¡Hola a todos!
No hay mucho que contar, espero que estéis pasando un buen verano. Os traigo el tercer capítulo, como prometí es algo más largo; ya empiezan a aparecer más personajes y a saberse algunas cosas interesantes...
Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.
Un molesto pitido despertó a Mikasa, que parpadeó, desubicada, en busca del dispositivo que emitía el sonido. ¿Qué hora era? Se había quedado traspuesta después del entrenamiento de la mañana. Al fin, dio con su teléfono móvil y apagó la alarma. El mariscal Smith la requería inmediatamente en el hangar principal. No había tenido contacto con él desde su conversación en el despacho, dos semanas atrás. Se puso las botas, se recogió el largo cabello en una coleta alta y se apresuró a cumplir las órdenes.
El mariscal Smith la esperaba, recto y firme sobre la pasarela más alta del hangar principal. En una mesa cercana, el segundo al mando Levi parecía muy atareado comprobando informes con un equipo de varios hombres. Mikasa le echó una rápida mirada antes de dirigirse a su superior.
- Señor, ¿quería verme?
- No perdamos el tiempo – Smith hizo un gesto con su único brazo para indicar que le siguiera – Quiero presentarle a los pilotos.
Mikasa tragó saliva, al tiempo que notaba como un nudo se le comenzaba a formar en el estómago. Paseó al lado del mariscal, intentando aliviar esa molesta sensación. Fueron descendiendo por la pasarela mientras él le daba los detalles; a su lado, los gigantescos robots conocidos como jaegers los contemplaban impávidos, inmóviles, muertos sin los pilotos que les daban vida desde su interior. Aun así su aspecto era más que impresionante. Mikasa recordó lo pequeña que se había sentido al ver por primera vez uno. Aunque no podían ser de otra manera: los kaijus contra los que se enfrentaban tenían las mismas proporciones titánicas: era necesario combatirlos con algo de su tamaño.
Se acercaron al primero de los jaeger. Era alto, equilibrado, quizá hasta sobrio. Sin embargo, Mikasa sabía que esas construcciones escondían todo tipo de sorpresas; no en vano había pilotado uno durante mucho tiempo. Junto a él, dos jóvenes que no parecían superar los veinticinco años mantenían una charla informal. Uno de ellos era alto, moreno y con pecas; el otro, un poco más bajo y de ojos verdes, era el que llevaba la mayor parte de la conversación. Ambos saludaron al mariscal Smith al verlo pasar.
- Jean Kirschtein y Marco Bodt – dijo éste, a modo de explicación - Alemanes. No llevan muchas victorias a sus espaldas, pero su grado de sincronización es extremadamente alto. Su jaeger: twinning messiah.
El paseo continuó. A pocos metros del messiah se encontraba un gigante acorazado, algo más pequeño en altura pero más robusto y compacto. Los que presumiblemente eran sus ocupantes, esta vez un hombre y una mujer, parecían estar discutiendo hasta que se percataron de la presencia de Smith y lo saludaron de igual forma que los anteriores. Él era rubio, alto y fornido; ella, de tez oscura, ojos marrones y gesto indiferente.
- Señor, ¿está seguro de que...? – Mikasa albergaba sus dudas sobre aquellos dos.
- No se preocupe, Ackerman – respondió su superior – Él se llama Reiner Braun, nórdico; la mujer es Ymir. No se soportan, sin embargo su grado de sincronización es sorprendentemente alto. Llevan tiempo juntos y créame, lo hacen bien. De otra manera, no estarían aquí.
Mikasa arqueó una ceja por toda respuesta. Lo común era que los dos pilotos tuvieran un vínculo emocional muy fuerte porque, de lo contrario, la conexión neurológica no funcionaría y el jaeger sería imposible de pilotar. Su gesto instó al mariscal Smith a añadir una explicación más.
- Ambos perdieron a alguien importante. Desde entonces trabajan juntos. Su jaeger se llama merciful goddess – hizo una pausa – Las desgracias pueden unir a las personas de una forma insospechada.
