Travis POV:
-¡Dios mío, que me parta un rayo! ¡Me olvidé de mis bebés por completo!- que manera tan fácil de hacer que Abby escupiera la verdad, Jay comenzó al alzar sus bracitos hacia ella con lagrimas cayendo de sus preciosos ojos, de hecho parecía que Pidge lloraría también, entonces lo levantó del coche y él hundió su carita en el hombro de su mamá.
-El vestido, Abby…- Yo amaba a Mare, pero no era el momento para preocuparse del vestido cuando habíamos abandonado a nuestros hijos con sus padres por casi un día entero.
-¡Al diablo con el vestido! Mira a mi pobre niño, me iré al infierno por haberlo dejado tanto tiempo solo- Jay parecía no solo estar abrazando si no más bien aferrándose a su mamá, miré a Jess, ella no estaba tan mal, mi princesa era una chica fuerte.
-¿Solo? ¡Mis padres los cuidaron toda la noche y la mayoría de la mañana!- le recordó América, nadie debía hacerla enojar mientras ella tenía los nervios de punta.
-Hey ¿Crees que debería entrar?- preguntó Shep a mi lado, él no se había atrevido a mirar a Mare en ese segundo.
-No creo que sea buena idea, la verdad- respondí y él asintió.
-Bueno, sí, pero ¡Yo soy su madre! Una madre terrible… pero igual lo soy, se supone que debería ser yo quien estuviera con ellos- lloriqueó Abby, ahora era ella la de la depresión, puse mi mano sobre su hombro, Jessie protestó porque me alejé de ella.
-¡Ah, ya basta! Me cansé de tanto drama…- protestó Candy abriéndose paso entre nosotros para salir, Charlotte suspiró molesta.
-Yo voy- dijo agarrando el abultado vestido de dama.
-¡Ten cuidado!- pidió Mare mientras su prima salía en busca de su hermana. Casandra, se limitó a parpadear indignada, pero se quedó justo donde estaba.
-En fin, si acabamos con los vestidos, iré a cambiarme- Pigeon iba a entregarme a nuestro hijo pero tan pronto trató de alejarlo de ella, comenzó a hacer ruiditos molestos.
-Él no te dejará jamás- acepté, ella se mordió el labio.
-Bien, entonces supongo que Jay irá a ayudar a su mamá a quitarse el vestido ¿O no, mi angelito precioso? ¿Quién me extrañó mucho?- se llevó al niño al vestidor y escuché sus risitas mientras mamá le hacía mimos.
-De hecho, aún necesito ir a ver al pastor, arreglar el asunto de la comida y la música, ¡Y, ah! Qué bien que trajiste a los niños, deben probarse sus trajecitos- dijo Mare emocionada ¿Trajecitos? A veces creo que olvidada que los bebés no eran juguetes si no seres humanos.
-Entonces harán todo eso ustedes y los gemelos, porque yo ya me hice cargo de ellos toda la mañana- así había sido, un par de horas después de que Abby se fue, unos chillidos desesperados me despertaron e hicieron que cayera de la cama, que buena idea el no haberme vestido, me levanté para encontrarme con los papás de América sosteniendo preocupados a mis hijos y para variar ahora tenían una mirada de querer morir en ese segundo, salí corriendo al baño para vestirme y ellos dejaron a los niños jugando en la cama mientras me regañaban por nuestro comportamiento de la noche anterior, tan pronto salí comenzaron a llorar de nuevo, todo estuvo bien con Jay solo tuve que cambiar su pañal ¡Pero Jessie! Mi hija tenía unos fuertes pulmones, no había comido nada desde que sus abuelos la habían puesto a dormir ¿Qué iba a hacer yo, entonces? ¡Necesitaba a su mamá con urgencia! Suerte que Shep llegó y me ayudó a preparar esa asquerosa formula de bebés, con eso logré calmarla ¡Porque mis muy egoístas hermanos se habían largado a la playa y Trent había jurado que no volverían hasta la boda! Habíamos ido ambos echando humo a la modista de Mare pero tan pronto vi a Pidge tan emocionada y bellísima, tuve que calmarme.
-¡No te atreverías, Travis Maddox!- chilló Abby desde el vestidor.
-Bien, no me atrevo… no me atrevo- me senté en uno de los sillones Y Jess me pidió que la sacara del coche, así lo hice.
-Me das vergüenza, Travis ¡Mírate! Ahora dejas que ella te controle- Shep fue lo bastante estúpido como revelarse y entrar a la tienda a gritarme, me sentí mal por la Sra. Murphy, era una buena persona ¡No merecía tanto escándalo en su humilde trabajo!
-Sí y tu harás lo mismo cuando digas "Si quiero"- contestó Mare cruzada de brazos y con una mirada asesina.
-Lo que digas, bebé- dijo Shep con una estúpida sonrisita en su rostro.
-Me das vergüenza, Shepley- me burlé y Jessie se rió conmigo, ¡Dios, amaba a esa niña! Era tan parecida a mí.
-Supongo entonces que tenemos un largo día por delante- dijo Pigeon saliendo del vestidor ya cambiada y lista para irse, Jay aún seguía colgado en su cuello como mono, me pregunté cómo rayos habría logrado vestirse si el bebé no la soltaba ni de broma.
-Pueden apostarlo, así que más vale que cooperen ¡Cassie, nos vamos!- ordenó Mare, su prima fue al vestidor refunfuñando.
-Ya van dos, ahora solo falta que alguien le dé una buena paliza a Cassie- susurró Pigeon con sus labios pegados a la mejilla de James que sonreía histéricamente.
-Dios te oiga, cielo mío- abracé a mi esposa e hijo con mi brazo mientras Jessie jugaba con mi camisa, no sé por qué le habrá gustado tanto.
-¿Creen que ellas estén bien?- América calmó su ira por un segundo y preguntó por sus primas.
-Solo ruega porque ninguna regrese con un ojo morado- Abby me golpeó en las costillas.
-Estarán bien, Mare. Lottie es buena convenciendo a la gente- le aseguró, ella tan dulce y complaciente como siempre, ¿Charlotte era una chica asombrosa? Sí ¿Su hermana no era tan terca y descarada? No, eso no.
-De acuerdo, ahora quiero verlos a todos saliendo por esa puerta ¡Gracias, Madeleine! Mamá te enviará el pago luego- dijo Mare cuando su prima salió del vestidor, me miraba intensamente. Prácticamente corrí al lado de Abby y nos metimos en el auto de Derek.
