Podríamos decir que este capítulo son escenas perdidas del último capítulo de la temporada 3 (Knockout: Lookwood por ahí, Montgomery por allá y Beckett por los suelos) uno de los mejores capítulos de la serie, para mi gusto. Recomendado verlo si no lo tenéis reciente.

Mediados de Mayo, la noche de antes de que empiece el capítulo...


- Cada vez que cocinas me sorprendes, Kate. - dijo Josh después de saborear el primer bocado de lasaña de verduras.

Kate, sentada frente a él en el comedor de su apartamento, sonrió mientras masticaba. La tenue luz de las velas iluminaba suavemente sus caras y la mesa que había preparado la detective con esmero.

- Me lo suelen decir. - dijo ella después de tragar - Me hace pensar que tengo cara de pasar hambre, o algo así.

Josh rió, ella también. No se consideraba una mujer super romántica, pero le gustaba contemplar a su doctor-chico-de-la-moto en la casi penumbra. Le hacía recordar el momento en que se conocieron, cuando su brillante sonrisa le cautivó.

- Yo diría que tienes cara de... - empezó a decir Josh, y se quedó pensativo observándola.

Kate tenía la copa de vino en la mano para disponerse a beber, pero se quedó quieta interesada en lo que podría decir.

- De mujer fuerte... decidida... valiente...

Ella se levantó de su silla, se acercó se inclinó para estar cara a cara y le acarició el labio inferior con el pulgar. Él hizo mención de ladear la cabeza para besarle, pero Kate se irguió y se cruzó de brazos delante de él.

- Hay algo que quieres decirme y no sabes cómo ¿verdad? - le soltó la detective muy seria.

Josh con la cabeza levantada y su habitual mirada de cachorrillo se quedó paralizado. No sabía cómo lo hacía, pero no había manera de ocultarle nada a su novia.

- ¿Qué? ¿Cómo...? - preguntó perplejo

- Tienes el labio en carne viva, y no he sido yo. Así que o te has estado mordiendo mientras pensabas o alguien te lo ha mordido... En cualquiera de los casos supongo que debería saberlo. - se explicó ella mientras se sentaba y se volvía a colocar la servilleta.

- Eres buena, ¡je!. Tendré que recordarlo.- dijo el doctor.

Kate le miró frunciendo el ceño como si estuviera pensando "¿Recordarlo? ¿Para cuando quieras engañarme, o qué?". A pesar de la intimidación, el doctor hizo acopio de todas sus fuerzas y le comentó lo que le rondaba por la cabeza.

- Me han ofrecido un proyecto a largo plazo en Sudamérica. - dijo mirando a su plato de lasaña.

Levantó la vista y se encontró a Kate mirándolo fijamente. No parecía animada. No parecía desilusionada. No parecía enfadada. Era la neutralidad personificada. Josh suspiró, esa forma de ser a veces lo exasperaba, se sentía en un sospechoso siendo interrogado. Siguió hablando esperando que ella reaccionase.

- Empezaría este verano, consistiría en comenzar en un hospital de campaña instruyendo a los médicos locales e ir ampliándolo con ambulatorios en la zona. Sería el cirujano jefe. Tenemos subvenciones para varios meses. Hay muchos casos interesantes en la zona, debido a los pesticidas muchos pacientes han desarrollado cardiopatías. Podríamos ampliar el proyecto con investigación. Y... ya está. - se quedó callado y tragó saliva.

Kate no dejó de mirarle, pero reaccionó. Bajó la mirada durante unos segundos.

- Vaya...Suena genial. - dijo ella seriamente.

Josh se revolvió incómodamente en su silla.

- Kate, ya sé que acordamos unos meses de 'tregua' en cuanto a viajes largos, para ver cómo nos iba, ya sé que esto rompería nuestro trato, no quiero...

- Deberías ir, Josh. - dijo ella interrumpiéndole.

Se levantó de la mesa y dándole la espalda encendió las luces. Se dirigió a la isla de la cocina y apoyó ambas manos cabizbaja. Josh se levantó. Cuando llegó a ella sus hombros temblaban, el posó sus manos sobre ellos y le obligó a darse la vuelta. Un par de lágrimas recorrían su rostro.

