Abby POV:
*8 meses después*
-¡Travis, se está cayendo!- le dije a mi esposo, que más bien parecía botones de algún hotel, al ver que mi bebé comenzaría a llorar si perdía su juguete favorito. El llevaba el cochecito doble de los gemelos con Jay dormido en él, la pañalera y su maleta, yo por mi parte llevaba mi bolso de mano y mi propia maleta, pero sostenía con dificultad a Jessie mientras hablaba por teléfono, a ella no le gustaba estar en el coche si Jay no jugaba con ella. – Sí, tenemos todo listo, las reservaciones hechas y los boletos de regreso comprados, Jim- le aseguré, el estaba preocupado por los niños, pero Stella dijo que no les pasaría nada ya que estaban lo suficientemente grandes para viajar.
-Bien, Pidge. Tengan cuidado y no duden en llamar si algo sucede- contestó con un suspiro, él también iría a la boda, de hecho toda la familia de Shep y Mare irían pero nosotros nos adelantábamos para ayudarlos con los preparativos y de paso tener unas lindas vacaciones.
-Gracias, Jim. Nos veremos pronto, mándales un beso a los chicos- colgué, Jessie jugaba con mi cabello, pero yo estaba muy apurada para llegar a tiempo a nuestro vuelo.
Después de ser registrados y comprobar nuestras visas y pasaportes finalmente entramos al avión, tuvimos unos problemas con el equipaje pero Travis se las arregló perfectamente como siempre, fuimos a nuestros asientos, el mío era el de al lado ventana, como llevaría a Jay conmigo quería que él viera el cielo, aunque tal vez no se vería nada porque estaba oscuro, seguía dormido pero no tardaría en despertarse.
-¿Los tortolos ya llegaron al hotel?- preguntó Trav con una sonrisa enorme en su cara mientras hacía reír a Jessica.
-Por lo que Mare dijo esta mañana hubo unos problemas con su suite pero los arreglarán de un modo u otro- respondí sonriendo ante la mueca de felicidad de mi hija.
-Bien, entonces… vamos a Hawái – dijo él contento dejando a Jessie reposar contra su pecho.
- Así es, mi amor- me acerqué a él para darle un tierno pero prolongado beso.
-De acuerdo, en ese caso. Si me disculpas, amor de mi vida, te recuerdo que hiciste que me levantara a las 5 de la mañana para estar listo para un vuelvo que saldría a las 12 de la noche, así que pondré a esta señorita a dormir y luego yo haré lo mismo- tuve que despertarlo temprano ese día porque no habíamos empacado y porque James comenzó a llorar a esa hora, él comenzó a arrullar a Jess que no tardó más de cinco minutos en dormirse, en brazos de su padre claro está. Y a los primeros 30 minutos de viaje ya tenía a mis tres bebés dormidos, todos apoyados en mí, lo resumiré en tres palabras: "Vida de madre", ellos hacen de todo pero tú ya no. Un poco después James se levantó, sin llorar por suerte y me miró con ojitos cansados, le di su chupete para evitar que saliera cualquier sonido de su boquita, si no lo ponía a hacer algo seguramente armaría un enorme escándalo, así que prendí la pantalla del asiento y dejé que viera esos ridículos dibujos de formas geométricas que cantan, si ese era su método de desarrollar el cerebro de los bebés tendría que enseñarles muchas cosas después, pero si eso lo entretenía un rato no me iba a quejar. Revisé mi teléfono y aún faltaba tiempo para que llegáramos.
Ha recibido un mensaje de: Mare
"Asumo que estarán ya de camino ¿Verdad?"
Tecleé la respuesta.
"Asumes bien, amiga mía. James está de lo más emocionado por ver a sus tíos, Jess y Travis están cansadísimos pero lo logramos.
Respuesta de: Mare
"¡Ay, que hermosos! Mándame una foto de mi sobrino "
No sé como logré que mi bebé mirara a la cámara de mi celular, pero lo hizo, tomé una foto de ambos y se la envié a América.
"Vaya, no hay duda de que es tu hijo, Abby ¡Es tan precioso! Te diré que Shep está más nervioso con la boda que yo ¡Imagínate! Entonces, debo irme antes de que escoja merengue para el glaseado del pastel, ya sabes cómo se pone papá cuando eso llega a su boca ¡Suerte, los adoro a todos!"
