Capítulo final, ambientado en el verano en el que Beckett se está recuperando del disparo. Empezando pocos días después de dicho disparo.
Junio...
Todo estaba oscuro. Negro sobre negro. Beckett no podía moverse. Si lo intentaba sentía que sus miembros se tropezaban con objetos o paredes que ella no podía ver. Su respiración era agitada, el sudor cubría su piel. Sus fuerzas flaqueaban, sentía sus pies atrapados. Se ahogaba. Sentía su cuerpo hundirse en las profundidades.
Por un segundo vio una imagen. Clara y nítida. El capitán Roy Mongomery yaciendo cadáver en un frío hangar. Ella lloraba. Sentía el aire helado entrando en sus pulmones con cada llanto, como un cuchillo afilado que la desgarraba por dentro. Alguien la sujetaba por los brazos intentando apartarla de la horrible visión, pero ella se aferraba desesperadamente al cuerpo de su mentor como si su llanto pudiese traerlo de vuelta.
De repente la imagen cambió. Ella sentía el mismo agarre en sus brazos, pero era muy diferente. El calor la abrasaba, sentía un hierro al rojo vivo atravesándole el pecho. Oía gritos a lo lejos. Él le aferraba fuertemente, veía su cara, pero como si estuviese al otro lado de una cortina. Él le dijo algo. Algo que se mezcló con todas las sensaciones que estaba recogiendo su cerebro. De repente el calor del pecho desapareció, o mejor dicho, cambió. Dejó de sentir dolor y por un instante, menor que un segundo, sólo sentía calor, un agradable calor en su corazón. Quiso gritar su nombre, pero no pudo. Se esforzaba por gritar. Nada. Se esforzaba. Nada. Se esforzaba...
- ¡Caaaastle!
El grito desgarrador en mitad de la noche sobresaltó a Josh, que se levantó rápidamente del sillón al lado de la cama de Kate en el hospital.
- ¡Castle! ¡Castle! - repitió Kate girando su cabeza de un lado a otro.
Era la enésima pesadilla de la detective. Todas las noches le suministraban calmantes y otro tipo de medicamentos para que durmiera. Pero la mayoría de las veces era inútil. Se despertaba desorientada, a veces gritando, a veces llorando, y Josh siempre estaba ahí. Calmándola, tratando de que volviera a la realidad, de que se diese cuenta de que era una pesadilla.
- Kate, despierta, Kate... - dijo con suavidad Josh mientras le agarraba la cabeza entre sus manos.
Para que no se hiciese daño y evitar accidentes, Kate estaba inmovilizada de pies y manos. Ya se había quitado el gotero varias veces y una noche había estado a punto de caerse al suelo. Así que cuando se despertó e hizo mención de moverse y no pudo, luchó durante unos segundos aún confusa.
- Kate, tranquila, Kate... - volvió a repetir Josh.
- ¿Castle? - dijo ella aturdida.
Siempre preguntaba por él tras despertarse de sus pesadillas. Siempre. Lo cual el doctor Davidson profesionalmente lo achacaba al estrés post-traumático que su novia estaba sufriendo, pero personalmente, que llamase al escritor en vez de a él, era un jarro de agua fría.
- ... Josh ... desátame ... - pidió Kate, ya más consciente de la situación.
- Tranquila. - dijo firmemente Josh mientras observaba en la pantalla del electro el funcionamiento del convaleciente corazón de la detective.
El órgano necesitaba reposo, pero estas noches en el hospital estaban poniéndolo a prueba. Desde luego si salía de esta ya no habría que preocuparse. Josh eligió un medicamento que suministró a Kate inyectándolo en el gotero. Ella lo vio y refunfuñó.
- ... ¡No! ... desátame ... desá ... - fue lo que dijo antes de volver a caer en la oscuridad.
Unos días después...