El día fue cansadísimo, habíamos correteado de un lado a otro trayendo y dejando cosas, probando pasteles y otros bocaditos, moviendo las sillas de izquierda a derecha y al frente y para atrás, y disculpándonos con el pastor por haber maldecido en la capilla, bien, eso solo lo hice yo. Y todo eso con dos bebés acalorados y somnolientos llorando una y otra y otra vez, cuando Mare por fin nos dejó libres, Abby sugirió que fuéramos a la playa para calmar el mal humor de los bebés. Estábamos los cuatro sentados a la orilla del mar, los niños estaban empapados y contentísimos mientras se convertían en monstruitos arenosos de nuevo, tendríamos que meterlos a la lavadora para limpiarlos.
-Ahora sí, explícame por qué rayos despertamos ambos desnudos y con jaqueca- pidió Pigeon mientras Jess cubría sus piernas con arena mojada.
-Bien, llegamos a la casa y tu reías tanto mientras yo intentaba abrir la puerta que te callé con un pequeño beso, pero como siempre lo alargaste y una cosa llegó a otra, seguramente hicimos un terrible escándalo porque los papás de Mare casi me sacan la cabeza cuando vinieron a devolver a los niños- ella era tan preciosa cuando se sonrojaba, no pude evitar reírme.
-¿Acordamos jamás comentarle eso a estos pequeños?- dijo con una sonrisa vergonzosa.
-Eso será lo mejor- asentí, ella reposó su cabeza en mi hombro, entonces recordé que tenía algo que comentarle. -¿Pidge?-
-¿Sí?-
-¿Recuerdas que te comenté algo sobre… un viaje?- cerré mis ojos esperando a que explotara, en cambio suspiró y me contestó tranquilamente después de un rato.
-Sí, creí que había sido una broma pero ahora que lo dices suena muy en serio-
-Lo es, cuando volvamos yo… tendré que irme por un tiempo- tanto su voz como la mía temblaban esperando lo peor.
-¿Cuánto tiempo?- se negaba a mirarme a los ojos y ver en ellos el dolor que sentía al tener que decirle algo así y no poder explicar mis razones.
-No mucho…- le aseguré.
-¿Volverás?- su voz me indicaba que ya estaba llorando.
-¿Qué? ¡Pero claro que sí, mi amor! ¿En serio crees que te abandonaría por cualquier estupidez del trabajo? – tomé su húmeda cara entre mis manos rogando por secar sus lagrimas desconsoladas, así que eso era lo que la asustaba, el que me fuera y no pensara en regresar, ¿Cómo se le había ocurrido tal cosa?
-Lo sé, solo tenía que preguntarlo…- se abrazó a mí, dolería tener que dejarla, pero dolería más si ambos caíamos en manos de Benny. Los niños se quejaron porque los aplastábamos y con una risita nos limitamos a tomarnos de las manos.
-Yo jamás te dejaría, Pidge… no quiero que siquiera pienses algo así- Abby miraba a los bebés con una triste sonrisa.
-No lo hago, pero toda esposa tiene sus dudas ¿O no?- ¿Dudas? Comenzaba a preocuparme.
-¿Qué clase de dudas?- iba a responder pero después se lo pensó mejor.
-Las normales, ya sabes ¿Con quién irás? ¿Por cuánto tiempo? ¿Volverás pronto? ¿Recordarás llamarme al menos una vez al día porque sabes que moriría sin oír to voz?- seguía afligida por alguna razón, pero no podía confesarme así como así, había mucho en juego, ahora no solo era perder a mi esposa si no a mis dos hijos que aún no tenían ni un año de vida. Eran las dudas normales para una situación nada normal.
-Por supuesto, Pidge. No te preocupes por nada- no podía prometerle que todo estaría bien, pero sí que volvería y que haría algo bueno por todos nosotros. Los chapoteos de mis niños me despertaron de mis absurdos pensamientos.
-Se hace tarde, deberíamos llevarlos a dentro, la cena de ensayo es a las 7- ¡Madre de Dios! ¿Qué tenía América con el número 7? ¡Todo tenía que ser a las siete!
-De acuerdo, nos vamos- agarré a Jay lo más pronto que pude para evitar que llorara, Abby cogió a Jess y los envolvimos a ambos en una toalla. Se supone que en la mañana nos iríamos al hotel, pero considerando los sucesos que habían transcurrido, decidimos quedarnos en casa de Derek y Mia. Candy y Casandra seguían encerradas en su habitación negándose a salir por temer encontrarse con Charlotte.
-¿Crees que Lottie fue muy dura con ella?- preguntó Pigeon mientras ella desvestía a los niños y yo calentaba la tina para ellos.
-Nada que puedas decirle será muy duro para alguien como ella, se merecía lo que sea que su hermana le haya dicho- Abby se preocupaba demasiado por las primas de Mare, la vida tenía que enseñarles una lección de una u otra manera y no había nada que nosotros pudiéramos hacer.
-Tal vez, pero ayer ella y Mare pelearon demasiado debe sentirse terrible-no sé cómo se las arreglo para traer a ambos al mismo tiempo, pero lo hizo, a Jay no le gustaba bañarse así que obviamente se quejó un poco.
-Que bien, sabrá cuál es el significado de "arrepentirse"- Abby se lo pensó un rato.
-De verdad que no las soportas- rió, Jessie también esbozó una tierna sonrisa, le gustaba cuando mamá se veía feliz.
-¿Cómo puedes pedirme que soporte a alguien así? ¡Pasé mis años de universidad con esa clase de chicas es obvio que ya me harté!- le recordé, ella se molestó pero seguía sonriendo.
-No sabes lo feliz que me hace que digas eso- respondió ella jugando con las mojadas manitas de mi princesa.
- Todo por complacerte Pigeon- entonces Jay salpicó un poco de agua –James, no en la cara de papá.-
-Oh, papá está de mal humor- respondió Pidge divertida, le sonreí juguetonamente.
-Tú también lo estarías si estuvieras empapada- la mojé un poco pero ella quedó indignadísima.
-¿Con que sí? ¡Ya vas a ver!- a los 5 segundos la tina estaba casi vacía y el baño parecía inundado. Los cuatros reíamos histéricamente y cuando por fin ella se rindió la atraje hacía a mí.