Sonreí ante los nervios de Shep y guardé mi celular de nuevo, dispuesta a tomar una pequeña siesta mientras Jay reía con los dibujos.
Travis POV:
-Tiempo, es lo me menos tenemos, Maddox ¡él está viniendo! Llegará cuando menos se lo espere…- Mi jefe chilló como siempre, como si yo no lo supiera. Yo no podía decir nada y me quedé mirando bajo hasta que la escena cambió.
-Mi pequeña Cookie ¿En serio creíste que podrías escapar de mí?- Mick tenía a Pigeon acorralada contra una pared, su maquillaje estaba corrido, su vestido casi caía de su cuerpo y lloraba desesperadamente, me tensé pero no logré moverme de donde estaba.
-¡Quiero verlo, ahora! No seguiré con esto hasta que me asegures que Travis está bien- gritó ella dándole una bofetada a su padre. Entonces me vi atado de pies a cabeza en una silla, rodeado de los matones de Benny que me apuntaban con todas las armas de su inventario ¿Qué había hecho?
-Oh, Travis está bien, te lo aseguro, pero… no puedo decir lo mismo de los gemelos, maldita zorra. Ahora vuelve ahí y has tu trabajo.- respondió él. Entonces volvió a cambiar la escena, ahora estaba con Shep y Mare, sangre corría por mi labio inferior y mi ropa estaba hecha un desastre.
-¿Dónde están ellos, América? ¿Dónde están mis bebés?- exigí saber mientras la tomaba por los hombros.
-Como si no supieras ya…- susurró Shepley al lado de quien ahora ya era su esposa, Mare levantó sus ojos llorosos.
-Él los mató, Trav… dijo que quería a Abby para sí solo e hizo que los ahogaran-confesó, entonces sentí que mi mundo se venía abajo, mis niños habían pagado el precio de mis estupideces. Salí corriendo del apartamento y vi a Pidge encerrada en el auto, su ojo estaba morado y lloraba desconsoladamente.
-Ya no están ¿Cierto?- preguntó cuando abrí la puerta del auto, acaricié su mejilla pero ella la apartó y me miró acusadoramente.
-Pigeon, yo…- ella me empujó y salió del auto plantándose en frente de mí.
-¿Por qué no hiciste nada, Travis? ¡Tú dejaste que él los matara, no lo detuviste! Prometiste que nos protegerías siempre ¿Dónde están Jessica y James ahora, ah? ¡Dónde, maldita sea! ¡Tú dejaste que esto pasara, él nos encontró y tú no lo evitaste! Todo esto es tu culpa… ¡Tú permitiste que matara a mis hijos! ¡Te detesto, Travis! Te odio…- chilló, dejó algo en mi mano y se fue, cuando la abrí vi que era nuestro anillo de bodas, era oficial, había perdido mi todo para siempre.
Desperté agitado y con las mejillas húmedas. Había sido un sueño, no cabía duda, agradecí que fuera así. Era realmente molesto que las preocupaciones me siguieran hasta mi subconsciente, el avión se sacudió un tanto. Jessie se movió molesta en mis brazos, besé la cabecita de mi princesa y enjuagué mis lágrimas, me volteé para ver a Pigeon profundamente dormida con James recostado en su pecho, la pantalla seguía encendida mostrando esas caricaturas que Abby odiaba que los bebés vieran, acaricié su cabello. Traté de convencerme de que solo había sido una pesadilla pero me tomó tiempo calmarme, Jess se quejaba de los frenéticos latidos de mi corazón. Miré a la oscura ventana, pensando en mis horribles e inconscientes ocurrencias que, de alguna manera, eran terriblemente posibles. SI no detenía a Benny cuanto antes, él acabaría con nosotros, ya lo habíamos provocado y no había nada que Mick o Benny no harían por recuperar a "Lucky Thirteen", a Mick no se le daba bien el juego y ambos estaban endeudados hasta la coronilla con muchos otros criminales peores que ellos, el jefe me convenció de que si nos librábamos de Benny podríamos llegar hasta ellos, estaba asustado. Entonces decidí tomar una decisión apresurada, aún tenía otros cuatro meses de tareas paternales pero tendría que sacrificarlo por el bien de mis bebés, si no los podía proteger estando con ellos, los protegería terminando con cualquiera que pudiera hacerles algo.
