Abby POV:

-¿Ya vienen? ¡Por Dios! No puede ser, no puede ser… -Travis comenzaba a corretear por toda la cocina mientras yo me retorcía de dolor en los brazos de Mare quien se había quedado completamente pasmada.

-¡Ya cálmate, solo lo empeoras!- le chillé tratando de respirar normal de nuevo, pero sentía que me moría por dentro, era horrible.

-¡Sí, sí, no te preocupes, linda! Pero ¿Qué hago, Dios?- debo admitir que él estaba incluso peor que yo, bueno yo estaba adolorida y él estaba preocupado, vaya parejilla.

-¡Llama a Stella, maldita sea!- ordené, estaba perdiendo la calma… y el equilibrio.

-¡Ya lo sabía!- me aseguró y sacó su teléfono de nuevo.

-¡Oh, Dios mío…!- exclamé cuando sentí una fuerte contracción, había estado teniéndolas toda la mañana pero no sabía que fueran algo tan serio.

-Tranquila, Pigeon. Respira- contestó.

-¡Tú limítate a hablar por el jodido teléfono!- no iba a quedarme callada con semejante dolor.

-¿Cómo rayos pasó esto?- quiso saber América. Comprendí que este pequeño suceso nos tomó de sorpresa a "los tres" pero no pude evitar mirarla con ojos asesinos.

-¡Pues resulta que los bebés no pueden quedarse dentro mío para siempre!- Oh sí, estaba gritando… y Travis seguía caminando impacientemente por el lugar, lo cual me ponía peor.

-No contesta- respondió finalmente, y fue cuando tuve otra contracción. Menudos niñeros que tenía ¡No podían ni siquiera llamar a la doctora!

-¿Y ahora qué?- preguntó América asustada tratando de ayudarme a estabilizarme.

-Ay, no…- dije cuando sentí que algo andaba mal… ahí abajo.

-¿Q-Qué pasa, cielo?- preguntó Travis tembloroso.

-¡Rompí fuente!- anuncié, América se puso pálida.

-¡Santa María, estamos jodidos!- exclamó, no ayudaba para nada.

-¿Qué pasa, están bien?- quiso saber Trent entrado a la cocina, lucía muy aterrado.

-No, no, hermano. Voy a ser papá…- le hizo saber Travis, Trenton lo miró por un segundo y después se puso a abrazarlo mientras reía de la emoción.

-¡Hagan algo, mierda, voy a explotar!- exigí, fue cuando los hermanitos reaccionaron.

-¡Cierto! ¿Llamo a una ambulancia?- preguntó Trent, quería ser más amable con él pero, Dios, estaba a un segundo de desmayarme.

-Eso no servirá, niños- respondió la mamá de Mare que entraba por la puerta, medio nerviosa y medio feliz.

-¿Qué hacemos, mamá? ¡Abby se está derritiendo aquí!- chilló América asustada. Yo seguí respirando con dificultad.

-¡Primero! Mantengan la calma, bola de desesperados ¡Segundo! ¿Duele mucho, linda?- y vaya que era buena madre, al oír su voz todos nos calmamos, hasta yo que sentía que me partiría en dos, se acercó a mí para tomarme del brazo.

-Oh sí, duele como el infierno. Duele más que antes…- confesé sin darme cuenta, Travis me miró anonadado.

-¿Antes? ¿Estabas teniendo contracciones, Pidge?- preguntó, yo asentí lo más calmada que pude. -¿Por qué mierda no lo dijiste? ¡Estaríamos en el hospital ahora!- comprendo que estaba asustado, pero no tenía por qué tratarme así.

-¡No sabía que era algo tan serio!- me defendí, mi voz apenas sonaba.

-¿Cómo no vas a saberlo? ¡Era obvio!-

-¡Deja de gritarme, Travis!-

-¡No te estoy gritando!-

-Sí, lo estás haciendo- respondió la mamá de Mare tratando de calmarnos a los dos.

-¡Ay, Dios!- grité, y me di cuenta de que comenzaba a llorar, por el dolor y desesperación.

-¡Tenemos que llevarla ahora mismo!- exigió Mare quien aún me sostenía fuertemente.

-No, querida, es muy tarde…- dijo su mamá y la miré asustada.

-¿Qué sugiere que hagamos entonces, tenerlos aquí?- preguntó Travis, solo lo había visto comportarse así antes o después de sus peleas, pero estor era mil veces peor.