-Creo que mejor nos apresuramos a bañar a estos angelitos ¿No?- ella asintió y me dio un beso en la mejilla. Cuando los niños ya estuvieron listos nos apresuramos a alistarnos nosotros, por turnos claro, no podíamos dejarlos solos ni un segundo porque… bueno, son mis hijos de los que hablamos. Pero ni bien salí yo de la ducha, James ya lloraba desesperadamente.
-¿Puedes ver qué le pasa a tu hijo?- le pedí a Abby, pero ella estaba muy ocupada con su cabello.
-¡Dame 5 minutos!- Jay chilló más fuerte y tuve que ir a verlo yo. Jessie miraba asustada a su hermano.
-¿Qué pasa, pequeño?- revisé su pañal primero, entonces recordé que no habían comido desde la mañana, ninguno de los dos. –Este… ¿Pidge?-
-¿Qué pasa, tiene calor?-
-Eh, no exactamente… pero le vendría bien comer algo-.
-Entonces ve y abre una de esas papillas- no sabía qué rayos hacía tanto con su pelo.
-Sabes que no le gustan- lo puse contra mi pecho pero seguía llorando como si no hubiera un mañana.
-¡Trav, estuve 10 minutos metiéndome en este vestido, no me lo voy a sacar ahora!- protestó, suspiré.
-No tienes que sacártelo todo, solo ¡Sé una buena madre!- Jay parecía estar poseído, se estaba poniendo rojo de la ira, estaba de muy mal humor, Jessie estaba demasiado asustada, por lo que comprendí que ya era tarde como para arreglar nada, ella comenzó a llorar también.
-¡Madre de Dios, qué les ocurre a todos aquí!-salió del baño con la mitad de su cabello rizado y la otra agarrada con una liga ¿Por qué se tardaban tanto las mujeres en estar listas? Agarró a Jessie y le dio palmaditas en la espalda, ¡Qué bien! Ahora tres cuartos de mi familia estaban con un humor del diablo. –Ya, amorcito, no pasa nada- trató de consolar a mi princesa, Jay me golpeaba frenéticamente, sí, definitivamente se parecía más a Pigeon que a mí. Después de un rato Jessie dejó de chillar y Pidge tomó a Jay en sus brazos.
-¡Al fin! Debo vestirme, o más bien freírme- corrí al closet a sacar el traje, no sé cómo rayos quería América que me pusiera algo así con semejante temperatura.
-Que llorón, igual que tu hijo- dijo a mis espaldas mientras James se atragantaba. Que bebé, dios mío, eran unos niños especiales los nuestros.
-Yo también estaría de mal humor si mi madre se hubiera olvidado de mi existencia…- creí que había susurrado, pero escuché que Abby suspiraba enojada.
-¡Auch, Jay me lastimas!- ¿cómo iba a pedirle al pobre niño que se contuviera? ¡Debía estar muerto del hambre!
-¿Ya están…? ¡Dios mío, Abby! Cúbrete- Mare no contaba con que estuviéramos algo ocupados con los bebés.
-Vete a la mierda, América. No sabes lo que es hacer esto- alimentar a los niños no era la parte favorita de Abby, sobre todo con Jay, era algo quejumbroso.
-De acuerdo, está bien ¿Necesitan más tiempo?-
-¿Tú qué crees?- dijimos los dos al mismo tiempo, Jessie soltó una risita.
-Bien, entonces los cinco minutos que tenían serán diez-Pidge dejó a Jay, ahora ya tranquilo al lado de su hermana y le pidió a Mare que la ayudara con el vestido.
A los diez minutos prometidos, los cuatro salimos casi volando hasta el patio de la casa donde estaba la enorme mesa para la cena de ensayo, me parecía de lo más ridículo, pero era la boda de Mare, así que ella podía hacer lo que se le diera la gana. Nosotros nos sentábamos junto a Mare, Shep, Trent, Thommy y los señores Mason.
-Al fin llegaron ¿Tuvieron problemas, querida?- preguntó la mamá de América luciendo un tanto preocupada mientras miraba a James que estaba algo extraño en mis brazos.
-Oh, los normales, nada más. James no había comido nada, entonces tuve que encargarme de aquello- Jessie jugaba con su collar, solo recé porque no se lo metiera a la boca.
-¿Tu misma o…?-
-Sí, a él no le gusta la comida de esas latas, es un niño un tanto especial- ¿Un tanto? Yo los amaba pero a veces exageraban con sus necesidades básicas.
-Oh, linda, dime que no lo hiciste…- la señora Mason se había puesto pálida.
-¿Por qué?- Abby comenzó a temblar y puedo apostar que no era frío porque yo estaba sudando.
-No puedes alimentar al bebé con alcohol corriendo por tu organismo, eso es terrible…- nos miramos fijamente ante su comentario y estoy segurísimo de que teníamos unas caras de "Somos unos idiotas" lo menos discretas posibles.
-Bien, ni modo… acabo de intoxicar a mi hijo- confesó avergonzada. –Eso te pasa por no ser un bebé normal, James- se dirigió al sonrojado bultito entre mis brazos.
-Nada más espero que no se haga adicto- fue mi intento de hacer sonreír a Pigeon, pero ella tenía una expresión de querer morir en ese momento. Entonces América se levantó de su asiento y llamó la atención de los presentes.
-Muy bien, ahora que ya todos están listos. Esos son sus puestos definitivos y no me importa lo que diga la tía Imogen, mamá, se sentará al lado de tío Jeffrey aunque le cueste la vida entera. Bien, después de que todos se hayan sentado, traerán la comida si es que son alérgicos me importa un pepino, después irá el brindis y los discursos van en este orden: Jack y Deana, después serán mis padres, Abby y al último la abuela, es algo lenta para hablar, así que… ¡Comencemos!- de seguro todo su parloteo habría sido incómodo si alguien de su familia (aparte de sus tíos y primas, claro) hubiera estado ahí, de seguro su adorable abuela se habría enfadado.
-¿Y por qué yo no hablo, eh? ¡Es mi primo el que se casa! –me quejé, yo tenía tanto derecho a decir unas palabras como Abby o los padres de Mare, James parecía estar somnoliento.
-No es por ofender, mi cielo. Pero es que a veces se te escapa demasiada información y la señora Mason quería mantenerlo lo más discreto y amable posible- así que no había sido Mare la que organizó aquel asunto de los discursos, de repente ya no me sentía tan excluido.
-Puede que tenga razón, pero nada impedirá que hable mañana- se rió ante la supuesta amenaza, entonces Jay cayó dormido sobre mi pecho, grave error el de no darle la papilla.
