21. En busca de soluciones.
Habían pasado varias horas y Candy seguía pensando en el beso que Neal le había dado. Ella sabía que no era un beso real, pero ella así lo sentía, aún podía sentir la respiración del muchacho, la mano ferviente de Neal sujetándola por la cintura, sentía que su cuerpo no paraba de temblar de emoción.
–Dos días –dijo Candy sonriendo.
En dos días estaría casada con Neal, tenía sentimientos encontrados al respecto, si se casaba, ¿cómo sería? Recibiría desprecios constantes, tal vez todos los días tendría que soportar malas caras, de repente la emoción se convirtió en miedo, en la razón por la que ella no había accedido a casarse con él inicialmente, porque temía esa vida, una vida con alguien que no la quería.
Comenzó a dar vueltas en la cama, no se percató de que el tiempo pasaba hasta que ya era de mañana y ella seguía sin poder dormir. Miró el reloj que había en la cómoda frente a su cama, éste marcaba las 7 de la mañana, el frío se sentía fuerte, pero las ventanas seguían tapiadas, así que no sabía si había sol o si estaba nevando.
Estaban terminando febrero, seguramente estaba nevando, allí dentro no se sentía porque había calefacción en los cuartos, ¡cuán lejos se sentía aquel día que se había embarcado hacia Francia! Se levantó, y arregló, no tenía deseos de seguir en cama. Apenas lo había hecho llegó una mucama para comunicarle que tendría que bajar a desayunar.
La nueva orden de la tía Elroy le causó desconcierto, ¿acaso había terminado su encierro? Pero cuando llegó a la planta baja podía escuchar gritos que provenían desde el comedor.
–¿Por qué se empeñan en desacreditarme? –la voz de la tía abuela resonaba en las paredes de los pasillos.
–No es eso… y lo sabe tía –la voz de Archie llegó a los oídos de Candy.
Tenía ya meses desde que lo había visto por última vez, no sabía si podía verlo a la cara, tuvo miedo de ir hasta el comedor, pero entonces las voces de Neal y Albert intervinieron, ¡Neal estaba en el desayuno también!
Candy se apresuró a llegar, cuando entró al comedor, vio que nadie comía, todos estaban peleando y acosando a la tía que estaba sentada al final de la mesa.
–Por fin llegas –la tía Elroy no parecía complacida con la muchacha.
–Buenos días –saludó la chica.
–Candy, ¿cómo puedes estar tan tranquila? –Archie la abordó antes de que pudiera sentarse.
–Hola Archie, ¿cómo estás?
–¿Cómo estoy? ¿Quieres saberlo? Estoy enojado, ¿cómo puedes aceptar semejante trato con la tía?
–¡Archie!
–Sí tía, casarla con éste.
–Éste tiene su nombre –intervino Neal.
–Es la mejor solución –aseveró la tía Elroy.
–De nada sirve lloriquear primo, la tía ha preparado todo –dijo Neal.
–Pues claro que vas a estar de acuerdo, si mal no recuerdo no es la primera vez que has querido casarte con Candy –le respondió Archie.
–Es mi culpa –interrumpió Candy –podrían dejar de hacer responsable a Neal.
–¡Candy! –Albert parecía sorprendido.
–Ayer te lo dije, nadie tiene que cargar por lo que yo he hecho –Candy hablaba tratando de calmarlos.
–No hay otra solución –espetó la tía Elroy –estoy harta de esta discusión sin sentido.
–¿Y tú tan tranquilo no? –Archie siguió atacando a Neal.
–¡Es que no comprendes! Ya se tomaron incluso las fotos del viaje de bodas.
–Eres un descarado.
–Y tú, un entrometido –señaló Neal –¿qué más te da si me caso con ella o no? ¿En qué te puede afectar?
–Yo la estimo mucho y no puedo concebir la idea de que esté casada con alguien como tú.