- Kate, por favor, no llores. Yo... Yo no he dicho que vaya a ir...- dijo él con el corazón encogido.

Le acarició la mejilla, mientras ella se secaba las lágrimas con la manga de la blusa.

- No puedes perder una oportunidad así, Josh.- dijo la detective volviendo a la serenidad que le caracterizaba.

- No iré si me lo pides. No iré si me dices que lo nuestro merece la pena. - le dijo buscando contacto visual, pero ella se mantuvo distante.

- El caso es que... - dijo Kate jugueteando con la servilleta que tenía en la mano - No lo sé, Josh... esta 'tregua' no ha servido para aclarar mis sentimientos. Supongo que... hasta aquí hemos llegado.

Ella se apartó de él avergonzada y caminó unos pasos sin dirigirse a ningún sitio. Josh se quedó quieto, mirándola.

- Los míos sí, Kate. - dijo él.

La detective levantó la cabeza, confusa, y le miró a los ojos.

- Lo tengo claro. Te quiero, Kate. Te quiero 'ahora', después de haberte sincerado conmigo hace unos meses. Después de conocerte mejor.

Josh esperaba que su declaración provocara una reacción en Kate. Algo que le ayudara a aclararse a ella misma. Sin embargo se quedó paralizada.

- Escucha, Kate, cariño... No tienes que decidir nada ahora, aún tengo un mes y pico para darles una respuesta.

Se acercó y le cogió la manos. Kate noto como Josh estaba temblando.

- Pero para quedarme contigo, necesito saber si tus sentimientos por mí son correspondidos. Así sabré que no estoy renunciando al trabajo de mis sueños, sino que... he renunciado a un trabajo por la mujer de mis sueños.

Kate se puso colorada. Su cabeza estaba echa un lío y se odiaba por eso. ¿Por qué un hombre tan bueno y que estaba loco por ella no despertaba esa chispa de ilusión en su vida? Le admiraba, estaba a gusto con él, le gustaba mucho pero lo sentía... un poco... como un extraño, por decirlo de algún modo.

- Es... Son... unas palabras preciosas, Josh. - dijo en voz baja.

Él la miró con ternura. Ella no pudo hacer otra cosa más que sonreír. No sabía porqué diablos Josh aún no se había rendido. Ah, sí... porque la quería. ¿Pero como podía soportar que ella no le correspondiera al cien por cien?. Le apretó las manos con firmeza. Le gustaba. Le caía muy bien. Era buena persona. Era trabajador. Pero... ¿lo amaba o simplemente le convenía?. Guardó silencio.

- Lo justo sería jugar la prórroga... un mes más ¿de acuerdo? - dijo finalmente Kate.

- De acuerdo. - dijo contento de que no le hubiese dicho ya un 'no'.

Josh se inclinó y le besó suavemente los labios varias veces hasta que ella le devolvió el beso. Se abrazaron. A Kate le rugió el estómago. El doctor se dio cuenta.

- Vaya, vamos a seguir cenando, que mañana tienes que ir a tu visita carcelaria y no quiero que estés en malas condiciones por mi culpa.


Josh se paró en seco y miró extrañado a los ojos de Kate en la oscuridad del dormitorio. Ella le devolvió la mirada avergonzadamente mientras poco a poco sus respiraciones iban volviendo a la normalidad. Sus cuerpos se separaron con algo de brusquedad. Él, visiblemente trastornado, se quedó sentado al borde de la cama. Ella se levantó y buscó una camisola grande que se puso para tapar su desnudez.

Había pasado algo inesperado que los dos tendrían que afrontar.

Kate se acercó gateando por la cama hacia Josh, dudó un segundo y finalmente alargó su mano para acariciarle la espalda. Él no la rechazó, pero no dejaba de masajearse la cara con las manos como queriendo despertar de un mal sueño. Ella habló en voz muy baja:

- Perdóname Josh. Perdóname... No es lo que... En realidad no... Esto nunca...

Él no pudo soportarlo. Se levantó y se dirigió al baño, encendió la luz, se miró al espejo, abrió el grifo del lavabo y se remojó la cara. Encontró su bóxer y se lo puso porque estaba claro que ya se había acabado la sesión por esta noche.