La detective miraba a través de la ventana de su habitación de hospital. Estaba sentada en una silla de ruedas, obedeciendo a Josh. Ella había accedido a cambio de ir vestida con su chandal de policía y sus deportivas. Había llegado a odiar el pijama-bata del hospital. Esperaba la visita del psicólogo que le trataría durante su recuperación y quería darle buena impresión. Quería pasar su evaluación tanto física como psiquiátrica lo más rápido posible.
Su semblante era serio. Estaba concentrándose. Sentada pero con la espalda erguida, a pesar de la tirantez que sentía en sus cicatrices. No quería pensar en nada. Tenía que dejar su mente en blanco. Había interrogado a cientos de personas, se sabía todos los puntos flacos que delataban al mentiroso. Ahora era ella la que iba a ser analizada, y lo tenía que hacer muy bien. No tenía que salirle perfecto, tenía que ser creíble, que era más difícil.
Alguien llamó a la puerta, ella se volvió. Era Josh. Otro asunto que tenía que resolver.
- Hola - dijo él desde la puerta sonriéndole.
- ¡Ey! - le respondió ella devolviéndole la sonrisa.
Él se acercó hasta ella, se agachó y le besó la cabeza. Como había hecho todos los días desde que estaba en el hospital, porque ella, como todos los días, había renunciado a moverse para ofrecerle los labios o tan siquiera la mejilla. Tenía un remolino de sentimientos encerrado en su interior, que por ahora no era capaz de organizar.
- ¿Nos vamos? - dijo el doctor.
Ella asintió con la cabeza. Josh se puso detrás de ella y agarró la silla para dirigirla.
- Cuénteme que planes tiene para hoy, Kate. - preguntó el doctor Burke.
El psicólogo parecía un maestro Jedi sentado en su sillón, en la penumbra de la sala. Su voz era melodiosa y suave, como la de un narrador. Kate pensó que podría quedarse escuchándole durante horas. Ella estaba sentada en su silla de ruedas, frente a él. Seria pero accesible. Como si estuviese hablando con un superior.
Kate no se esperaba la pregunta, pero no le sorprendió, porque de hecho, suponía que empezaría con una pregunta banal que ella no esperara.
- Pues... a media mañana el doctor Davidson me ha prometido que me dejaría comer algo sólido, porque me acaban de quitar el gotero, y... por la tarde espero que venga mi padre, le he pedido algunos libros, ahora que me han empezado a retirar la sedación me aburro con la tele.
Kate contestó con ritmo pausado, mirando a su interlocutor y manteniendo los brazos relajados. El mismo lenguaje no verbal que tendría que fingir para 'pasar la prueba'.
- Si ya no soporta la tele su recuperación va pon buen camino - dijo el doctor sonriendo.
Kate sabía que Burke le estaba provocando una reacción espontánea y sincera, para tener una referencia. Así que midió la sonrisa que puso para contestar mientras asentía con la cabeza.
Siguieron con un poco de conversación sobre la recuperación física, mañana iba a empezar las sesiones de fisioterapia. Le dijo que el doctor Davidson le había prometido que si todo iba bien, pronto dejaría de usar la silla de ruedas.
- El doctor Davidson... ¿es su médico? - le preguntó Burke.
- En realidad... estamos saliendo. - Kate no dijo nada más y procuró disimular la incomodidad que le suponía hablar de su relación con Josh. Seguro que el psicólogo ya estaría pensando porqué ella no se había referido a él por su nombre de pila.
El doctor la observó amigablemente.
- Entonces llamémosle por su nombre...
- Josh - dijo ella más secamente de lo que le hubiese gustado hacerlo.
- Hábleme de Josh, Kate. - le invitó él.
Kate odiaba que utilizara ese truco. Truco que ella había utilizado muchas veces. Si le hubiese hecho una pregunta concreta hubiese respondido y punto. Pero dejar el tema 'abierto' era una trampa para que dijera lo que ella decidiera decir y que se callara lo que no quería que supiera. Hizo un esfuerzo por seguir concentrada y no responder a la defensiva con un '¿qué quiere que le cuente?' que era lo que le pedía su cerebro.
