4. El viaje más costoso
Candy pasó más de dos semanas sin saber de Neal, por un momento creía que aquella conversación que había tenido con él había sido obra de su ávida imaginación. Octubre había entrado junto con un frío atroz, Candy presentía que el invierno se iba a adelantar ese año, a diario se gastaba una carga de leña para mantener su pequeño departamento en una temperatura agradable.
El sol ya se había ocultado cuando alguien tocó a su puerta. Perezosamente Candy fue a abrirla.
- Buenas noches Sr. Thomas.
- Tiene llamada – le informó secamente
- Gracias
Candy salió del departamento y siguió al señor Thomas hasta el vestíbulo donde un teléfono estaba clavado en una pared. Ese era el único aparato en el edificio y era el que usaba ella y los otros arrendadores.
- Hola – saludó la chica – Ahh, Hola Annie,… si, aquí voy a estar… ¿vas a venir?... no, no hay problema, aquí te espero… ésta bien, aquí nos vemos.
La muchacha colgó el auricular y subió rápidamente a su departamento, el cual era un caos, si bien no había sabido nada de Neal no le había impedido comprar cosas para su futuro viaje, había adquirido en una tienda de segunda mano un baúl lo suficientemente grande como para meter gran parte de sus pertenencias, lo tenía abierto a mitad de la sala, ya con algunas cosas dentro. Candy miró hacía todos lados, tenía que ocultarlo, metió casi todos lo que tenía regado por la sala allí, incluidos unos paquetes que aún estaban envueltos porque los había comprado apenas hacía unas horas. Una vez que hubo metido todo en el baúl al querer empujarlo pudo notar que estaba bastante pesado, imprimiendo toda su fuerza logró empujarlo hasta su recamara, donde lo cubrió con unas cobijas, después cerró la puerta y se dirigió a la cocina para preparar algo para ofrecerle de cenar a su amiga.
Apenas había terminado cuando escuchó el carruaje, fue al cuarto de baño, se repasó el cabello con un cepillo y practicó su mejor sonrisa para recibir a Annie. La puerta sonó unos segundos después y Candy la abrió.
- ¡Candy! – dijo con emoción Annie – me parece que han pasado siglos desde la última vez que nos vimos.
- No exageres – contestó Candy sonriendo – fue hace un poco más de un mes.
- ¿Y te parece poco? – preguntó su amiga
- Pues no creo que sea demasiado… ¿quieres un café? Debes de estar helada.
- Si, te voy a aceptar un café – dijo la muchacha al tiempo que se despojaba de su grueso abrigo y lo colgaba en el perchero - ¿Has estado muy ocupada últimamente verdad?
- ¿Ocupada? – preguntó Candy con aire inocente – Bueno, si un poco, en el hospital ha habido mucho trabajo, pero yo estoy perfecta como siempre.
Candy colocó los cafés sobre la mesa de centro y regresó a la cocina para sacar un plato con pastas.
- Sé que no son tan finas como a las que estas acostumbrada, pero a mí me parecen sabrosas.
Annie sonrió con un ademán por demás afectado.
- Son deliciosas – dijo después de probar una – no tienes nada de que preocuparte
- ¿Todo bien contigo?
- Sí, todo igual – dijo ella - ¿y contigo?
- Trabajo y más trabajo, ya te lo dije…
- Recibí carta de Patty ¿sabes?
- ¿De verdad? – mencionó Candy
- Así es, dice que vendrá el siguiente mes…
- Sí, algo me comentó. Pero yo que ella me quedaría en Florida, aquí ésta haciendo demasiado frío – apuntó la chica rubia.
- ¿Sabes? –Annie miró de reojo a Candy - Los Andley están preparando una fiesta de caridad para el día de Gracias. ¿vendrás?
- Lo siento, yo no creo poder asistir, porque de hecho ese día Patty me ha pedido pasarlo aquí.
- Pues lo puedo solucionar fácil, la invitaré también a ella.
- No creo que Patty esté lista para una fiesta llena de gente y menos una fiesta en la mansión Andley.
Los ojos azules de Annie se abrieron mucho.
