¡Hola a todos! ¡Por fin un poco de acción! Creo que todos lo necesitábamos. La pelea se me quedó demasiado larga para un capítulo (en comparación con los anteriores) así que lo subiré en dos.

Advertencia: muy muy ligero BL en este capítulo (apenas nada, podéis leer sin peligro).

¡Nos leemos abajo!

Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.


El mariscal Smith estaba parado frente a la computadora que operaba el panel de mandos capaz de coordinar toda la actividad de las gigantescas máquinas de las cuales dependían en esos momentos para su supervivencia. Ese ordenador era el motor de apoyo de los jaeger y se requería una perfecta conexión entre ambas máquinas. Se trataba del mayor milagro de la tecnología en las últimas décadas.

Altivo, sin perder la calma, gritaba órdenes al personal, sabiendo que no podían permitirse un solo minuto de retraso. Los dos kaijus que habían avistado hacía una escasa media hora avanzaban con rapidez; alcanzarían la costa en poco tiempo. Ellos eran lo único que se interponía entre los monstruos y los millones de habitantes de Hong Kong.

Los pilotos ya se preparaban para salir. Smith había decidido que el jubilee hunter permaneciera en la línea de costa como apoyo, una suerte de centinela, mientras los jaeger restantes serían los encargados de combatir contra las bestias. Cuando estuvo seguro de que todo el mundo había entendido lo que tenía que hacer, se dispuso a ocupar su puesto en el puente de mando. Hizo amago de cruzar los brazos tras la espalda, pero al momento se dio cuenta de que solo tenía uno. Era una vieja costumbre que todavía no era capaz de eliminar. Con el ceño fruncido, se dedicó a ultimar los preparativos técnicos con el operario del panel de mandos, Mike. Le gustaba ese hombre. Apenas sí se despegaba de su adorado ordenador, pero era efectivo como nadie y no perdía los nervios con facilidad. En eso se parecían. Era la única persona de todo el complejo a la que llamaba por su nombre, además de a Levi.

Justo en el momento en que el jubilee hunter se elevaba por los aires, Mikasa y Levi llegaron al hangar. No hizo falta que hablasen. Nada más verlos, el mariscal los miró con frialdad y emitió su única orden para ellos:

- Ustedes permanecerán aquí.

Mikasa abrió la boca para replicar, pero Levi alargó un brazo delante de ella en gesto negativo y aceptó la orden, sin despegar la vista de su superior. Ella lo imitó. Se alejaron un poco de Smith, con intención de contemplar la batalla.

Los pilotos del jubilee se reportaron desde la línea de costa, haciendo gala de su entusiasmo habitual. Las otras dos parejas se subieron a sus respectivos jaegers. Mikasa vio a Reiner un instante antes de que se cerrara la cabina; éste le dedicó una sonrisa de aprobación. En el módulo contiguo, los dos ocupantes del twinning messiah hablaban tranquilamente entre ellos, como si no estuvieran a punto de arriesgar sus vidas. Uno de ellos, el chico alto con pecas, comenzó a subir la escalerilla, pero fue detenido por su compañero.

- Eh, Marco.

- ¿Hm?

- No se te ocurra morir, ¿estamos?

El piloto llamado Marco se soltó de la escalerilla, bajando al suelo de un salto. Su compañero parecía contrariado. Pero él le obsequió con una sonrisa gentil e hizo algo que le tomó por sorpresa: lo abrazó, a la vista de todos, sin importarle si alguien estaba mirando o no. Le llevó unos segundos a Jean responder el abrazo pero lo hizo: rodeó su cintura con los brazos y lo estrechó con fuerza, reteniéndolo a su lado, como si quisiera prolongar ese momento en el infinito. Después buscó sus labios en un contacto apresurado y temeroso de ser rechazado, cosa que no ocurrió. No necesitaba cruzar palabras con Marco. Después de todo, él estaba en su cabeza.

Los kaijus continuaban su avance hacia la costa, ajenos a la ofensiva que se ponía en marcha. Eran dos, de clase tres. Uno de ellos tenía un aspecto que recordaba a una monstruosa rana, suponiendo que las ranas tuvieran una espina dorsal repleta de afilados pinchos, una cola terminada en punta, garras en las patas, dos hileras de colmillos y una lengua de varios metros de longitud muy posiblemente impregnada de ácido corrosivo. El otro debía ser algún tipo de criatura submarina, pues no se veía de él más que una aleta dorsal y dos laterales. Los radares detectaban algo parecido a las criaturas jurásicas conocidas como mosasaurios.