-Que buena idea ¿Cuál es el dormitorio más grande?- preguntó ella muy decidida, no podía estar hablando en serio.

-¿Qué?- grité, apretando más la mano de Mare, soltó un chillido de dolor.

-No hay tiempo, linda ¡Tiene que ser aquí!- hizo que comenzara a caminar, ni siquiera recuerdo cómo logré moverme.

-¡Pero no hay ningún doctor aquí!- dijo Trent cuando pudo reaccionar.

-¡No necesitan un bendito doctor, tienen a una mujer con experiencia lo que es mejor!- presumió la mamá de Mare.

-Ok, ok. Entonces al cuarto de mi padre- Trav se puso en frente para guiarnos.

-¿Estás demente? ¡Es en el segundo piso!- grité, negándome a subir los escalones.

-¿Prefieres dar a luz en la sala donde todo el mundo te mire, Pidge?- quiso saber.

-¡Odio cuando tienes razón!- chillé y chillé.

-Muy bien, vamos a hacerlo. América, ve a traer a Shepley, lo vamos a necesitar. Travis, sostenla fuerte y ni se te ocurra soltarla- me entregó a mi marido.

-Oh, oh ¿Qué hago yo?- preguntó Trenton impaciente por participar de la acción.

-Diles a todos las buenas noticias y no dejes que nadie suba- ordenó la mamá de Mare. Trav me limpió las lágrimas que salían por mis ojos mientras ambos me ayudaban a subir.

-¡Sí, señora!- contestó Trent complaciente. Llegamos al cuarto y puedo jurar que me estaba doblando en dos, solo quería morir en ese segundo y rendirme.

-Llévala a la cama y… ¿No tienes otra ropa, verdad, amor?- me preguntó algo nerviosa.

-¿Tú qué crees?- y grité de nuevo, si no hacían algo en ese mismo segundo me botaría al suelo a ver qué pasaba con mi vida después de aquello.

-Ni modo, tendrán que sacrificar el vestido y… las sábanas de tu padre ¡Rápido!- Ella se fue al baño a desinfectarse las manos. Travis me cogió en brazos, apartó las cobijas y me dejó suavemente allí.

-Ya, en serio, Pidge ¿Por qué no lo dijiste?- suplicó saber tomando mi mano con fuerza.

-¿Qué querías que te diga, ah?- le grité enfurecida.

-¡Lo que sea! ¡Sabes lo que indican esos dolores muy bien, Stella te lo dijo un millón de veces!-

-Sí, bueno ¡Ten en cuenta de que esta es la primera vez que estoy en trabajo de parto! ¡No lo sabía!- lloriqueé.

-Ya, entiendo. Tranquila, amor…- me dio un beso en la frente.

-¡Voy a morir aquí! ¡Justo ahora!- grité, el apretó más mi mano.

-No mientras yo esté aquí, todo va a estar bien- me aseguró, solté un chillido una vez más.

-No voy a poder, duele demasiado…- le dije, me miró con ojos preocupados.

-Bueno, no hay otra salida, mi amor… no creo que quieras una cesárea casera ¿Verdad?-trataba de calmarme, eso sí, pero sus métodos eran muy estúpidos.

-¡Travis!-

-Ok, ok, tranquila…- contestó y finalmente la puerta del dormitorio se abrió de nuevo, Shep entró detrás de América.

-¿Qué pasa? ¡Abby! ¿Te encuentras bien?- preguntó preocupado.

-¡Alerta de bebés, Shep!- respondió Travis, el dolor cesó por un momento.

-¡Oh joder, vas a ser padre!- lo felicitó Shepley, todos reímos un rato por estar tan emocionados.

-¡Que noticia, Shepley! Vamos, necesito tu ayuda, ve a traer todas las toallas que puedas, agua caliente y unas tijeras, corre- dijo la mamá de Mare saliendo de el baño, Shepley ni contestó y corrió hacia la puerta. Travis intentó ayudarme a posicionarme para que comenzáramos el proceso de "Partirme en dos, literalmente", las punzadas comenzaron otra vez.

-¡Oh, madre de Dios! ¡Estos niños quieren asesinarme!- me quejé, Travis acarició mi vientre.

-Puedo sentirlos, Pigeon… oh sí, quieren salir de allí ahora mismo- me aseguró Trav.

