*Consejo: respiren profundo, tomen la iniciativa, no hiperventilen y ¡disfruten el capítulo que es la única razón por la que escribo! ;) entonces, aquí vamos*
Abby POV:
-Abigail, ha pasado tiempo- como siempre sus calculadores ojos me recorrían de pies a cabeza, enfriándome la sangre y haciendo que quisiera desmayarme en ese segundo.
-¿Qué haces aquí?- mi voz sonó más bien como murmullo, no acababa de creerme que mi madre estuviera realmente ahí y deseaba de todo corazón que fuera una mentira, tal vez estuviera alucinando porque estaba tan preocupada por Travis.
-¿Acaso necesito pedir cita para ver a la sangre de mi sangre?- y aún sonaba tan descarada como siempre, como si fuera un ejemplo a seguir y no una maldita mujer del demonio que se las apañaba para no dejar vivir a nadie, creí haberme librado de ella hace tiempo.
-No, pero necesitas avisarme que vendrás a maldecir mi hogar para asegurarme de no ver tu estúpido rostro de nuevo- si ella iba a comportarse igual de zorra como siempre lo había hecho yo no tenía razones para tratar de ser amable.
-Cuida tus palabras, niña- se atrevió a acercarse demasiado a mí.
-Ya no soy una niña pequeña, madre. Si te atreves a tocarme créeme que te encerrarán por 18 de maltrato infantil-no estaba tan preocupada por mí en sí, si no de mis hijos, ella no sabía y no tenía por qué saber nada de mi vida.
-Siempre tan sinvergüenza, igual que tu padre ¿Cómo te ha tratado la vida de prostituta, querida? ¿Tal vez has enamorado a un ricachón moribundo? No me sorprendería vendiendo de ti, Cookie-controlé mis impulsos de arrástrala calle abajo, respiré profundo y respondí.
-Si viniste aquí para culparme de tus propios errores, es mejor que te vayas…- escuché un chillido entonces y maldije para mis adentros.
-Pidge ¿Quién…?- Travis salió de la habitación con mi nena en brazos que lloraba por haberse despertado.
-¿Hay algo que olvidaste comentarme?- preguntó sonando indignada, me hubiera reído de tanta ironía si no hubiera estado ardiendo por dentro.
-Bien… madre, este es mi esposo Travis. Trav, ella es mi mamá, si se le puede llamar así- me giré para verlo, estaba pálido y Jessie seguía llorando.
-Este… un placer, señora…- negué con mi cabeza para decirle que no tenía por qué ser tan amable con ella.
-Que decepción, Abigail ¿Fue un accidente verdad?- señaló a mi hija, mis maños se cerraron en puños pero me negué a darle una golpiza con mi bebé viendo.
-Por supuesto que no, mis niños son lo mejor de mi vida, madre, Aunque ¿Cómo diablos puedes saber tu eso si nunca fuiste una madre verdadera?- al fin me rendí ante la ironía, dulce y cruel ironía ¿Quién se creía ella para juzgarme?
-¿Así que son dos, ah? Que terrible, te compadezco- ni siquiera me atreví a ver a mi esposo de nuevo, estaría hecho una furia como yo.
-No necesito tu falsa compasión ni mucho menos, solo necesito una jodida razón por la cual no mandarte echando a patadas de mi casa- se acercó de nuevo y me miró fijo.
-Porque me debes mucho en esta vida, niña-
-Vaya, vaya… ni siquiera entiendo por qué te divorciaste ¡Tú y Mick tienen los mismos problemas mentales! Yo no te debo porque nunca me diste nada, todo lo que he hecho lo he hecho por mí misma y no necesito que ninguna maldita prostituta venga aquí a exigir que pida perdón cuando ella es la única responsable de toda su miseria- eso había estado encerrado en mi mente por tanto tiempo, debo admitir que se sintió bien haberlo sacado.
-Pigeon…- Travis me reprendió desde lejos, pero esto estaba muy lejos de acabarse.
-Fuiste tú quien me robó la vida entera, no trates de excusarte- ¿De verdad esa mujer había ido a rehabilitación? Seguía tan estúpida y odiosa como siempre.
-Yo no pedí venir a este mundo, madre y la verdad no tengo ni idea de por qué te quejas si nunca hiciste nada por mí en realidad, comprendería todo este absurdo monólogo dramático tuyo si es que algún día en tu maldita vida te hubieras interesado por mí, ya es un poco tarde no crees ¿Si quiera recuerdas hace cuánto tiempo me fui de Wichita? … - por su expresión supe que no era así-cuatro jodidos y largos años-.