-¿Bebé, pasa algo?- Abby preguntó adormilada, parecía que Jay se despertaría pero solo pestañeó levemente y volvió a caer en el pecho de su mamá.
-Nada, preciosa. Creo que hubo algo de turbulencia, eso es todo- Abby asintió y acomodó su cabeza en mi hombro, recosté mi mejilla sobre ella, suspiré.
-¿Trav?- dijo, su respiración me hizo coquillas.
-¿Dime, hermosa?- respondí, ella soltó una risita contenta.
-Creo que olvidé decirte que visitaremos a las primas de Mare antes de ir al hotel, te amo- y entonces fingió estar dormida de nuevo.
-¿Qué?- chillé bajo, de todos modos me mandaron a callar, malditos turistas, pero esta vez confirmé que ella ya no estaba consciente. –No puede ser…- susurré. Las trillizas Mason no eran de mi agrado, primero: porque hablaban con perversiones a cualquiera que les pareciera guapo teniendo novia, esposa, estando divorciado con 5 hijos, siendo viudo o incluso si era el mismísimo Papa, segundo: porque estaban exageradamente bronceadas a pesar de que cada verano iban a su casa de Honolulu a seguir causándose cáncer por radiación solar, tercero: eran las más chismosas, gritonas y odiosas personas que yo había conocido jamás, Mare me agradaba mucho, y no solo porque me había "presentado" al amor de mi vida, sino porque era una buena persona con corazón de oro que amaba a Abby tanto como yo lo hacía. Ahora tendría que ver a las tres baratas imitaciones de Paris Hilton pellizcar las mejillas de mis bebés y meciéndolos tanto que les provocarían vómito, al final que mi realidad podía llegar a ser tan mala como mis pesadillas.
Los cuatro despertamos con las palabras de la azafata anunciando nuestra llegada al Aeropuerto Internacional de Honolulu, James comenzó a llorar.
-Aquí vamos… Jay, por el amor de Dios ¡No es mi culpa que el avión aterrice! ¿Por qué tengo que cargar con las consecuencias?- se quejó Pigeon dándole palmaditas en la espalda mientras él enterraba su enrojecida cara en el pelo de mamá, eran del mismo color que los de él así que casi no se distinguía entre los cabellos de ambos.
-Por ser su madre, Pidge- besé su mejilla y me levanté del asiento con cuidado de no despertar a mi niña ¿Cómo es que no se había despertado en todo el viaje? ¡Ah, claro! Debía estar muerta porque la noche anterior James había armado un terrible escándalo, ahora Abby estaba más que hinchada, era un bebé así que no se suponía que fuera cuidadoso con quien le proveía sus alimentos. Bajé la maleta de mano del compartimento de arriba y Abby me siguió mientras salíamos del avión y apenas tocamos tierras hawaianas comencé a sudar y a rogar por una cerveza, mentalmente claro. Pidge se quejó por el intenso sol y se puso las gafas con cuidado, pero James se las sacó al minuto y se quedó jugando con ellas.
-Si las rompes, considérate huérfano, James Andrew Maddox. - me reí ante su comportamiento de madre irresponsable, era gracioso porque Abby siempre trataba a Jay como si fuera un Dios griego al que ni el pétalo de una rosa podía tocar.
-Ahí vienen los Maddox- anunció Shepley al vernos pasar por la puerta del aeropuerto.
-¡Mis niños!- chilló América y corrió a abrazarnos a los cuatro.
-¿Niños? ¡Tengo 24 años!- le recordé, ella frunció el sueño.
-Me refería a los bebés, idiota- Pidge le cedió a Jay un rato y acarició los mechoncitos castaños de mi princesa que seguía profundamente dormida en mi brazo.
-Más te vale que seas amable conmigo si quieres que vaya a ver a las hijas de Satanás playero – respondí, Jay casi hace que las gafas de Pigeon cayeran al suelo pero ella las agarró justo a tiempo.