- ¿De Josh? Pues, es un hombre con un gran corazón, trabaja como cirujano y colabora con Médicos Sin Fronteras. Es admirable lo que se esfuerza. Es tenaz y detallista. Es...
Kate se dio cuenta de que no era una entrevista de trabajo. Diablos, se supone que era su novio. Hizo una pausa y siguió hablando.
- Él es... Él me hace sentir...
Kate se alarmó por un segundo dándose cuenta de que no era capaz de definir su relación con Josh, así que improvisó, rápidamente pensó en él, en quien le había acompañado día a día desde hacía más de dos años. Y sus palabras fluyeron fácilmente...
- Él me equilibra, me hacer reír y también me saca de mis casillas, me hace la vida más fácil, cuando no estoy con él pienso en qué estará haciendo... y yo quiero pensar que él siente lo mismo por mí.
Kate se dio cuenta de que había bajado completamente la guardia y que sus ojos empezaban a humedecerse así que se calló. El doctor observó su reacción.
- Tranquila Kate, él está ahí fuera esperándola, puede preguntárselo cuando acabemos, ¿verdad? - le dijo como un padre comprensivo.
Kate sonrió y asintió con la cabeza intentando volver a controlarse. Sólo soltó una lágrima que se secó con un pañuelo que le ofreció Burke.
- Tengo entendido que ha estado a su lado en el hospital día y noche.
- Sí. - dijo avergonzada por no haberlo mencionado ella misma - Es un hombre muy bueno.
El doctor esperó unos minutos a que ella se serenara, le ofreció un vaso de agua que ella aceptó. Kate se lamentó de su pequeño derrumbe, pero le era muy difícil controlar su torbellino emocional.
- Además parece que no le ha dejado dormir mucho últimamente... Hábleme de sus pesadillas, Kate.
Otra vez el 'hábleme'. Por suerte esta respuesta la tenía más preparada. Se concentró para no volver a perder el control. Relajó su cuerpo antes de contestar.
- Pues... son imágenes difusas y distorsionadas, no distingo gran cosa, sólo luces y sonidos. - Kate tragó saliva cuando por un segundo le vino a la mente la nítida imagen del cuerpo de Montgomery en el hangar.
- ¿Alguna voz? - preguntó el doctor antes de dejarla hablar más.
- No. - dijo ella rotundamente tragándose el recuerdo de él diciéndole esas tres palabras mientras ella sentía que se iba.
- ¿Alguna persona?
- Tampoco. - mintió ella otra vez, repitiendo el gesto tranquilo y sosteniéndole la mirada.
La cara de él, aterrorizado, agarrándola con fuerza, pasó por su mente. Ella la apartó sin pestañear. El doctor le sostuvo la mirada durante unos segundos.
- ¿Quién es... Castle? - preguntó sin dejar de observarla.
Ella esquivó por un instante su mirada, incómoda. Burke sabía que ella estaba pensado en él. Kate se había estado despertando durante las últimas noches gritando su nombre. Aunque cuando Josh se lo mencionaba ella le decía que no se acordaba de nada.
- Mi... mi compañero. - dijo intentando esconder lo más posible su vulnerabilidad.
El doctor volvió a esperar unos segundos antes de continuar, que a ella le parecieron una eternidad. Empezaba a impacientarse. Maldita sea, tenía que mantener la concentración. Respiró hondo, pero sin que se le notara.
- El compañero que intentó salvarla. - dijo Burke pausadamente.
Ella permaneció callada y sólo asintió tímidamente con la cabeza. El doctor no dijo nada más. Kate se dejó llevar y por primera vez habló sin que le preguntara.
