre dientes.
- No te tortures, papá.
- ¿Por qué le gustará él más que yo? ¡Yo también tengo moto!
- Tienes una scooter con una pegatina de Hello Kitty. Mi scooter.- le dijo ella devolviéndolo a la realidad.
- Gñe.
Pobre Castle, lo que sufrió durante esta temporada...
