Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen. Solo los utilizo sin un valor pecuniario para un mero desahogo mental. Por tanto la historia y/o los hechos que se cuenten a continuación me pertenecen en su TOTALIDAD.
Notas del autor: Ha pasado bastante tiempo, debo como siempre una gran disculpa pero literalmente no he tenido tiempo ni vida. Entre el trabajo, la universidad, los exámenes de fin de carrera y mi vida personal drenan toda mi energía. Espero que les guste este capítulo.
A mi querido Lonely boy por haberme soportado todo este tiempo,
A pesar de todo seamos lo que seamos,
Siempre seremos los mejores amigos cariño.
Te amo.
Juguemos al amor, y asumamos que yo gano.
XLVIII
Edge of Glory.
Me sentía lo suficientemente herida e indignada como para no querer volver a la mesa. Si había persona que yo odiase en este mundo era Temari Sabaku. ¿Por qué demonios Sai se había casado con ella? ¿Por qué demonios tuvo que haberla embarazado? Le odiaba a él también, maldito mil veces maldito. Odiaba mí jodida vida, odiaba este jodido matrimonio donde parecía que se juntaban todas las putas plagas: el nombramiento de mi cuñado y antiguo amante como padrino, y la entrada triunfal de mi ex novio y primo político con la perra de su mujer.
-. Así que aquí estabas…-la voz fría y aterciopelada de Sasuke Uchiha me sacó de mi mente. -. Todos te están buscando para el brindis…-me miró de arriba abajo. Había pasado tiempo, y él seguía siendo demasiado guapo.
-. Voy en un momento…-exhalé el humo del cigarro.
-. ¿No lo has dejado?- me preguntó. Apoyado sobre el balcón del mirador donde estábamos.
-. No es un vicio aun, lo dejó cuando quiero- contesté seca.
-. Bueno…si vas a fumar al menos comparte…hermanita…- me dijo con ironía.
Le extendí la cajetilla de mala gana y él murmuró algo sobre la marca pero le ignoré. Hacia un poco de frio, pese a que la había empezado la primavera. Sasuke parecía tan hastiado como yo de estar allí, todos estábamos reviviendo viejas heridas y él parecía sentir el peso del pasado tanto como yo. Sus ojos negros me escrudiñaban con diversión. Había pasado mucho tiempo, diez años para ser exactos y él ya no era un niño de 18 años, era todo un hombre.
-. No puedo creer que tú precisamente ibas a terminar siendo la mujer de mi hermano.- le entorné los ojos.
-. Tampoco fue como que lo planease…-
-. Nunca he dicho eso…- me dio una sonrisa torcida. -. Baja la guardia Sakura, yo soy de los tuyos…-
-. ¿Ah sí?- pregunté con ironía. -. No me vengas con esos faroles ahora-
-. No es un farol…- me dijo. -. Que te tires a mi hermano, en este punto de mi vida me va dando lo mismo.- se encogió de hombros. -. Soy un tío practico, siempre lo he sido linda…a mí siempre me importó un coño que follases con mi primo, eso no me impedía meterme en tus bragas.- me recordó con esa impertinencia tan propiamente suya.
-. No creo que valga la pena recordarlo…-le di un calada. -. No sé en qué cojones estaba pensando cuando aceptaba enrollarme contigo y dejarme llevar por tu mundillo de drogas y alcohol…- miles de recuerdos llegaron a mi mente haciendo que algo en mi vientre se encogiese.
-. Bueno…pensabas en el gilipollas de Saisuke hasta donde me acuerdo…-dijo en mal chiste. -. Y no te las des de casta y santa que el polvo te lo metías solita y nunca te puse una pistola en la cabeza para que te tomases un solo trago.- maldito cínico de porquería. -. Pero bueno, linda si te soy franco, cuando Itachi me contó lo de ustedes realmente nunca pensé que fuese enserio.-
-. ¿Qué quieres de mi Sasuke?- pregunté. -. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué coño me estás diciendo estas cosas?-
-. ¿Por qué no debería? Es la boda de mi mejor amigo y me ha pedido que sea su padrino.- el cigarro humeaba en su mano.
