Abby POV:
De repente sentí que el mundo se movía bajo mis pies, me venía abajo, la cabeza me daba vueltas y me sentí terriblemente enferma. No estoy segura de que fuera el embarazo o el horrible shock de saber que el amor de mi vida se exponía a tal peligro sin que yo pudiera hacer nada, necesitaba algo que me dijera que todo aquello era solo una broma, pero había demasiada información, fechas, datos, documentos y para acabar: acuerdos de confidencialidad. Yo que había estado acusando a Travis de tantas atrocidades, de las cuales solo era cierto el hecho de que estaba volcando al mundo para acabar con Benny y Mick, debí haber sabido que todo lo hacía por mí. Ahora todo tenía sentido y cada cosa tomaba su lugar, cosas como: "¿Qué pasaría si me voy por un tiempo?", "Tú no puedes evitarlo, Pidge, yo sí." O incluso "Aún así sea lo último que haga", me sentí tan tonta por creer que seguía con su fase de "Soy Travis Maddox y puedo comerme al mundo de postre si me viene la gana". Estaba frustrada y confundida al punto de querer echarme al suelo a llorar por no saber qué otra cosa hacer ¿Cómo se supone que reaccionas cuando te enteras de que tu marido es un espía y no podía decírtelo por tu propia seguridad y tú lo culpabas de ser un infiel mentiroso? Bien, lastimosamente no pude llegar a descubrirlo porque escuché que alguien introducía las llaves en la cerradura, no recuerdo si fue a causa de la adrenalina o el ataque de pánico que me dio al momento pero logré levantarme y guardar esa carpeta del demonio antes de que él me viera.
-¿Con hambre, mi amor?- preguntó mientras yo recuperaba mi postura, pero seguía algo atontada por mi repentino descubrimiento.
-¿Qué? Ah eso, sí… un poquito…- respondí nerviosamente e hice lo mejor que puede hacer una mujer que está llevando dentro a sus hijos: respirar para tratar de calmarme.
-¿Te encuentras bien, Pidge?-dijo mientras se acercaba a comprobar que así fuera, tuve suerte si es que la cara de póker funcionó.
-¡Sí, de maravilla! Jamás he estado mejor- contesté con una risita estúpida, "Muy bien, Abby. Que discreta, deberían darte un Oscar por semejante actuación" me reprendieron mis pensamientos.
-Ok, si tú lo dices…- se rindió y me besó la mejilla, o al menos eso creí.
-Sí, eso digo yo… ¿Qué tal el trabajo?- se me hizo un nudo en la garganta al pronunciar la última palabra.
-Cansado, abrumador, hubiera preferido estar en casa… como siempre, nada nuevo- se sentó en el comedor y obligué a mi cuerpo a reaccionar para ir a su lado. "Ay, sí, nada nuevo. No trates de engañarme, lo sé todo, amigo." Supuse que me sentiría terriblemente culpable de saber algo así si él no me comentada algo de ello que sí fuera cierto.
-Qué lástima, a mí me parecía que lo disfrutabas, aunque no puedo decirlo con certeza…- dije mirando al suelo para que él no viera mis ojos y supiera que algo andaba mal.
-¿A qué te refieres?- preguntó con tono confundido, suspiré.
-Que… no sé exactamente que tal es tu vida laboral… así que supongo que no puedo opinar sobre aquello…- traté de explicarme lo mejor que pude, maldito shock, me dejaba como idiota.
-No escuché que eso te molestara antes- me recordó.
-No es que me moleste, Trav ¡Ni siquiera me estoy quejando!-
-Entonces ¿A qué viene todo esto?- Inhalé profundamente de nuevo, puse mi mano encima de la suya. Fue cuando al fin pude reaccionar.