- Él es así, ¿sabe? - bajó la mirada sonriendo levemente- Dicen que me hizo un placaje, yo no me acuerdo, pero tengo medio cuerpo amoratado como prueba de ello. El muy loco...
Kate se movió incómoda en la silla y sintió un tirón en la cicatriz de su costado. Se agarró a los reposa brazos de su silla y apretó los labios.
- El muy loco podría haber recibido ese...
Frunció el ceño sin querer. ¿Que le pasaba? ¿No podía decirlo? Empezó a sentirse mal, como en sus sueños, le empezaba a faltar el aire. Abrió la boca y empezó a respirar con dificultad. No era así como tenía que salir su visita al psicólogo. No era así.
El doctor Burke no se movió. Ella de todas maneras no lo hubiese notado. Estaba atrapada en sus pesadillas, pero ahora estaba despierta. Sintió todas las imágenes pasando por delante de sus ojos. Cada vez mas rápido, igual que su agitada respiración. Sintió calor, mucho calor. Apretaba con fuerza los reposa brazos de la silla. Con mucha fuerza.
- ¡DISPARO! - gritó aterrorizada.
Un reguero incontrolable de lágrimas empezó a brotar de sus ojos. De repente hizo mención de levantarse de la silla. El doctor Burke se lanzó hacia delante y la cogió en brazos antes de que la detective se cayese al suelo, la silla de ruedas salió despedida hacia atrás y golpeó en la pared. En ese preciso momento Josh irrumpió en la consulta alarmado por el grito y los ruidos. Cogió a Kate entre sus brazos mientras esta se agarraba desesperadamente a su camisa, con los puños apretados y llorando desconsoladamente.
Al día siguiente...
Kate observó el puré de verduras que tenía delante. Tenía una pinta horrible. Jugueteó con una cucharilla de plástico antes de coger un poco y metérselo en la boca. Llevaba varios días alimentándose solo por suero en vena y su estómago le respondió con unas ligeras nauseas ante la 'novedad' de comer algo sólido. Dejó la cucharilla y se concentró en pensar que cuanto antes empezase a alimentarse bien, antes empezaría la rehabilitación y antes se iría a casa. Josh la había ayudado a sentarse en el sillón al lado de la cama para comer, apoyando su bandeja en una mesita auxiliar y luego se había ido a hacer su ronda.
Cuando se sintió con fuerzas cogió otra cucharadita y se la llevó a la boca. Se sintió aliviada de que Josh tuviese trabajo y la hubiera dejado a solas en la habitación, así no tenía que esforzarse en mostrarse fuerte. La sesión con el psicólogo no había ido como lo había planeado pero no se quería castigar con eso. Es más, parece que Josh se quedó más tranquilo con que ella se hubiese derrumbado, porque según él era bueno que se desahogara y que se cayese a lo más hondo, para luego ir subiendo poco a poco.
Un poco de agua y otro bocado más.
A Kate no le gustaba usar eufemismos: había estado a punto de morir. Para la gente normal no es un hecho fácil de asumir, pero ella lleva 12 años haciendo el mismo ritual: cada mañana coge su pistola, su placa, se cuelga el anillo de su madre y sale de su apartamento sabiendo que puede no volver nunca más. Había tenido mucha suerte. Pero ahora no era capaz de alegrarse por ello. No, porque había una idea que le venía a la cabeza una y otra vez: que él podría haber muerto. Y lo que es aún 'peor': que él había intentado salvarla, que podría haber muerto... por salvarla a ella. ¿Y por qué? Pues porque simple y llanamente él la amaba. Eso era lo último que había oído antes sumirse en la oscuridad.
Él la amaba.
Y ahora, ella se había dado cuenta de que si él hubiese recibido ese disparo... si ella hubiese sido quien lo agarrase por los brazos y gritara su nombre... no se hubiera perdonado a si misma nunca... y si él hubiese llegado a morir... ella habría muerto también. Ella había recibido un tiro, pero en lo único que pensaba era en él. ¿Es eso amor?