- Cierto, ¡que tonta he sido!- se llevó la mano a su pecho - Ella no puede ir allí, por un momento se me olvidó por completo
- Así que creo que será mejor que la reciba aquí ¿no crees?
Annie dibujó una sonrisa ensayada en su rostro.
- Claro, creo que es lo mejor
Candy miró a Annie, era evidente que no le agradaba la idea de que ninguna de sus amigas la acompañara a la recepción de los Andley, pero la chica rubia lo último que quería era estar con ellos sabiendo que podían echar a perder sus planes.
La muchacha soportó el resto de la visita de Annie, que a partir de ese momento no paró de hablar de banalidades que a la joven enfermera no le importaban en lo absoluto, así que mientras sonreía y asentía sin escuchar realmente solo pensaba en las cosas que le harían falta para irse de viaje. Cuando menos se dio cuenta la joven de ojos azules se estaba despidiendo. Candy se levantó del asiento y acompañó a su amiga hasta la puerta.
- Candy… - dijo vacilante la muchacha
- ¿Qué?
- No, nada… que descanses.
Candy se quedó mirando a Annie quien parecía debatirse entre si debía decirle lo que estaba a punto de decir o no hacerlo, finalmente Annie sonrió y se dio la vuelta para desaparecer por la escalera, la joven rubia se encogió de hombros y con mucho esfuerzo volvió a poner el baúl donde estaba antes de que Annie llegara.
Sacó una libreta y comenzó a hacer unas anotaciones, estaba muy entretenida cuando alguien tocó a su puerta, Candy se levantó dando un respingo, lo más probable era que Annie hubiera regresado, no tenía tiempo de volver a meter todo en su habitación, así que respiró profundamente y se adelantó hacía la puerta, con cuidado la entreabrió y miró la silueta de un hombre que miraba hacía la escalera.
- ¿Neal? – preguntó Candy al tiempo que sentía cierto alivio
El muchacho se giró sobre sus pies y torció la boca cuando miró a Candy.
- Buenas noches – saludó fríamente.
- ¿sucede algo? – preguntó Candy un poco contrariada.
- ¿Puedo pasar?
- Si, si – se apresuró a decir la muchacha – adelante
Neal entró a la sala del pequeño departamento de Candy, miró el baúl y el resto de las cosas que la chica tenía regadas por todo el lugar. Alzó una ceja y después giró su cara.
- ¿Es que ha explotado una bomba aquí? – dijo al tiempo que sonreía torciendo la boca
- No, no – se apresuró a decir Candy mirando el lío que había sobre los muebles
- ¿Entonces? – inquirió el joven Leegan
- Pues… - la muchacha dudo un poco.
Neal pareció disfrutar del apuro de Candy, mientras que ella simplemente comenzó a meter desordenadamente en el baúl algunos de los paquetes que estaban sobre el suelo.
- Ropa, artículos personales… cualquiera diría que te vas de viaje…
Candy abrió la boca pero no le contestó.
- ¿O es que te mudas?
- Bien sabes para que es todo – dijo finalmente la chica
- ¿Quieres decir que te preparas para un viaje que no sabes si vas a hacer o no?
- No juegues conmigo Neal – espetó Candy – me dijiste que preparara todo para el viaje y ahora te burlas de mi.
- ¡Vaya! – exclamó el muchacho un tanto sorprendido
- ¿Qué? – preguntó la chica enfadada
- Pues que me has hecho caso – contestó Neal.
- ¿Qué otra cosa querías que hiciera?
- No lo sé, pero no esto…
- ¿Qué quieres decir?
-Todo el tiempo digo cosas y nadie me escucha, no entiendo porque me has hecho caso…
Candy apretó las mandíbulas, miró con enojo a Neal.
- Si vienes solo a burlarte de lo ingenua que soy, puedes ir regresándote por donde viniste.
- ¡Qué mal genio tienes! ¿así cuidas a tus pacientes en el hospital?
- ¡¡¡Vete de aquí Neal!!!
El muchacho sin inmutarse se quitó la gabardina que traía puesta y la colgó del perchero, al tiempo que Candy lo miraba con un dejo de desesperación.
- Y también mala anfitriona. No tienes algo para tomar que puedas ofrecerme.
