Fairy Tail no me pertenece. Si fuera mío, sería oscuro y romántico a la vez (pese a que este capítulo de oscuro no tiene absolutamente nada, je) y bueno, no sería Fairy Tail. Le pertenece a Mashima y su genialidad.
La besaba en el cuello, en sus mejillas, en sus sienes. La acariciaba largamente, y las caricias que antes nunca pasaban de su cintura quisieron bajar. Ella lo quitaba siempre, con una mirada de reproche que aunque no era severa, lo detenía.
No era el apartamento de la rubia sino el hogar del chico, era su cama. Algo en su propio hogar, aquel donde había estado desde siempre, hacía que no quisiera detenerse, que ya no existieran más trabas. Que la mujer bajo él, que proclamaba su novia, fuera más que eso y se convirtiera en su amante, su mujer.
Tanteó los límites de la blusa, de sus mangas, los bordes de su enagua que aunque corta, marcaban territorio vedado; pronunció una exclamación quejosa, la ropa le estorbaba.
-Natsu- pronunció ella entre susurros, interrumpiendo su beso- ¿pasa algo?
Natsu la miró. Matrimonio, casi podía escuchar las palabras de Erza en su mente. La miró de nuevo, y vio sus cabellos desordenados, su respiración entrecortada, su rostro hermoso que lo miraba con nerviosismo.
-No hay nadie como tú, Lucy.
-Natsu...
Las mejillas sonrosadas de la chica únicamente provocaron más al dragón slayer, que la encontró de ese modo más hermosa que en cualquier otro momento que hubieran vivido en un día anterior. No había otra que pudiera hacerlo sentir igual…
Se dedicó a besarla nuevamente, esta vez sin la fogosidad que habían tenido hasta hace un momento, y fue bajando lentamente por su cuello, llenándola de besos húmedos que la hicieron estremecer. Ella acalló un pequeño gemido y él sonrió interiormente, podía escucharlo todo, inclusive lo que deseaba silenciar. Y estando así juntos, le gustaba.
Guió una de las manos de Lucy hacia su espalda, instándola a acariciarlo. Lucy era algo torpe, pero dulce. Se estremeció al primer contacto, dudando si continuar.
-Sigue… Se siente muy bien- ronroneó Natsu junto a su oído, y no necesitó más.
Natsu empezó a subir poco a poco su falda en la parte de las caderas, y Lucy estaba tan sumergida en su propio mundo, que apenas si lo notó. Sonrió enternecido, feliz ante la correspondencia. Fue introduciendo lentamente las manos bajo la tela que cubría su torso, a lo que ella se alejó sorprendida.
-Natsu…
-¿No quieres, o te avergüenza?- le contestó él, dándole un beso corto sobre los labios. Acarició sus cabellos, despejando su frente, antes de continuar con voz de súplica- Déjame seguir…
-No quiero, Natsu…
-¿Y si me dejas quitarme la camisa yo?
-Natsu, no tenemos protección…
-No hay que llegar hasta el final.
Calló el argumento de Lucy con otra ronda de besos, y en un momento dado se incorporó a medias, tirando al suelo su camiseta. Sonrió pícaramente, y Lucy por un momento dudó. Su Natsu frente a ella, medio desnudo, sonriente y tratando de seducirla, estremecía hasta lo más profundo su interior.
El por su parte decidió cambiar de técnica. Recorrió con besos todo el borde de su escote, llegando a todo lo que la tela le permitía alcanzar, que era bastante. La acarició lo más dulcemente que pudo, y se perdió poco a poco en el aroma que tanto amaba, en la suavidad de esa piel. Lucy era enloquecedoramente suave…
-Déjame seguir.
su ruego fue calando cada vez más profundo en Lucy hasta que, en un momento de descuido y tomando como aprobación uno de sus gemidos, Natsu posó una de sus manos sobre sus pechos, mientras que del otro lado apoyó completamente la cabeza. Era la osadía suficiente por el que cualquiera se llevaría una bofetada, pero no lo hace una mujer enamorada en un momento de debilidad. Lucy se agitó y solo atinó a darse la vuelta, completamente sonrojada.
-¿No confías en mí?
-No es eso…
-Déjame llegar donde nadie ha llegado.
-¡No digas esas cosas!
-¿No quieres?
-Natsu…
-No pasa nada, Lucy...
La abrazó de nuevo, abarcándola por completo, y le dio la vuelta, posándola sobre él. Empezó a quitar despacio la chaqueta que cubría sus hombros, esperando alguna resistencia, pero nunca llegó. Lucy sonrió tranquila, dándole el pase a lo que quería conseguir.
-Te amo.
Como si necesitara más confirmaciones. La besó nuevamente con pasión desatada, lleno de amor, de agradecimiento por tenerla a su lado, de alegría. Repleto de ese calor que dan quienes pueden amar y ser correspondidos.
Retiró uno a uno los botones de su blusa, dejando al descubierto un sujetador de encajes, seductor pero a la vez sencillo. Agradeció la casualidad de que tuviera su cierre adelante y lo soltó, dejando al descubierto lo que él quería. Suspiró asombrado, con el corazón en el pecho de la emoción. Se quiso tragar sus nervios y preocupaciones, pero ambos eran primerizos, no solo él, y la emoción lo traicionó dejando caer una pequeña lágrima, que para su dicha Lucy no sintió.
Besó uno de los pezones rosados, que se encontraban erectos de anticipación. Saboreó su dulce una y otra vez, mordiéndolos muy suavemente, lamiéndolos, besándolos.
Lucy rió en ocasiones, y en otras suspiró. Se volcó sobre él dejando caricias y besos, sin voluptuosidad pero sin reparos. Nunca más se volvió a mostrar tímida, y nunca más dejó que la venciera la desconfianza de lo que podría pasar. No con él.
Esto es… Pensé que quizá a alguien podría gustarle, estaba en los archivos viejos de mi computadora y a estas alturas de la vida, no tengo idea cuando lo escribí. Creo que está totalmente fuera de carácter porque a estas alturas, la relación de ellos dos jamás sería tan inocente. Mashima se ha encargado de llenarnos de escenas, ejem, tan sugerentes de estos dos tantas veces que tanta ternura e inocencia no les va, pero en fin. Le tengo cariño a este escrito, y a otro muy similar que ya que bueno, es muy similar, lo publicaré luego como segundo capítulo.
Espero que tanto azúcar no los haya dejado incapacitados XD