-Digo, que estoy muy orgullosa de ti, amor. Sé que siempre has sido una maravilla de hombre y que procuras ser perfecto en cada cosa que haces y me hace tremendamente feliz saber que ahora lo haces todo por mí. Al fin y al cabo, no me importa lo que hagas o dejes de hacer, o si puedes contármelo o no, lo único que me interesa saber tan bien como que mi nombre es Abigail Maddox Abernathy, es saber que me amas tanto como yo a ti y que eso no lo va a cambiar nada en este ridículo y loco mundo en el que a veces uno debe hacer estupideces para sobrevivir a él, y entiendo perfectamente que tú no eres la excepción pero no tienes por qué hacerlo todo solo. Así que, me disculpo por mi comportamiento irracional de esposa controladora, es solo que me preocupo mucho por ti aunque a veces no tengo ni razones para hacerlo. Te amo, Travis Maddox y si no lo hiciera… créeme que no me metería a averiguar hasta cuántas veces al día respiras, todo lo que hago lo hago por esa única razón y espero que lo sepas.- se sintió tan bien desahogarme, no había dicho precisamente todo lo que quería decir, era un comienzo y se sentía correcto, él no tenía ni idea de por qué le dije aquel discurso tan empalagoso y sospechoso pero sí sabía que cualquier cosa que se viera obligado a hacer, me tendría a su lado pasara lo que pasara, y eso era lo único que quería que él entendiera.
-Wow, gracias, mi vida. Muchas gracias- dijo y me abrazó, enterré mi rostro en su cuello, me sentía de alguna manera aliviada y sé que él también, se veía más tranquilo que nunca, logré llegarle con mis atolondradas palabras.
-Bien ¿crees que me paso haciendo puras tonterías todo el día, o qué?- preguntó, pude sentir que sonreía, me reí y me aparté para poder ver esos ojos que me encantaban.
-No lo decía en ese sentido. Me refiero a que sea lo que debas hacer debes saber que estoy contigo, estamos juntos en esto ¿recuerdas?- puse mi mano en su mejilla y él la acarició con la suya.
-Es lo único en lo que pienso todo el día, bebé.- me aseguró.
-Me alegro- dije realmente complacida, él sonrió.
-Oh, espero que no tengas planes para mañana- dijo y me tensé un poco.
-¿Qué tramas?- pregunté.
-No sé si te has dado cuenta, Pigeon. Pero estos hermosos mocosos vendrán en menos de dos meses y aún no hemos armado su cuarto, linda.- me comentó mientras acariciaba mi vientre, era tan malditamente cierto que me avergoncé de ser tan mala madre como para no haberme percatado de aquello.
-Entonces más vale que durmamos bien hoy, porque mañana acabaremos como dos sacos de piedras inmóviles- me reí.
-Amo cuando tienes razón- respondió y me besó. Hubiera sido un momento tan perfecto de no ser por su condenado celular.
-Contestas y te cortaré la mano- dije y él se rió esta vez.
-No seré yo quien conteste, es el tuyo, Pidge- dijo, otra vez tenía razón. Me levanté y fui a ver mi teléfono, era número desconocido.
-¿Hola?- recé para que no fuera quien esperaba, pero tal parece que los invoqué.
-No te relajes mucho, Cookie. Pude que las cosas no hayan salido como esperamos pero ten en cuenta que volveremos por ustedes, par de imbéciles.- amenazó Benny, sonreí ante sus palabras.
-Venga, idiota, atrévete. Estaremos listos para cuando pase…- respondí y colgué. A partir de ahora no sería solo Travis quien estuviera decidido a convertirlos a ambos en polvo, haría lo que pudiera para incluirme también, cumpliría con el absurdo reto que Mick me había puesto inconscientemente: yo sería su fin. Nunca me sentí más contenta de ser la esposa de un agente secreto.
Travis POV:
-Ok, un poco más a la derecha…- me estaba guiando Abby mientras yo ponía el enorme letrero con el nombre de mi hija encima de su cuna, era definitivamente más difícil que posicionar el de mi hijo, imagínense "Jessica" era mil veces más largo que "James".