-Eso no tiene nada que ver…- ni siquiera sabía cómo rayos podía actuar así, no tenía derechos ni razones para hacerlo.
-¡Claro que tiene que ver! Si no lo recuerdas tú fuiste parte de los peores años de toda mi vida, me humillaste, me maltrataste y preferiste andarte hundiendo en tus adicciones antes de siquiera mover un dedo por mí, acéptalo, si alguien tiene que pedir perdón por arruinar la existencia de alguien… eres tú, no puedes venir aquí y decirme que yo soy la razón de tu miseria cuando fuiste tú quien mandar todo al diablo. Por Dios, madura, hace mucho que saliste de mi vida y no tengo intenciones de dejarte entrar de nuevo cuando eres la principal causa por la cual tuve que escapar aquel infierno. Así que, puedes decirle a los padres de América que fueron muy amables en traerte, porque sé que fueron ellos, pero la verdad es que no quiero verte de nuevo nunca más, no me importa si fuiste tú quien me trajo al mundo, no eres mi madre… así de simple- estaba muy furiosa como para notar las lágrimas que caían por mis ojos, solo quería ponerle un final a todo aquello, quería sentirme capaz de respirar en paz y no lo haría con ese demonio en frente mío.
-Esto no se queda así, Abigail- oh sí, estaba tan furiosa como yo.
-¿De verdad? Pues yo creo que sí, porque si vuelvo a verte si quiera acercándote a mi o a mi familia, lo lamentarás… ya no soy una niña ingenua y no voy a dejar que trates de arruinarlo todo de nuevo… - tal vez requeriríamos la ayuda de alguno de los "compañeros de trabajo" de Travis.
-Muy bien, sigue con tus amenazas si quieres, no me importa. Bien sabes que jamás podrás alejarte de mí completamente, tu eres mía, yo te hice, por mucho que quieras esconderlo o negarlo… siempre serás hija mía, siempre serás mi vivo reflejo, eres como yo lo quieras o no-con eso por fin se dio vuelta y se fue, yo quedé mirando abajo sintiendo la ira y preocupación invadir todos mis sentidos, caí al suelo sollozando y Travis se apresuró a agarrarme.
-¿Qué demonios fue eso?- ni siquiera había escuchado cuando fue que Jessie dejó de llorar, pero al momento en que me vio tan herida pude ver lagrimitas en sus bellos ojos de nuevo.
-No quiero ser como ella…. No quiero que mis hijos me detesten…- Travis puso su mano en mi mejilla.
-¿Pero qué estás diciendo? Ellos jamás van a detestarte, ellos te aman mucho, Pidge… - yo sentía una terrible presión en el pecho como si la visita de mi madre me hubiera arrancado el corazón, simplemente me derrumbé.
-¡Es que no voy a poder hacerlo! No está en mi naturaleza ser buena madre, algo saldrá mal y entonces ellos… jamás me lo perdonarán- fue un ataque de pánico obviamente.
-No digas eso, mi amor. Que seas hija de ese par de monstruos no significa que tengas que ser como ellos, la familia va mucho más allá que lazos de sangre y parentescos. Y bien tal vez no seremos los padres perfectos, pero tampoco tenemos por qué ser los peores, confío en que eres una mujer maravillosa, Abby y también sé que darías la vida por sus hijos ¿Quieres saber por qué? Porque tu mejor que nadie sabes lo que es no ser querida por las personas que te dieron la vida, tú conoces lo que es sentirse siempre sola y creer que eres un error, sé que jamás dejarías que los niños sintieran eso, porque tú los amas ¿Seguirías aquí sentada en el piso llorando desconsoladamente por ellos si no fuera así? Eso es lo que te diferencia de ella, tu si quieres a tus hijos y por el simple hecho de quererlos ellos lo harán igual- siempre envidié esa habilidad suya para dar discursos llegadores.
-Oh, Dios ¿Qué voy a hacer sin ti?- me abracé a él tratando de no mojar su camisa con mis lágrimas, pero fue casi inútil.
-Hey ¿Quién dice que no estaré aquí? Puede que yo me vaya, Pidge, pero mi corazón se queda siempre contigo.- acarició dulcemente mi cabello.
-¿Intentas consolarme o hacer que llore más?- Travis rió ante mi comentario.
-Siempre trato de reconfortarte, no lo olvides- me ayudó a levantarme y Jess lucía confundida.
-Oh, preciosa, perdón.- cogí a mi bebita de los brazos de su papá y ella se acomodó en mi pecho.
