Aquí está el siguiente capítulo, tal como había prometido. Sé que me estoy demorando un poco en el inicio de la acción, pero comprendedme: hemos entrado ya en la recta final de este fic y me gustaría dejar todas las cosas explicadas antes de que eso ocurra. De hecho, solo quedan unos cuatro capítulos después de este, así que empieza ya el desenlace. ¡Espero que os guste!

Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.


Un soleado y radiante amanecer dio la bienvenida al día del fin del mundo. Mikasa contempló el sol naciente alzarse sobre el océano y el cielo pasar del negro al añil, al violeta y finalmente a un azul resplandeciente. Las estrellas fueron muriendo hasta desaparecer en la claridad de un sol brillante, lleno de vida. Era una suerte de ironía que fuera un día tan hermoso el elegido para la extinción de la humanidad.

Se sintió agradecida por poder contemplar ese bello espectáculo de la naturaleza, quizá por última vez. Apenas había dormido un par de horas esa noche, que bien podía ser también la última. De ella dependía que sus seres queridos, que todo el planeta viera un nuevo amanecer. Y eso la aterraba, pero a la vez acrecentaba su resolución.

Se sentó en el suelo, abrazándose las rodillas y con la barbilla apoyada en ellas. Ya se había vestido y recogido el pelo negro azabache en una coleta. Desvió la mirada hacia la cama y a la persona que dormía en ella. Levi se revolvió entre las sábanas, quizá atrapado en un mal sueño. Si en algo era experta Mikasa, era en pesadillas.

Dejó reposar un poco la mejilla contra sus rodillas, en busca de una posición más cómoda. Allí estaba ella, a punto de enfrentarse a una misión casi suicida que decidiría el destino del mundo, e incapaz de pensar en ello porque el hombre que descansaba en su cama se había colado en su conciencia.

Todo había sido muy rápido y repentino. Habían pasado los últimos días entrenando, haciendo pruebas y dejando todo listo para la gran batalla. Pero desde que Levi había sentenciado aquellas palabras frente a la puerta de su habitación, no habían intercambiado más frases de las estrictamente necesarias. Él seguía siendo tan frío y estoico como siempre; actitud que no lograba comprender dado lo que ambos tenían que compartir para pilotar el jaeger.

La noche anterior, Mikasa estaba poniendo en orden todos sus asuntos. No estaba de más ser previsora, por si la misión tenía éxito pero ella no sobrevivía. Debía tenerlo presente; sin embargo, le temblaba la mano al escribir. No quería morir, todavía no. Su inquietud creció de tal forma que su cuerpo acusó ese desasosiego y tuvo que correr al baño para vomitar. Entonces, de repente, había aparecido él. No sabía cómo, pero cuando salió del baño se lo encontró de frente. No tuvo tiempo de nada. En dos pasos rápidos se aproximó, la tomó de la nuca y la atrajo hacia sí en busca de su boca, para pegar los labios a los suyos, sin importarle el mal aliento, sin importarle ninguna otra cosa mientras su lengua jugaba con esos labios que había reclamado y ella correspondía de la misma forma, a medias por inercia, a medias por iniciativa propia, mordiendo con suavidad, bebiendo de ese contacto, intimando hasta que la falta de aire hizo imposible que continuaran.

Se quedaron mirándose a los ojos. Él la agarraba de las caderas con las manos, la acercó a su cuerpo y la volvió a besar. No hubo vuelta atrás. A Mikasa se le olvidó la misión, las responsabilidades y el apocalipsis. Solo quería sentir ese cuerpo sobre el suyo, las manos recorriendo su piel, tocando en lugares donde nadie había tocado, haciéndole cosas que nadie le había hecho. Podía aducir que no quería morir virgen si el mundo se acababa mañana, pero eso era lo que menos le preocupaba. Se olvidó hasta de Eren, al quitarse sin miramientos la bufanda roja en cuanto Levi le reclamó que lo hiciese para terminar de desnudarla. Había sido abrumadoramente intenso; nunca había sentido una pasión tan arrolladora. Lo había mirado a los ojos, todo el tiempo. Y él no se había apartado; le había pedido permiso con miradas a cada acción que iniciaba, conocedor de que ella nunca había hecho algo semejante. Era virgen en todo el sentido de la palabra. Incluso le había permitido entrelazar sus manos en el momento en que se abrió paso dentro de ella, porque algo en su gesto le decía que era lo único de lo que se arrepentiría aquella noche si no sucedía.

Y ahora, a la luz de la mañana, Mikasa reflexionaba sobre todo eso mientras el reloj corría velozmente en su contra. Levi parecía haber escapado de sus pesadillas, porque su expresión era de sosiego y su respiración más tranquila y regular. Dudó si debía despertarlo. No tuvo que pensarlo mucho, porque a la media hora aproximadamente su copiloto abrió los ojos y se encontró con los suyos, que lo observaban fijamente.

- ¿Por qué? – cuestionó ella. El aludido frunció el ceño; no le había dado tiempo ni a ponerse la ropa.

Levi sacudió la cabeza, aún adormilado. ¿Cómo podía explicarlo? No había tocado a una mujer desde la muerte de su prometida; ni siquiera se había dignado a mirar a una. Le parecía, simplemente, impensable. Su trabajo era toda su vida. Y entonces Mikasa se había cruzado en su camino. Primero, a nivel profesional: había sentido una fuerte conexión con ella desde que la posibilidad de pilotar juntos se abrió ante él. Después de compartir sus peores recuerdos, se había ido sintiendo cada vez más cómodo en su cabeza. Y ahora había tenido la irrefrenable necesidad de convertir esa conexión también en algo físico. Aunque una pequeña parte de su conciencia le decía que había sido, quizá, más emocional de lo que le convenía.

- No esperes un "te quiero" por mi parte – contestó bruscamente, a la defensiva.

- No esperaba tal cosa.

De modo que era eso lo que buscaba. Una mujer para pasar la noche antes de que todo terminara. Cualquiera le valía. Pero si era así ¿por qué se había portado tan bien con ella? ¿Por qué había sido tan gentil en ciertos momentos? Mikasa salió del cuarto, apesadumbrada. "Supongo que a algunos hombres se les da bien engañar a las mujeres", pensó. Aun con todo, no se arrepentía. Pero ya habría tiempo de reprocharle lo ocurrido. Primero, tenían una batalla que ganar.


Ya he dicho muchas veces que no soy una gran fan del RivaMika pero creo que la historia, en este punto, lo pedía. No estaba en los planes originales, pero tuve que hacer que sucediera. Y aun así voy a haceros sufrir un poco más y dejaros sin saber si finalmente terminan juntos o no. Llegado este punto... ¿quién sabe?

Como he dicho, quedan cuatro capítulos más a partir de aquí. En el próximo se inicia toda la acción. Eso significa que solo nos leeremos por unas dos semanas más o algo así. Gracias a todos aquellos que leen y especialmente a los que se molestan en dejar un review. Sus comentarios son siempre muy valiosos. ¡Nos leemos en el próximo!