-¡Me estoy haciendo viejo aquí!- me quejé, pude escuchar su risita a mis espaldas. Dios, cómo amaba a esa mujer.
-Ok, ya está- dijo finalmente y lo colgué ahí donde había puesto el clavo. Se veía fantástico, bajé de las escaleras y fui a encontrarme con mi esposa que miraba sospechosamente los nombres de nuestros bebés.
-¿Qué piensas, Pigeon?-pregunté abrazándola por la espalda.
-¿Jessica James? ¡Eres un tramposo!- me acusó divertida. Así que al fin se dio cuenta de mi jueguito con los nombres.
-¡Creí que no ibas a acordarte!- me defendí. Jessica James era el nombre que ella había puesto en su identificación falsa de hace tanto tiempo, cuando buscamos los nombres en esa página ni siquiera tuve que pensar mucho, solo busqué esos precisos dos nombres y recé porque fueran niño y niña, encajaban perfectos.
-¿Por qué esos? ¡No quiero que mis hijos piensen que sus nombres vienen del pasado alcohólico y loco de su madre!- protestó, yo me reí.
-No es por eso, Pidge. Es como una señal de nuestros primeros días juntos ¿Lo ves? Es un pequeño símbolo de nuestro amor- le expliqué, técnicamente, sí lo era.
-Bien, no más no me quejo porque son realmente lindos- se rindió al fin, besé su mejilla.
-Y hablando de aquella identificación falsa… ¿Dónde la metiste, eh?- pregunté por pura curiosidad, ella se rió.
-No lo sé y no la necesito desde que me convertí en mayor de edad- respondió.
-Oh, los niños van a estar más que orgullosos de ti…- bromeé.
-Si algún día se los cuentas sin mi consentimiento me aseguraré de que tú no seas capaz de tener más hijos- amenazó y se giró para poner sus brazos sobre mis hombros.
-Como usted ordene, señora Maddox… T e amo, Abby- fue lo único que supe decir.
-Y yo a ti.- respondió, sellé sus palabras con un profundo beso, sintiéndome más feliz que nunca. La noche anterior me sentí tremendamente complacido de saber que ella estaría conmigo sin importar lo que tuviera que hacer, y francamente en ese momento no me interesaba lo que ella había descubierto, porque seguramente sabía algo que yo no solo que no tenía ni la más mínima idea de qué era, lo único que se pasaba por mi mente es que la amaba más que a mi vida y ahora tenía dos perfectas y cada vez más próximas a llegar razones para amarla.
*Dos meses después*
-¡Maldita sea! ¿Otra foto?-se quejó Abby, nadie podía culparla, con nueve meses de embarazo se veía de lo más cansada y sin ánimo para ninguna fiesta de Baby Shower en la que ya había estado por más de una hora, tomándose fotos con Mare, con Shep, con ambos, conmigo, con Thomas y Taylor, con Trenton y Tyler, con Tyler y Thomas y Shep, con Mare y conmigo y Taylor, con mi papá y conmigo, con mi papá y con Thomas, con Shep y mis tíos ¡Hasta con Toto!
-Vamos, Pidge. Te ves hermosa, en serio- traté de reconfortarla. Era en serio, con ese vestidito color crema que dejaba ver su bastante curvilínea figura y sus rizos caramelo brillando con el sol, era lo más precioso que jamás había visto.
-Eso dices tú que no pareces bola de boliche- protestó, me reí y la llevé hacia donde estaban los padres de América listos para la foto, Shepley había sido encargado de la cámara.
-No digas, tonterías, cariño. Estás magnifica- le aseguró la mamá de Mare que se veía de lo más contenta. Abby se situó a su lado.
-Tienes mucha suerte, muchacho. Un tesoro como Abby es difícil de encontrar- me dijo el papá de Mare palmeando mi brazo, le sonreí.
-Y qué lo diga, señor. Me siento terriblemente afortunado, no la merezco ¿sabe?- le dije poniéndome a su lado para la foto.