-Vaya escándalos que armamos los Maddox ¿No?- sostuve a mi hijo en un brazo para pasar el otro por los hombros de mi esposa.
-Es cuestión de genes- sonrió y besé se cálida mejilla.
Abby POV:
La mañana siguiente llegó sin ángeles coreando la marcha nupcial o pajaritos picoteando en la ventana como Mare habría querido, llegó así sin más, sin preparación ni aviso, era una calurosa mañana en Hawái como todas las otras. Despertamos como siempre, Travis y yo en los bordes de la cama protegiendo a los niños que estaban en el medio, profundamente dormidos. Cuando Jessie supo que estaba despierta alzó sus bracitos para que la cargara.
-Tú sí que eres una servida, Jessica Maddox- dije bajo mientras mi bebita luchaba por seguir durmiendo acurrucada en mis brazos.
-¿Qué fastidio que son las mujeres o no, Jay? Nunca dejan dormir en paz- dijo el somnoliento Travis mientras James frotaba sus cansados ojitos.
-Dicen los que no pueden hacer nada solos ¿Verdad, princesa?- Jessie solo pestañeó por lo que supuse que estaba de acuerdo.
-Buenos días, amor de mi vida- se acercó para tocar sus labios con los míos.
-Sí que lo son, cielo ¿Listo para la boda?- pregunté levantándome de la cama con Jess aún en mis brazos.
-No soy yo quien tiene que estarlo, pero será una locura por supuesto ¿Quién va a estar con los niños?- preguntó alzando a Jay para que despertara de una buena vez.
-Bueno pues, Mare va a estar estresada, no puedo hacerme cargo de todos ¿Soy la dama de honor, recuerdas?-Trav hizo una mueca.
-Y Shepley va a estar con los nervios de punta, no puedo llevarme a los dos tampoco- definitivamente era un problema, pero dejarlos con los padres de Mare no era buena idea, estaba asustada por llegar a olvidarme de ellos de nuevo, tendría un trauma permanente.
-Entonces, ninguno se lleva a los dos- era una magnífica idea, pero él no entendía a qué demonios me refería. – Tú te llevas a nuestro angelito y la princesa se queda conmigo ¿Qué tal?- no eran los mejores apodos del mundo, pero lo que sea por borrar aquel error del tumor.
-Bien dicho, entonces… a prepararnos se ha dicho-. Arreglarnos a nosotros mismos era mil veces más difícil que alistar a los niños, ellos eran pequeños y sencillos ¡Era muy fácil y rápido! Pero con mi cabello, la arrugada camisa de Travis, lo escurridizo de mi vestido y ese terrible calor, era casi imposible no hacer las cosas cual tortugas con retraso mental.
-Bien, ¿Nos vemos en el altar supongo?- dije cuando los cuatro estábamos listos y dispuestos, yo tenía que ir a revisar toda la recepción y la sección de la "capilla" que en realidad eran un par de sillas con flores apiladas en la playa, pero se vería precioso igual ¡Me aseguraría de eso!
-Así es, buena suerte, hermosa- me dio un beso rápido y fui hasta la puerta.
-¡A ti también, bebé, te amo!- entonces crucé rápidamente el pasillo para ir a la habitación de Mare, seguramente habría dormido sin Shepley porque creía en esas supersticiones de que el novio no debía ver a la novia antes de la boda, cuando entré me sorprendió mucho verla en el balcón, aún en pijamas y sin ánimo alguno de comenzar a prepararse, Jessie se asustó también porque hizo un sonidito preocupado.
-¿Mare?- tenía una mirada distante y dudosa pero intentó sonreír al vernos a mí y a mi hija.
-Hola preciosa- tomó a Jess de mis brazos, ella hizo una carita triste porque sabía tan bien como yo que algo andaba mal.
-¿Pasa algo?- pregunté asegurándome que mi peinado no se arruinaba por la brisa o la humedad.
-No puedo hacer esto, Abby…- me dejó helada, ni siquiera sé de donde saqué fuerzas para mirarla a los ojos.
-¿Cómo que… no puedes hacer esto? ¿Qué pasa contigo?- comenzaba a hiperventilar, no podía estar pasando algo así ¡Ella era la que pedía a gritos un anillo, ahora lo tenía! ¿Qué más podía pedir?
-Es que no se siente bien… pensé en lo que Candy dijo y, diablos, tiene razón… Shep me dijo mil veces que no estaba listo y la única razón por la que estamos aquí ahora es porque yo lo presioné a hacerlo ¿Quién me asegura de que no se arrepentirá después? ¿Quién puede decirme que nada irá mal y que seremos felices y comeremos perdices? Eso no existe, Abby… Fui una tonta por creer que sí- Jess tenía los ojos plantados en las lágrimas de su tía, me abracé a Mare.
-Oh, nena. Tienes razón al tener tus dudas y estar insegura, pero… la vida no fue hecha para ser perfecta, Mare y no podemos cambiar eso, si bien tendrán sus problemas pero si saben que se aman sabrán arreglarlos ¡Míranos a Travis y a mí! Debemos ser las personas más impulsivas e histéricas de la tierra y aún así logramos traer a este mundo a dos hermosas criaturas, y sí… no todo siempre será feliz y hermoso, pero créeme que si esto es lo que en verdad quieres, darás tu vida por tenerlo de vuelta por tormentoso y difícil que sea-América temblaba de nervios y yo hacía lo mejor que podía para hacerla entrar en razón.
-No lo sé, Shepley siempre ha sido alguien complicado, justo cuando creo que sé qué es lo que en verdad quiere, algo cambia todo… y no quiero que sea así, no por el resto de mis días… Y tengo miedo de que explote si es que se lo digo- esto era terrible, penoso y terrible, no sabía qué hacer ¡Pero la mujer es mi mejor amiga, tenía que estar de su lado!
-Entonces, díselo…- suspiré y ella me miró con sus irritados ojos- Ya me oíste, América Mason, si no estás lista para esto… lo peor que puedes hacer es guardártelo, arréglenlo juntos ¿Sí? Su relación no va a acabar solo porque decidas ser la señora de Maddox hoy o en cinco años más, Shep te ama, estoy segura, pero si esto va a funcionar tienes que empezar a decirle lo que sea que sientas o quieras ¿De acuerdo?- sequé sus lagrimas, supongo que ahora tendría que ir abajo a cancelar todo en vez de asegurarme de que estuviera perfecto. Jessie soltó un ruido molesto, no le agradaba la idea, además de que amaba con locura el vestidito de boda.