- No, no tengo nada, eso pasa cuando la gente viene sin avisar ¿sabes?
- Así como cuando cierta persona apareció en el club el otro día.
Candy se ruborizó un poco, pero no bajó la cabeza.
- ¡Vete! Estoy ocupada…
- ¿Haciendo qué?
- Tengo que ordenar todo eso en algún lugar ya que me estaba preparando para un viaje al cual siempre no voy a ir…
- ¿En serio? ¿Y porque no vas a ir?
- Porque un idiota me dijo que me conseguiría pasaje y al final no lo hizo…
- ¿De verdad?
- Si, de verdad…
- Deberías partirle la cara por tomarte el pelo de esa manera…
- Me lo estoy pensando seriamente….
- Eso sería una lástima…
- No se perdería mucho – mencionó Candy con un dejo de crueldad en la voz.
- Si, quizá el idiota ese no valga tanto la pena, pero a veces logra cosas buenas…
El joven se acercó a un sillón donde reposaba un grueso abrigo, Neal lo tomó con una mano y lo examinó, para después dejarlo sobre una pila de paquetes haciendo una expresión de asco que Candy trató de no tomarlo personal.
- Pues hasta el momento no he visto esa fase suya… - comentó la muchacha al tiempo que se acercaba para tomar su abrigo nuevo de donde lo había dejado Neal.
- ¿no crees que ese abrigo es muy feo para llevarlo a la cuna de la moda?
- ¿Y qué más da que así sea? Por lo que se, no voy a ir a ese lugar en mucho tiempo.
- ¿Y quién ha dicho eso?
Candy tomó aire y miró a Neal con una sonrisa en el rostro.
- En serio, no me gustan tus juegos Neal, si no vas a hacer nada, necesito recoger esto, así que espero que entiendas que tienes que irte.
- En serio te lo digo, tienes mal humor, acaso ese actorcillo también te quito el buen humor…
- Podrías dejar de insultar….
- Digo lo que quiero, ya te lo he dicho antes…
- Basta, me estas hartando, voy a llamar a la Policía.
- Y perderte un viaje a Francia…
Candy cerró los ojos un segundo, después se dio la media vuelta y se acercó a la ventana. Neal la miró y suavizó su expresión.
- No te enojes
- No estoy enojada contigo – aseveró Candy – estoy enojada conmigo
- ¿Por qué contigo?
- Por confiar en ti, por eso… nunca debí hacerlo.
Neal se levantó y se acercó a ella.
- En serio Neal, lo mejor que puedes hacer es… - pero unos papeles delante de su cara que le impedían la visión, pareció dejarla muda por unos segundos - ¿Qué es eso?
- Los boletos del barco para ir a Francia
- ¿Estás hablando en serio?
- Si – respondió Neal con un gesto de disculpa en el rostro.
- ¿Son reales?
- Claro.
Candy tomó los papeles con avidez y comenzó a leer lo que estaba escrito en ellos, Neal la observaba complacido.
- Oh, Neal, muchas gracias, esto es genial, pero…
- ¿Qué sucede?
- No me sirven…
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Están a nombre de alguien más.
Neal se volvió a sentar y miró a Candy sonriendo
- Si, de verdad que eres ingenua
- Yo…
- Eres más ingenua de lo que creí…
- Pero…
- Candy, no hay manera en que los Andley te dejen salir del país si utilizas tu nombre… así que… para salir de aquí, necesitas adoptar una nueva identidad…
- ¿Bonny Sanders?
- ¿No te gusta? – preguntó sonriendo
- Es lindo, pero no sé si me pueda acostumbrar
Neal soltó una carcajada, Candy levantó la cara mirándolo con el ceño fruncido.
- No es gracioso
- El nombre no, tú lo eres – dijo Neal.
- En fin… no creo que pueda utilizarlo, pero gracias de todos modos.
- Claro que lo vas a utilizar…
- ¿Se puede saber cómo? – le preguntó la chica alzando una ceja – mis papeles están a nombre de Candy… no de esa tal Bonny.
- Además de ingenua me crees un estúpido… claro que no vas a ir con tus papeles… necesitarás otros…
- ¿Vas a sacar papeles falsos? – inquirió Candy un poco alterada.
