¡Hola a todos! Ya regresé de mis vacaciones. Han sido unos días estupendos, Portugal es un país precioso (no intento hacer publicidad, pero realmente me sorprendió para bien).
Sé que os he hecho esperar así que sin más os dejo con el capítulo nuevo. Es corto así que como prometí voy a subir otro después de este.
Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.
La lluvia impactaba con fuerza contra los cristales, empujada por el viento. Las olas se revolvían, furiosas, rompiendo en los cimientos de la base y dejando a su paso crestas coronadas de espuma blanca. Era más de medianoche, pero pocos dormían. Las jornadas se habían intensificado debido a la escasez de tiempo.
Tendido boca arriba sobre su cama, el mariscal Erwin Smith se cubría el rostro con su único brazo, con una pierna flexionada y la otra estirada, en su metro ochenta y ocho de altura. El uniforme, su seña de identidad, descansaba pulcramente doblado sobre la silla. Sin él se sentía como si fuera otro hombre, como si descargara sus responsabilidades junto a esa camisa blanca, ese pantalón de raya recta y esa chaqueta con rangos e insignias que enmascaraban su verdadera personalidad.
Unos golpes sordos en la puerta llamaron su atención. No quería levantarse, no quería ponerse el uniforme, no quería enfrentarse a ese mundo que lo retaba constantemente. Entonces, desde el otro lado de la puerta le llegó el suave aroma del café solo y el olor a tabaco mentolado. Por ello, supo quién era el que estaba esperando y suspiró ligeramente, aliviado. Podía seguir siendo Erwin, y no el mariscal Smith, al menos un rato más.
Sin esperar respuesta ni permiso, Mike Zakarius entró en el cuarto. Smith no se movió, ni hizo ademán de saludarlo, pero no era necesario. Dejó la taza de café sobre el escritorio y se quedó de pie con la espalda apoyada contra la puerta mientras fumaba en silencio.
- ¿Cómo está tu mujer? – preguntó Smith al cabo de unos minutos.
- Bien. Al menos eso creo – respondió el otro, cuya preocupación se hacía patente en el tono – Está con la niña en España. Eso no garantiza nada si fallamos, pero... quería que estuvieran lo más lejos posible. Solo por si acaso.
A Smith le caía bien Mike porque era franco, directo y sencillo. Muy parco en sus explicaciones, nunca daba más detalles de los justos y adecuados. Y aun así se hacía entender y se dejaba conocer. Marcaba los límites de una manera muy natural. Para un hombre como él, acostumbrado a esconder quien era, a no revelar ni una palabra de más, resultaba un alivio poder confiar en alguien así.
Un nuevo silencio invadió la estancia, tan solo opacado por el sonido de la lluvia al caer. Sin embargo; no era un silencio incómodo. Tan solo sentían que las palabras no eran necesarias. Mike terminó su cigarrillo y lo lanzó hacia la papelera que se encontraba al lado del escritorio, acertando dentro a la primera. Se atusó el bigote rubio y corto un par de veces, una manía que tenía después de fumar.
- Nos quedan solo tres días – la voz de Smith rompió la calma que hasta entonces habían disfrutado.
- El preludio al apocalipsis – citó Mike.
- La humanidad podría estar sentenciada en setenta y dos horas. Y sólo lo sabemos... ¿qué? ¿Doscientas personas? – resaltó con amargura.
Se mordió la lengua después de pronunciar esas palabras. No podía hundirse. Se lo repitió a sí mismo como un mantra, una y otra vez. "No puedes rendirte no puedes rendirte no puedes no puedes no puedes." Tiempo atrás había decidido llevar esa carga y no compartirla con nadie más. Tenía que ser fuerte, inflexible, indestructible.
- Ahora todo depende de esos dos – murmuró Smith, como para sí mismo.
- ¿No crees en ellos? – preguntó Mike.
- Tienen grandes habilidades. Pero me preocupa que sea demasiado para ellos.
Eran muy pocas las veces que Smith dejaba traslucir sus miedos en voz alta. Siempre se preocupaba por sus hombres, pero llevaba esa inquietud por dentro.
- Sea como sea, tenemos que confiar en ellos – resumió Mike. Tenía razón.
- Es cierto. Pero es una responsabilidad muy grande: hablamos del futuro de la raza humana – expuso Smith – No quiero ver cómo se hunden por la magnitud de esta tarea. Mikasa no ha vuelto a ser la misma desde que su hermano murió; como si hubiera perdido una parte de ella. Y Levi... – continuó sin cambiar de posición, pero una mueca de dolor que Mike no pudo ver cruzó por su rostro – Se volvió tan inestable que no le permitieron volver a pilotar. Yo fui el que más presionó para que abandonara el programa – confesó, sintiendo la repentina necesidad de hacerlo – Estaba destrozado: fue como si le arrancaran la mitad de sí mismo. Amaba a Petra con todo el corazón. Me sorprende que no enloqueciera. Siempre me reprochó que le apartara del combate, pero... Tenía que protegerle.
Calló antes de que le temblara la voz, abrumado por los recuerdos. Era doloroso, también para él. La muchacha había sido como la hija que nunca tuvo. Era buena, comprensiva, desinteresada... Y en Levi había encontrado la felicidad. Una felicidad que se vio truncada por culpa de la guerra, por culpa de los monstruos. Desde ese día, Levi se volvió aún más frío y él más despiadado con sus enemigos. Se había jurado muchas veces a sí mismo que no lo hacía por venganza, pero temía que en el fondo, Levi quisiera pilotar el jaeger por esa razón.
Puede que esto se aleje un poco del argumento principal del fic pero no pude evitar esta escena. Primero porque Mike es uno de mis personajes favoritos y no puedo dejar de amarlo. Segundo, porque adoro el bromance que existe entre él y Erwin. Tercero, porque quería mostrar como Erwin también necesita apoyarse en alguien de vez en cuando, por más que parezca que es capaz de cargar con todo lo que lleva sobre sus hombros sigue siendo humano. Y cuarto, porque quería introducir esa pequeña explicación para aclarar un poco la relación entre Erwin y Levi, así como el pasado de éste.
Espero que no os haya parecido que divagaba mucho o algo así. ¡Nos leemos en el siguiente!