Cuando fue a visitarla al hospital prácticamente lo echó. Le dijo que ella le llamaría. Sin embargo no había encontrado aún las fuerzas para hacerlo. Tenía atascadas en el estómago las palabras igual que el maldito puré de verduras. Ni siquiera podía pronunciar su nombre, bueno, su apellido.
Bebió un sorbo de agua y miró la habitación desde donde estaba sentada. Quizás fuese todo psicológico. Quizás fuese sólo un bloqueo. Quizás si lo intentase...
Apartó la liviana mesita a un lado. Kate puso los pies firmemente en el suelo. Aún llevaba las zapatillas de deporte que se había empeñado en llevar. Mucho mejor que las alpargatas del hospital. Se agarró a los reposa brazos y se inclinó con cuidado. La cicatriz le tiraba un poco. Cuando dejó de sentir nauseas y mareos siguió su movimiento y consiguió ponerse de pie. Apretó los labios. Lo había conseguido, y sin ayuda.
Eso le hizo sentirse mucho mejor. Aún encorvada se apoyó en la cama con una mano y dio unos pasos vacilantes hasta llegar al teléfono en la mesita de noche junto a la cama. Alargó la mano para coger el auricular. Temblaba. Cerró el puño e intentó tranquilizarse respirando hondo. Por suerte se sabía su número de memoria porque su padre la había requisado el móvil. Esperó unos segundos mirando fijamente el teléfono. Dejó la mente en blanco e hizo los movimientos mecánicamente, como había hecho miles de veces en comisaría. Descolgar, obtener línea, marcar...
Con cada tono de llamada notaba como se le iba acelerando el corazón. Cerró los ojos. Uno, dos, tres pitidos... estaba sudando, tenía la garganta seca. Procuró no pensar en nada. Cuatro, cinco... Estaba tardando mucho. Quizás no podía cogerlo, quizás estaba ocupado. Seis, siete, och... '¿Diga?'. Su voz contestando sobresaltó a Kate, que abrió los ojos asustada. Se apoyó con la mano libre sobre el cabecero de la cama. Abrió la boca e intentó hablar.
Las imágenes de sus pesadillas se abalanzaban sobre su mente, cada vez más rápido. Intentaba apartarlas pero no podía. Dolor. Impotencia. Frustración. Sensaciones que la paralizaban...
'¿Diga?'. Insistió él. Su voz era tremendamente seria. Kate parecía un pez tomando bocanadas de aire. Empezó a temblarle todo el cuerpo. Sintiéndose traicionada por su propio cerebro, colgó el teléfono haciéndolo encajar tras varios intentos. Se quedó mirándolo unos instantes y rompió a llorar entendiendo que ahora mismo no era Katherine Beckett, simplemente una muñeca rota. Se apoyó en la cama y hundió su cara en la almohada, sus lágrimas empaparon la tela mientras que entre hipos logró decir lo que no había podido hacía unos instantes: 'Castle'
Finales de Junio...
Kate había terminado su primera sesión de ejercicios de rehabilitación. Respiraba tranquilamente tumbada boca arriba en la colchoneta, satisfecha por el resultado. Al principio le costó habituarse a los pinchazos y tirones de los músculos de su tórax, le daban nauseas constantemente. Su fisioterapeuta le había dicho que era normal, así que apretó los dientes y pensó en su aprendizaje en la academia de policía. Las pruebas físicas fueron muy duras, hasta para una chica deportista como ella, así que pensó que esto era simplemente una prueba más.
Tras unos minutos de descanso un enfermero le ayudó a ponerse de pie. Permaneció quieta unos segundos, simplemente sintiendo como las cosas iban volviendo poco a poco a la normalidad. Se sintió bien, tan bien que rechazó la silla de ruedas que le ofrecía el enfermero. Pidió permiso al fisioterapeuta para 'volver caminando' a la habitación. El doctor accedió, pero a condición de que el enfermero la acompañara y que se llevara la silla por si acaso. El volver a sentirse ella misma le dio fuerzas para decidirse a hacer lo que tenía que hacer, sin más demora.