-. Sabes que no te hablo de la boda…-le reñí.
-. Yo no quiero nada de ti como mujer, Sakura…ya es demasiado tarde para eso.- aplastó la colilla contra la rendija del balcón. -. Han pasado diez años y me he alejado de mi antiguo yo, no quiero revivir el pasado ni quiero otro conflicto familiar. Hice mucho daño y me hirieron mucho en pasado…no quiero que ahora tu vengas a arruinarlo.- le miré incrédula.
-. Yo no pretendo revivir nada…- le aseveré.
-. Como te dije a mi no me importa que te tires a mi hermano, ya esta mayorcito para saber a qué se atine. Pero lo que si me importa y no voy a permitirte es que lo lastimes. Yo no voy a meterme en lo de usted, no voy a decirle si está bien o mal que su mujer sea la chica que ha dormido con todos los parientes, pero si me doy cuenta que los de ustedes no es más que un juego para ti, voy a hacer los que sea por alejarte de él - me frunció el ceño decidido. -. Eres un peligro, uno muy grande y el regreso de Saisuke a Tokio parece complicar más esto.-
-. Yo no pretendo lastimarlo, Itachi es mi pareja. Hemos estado juntos por casi más de diez años y por muy su hermano que seas yo no voy a permitirte a ti venir a dañar mi relación con él.- A ver quién tiene más cojones Uchiha.
-. ¿Te crees que yo soy algún mocoso de instituto? Yo no voy a dañar nada… de eso te vas a encargar tu sola. Por eso…te pongo en aviso, si vas a engañarle mejor abandona primero el barco.- ahora fui yo quien aplastó la colilla.
-. ¿Y con quién demonios le voy a engañar? Yo le quiero demasiado…-
-. Sí, puedo ver que quizás le quieres un poco, pero salta a la vista de entrada que no le amas.- dijo con desgana. -. En cuanto a engañarle…sobre que te diga quién sería el tercero. No voy a permitir que destruyas la poca familia que me queda Sakura.- amenazó. -. Aunque Saisuke no sea mi persona favorita en el mundo, no voy a dejar que el rollito que tuvieron hace años y que parece tan vivo como siempre, arruine de nuevo mi familia…-
-. ¿Me estas amenazando?- pregunté incrédula.
-. No…te lo estoy advirtiendo.- dijo seco.
-. Pues…no te permi….-los gritos de Ino me interrumpieron.
-. ¡Sakura! ¡Sasuke!- nos llamaba impaciente.
-. Hablaremos en otro momento hermanita…- me dio un sonrisa torcida. -. Por ahora, nos comportaremos como los mejores padrinos de boda de la historia.-
El Uchiha me ofreció su brazo que acepté de mala y fingí una sonrisa de millón de dólares para nuestros anfitriones. Era la fiesta de compromiso de mis dos mejores amigos, aquellos con los que había compartido mi última década de vida y a los que les debía muchísimas cosas. Ino estaba histérica y nos reñía sobre el ausentarnos, por el jefe del partido político de Naruto que había llegado hacía rato y lo insoportable que era mi nueva prima política, Temari.
-. ¡Vosotros dos sois un par de inconscientes…!- se quejaba incesantemente la rubia con una mala leche increíble. -. ¡Se van a fumar como los mejores amigos mientras aquí todo mundo los está esperando para hacer el puñetero brindis!-
Ino tenía un vestido precioso de tul color piel y cristales, con el cuello en v y la espalda descubierta, creación de su amigo el modisto que le iba hasta las rodillas. Iba con el cabello ondulado peinado hacia un lado como se usaba por allá en el 2010 cuando éramos adolescentes, montada como siempre en sus tacones gigantescos. Tenía la cara maquillada en tonos tornasolados y dorados, con una delgada pulsera de diamantes. Caminamos hasta la mesa donde la gente indeseable aun se encontraba y Sai me escrudiñaba de arriba abajo sin misericordia. Naruto y Hinata estaban en la mesa.