Se miró al espejo frunciendo el ceño. Pensaba que no lo había oído bien, pero su novia acababa de gritar en la cama el nombre de otro. Sabía que a veces le pasaba a la gente... a otra gente... no imaginó que podría pasar a él... mejor dicho a ella, con él, en la cama... Además, no había sido un gritito como por equivocación, no. Había sido un 'CaaaAAAAaastle' con toda la musicalidad propia del momento ¡ARG!

Volvió a la habitación aún trastornado, sin saber qué decir, pero encontró a Kate llorando en silencio, sentada encima de la cama con las piernas cruzadas y se dio cuenta que lo que había pasado le había dolido más a ella que a él.

- Kate... - dijo él contemplándola bajo la tamizada luz que llegaba del baño. Se sentó frente a ella, pero cabizbaja, no le hizo caso.

- Estás en tu derecho si quieres salir por la puerta y no volver más. - le dijo ella con amargor secándose las lágrimas de sus mejillas.

Josh podía haber optado por esa opción. Hubiese sido lo más lógico de haber sido un ligue de una noche, pero apostó por la madurez y esperanzado en que lo suyo avanzase, optó por no hacerlo.

- Vamos, Kate, no te lo tomes así - dijo él decidido a quitarle hierro al asunto. Observó la mirada llorosa de Kate que se encontró con la suya. Ya no estaba avergonzada, sólo apenada.

- Piensa que... - dijo él procurando sonreír - ... dentro de un tiempo nos reiremos de esto.

- El siglo que viene - dijo ella enfadada consigo misma.

- Vale. El siglo que viene. Cuando seamos unos adorables ancianos de más de 100 años, nos reiremos de aquella vez que nombraste a un 'ex' en la cama... - y Josh calló porque Kate le fulminó con su mirada, que había pasado de pena a enfado en menos de un segundo. Se levantó rápidamente de la cama y empezó a caminar por la habitación recogiendo la ropa del suelo.

- ¿Kate? - preguntó confuso él observándola cómo se inclinaba cada pocos pasos para recoger toda su ropa en un rebullo. Cuando acabó se puso delante de él y le dijo muy clarito:

- Te he dicho mil veces que nunca me he acostado con él. Así que no es ningún ex-nada mío. ¿Entendido? - dicho esto le lanzó a la cara el montón de ropa que había recogido dándole a entender que se vistiera y se largara.

Captando la indirecta Josh se levantó de la cama y, sintiéndose injustamente tratado por ella se vistió rápidamente. Lo cierto es que esa relación musa-escritor era como un dolor de muelas que volvía cuando menos lo esperabas y no le dejaba vivir. Cuando estaba terminando ajustándose el cinturón la miró, estaba sentada en el taburete alto al lado de la puerta del baño, ensimismada en sus pensamientos, como hacía muchas veces.

- ¡Quizás deberías haberlo hecho! - dijo él dejándose llevar por el mal humor que había en el ambiente.

- ¿Cómo dices? - dijo Kate visiblemente sorprendida y confusa mientras se ponía de pie.

- Acostarte con él. Si lo hubieses hecho al principio, él se habría largado a por la siguiente en su lista y ...

La bofetada que le asestó la detective sonó como un trueno en mitad de la noche. Inmediatamente la cara le empezó a arder y se aguantó las lágrimas que estuvieron a puntito de saltar de sus ojos. La buscó con la mirada pero ella ya le había dado la espalda camino al baño.


Kate cerro la puerta del baño y desconsolada se agachó frente a su bañera para romper a llorar.

¿Cómo había llegado a esto? Ella pensaba que dominaba la situación. Ella pensaba que era capaz de mantener enjaulada a esa parte de ella que se lanzaría sobre Castle todas las mañanas cuando le trae el café. Pensaba que la parte racional de su mente, la que le repetía una y otra vez 'Castle no te convenía, te hubiera roto el corazón' era la que había ganado.

Pero algo en su cerebro había cambiado.


Al día siguiente...


El doctor Davidson estaba en su despacho repasando el historial de un paciente que tenía que operar cuando uno de los residentes llamó a la puerta. Iba acompañado de un hombre de mediana edad, serio y enjuto que no reconoció pero que se le hizo familiar. Se presentó y resultó ser Jim Beckett. El padre de Kate. Sorprendido por la visita, Josh le hizo pasar y le ofreció un poco de café.