-En cuanto la hagas feliz, no tienes de qué preocuparte- respondió y eso me dejó bastante contento.
-Ok, sonrían todos- dijo Mare al lado de Shep ayudándolo a enfocarnos bien, así lo hicimos y puedo jurar que el flash de esa cámara era de lo más segador.
-¿Qué tal salió?- preguntó mi ansiosa esposa.
-Amor, parece que solo tendrás un bebé. Esta preciosa- le aseguró América, ella sonrió y se acercó para abrazarme.
-¡No puedo creer que vamos a ser abuelos!- exclamó la mamá de Mare emocionada al ver la foto.
-Y yo no puedo creer que Mick vaya a ser abuelo…- se lamentó Abby, acaricié su mejilla.
-No tiene que serlo, nunca fue un maravilloso padre, no tiene por qué ser un abuelo- le dije.
-¿Qué haremos cuando nos pregunten por él, ah?- me preguntó preocupada.
-Bueno, pues, les diremos que deben creernos al decir que deberían preferir tener a un atún como su abuelo a que el de verdad.- respondí y ella se rió.
-Un atún es mil veces mejor- dijo, besé su frente.
-Espero no interrumpir a los tortolitos- dijo Harmony a la espalda de Abby, ella se giró.
-¡Har, reí que no ibas a venir!- chilló Pigeon, corrió a abrazarla.
-¡Al diablo con las capacitaciones, mi amiga va a tener a sus gemelos! ¿Qué clase de perra egoísta no vendría?- respondió ella.
-Es bueno verte, Harmony- dije lo más convincente que pude. De verdad me daba gusto ver a toda nuestra familia y amigos ahí.
-A ti también, tintureado- contestó con una sonrisa.
-Hablando de tinta y eso…- comencé, Abby lo captó en menos de un segundo.
-¿En serio? ¿Otros dos? ¿Cuántos tatuajes tienes? ¿329?- dijo y por un momento me pareció misterioso su referencia numérica, aunque tal vez fuera solo coincidencia.
-Son mucho menos que eso y me dije… si ya tengo al amor de mi vida en mi brazo… ¿por qué no darle un lugar a mis pequeños también?- dije, ella solo sonrió. Levanté la manga de mi camisa para ver el apodo de Abby reluciente en mi brazo, tan fantásticos como cuando lo habían puesto ahí.
-Es su mejor manera de declararse descendiente de Romeo, es tan romántico- le comentó Abby a Harmony y ella se rió.
-Es como su sello personal, pichoncito. No se lo puedes quitar- respondió ella.
-Tiene razón, Pigeon…- aseguré.
-Bueno, hazte todos los que quieras, siempre y cuando tengan algún sentido- yo asentí.
-Muy bien ¡Disculpen todos!- nos llamó América a la mesa principal, todos los invitados tomaron sus asientos respectivos. –Ahora pasaremos a leer unas breves palabras que escribieron la familia para Jessie y Jay, entonces, comenzaremos por su tía favorita…- continuó Mare y todos reímos ante su nuevo título.
-"Queridos retoños. No saben lo mucho que los quiero y aún no los he visto, pero estoy segura de que, por el simple hecho de ser hijos de sus padres, serán las cositas más tiernas, cariñosas, revoltosas y talentosas del mundo. Recuerden que su tío Shep y yo siempre vamos a estar ahí cuando necesiten escaparse de papá y mamá. Los ama, tía Mare"- finalizó y aplaudimos ante sus lindas palabras. Siguió con el de Shep.
-"Niños, antes de comenzar con lo empalagoso, quiero darles un consejo… ¡Por Dios no caigan en la bebida, las peleas y los casinos de Las Vegas! Eso ya lo hicieron sus padres por ustedes y no es bonito, ustedes deben ser mejores, más inteligentes y más guapos. Estoy seguro de que así será. Los queremos un mundo, par de mocosos. Shepley"- ella miró un poco enfadada a su novio pero después sonrió conmovida, pasó a la siguiente tarjeta.