-¡Dime algo que no sepa!- chillé, América ayudaba a su madre a disponer la habitación para el parto, no podía ser cierto. No era el momento, ni el lugar, ni las personas adecuadas para que mis hijos vinieran al mundo, pero era oficial… no había de otra.

-Ok, preciosa. Vamos a ver si estas lista…- anunció la mamá de Mare acercándose a mí, me congelé.

-¿Cómo?- pregunté nerviosa, tratando de alejarme.

-Tengo que ver si ya estás suficientemente dilatada, Abby… así que…- respondió, tuve que obedecer por muy incómodo que sonara.

-No puede ser, díganme que esto no está pasando- protesté, era tan horrible y doloroso y no me faltaban las ganas para pedir un relevo.

-Está pasando, Pidge, sí que está pasando- respondió Trav a mi lado, seguí apretando su mano.

-Tengo miedo- estaba llorando como Magdalena, que vergonzoso.

-Lo sé, nena. Yo también, pero estaré aquí cada segundo ¿Ok? ¡Tienes que ser fuerte, mi amor!- ordenó y me hizo reír, él era tan malditamente perfecto.

-Como digas- me rendí, entonces recordé cómo tenía que respirar para alivianar la tensión, Travis lo hizo conmigo como todo buen padre.

-Sí, ya está ¿Listos para ser padres?- preguntó la mamá de Mare, suspiré y Trav acarició mi mano.

-Más que nunca- confirmó Travis.

-Ok, linda. Vas a tener que pujar- dijo y mi expresión no debió ser muy agradable porque América comenzó a reírse.

-Ya sé, solo has que acabe pronto- me dispuso, agarré con fuerza la mano de Travis e hice lo que me pidió.

-¿Ya llegaron?- preguntó Shepley entrando a la habitación con las manos llenas, Mare cerró la puerta detrás de él.

-¡Ya quisiera yo!- grité.

-Shepley ponte al otro lado de Abby y agarra su mano- le pidió la mamá de Mare. Shep dejó sus otros encargos en manos de América e hizo como se le ordenó.

-Suerte, Abby- es lo único que pudo decir mientras sostenía mi mano.

-No la necesita, ella es "Lucky Thirteen", Mi "Lucky Thirteen"- recalcó Travis, le sonreí.

-Aquí vamos ¡Puja, linda!- Así lo hice, a pesar de que dolía demasiado. Es cierto que no eran las circunstancias para todo lo que acontecería ese precioso día, pero entre el sudor y el dolor y la presión y el susto, me di cuenta de que no había lugar en el que yo quisiera estar más que ahí, con toda mi familia viendo como mi vida comenzaba a tomar su rumbo, no había sentido algo así desde que habíamos salido de esa capilla en Las Vegas, convertidos en el señor y señora Maddox. Todas las peleas, peligros, celos, secretos, sorpresas y demás que habían surgido en esos meses nos habían traído hasta ahí, a ese pequeño cuarto donde yo gritaba por tal tensión, Travis me veía asustado pero mi apoyaba, Shepley se quedaba moribundo, la mamá de América me daba instrucciones y Mare solo se quedaba estupefacta al tener que ver tales cosas, y lo amaba, por muy desastroso, incómodo e incluso grotesco que fuera… los amaba a todos allí, hasta a quienes luchaban por salir. Eran mi maravilloso desastre.

-Una vez más, Abby. Con fuerza-pidió, lo hice, así de simple. La mandíbula de mi mejor amiga colgaba por el suelo.

-¡¿Qué es eso?!- exclamó América.

-¿Qué? ¿Está morado?- exigió saber Travis mientras yo seguía con lo mío, apreté su mano más fuerte.

-No, es su cabeza- contestó la mamá de Mare ¡Dios, como dolía! No sería la misma después de todo eso.

-¿Cabeza?- preguntó Shepley.

-¡Sí, todos tenemos una, idiota!- le reprendió Mare.

-¡¿Quieren callarse?!- les pedí lo más "amablemente" que pude.

-¡Otras vez, cielo, ya casi!- dijo la mamá de Mare, sostuve con aún más fuerza las manos de Trav y Shep, ahora ellos gritaban conmigo, no los culpo, no supe de dónde saqué tanta fuerza. Pude oír el sonido de un hueso rompiéndose. Y con un último alarido, de los tres por el dolor que sentíamos y de América por esas tan traumantes imágenes mías, volví a respirar, todo fue silencio y me rendí sumida entre los almohadones. Escuché un minúsculo y perfecto lloriqueo, era mi hijo.