- La verdad, hubiese preferido que nos conociéramos en otras circunstancias. Pero necesito ayuda. Katie necesita ayuda. - dijo Jim masajeándose la frente nerviosamente.

- ¿Kate? ¿Ha pasado algo?. - preguntó el doctor alarmado.

Jim se extrañó mucho de que el supuesto novio de su hija, a quien no había conocido aún a pesar de llevar juntos más de 6 meses y de quien Katie sólo le había dicho que era médico en ese hospital, no supiese nada de lo último acontecido en la vida de la detective. Se tomó un segundo para observar al doctor. Tenía mala cara, como de haber pasado una mala noche y de haberse hinchado a café para mantener los ojos abiertos.

- ¿No ha hablado con mi hija hoy? - comentó extrañado.

- No. - Dijo el doctor con desgana, como si llevara toda la mañana pensando hablar con ella pero hubiese algo que se lo impidiese. Consultó su móvil para comprobar alguna llamada perdida. - No me ha llamado. -Dijo confirmándolo.

Jim observó la manera de tragar saliva del doctor al contemplar el móvil y cómo dudó paseando el dedo sobre el botón de llamada. Entonces e dio cuenta de que quizás se había precipitado al pensar en él. La cara de extrañeza que puso Jim Beckett preguntándose en que punto se encontraba la relación del doctor Davidson y su hija incomodó a Josh.

- Por favor, cuénteme señor Beckett. - dijo lo más educadamente posible, guardando la compostura.

- Es es tipo el involucrado en el caso de mi esposa... Lockwood... ha matado a un expoli, se ha escapado de la cárcel y Kate a este paso va a ser la siguiente.- soltó Jim sin mucha delicadeza.

Josh se quedó petrificado, se puso blanco como la leche y se dejó caer en su sillón abrumado.

- ¿Cómo no me ha dicho nada? - el doctor cogió su móvil e intentó llamar a Kate, pero no le cogía el teléfono.

Jim le observó. Ahora el doctor parecía verdaderamente preocupado. Había hablado sin tapujos, pero era un truco de abogado: si el joven hubiese reaccionado de otra manera Jim hubiese sabido que no merecía la pena seguir hablando con él.

- Perdone si he sido muy brusco doctor Davidson. - se disculpó el padre de Kate.

Josh noqueado sólo acertó a balbucear...

- Descuide... Ya sé de dónde ha sacado Kate su carácter.

Jim no se sintió ofendido en absoluto, era un carácter que se adaptaba perfectamente bien para ejercer la abogacía y aún mejor para ser agente de la ley, como su hija. El doctor Davidson se tomó unos segundos para centrarse y encontrar las palabras adecuadas.

- Verá Jim, Kate es muy reservada con todo el tema de su madre. Es tabú entre nosotros. Cada vez que intento que razone y asuma su duelo sin perder más tiempo en esa investigación... se cierra en sí misma, me aparta completamente. Y eso es peor que si me chillara y discutiéramos.

Jim asintió reconociendo la manera de actuar de su hija en lo que le contaba el doctor, puesto que con él hacía lo mismo.

- Entonces me temo que ninguno de los dos vamos a poder hacer nada.

En ese momento un residente hizo señas a Josh a través del cristal de la puerta de su despacho. Él asintió con la cabeza y Jim supo que su visita había acabado.

El doctor Davidson corrió pasillo abajo para hacerse cargo de la urgencia y Jim Beckett se dirigió abatido hacia la salida. Ya en la calle el hombre sintió el aire de la templada noche primaveral en su cara y respiró hondo.

Pensó en Katie. En cómo se había enfrentado a la muerte de su madre intentando ser una adulta, cuando en realidad era una chiquilla. Dejó la universidad, ingresó en la academia de policía, se aferró a la idea de resolver el asesinato de una manera obsesiva e insana. No obstante fue mejor que lo que le pasó a él, que empezó a darse a la bebida.

Ascendió enseguida a detective, por supuesto, Katie había destacado en todo lo que se había propuesto. Y seguía aferrada a su obsesión, apenas dormía, apenas comía y apenas salía de la oficina. Hasta que un día tocó fondo. Igual que le pasó a él.