-. Hasta que aparecéis…- refunfuñó el rubio. -. Parecía que os hubieses puesto de acuerdo para perderse…-dijo volviendo a su buen ánimo de siempre.
-. Como si fuera la primera vez que pasa…- oí a la mujer de Sai decir bajito. Pasé de ella y me senté a la mesa.
Itachi no estaba para protegerme, no sé en donde se había metido por lo que Sasuke se sentó a mi lado, dejando que los novios quedasen a nuestro lado en la mesa. El Uchiha se puso en píe y tomó su copa golpeándola ligeramente con la cucharilla del postre, llamando la atención de todo el mundo. Su postura era impecable, y sus modales propios de un príncipe.
-. Su atención por favor.- pidió con cortesía el moreno. -. Me gustaría proponer un brindis…-todos le miramos interesados. -. Primeramente quisiese agradecer a mis amigos, Hinata y Naruto por hacerme participe de su compromiso horrándome con el honor de ser su padrino.- les miró a los dos dándoles una sonrisa. -. A sus familias por estar aquí Jiraya, Hiashi…-les miró sentados ambos en la mesa de los parientes junto a mi antigua maestra de anatomía Tsunade, quien se había casado con Jiraya algunos años atrás. -. Y a todos ustedes amigos por hacer parte de esta celebración y haberla hecho posible.- era un esplendido orador. -. Para quienes no me conocen mi nombre es Sasuke Uchiha y soy el padrino de la boda a la próximamente están invitados.- Naruto le miraba con admiración. -. Y me gustaría compartir con ustedes un par de anécdotas de mis dos mejores amigos de toda la vida…- era un momento bastante emotivo. -. No me pregunten por qué pero yo desde siempre supe que este par tarde que temprano iban a terminar juntos. Creo que fue desde la primaria cuando la chicas empezaban a perseguirme, que me di cuenta que esa chica tan linda de ojos perlas y cabello oscuro pasaba total y completamente de acosarme o compartir conmigo su merienda, prefería mirar detrás de los arboles a mi hiperactivo mejor amigo quien buscaba siempre llamar la atención de las chicas en la escuela.- la chica de los ojos perlas enrojeció de vergüenza y se escondió en el regazo de su prometido. -. Y a pesar que mi amigo siempre ha sido un tonto, hay que ver que hasta la universidad ni se enteraba que la chica era una mujer, pero bueno…ya sabéis él tonto despertó cuando ha visto que ella tenía con que conseguirse otro, pero al menos no fue tan imbécil de dejarla escapar hacen diez años y ahora va a hacerla su esposa.- El Uzumaki tomó la mano de su chica y le besó. -. Al menos esto lo estás haciendo bien, dobe…- le dio una sonrisa sincera. -. Por esto señores…propongo que brindemos por el futuro matrimonio.- las copas empezaron a chocar.
La música de fondo volvió al salón y los novios tuvieron que ir a cumplir con sus compromisos sociales, Sasuke y yo los acompañamos en un montón de fotos, a lo que posteriormente los meseros empezaron a retirar los platos de sitio y a traer los platos servidos para la cena. El menú era exquisito y bastante elegante, sin duda Ino había hecho un gran trabajo, quien se había ausentado de la mesa velando porque los meseros cumpliesen con todas sus tontas normas de protocolo y etiqueta, podía oírla diciendo "se sirve por la derecha", "primero es el consomé y luego el pollo", "rellena las copas de agua". Mi amiga la rubia era una completa histérica, Kiba la miraba absorto mientras ella jugaba a ser organizadora de eventos, mi amigo era un tonto perdido y ella todo un caso.
-. Hueles a tabaco…- La mano de Itachi me sacó de mi entretención después de darme un beso en la sien.