- ¿Y sí… no sé, llora desconsoladamente? ¿Y si sus padres quieren arrancarme la cabeza?- sus preguntas eran de lo más absurdas, pero eso pasa cuando estas asustada y confundida.
-Eso no pasará, Mare. No dejaré que pase ¿Bien? Ahora solo necesito que tomes aire, pienses bien qué estás haciendo y me digas qué quieres hacer…- pestañeó varias veces.
-¿Tú sentiste lo mismo? Ya sabes, los nervios y miedo a este cambio repentino…- le sonreí.
-Bueno, considerando que no tuve nada de tiempo de preparación previa y que tuve solo 3 horas para pensarlo bien antes de corretear llorando por una capilla de Las Vegas… ¿Sabes qué, linda? No soy la adecuada para responder a eso- se rió conmigo, Jessie se negaba a sonreír antes de que diera una respuesta concreta, esa niña era una pequeña Einstein, igual a su padre.
-Amo a Shep, lo sé con cada fibra de mí ser, pero… por esa razón es que no quiero obligarlo a esto- dijo mirando al anillo, tenía ganas de llorar también pero no iba a arruinar una hora de maquillaje.
-Bien, él fue quién te lo propuso y tú no tenías ni idea, así que me atrevería a pensar que la que única que duda aquí… eres tú- "Por favor, que funcione. Con lo terca que es lo pensará un minuto y al otro me arrojará al océano por insinuar algo así" pensé mordiendo mi labio.
-Es cierto… ¡Oh, por Dios! ¿Qué comes que adivinas, ah? Soy yo, Shep no tiene problemas con esto si no yo- ahora comenzaba a sonreír a pesar de que sus palabras no indicaban alegría alguna. - ¡La maldita cobarde soy yo, no él!- tanto Jess como yo debimos estar muy confundidas.
-¿Y eso es bueno por qué…?-
-¡Oh, Abby, te amo! Ahora todo está muy claro, no es que él no quiera es que yo no quiero que él lo haga si no quiere ¡Pero si quiere! Y yo… yo también, quiero esto ¡Quiero esto más que nada en el mundo!- ahora lo entendía, más o menos, Mare tenía una lengua algo inquieta.
-Así está mejor, nena. Ahora lo comprendes…. Entonces ¿No debo hablar con el pastor y decirle que la novia es algo cobarde, verdad?- acaricié su hombro, ella negó contentísima y solo entonces Jess rió, ella besó su naricita y me la entregó.
-La boda está en pie, niñas ¡Así que ayúdenme a lucir fabulosa!- así lo hicimos y juro que Mare era la novia más segura y hermosa que había existido, ni yo había estado tan radiante en mis dos bodas. Cuando ella estaba lista y (Gracias al cielo) dispuesta, bajé a la recepción para asegurarme de que todo estuviera bien, Jessie estaba de mal humor así que la dejé con Jim mientras yo hacía mis tareas de dama de honor.
-¡Trent! ¿Ya llegaron tus tíos?- pregunté yendo de un lado para el otro para ver el pastel, los regalos, las flores y disculparme una vez más con el pastor porque mi esposo había maldecido en su iglesia.
-Jack está con la abuela Trinny y Deana habla con Derek, Pidge- me aseguró.
-Perfecto ¿Pueden tu y Thomas ir a recibir a los otros invitados? No veo a Travis por ningún lado y tengo que asegurarme de que filme todo- él guiñó un ojo y fue con su hermano mientras yo buscaba a mi marido por todas partes ¿Dónde mierda se metía cuando lo necesitaba?- entonces se me ocurrió ir atrás del patio y vaya que fue buena idea, bueno mitad buena y mitad mala.
-¿Trav?- susurré viéndolo con Cassie, demasiado cerca debo admitir, entonces me escondí, un poco aterrada por mis pensamientos y me detuve a escuchar.
-Es obvio que te aburres con ella, Trav. Es decir, las mujeres pierden su atractivo después de haber sido ensanchadas por tener bebés, no te preocupes, no diré nada…- no podía creer lo que ella decía, así que no era tan "amiga" mía después de todo.
-Casandra, por el amor de Dios ¿Oyes lo que estás diciendo? Yo amo a Abby y jamás la dejaría, menos por alguien como tú, y si me disculpas tengo mucho que hacer…- Travis no iba a ser grosero con ella ni aunque su vida dependiera de ello.
-¡Oh, vamos! Romperás mi enamorado corazón si te niegas a siquiera darme un beso, no creo que lo hagas ¿Verdad? Está en tu naturaleza, Trav… ella no nos mira, tranquilo- su voz se hacía más baja, pero mis celos aumentaban como olla que está hirviendo.
-¡Ya te dije que no, Casandra! Si crees que soy ese tipo de hombre pues eres más estúpida de lo que pensabas y me vale un rábano si crees que me amas o no porque yo amo a mi esposa y eso no va a cambiar- entonces decidí que había escuchado lo suficiente, me planté en frente de ambos. –Pigeon, no es lo que…- que dulce mi Trav, siempre tratando de explicar lo obvio.
-No hace falta, escuché todo ¡Apártate de mi marido! ¿Quieres?- empujé a Casandra lejos de Travis.
-¡Pero, Abby! ¿Cómo vas a creer que esto fue idea mía? Fue él quien me insinuó desde el principio- y aún así la descarada trataba de convencerme, iba a reírme en su cara de payaso, pero me contuve para mandarla a donde merecía estar.
-No trates de engañarme. Debí saber que alguien como tú no cambia, la verdad es que siento pena porque Lottie tenga hermanas así. Siempre supe que eras una prostituta pero no tanto como para intentar algo con el esposo de la mejor amiga de tu propia sangre ¿De verdad no tienes ni pizca de vergüenza en ese operado y mal bronceado cuerpo? Tal vez no, con tanta porquería que te pones en el cabello seguramente ya se te murieron todas las neuronas, si es que alguna vez tuviste algunas. Así que, pequeña zorra, si usas ese cuarto de cerebro que te queda y sacas tu maldito trasero de aquí en este segundo, te tendré piedad para que no aparezcas con cinco yesos y un ojo morado en las fotos de la boda ¿Comprendiste?- me miró indignada y después giró para irse.
-¿Cuánto oíste?- preguntó Trav a mis espaldas, calmé mis impulsos de soltarle una bofetada a cualquiera que estuviera cerca, no era su culpa y no tenía por qué sufrir las consecuencias.