Desde aquello le prometió a él y a si misma que no volvería a remover el caso. Jim, en aquel entonces, pensó que por fin su hija había dejado atrás el terrible suceso y que por fin podría vivir su vida. Pero Kate vivía sin ilusión. Tenía esa espina clavada. Había apartado su trauma, pero no lo había superado.

Al poco tiempo algo en ella cambió. Cuando hablaban por teléfono ya no respondía con monosílabos. Le empezó a contar cosas de su vida. Le empezó a hablar de él: del escritor juerguista que le seguía como un perrito. Al principio Kate estaba molesta con su presencia, luego empezó a encontrarlo útil y tras algún contratiempo, él le había ayudado a retomar la investigación de una manera racional y madura. Jim por fin veía a su hija feliz.

Cogió su móvil, buscó en la agenda y llamó. Tras unos minutos de conversación con el juez Markway obtuvo la dirección de Richard Castle.


Dos días después...


Castle esperó por enésima vez a que Kate le contestara. Se arrepentía de haber discutido con ella. Él sólo quería hacerla entrar en razón. Sabía que era imposible, pero tenía que intentarlo. No sólo por la conversación que había tenido con Jim Beckett ante ayer, sino por él mismo... bueno, y por ella... porque no podía soportar la sola idea de perderla ni de que ella se sacrificara por...

Su móvil sonó. Pero no era ella. Era... ¿el capitán Montgomery?

- Castle. - dijo contestando al aparato.

- Rick escucha necesito tu ayuda. - la sobriedad en la voz del capitán hizo que el escritor sacara al adulto responsable que llevaba dentro.


Aquella noche...


- ¿Capitán? - dijo el escritor cuando entró por la puerta del hangar. Hacía frío y el vapor salía de su boca a pesar de estar a cubierto.

- Aquí Rick. - oyó con eco al otro extremo de la sala.

Ambos caminaron el uno hacia el otro para acabar encontrándose al lado de un helicóptero. Habían hablado por teléfono lo justo, por si estaba pinchado, dedujo Castle. Pero si el capitán lo necesitaba él estaba dispuesto a todo.

- Escucha Rick. Kate va a venir. - dijo, mientras se desenfundaba su arma reglamentaria y miraba alrededor.

- ¿Qué va a pasar, Roy? - preguntó Castle observando su actitud: la de un hombre que ha tomado una decisión difícil.

- Lo que va a pasar aquí lo hago por ella, Rick. Porque es lo menos que puedo hacer. He intentado durante todos estos años... - el hombre miró al suelo y negó con la cabeza- ... compensar las cosas que no debí hacer en el pasado.

- Un momento... está diciéndome que es usted el tercer hombre implicado en... - Castle se calló incrédulo, mientras Roy asentía con la cabeza.

- Esta noche... tengo que salvarla, Castle. El resto de su vida la dejo en tus manos. Prométeme que harás todo lo posible por ayudarla... amigo. - dijo esto mirándole a los ojos.

A pesar de la habilidad del escritor, este era un momento en el que no llegaron las palabras a su boca. Sólo asintió con la cabeza en medio del frío hangar. Ambos oyeron un coche frenando.

- Escóndete allí. Sabrás cuándo salir. - dijo Montgomery señalando una esquina.

Castle se alejó obedeciéndole mientras el capitán corrió hacia el otro extremo. Rick vio a Beckett entrar y un torbellino de emociones se congregaron en su cabeza. Entre ellas primaba el pesar por saber todo lo que Kate iba a sufrir con todo esto.


Josh contemplaba a Kate durmiendo con ropa de calle encima de su cama. La oscuridad de la noche sólo estaba rota por una pequeña lámpara en la mesita al lado de la cama. Por fin lo había conseguido. Su respiración era calmada, y contrastaba con su cara llorosa con el maquillaje corrido por sus mejillas. El doctor se acercó y le limpió delicadamente la cara. Ella ni se inmutó. El valium había hecho su efecto.