El tercero de los jaeger aguardaba en el otro extremo del hangar. Al contrario que el anterior, éste era el de mayor altura, estilizado y ligero para los estándares de aquellas máquinas. Un chico y una chica de no más de dieciocho años jugaban a las cartas sentados en el suelo a los pies del jaeger, riendo y charlando con gran estruendo. Él era bajito y llevaba el pelo rapado; ella le sacaba al menos una cabeza, tenía un rostro agradable y comía patatas fritas sin parar. Mikasa los observó con curiosidad, quizá con una pizca de desaprobación: no parecía que aquellos muchachos fueran conscientes de que estaban a las puertas de una guerra que decidiría la supervivencia de la raza humana.
- No se deje engañar por su juventud o por su actitud – dijo Smith, adivinando sus pensamientos - Connie Springer y Sasha Braus son nuestros pilotos más novatos, pero no tienen nada de inexpertos – ambos saludaron al mariscal a su paso, tal como habían hecho los demás pero de forma más despreocupada – Su jaeger fue el último que construimos antes de que los fondos fueran derivados a la muralla; se llama jubilee hunter.
Una vez terminado el recorrido, Mikasa y Smith se encontraron de vuelta frente a la puerta principal del hangar. El mariscal miró a la mujer de tal manera que ella ya sabía lo que iba a decirle antes de que pronunciara las palabras.
- El cuarto jaeger es el suyo. Lo hemos traído y lo estamos poniendo a punto. Pero necesita un copiloto.
- Yo no... – intentó protestar, pero fue interrumpida.
- Ackerman, no. Mi respuesta sigue siendo la misma – su superior se mostró inflexible – No pilotará el hope conqueror sola. Usted, más que nadie, sabe cuál es el riesgo.
- Con todo respeto, señor –elevó la voz – Estoy dispuesta a correr ese riesgo, es mi decisión y usted no puede impedírmelo.
- Puedo y lo haré. Encontrará un copiloto o no montará en ese jaeger. ¡Por el amor de Dios, Ackerman! Su hermano murió precisamente por eso ¿y quiere seguirle a la tumba de la misma forma?
Mikasa se mantuvo impasible; parecía una estatua de hielo. Se mordió el labio inferior por dentro hasta que casi se hizo sangre, pero no cedió ni a la furia ni a la melancolía. Se aseguró de que su voz fuera firme y potente cuando respondió:
- Entonces pilotaré con Armin.
- A pesar de lo fuerte que pueda ser su relación personal con Arlert, los resultados muestran que su conexión neurológica es insuficiente. Además, ¿olvida que está apartado del combate por la misma razón?
Mikasa apretó los puños, con rabia. Nunca había sido una persona dada a la insubordinación, pero desde la muerte de Eren, a veces tenía problemas para aceptar decisiones con las que no estaba de acuerdo. Y esa era una de ellas, pero su lado más racional le decía que, por poco que le gustara la idea de compartir su mente con un desconocido, era necesario. Era demasiado importante lo que estaba en juego.
- Mañana por la mañana comienzan las pruebas para elegir a su copiloto. Preséntese en la sala de entrenamientos sin excepción. Si no está de acuerdo, lo tomaré como su renuncia.
El mariscal Smith vio como la mujer aceptaba las órdenes con una respetuosa inclinación de cabeza y se marchaba sin réplica alguna. La conocía desde hacía tiempo y sabía por todo lo que había pasado, pero lo último que necesitaba ahora era una rebelión personal a causa de sus fantasmas. Mikasa Ackerman era una de las mejores pilotos que había dado el programa jaeger. No podía permitirse el lujo de perderla; el futuro de la humanidad estaba en juego. La haría entrar en razón, costara lo que costase.
¿Qué tal? En este capítulo me pensé mucho las parejas que pilotarían los jaeger porque me parecía algo fundamental para la historia. Como podéis ver no coincide 100% con la línea de la película pero quería hacer variaciones para que fuera más original. Eso sí, pido disculpas por los nombres de los mechas. Sé que son horribles pero fui incapaz de pensar nada decente.
De nuevo gracias a las personas que se tomaron la molestia de dejar un review (Agoz25, Kuchiki Nadya) y a todos los que leyeron.
Espero que os haya gustado. Como siempre, críticas o comentarios son siempre bienvenidos. ¡Nos leemos en el siguiente!