-. Estoy estresada…-le aclaré. -. Este asunto de la boda, ya sabes cómo me tiene.-
-. La compañía tampoco ha sido la más óptima.- acotó mirando a su primo quien parecía entretenido hablando con alguien por el chat. -. Podemos irnos en una hora.- me sugirió.
-. No creo que sea lo correcto.- dije en un suspiro. -. Hinata debía escoger otra dama de honor, Ino hubiese sido perfecta a ella le encanta este rollo.-
-. No creo que pudiese tener mejor dama de honor que tu cariño, ustedes han sido muy buenas amigas durante años, y que te haya nombrado a ti es una muestra de lo mucho que te quiere.- acercó mi mano a su boca y me dio un beso. -. Aunque, esta dama de honor debería ir a lavarse las manos porque te huelen a tabaco.-
-. Iré en un rato.- le dije. Pude ver que Sai se levantaba de la mesa guardando el móvil en el pantalón del traje dirigiéndose hacia una de las mesas saludando a un par de señores.
Durante un rato escuché como Itachi y Sasuke hablaban sobre las ventas del libro de este en América, el Uchiha menor había logrado licenciarse en literatura hace algunos años en los Estados Unidos después de pasar casi 6 años en diversos centros de rehabilitación, al desbocarse al consumo compulsivo de cocaína cuando yo iba a la mitad de la carrera. Hace seis meses sacó un libro sobre la historia de un adicto, que era casi una autobiografía. Itachi estuvo muy orgulloso de él cuando logró la licenciatura e incluso viajó hasta allá a verlo graduarse, yo decidí no asistir excusándome en que era un momento familiar y que realmente no me parecía pertinente que compartiésemos en ese momento, mi novio lo entendió y el asunto no pasó a mayores.
Afortunadamente Temari había abandonado la mesa, dirigiéndose a otra para hablar con otras personas. Sai y ella era definitivamente un matrimonio extraño. Una punzada de dolor me golpeó en el vientre y mi subconsciente se reía de mí diciéndome que al menos ella era su esposa. Busqué a Saisuke entre la gente pero no pude encontrarle. Necesitaba dejar hacerme esto.
-. Cariño iré al baño, no tardo.-
Camine con la cabeza liada, abofeteándome mentalmente por pensar en las tonterías, los recuerdos parecían querer asolar esa noche y ya empezaba a sentirme mareada. Me miré en el espejo del servicio mientras me lavaba las manos. El reflejo dejaba ver una mujer no tan alta, delgada, con el cabello rosa sedoso perfectamente trenzado, un vestido precioso color dorado recamado en pedrería, acompañado del precioso anillo de compromiso que mi prometido me había regalado hace cinco años cuando me pidió casarse conmigo.
El olor a tabaco ya había desaparecido de mis manos, por lo que busqué un poco de spay para el aliento en mi bolso, aproveche para retocarme la máscara de las pestañas. La ira me invadió al pesar en la zorra de Temari. Me había dejado en la calle, había sacado todos mis trapos sucios al sol sin ningún tipo de misericordia. Que vale, no somos amigas pero yo nunca le he hecho nada a ella. Al menos, no directamente, no con una intensión viperina como la de su comentario.
-. Evitemos un escándalo.- mis ojos se abrieron de par en par al verle y mi cuerpo se heló quedando con los tacos clavados al mármol del piso. -. No quiero gritos, ni dramas.- se recargó sobre la puerta del baño. -. Necesito respuestas Haruno, necesito dejar de comerme la maldita cabeza.- me dijo sereno.
El baño en el que estábamos quedaba en el ala izquierda del salón principal del Roppongi Hills Club donde se llevaba a cabo el compromiso. Era un cuarto de baño supremamente espacioso de casi la mitad de mi apartamento en Konoha, el piso de mármol y los acabados de lujo del recinto, eran tan perfectos como el hecho que el lugar estaba aislado en sonidos. Adentro no se escuchaba el bullicio del evento social del año previo a la boda de la década en Tokio. Solo se oía él y la voz serena que siempre había tenido. Avanzó unos pasos hasta mí que seguía con el cepillo de la máscara en el aire.