Cuando entró en la habitación le sorprendió ver a Josh esperándole, que se levantó en cuanto ella asomó por la puerta.
- Ey, señorita ¿que hace caminando? - le dijo mientras se acercaba a ella y le cogía por las manos guiándola hasta la cama.
Kate se sentía abrumada por el afán protector de Josh. Le hizo una señal como indicándole que no pensaba echarse a la cama. Él frunció el ceño. Kate sabía que podía resultar obstinada y cabezota, y que él no lo llevaba bien. Se fijó en que Josh había preparado una especie de almuerzo romántico, porque había dos bandejas en la mesita auxiliar. La verdad era que el ejercicio le había abierto el apetito y tenía que recuperar unos kilos para coger fuerza. Aun así no se sentó a comer, sino que permaneció en pie agarrándole las manos a Josh.
- ¿Qué pasa Kate? ¿Te ha ido bien con la fisio? - le preguntó él inquieto.
Kate pensó que era sorprendente lo nervioso que se ponía a veces Josh, más aún siendo cirujano, le temblaba el cuerpo entero. Le miró a los ojos sabiendo que no le iba a gustar lo que estaba decidida a decirle.
- Josh, no sé que haces aún aquí. - dijo ella en voz baja.
- Es temprano para hacer mi ronda- dijo él como explicación.
- No me refiero a eso, Josh, y tú lo sabes. - le aclaró Kate seriamente.
Él no dijo nada, sólo apretó más sus temblorosas manos.
- No se me ocurre otro sitio mejor en donde estar. - le dijo él sonriendo.
- Eso no es cierto, Josh, tú... - Kate suspiró - Tú tenías planes, antes de que ocurriera esto. Tenías que viajar al Amazonas para planificar tu proyecto... El proyecto de tus sueños, Josh. - dijo ella muy formal.
Josh arrugó la frente recordando como hace un mes el nuevo hospital en Sudamérica ocupaba el 100% de su mente. Todo eso ahora le parecía tan lejano...
- No quiero estar en otro sitio más que aquí, contigo. - le dijo él.
Ella se le quedó mirando fijamente e intuyó su próximo movimiento, avergonzada, intentó soltarle las manos pero él se las agarraba.
- Kate, yo... - dijo él dubitativo.
- No, Josh, no... - dijo ella en voz baja.
- Yo... Te quiero tanto, Kate. - expresó finalmente.
Kate se soltó de su agarre. Bajó la cabeza y sintió sus ojos humedecerse.
- Josh, yo... -suspiró y miró al techo, como buscando fuerzas. - yo lo he intentado, lo he intentado durante estos meses, créeme, pero...
Le miró a la cara. Él parecía un cachorrillo recién abandonado, intentando comprender lo que estaba pasando. Eso lo hizo más difícil.
- Yo no te ... - dijo Kate con un hilo de voz.
No hizo falta que dijese todo, él dio un paso hacia atrás y ella calló para no herirle más.
- Me gustas, te admiro, pero no es suficiente... o al menos, no deberías conformarte sólo con eso Josh. - dijo ella avergonzada- y no es justo que yo reciba tus cuidados si mis sentimientos por ti no están a la altura.
Josh dio otro paso hacia atrás mirándose a los pies. Ella calló y miró por la ventana. Se lamentaba el no haberse dado cuenta antes, el haberle hecho pasar por todo esto...
- ¿Es por él, verdad?
Kate meneó la cabeza lamentando que Josh involucrara a Castle.
- No, Josh, esto es una fase que debo superar sola.