- ¿De qué otra manera pensabas que ibas a poder salir de aquí? ¿Encerrada en una caja como si fuera un polizón?
Candy bajó la cabeza, y se sonrojó, recordando que ya en una ocasión había viajado de esa manera…
- ¡Ohhh! – Neal volvió a reír con más fuerzas – realmente pensabas que ibas a viajar así… créeme, si esa fuera la idea, no tendrías que haber recurrido a mi…
- Sin embargo este boleto sin esos papeles me resultan igual de efectivos
- Bueno… ya te he dicho que te voy a conseguir los papeles también… solo que he venido a traerte el boleto en prueba de mi buena voluntad.
La muchacha se quedó pensativa, creía que un acto de buena voluntad era muy diferente a lo que estaba haciendo Neal que la estaba mortificando desde hacía cerca de una hora cuando había llegado a su departamento.
- Pero pues claro que no pensarás que no te lo voy a cobrar – dijo Neal – no es suficiente con dar las gracias.
- Eso – declaró Candy muy seria – ya lo sé.
- Me alegra que no lo hayas olvidado...
- ¿Qué es lo que quieres de pago? – preguntó la chica un poco nerviosa por lo que Neal pudiera pedirle
- Esto es algo grande… ¿sabes?
- Si, lo sé – señaló la muchacha mirando el boleto que tenía en la mano.
- ¿Ya viste la fecha del boleto? - preguntó el joven Leegan.
Candy leyó con cuidado y miró la fecha del boleto
- Primero de diciembre – giró la cabeza para mirar a Neal – falta más de un mes para eso.
- Así es…
- ¿No hay otro antes?
- Hay dos barcos que salen durante octubre y dos que salen durante noviembre.
- ¿Por qué no en uno de esos?
- Porque esos barcos pertenecen a los Andley…
- ¡Oh! – exclamó Candy un poco decepcionada
- Este es el primer barco que zarpará hacía Europa… hoy día no se quieren aventurar mucho… a menos que sea uno militar… que en cierta medida están avisados de no dejar subir a nadie de la familia Andley… después de lo de Stear la tía Elroy tomó cartas en el asunto. Así que no esperes mucha ayuda por parte de ellos.
La muchacha suspiró profundamente, realmente tendría que esperar hasta el primero de diciembre, situación que no le agradaba en absoluto.
- Está bien, supongo que no queda más remedio que esperar.
- Así es…
- Entonces ¿Qué es lo que quieres a cambio de los boletos?
- ¿No tienes algo para beber? Tengo más de una hora aquí y aún no me has ofrecido nada
Candy puso los ojos en blanco, sabía que no le estaba pidiendo algo para beber a forma de pago, y podía negarse a servirle algo, pero prefirió no seguir discutiendo con él, se fue a la cocina y comenzó a hacer café, miró las pastas que habían sobrado de la visita de Annie, suspiró al tiempo que sacaba un platón para colocarlas allí, puso la tetera al fuego y espero unos minutos mientras cortaba pan y freía unos pedazos de tocino. Mientras cocinaba no dejaba de pensar en lo raro de aquella situación, nunca en su vida se había imaginado estar sirviendo comida a alguien como Neal. Se asomó brevemente a la sala donde Neal estaba un tanto inexpresivo con su elegante figura dibujada contra la pared.
El agua comenzó a hervir, tomó la tetera y vertió el agua dentro de unas tazas, colocó todo sobre una bandeja para después llevarla a la mesa del comedor que era lo que estaba más libre de cosas. Tan solo la caja de música descansaba sobre ella.
- Ya esta lista la cena.
Neal se aproximó a la mesa e hizo un mohín de disgusto.
- ¿esto es una cena?
- Si – respondió Candy - ¿No te agrada?
- Ni mis criados comen esto… pero eso ya deberías de saberlo ¿no?
La chica obvió el comentario de Neal, y lo miró fríamente.
- Pues es lo único que tengo – señaló Candy de mal humor.
- Creí que las clases que recibiste de Tag iba a serte de provecho… por lo visto me equivoqué.