-. ¿Exactamente qué tipo de respuesta quieres?- le pregunté. Aspiré hondo y seguí con mi labor de retocarme las pestañas. -. Creo que tú mismo has sacado las conclusiones que querías la otra noche, y yo paso de confirmártelas o contradecírtelas.- busqué el lápiz labial pálido en mi bolso para seguir retocándome.
-. Los años te han hecho más cruel, o al menos aparentas serlo.- se paró a mi lado mirándome de arriba abajo. -. ¿Qué es todo esto Sakura?- preguntó. -. ¿Qué ha sido esa actuación patética de cría de instituto de pararte de la mesa por un comentario irónicamente cierto? Pensé que las mujeres auténticas, no le rehuían a la verdad.- no le veía sentido a esta conversación pero no podía irme. Mis pies estaban clavados en el piso y una corriente eléctrica me recorría de pensar en lo surrealista que era tener a mi lado a un tío por el que he estado colada casi la mitad de mi vida.
-. Yo no hui porque fuese una cría de instituto, me fui de la mesa para no armar un escándalo con la puta de tu mujer.- escupí esas dos últimas palabras con un odio que hizo que la boca me supiese a hiel.
-. Tranquila, linda…yo no me he metido con tus chicos aun.- la defendió.
-. Sinceramente Sai, no le encuentro sentido a esta mierda en este momento.- me apliqué algo de rubor en las mejillas. -. ¿Por qué no puedes estar en la puñetera fiesta de Naruto la mar de normal sin tener que venir? Que mira, que quien va pareciendo un crio de instituto viniendo hasta aquí y prácticamente secuestrándome en el baño del club eres tu ¿No crees? Estas son las típicas actitudes tan propias de ti- le dije con ironía.
-. Vale…esto es muy propio de mí.- todo mi cuerpo vibró al verlo sonreír ante mi comentario. -. O quizás del chaval de 18 años que alguna vez estuvo colado por ti. De aquel chico tonto que condujo sin parar durante dos días para jugarse su última carta con una chiquilla caprichosa, quejica y manipuladora que fingía una inseguridad adorable. Del mismo tío que se montó la fiesta del año en un pueblo miserable donde ambos nacieron para poder encerrarte en un servicio, llevarse tu primer beso de año nuevo y pedirte como un imbécil que te casases con él. Sí, claro un actitud muy mía, una copia de algo que hice en el pasado.- se encogió de hombros con uno de esos gestos en la cara raros que solía hacer cuando éramos adolescentes. -. Ya yo no soy un crío Sakura, yo ya tengo una vida, una carrera, una pasión, una mujer, un hijo y un montón de problemas que cuando hice aquello no tenía. Ya no soy el chaval de universidad, que se empalmaba con solo una mirada tuya, con el olor de tu pelo, con tus manías tontas o tus ademanes de chico.- me quedé gélida.
Las manos de Saisuke, heladas como la nieve estaban sobre mis hombros mientras yo ya perfectamente maquillada miraba nuestro reflejo en el espejo. Su cara era un enigma, no me decía nada de nada, solo nos veíamos en el espejo. Dos adultos, un hombre y una mujer. Antiguos amantes.