No hubo más palabras por parte de ninguno de los dos. Él sabía de sobra que se había estado engañando estos últimos meses, albergando la esperanza de que ella aclarase sus sentimientos, cuando en realidad él mismo ya sabía la respuesta. Se acercó y la abrazó por última vez, sintiendo su aún más delgado cuerpo entre sus brazos. Ella se mantuvo rígida al principio pero se amoldó y le devolvió el abrazo como diciendo 'Lo siento, Josh, al final no pudo ser.' Rápidamente se separaron y se despidieron con sendos 'Cuídate' susurrados. Kate se quedó sola en su habitación seria y cabizabaja. Josh recorrió el pasillo en dirección a su consulta al borde del llanto.
Dos meses después, Septiembre...
En una soleada mañana de septiembre Kate se paró delante de la puerta de una de las librerías con más solera de Nueva York. No había llegado ahí por casualidad, de hecho sabía desde hace semanas que él iba a estar ahí dentro, firmando ejemplares de su última novela.
Ella misma llevaba su propio ejemplar, que había comprado justo después de volver de su retiro en la casa del lago, hace unos pocos días y que ya había leído, mejor dicho, devorado. Totalmente enganchada a la trama e identificada plenamente con Nikki Heat, supo comprender todo el sufrimiento que había pasado Castle durante el verano y que había reflejado en las páginas que había escrito. Sobre todo ese final, en el que Rook recibe el balazo que iba dirigido a Nikki. Más claro no se podía decir. Castle hubiese dado su vida por ella. Una locura. Se emocionó cuando lo leyó y si no dejaba de pensar en ello empezaría a llorar también ahora, así que echó mano al picaporte del local y abrió la puerta.
El aroma a papel nuevecito la transportó a un momento hace varios años, cuando toda emocionada se colocó en la fila para que el famoso escritor Richard Castle le firmara una de sus primeras novelas. Y ahí volvía a estar ella, con el corazón acelerándose mientras se colocaba en la interminable fila, aún demasiado lejos para verle o que él la viera.
Pensó en esa primera vez, cuando nerviosa y con las mejillas ardiendo, él se le quedó mirando y le preguntó su nombre. "Kate" le dijo ella apenas pudiendo articular palabra de la emoción. Él le sonrió y le dedicó el libro haciendo deslizar la punta de la estilográfica suavemente, con una práctica y destreza que la hipnotizaron. Y para colmo, cuando le entregó el libro lo retuvo un segundo haciendo que ella le mirara sobresaltada, entonces él le dijo "Es imposible no fijarse en esos ojazos que tienes", a lo que ella respondió quedándose de piedra respondiendo con un 'Gracias' y saliendo corriendo de la librería. Como redoble final, cuando años después se encontraron en la sala de interrogatorios de la comisaría, el escritor volvió a fijarse en sus ojos, aquella vez no huyó, pero la descolocó lo suficiente como para parecer una detective novata.
La fila avanzaba a más velocidad de la que ella pensaba que lo haría. Lo normal era entretenerse un poco con cada fan, sobre todo con las fans femeninas, que tal y como pudo comprobar, eran la gran mayoría. Al avanzar la fila, durante un segundo, vio a Castle sentado en un escritorio, ligeramente encorvado, más serio de lo que ella esperaba, firmando a una mujer de mediana edad. Kate sintió un regocijo en le cuerpo al darse cuenta de que en unos minutos volvería a encontrarse con Castle y sonrió levemente. No comprendía como su mente le había traicionado de tal manera durante el verano. ¡Era Castle!. ¿Cómo era posible que su sólo recuerdo le provocara ansiedad hace un par de meses y ahora al verlo se abriese un claro entre las nubes para que entrasen los rayos del sol?.