- No tienes que ser tan desagradable – apuntó la muchacha
- Esto pone en peligro lo que iba pedir a cambio del boleto.
- ¿Pretendías que te hiciera la cena?
- Si, algo por el estilo –dijo Neal al tiempo que se sentaba delante de la mesa.
- Pues no, no se cocinar bien… soy enfermera no cocinera.
El joven Leegan tomó uno de los panes y se lo llevó a la boca.
- Si no te gusta, no tienes porque comerlo – dijo Candy un tanto enojada
- Tengo hambre, y esto es mejor que nada
- ¡Gracias! – mencionó la chica con sarcasmo.
- ¿No tienes ni una botella de vino?
- Solo tengo café – observó la rubia mientras le acercaba una de las tazas
- Tendré que recordarlo…
- ¿Qué?
- Nada… no entiendo, tienes años viviendo sola, ¿cómo le has hecho todo este tiempo para no morirte de hambre?
- Albert cocinaba para mi…
- ¡Vaya! – exclamó burlesco – el honorable tío William haciendo de sirviente para ti…
La muchacha apretó la mandíbula al tiempo que partía el tocino con los cubiertos.
- Bueno en vista que mi primer propuesta no va a funcionar bien… la cambiaré…
- ¿Qué es lo que quieres por los boletos?
- Quiero que me invites a pasar el día de Gracias contigo.
- No puedo, lo siento, lo que pides no puede ser…
- ¿Acaso vas a pasarlo con los Andley?
- No, pero tendré visitas para esa fecha.
- ¿Quién? ¿ese actor de quinta viene a verte?
- No es de tu incumbencia… - señaló la chica enojada
Neal frunció el entrecejo, pero enseguida recobró la compostura.
- Bueno, pues como te dije inicialmente no tienes que aceptar lo que te pida, éstas en tu derecho… No te molestaré más.
- Está bien – espetó la muchacha – puedes venir…
- ¿Cocinarás algo mejor que esto? Avísame, de lo contrario mandaré a alguien para que cocine.
- No te preocupes, yo me haré cargo.
- Muy bien… ese día te diré los adelantos para el resto de tus papeles. Y …- se levantó de la mesa y se dirigió hasta donde su fino abrigo colgaba del perchero – eso tendrá otro costo… pensé que deberías saberlo.
- No esperaba algo diferente.
- Entonces nos veremos pronto.
Sin despedirse salió del departamento. Candy estaba enfadada, sabía que no podía esperar un mejor comportamiento de parte de Neal, se había portado tal y como siempre. Sin embargo al mirar la caja de música suspiró.
- Al menos ésta cumpliendo con su parte – pensó al mirar el boleto a nombre de Bonny Sanders.
Recogió los trastes sucios y limpió la cocina antes de poner cierto orden en la sala para después irse a dormir, acomodó los paquetes sin abrir al lado del baúl, metió con cuidado las prendas que había sacado, al final tomó el grueso abrigo y pensó que realmente era algo feo, pero no podía comprarse algo mejor sin minar seriamente su economía. Dando un suspiro lo metió al baúl junto a las demás cosas.
Entretanto en la mansión Andley en una de las lujosas habitaciones del ala este, una chica de aspecto elegante entró a la oscura habitación con sigilo, después de dar unos pasos tropezó con un banquillo. Sonó un quejido y después alcanzó el interruptor y se encendieron unas lámparas que estaban pegadas en la pared más próxima.
- Estúpido Neal – gruñó la chica - ¿por qué tiene que dejar todo fuera de su lugar?
La joven miró el tenuemente iluminado lugar, y suspiró.
- ¿Dónde habrá dejado mi libro? – masculló – se que él lo tomó…
Comenzó a buscar en la mesilla de noche cuando sintió unos pasos detrás de ella. Giró la cabeza intempestivamente.
- ¿Qué quieres aquí? – preguntó la muchacha enojada
- Se… señorita… – balbuceó la mucama
- Vete de aquí, ¿Por qué has entrado sin llamar?
- Lo siento – dijo débilmente – vi la luz encendida y pensé…
- ¿Piensas? Eso si es una noticia – espetó la joven – Vete antes de que te acuse con la tía Abuela.