-Lo suficiente, igual no te habría creído capaz de hacerme algo así…- me abracé a mi confundido esposo.
-¿De verdad, ni un poco?- ¿Por qué preguntaba algo así? Cualquier hombre habría estado más que contento, pero aún así él tenía sus dudas.
-Por favor, estamos hablando de un idiota que me persiguió como patito detrás de su madre por un año, no serías tan estúpido como para dejarme por una perra como esa… sabiendo lo terriblemente orgullosa que soy- él sonrió entonces.
-Tengo muchas otras razones para no dejarte nunca, Pidge-respondió con sus labios a un centímetro de tocar los míos, entonces decidí mandar al diablo mi perfecto labial y prácticamente derretirme en sus brazos, como siempre. Pero una cosa llevó a la otra y…
-Trav, ahora no- supliqué con lo último de voluntad que me quedaba.
-¿Por qué no? Aún hay tiempo- dijo con sus labios en mi cuello, impidiéndome pensar.
-Tenemos que tener todo listo y…- se encendió el foco dentro de mi cerebro. -¡Los niños! Tengo que ir a ver a Jess ¿Y James? ¿Quién se olvidó de los bebés ahora, ah?-
-Tranquila, lo dejé con el novio para venir a recoger la cámara- me aseguró, suspiré aliviada, tenía que ir a ver a Jess igual.
-Entonces acompáñame a ver a tu padre, él tiene a mi niña- prácticamente lo arrastré hasta la carpa donde estaba la mesa de Jim, Jack y Deana, que curiosamente estaba cerca del pastel y los bocaditos.
-Ella no está con papá, Pidge- comentó lo obvio, Jim hablaba con su hermano y no había ni rastro de mi hija, de me ocurrió mirar hacia el pastel.
-¡Oh, por Dios! ¡Jessica Diane Maddox Abernathy! ¿Qué crees que haces?- levanté a mi bebita cubierta en glaseado color rosa, estaba hecha un desastre y ni siquiera quería mirar el pastel, Mare iba a cortarme la cabeza. Travis fue lo suficientemente valiente como para girar el pastel, estaba intacto.
-Ella no se comió el pastel, Pigeon- bajamos la mirada a los elegantísimos pastelillos de avellana cubiertos con crema de cereza y decoraciones de perlas que Mare había ordenado con tanta anticipación y esmero, ahora todos arruinados por una niña de 8 meses.
-Ella no va a estar contenta- miré a Jessie, ella seguía lamiendo el dulce de sus manos.
-Es mejor limpiar la escena del crimen y a la hermosa criminal antes de que alguien se dé cuenta-sugirió, yo asentí y corrí al baño para limpiar a la que hubiera sido la causante del infarto de la novia. A los diez minutos estábamos todos ya en nuestros puestos, Travis y yo íbamos primero, Casandra (la zorra) con Taylor (me sentí mal por él), y Candy con Tyler (también me sentí mal por él), Trent, Tommy y Shep nos esperaban en el altar, y Mare y su papá acababan de llegar.
-Te ves preciosa, Mare- me acerqué a ella para abrazarla, estaba bellísima y radiante, sus cabellos rubios recogidos en un moño alto pero discreto y no tan apretado, su vestido blanco era sencillo de adornos pero bastante abultado y con mi obra de arte en su lindo rostro casi ni se notaba que había llorado.
-No lo habría logrado sin ti- susurró guiñándome un ojo.
-Suerte, linda. Recuerda, esto es lo que en verdad quieres- besé su mejilla y volví al lado de mi esposo.
-¿Nervios de novia, ah?- preguntó mientras tomaba su brazo.
-No, Mare jamás ha sido una chica indecisa- sonreí, la música comenzó y caminamos por el improvisado pasillo, todo se veía bellísimo, los lirios en todas partes anudados con cintas blancas, la vista del potente sol reflejado en el agua de un azul hermoso, era un día perfecto para una boda, justo como Mare había deseado, Shep estaba contentísimo en su elegante traje azul marino, Trent y Tommy no apartaban la vista de los pequeños que llevaban en los brazos, ambos pidieron que los cargáramos tan pronto llegamos al altar. Y así lo hicimos para que no lloraran, yo con mi bebita y Trav con Jay.
-Eres suertudo, Shepley Maddox- le susurré al oído, el sonrió y asintió. Entonces llegó la novia con su padre, una gran sonrisa en su rostro, y pensar que por un momento lo habría abandonado todo. Su papá la entregó a Shep y ella pidió un momento para decir unas palabras, comencé a sudar.
-Shep, mi amor, yo solo quería decirte que… también estoy asustada ¿Bien? También tengo terror de que algún día creas que cometiste un error y quieras salir corriendo, pero eso está bien, cielo. Está bien que tengamos nuestras dudas, tampoco todo tiene que ser un arcoíris de amor y felicidad siempre, solo quiero que sepas que… jamás voy a querer nada más que esto, a ti y a mi familia, porque tu… ¡Aceptémoslo! Eres lo mejor que me ha pasado, y nunca va a haber nadie que no seas tú en este estúpido corazón de niñita malcriada- Shep limpió las lagrimas de Mare y se abrazaron, todos los invitados aplaudieron y mi hija los imitó. Yo era una maldita genio, lo que sea que le haya dicho a Mare, la hizo volver a sus sentidos, estaba muy feliz por ella.
-Entonces, Procedemos con la ceremonia- anunció el pastor, sonreí ante la cámara de Trent. –Queridos amigos y familia, estamos aquí reunidos para presenciar la unión de estos dos corazones y dos almas, América Mason y Shepley Maddox. Ambos han comprendido lo que significa tener un gran amor por alguien que no sea uno mismo, ese bello sentimiento de querer dejarlo todo y correr al lado de esa persona que siempre tendrá una parte muy importante y especial de nuestro ser, somos dichosos los que hemos encontrado esa clase de afecto y aún más dichosos los que hemos decidido conservarlo en nuestras vidas porque nos hemos dado cuenta de que no viviremos sin ese amor. Bueno, la novia ha pedido que esto se haga lo más pronto posible, así que… sus votos por favor- le di el anillo de Shep a Mare y Trav hizo lo mismo con él. –Las damas primero.-
-Ok. Antes de ti, era una chica estirada como cualquier otra, no buscaba el amor si no, buscaba no estar sola para no tener pena de mi misma, era una niña ¿De acuerdo? No me juzguen- nos reímos ante su comentario. –Entonces, llegaste tú, bebé, un chico raro, algo torpe y prácticamente el perrito faldero de tu muy idiota primo, pero con todo eso y más lograste meterte en mi corazón y estoy muy segura de que jamás querré sacarte de ahí. Porque el amor es así, cielo, es complicado y te tardas una eternidad en comprenderlo y mucho más en aceptarlo, pero contigo siento que haría eso y mucho más ¿Estaría aquí parada ahora si no fuera así? Así que sí, hoy y todos los días de mi vida, te acepto como mi esposo, Shepley, porque solo tú me amarías tanto como lo haces sabiendo exactamente cómo soy y eso hace que yo te ame más también.- mala idea asistir a una boda con la dichosa depresión post- parto y eso que Stella me había dicho que no me pasaría a mí, limpié mis lagrimas mientras Mare ponía el anillo en el dedo de Shep.