-Aquí está él- anunció la mamá de Mare alzando un pequeño y hermosísimo bulto entre sus manos, movía sus piececitos y sus manitas mientras lloraba terriblemente. Cortó la última parte que nos unía a ambos.

-¿Él?- preguntó Shepley.

-James- susurró Travis con su boca en mi oído, comencé a llorar de nuevo, aún de lejos era precioso. Entre América y su madre lavaron a mi bebé y lo envolvieron en una toalla, se lo pasaron a Travis. Él estaba en shock pero lo sostuvo fuerte en sus brazos.

-¡Ya nació uno!- escuché que Trenton gritaba al otro lado de la puerta, parecía que toda la fiesta estaba afuera reunida, porque ellos también gritaron. Sentí pena por los vecinos, debieron haber creído que Jim estaba loco o algo así, aunque era el hogar de los Maddox ¿Qué más podían esperar?

-Oh, mi dios, Abby ¿Lo estás viendo?- parecía que no era la única con exceso de emociones saliendo por mis ojos.

-Más o menos, se me nubló la vista- respondí felizmente, el sonrió y lo acercó para que lo viera mejor. Mi bellísimo James, moviéndose asustado entre los brazos de su papá, abriendo y cerrando sus diminutas manos, intentando abrir los ojos para descubrir quienes eran los bastardos que lo habían sacado de su refugio en el que había estado 9 largos meses, y al fin lo teníamos con nosotros, nuestro primer hijo. Mi mundo se detuvo en ese instante, viendo a ese pequeño que del que era mamá, me cuestioné el hecho de que mis padres no hubieran sentido el inmenso amor que yo sentía en ese momento ¿Cómo no amar a esa cosita tan perfecta? ¿Cómo no querer ser lo mejor del mundo para él? ¿Cómo no desear envolverlo en tus brazos y jamás dejarlo ir?

-Creo que me voy a desmayar- dijo Trav y tuvimos que reírnos todos.

-¿Tú? ¿En serio? ¡Soy yo quien tuvo que cargar con él todo este tiempo, y ni se diga el sacarlo de ahí!- le recordé, besó mi mejilla y volvió su mirada a nuestro bebé.

-Mierda, Pigeon. Te amo, preciosa, te amo tanto que siento que no puedo respirar- me dijo librando uno de sus brazos para abrazarme.

-Y yo a ti, mi cielo. Te amo muchísimo- respondí, limpiando mis lágrimas, me percaté de que todas las mujeres estábamos igual, ahogándonos con nuestro llanto, Shepley por su parte… no parecía estar consciente, tal vez a él fui a quien le rompí la mano.

-Oigan ¿No que eran dos?- preguntó la mamá de Mare, asentimos ambos.

-¿Pueden darme otros 5 minutos de reflexión y lágrimas?- supliqué, Travis besó mi frente y siguió mimando al bebé.

-Te daré tres más que eso, por haber sido una buena chica- me concedió la mamá de Mare, sonreí. Escuché el llanto frenético de América.

-¡Es igualito a ti, Abby!- lloriqueó.

-¿Qué? ¿Llorón, pequeñísimo y cubierto de placenta y sangre?- pregunté riendo.

-No, tiene tus ojos, Pidge- me aseguró Trav.

-Y la nariz de su papá- respondió Shep viendo al niño.

-Sus orejas son como las de Trent- me sorprendí al ver lo mucho que ese lindísimo bebé se parecía a nosotros.

-Y sus manitos como Jim ¡Sí, sí, entendimos! ¡Es un Maddox por fuera y por dentro!- exclamó América, Trav me pasó al bebé que aún lloraba un poco para ver si se calmaba.

-Hola, mi amor- dije sosteniendo su bracito, soltó un último ruidito y después intentó abrir sus ojos de nuevo.

-Somos padres, oficialmente- susurró Travis con sus labios en mi mano.

-Y eso que aún falta Jessie- respondí dando una vista a mi estomago que seguía algo crecido.

-Verdad, no puedo esperar para ver a mi chiquilla ¡Sal ya de ahí, Jessica! ¡Papá lo dice enserio!- le exigió a mi estómago, me reí, dolía un poco.