-"Queridos Jessica y James. No me gustaría ser abuelo de otras criaturas que no fueran ustedes, gracias por haber llegado a nuestras vidas, son la mejor bendición que se le pudo haber concedido a mi hijo. Su abuelo, Jim Maddox"- sonreí antes las cortas palabras de mi padre, estaba seguro de que venían llenas de amor.
-"Para mis sobrinos Jess y Jay. Son la mejor continuación del clan Maddox, niños. Atte: su tío Thomas. PD: por favor, tengan más cerebro que su padre y en cuanto a su madre…pues nada, serán tan hermosos e inteligentes como ella"- quise golpear a Tommy por eso, pero al mismo tiempo no quería despegarme de Abby.
-"Para los pichoncitos. No seré quien les cambie de pañales, ni los alimente con esas horribles compotas para bebé que huelen al infierno, ni los ande golpeteando para que no se ahoguen con sus gases, pero sí seré el que los haga jugar y reír porque los querré y cuidaré siempre como si fueran hijos míos. Su tío Trenton"- jamás pensé que Trent fuera tan conmovedor, no sé cómo me guardé aquella lágrima que luchaba con mis ojos para salir, ¿qué puedo decir? ¡Soy un hombre!
-"Un bebé es una cosita muy fastidiosa, dependiente y que huele mal ¡Imagínense si son dos! Pero ustedes niños, son Jessica y James Maddox, y aunque eso no cambie todo lo anterior, los hace mucho más geniales y guapos. ¡Bienvenidos sean al mundo y a nuestra familia! Los quieren, su tíos: Taylor y Tyler"- me pregunté qué pensarían nuestros invitados ante las bromitas de mis hermanos.
-"Para los bebés de nuestra querida casi hija. Estamos muy contentos de saber que vendrán a la familia, siempre estaremos ahí para cuidarlos y mimarlos y defenderlos de sus padres cuando hagan alguna travesura. Con amor, el abuelo y la abuela Mason"-.
-Y finalmente, el de Abby y Travis. "Para nuestros hijos. Amores de nuestras vidas, no saben lo emocionados y felices que estamos de saber que están por llegar para cambiar toda nuestra vida y voltear al mundo entero de cabeza, son lo mejor que nos pudo haber pasado. A veces miramos a nuestro pasado y nos damos cuenta de que todo ha valido la pena porque ahora podemos tener una familia, unos bellos hijos como ustedes y aunque papi sea algo impulsivo y en algunas ocasiones irresponsable, aunque mami a veces pierda la paciencia y sea un poco dramática, deben saber que los amamos con toda nuestra alma, vida y corazón. Podremos no ser perfectos pero por ustedes haremos hasta lo imposible, si es necesario acabaremos con el mundo entero con tal de verlos felices, haremos todo por darles lo mejor del mundo y sepan que siempre tendrán toda nuestra atención y cariño, esperamos que algún día se sientan agradecidos y estamos esperando con ansias el día en que ambos digan: Los queremos, papi y mami. Aquí estaremos esperándolos, los amaremos por siempre y para siempre, Sus papás: Abigail y Travis"- y entonces Abby lloraba aferrándose a mis brazos.
-¿Hormonas?-pregunté.
-Hormonas- me aseguró, besé su húmeda mejilla sabiendo que aquellas eran lágrimas de felicidad. Ella estaría tranquila sabiendo que seríamos mucho mejores que sus propios padres, porque nosotros sí amaríamos mucho a nuestros hijos, ya lo hacíamos, de hecho.
-Eso es bellísimo, hijo- me apremió papá y yo le sonreí.
-Ay, sí él. Tan cursi como siempre…- se burló Trent y yo golpeé su brazo lo más suave que pude, seguramente le dejaría un morado enorme. Finalmente, tuve un arranque de valentía, me levante de mi asiento y tomé mi copa.
-Un brindis ¡Por nuestra bella familia!- dije, todos aplaudieron y bebieron como histéricos.