- Yo…
- Sal de inmediato… - volvió a ordenar
La mucama salió casi corriendo de la habitación. Mientras que la joven la miraba con desprecio.
- Impertinente – dijo para sí.
Respiró profundamente y se acercó al pequeño espejo que estaba cerca de las lámparas se arregló el cabello que se había salido de su elaborado moño, sus ojos color miel destellaron al fulgor de la luz titilante de las lámparas. Observó su grácil figura y sonrió complacida. Bajó la vista y se encontró con el libro que había estado buscando.
- Sabía que lo tenía – murmuró.
Levantó el libro con su enguantada mano cuando miró unos papeles que estaban debajo. Dejó a un lado el ejemplar y tomó las hojas y comenzó a leer despacio. Comenzó a pasar de una a otra hasta que llegó a la última.
- ¿Ves algo que te guste? – se escuchó una voz detrás de ella
- Neal – exclamó dando un respingo
- Eliza – respondió él sin inmutarse
- ¿Dónde estabas? – preguntó Eliza un tanto nerviosa
- No es de tu incumbencia
- Hoy había cena familiar ¿por si no lo recordabas?
- Si – comentó impasible – claro que lo recordé, por eso me esfumé… no quería pasar otra noche de interrogatorios.
- Hoy sucedió algo importante…
- ¿Qué? No espera… - le dijo haciendo un gesto con la mano – déjame adivinar… ¿acaso mamá le mostró otra lista de muchachas casaderas que mueren por comprometerse conmigo?
Eliza apretó la mandíbula y volteó la cabeza hacía otro lado.
- Claro ésta que no te rindes – comentó, mostrando por primera vez una ligera nota de enojo en su voz – ¿crees que no se que eres tú la instigadora de esas listas?
- Yo….
- Si hermanita, se que tú has estado maquinando con mi madre tus ideas insensatas sobre como acrecentar la fortuna de la familia….
- Estás equivocado… - espetó Eliza
- Claro que no lo estoy, y lo sabes – Neal se sentó sobre su cama – No me interesan tus ideas…
- Deberían de interesarte
- ¿Por qué? – preguntó el muchacho – para ganarte la venía de la tía Elroy nuevamente, o será que simplemente no puedes soportar que ya no necesito esconderme bajo tus enaguas como cuando éramos niños.
- Estás siendo un impertinente – exclamó la joven
- Tus insultos no me afectan…
- Deberías…
- La que debería – dijo interrumpiendo a su hermana – explicar que hacía en mi habitación, husmeando en mis cajones, eres tú…
- ¿Desde cuándo tan quisquilloso? – inquirió Eliza con un dejo de nerviosismo en la voz
- Desde que no tenemos las mismas prioridades…. Así que deja lo que traes en las manos justo donde lo encontraste…
- Solo vine a buscar mi libro…
- Llévate el estúpido libro, no me refería a eso sino a los documentos…
- ¿Así que quieres esto? – preguntó la muchacha con una sonrisa en la boca mientras se abanicaba con las hojas que llevaba en la mano.
- Ni siquiera lo pienses…
Eliza se acercó a la chimenea, sobre la cual había un paquete de cerillas.
- Puedes hacerlo, pero de nada te va a servir…
- ¿En serio? – preguntó de forma perspicaz Eliza
- Puedo volver a obtenerlos…
- ¿Para qué quieres estos documentos?
- No te interesa…
- Supongo que a la tal Bonny Sanders tampoco le interesaran.
Neal marcó la preocupación en su cara, y Eliza sonrió aún más.
- ¿Entonces es eso? ¿Te has enamorado? Por eso no quieres saber nada de las listas de mamá, ¿Qué tipo de mujerzuela es esa Bonny Sanders?
- Lo que dices son una sarta de tonterías, esos papeles no son míos…
- Eso hermanito… es evidente…
- Son de… - Neal bajó la vista – de alguien a quien estoy haciendo un favor…
Eliza soltó una carcajada
- Tú no haces favores a nadie – sentenció la muchacha – dime que ésta sucediendo
- No te voy a decir nada – apuntó Neal – puedes quemarlos si gustas
- Eso haré, e inmediatamente después acudiré con Gordon para que no puedas pedir más papeles.