-. La muestra de que soy diferente la tienes aquí mismo antes tus ojos.- me dijo suavemente. -. Mira nuestras estaturas, mira nuestras caras ¿Notas cómo han cambiado nuestros rasgos? Tus ojos han perdido un poco su vivacidad, tu piel está más pálida y te ha salido un lunar en la mejilla izquierda. Tus hombros se han empezado a poner pecosos y tu piel aunque aún suave, ya no es tan tersa como hace 10 años.- sus manos se deslizaron por mis hombros hasta mis brazos y mi cuerpo se encendió al instante. -. Tienes las caderas más anchas, el vientre más plano, el pecho algo más lleno y has ganado unos 10 kilos.- su aliento me tenía petrificada, a lo que cerré los ojos extasiada. -. Mírame Sakura.- me exigió y yo me estremecí. -. Mira lo mucho que hemos cambiado, mira mi cara, se me ha ensanchado la barbilla, ya no parezco un niño, ya yo soy un hombre, voy más alto que tú ya no por una cabeza sino por dos, te vez menuda ante mi.- me mordí el labio y mi cuerpo respondía excitado a su aliento. Él apretaba mis muñecas con suavidad. -. He cambiado mucho, el crio de 18 años, te habría bajado el vestido, te habría desnudado ente el espejo y te hubiera manoseado ante él. Te habría acariciado el pecho desnudo, lentamente, tirando ligeramente de ellos, mientras besaba tu cuello. Habría tocado tu abdomen desnudo, mientras te besaría detrás de las orejas. Después, te habría abierto el sexo con sus dedos y tocado sin misericordia.- sus manos estaban estáticas en mis muñecas sintiendo como mi pulso se disparaba acelerado ante el escenario. -. Estarías excitada quizás, la única certeza que puedo tener era que al menos gozabas conmigo, que tus orgasmos eran genuinos. Nadie puede fingir que se le duermen los dedos de los pies mientras se corre.- mi pecho subía y bajaba, a la par que mis bragas se hacía un río. -. Porque si yo fuese ese chaval de 18 años, no estaría sosteniendo tus muñecas, sino el culo de infarto que aun tienes, mientras te follo sentada en el lavamanos y tus piernas me rodean. Aunque antes te habrías corrido en mi boca, siempre te lo he sabido hacer como te gusta ¿A que sí? Habrían sido un par de orgasmos memorables sin duda los tuyos, se te dormirían los dedos de los pies, y yo me correría en tu interior.- los dedos de mis manos se apretujaban tratando de controlarme.
No podía, estaba más cachonda que lo que había estado en toda mi vida. Mi corazón latía al ritmo de mi sexo. Su calor, su olor, su cuerpo, su aliento y su boca me tenían en sus manos. Su voz, profunda repetía frases cargadas de erotismo, alimentando mi pecaminosa imaginación. Necesitaba una caricia, un toque, un roce. Algo, necesitaba, algo. Mi cuerpo demandaba el roce de sus manos, la humedad de su boca y el calor de su sexo. Lo necesitaba, a él, a Sai, a Saisuke. Mi primer amante, mi mejor amante, mí jodido, verdadero y único dueño.
-. Saisuke…-mi voz resonó en un gemido necesitado y lastimero.
-. Shh…-me pidió. -. No me perdí tus caminos nunca. Sé que necesitas, lo siento yo también. Tu cuerpo me reclama, por mucho que niegues tenemos una historia acuestas, una historia de amor y olvido con grandes interrogantes, pero un historial sexual digno de recordar y homenajear.-
-. ¿Ha esto has venido?- le pregunté. -. ¿A burlarte de mí? ¿A excitarme?- le pregunté.
-. No…-me dio una sonrisa. Mi pulso seguía desbocado. -. Yo no trabajo como tu pequeña Sakura, yo no revivo, ilusiono, follo y me voy. Tu jodido recuerdo aun le respeto lo suficiente. Sabes que no voy a tocarte, porque no voy a empujarnos a que yo caiga de nuevo en tu juego. Lo único que he hecho es mostrarte nuestras enormes de diferencias y que estos actos que llamaste propios de mí, ya no lo son del todo.- su nariz rosó mi orejas. -. ¿Sabes? Hace 10 años quizás estuvimos encerrados también en el baño de un gran salón y buscaba darte unas respuestas o más bien unas explicaciones. Quizás, incluso estuviese yo igual de excitado que ahora de verte tan guapa en un vestido de noche. Pero de ese año nuevo y esta cena de compromiso hay dos sustanciales diferencias que cambian totalmente los papeles.- sus manos se encontraron con las mías. -. Ésta es la primera.- su anillo de casado y mi anillo de compromiso se estrellaban el uno con el otro. -. Y la segunda, que a diferencia de aquella noche yo no te estoy obligando a nada, eres tu quien lleva el control de tus actos y además, la puerta siempre ha estado sin cerrojo, por lo que has podido abandonar este lugar cuando quieras.-
Saisuke soltó mis manos y se alejó sin prisas, mi cuerpo se estremeció ante el abandono y tuve que tomar una bocanada de aire apoyada en el lavado para poder reponerme de aquello. Me observaba, todo él me miraba excitado, queriendo lío, pidiendo guerra pero distante, tanto que los escasos centímetros parecían metros.