-Ya sé, yo no.- recordó Abby al ver el vino.
-Esa es mi chica- besé su mejilla. De repente Mare se acercó a nosotros lo más rápido que le permitían sus tacones ridículamente altos, pero no iba a decírselo.
-Oigan, chicos. No quiero interrumpir pero se acabó el vino y mi tío Jeffrey no se pone muy bien sin haber tomado sus 5 copas obligatorias…- dijo señalando a aquel señor que estaba en la mesa de enfrente, ya parecía bastante ebrio.
-¿Y cuántas va tomando?- preguntó Abby.
-3, estaremos en problemas si no traemos más ahora. La tía Imogen no es que sea muy paciente con él…- no era necesaria más plática. Ambos nos levantamos de la mesa y fuimos con Mare adentro para dirigirnos a la cocina donde papá guardaba el vino.
-¿Tinto o blanco?- pregunté.
-Blanco, eso lo intoxica más rápido.- respondió Mare y justo cuando iba a abrirlo, sonó mi celular.
-No puede ser…- se quejó Pigeon.
-Puede que no sean ellos…- traté de reconfortarla.
-Siempre ¡Siempre son ellos, Travis! ¿Acaso no saben que tienes una vida?- estaba molesta, muy molesta, embarazadamente molesta lo que es peor.
-Debe ser importante, Pidge- me defendí.
-¿Qué es más importante que tus hijos? ¿En serio vas a irte ahora?- no podía culparla por enojarse, pero ¿Cómo explicarle a tu irritada esposa que estabas protegiéndola a toda costa de sus acosadores y que no podías quitarles el ojo de encima ni un segundo, aún cuando no podías decírselo?
-Solo verificaré que no sea nada malo…- dije tratando de sacar mi celular que seguía sonando frenéticamente.
-Pueden llamar a Thomas ¿O no?- dijo ella.
-No es lo mismo, Pidge. Si me llaman a mí es porque me necesitan-.
-Bueno, yo te necesito también.-
-Lo sé, linda, pero…-
-¡No vas a echarte a correr ahora por esos imbéciles, Travis! ¡Toda nuestra familia está aquí!-
-Te digo que es importante, Abby. Ya cálmate-
-Aquí vamos de nuevo…- suspiró América.
-¡Ah, no! ¡No me vengas con "Ya, cálmate"! ¡Me has dicho eso por nueve malditos meses! ¿Te das cuenta de cuánto hemos esperado esto? ¿Me vas a abandonar ahora?-
-Abby, creí que habías dicho que lo entendías…-
-Y así lo hago pero son ellos quienes deben entender que tu esposa está embarazada y que te necesita a su lado ¡Lo demás puede esperar! ¿O no es así?-
-Claro que sí, mi vida. Pero es un asunto de vida o muerte…- me defendí, mala idea.
-¡Vida o muerte, mi trasero! ¡Tú te quedas aquí por que si no…!- estaba gritando y se detuvo, empezó a respirar con dificultad y se rodeó su crecido vientre con los brazos.
-¿Qué pasa, Pidge?-pregunté acercándome a ella, América parecía nerviosa también.
-Nada que te interese mucho, anda con tus colegas y déjame como siempre…-se quejó, suspiré molesto.
-Lo siento, Pidge ¿Ok? Eso ya no importa ahora- estaba adolorida, podía verlo en su rostro.
- Oh ¿Con que ahora sí importa, no?-y aunque tenía un terrible dolor, no dejaba de discutir conmigo.
-Siempre importa, mi amor ¡Siempre!- chillé y ella comenzó a gimotear.
-¿Qué tienes, Abby?-preguntó Mare estresada.
-Stella me advirtió de esto… pero no estoy segura…-dijo pausadamente.
-¿Tú crees que…? ¿Ahora?- pregunté esperando que entendiera a qué me refería.
-Tal vez… Oh, sí. Ya vienen- confirmó.
Continuará…
Dreamer.