Neal palideció ante la declaración de Eliza. Y ella dibujó una mueca en su rostro.
- Espero que no creyeras que eres el único que conocía los servicios que ofrece Gordon. Y como has dicho, estoy obteniendo de nuevo la venía de la tía Abuela, créeme podría conseguir el dinero suficiente para comprar no solo a Gordon sino a tu completo séquito de malandrines que haces que te ayuden cuando no quieres recurrir a los Andley. Así que más te vale que la semana que viene estés presente así como al asado de mañana…
- Debes de estar bromeando
- Me conoces mejor que eso…veamos aquí hay 7 documentos, te regresaré uno por cada semana... si en alguna faltas a un solo evento vete despidiendo de esto…
El joven Leegan apretó la mandíbula, después de que su hermana cerrara la puerta tras ella, tomó uno de los muñequitos de porcelana que descansaban sobre su mesilla de noche y lo arrojó contra la chimenea rompiéndose al contacto con la piedra. Se levantó de la cama, tomó su gabardina y salió de su cuarto.
- Bajó las amplias escaleras y se dirigió a la puerta.
- ¿A dónde crees que vas?
- Fuera… - respondió Neal de mala gana - ¿Qué no es obvio?
- No puedes salir.
- Eliza, entiende que tengo mis propios asuntos…
- No me importa, a menos que quieras que haga efectiva mi amenaza…
- Déjate de tonterías – espetó el muchacho
- Yo no digo tonterías, y no empieces juegos conmigo que bien sabes que no vas a ganar…
Neal miró con furia a su hermana. Y observó que iba bastante bien arreglada, con uno de sus mejores vestidos de satín, su aderezo de perlas y su cabello en un elegante moño.
- ¿Vas a salir? – inquirió el muchacho
- Corrección, vamos a salir – le contestó sonriendo al tiempo que hacía una mueca
- Tienes razón, tú por tu lado y yo por el mío. – mencionó Neal con testarudez – porque no tengo intención en ir contigo.
- Creo que no te ha quedado claro – murmuró Eliza con un dejo de maldad – tú me perteneces, o mejor dicho esos documentos de esa mujerzuela de la que estas enamorado me pertenecen y si no quieres que terminen en la chimenea tendrás que hacer lo que te digo…
- Eres una…
- ¿Qué? ¿Qué soy? – comentó Eliza alzando una ceja – espero que no trates de ofenderme…
El muchacho apretó fuertemente los puños, estaba atrapado cual mosca en una telaraña, siempre había sido cómplice de su hermana, al menos eso había sido hasta hacía unos años, en que esa situación había cambiado. Su relación con Eliza había cambiado desde el momento en que él había empezado a tomar decisiones por si mismo, desde que había comenzado a hacer caso a sus sentimientos.
Cada vez se convencía más de que su hermana se había vuelto más fría que el hielo. Nada la conmovía… solo recordaba a una persona que en realidad le había importado a ella, y esa persona ya no estaba allí para volverla de nuevo el ser humano que alguna vez había sido… Si, no quería admitirlo, nunca le había agradado tanto como al resto, pero Anthony, él siempre sabía sacar lo mejor de las personas y definitivamente había sacado siempre lo mejor de su hermana.
- No te quedes callado como un bobo y pide por el carro.
- ¿quisiera saber al menos con quien vas a arrastrarme? – quiso saber el muchacho.
- Con Tinna, y por lo que se, ésta bastante interesada en mi hermano.
- ¿En mi o en el dinero de los Andley?
- ¿Acaso no es lo mismo?
- Esa Tinna es realmente fea, no me interesa en lo absoluto.
- Pues te sugiero que empieces a ser más tolerante con ella… porque es la única heredera de la familia O'Connor lo que la hace bastante guapa a los ojos de cualquiera.
- Pues tiene mala suerte entonces de que yo no sea cualquiera… o en este caso de que el tío William no tenga malos gustos.
- Bromeas ¿verdad? – dijo Eliza riendo – tú serías nada sin el apellido Andley y el tío William tiene un pésimo gusto, mira que defender tanto a esa huérfana y haberla adoptado. Claro que tiene un pésimo gusto.