-Jamás entenderé cómo es que existe gente que no ama a sus hijos- besé la mejilla de mi esposo y volvimos al cuarto.
Mentiría si dijera que no me sentía miserable mientras conducía al aeropuerto, era como una sentencia de muerte, agradezco la cara de póker por esconder mis ganas de desfallecer en llanto otra vez, estaba tan acostumbrada a tenerlo siempre a mi lado y saber todo lo que hacía, ahora iba a Las Vegas por dos enormes semanas a un suicidio seguro y voluntario, ¿Qué iba a ser de mí si es que…?
-Estás pálida…- dijo él mientras Jay jugaba con su mano.
-Bueno, la depresión no es algo que te haga lucir hermosa- intenté sonreír para que no se preocupara.
-No quiero que estés así, no es para siempre, Abby- yo suspiré.
-Pero es una barbaridad de tiempo y te recuerdo que tendré que cuidar a los bebés yo sola…- "Excusas, excusas, Abigail Maddox ¿Por qué no solo le dices todo y acabas con esto?"-
-Ya sé, lo siento. Sabes que yo no elegí esto…- y mis pensamientos se metieron en la conversación de nuevo "De hecho lo hiciste, mi amor. Dios sabe que podrías haberlo evitado y aún así no sé por qué rayos estamos en estas ahora mismo".
-De acuerdo, lo entiendo y no te culpo, pero no me digas que no me preocupe porque sabes que lo haré de todos modos- estacioné la camioneta y tardamos un poco en seguir hablando.
-No lo haré, pero mira el lado bueno… así me extrañarás y cuando vuelva me amarás aún más- guiñó su ojo y besó mi mejilla, aún no estaba lejos y ya echaba de menos el contacto de su piel con la mía.
-Ese es el problema… jamás voy a poder amarte más de lo que ya lo hago- casi me arrojé a sus brazos de nuevo, mi corazón se destrozaba y no podía evitar sentirme culpable, todo lo hacía por mí, por mi penoso pasado y ridícula vida, por ser hija de un maldito y sanguinario criminal que sería capaz de asesinar hasta a dos indefensos bebés.
-Basta, no me gusta verte así. Y ya voy retrasado, Thomas me cortará la cabeza- por fin pude soltar una risita, me digne a salir del auto y a agarrar a mi bebita para dejarla en el coche con su hermano, Shep y Mare venían atrás nuestro y supe que ella había detectado mi tristeza, también me sentí mal por ellos, tan pronto como escucharon que Trav se iría un par de días prácticamente corrieron desde Dubái para quedarse conmigo y los bebés, les debía mucho, habían sacrificado su luna de miel por mi familia. Y Maldita sea mi suerte, Thomas había esperado como tres horas hasta que él llegara para que no perdieran el vuelo, si tan solo lo hubiera hecho retrasarse solo un poco más. Pasamos por las puertas y ahí estaba él en su traje profesional, con sus maletas listas pero luciendo algo enfadado.
-Culpa a la cuñada no a mí- se excusó Travis.
-Culpa a la depresión de esposa que acaba de tener gemelos, no a mí- esa fue mi respuesta.
-No los culparé a ninguno, par de idiotas, solo vamos pronto ¿Sí? El jefe está que echa humo- siguió hablando por su celular.
-Bien, aquí vamos ¿Sobrevivirás?- pero que ironía, ¿él me preguntaba a mí si iba a sobrevivir? James abrió sus manitas hacia a mí y lo alcé.
-Haré lo mejor que pueda, por ellos… ya sabes- guiñé mi ojo recordándole nuestra conversación previa.
-Oh, mierda, como los voy a extrañar- le dio un tierno beso a sus hijos.
-Si te olvidas de llamarme, te mataré- me tomó entre sus brazos y fue lo último para mí. Tenía unas ganas locas de decirle que mandáramos todo al diablo, que no me importaba si Mick o Benny seguían acosándonos en tanto lo tuviera a mi lado yo siempre estaría a salvo, no quería perderlo así, era horrible tener que ver al amor de mi vida y pensar que podría ser la última vez que vería sus hermosos ojos, oír cómo pronunciaba mi nombre, sentir nuestros corazones en sintonía, o la última vez que yo cerrara mis ojos con fuerza escondiendo mis lágrimas y llevando mis labios contra los suyos. Amaba tanto a ese imbécil, jamás estaría lista para dejarlo ir, ni siquiera por dos míseras semanas que podían convertirse en meses, o años. Pero eso hubiera sido ser egoísta, él quería protegernos, sería privar a mis niños de tener una vida feliz y a salvo.