–¿La estimas? ¿No querrás decir que la amas? Verla soltera te da cierta esperanza para que dejes a esa sosa huérfana con la que te casaste.
–Neal –la tía abuela se veía muy enojada.
–¿Es qué él puede ofenderme y yo no puedo contestarle? Él ya se casó, que dejé tranquilos a los demás. –Neal se veía tan alterado como la misma tía.
–Archibald, cuida tu lenguaje, Neal es un Andley, no entiendo cómo puedes injuriarlo diciendo que es poca cosa comparado con una muchacha que no tiene buena cuna. Candice por más que sea hija adoptiva de los Andley, lamentablemente no sabemos mucho de su procedencia, y aun así, mi pobre Neal está dispuesto a aceptarla dentro de la familia.
Las palabras de la tía Elroy le pegaron a Candy, ella sólo pensaba en lo que Neal le había hecho, decía que no se creía hija de los Andley, pero jamás consideró que ellos al ser hijos de una familia de alcurnia por lo general no solían casarse con muchachas sin clase, aún recordaba que cuando se casó Annie con Archie, ella solía decirle que estaba muy agradecida con la tía abuela por haber accedido a ese matrimonio, para Candy en aquel momento sólo significaba algo que por derecho tenían que acceder, ella amaba más que ninguna a Archie, era su amiga, y la veía tan digna de Archie, ¿qué no era hija de los Britter? Sí, ahora lo entendía, era hija de los Britter, pero sólo de nombre, realmente no lo era, Annie era como ella, era una huérfana, ¿quiénes eran sus padres? Nadie lo sabía, como bien podían ser buenas gentes, podrían ser hijas de criminales. En ese momento comprendió porque la tía se rehusaba a aceptarla como hija de Albert, ella representaba como una carta al azar en un juego de póquer, podía ser una carta buena o una mala… comprendió entonces cuando le decía que eran demasiados escándalos.
La fuerza de Candy se desvaneció, después miró a Albert, era un sobrino por demás desobediente, la había adoptado en contra de los deseos de la tía, y veía a Archie, admiraba que la defendiera, ¿pero cómo podía considerar a su propio primo por debajo de ella? "Yo no soy nadie" se dijo Candy "sólo soy una huérfana que es enfermera". Apretó los puños, realmente ella decía que no era hija de los Andley pero se comportaba con tanta arrogancia como ellos lo hacían. ¿Con qué derecho? ¿con qué derecho levantaba la voz allí?
Una vez que se calló, vio a los demás en la mesa que continuaban los dimes y diretes, sólo había otra persona igual de callada que ella, esa persona era Anthony, miraba todo con cierto disgusto, tal vez un poco de interés, como si estuviera viendo una obra de teatro. ¿Qué pensaba ese chico? ¿se sentía tan lejos de esa familia como ella misma? Candy lo observó por minutos mientras Archie y Neal seguían ofendiéndose mutuamente.
–Es suficiente –la tía Elroy parecía tajante en sus palabras –la decisión ha sido tomada, está bien saber cómo te sientes Archibald, pero no voy a cambiar mi decisión por simples sentimientos… tenemos otras cosas en que pensar además de una boda.
–Es que tengo una solución distinta para esto que sucede –replicó Archie.
–Pues dila, me gustaría saber que tu cerebro da para otras cosas además de ropa y estupideces –señaló Neal.
Archie sonrió, con una sonrisa triunfante, y Candy sintió un ligero escalofrío que le recorrió la espina dorsal hasta llegar a su cuello.
–Va a tener que decir todo sobre Anthony ¿verdad? –mencionó Archie.
–Eso ya se había hablado –respondió la tía.
–Y ha pedido que Candy realice un sacrificio para que acepte a Anthony de regreso.
La cara de Neal se encontró con los ojos de Candy, él parecía consternado al escuchar eso.
–Yo no diría que un sacrificio –dijo la tía Abuela.