-Es lo mismo que dije yo, pero tú no tienes por qué quejarte ¡Yo seré el familiar ahora! Te dije que tendríamos que pagar el precio de hacer la boda en casa del tío Derek.- protestó Shepley, Mare lo golpeó.
-Mejor acabemos con esto rápido antes de que ella pida el divorcio antes de siquiera haberse casado- sugirió Pidge y asumo que todos accedimos puesto que no dijimos ni una palabra y fuimos al convertible del tío de América. James sonreía con la suave brisa que soplaba su cara y la bella vista al mar.
-Mira nada más, la bella durmiente ¿Cómo es que no ha soltado ni un chillido desde que entramos al avión?- preguntó mi esposa acurrucándose a mi lado.
-Porque está conmigo, Pidge. Así de simple- contesté, ella me miró fastidiada y luego se rió.
-Eso quiere decir que la aburres tanto que no quiere ni despertarse- esta vez yo reí y le di un beso.
-Llegamos. Respira hondo, Trav. – me aconsejó Shep mientras parqueaba el auto en la enorme casa de playa de los Mason.
-Gracias, primo. Tu igual – dije y salimos al encuentro de Derek el tío de Mare, Mia su esposa y las trillizas: Charlotte, Casandra y Candy.
-¡Oh, mi Dios! ¡Abby! – Casandra corrió a abrazar a Pigeon, ella se quedó un poco sorprendida al ver que dejaba mostrar una reciente cirugía cubierta por su casi minúsculo bikini, sus hermanas se acercaron a saludar a América y coquetear con Shepley.
-Hola, Trav- ahora Casandra se acercó a mí y me estampó un beso en la mejilla, provocándome mareo por su fuertísimo perfume. Después miró a Jess. -¡Oh, los bebés!-. Cuando ella ya no me veía limpié mi mejilla lo mejor que pude pero apuesto a que su lápiz labial seguía ahí, Abby me dio otro beso justo ahí para que dejara de restregarme la cara.
-¡Son tan parecidos a ti!- dijo Candy mimando a James, él parecía asustado. Me sorprendí de ver a Charlotte tan cambiada, ya no estaba exageradamente bronceada como sus hermanas, había cambiado su color rubio natural por un castaño claro y reemplazado sus lentes de contacto extra azules por unos lentes que dejaban ver sus lindos ojos verde agua, estaba más tapada que sus hermanas, ahora sí se veía bonita.
-Y que lo digas ¡Sería capaz de robarme a Travis un rato para asegurarme de tener hijos hermosos!- confesó Casandra, me quedé estupefacto ante la idea, Pigeon suspiró algo enfurecida pero después fingió una sonrisa. Acarició el brazo de Jessica pero ella despertó y al ver a alguien que no era su mamá o Mare, obviamente comenzó a llorar.
-Oh ¿Se asustó la niña más hermosa del mundo?- alcé a mi bebita para alejarla de la rubia loca.
-¿Se asustó o se sorprendió?- presumió Casandra. Agradecí que sus padres llegaran a saludarnos.
-¡Abigail! ¿Cómo estás, querida?- preguntó Mia dándole un fuerte abrazo a Pidge.
-Muy bien, Mia. Gracias por preguntar- le aseguró ella. Derek por su parte se acercó a mí y palmeó mi espalda.
-¿Estos son los gemelos, ah?- preguntó, ella asintió dulcemente.
-¿No son tan lindos, papi?- dijo Candy aferrándose al brazo de Derek.
-Prepárate para ser abuelo, papá- rió Charlotte, yo escondí una sonrisa.
-Sabes que bajaría las estrellas por ti, querida. Pero eso no te lo concedo ni aunque me pagues- contestó Derek.
-Wow, Lottie ¡Te ves asombrosa!- le dijo Pigeon a Charlotte, ella sonrió.
- Pues tú ni siquiera pareces haber estado embarazada- ella agarró a Abby del brazo y juntos fuimos a la casa.
-Agradéceme a mí, Lottie. A quien ves son 8 meses de entrenamiento profesional con América Mason- dijo Mare cambiando de brazo a mi hijo para alejarlo un poco de Candy que lo ponía nervioso.