Richard Castle le había llamado hace menos de una hora muy serio y preocupado explicando que habían disparado al capitán de Kate en una emboscada, con fatales consecuencias, y que ésta estaba desconsolada. Cuando llegó al apartamento de su novia encontró a Jim sentado en el sofá acunando a su hija en un mar de lágrimas. El mismo escritor le había abierto la puerta, sereno, pero roto por el dolor.

Regresó al salón y encontró a Jim y a Castle sentados en el sofá y en el sillón respectivamente, cabizbajos y en silencio. Apostaba que ambos estaban pensando en Kate, al igual que él mismo.

- Ahora duerme - dijo el doctor rompiendo el silencio. Ambos volvieron la cabeza hacia él. - Quizás cuando se despierte esté aturdida...

- Yo me quedo aquí a pasar la noche. - dijo Jim levantándose del sofá.

Castle también se levantó. Por un momento se miraron a los ojos. Josh sólo encontró dolor y preocupación por Kate.

- Yo... debería irme. - dijo el escritor en un susurro bajando la mirada.

- Yo también. - dijo Josh inmediatamente.

Tras un segundo de indecisión ambos se dirigieron hacia la puerta, acompañados por el padre de Beckett, que le dio un apretón de manos a cada uno y les agradeció su apoyo.

Bajaron en el ascensor en silencio. Al abrirse la puerta Josh indicó a Castle que saliese primero. El escritor pisó la acera de la calle y oyó al doctor a sus espaldas llamarlo educadamente 'Señor Castle'.

- Llámame Rick. - dijo él serio parándose y dándose la vuelta para estar cara a cara.

- De acuerdo. Gracias por avisarme, Rick. - dijo amablemente el doctor.

- Por Beckett, lo que sea. - dijo el escritor con una mueca de tristeza.

El doctor reparó un instante en un detalle en el que no había caído hasta ahora.

- Rick... ¿Tú también estabas en la emboscada?

El escritor asintió con la cabeza sin poder disimular su pena.

- Te acompañó en el sentimiento, Rick.

- Gracias, Josh. - Castle bajó la cabeza y dio un paso hacia la parada de taxis.

- Y Rick... - dijo nerviosamente antes de que se alejara.

El escritor se paró y giró la cabeza mirándole muy serio. Josh habló:

- Aparta a Kate de todo esto, vale? Me refiero a... que no se haga la héroe o algo así... Ella... es a veces tan... difícil... - le costaba encontrar la palabras.

Le resultaba incómodo el estar desahogándose con un extraño y que para colmo apostaba que conocía a su novia mejor que él. Castle se le quedó mirando sin mover un músculo.

- Sabes, Josh, si no puedes vivir con esa parte de Kate, no te mereces al resto de ella.

La mirada del escritor fue heladora.

El doctor supo en ese instante que los sentimientos de Castle hacia Kate iban más allá de la simple amistad. También intuyó que el escritor aún no se había rendido. No pensaba decirle nada más, no iba a discutir con él. Tan sólo se despidió con un gesto y una mueca. Ambos hombres caminaron en sentidos opuesto alejándose de la casa de la detective.


El escritor pensó en volver a casa, pero después del numerito de la otra noche, en la que estrelló un vaso de whisky en su despacho asustando a su madre, decidió pasar primero por The Old Hunt para calmarse.

Pagó al taxista con una generosa propina y ya antes de entrar, recordó a Beckett junto a la valla del local, aquella vez que estuvieron investigando. Tragó saliva mientras sentía una punzada en el corazón, pensó que tal vez no había sido tan buena idea. Entró rápidamente y sin apenas saludar a sus empleados se encerró en su despacho. Observó el escritorio antiguo de madera y en la silla tapizada en piel, un buen lugar de trabajo normalmente le subía la moral, pero no ahora. Se sentía mal, muy mal.

Se sentó pensando en cómo había acabado el capitán Montgomery y en como había aceptado su destino con tal de hacer lo correcto. Pensó en cómo habría vivido todos estos años con el cargo de conciencia de haber participado indirectamente en el asesinato de la madre de Beckett y en cómo soportaría el día a día trabajando con Kate intentando compensar ese fallo. ¿De qué estaban hechas estas personas? ¿Por qué eran así? ¿Por qué Kate era así? ¿Por qué estaba dispuesta a sacrificarlo todo por la justicia? Se imaginó que podría haber sido Kate quien yaciera en ese hangar, imaginó que aquel día podía haber sido el último de Kate.