–Bueno, pues es simple, diga que usted lo planeó así.
–¿A qué te refieres Archie? –la pregunta que probablemente la tía abuela pensaba la hizo Albert.
–Diga que Candy y Anthony estaban involucrados sentimentalmente, cualquiera que los haya conocido hace años sabrá que no es una mentira.
Anthony miró de soslayo a Archie, pero no dijo nada, como no lo había dicho durante toda la discusión.
–Y que usted se rehusaba a que ese amor siguiera, así que se inventó lo de la muerte de Anthony para ponerle un fin a eso, lo mandó lejos a estudiar sin posibilidad de volver…
–Pero entonces…. –la tía abuela lo interrumpió.
–Entonces Candy descubrió la verdad y con ayuda de su buen primo Neal, se fue en búsqueda del amor de toda su vida, –prosiguió Archie –finalmente se reencontraron y han viajado de regreso para pedirle su bendición, la cual dará aunque no con gusto, sino porque ha visto que su amor es más fuerte que cualquier océano que ponga de por medio.
–Es la cosa más estúpida que has dicho hoy, y mira que has dicho puras estupideces –Neal se veía realmente enojado.
La cara de la tía Elroy por lo contrario se veía como con esa escapatoria de no decir la realidad, de no exponer la crueldad de la que era capaz en pro del nombre familiar, ella lo sabía, Candy igual, que muchas familias ricas hacían de todo con tal de separar romances "no convenientes" para ellos, había escuchado historias escabrosas sobre como muchos incluso habían llegado a matar al hombre o mujer que no eran dignos de un apellido de alcurnia.
–Ya se hicieron preparativos –dijo Neal.
–Tú lo has dicho, son preparativos, nada está escrito en piedra, todavía puede tomar otra decisión tía.
–¿Entonces dices que en vez de casar a Candice con Neal, hacerlo con Anthony?
–Puede ser, pero no tiene que ser inmediatamente, puede pasar un tiempo prudente para que dé su aprobación tía –Archie decía todo esto en un tono meloso.
Candy volteó a ver a Anthony, en apariencia el mismo chico que alguna vez amó con todo su corazón, pero ya no era él, era un hombre distinto, alguien que no sabía quién era, que no tenía memorias sobre ella, que había olvidado todo sobre sí mismo.
–Esa es una buena idea –mencionó Albert.
Las caras de Albert, Archie y de la misma tía Elroy parecían compartir la idea como una buena noticia, Candy entonces miró a Neal, se veía pálido, y de repente se había quedado callado.
–¿Es qué para ustedes soy un juego? –finalmente Candy se decidió a hablar.
–Candy –Albert la miró con una expresión de esperanza pintada en el rostro.
–No, me niego a que hagan lo que quieran conmigo, sé que soy nadie, que sólo soy una pobre huérfana…
–Nadie dijo eso –se apresuró a decir Archie.
–No importa que nadie lo diga, aunque nadie lo mencione, no lo hace menos real, agradezco lo que han hecho por mí desde que era una niña, sé que sin su ayuda tal vez habría terminado mendigando o algo peor, conozco cada cosa que les debo, pero si van a hacer un favor no pueden después pedir una retribución, yo no puedo simplemente dedicarles mi vida sólo por su ayuda, no puedo ser su marioneta y hacer lo que les plazca, yo había hablado con Albert, no pensaba casarme tan pronto, mi idea era trabajar durante mucho tiempo y eventualmente encontrar el amor… pero a pesar de mis ideas accedí, porque creí que con eso les pagaba parte de la deuda que tengo con ustedes, ahora vuelven a cambiar las cosas, ¿qué pasará después? ¿les tendré que ofrecer la vida de mis futuros hijos? ¿cuándo se acabará esta deuda?
–No Candy, no tienes ninguna deuda con nosotros –le interrumpió Albert.
–¿Entonces por qué me siento así? ¿por qué los escucho y pienso que planean mi vida como si tuvieran derecho a eso?