-¡Bravo!- dijo finalmente Charlotte con una sonrisa.
-¿Cómo lograron tranquilizar a Charlotte?- le pregunté a Mia, hizo una mueca.
-No me gustaría decirte esto, Travis… pero ya que preguntaste… Charlotte fue a rehabilitación- respondió ella, casi me desplomé en el sillón de la sala de estar, estaba más que sorprendido.
-¿Rehabilitación? ¿Qué sucedió?- pregunté cuando las 5 chicas ya no nos oían, mi primo se sentó a mi lado y me pidió a Jessie, se la di para seguir hablando con Mia.
-Después de asistir a la fiesta de Abigail, las niñas fueron a una discoteca y un amigo de Candy le ofreció una pequeña dosis de… cocaína a Charlotte, ella aceptó y nos tomó 5 meses descubrir que se había hecho adicta, salió del hospital hace apenas unas cuantas semanas- estaba en shock, así que Charlotte había estado en rehabilitación por tres meses. Tenía que admitir que era lo mejor, Charlotte era mucho más impulsiva que sus hermanas, me reconfortaba saber que estaba redimida ahora que sabía los peligros de la "diversión" en exceso, así como Pidge y yo, ella había tenido que aprenderlo del modo difícil.
-Como lo siento, Mia. Pero me alegro de que se haya recuperado- contesté, Jessie soltó una risita divertida mientras su tío la hacía jugar.
-Gracias, Travis. Solo espero que Candy y Casandra maduren pronto también, estoy comenzando a preocuparme por ellas- comentó Derek.
-¿Comenzando…?- Me susurró Shep, escondí mi sonrisa de nuevo.
-Solo necesitan que la vida les dé una buena paliza y abrirán los ojos- les aseguré, Mia quedó pálida un segundo pero después sonrió de nuevo, su esposo acarició su hombro.
-Supongo que tu sabes más de estas cosas, señor "Mad Dog"- dijo Derek, le sonreí y giré la cabeza para ver a mi primo.
-¿Les dijiste, imbécil?- pregunté aún sonriendo, Shep tenía la boca pegada a la mejilla de Jessie.
-Puede que les haya contado una partecita- confesó el traidor.
-No es nada de lo que debas avergonzarte, Travis. Es bueno que Abigail te haya hecho mejor persona- dijo Mia tranquilizándome.
-¿Qué puedo decir? ¡Esa mujer es mi vida!- respondí Derek y Mia rieron conmigo, Jessie por su parte cayó en mi pierna luciendo contentísima. –Y esta pequeña también lo es, junto con su hermanito- besé la naricita de mi princesa. Abby y las chicas volvieron adentro, esa vez ella cargaba a James.
-¿Qué dices si llevamos a los niños a la playa un rato?- preguntó sentándose sobre mi pierna.
-¡Por favor di que sí, Trav! Me muero por verlos jugando con la arena- suplicó Candy.
-Solo si las locas Mason no tocan a mis pichoncitos- susurré a su oído.
-Entonces serás el niñero- me besó, le dijo a Shep que sostuviera a Jay un rato y junto con América fueron a ver el equipaje al auto.
-¡Aw, míralos que lindos! Después de tanto tiempo de estar casados, aún se dan besos… ¿Cómo lo logran?- preguntó Casandra jugando con los mechones rubios de Candy. Su padre carraspeó molesto, esta vez Shep y yo no pudimos evitar reírnos.
-Con, amor. Linda, con amor- respondió Mia. Derek abrazó a su esposa y le dio un tierno beso en la mejilla.
-Ugh ¡Papá, hay niños aquí!- se quejó Candy.
-¿Y tú cómo crees que se hacen los niños, ah?- preguntó Shep divertido, Derek se rió con nosotros, Casandra por su parte hizo una mueca de desagrado.
-Después de cambiarnos todos y prácticamente bañarnos en bloqueador solar, llevamos a los gemelos a ver el agua por primera vez en sus vidas. Y claro que hacía un calor infernal, los cabellos de mis hijos se pegaban a sus frentes pero estaban de lo más contentos cubriéndose de arena, sobretodo Jessie en su bañador turquesa, de vez en cuando ella y James se tiraban arena uno al otro, sin tanta puntería porque también nos ensuciaban a Abby y a mí, ella sonrió.