-Por favor, has estado en mi mente por como cuatro años y más, ¿en serio crees que me olvidaré de ti ahora?- dijo contra mi boca, sonreí.
-Solo te digo que jamás pienses en algo que no sea yo, o nosotros en todo caso- Jay hizo un sonidito contento.
-Como diga, señora Maddox… Te amo, Abby- esas palabras las tenía tan grabadas dentro de mí, era el mismo tono y manera de decirlas como siempre y aún así hacía que me sienta infinitamente feliz como lo había sido la primera vez.
-Te amo, Trav- acaricié su mejilla. Escuché que Mare lloraba también, que vergonzoso, como si fuera a irse una eternidad, eran solo dos semanas, dos semanas del infierno, ya sabía yo que no iba a poder ni pestañear sin preguntarme si Travis estaría a salvo, lo peor era que no podía preguntarle exactamente qué iba a hacer sin oír sus mentiras piadosas. Pero no era el tiempo lo que importaba, era el hecho de que él iría a perseguir a dos malditos criminales que podían acabar con su vida en dos segundos si así lo deseaban, y yo que me había prometido que jamás dejaría que nadie le hiciera daño de nuevo.
-Cuida de mis pichoncitos ¿Sí? Que no lloren mucho y si algo sucede… ni siquiera pienses en decírmelo, solo hazlo ¿De acuerdo?- yo asentí lentamente.
-Hey enamorados ¿Quieren dejar lo cursi para otro día? Tenemos un avión al que llegar- yo amaba a los hermanos de Trav, pero Thommy estaba particularmente odioso ese día.
-Cuídate mucho, Dios sabe que moriré si algo te pasa, no hagas nada que puedas lamentar- era lo mismo que había dicho tantas veces, pero hablamos de Travis Maddox, tendría que decírselo mil veces diarias para que entendiera aunque sea una palabra.
-Lo único que lamento ahora es tener que dejarte sola- tomé su mano.
-Hey, mi corazón se va contigo, jamás estaré sola de nuevo…- supe eso desde el momento en el que me di cuenta de lo mucho que nos amábamos, era inútil y casi tonto pensar otra cosa.
-Deséenme suerte- cogió sus maletas y se despidió con la mano mientras se alejaba con su hermano.
-Vas a necesitar mucho más que suerte, mi amor…- susurré, Jay me miró preocupado, entonces supe que debía guardarme aquellos pensamientos para mí.
Travis POV:
¿Había ya mencionado mis horrorosas pesadillas? Sí, pues, ahora las vivía a diario. Los segundos eran minutos, los minutos eran horas, las horas eran días y los días parecían años, ver la foto de mis hijos con Pidge me destrozaba internamente y ya no tenía ganas de ver a Benny con su dosis de fechorías diarias, solo quería volver a casa, tenía miedo de que al volver me encontrara ya no con bebés si no con dos gemelos revoltosos de 5 años que no sabían quién demonios era yo y una esposa terriblemente furiosa y herida, sonaba ridículo pero cada vez que se me ocurría eso comenzaba a temblar. Las cosas se ponían complicadas, Thomas gritaba estresado, el jefe nos presionaba a ambos, habían asesinatos en masa y hasta llegué a presenciar uno, era una chica joven y bonita, había tenido que pedir prestado el dinero de Benny para pagar la operación de su moribundo padre, no funcionó y para colmo estaba endeudada hasta la coronilla, Benny no tenía corazón alguno escondido dentro de su obeso cuerpo, sus matones acabaron con ella y dejaron a sus huérfanos hermanitos morir de hambre en la calle, traté de hacer algo por supuesto, pero el jefe lo pospuso.
Igual llegaba al hotel exhausto, decepcionado y harto, parecía un chiste de mal gusto, era el mismo hotel donde Pidge y yo habíamos pasado nuestra noche de bodas, todo me recordaba a ella, el mismo pasillo donde la había visto llorar, la misma habitación enorme, las mismas sábanas, todo era igual, excepto que esta vez estaba solo.