–No, no quise decir eso –Archie fue quien habló en seguida.
–Pero eso fue lo que hiciste, ¿es que acaso mi vida y la de tu primo valen tan poco?
–¿Mi primo?
–Creo que no sólo la de uno de ellos –añadió Candy –¿acaso no hiciste planes referentes a Neal y Anthony sin preocuparte?
–No, yo…
–¿O es qué la vida de Anthony no te interesa? ¿No significa nada porque no es el Anthony que recuerdas?
–Candy, ¿cómo puedes decir eso de mí? –Archie parecía realmente ofendido.
–¿Por qué lo hiciste?
–Pensé, pensé mucho, quería librarte de un matrimonio sin amor, y recordé lo mucho que querías a Anthony, creí que la idea te gustaría.
–Él –Candy señaló a Anthony –no es quien recordamos, él ha sufrido mucho y lo último que necesita es estar obligado a mantenerse cerca de alguien a quien apenas recuerda, un matrimonio para él no debía haber sido mencionado ni siquiera de broma.
–Pero…
–¿Se lo preguntaste? ¿le pediste su opinión antes de hacer semejante propuesta?
La cara de Archie se veía avergonzada.
–No, yo… yo supuse.
–Archie, no estamos en un momento de hacer suposiciones –le retó Candy –no con él, Anthony no está bien, no puedes tomar decisiones por él, debes permitir que comience a recordar, pensando que tal vez no lo haga nunca… no sabía que eras ese tipo de persona.
–Yo sólo quería protegerte.
–¿Por qué todos insisten en eso? No soy alguien que deba ser protegida… yo no estoy enferma ni soy una inútil –Candy sentía que le hervían las venas.
–Candy –Albert tenía ese tono conciliador, –Archie no pretende decir eso, tampoco yo lo quise decir hace unos días que hablé contigo. Tienes que entender.
–Eso he hecho, pero es suficiente… me voy. Me voy para siempre, tía le agradezco toda la ayuda, sus favores y sus esfuerzos por tratar de convertirme en una dama, pero no soy eso, soy una huérfana con mucha suerte de haberme encontrado con ustedes en mi camino, trataré de recompensarles, pero no como ustedes esperan, no voy a interponerme más en su vida, no voy a serles un estorbo más, no tienen que preocuparse por mí dignidad o por si la gente no me ve como una dama, tienen que entender que sólo soy una niña que fue huérfana, pero que ahora se ha logrado labrar un futuro como enfermera, sólo les pido que no me quiten eso. Les prometo que no volveré a aparecer delante de ustedes, yo… me iré lejos, no volverán a saber de mí. Permítanme eso, y cuando pueda veré la forma de resarcirles todo el daño que les he hecho.
–No Candy, no hagas eso –suplicó Albert.
–Candice, no te lo permitiré –murmuró la tía abuela.
–Lo siento, eso no está a discusión, llegué hasta aquí, porque… –Candy iba a decirles frente a todos que lo había aceptado en parte porque amaba a Neal, pero las palabras murieron en su boca, vio a Neal que se había quedado mudo de repente.
–¿Por qué? –le insistió la tía Elroy.
–Por agradecimiento, por todo lo que les debo, porque creí que era lo que Anthony necesitaba, pero no voy a cometer el mismo error que Archie, no voy a asumir más cosas, él no necesita de mis sacrificios, él sólo necesita a su familia. Y yo… yo sólo soy un obstáculo, diga que estoy muerta si eso soluciona el problema con Neal, pero por favor déjeme ir.
Albert la miró tratando de decir algo, pero no salió ni una palabra de su boca, Archie se había quedado callado y Neal, bajó la cabeza, Anthony seguía como espectador. La tía se veía enfadada, se sentó un momento y comenzó a comer el almuerzo que Candy pensó estaría ya frío después de tanto alegato, sin embargo todos la siguieron.