- Bien ¿Es mi turno, no? América, Mare, muñequita, preciosa ¡Cómo quieras! Tú eres alguien tan especial, mi amor, eres tan dulce y amable y entregada con quienes amas, siempre agradeceré el momento en que llegaste a mi vida, con todas tus dudas y caprichos y toneladas de ropa y maquillaje. Te amé desde el primer momento en que te vi, así de simple, tú… entraste en mi corazón en el momento que se te ocurrió girar a ver a este idiota, y no me importaría… repetir todo y hacer lo mismo una y otra vez, si eso significa que tendré la oportunidad de enamorarme de ti otra vez, lo haría sin detenerme a pensarlo. Puede que no lo sepas, Mare, pero el simple hecho de ser quien eres, significa la perfección para mí y yo tampoco querré nada más que tú nunca más, porque sin ti a mi lado, yo no sería yo y fin de la historia. Por eso y mucho más, te acepto como mi esposa, Mare. Te adoro con todo mí ser, hermosa, nunca dudes de eso y a dónde y lo que sea que quieras hacer, yo estaré ahí contigo por siempre- puso el anillo en su dedo y besó su mano, parecía que entre Mare y yo concursábamos para saber quién lloraba más.
-Bien, no los hagamos esperar más. Por todo el amor que se tienen y con las bendiciones de nuestro señor, yo los declaro marido y mujer. Puede besar a su señora- Mare prácticamente se lanzó a besar a Shep, todos aplaudimos contentos, sí, incluida Jessie, mi bebita estaba emocionada ¿Quién la culpaba? Tenía 12 pastelillos cubiertos de azúcar en su cuerpecillo y cara, besé su mejilla.
Después de muchos besos y abrazos y felicitaciones y lágrimas de cocodrilo, fuimos a la mesa para el brindis, Trav y yo rezamos porque ella no se acordara los pastelillos, pero sí lo hizo, justo antes de que los papás de Shep comenzaran a hablar.
-Abby- me pidió que me acercara a ella, con la culpable en brazos que aún jugueteaba con mi collar.
-¿Si, Mare?-
-¿Dónde están los pastelillos de mi papá? Ya se está poniendo de mal humor y solo empeorará si no los come ya mismo- temblé un poco ante su comentario ¿Qué trauma tenía su familia con la comida? ¡Entre el tío Jeffrey y su alcoholismo a Mark y su locura por el azúcar! Tenía razones para perder la calma a veces.
-Bueno, este… tu querida sobrina se encargó de zampárselos cual píldoras- me mordí el labio, los ojos de Mare se abrieron como platos y casi se ahoga con el champagne.
-¿Qué? ¡Esto es terrible! Pedí esos benditos pastelillos con dos meses de anticipación ¿Sabes por qué? Porque resulta que no pude impedir que Shep ordenara merengue en el pastel porque su padre ni mira el pastel si no es con esa cosa pero papá se pone pelota de playa cuando come merengue y se negaría a comer alguna otra cosa si no son sus pastelillos de avellana con glaseado de cereza ¡Esto oficialmente es un desastre!-estaba agitada, parloteaba sin siquiera respirar y movía sus manos con cada palabra que decía.
-Pero si aquí no pasó nada, aquí están los benditos pastelillos- Travis llegó a mi rescate como siempre, Jessie miró la caja de los pastelillos pero Mare se la quitó antes de que se lanzara a comerlos de nuevo.
-¿Cómo los conseguiste?- pregunté con una fingida sonrisa.
-Simple, Mare ordenó dos cajas, era cuestión de buscar en la cocina- ambos nos reímos ante nuestra ridiculez.
Los discursos pasaron rapidísimo y a media copa de champagne (Y en vista de que la abuela Trinny se había quedado dormida encima de la mesa) las últimas palabras dirigidas a ellos y mi turno llegaron, Trav y yo habíamos armado cierto plan la noche anterior.
-Bien ¡Hola a todos! Tal vez me hayan visto con Mare bastante y ya sepan quién soy, pero si no lo saben… América Mason, ahora Maddox, ha sido mi mejor amiga, compañera y hermana desde que, bueno, desde que tengo catorce años. Nos conocimos en la peor etapa de toda mi vida y ella me ayudó a volver a la luz por así decirlo, ella es una persona genial y siempre tendré una deuda con ella porque, es mi ángel de la guarda por así decirlo. Supe desde el principio que ella merecía lo mejor de este alocado y cruel mundo, y estoy bastante segura de que lo encontró…- era el turno de mi esposo, esperé que no lo olvidara, me rodeó con su brazo y continuó.
-¿Y cómo puede estar tan segura de aquello? Se preguntarán, querida familia, ¡Muy simple! Porque al ser pareja Shep y Mare, nos llegamos a conocer nosotros dos ¿Acaso no es verdadero y puro amor lo que ven?- tomamos la idea de los gemelos de compartir tiempo de discursos.
-Hemos dicho eso muchas veces, porque es cierto, ustedes son la razón de que ambos podemos ser felices estando juntos y solo esperamos que para ustedes sea igual, que sepan que la vida en pareja no es tan horrible como la pintan, porque… cuando haces algo que amas no resulta difícil ni cansado, así que hagan de su vida juntos lo que quieran que sea, no se amarguen por cositas sin sentido-
-Y no escapen a nuestra casa cada vez que se peleen, sepan entenderse el uno al otro, ya saben, estar en sintonía y arreglar esos problemitas tomando en cuenta lo mucho que se aman. Nadie les dice que todo tenga que ser perfecto pero no se arriesguen a perderlo todo por cosas que en realidad no importan, con el tiempo aprenderán que esos conflictos son los que los ayudarán a estar más unidos- siguió él, estaba todo fríamente calculado y ensayado.