Neal torció la boca, y miró displicentemente a Eliza, tomó aire y le ofreció el brazo.
- Muy bien hermanito, finalmente entiendes quien manda aquí.
Eliza sonrió pero Neal no mutó su expresión de aborrecimiento, y ambos salieron de la mansión para dirigirse al automóvil de los Andley. Mientras iban camino a la mansión O'Connor, el joven Leegan no dejaba de preguntarse por qué Tinna los citaba a tan altas horas de la noche, cuando llegaron al lugar, alcanzaron a escuchar la música que sonaba en el interior, caminaron hasta la entrada y el mayordomo los guió hasta el sótano. Neal se asombró de ver una réplica del salón de juegos al que asistía.
- Veo que te gusta lo que ves – dijo Eliza – Tinna se tomó la molestia de ir a ese lugar del que no sales y mandó acondicionar su sótano
- No puedo creerlo – mencionó Neal, pensando en que esa chica se había tomado demasiadas molestias.
- Eliza, me alegra que hayas podido venir – La chica miró a Neal complacida – y más aún que tu hermano también venga.
- Buenas noches – saludó el muchacho.
Tinna con su ancha nariz y su prominente mandíbula sonreía, no era lo que podía llamarse una mujer bella, de hecho estaba lejos de serlo, sin embargo la sonrisa la hacía ver más agradable, ya que cuando estaba seria su cara se parecía mucho más a la del señor O'Connor que a la de su madre. Vestía lujosamente, quizá después de Eliza era la que mejor vestía de todo el lugar que estaba abarrotado de damas y caballeros de la alta sociedad de Chicago, su vestido dorado con bordados en hilo de plata y la fina gargantilla que usaba alrededor del cuello resaltaban la figura de la chica, haciendo que el vestido cumpliera su cometido.
- Espero que disfrutes la velada – dijo Tinna
- Gracias – contestó el muchacho sin mostrar el más mínimo entusiasmo
- Yo quisiera que tu buen amigo Jordan me enseñe a jugar póquer, me lo ha prometido – manifestó Eliza muy sonriente.
Eliza se dirigió hasta donde Jordan estaba mientras que Neal se quedaba en compañía de Tinna. Mientras miraba lo que hacía solo hace unas semanas habría sido una fiesta que él hubiera disfrutado al máximo, ahora se sentía fuera de lugar, se sentía atrapado y pensó que su propio juego se había revertido y que aquello le iba a salir más caro de lo que hubiera imaginado.
Mientras tanto Candy había terminado por fin de poner algo de orden a su pequeño apartamento no podía permitirse que algún otro de sus amigos apareciese por allí sin dar aviso y así no poder ocultar las cosas, de esa manera de abstendría de decir mentiras, el armario había quedado abarrotado sin apenas espacio para su ropa, había tenido que sacar los uniformes de enfermera y los tenía colgados de un clavo en la pared. Candy se había colocado su bata y había accionado por enésima vez la llave para hacer sonar la música de la caja de madera.
Suspiró al tiempo que apagaba la lámpara para quedarse a oscuras escuchando la música de aquel vals que tantas veces había rememorado en las últimas semanas. Sin embargo a diferencia de los otros días la cara de Neal interrumpió su maravilloso sueño de aquel vals. No sabía cómo le explicaría a Patty la presencia del muchacho que durante años le había hecho la vida imposible, además de volver a pensar en los encuentros que habían tenido últimamente, cada uno había estado lleno de continúas burlas y le había hecho pasar mal. Seguía pensando que lo valía, cada vez que se detenía a pensar en aquella visión que había tenido en Lakewood sabía que iba por buen camino, apenas había decidido ir a Francia las voces habían desaparecido, no estaba segura, a lo mejor todo era parte de su imaginación pero ella había tomado ese silencio como la señal que esperaba de que lo que estaba planeando era lo correcto, no obstante ese viaje estaba resultando mucho más costoso de lo que hubiera imaginado en un principio.
Con ese pensamiento se durmió, esperando que el precio no fuera más allá de lo que ella pudiera pagar.