Y agradecía a los ángeles cuando al fin estaba en paz y podía marcar el número histéricamente para oír su dulce voz en mis oídos, escuchar los tiernos balbuceos de mis hijos. Habría usado la videollamada pero mi jefe me lo prohibía porque decía que me distraía ¡Vaya estupidez! Como si ellos no fueran lo único que me mantenía vivo. Ella decía que los niños se ponían inquietos, que Jessie estaba confundida porque ya no llegaba a arrullarla en las noches, Jay no entraba por nada del mundo a la bañera y Shepley ya estaba cansado de hacer de niñera cuando América y Pigeon no estaban, maldito imbécil egoísta, eran sus sobrinos, aunque no lo culpo demasiado tampoco, después de todo eran hijos míos, era obvio que serían un poco (muy) revoltosos. Pero quien me preocupaba más era mi esposa, todo lo que le decía a ella eran mentiras la mayoría ¿La más grande de todas? "Estoy bien, no te preocupes" Me sentía enfermo cada vez que decía eso, era horrible, era detestable fingir que nada estaba mal cuando moría de ganas de tomar el primer avión camino a casa, igual sonaba algo afligida y eso me provocaba una ira y tristeza inmensa. Lo que se puso peor cuando le dije que mi viaje se alargaría otra semana, otra jodida semana de investigaciones inútiles e improductivas, ella juró y perjuró que no estaba llorando, pero hasta a través del teléfono ya podía imaginarme sus preciosos ojos cubiertos de lágrimas y sentir que el corazón se me hacía trizas como el de ella, así que tanto ella como yo mentíamos, no porque quisiéramos hacernos daño si no para evitar el daño mismo.
Las noches las pasaba en vela pensando en lo difícil que era esto en realidad, era mi primer de cientos de viajes estúpidos en los que no podía mover ni un dedo porque era peligroso, Pigeon estaría siempre triste y se sentiría abandonada, habría un montón de cosas que me perdería, habrían cientos de cosas que yo querría hacer y no podría hacerlas, la vida se me pasaría en hacer nada, solo quería acabar con aquellos hijos de perra y seguir adelante, ayudar a la mujer de mi sueños a olvidar todo eso que la había hecho sufrir, quería proteger a mis hijos, lástima que no podía hacer todo eso al mismo tiempo.
Era terrible y desgarrador para ambos, Shep a veces me decía que Abby se sentaba sola en el cuarto por horas, que a veces no comía y otras ya ni escuchaba cuando Jay lloraba por ella, me preocupaba pero no podía dejarlo todo a un lado en ese momento, ¿Tanto problema para no haber logrado nada? Eso hubiera sido de lo más ridículo y agotador. Recuerdo una noche en particular, eran casi las tres de la mañana y mi celular sonó en el velador, Abby había activado la videollamada.
-¿Pidge, qué rayos? Sabes que no puedo…- pero su voz llorosa calló mis quejidos.
-¡Me vale un reverendo pepino! Son las 2:45 de la mañana y él no duerme contigo ¿O sí?- estaba sosteniendo a Jessica que estaba muy cansada y furiosa, ella también tenía los ojos hinchados por llorar tanto.
-Claro que no ¿Pasa algo?- intenté abrir bien mis ojos.
-¡Pasa que soy un asco de madre! Me paso día y noche temblando de preocupación mientras mis pobres hijos se quedan mudos del susto ¡Pasa que soy una terrible mejor amiga! Porque Mare hace todo lo que yo debería hacer y pasa que soy la más idiota esposa y familiar del mundo…- siguió llorando- porque tus hermanos ya no aguantan mis penas, hasta ellos lloran ¡Y ni siquiera jugamos póker! Me siento horrible, Trav…. Ya no sé qué hacer, trato de convencerme que estás bien todo el tiempo y no puedo evitar sentir que me estoy mintiendo, dime ¿Me equivoco si digo que esto es el infierno para ambos?- y rayos, ella tenía razón, hasta yo quería echarme a llorar como bebé al oír sus palabras.
-Claro que no, yo también los extraño histéricamente, pero aparte de eso todo está bien, yo estoy bien y regresaré pronto-.
-Trav, ¿Podrías hacerme un favor?- sonaba nerviosa e insegura, entonces comprendí que debía ser importante.
-Lo que quieras, amor. Solo dime y lo haré…- le aseguré, ella suspiró y bajó la mirada, Jessie toqueteó la pantalla del celular.
-Yo… olvídalo, es tonto pensar algo así, es solo que… jamás hemos estado tanto tiempo lejos el uno del otro y me siento algo… incompleta- secó sus lágrimas, pero igual pude imaginar que me escondía algo más.
-No tienes por qué sentirte así, no he muerto-.
-Pero siento como que estuvieras a un segundo de morir- y seguía teniendo razón.