El pensamiento le hizo marearse y se sentó procurando respirar profundamente antes de sufrir un ataque de ansiedad. Tras unos minutos cogió papel y pluma e hizo lo que mejor sabía para desahogarse: escribir. Sin pensar, sin tachar ni releer, sólo dejar fluir las palabras. Le temblaba un poco la mano, pero al sentir el plumín apoyado en el papel se tranquilizó.

Yo creía que las personas así sólo existían en la ficción, pero no, Kate tú eres así y estoy perdidamente enamorado de ti. Hace un par de horas, cuando te tenía fuertemente cogida entre mis brazos, pataleando y llorando, forcejeando por escapar para luchar junto a Montgomery, me hubiese gustado dar un salto y volar, para llevarte lejos de allí y que te olvidaras de todo.

Ya no seríamos la detective Beckett y el escritor Richard Castle, sólo seríamos Kate y Rick. Sólo quiero que me dejes contemplar tu sonrisa el resto de nuestra vida... Pero ¿por qué, Kate? ¿por qué no te dejas llevar? ¿por qué no dejas que yo te lleve? ¿aún me ves inmaduro? ¿aún me ves juerguista?

Me has cambiado Kate. Has despertado al mejor Rick Castle, a la esencia de mi persona, la que se había escondido a lo largo de estos años para protegerse de todo lo malo: la falta de un padre, las excentricidades de una madre, los insultos de compañeros del internado...

Me has despertado, Kate, has despertado al Richard que está a punto de echase a llorar en este momento, pensando en que estás malgastando tu vida junto a un hombre que te da un Valium cuando debería darte un abrazo. Un hombre al que sonríes, pero que no te hace reír. Un hombre más alto, más guapo, más listo y en mejor forma que yo, pero que seguro no ama como yo las arruguitas que se te forman en los ojos cuando ríes de verdad; ni se pasaría horas y horas simplemente contemplando y estudiando el perfil de tu cara mientras trabajas; ni sueña cada noche contigo desde que te besó en ese callejón, porque sí, Kate, te besé.

No puse 'boca de pez' para fingir un morreo que engañase al vigilante, no. Pensé '¡qué diablos!' si seguro que te enfadabas igual, mejor salir con un buen recuerdo. Busqué tus labios, suaves y cálidos, te lamí, te succioné, respiré tu aliento. Y te gustó, Kate, vaya si te gustó, porque no te atreviste a mencionarlo ni bromear con ello. Seguro que te sentiste culpable ¿verdad? ¿Tu doctor te hace sentir mariposillas en el estómago, Kate? Creo que no.

Castle levantó la mirada del folio garabateado. Una lágrima cayó de su mejilla mojando el papel y corriendo la tinta. Miró al frente, estaba a punto de llorar sí, pero al menos ya sabía por qué. Le dolía la muerte de Montgomery, pero no tanto como le dolía la pérdida de Kate. Porque aunque sobreviviera a la carnicería que se había convertido el caso de su madre, él sentía que la había perdido. No había logrado que ella se quitara su caparazón para entregarse a la vida. No había logrado enamorarla. No había logrado salvarla.

Y el escritor, en la soledad de su despacho, se dejó llevar y lloró como un niño por todo lo que había perdido.


La mañana del funeral del capitán Montgomery...


Unos suaves golpecitos en la puerta sacaron a Kate de su ensimismamiento. Estaba sentada en el tocador de su habitación, con el anillo de su madre en la mano. Se observaba en el espejo, dudando en dónde colocar su preciado recuerdo: si colgado al cuello como siempre o en un bolsillo de la guerrera del uniforme de gala.

- ¿Sí? - dijo volviéndose hacia la puerta cerrada.

- Kate... - era Castle hablando muy serio - ...se hace tarde.

- Ya casi estoy... - dijo levantando un poco la voz, por primera vez en dos días - ...pasa.

Ella se levantó y se acercó a la cama donde tenía la chaqueta. El escritor asomó por la puerta, la abrió, pero no entró en la habitación. Kate metió el anillo en el bolsillo izquierdo del pecho, cerca del corazón. Se sintió observada por él, que respetó su momento en silencio.

