SI, VOLVI.

NO, NO ES UNA ALUCIANCIÓN.

VUELVEN LAS ACTUALIZACIONES :):)...

AMO VOLVER A FANFICTION...

ESTE CAPI ES UN POCO CORTO, PERO ESPERO QUE LES GUSTE...UFFFF 2 MESES DESDE LA ULTIMA VEZ QUE ACTUALICE, LO SIENTO!

ADELANTO AL FINAAALL!

(lamento haber tardado, lo tenia desde la mañana, pero no se porque la pagina no cargaba) espero que les guste!:)


¿Por qué no?


Capítulo 19: Silver Wolf.

BELLA POV

Apoyé mi cabeza contra la mesa de la cocina.- Reprobare este examen- llevaba toda la mañana estudiando matemática, no había caso, no entendía ninguno de los ejercicios, y Paul, quien me explicaba, comenzaba a perder la paciencia.

Él soltó una risa.-No reprobarás Bella.-Yo negué con la cabeza. Me sentía inútil y frustrada.-Hagamos una pausa, y más tarde seguimos con esto.-ofreció. Ladeé mi cabeza y lo espié por entre uno de los mechones de cabello que cubrían mi rostro, estaba serio pero sereno.

-¿De verdad?-Él asintió.

Con un suspiro cerré mis libros de matemática y los puse a un lado. Paul me sonrió tranquilamente, pero tenía la seguridad que al finalizar el día, querrá lanzarme por la ventana desesperado.

-Sé lo que estás pensando Bella y no pasará.-Yo me encogí de hombros.

-No estaría tan segura.

Él se levantó de su puesto rápidamente y se posicionó frente a mí, tomó mi rostro entre sus manos delicadamente y me obligó a verlo a los ojos. Él buscaba algo, algo que quizás encontraría, algo que yo tenía atorado en mi garganta desde hace unos días y que tenía mi cabeza dispersa. –Muy bien, esto se acaba aquí. ¿Qué sucede? Estás distraída, callada, seria. ¿Estás bien?-Él lucía preocupado y eso me hizo sentirme como una mala persona.

Me levanté de la silla y apoyé mi cabeza en su hombro.-Lo siento.-A veces sólo necesitaba que me abrazara y me sostuviera en silencio, parte del proceso de ser su impronta, era que él sería lo que yo necesitara que él fuera, y justo ahora lo necesitaba a él.

Nos movimos a la sala en silencio, aún era temprano por lo que ninguno tenía hambre.-¿Estás bien?-Negué con la cabeza, él me abrazó más fuerte contra sí mismo.

-Elizabeth quiere que viajemos a Australia.-Él se tensó.

-¿Australia? ¿Cuánto tiempo?-preguntó él viéndome a los ojos.

-Es poco tiempo. Una semana o dos máximo.-Él suspiró aliviado.

-¿Qué tiene de malo entonces?-preguntó confundido.

No era que tuviera nada de malo, era que estaba nerviosa. ¿Qué si me pasaba algo allá, algo como lo que me sucedió en la presentación? Allá no tendría a un Paul que corriera a mi rescate, no estaría en mi país, creo que eso era lo que más temía.

-¿Bella?-instó.

- En sí, nada. Es sólo que me pone nerviosa.-Él rió y depositó un beso en mi frente.

Seguimos conversando un rato, durante el cual hicimos una pausa para pedir unas pizzas. Él siendo el pozo sin fondo que es se comió una pizza completa y más de la mitad de la mía. Nunca entendería como comen tanto y no engordan.

-Te vas a poner gordo-bromeé, sabiendo que a veces le molestaba que le dijera eso, cuando sabía que no engordaría. Pero no soy yo si no lo hago rabiar un poco. Esta fue de esas ocasiones en las que simplemente rodó los ojos y me ignoró. –Definitivamente es mejor regalarte cualquier cosa que llevarte a comer, me dejarías en banca rota.-ante eso, él sólo sonrió y guiñó un ojo.

Luego de nuestra corta pausa, seguimos con mis fallidos intentos de entender los problemas de matemática. Poco a poco me di cuenta que estaba entendiendo cada vez más los problemas que Paul me explicaba.

-Bien, ahora haz tu los primeros ejercicios-Con un poco de nerviosismo lo intenté, tardé más de lo que Paul tardaba en explicarme un ejercicio, pero era mejor lento pero seguro. Tuve dos ejercicios de 4 buenos, los otros dos tuve que repetirlos bajo la atenta mirada de mi novio. Tras dos intentos de hacerlos, los tuve finalmente buenos. Así pasamos la tarde, él explicándome y yo resolviendo los ejercicios y mis dudas.

Charlie llegó temprano a casa, y nos encontró estudiando, lo que hacía que Paul sumara puntos en su lista, mi padre no estaba particularmente emocionado con lo seria que se estaba volviendo nuestra relación, tenía sus reservas, como todo padre con su única hija, y encontrar a Paul explicándome matemática, cuando podría estar haciendo cualquier otra cosa, hacía que papá se sintiera más agradecido hacia él.

Charlie tomó una taza de café y se retiró a la sala a ver televisión.