-. Imbécil.- solté con indignación.
-. ¿A qué viene eso Haruno?- preguntó con diversión. -. Hablemos mejor de lo que me intriga.-
-. Yo quiero que te largues de aquí.- sentía el calor en mi sexo y el cuerpo ardiendo.
-. ¿Quieres eso?- preguntó. -. ¿De verdad te apetece que me vaya?- sus pasos se acercaron a mí con cautela. -. A mí me sabe mal irme cuando liquidar esta mierda es tan fácil como la tabla de dos, mis respuestas y me piró de tu vida ¿A qué mola?- se paró justo enfrente de mi retándome.
-. Pues que eres cansino.- le entorné los ojos alterada por su inminente proximidad. -. No me apetece hablar contigo Saisuke.-
Todo pasó muy rápido, fue brusco y violento. Mi cuerpo quedó sentado el mesón del lavamanos del baño y mi espalda, cabeza y brazos arriba quedaron pegados al espejo gigantesco mientras él me sostenía de la muñeca. Verde contra negro, sus ojos vacíos me miraban sin apartar detalle, estaba cabreado, estaba frustrado, aun le conocía bien.
-. No juegues conmigo Haruno.- me advirtió. -. Me estas tocando las narices.- un espasmo sensual recorrió mi cuerpo ante el saberme inmovilizada.
-. ¿Yo te estoy tocando las narices? Venga, tío me tienes retenida a lo bruto.- dije con odio. -. ¿Es que ahora te ponen los rollitos sadomasoca?- dije con ironía.
-. Sí eso te hará hablar, podría darte unos cuantos azotes y dejarte el culo rojo como un tomate.- se acercó a mi seductor y su aliento me chocó como un vendaval. El moreno soltó mis manos y yo me apoyé en el mesón aun sentada sobre él.
-. Eres un imbécil de campeonato.- mi cuerpo y mi mente iban por otro lado.
-. Olímpico…-dijo con diversión. -. Habla de un puñetera vez y liquidemos esta mierda Haruno.- se agachó un poco y puso los brazos en el mesón.
-. Como hartas.- le entorné los ojos.
Y allí estábamos en el puto servicio de un club elegante, mientras dentro corría el compromiso de nuestros mejores amigos. Sai y yo peleábamos como dos adolescentes, vivíamos en Konoha y yo acaba de llegar a Tokio. Aquella época en que yo no tenía luces que detrás de ese chico con un torcido sentido del humor, se encontraba la verdadera identidad del chico que me gustaba, y que en un par de días haría que me enamorase perdidamente de él. Ese con el que viviría los acontecimientos más locos de mi vida, quien me iniciaría en el sexo, en el amor y con quien incluso estuve a punto de casarme.
-. Te he dicho que no me apetece.- me rodé en el mesón donde creo que él pudo dar un vistazo a mi bragas, en una maniobra por eludir su cuerpo para bajar. -. Supérame Shimura, te lo digo por tu bien.- empecé a mi caminar tomando mi bolso y dándole la espalda. -. Busca ayuda: un psicólogo, un psiquiatra o a Dios. No sé, lo que más te guste. Pero olvídate de m…-
-. ¡Que me digas joder! ¿En qué puñetero idioma tengo que hablar?- mi cuerpo terminó de nuevo en la pared atrapada contra su cuerpo.
-. ¡Estás loco…!- le grité intentando liberarme.