Candy comió, mirando a todos, pensando que sería la última vez que los vería, algo le decía en la actitud de la tía Elroy que accedería a su petición.
Cuando terminó el frío y silencioso almuerzo, la tía se quedó estática y todos se veían expectantes, la cara de la anciana no mostraba signos de una respuesta clara.
–Bien Candice, he escuchado lo que tenías que decir, ahora me toca a mí hablar.
Todos se quedaron callados, Candy se preguntaba que en ese momento nadie se atrevería a interrumpirla.
–Bien saben todos que yo jamás apoyé la decisión de William para adoptarte, sin embargo durante años traté de ser una mujer caritativa e incluso me porté como una guía cariñosa, o eso fue mi intención… una niña que creció sin familia no sabe los sacrificios que se tienen que hacer por la misma, encuentras mis acciones reprochables, pero sólo quien tiene un honor que preservar puede entenderlo, por ese tipo de cosas es que me rehusaba a que William adoptara a una niña sin familia, difícilmente puede sentir ese amor que los integrantes de una familia sienten los unos por los otros.
Los comensales la escuchaban y ella seguía hablando con vehemencia.
–Quisiera decir que entiendo tu proceder, pero de la misma forma que no entiendes mis acciones, no puedo entender que quieras irte, sin embargo estoy de acuerdo en que si quieres irte debes hacerlo, pero de forma en que no volvamos a cruzarnos en nuestros caminos, sólo así podrás proteger el honor de los Andley, de esa manera podré perdonar cualquier desprecio que nos hayas hecho.
–¿Lo dice en serio? –preguntó Candy.
–Así es muchacha, te sugiero que no utilices tu nombre, que no haya manera en que la gente te pueda relacionar con nosotros.
–Lo entiendo, así será.
–Te ayudaré a que te vayas lejos, te daré algo de dinero –mencionó la tía.
–No, no se preocupe.
–Candy, ¡por favor! –rogó Albert –no te puedes ir sin nada.
–No tengo derecho a nada.
–No puedes volver a tu casa, ni con tu trabajo, trasladarse de un lado a otro no es barato, tómalo como un regalo de despedida.
–Gracias, no quisiera deberles más.
–Ya te dije que no nos debes nada, nos regresaste a Anthony a la familia, nosotros somos los que estamos en deuda contigo.
La tía asintió ligeramente, Candy fue a su habitación, no quería tomar nada de lo que le habían dado en los últimos días, pero después pensó en lo que le había dicho Albert, no era barato iniciar una nueva vida, y esa ropa estaba hecha a su medida.
Archie ingresó a la recámara después de un rato.
–Candy, ¿no te puedes quedar?
–No, Archie, esta situación se estaba volviendo insostenible…
–Si te vas, me sentiré culpable.
–Entiendo, querías ayudarme, todos lo desean, pero no soy tan importante para que detengan sus vidas por mí, de verdad, no quiero que pienses en eso…
–Pero entonces… ¿te irás? ¿para siempre?
–No sé si para siempre, al menos por un tiempo.
–Toma, no lo rechaces, es dinero, es lo menos que puedo hacer, cuando Annie se enteré me va a reprochar, quisiera decirle que hice esto por ti.
–Gracias Archie, espero que estés bien, cuida mucho de Annie.
Archie le dejó dinero sobre una de las mesas del cuarto, Candy colocaba todo en un baúl, ayudada por una de las mucamas.
–No sé porque me defendiste tanto allá abajo.
Candy volteó hacia la puerta y se encontró con Anthony.
–No entiendes muchas cosas porque no recuerdas mucho, pero a una de las personas que estoy más agradecida eres tú, me ayudaste cuando nadie más lo hizo creíste y confiaste en mí.
–Me gustaría recordar todo eso, suena una persona mejor de lo que creo soy.
–Eso eres para mí, espero que cuando vuelva a verte seas el Anthony que recuerdo o mejor…
–Toma.