-Y sí, tal vez quieran tener algo de privacidad con sus cosas, pero la idea de un matrimonio es compartir sus vidas con esa persona especial, con ese alguien que todo el mundo busca y lastimosamente no siempre encuentra, así que no dejen que los secretos los separen tampoco, y sobre todo recuerden que…-
-No importa cuántas cosas se les presenten, con el amor que se tienen… hasta el más horroroso desastre se convierte en la más bonita alegría- finalizó él, tan bien como yo hubiera dicho, todos aplaudieron y estuve segura de que Mare tendría que retocarse el maquillaje de nuevo.
Después de eso todo pasó muy rápido, la tarde se convirtió en noche, los bailes a la luz de la luna se convirtieron en abrazos y despedidas, las fotos familiares se convirtieron en charlas aburridas, y las risitas divertidas de mis hijos se convirtieron en casi imperceptibles ronquidos. Ya entrada la noche Mare y Shep fueron a cambiarse para ir a su luna de miel, ella besó mis mejillas y desde el auto ambas nos despedimos con la mano.
-Creo que es hora de irnos a nuestra luna de miel también- dijo Trav a mi oído.
-Es buena idea de hecho- puse mis brazos alrededor de su cuello. Ninguno de los dos querríamos pasar otra noche en casa de los tíos de Mare, no con lo de Casandra.
Los siguientes tres días estuvimos en el hotel pasándolo de lo mejor, los niños chapoteaban en la piscina y embarraban sus caritas con helado de vainilla, era una pesadilla llevarlos a limpiar pero valía la pena por ver esas sonrisas en sus rostros, paseábamos por la playa al atardecer, recogíamos caracoles, nos acostábamos sobre la arena los cuatro a tomar el sol y cuando el cansancio vencía a los bebés, era tiempo de mamá y papá, solo nosotros dos. Ese tiempo había sido perfecto, pero fue tan pronto que llegamos al aeropuerto y me di cuenta de que Trav se iría, a hacer quién sabía qué con Mick y Benny, él solo, a la deriva, desprotegido y arriesgándose a todo constantemente.
Pero cuando me percaté de todo aquello, ya era muy tarde, pasaron dos días desde nuestro regreso y Travis ya hacía sus maletas de nuevo, yo había puesto a dormir a Jessie para que no llorara al tener que decirle adiós a su papá, Jay por su parte estaba muy entretenido con sus juguetes como para darse cuenta.
-¿Dos semanas, entonces?- era una barbaridad de tiempo, no sé si él notó la tristeza en mi voz como yo lo hice.
-Dos semanas, Pidge- cerró su maleta y se acercó a mí, tuve que hacer esfuerzos por no echarme a llorar y confesarle que sabía todo, no serviría de nada, eso solo haría que él se preocupara más y hasta que lo mandaran lejos por más tiempo.
-Es una conferencia bastante larga ¿Verdad?- sonreí, pero no por mis palabras sino por sus débiles intentos de engañarme.
-Así es, sabes que me gustaría quedarme pero…-cubrí su boca con un dedo, negándome a escuchar otra mentirilla piadosa.
-Entiendo, cielo. Es algo que debes hacer y te necesitan con urgencia, no digo que no vaya a extrañarte o que pueda hacerlo todo sin ti, pero si tengo que hacerlo… está bien, es inútil seguir discutiendo por algo que es inevitable y como te he dicho antes, el hecho de que cuides tanto de nosotros solo me hace amarte aún más, no tienes por qué sentirte miserable y rogar por mi perdón todo el tiempo, solo… ¿Cuídate mucho, si?- me abracé a él, "Vamos, no llores ahora. Sospechará"
-Claro que sí, Pigeon. No dudes en llamarme si algo sucede ¿De acuerdo? Lo que pase, por pequeño que sea, házmelo saber y yo correré desde dónde mierda esté para volver- tomo mi rostro entre sus manos y yo asentí con mis ojos húmedos.
-¡Ah, es verdad! Te olvidas tu traje en la lavandería, te lo traigo- era más que obvio que no lo iba a necesitar pero yo necesitaba calmar mi depresión estando sola, ni bien salí de la habitación, alguien tocó la puerta. No esperábamos a nadie por lo que fui lentamente a abrirla, vaya error mío.
Cuando abrí la puerta, me encontré con nada más y nada menos que la personificación de mis años adolescentes de angustia y soledad, con esa persona con la que me parecía tanto y a la vez éramos tan diferentes, alguien a quien se suponía que debía expresarme otros sentimientos más que odio y decepción, me pregunté cómo se atrevería a siquiera pisar la misma tierra que yo de nuevo, más que sorpresa sentía despecho y un enojo terrible al verme reflejada de nuevo en esos ojos iguales a los míos, no sé de dónde saqué las fuerzas para hablar teniendo tanta ira hirviendo dentro mío como agua puesta al fuego.
-¡¿Mamá?!-
Continuará…
Dreamer.
¡Hola mis lectores! Bueno, como podrán haberse dado cuenta este capítulo fue un poco más largo, es que tenía tantas ideas tan bellas y geniales que tuve que alargar todo el asunto ¡Espero no se hayan cansado sus ojos de leer tanta imaginación mía! Bueno, la cosa es que la próxima semana entraré al colegio de nuevo (para mi buena suerte) y tuvo que actualizar lo más pronto posible, originalmente este capítulo iba a estar dividido en dos, uno era la tercera parte de la boda y la otra sobre el viaje de Trav, pero no pude buscarme un tiempito para dividirlos así que los dejé en uno solo, por lo que me veo obligada a confesarles que el próximo será el último capítulo de este fic (pañuelos, por favor) pero no sé si recuerdan que hace poco les comenté una idea mía sobre otro fanfic de Beautiful Disaster ¡Y ni se les ocurrió responderme! (Para los que no lovieron está en mis palabritas del capítulo 15, ahí pueden leer un poco de mi idea) Pero bueno, no los juzgo. En fin, como siempre, muchas gracias por leer las tonterías que salen de la cabeza de esta niña de 14 años, cuéntenme ¡Por amor de Dios! Qué tal les pareció esta parte de la historia y si tienen algo que les gustaría que añada al final de este fic tan hermoso, tengo varias ideas pero me encanta cuando los lectores se involucran en la historia también ¡Besos a todos, (y si ya entraron a clases) pues que tengan una buena semana!