El merciful goddess ya se dirigía hacia el kaiju con anatomía de rana. Tal como habían imaginado, era rápido y saltarín a pesar de su tamaño. Era increíble que algo tan grande pudiera moverse tan deprisa. El jaeger lo esquivó, pero no pudo evitar que su brazo derecho quedara atrapado bajo las mandíbulas del monstruo. Logró liberarse, pero cuando lo hizo descubrieron que la extremidad estaba totalmente derretida. También estaban en lo correcto al suponer que la boca del kaiju expulsaba ácido. Los pilotos necesitaron de toda su habilidad para evadir el siguiente ataque, que llegó a la velocidad del rayo: la larga cola acabada en punta buscaba clavarse en la espalda del aparato.

- Reporte del merciful goddess – informó Mike, con una mano sobre sus auriculares y la otra en el panel de mandos.

- Aquí merciful goddess – a través de los altavoces, pudieron escuchar la voz de Ymir retumbando por todo el hangar – Este va a ser de los difíciles. Trataremos de alejarlo de la costa todo lo que podamos mientras se nos ocurre un plan para vencerlo.

- Procedan – aprobó Smith - ¿Estado del jaeger?

Fue Mike quien contestó tras efectuar las comprobaciones pertinentes.

- Niveles de energía normales. Conexión neuronal estable. Extremidad derecha destruida; el armamento no ha sufrido daños. Hemos tenido suerte.

Mientras tanto, el twinning messiah había interceptado a la criatura marina. La había atrapado y trataba de sacarla del agua, pero se debatía con gran fiereza. El jaeger perdió el equilibrio y cayó tumbado sobre el lecho oceánico. Ahora estaba en su terreno. El kaiju se limitó a nadar en círculos a su alrededor.

- Twinning messiah, aquí base. ¿Me reciben? – el mariscal Smih trataba de establecer comunicación.

No hubo respuesta. Mike pulsaba botones y tecleaba como un loco. Mikasa se agarraba a la barandilla con tanta fuerza que se le ponían blancos los nudillos. El segundo al mando Levi tenía el ceño fruncido, pero más allá de eso su cara no mostraba ninguna otra emoción.

En el interior del jaeger, Jean y Marco estaban en problemas. Debido a la caída, el agua se había filtrado en la cabina y algunos sistemas habían dejado de funcionar. Tenían que ponerse en pie antes de que el kaiju decidiera atacar de nuevo: si permanecían en el agua no tendrían ninguna oportunidad. Pero la máquina no parecía querer colaborar, por lo que atravesaban serias dificultades.

- ¡Tenemos que cambiar al modo manual, Marco! – gritó Jean, viendo como el nivel del agua subía con rapidez – A este paso vamos a ahogarnos aquí dentro.

- ¡Si hacemos eso, no podrán ayudarnos desde tierra! – objetó su compañero - ¿Estás seguro?

- ¡No tenemos otra opción!

Por supuesto que no lo estaba, pero no merecía la pena intentar engañarle. Sabía todo lo que pensaba y sentía, todo lo que pasaba por su mente. Jean canceló todas las conexiones automáticas con el control central. No tenía permiso, pero tampoco había forma de obtenerlo. Estaban solos en el campo de batalla. Débilmente, la energía volvió a la máquina.

- Estamos en niveles mínimos – informó Marco.

- Es mejor que nada. Ahora vamos a patearle el culo a ese asqueroso pez – dijo Jean, motivado.

El kaiju en forma de rana se había puesto a dos patas, alcanzando la misma altura que el jaeger. Clavó sus garras en la zona de los hombros, momento que aprovecharon los pilotos para efectuar una salva de disparos sobre su desprotegido vientre. El monstruo aulló y se encogió de dolor volviendo a su posición original.

- Es una lástima que no haya caído boca arriba – dijo Ymir, exultante.

- Vamos encanto, ya casi lo tenemos – respondió Reiner - ¿Vamos a por otra?

Ella arrugó la nariz.

- Te he dicho muchas veces que no me llames así – y se preparó para una nueva embestida.

El twinning messiah casi se había levantado cuando un certero coletazo del kaiju lo hizo volver a caer. Sin dejarse llevar por el pánico, consiguió ponerse de rodillas y disparar a la criatura, pero el misil falló por poco. La reacción del monstruo fue situarse a la altura del aparato y envolverlo con sus largas aletas laterales, dificultando su visión y movimientos. Asfixiado por aquellos tres pares de aletas, la única salida del jaeger fue aprovechar su cercanía para clavarle la espada que todos ellos llevaban incorporada. El kaiju se retorció, herido, pero no aflojó su presa. Demasiado tarde, se dieron cuenta de que era una trampa. Había sido más listo que ellos.


¿Qué les va a pasar a Jean y Marco? Vayámonos al siguiente para averiguarlo~