-No la presiones, si se parece a su madre, no saldrá de ahí hasta que ella quiera- comentó América pasándome un paño de agua fría por la frente, no me había dado cuenta de lo cansada que estaba.

-Rayos- protestó Trav, acaricié su rostro con mi mano libre. Ese hombre me hacía más feliz de lo que había sido en toda mi vida. Después de un rato, ocho minutos después como había dicho la mamá de Mare, comencé a sentir las contracciones de nuevo, era el turno de Jess.

-Ya viene mi niña- anuncié, América tomó a James de mis brazos y todos tomaron sus posiciones de nuevo.

-Ok, amor. Ya sabes que hacer- dijo Trav.

-Claro, ya lo hice una vez- le aseguré.

-No puede ser más difícil que la primera- me calmó.

-Dios te oiga, mi vida- respondí, Shep se rió y también tomó mi mano de nuevo, esta vez con la que no estaba seguramente rota.

-Aquí vamos, puja- me ordenó de nuevo, decidí ahorrarme tanto trabajo y meterle más ganas a las tres primeras veces. Funcionó para mi sorpresa.

-¡Ahí está su cabecita! ¡Otro vez, Abby!- exclamó a la cuarta vez. Travis limpiaba el sudor de mi frente y Shep me ayudaba a respirar.

-¡Ya casi, mi amor, tu puedes!- me alentó Trav. Hice un final (y muy doloroso) esfuerzo y la escuché, Jessie, mi hijita.

-Llegó Jessie- dijo al fin la mamá de Mare, ya los tenía a ambos, a nuestros queridísimos niños, mentiría si digo que no eran lo más hermoso que había visto. Una mezcla entre Travis y yo, el fruto de nuestro inmenso amor estaba ahí, uno durmiendo cálidamente en los brazos de su tía y la otra llorando terriblemente.

-¡Ya llegó la niña!- anunció Trent, otra vez todos se emocionaron- Me pregunté cuánto tiempo habrían estado ahí.

-Pero que niños tan chiquitos- apuntó Shepley, Trav y yo lo miramos enfadados.

-¡Gracias al cielo o imagínate cómo me hubieran dejado!-protesté, Travis rió. La mamá de Mare limpió a la niña y la envolvió con fuerza, esta vez me la entregó a mí directamente.

-Ahí está mi princesa- dijo Travis al verla, una cosita diminuta, más pequeña que su hermanito, ella por su parte se quedó infinitamente tranquila al sentirme cerca, era idéntica a mi esposo, bellísima y muy fuerte, en cuanto encontraba a alguien que amaba, se sentía en paz.

-Es preciosa- contesté. Agradecí que se pareciera más a Travis que a mí, a mí nunca me gustó la idea de ser comparada con mi madre.

-Solo porque es tu hija- acarició su cabecita, le sonreí.

-Porque es nuestra hija, Trav- le recordé.

-Imposible, yo… Travis Maddox ¡Soy papá de estas criaturas!- gritó emocionado, hasta Mare que sostenía a mi hijo se rió.

-Orgullosamente, hijo. Recuérdalo siempre- le aconsejó la mamá de Mare, ayudando a arreglar el espacio, ni siquiera quería mirar cómo habíamos estropeado la cama.

-Muchas gracias por todo, Señora Mason- le agradeció luciendo increíblemente feliz.

-No te preocupes, querido. Ha sido un placer-le aseguró ella. Trav me ayudó a meterme en la cama con Jessie en mis brazos, estaba cansadísima y lo único en lo que podía pensar era en descansar un rato.

-Stella va a matarnos por esto- se avergonzó, rodé mis ojos y después me concentré de nuevo en mi pequeña.

-Ella tiene la culpa por no haber levantado el teléfono- respondió Mare entregando a James a su papá, él hizo lo mejor que pudo para que no se despertara.

-Pidge- me dijo, ambos no apartábamos los ojos de nuestros bebés.

-¿Dime amor de mis amores?- pregunté.

-¿Te das cuenta de que no trajimos nada para los bebés?- me recordó.