-Tal vez sientes eso porque estás un poco sola. Pero, Pidge, no puedes estarme vigilando las 24 horas al día para ver si estoy bien no ¿Confías en mí, no es así?- Jessie hizo un sonido que indicaba que lloraría si es que su mamá no se calmaba.
-Claro que sí, pero me haces mucha falta…- como odiaba escuchar su adolorida voz y saber que era por mi culpa ¿Cómo tratar de hacer algo bueno sin lastimar a los demás?
-No te preocupes, cielo, pronto vamos a estar los cuatro juntos de nuevo ¿sí? Ahora seca esos hermosísimos ojos tuyos y… ¡Ve a dormir, maldita sea! ¿Sabes qué hora es? ¿Cómo despiertas a la bebé así?- solo se rió ante mi "explosión" de ira.
-La pregunta es: ¿Cómo me despierta ella a mí así?- tocó su nariz con la de mi princesa y ambas rieron.
-Cierto, pero deben estar ambas muy cansadas, es mejor que duerman ya…- hablaba por los tres, de hecho.
-De acuerdo, perdona mis lloriqueos de esposa paranoica…- ¿he mencionado cuánto amaba su expresión avergonzada? Era bellísima.
-Todas las esposas lo hacen, Pigeon y créeme… tengo suerte, los tuyos duran poco- rió de nuevo, me sentí un poco mejor, adoraba su sonrisa.
-Muy bien ¡Dile adiós a papá, Jess!- mi nena movió su manito despidiéndose de mí, extrañaba tanto a mis bebés –Te amamos, Trav-.
-Y yo a ustedes, chicas sexys y hermosas. Las veré pronto- me miró acusadoramente pero seguía sonreía.
-Duerme bien, bebé- dio un beso a la cámara y se fue, así sin más, era increíble la manera en que podías sentirte el hombre más afortunado del mundo en un momento y al siguiente perderlo todo.
Al fin y al cabo, el viaje no fue tan malo, me ayudó a despejar la mente (a base de una depresión y nostalgia de mierda) y hasta llegó a ser algo productivo, tuvimos otro cargo sobre Benny para presentar a la policía y tuve que llevar a los hermanos de aquella chica al orfanato, no es que me complaciera mucho pero era lo mejor que podía hacer, igual hicieron amigos muy pronto. Todo eso me complacía inmensamente, pero nada se comparaba al despertarme la mañana que volvería a casa, era una ocasión especial y estaba más que contento, emocionado y listo para irme. El jefe nos llamó temprano a Thomas y a mí para felicitarnos por el buen trabajo. Antes de guardar mi equipaje fui a hacer unas cuantas compras y después de unas horas ya estábamos ambos en el avión.
-¿Al fin a casa o no?- me codeó.
-Jamás he sido más feliz en mi vida, Tommy querido.- el frotó mi cabeza y yo golpeé su brazo.
-¿Más que cuando te casaste con Abby o qué?-
-Bueno, hay otros momentos en los que he sido tremendamente feliz, pero este se suma a la lista, seguramente no recuerdas por qué- comenté felizmente, él sonrió bochornosamente.
-¡Feliz aniversario, cabeza de pollo! ¿Creíste que me había olvidado o no, idiota? ¡Claro que no! Eres mi hermanito- me dio un fuerte abrazo que me dejó sin aire.
-Bueno, gracias por recordarlo, hermano. Hoy será un día genial, me aseguraré de ello- le guiñé un ojo, él comprendió mi mensaje y rió conmigo.
-¡Ah, tu pequeña zorra! ¿Y los bebés qué?-.
-Mare y Shep tendrán otra experiencia de padres esta noche, yo debo ocuparme de mami- no es que quisiera que mi primo y su… demonios, aún me cuesta decirlo… esposa, no durmieran ya nunca, fue un pequeño favor de aniversario nada más.
-Usen protección, con dos bebés ya tenemos suficiente- bromeaba de seguro, si no fue así, como lamento no haberle roto los dientes.
-Sí, si ¿Quién eres? ¿La abuela? ¡Creí que esta conversación había acabado hace mucho!- confesé avergonzado.
-Me gusta verte haciendo berrinche, pequeño Trav- me aseguró. Malditos sean mis hermanos, los amaba más de lo que me gustaría admitir.
-Como sea, nada podrá arruinar este día- era como una promesa para mí mismo.