La cola delante de ella se iba haciendo más corta. Cada vez lo tenía más cerca. El escritor estaba enfrascado a lo suyo y apenas levantaba la mirada de la mesa. Tan sólo echaba un vistazo a cada nueva persona y le entregaba el libro firmado con una leve sonrisa. Entonces Kate se dio cuenta de que estaba triste y su corazón dio un vuelco. Empezó a sentirse inquieta ¿le habría pasado algo malo? ¿o era por ella? Esperase que comprendiese en el fondo se su corazón, que todo este tiempo no había podido enfrentarse a él, pero no porque no quisiese.
Volvió a tranquilizarse al contemplarle 'trabajando'. Cómo tomaba con sus grandes manos los libros, cómo emanaba ese aire de familiaridad con la camisa de cuadros que llevaba, parecía más... no, estaba más... bueno, digámoslo claro: había engordado, pero por alguna razón eso sólo lo hacía más adorable.
Castle siempre había sido fuerte pero ahora Kate sólo podía pensar en cómo sería abrazarlo, sentir el calor de su cuerpo y la suavidad del tejido de su camisa en sus manos. Entonces ella se miró a si misma un poco preocupada, aún tenía que ganar unos kilos después de todo lo que había pasado, esperó que a Castle no le importara que ella estuviese tan delgada.
Sólo faltaban un par de personas, pero él ni cuenta. Ahora incluso podía oír su voz '¿A nombre de quien?'... 'Gracias por venir'. Muy seria. Madre mía. La mezcla de la emoción de volver a estar cara a cara, mezclada con todos los sentimientos que había pasado durante el verano, hizo que casi se mareara. Respiró hondo un par de veces, intentó calmarse, bajó la cabeza. Ya oía su perfume, eso la subió al séptimo cielo. Tan cerca. Tan cerca.
- Kate. - dijo entregándole el libro.
Ahora fue él quien alzó la mirada, quedándose petrificado.
El doctor Davidson surcaba la autopista a lomos de su moto. Quería provechar sus últimos días en New York antes de partir al Amazonas, y sentir el mecer de las curvas de la carretera en su cuerpo era uno de los placeres que no iba a poder disfrutar allá a donde iba. Era temprano, pero la templada mañana le permitía disfrutar de la brisa rozando sus brazos sin llegar a sentir frío.
Contempló el paisaje. Inconscientemente, pensó él, se encontraba cerca de aquel sitio... aquella cuneta que le había cambiado la vida y que durante varios meses le hizo creerse que era feliz. Y lo fue. Fue muy feliz. Pero se acabó. Ahora tocaba vivir otras experiencias. Lejos de allí. Aceleró dejando atrás el sitio en donde conoció a la detective Beckett sin dejarlo de mirar por el retrovisor haciéndose más y más pequeño hasta que finalmente desapareció. 'Ojala le fuera tan sencillo olvidarla a ella', pensó, dejando escapar una mueca con sabor agridulce.
FIN.
Muy Beckett. Muy Intenso. Ay! Que me he emocionao!
Ha sido todo un logro concentrarme para escribir una historia tan larga, pensé que lo iba a dejar a medias, pensé que sólo iba a lograr unos pocos capítulos sueltos y que no iba a ser capaz de hilvanar (casi) toda la temporada 3 de Castle.
Empecé a finales de septiembre del año pasado a escribir 'en sucio' el primer capítulo luego el segundo luego... salté a escribir estos dos últimos episodios... luego escribí algunos de en medio, vamos que fue un batiburrillo de capítulos hasta que hace un par de meses empecé a publicarlo ya ordenado, limpio y bien. En total 9 meses, como un embarazo del que han nacido más de 42.000 palabras, jeje.
Felicidades a quien haya llegado hasta aquí y, por supuesto, gracias por leer y comentar. Si no llega a ser porque al otro lado de la pantalla estáis vosotros/as leyendo seguramente esta historia se hubiese quedado guardada en mi escritorio o guardada en mi cabeza, así que gracias por ser un estímulo más para lograr publicar esto.
Terminado una calurosa mañana de un 28 de junio del 2014 con ganas de pasar un verano tranquilito a orillas de alguna playa.