-Sí, ya me di cuenta, hermoso- le aseguré, pero no me importaba. Ya no importaba nada, ni que él fuera un agente secreto, ni que Mick fuera un abuelo terrible y que me estuviera buscando, ni que tuviera un pasado imborrable del que no escaparía nunca. Mi vida estaba completa al fin, nunca querría nada más de lo que tenía ahora, era justo y perfecto ¿Aunque ya dije muchas veces eso, no? ¡Lo siento, no puedo expresarlo de otro modo!

-¡A la mierda, no quiero moverme de aquí!- dijo Travis, de repente tocaron a la puerta. Entraron los Maddox.

-¿Somos tíos?- preguntó Tyler pálido, yo asentí señalando a los bebés. Y entonces todos gritaron emocionados de nuevo.

Los miraron, los abrazaron, los besaron, los vistieron, los arroparon una y otra vez, los miraron, les cantaron, los mecieron para que dejaran de llorar, les hablaron ridículamente y cada vez que llegaban de nuevo con su mamá, me los quitaban. Así fue todo el día, hasta que mitad de los invitados se reunieron ahí para vernos a los cuatro, todos con sonrisas de oreja a oreja.

-¿Vaya fiesta, eh Pigeon?- dijo Thomas meciendo a James.

-Y que lo digas, Tommy.- y entonces como 30 risas se unieron a la mía.

-Felicitaciones a ambos. Diane estaría de lo más orgullosa de ustedes- nos hizo saber Jim, lucía incluso más joven por aquella expresión de alegría y tranquilidad.

-Gracias, papá- respondió Travis tomando la mano de su papá. Y pensar que algún día Trav se vería así, rodeado de sus niños, alegrándose por la llegada de sus nietos, me dieron escalofríos de solo pensarlo.

-¿Cansada, Abby?- preguntó el papá de Mare acercándose a la cama donde yo caí rendida.

-Un poco, pero ni siquiera quiero pensar en dormirme.- respondí, el acarició mi cabello.

-Estamos muy contentos por ti, Abby- me aseguró.

-Muchas gracias, jamás lo habría hecho sin ustedes… y Mare, claro- aseguré y hablando de América, no la veía cerca.

-Oh, linda- se acercó la mamá de Mare a abrazarme.-Siempre vas a tenernos cerca, cariño. Nunca lo dudes, te queremos demasiado- contestó.

-Y yo a ustedes- confesé finalmente, no había sentido en esconderles algo así.

-Con su permiso- dijo Shepley entrando de nuevo a la habitación seguido por América.

-¿Dónde se habían metido?- quiso saber Trav.

-Ella hablaba con alguien por teléfono y yo fui a recoger algo en el auto- respondió Shep guiñándole el ojo a Travis, el se tensó un segundo y asintió.

-¿Qué está pasando?- susurré.

-Ya vas a ver, mi cielo- respondió.

-Querida- Shepley hizo que Mare se acercara a ella tomándole las manos.-Al ver todos estos acontecimientos y locuras que he visto en estos últimos meses, me he dado cuenta de que… ¿Qué hombre en el mundo no quisiera algo así? Veo a Trav y a Abby y lo único que veo es su felicidad y dicha, son un ejemplo de vida ustedes dos. Así que… no quiero dejar pasar otro minuto- entonces se arrodilló ante ella, finalmente, el momento que casi todos habíamos estado esperando- América Mason, aquí, en frente de toda tu familia. Te pregunto ¿Me concederías el honor de convertirte en mi esposa?-.

Continuará…

Dreamer.

¿Quién más escucha el chillido de los bebés? ¡Hola mis lectores! ¿Qué tal les pareció el capítulo, ah? ¿Les gustó? ¿Faltó algo? ¡Díganme por Dios que pierdo la paciencia! Jajajaja. ¿Alguien más lloró o fui solo yo? ¡Bien, al fin tenemos a Jessie y Jay Maddox! Esta era una de las principales razones por las que me dediqué a escribir este fanfic, me emocionaba mucho poder darles una imagen de cómo pudo haber sido el nacimiento de los bebés ¿Qué pasará después? (Me he dado cuenta de que cierta fan del fanfic pregunta bastante eso, muchas gracias por tus comentarios"candy1928", eres una gran inspiración) Bueno, les comento que tengo pensadas unas cuantas cosillas, como las primeras vacaciones de los bebés ¿Qué tal? (¡pero no les diré todas, pillines!) Finalmente les diré que muchas gracias por su apoyo, me divierto muchísimo escribiendo para ustedes. ¡Hasta el próximo capítulo, Bye!