No fue hasta que la vi corriendo hacia a mí emocionada, alegre y lindísima que pude respirar de nuevo, sentirla cerca era reconfortante y de cierto modo yo también me había sentido incompleto hasta entonces, no había sido mucho tiempo y aún así parecían años, pero ella era la misma de siempre, la misma Abby Abernathy ahora Maddox, la misma chica bella, testaruda y orgullosa, mi misma Abby con un pasado terrible, un presente difícil y un futuro brillante. La misma chica que yo amaba más que a mi vida y que me había dado todo lo que no sabía que necesitaba y que sin embargo moriría si no llegaba a tenerlo. Ahí estaba ella, el amor de mi vida, abrazada a mí con lágrimas felices cayendo de sus ojos mientras nos fundíamos en el más tierno de los besos.
-¡Feliz aniversario, amor mío!- dijo contra mis labios.
-Feliz aniversario, preciosa- besé su mejilla y me condujo hasta los niños. Ambos alzaron sus brazos para que los cargara pero no podía hacerlo con ambos, así que Pidge tomó a mi princesa y Jay vino conmigo.
-Te han extrañado como imbéciles- dijo América cruzada de brazos, se veía feliz igual, Shep rió a su lado.
-Y yo a ustedes, niños hermosos- besé las mejillas sonrojadas de mis hijos y sonreí al ver sus muecas de alegría.
-Bueno, igual irán a la casa de sus tíos hoy ¿No es así?- dijo Shepley, Abby me miró inquieta.
-¿Y eso?-.
-Es parte de tu regalo de aniversario, Pidge- ella sonrió.
-Y mejor vamos acelerando esto antes de que comiencen tus festejos aquí- dijo Mare, todos nos reímos, hasta los niños.
No tardamos mucho en estar completamente solos en la casa, todo era como cuando éramos dos universitarios locos y demasiado enamorados, parecíamos estar comiéndonos el uno al otro más que besándonos cuando pasamos por la ´puerta, tuve que pedirle perdón a la vecina por las muestras públicas de afecto y luché contra mí mismo para separarme de ella un segundo en lo que iba a buscar su regalo.
-No te tardes, ya quiero enseñarte el mío- dijo desde la sala.
-Ya me imagino, espera un segundo- dije riendo mientras abría mi equipaje.
-¡No eso, tonto! Me refería al regalo…- obviamente ella se reía como histérica también.
-Bien, feliz aniversario, cielo- le di la cajita que tan minuciosamente había escogido, digna de una bella y perfecta esposa. La abrió revelando el collar de oro en forma de corazón que había encargado al joyero la semana antes de regresar a casa, sus ojos se abrieron como platos.
-¡Dios mío, Trav! Con lo que cuesta esto podríamos haber comprado una casa nueva- lo sostuvo entre sus manos con expresión de asombro y estando muy complacida, aunque no quiso admitirlo.
-También planeo darte eso algún día, por ahora confórmate con el collar- puse mis brazos alrededor de ella.
-Gracias, es precioso- se lo puso en el cuello.
-Y aún no acaba, ábrelo- ella lo hizo obedientemente, era una pequeña versión del marco para fotos que le había dado antes, solo que eran fotos más pequeñas, en el lado izquierdo estábamos ella y yo en nuestra boda y al otro lado estaban Jay y Jessie abrazados mientras dormían.
-Estoy sin palabras, literalmente… como te amo- sonreí y cerré el dije Para que viera la inscripción de atrás: "Nunca olvides que mi corazón es tuyo", comenzó a llorar de nuevo, pero estaba contenta.
-Así podrás tenerlo contigo siempre, aún cuando yo esté lejos, Pidge… siempre se queda contigo- me abrazó tiernamente.
-Jamás voy a olvidarlo, Trav. Te amo muchísimo- apreté más el abrazo, desesperado por tenerla aún más cerca.
-Yo también, Abby… pero ahora, quiero ver mi regalo- ella rió.
-Bien, tenía un plan en específico… pero con este hermoso regalo… creo que puedo ofrecerte algo mucho mejor- mordió su labio.
-Tú si sabes cómo complacerme- volví a unir mi boca con la suya y caímos en el sofá, vaya aniversario, uno de los mejores.