Le echó una mirada y sonrió levemente, por primera vez en dos días, al verlo con una actitud tan impropia de él. La detective terminó de abotonarse la camisa negra, ocultando por completo su camiseta blanca de algodón que usaba siempre con el uniforme, porque no le gustaba el tacto de la fibra sobre su piel. A continuación cogió la guerrera y metió ambos brazos dándole la espalda a Castle. Al intentar ponérsela se le atascó en los hombros, él dio un paso y le ayudó a subírsela.

- Gracias.- susurró ella.

Él no contestó. Retrocedió el paso que había dado, para volver a la puerta y siguió observando en silencio. La detective se abrochó la chaqueta y observó al escritor, reflejado en el espejo. No la estaba observando realmente, más bien se encontraba con la mirada perdida en algún punto más allá de ella.

- Castle... - dijo volviéndose hacia él.

- ¿Mmmm? - murmuró.

- ¿Ocurre algo...? - sus ojos se encontraron y por primera vez en dos días ambos se sintieron un poquito mejor, al ver en los ojos del otro una sincera preocupación mutua.

Castle hizo una mueca que intentó ser una sonrisa, pero sus ojos estaban tristes. Esos inmensos y transparentes ojos.

- Quería pedirte un favor... ya sé que no me corresponde, pero... si pudiera acompañar con vosotros a Montgomery en su último desfile... me sentiría...

A Kate se le aceleró el corazón al oír nombrar a su capitán, pero sin dejar ver su vulnerabilidad asintió con la cabeza un par de veces

- Será un honor, Castle. - dijo mirándole intensamente a los ojos.

- Ok. - dijo él recuperando momentáneamente el brillo en la mirada.

Se fijó en la gorra de plato del uniforme de gala, apoyada en la cómoda junto con los guantes reglamentarios, junto a un sobre. Luego su mirada volvió a ella, pero esta vez viéndola, admirándola.

- Estás... impresionante. - dijo seriamente.

La forma de pronunciarlo le dejó claro que no era ninguna broma, ningún cumplido, símplemente era lo que le había venido a la cabeza al observarla vestida con el solemne traje lleno de condecoraciones, ajustado a su estilizada figura haciéndola aún si cabe más delgada pero trasmitiendo a la vez la fuerza con su mirada.

- Gracias.

Kate cogió con delicadeza el sobre con unas pocas palabras que había apuntado como discurso de despedida a su mentor en la policía, porque a pesar de todo lo que hubiera pasado, Roy Montgomery había sido el mejor capitán que podía haber tenido y sin él seguramente ella no sería quien es ahora. Se lo guardó en un bolsillo. Tomó la gorra y los guantes y se dispuso a salir por al puerta, pero Castle no se movió impidiéndole el paso.

- ¿Ocurre algo... más? - le preguntó la detective observando a su compañero cabizbajo.

-¿Un...? - dudó antes de seguir hablando - ¿Un... abrazo? - dijo finalmente levantando la mirada.

- Eeeh... - Kate frunció el entrecejo confusa - No. No, estoy... bien. Gracias. - dijo sin dejar de observarle.

- Me refería a... - le miró a los ojos buscando un momento de paz - ... que yo necesitaría un abrazo. Ahora.

- ¡Oh...!

La detective se lanzó a su cuello sin decir nada más, él se encorvó lo justo para poder susurrarle al oído un 'Gracias'. Sintió el calor de su cuerpo y las manos de él caballerosamente en su espalda durante unos segundos, para a continuación sentir cómo el escritor se volvía a erguir separándose de ella.

Se quedaron mirándose a los ojos. Entonces Kate se sintió como una egoísta, al haber estado lamentándose de la pérdida de Montgomery ella sola sin pensar en lo todo lo que Castle había hecho por ella en ese hangar y el estress que tenía que haber vivido el escritor tras la muerte del capitán.

- Perdona, Castle.

El escritor le sonrió indicando que el abrazo había surtido efecto.

- Y gracias... por volver a ser mi compañero.

- Siempre.


Espero que estas 'escena perdidas' hayan estado a la altura del capítulo original, que ya de por sí era perfecto...

Otra vez me he pasado de largo con el número de palabras, ya perdonaréis.