-¿Cómo lograremos sacarlos de aquí después?- preguntó Pidge con su boca acariciando mi oído.
-Con un nuevo juguete, Pidge- ella rió y besé su mejilla.
-O tal vez comentándoles que en cualquier momento el volcán podría erupcionar y matarnos a todos- sacó el chupete de la boca de James con cuidado de no hacerlo llorar y lo metió en su bolso, Stella había dicho que no lo acostumbráramos a él demasiado.
-No creo que quieras traumarlos de por vida, amor- dije sonriendo.
-Solo para salvarlos de las ahora gemelas locas- aseguró ella.
-¿Supiste de Charlotte, o no?- pregunté, ella asintió tristemente.
-Mare me contó apenas entró en rehabilitación- contestó. Entonces América la llamó a las olas y ella me miró suplicante.
-¿Crees que puedan quedarse cinco minutos con ellos?- preguntó, besé su frente.
-Ve todo el tiempo que quieras, Shep y yo nos encargamos- le aseguré, ella me dio un beso rápido, se quitó su camisa y corrió a ver a las chicas que saltaban en el agua. Shep que estaba tendido carbonizándose me miró.
-¿Tengo cara de "La niñera" o qué?- se quejó mientras James lo cubría de arena, Jessie por su parte se frotaba los ojos con la camisa de mamá.
-No, pero de seguro no te gustará ver a tu prometida furiosa ¿Verdad?-apunté, Shepley se levantó y comenzó a mecer a Jay como todo buen tío haría. –Así me gusta, perra- reí limpiando las manos de Jessie. Entonces me giré a ver como Pidge saltaba abrazada a América, aún al lado de esas idiotas rubias y después de tantos años compartidos con ella aún era la mujer más sexy que había visto en mi antes ridícula vida. Charlotte salió y se sentó a nuestro lado a secarse.
-Eres muy afortunado, Shepley. Mi prima Mare es una mujer maravillosa de verdad.- dijo Charlotte, Shep le sonrió mientras jugaba con las manitas de mi bebé.
-Lo sé, Lottie. Ella es perfecta ¿Sabías que gracias a nosotros estos dos palmazos se conocieron?- me codeó.
-¿Gracias a ustedes? Si mal no recuerdo ustedes no querían que viera a Pigeon ni en pintura- él hizo una mueca.
-¡Pero mírense ahora, casados y con dos hermosos bebés!- exclamó Charlotte.
-Bueno, tal vez sí ayudaron un poco…- admití. –Ahora yo te ayudaré, si algún día peleas con América siéntete libre de venir a cuidar a mis hijos- los tres reímos y Jessie aplaudió con sus manitas.
Más tarde, las chicas se cansaron del agua y vinieron con nosotros a ver la puesta del sol.
-¿Cómo están mis angelitos?- preguntó Abby escurriendo su cabello y poniéndose la camisa de nuevo.
-Parecen dos pequeños monstruos arenosos, señora esposa- respondí felizmente, era cierto, casi no podíamos ver sus caras de tan entierradas que estaban.
-Bueno, en cuanto no se traguen la arena no hay problemas, señor esposo- besó mis labios al sentarse en mi pierna.
-Y ustedes ya no tendrán que preocuparse porque mis papás vendrán a recoger a los bebés esta noche…- dijo América abrazándose a su prometido.
-¿Cómo?-preguntó Pigeon preocupada. –Pero… ¿por qué?-.
-¡Ay, por favor, Abby! ¡Es noche de chicas hoy en el bar!- chilló Candy.
-Ah, claro… mis hermanos organizarán algo para ti.- le aseguré a Shep, el puso cara de pocos amigos. -Creo que puedo quedarme con ellos, Pigeon… tal vez no es necesario- dije besando su cuello, ella hizo una mueca.
-En ese caso me quedaré para ayudarte- respondió Casandra.
-¡No, claro que no! ¿Noche de chicas dijeron? ¡Noche de chicas será!- anunció Abby.
Continuará…
Dreamer.