Abby POV:
Y así fue cómo Trav y yo descubrimos el verdadero significado de crecer, madurar y comenzar verdaderamente a vivir, no se trataba de un número o de presumir qué hacíamos o no. Se trataba de ver lo más preciado en las más pequeñas cosas: Un tierno beso, un abrazo de tus padres adoptivos, derramar lágrimas en el hombro de alguien, reír por algo estúpido, proteger a algo que amas a toda costa, sentir un toquecito en el vientre y saber que algo maravillosos se esconde ahí, escuchar palabras de aliento, tener peleas y discusiones estruendosas, ver acontecimientos preciosos, asistir a reuniones con amigos y familia, bodas y fiestas, despertarse con lloriqueos a la media noche, abrazar fuertemente a alguien que has extrañado, despedirse definitivamente de todo aquello que te causó dolor, hacer a un lado el miedo y darlo todo por hacer feliz a quienes amas y revolcarse un ratito con aquella persona que ha robado para siempre tu corazón. Todo se aprende alguna vez; Crecer es aprender a disfrutar de la vida sin importar las complicaciones, madurar es aprender a divertirse más y amar es aprender a buscar esa mitad que nos faltaba, y bueno… lo que más aprendimos él y yo fue a convertir un hermoso desastre en una, algo desastrosa, hermosura. Pero bueno, no voy a quejarme, tengo todo lo que siempre he querido y soy más feliz que nunca.
*5 años después*
-¡Jessica Diane Maddox Abernathy! Deja de correr desnuda por ahí ¡Travis controla a tu hija!- Trav y yo correteamos por toda la casa tratando de alistar a Jessie y Jay para la escuela, pero son imparables como todos los niños de cuatro años y medio.
-¡Jessie, por Dios! Papá se va a enfadar si no te vistes ahora mismo- Jessie es obviamente más rápida que su papá, pero igual es parecidísima a él en muchas cosas.
-Mamá ¿Estás segura que esta loca es mi hermana? ¡Parece aquel chimpancé que vimos en el zoológico con el abuelo!- Jay me sorprende a veces con lo que dice, también se parece mucho a mí, ambos nos creemos terriblemente superiores.
-¡James, no le digas así a tu hermana!- escuchar los regaños de Travis no era habitual, pero educa de la mejor manera a nuestros niños.
-¡No me grites, papá! No es mi culpa que ella sea la gemela revoltosa- responde Jay, cubro mi rostro con la mano.
-¡Y no es mi culpa que él sea el gemelo más aburrido!- contesta Jessica saltando de nuestra cama, eso sí, tanto Jay como Jessie tienen el carácter explosivo de su papá, mi hijo se aproxima a darse una riña con su hermana, yo me apresuro a detenerlo pero un fuerte mareo me detiene, Jay me mira asustado.
-Eh… ¿papá?- llama mi pequeño a mi esposo.
-¿Qué pasa, campeón?- pregunta él tratando de arreglarle la camiseta a Jessie, sus ricitos se enredan en el reloj de él.
-¡Mamá está verde!- dice mi hija preocupada, yo cubro mi boca con una mano cuando siento que se me regresará el desayuno.
-Estoy bien, no pasa nada…- le aseguro a mi familia, - pero me haría bien ir a ver a Stella…- Los tres me miran confundidos.
-¿Y por qué vas a ir a nuestra doctora? ¡Ya no eres niña, mamá!- me recuerda mi princesa, yo le sonrío.
-Yo no, pero tal vez algo dentro de mí sí lo es…- anuncio, Travis se queda pasmado, parpadea unas cuantas veces y aclara su voz.
-¿Tú crees que…? ¿Bebé?- él pregunta tembloroso, yo rió y asiento con la cabeza.
-Ahora ambos están verdes, Jess- comenta Jay al ver nuestras expresiones, mi familia se acerca a abrazarme y mi esposo me da un beso. La vida una vez me dio mil razones para llorar, pero cada vez nosotros teníamos mil razones más para sonreír.
El Fin.
Dreamer.
¡Hola chiquillos! Muy bien, hemos terminado este fanfic, ¿Lloraron, chillaron, gritaron, lanzaron la laptop por la ventana? ¡Díganme porfi! Bueno, yo les confesaré alguito, sobre el otro fanfic, y tomando en cuenta sus comentarios, haré que sea una secuencia de one- shots, unos podrán ser secuela de este fic y otros serán una versión mía sobre la vida de Abby y Travis antes de los libros ¿Qué tal? ¿Les parece? ¿Les complace? XDDDD En fin, mis últimas palabras aquí serán, muchísimas gracias por ayudarme con este pequeño sueño conmigo, por ser lectores tan fieles, amables y pacientes sobre todo. Yo amo con locura esta trilogía, es de las más bonitas que he leído y de verdad que me llega al corazón, solo espero haberlos entretenido un rato y ¿quién sabe? Tal vez llegarles con mis palabras. Por ahora me despediré, pero nos leeremos de nuevo, pichoncitos ¡Es una promesa! Muchos besos ya agradecimientos de mi parte, los quiero ¡Bye!