–¿Qué es eso?
–Un reloj, yo lo hice con el relojero en Francia, no quiero darte algo que no se a quien pertenece, esto lo hice con mis manos, es mío, del que yo recuerdo, y es una muestra de agradecimiento.
–¿por no casarme contigo?
–No, creo que podría haberme acostumbrado a ti, es fácil platicar contigo. Lo hago porque antepusiste mis necesidades a las tuyas. Eso no lo hace cualquiera, no puedo terminar por entender todo lo que sucede aquí, pero creo que si recordara, estaría de acuerdo con tu decisión, espero que todo te vaya bien. Si algún día decides regresar, ten por seguro de que te espera un amigo.
Candy sonrió, ese reloj era una pequeña muestra de que su Anthony estaba por allí escondido, tal vez nunca terminaría por regresar, pero le gustaba la idea. La rubia se acercó a él, lo abrazó, y se despidió, unas lágrimas salieron de sus ojos, estaba feliz de haber realizado aquel viaje, estaba de regreso, Anthony había regresado.
Después de las dos visitas, Candy alargó lo más que pudo el tiempo para irse, esperando a que Neal apareciera en la habitación para despedirse, pero no lo hizo, dos horas después se había convencido de que no iría, con una gran decepción Candy bajó al vestíbulo, allí estaba la tía Elroy con un pequeño cofre y Albert, quien la llevaría a algún lugar, posiblemente la estación de tren, no lo sabía con precisión.
–Candice, esto es una muestra del cariño que te tengo, sé que la separación es dolorosa para ti, espero que sepas lo que haces.
Candy tomó el pequeño cofre, abrazó a la anciana, quien para sorpresa de la chica, besó su frente, y después se tomó del brazo de Albert quien la escoltó hasta el automóvil.
–Candy… –dijo una vez que iban sobre el carro –yo…
–Lo sé, no quieres que me vaya.
–Hubiera deseado que las cosas fueran distintas, que no tuvieras esos sentimientos por la familia Andley, cuando te adopté lo único que pensé fue en hacerte feliz.
–Y lo fui, al menos por un tiempo, no te miento, pero yo no nací para estar en una jaula de oro, me gusta mi libertad, y a pesar de lo mucho que los quiero, creo que es momento de irme.
–Lo entiendo, espero que perdones a Archie.
–No tengo nada que perdonar, él lo hizo porque creyó era lo mejor. No le guardo ningún rencor –mencionó Candy.
–Te voy a dar algo, que tal vez la tía no habría aprobado.
El carro se detuvo a las afueras de la ciudad, allí estaba George esperando en un carruaje.
–Ese carruaje es tuyo, George lo consiguió hace una hora, ese es mi regalo, algo en que puedas moverte hasta que encuentres el lugar donde te establecerás, si alguna vez necesitas mi ayuda…
–No, se lo prometí a la tía Elroy, no volveré a molestarte.
–Hazlo, hazlo si de verdad necesitas ayuda, tienes que prometerme eso, de lo contrario no podré dejarte ir.
Albert la abrazó, como si quisiera impedir que se fuera, como si con ese abrazo pudiera borrar los sufrimientos de la muchacha, como si con ese abrazo Candy fuera a decidirse a quedarse. Pero no fue así. Ella ya estaba decidida.
–Te agradezco el carruaje, no sé si sea lo mejor para una simple enfermera.
–Siempre te consideraré una Andley, no importa lo que se dijo hoy, no importa nada…
–Te tendré siempre en mis oraciones, espero que no sea la última vez que nos veamos.
–Hasta pronto, entonces Candy…
George le ayudó con el baúl y después se subió al carruaje, y comenzó a andar, no sabía hacia dónde iría, pero no podía detenerse, si lo hacía, flaquearía y regresaría a los brazos de Albert… pero eso no era posible, respiró profundamente, y no volteó más hacia atrás.