Unas horas después Paul y yo terminamos de resolver los infames ejercicios, y él tomó sus cosas para irse pues le tocaba patrullar por la reserva. Sorprendiéndonos a ambos, Charlie lo invitó a quedarse a cenar, oferta que mi novio tuvo que rechazar con la excusa de que su padre lo necesitaba en casa, ya que había pasado todo el día fuera de ella, Charlie lo despidió con una sonrisa, recordándole que ésta era su casa cuando quisiera.

Acompañe a Paul a la puerta y no pude evitar reír con la extraña situación.

-Creo que le agrado por fin a tu padre-murmuró divertido.

-Siempre le agradaste, solo que no lo demostraba.-le di un casto beso en los labios-Ten cuidado por favor-Cada vez que le tocaba patrullar de noche, me ponía ansiosa, y revivía inconscientemente la vez que aquella vampira lo atacó.

-Lo tendré. Descansa- me dio un último beso y se fue.

-Gracias por ser amable-le dije a Charlie.

-Hey, siempre soy amable-replicó.

Yo sonreí divertida y alcé una ceja. Le di un beso en la mejilla y me retiré a mi habitación. Como todas las noches me senté en el alféizar de la ventana, dejando que el frío de la noche me abrazara por unos segundos. Miré la luna, la cual estaba en cuarto creciente, apenas y se notaba, no estaba muy iluminada, lo que me ponía más nerviosa. No sé que tan buena sea la vista de los lobos en la noche, pero ciertamente la escasa iluminación que había no hacía nada por mis pobres nervios.

Como la otra noche, un lobo de color plateado resaltaba contra la oscuridad de la boca del bosque, inclinó la cabeza hacia abajo como si hiciera una reverencia. Y tal como la otra noche, sacudí la cabeza pensando que un animal no era tan inteligente. Esta vez no me retiré de la ventana, sino que recosté mi espalda y cabeza en el marco de la misma y me quede observando el cielo. En Phoenix se veían más estrellas, pero el calor lo hacía una tarea menos…espiritual. El manto estrellado que era el cielo de Forks era tan especial, procuraba una libertad diferente. El lobo que había visto hacía un rato parecía no quitar su mirada de mí, era extraño. ¿Estaría herido?

Siguiendo mis instintos de la madre Teresa de Calcuta de los animales, me coloqué un suéter y saliendo por la puerta de la cocina caminé lentamente hacia el lobo, intentando no asustarlo en caso de que estuviera herido. Si Paul se entera que caminaba hacia un lobo se armaría un buen lío, y ni hablar de Charlie, tan estricto en sus medidas de seguridad.

Cuando llegué al lobo, éste esperaba tranquilamente, sentado en sus patas traseras pero sin despegar su mirada de mí. Era tan extraño. Siempre había querido tener un perro, pero Renée no me dejaba. Con un poco de temor acerqué mi mano hacia la cabeza del lobo, quien se quedó quieto, de no ser porque sentía su respiración contra la palma de mi mano, juraría que había dejado de respirar.

El lobo se dejó acariciar, cerró los ojos y apoyó su cabeza contra mi mano. Durante un rato acaricie su cabeza y sus orejas, hasta que se separó abruptamente de mí, y con trote ligero se internó en el bosque. No estaba herido, eso era seguro. Me encogí de hombros y volví mi espalda para ir de regreso a mi casa.

Unos brazos me aprisionaron por la espalda y estuve a punto de gritar a mi padre cuando taparon mi boca.

-Shhh…Soy yo-susurró Paul contra mi oído. Relajé mi postura pero no pude evitar temblar, mi corazón estaba acelerado por el susto que había recibido. Mi mente estaba todavía en el lobo plateado que acababa de ver.

-Demonios Paul-susurré con voz temblorosa cuando él destapó mi boca. Recibí una risa de su parte, una risa animal, gutural.

-Lo siento. Estabas tan concentrada. ¿En qué pensabas?-Su repentina pregunta me confundió.-Bella, estabas sentada en la ventana de tu habitación mirando detenidamente el cielo.

¿Cómo sabía eso?

Vocalicé mi pregunta.

-¿En serio no sabes?-parecía sorprendido.

-¿Saber qué?-pregunté a la defensiva cruzándome de brazos más para mantener el calor en mi cuerpo que para parecer intimidante.

Rió-Bella, yo soy el lobo plateado al que has estado acariciando

¿Qué?


¿Que tal?

Es corto lo se, apenas 4 páginas, pero no estoy muy inspirada hoy... PEEEEROOO ADELANTOOOOO


ADELANTO

Estaba sentada en la mesa del cafetín con todas las chicas almorzando cuando cinco chicos nuevos entraron por la puerta. Eran hermosos a su manera, pero habia algo...espeluznante en ellos. No podía definir que exactamente, pero no pondria mis manos al fuego por ellos.

Una petiza de cabello negro, acompañado por un chico de porte leonino de cabello rubio, un chico de cabello oscuro y rizado acompañado por una chica rubia escultural, y un chico que iba solo de cabello cobrizo. Ninguno miraba a nadie en la habitacion, como podria esperarse de alguien nuevo. Simplemente siguieron su camino como si fueran dueños del lugar.

...

...

...

Cuando le contamos a la manada de los nuevos integrantes, Paul perdió el control y salió de la casa temblando y rugiendo enfadado. ¿Quienes eran estos chicos nuevos y porque enfadaban tanto a los lobos?