-. Quizás…-sus brazos estaban a cada lado de mi cara aturdiéndome. -. Con un demonio Sakura, destruiste mi puñetera vida, me dejaste hecho una mierda. Me quería morir, nunca una llamada, ni una nota, ni nada. ¿Por qué no puedes 10 putos años después darme algo de paz?- se acercó peligrosamente a mí.
-. ¿Por qué diantres quieres saber eso? ¡Ya no importa, joder!- le dije aturdida, bajando la mirada. -. Eso ya es pasado, tienes tu vida. Vívela. Vívela, y déjame vivir la mía tranquila.- su mano izquierda tomó mi mandíbula con delicadeza. Estábamos cerca, su aliento me rozaba.
-. Hay algo que quiero saber Sakura. Algo que me come la cabeza como un loco.- un par de centímetros podría haber separado nuestro labios. -. Se sincera. Te lo pido.- me dijo con agonía. Mi cuerpo se encendía de tenerle tan cerca. -. ¿De verdad nunca me quisiste? ¿Ni siquiera un instante te sentiste atraída por mí?- me preguntó.
-. Para que preguntas cosas de las que sabes bien las respuestas.- me mordí el labio inferior al contestar.
-. ¿Te excitaba al menos? ¿Te hacia pasarlo bien de verdad?- preguntó. El vello del cuerpo se me crispó al tenerle tan cerca haciéndome esas preguntas.
-. Sí…- dije bajito, casi que inaudible. -. Sí lo hacías.-
-. ¿De verdad?- dijo ronco y despacio. Sentía mis pechos duros bajo el vestido. -. ¿Qué tan bien la pasábamos Sakura?-
-. Muy….-mi cerebro no respondía. Solo podría pensar en besarle, en tocarle, en gemir su nombre mientras me posee. -. La pasábamos muy bien…-se me resecó la boca mientras nuestras grandes experiencias eróticas me bombardeaban.
-. Al menos sé que te gustaba.- sonrió con satisfacción. -. Y me llevo de recuerdo, que todas las guarradas que te gustan o al menos la mayoría, las aprendiste conmigo…-
Me tenía el borde un precipicio al cual estaba dispuesta a tirarme sin miramiento alguno. Era dolorosamente guapo, imponente y sensual. Un hombre, de esos con todas las letras y que sabía cómo jugar duro. Intenté acercarme un poco más, al punto de poder rozar sus labios. Todo mi cuerpo latía de miedo, de excitación y de expectación. El contacto ínfimo, fue suficiente para hacerme perder la vergüenza, la decencia y el juicio. Él se apartó de mí enseguida y se dispuso a huir, pero yo al parecer no iba a permitir que eso pasase.
Me interpuse entre él y la puerta de salida, no dándole el más mínimo chance a calcular o a escapar. Lo necesitaba, lo quería: aquí y ahora. Todo o nada. Mi boca buscó la suya, y la encontró tan cálida como antaño. Besaba diferente, más animal, más íntimo, más como un hombre y no tanto como adolescente. Mi lengua buscó la suya, enredándose de manera sensual, mis manos apresaron su nuca bastante fuerte. Las suyas me tocaron la parte baja de la espalda, haciendo que mi cuerpo ya encendido, hirviese. Precisamente aplicando un poco de presión fue que hizo que me separase de él.
Estaba excitado como un demonio, tanto o más que yo. Nos conocíamos bien, yo tampoco me había perdido sus caminos. Deslicé mi mano hasta el seguro de la puerta principal del baño y le miré jodidamente cachonda. Todo me daba igual, lo quería y ya. El moreno se desabrochó el botón del saco del traje. Mi miró con un deseo tan intensó que solo pude llevar mis manos hasta el zipper de mi vestido.
La parte frontal del cayó hacía adelante. Shimura no decepcionó y se despidió de su saco y de su pajarita, caminó unos pasos hacia mí, a lo que yo tironeé de la falda hasta que ésta quedó en piso. A la mierda, a la fiesta. A la mierda, mundo. A la mierda, las sutiles diferencias.
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