Antes que nada, quiero pedir disculpas por la demora en subir este capítulo. Os dejo con él; las explicaciones, al final.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.


Mikasa llevaba quince minutos tratando de reanimar a Levi, sin ningún éxito. No sabía si estaba muerto o simplemente había perdido el conocimiento, pero se negaba a rendirse a la primera opción.

Después de internarse en la brecha, habían quedado sumidos en una honda oscuridad. Tan sólo una leve luminiscencia los guiaba al centro de aquella dimensión. Las comunicaciones se habían perdido. Descubrieron que, pese a los esfuerzos y la buena voluntad de los ingenieros, el jaeger no resistía bien las condiciones de ese extraño lugar. Las luces se apagaron. Los mandos dejaron de responder. Y al final, también ellos perdieron el hilo de su consciencia, flotando a la deriva en un mundo desconocido.

Cuando despertó, Mikasa no sabía cuánto tiempo había pasado. Se tensó, con todos sus sentidos alerta, pero no había ni rastro de la presencia de kaijus. Eso no resultaba del todo tranquilizador. Se dio cuenta de que su compañero seguía inconsciente, pero tras un tiempo de espera comenzó a alarmarse al ver que no se despertaba. Así que se deshizo del casco y de los conectores que la mantenían atada al jaeger. Lo había liberado a él también y tendido sobre el suelo de metal. Le había quitado el casco para comprobar con horror que no respiraba. Y entonces había iniciado la reanimación, una y otra vez, con la sensación de que esa escena ya la había vivido anteriormente. Y en aquella ocasión, había perdido a Eren.

Recordar la muerte de Eren hizo que las lágrimas asomaran a sus ojos, lágrimas que en parte eran de rabia y frustración: por haber fallado al mariscal Smith, a la raza humana, por haber fallado en su misión tan cerca del final y, sobre todo, por haberle fallado a Levi. Golpeó el suelo con los puños, impotente, para evitar ceder al llanto.

- ¡No puedes morirte, joder! – le gritó a su copiloto, aun sabiendo que no podía oírla - ¡No puedes! ¡Eres un puto arrogante, un cínico y un mentiroso, pero no quiero que te mueras! ¿Me oyes? ¡No quiero que mueras!

Una lluvia de chispas cayó sobre su cabeza. También la máquina estaba muriendo. A la mujer le pareció una suerte de cruel ironía.

- Lo he entendido, pero deja de chillar. Me duele la cabeza.

Mikasa levantó la cabeza, anonadada. ¡Levi había despertado! El piloto se incorporaba trabajosamente. Su voz era ronca y sus movimientos lentos debido a la falta de oxígeno, pero estaba vivo.

Mientras tanto, en tierra, algunos rezaban. Hanj y Moblit contemplaban con aprensión las aguas, aparentemente tranquilas, ignorantes de lo que sucedía bajo ellas, a muchos kilómetros de profundidad.

Comenzaba a anochecer. Sasha salió a la terraza, llevando a Connie en una silla de ruedas. Se detuvo y apoyó las manos en los hombros de él, a pocos metros de los dos hombres que fumaban apoyados en la barandilla. Parecían casi despreocupados, como si charlaran después de una larga jornada de trabajo.

- Señor ¿no hay nada más que podamos hacer? ¿Es el fin?

Mike y Erwin se giraron al mismo tiempo. El primero sacó su cajetilla de tabaco y se la ofreció a los muchachos.

- Hemos perdido la conexión con el hope conqueror – dijo el mariscal – No sabemos si están vivos o muertos. Ahora solo nos queda esperar al desenlace. Rece si quiere. Yo, por mi parte, dejé de fumar hace años, pero... – dio una calada al cigarrillo – Éste será el último, pase lo que pase.

En la cabina del hope conqueror, el agua se filtraba a chorros por una docena de fisuras diferentes. Habían reiniciado el sistema con la energía de emergencia, causando que las luces parpadearan y se apagaran cada poco tiempo. Todo el lugar olía a metal quemado. La máquina estaba en su límite.

Sin preguntar, Levi corrió hasta el compartimento donde se hallaba la bomba y la accionó manualmente, mientras Mikasa todavía intentaba mantener el jaeger en funcionamiento. La cuenta atrás comenzó en el momento que pulsó el interruptor: marcaba cincuenta segundos antes de la explosión. Se apresuró a subir la escalerilla de vuelta a la cabina, pero entonces una sacudida hizo estremecer el jaeger violentamente. Fue como un pequeño terremoto. Mikasa miró por la ventana y se dio cuenta de que había sido la embestida de un kaiju, el más grande que hubiera visto nunca. Por un momento, se le heló la sangre en las venas. Había peleado con muchos de ellos, pero ninguno le había parecido tan aterrador.

- ¡Tenemos que salir de aquí! – la mujer corrió hasta su compañero.

Levi se encontraba colgando de la destrozada escalerilla en una posición cuanto menos precaria. Mikasa se agachó para darle la mano, pero cuando él intentó agarrarla, la estructura de metal se balanceó peligrosamente hacia abajo a causa del movimiento. Sabía que solo quedaba una cosa por hacer. Se agotaba el tiempo y su mente ágil y pragmática, que le había valido tantos rápidos ascensos en el ejército en tan poco tiempo, voló en busca de la única solución posible.

- ¡Vete! – como para poner énfasis a su orden, el kaiju golpeó el jaeger nuevamente. Levi sentía que los hierros a los que se aferraba estaban a punto de ceder.

- ¡No voy a dejarte aquí! Te ayudaré, podemos...

- ¡Quedan treinta jodidos segundos, Mikasa! Hazte un favor y sálvate. Es suficiente con que muera uno de los dos.

No bien hubo pronunciado esas palabras, un pensamiento amargo se formó en su cerebro. Él nunca había querido ser un mártir, no como esos estúpidos entusiastas que se habían unido al programa al principio de la guerra dispuestos a "dar sus vidas por la humanidad." La mayoría de esos idiotas no habían durado ni dos misiones. ¿A cuántos amigos había perdido así? Ya no podía ni contarlos. Si él se había mantenido vivo era porque, a diferencia de ellos, valoraba mucho más su vida. Era un egoísta, sí. Pero sus prioridades le habían ayudado a seguir con la cabeza sobre los hombros.

Hasta ese día. Si hubiera podido habría esbozado una sonrisa cínica. Nunca pensó que moriría en un acto heroico y además salvando a otra persona. A una persona que le importaba. Una mujer con el mínimo aprecio posible por su propia existencia, que contradecía todos sus malditos principios y que aun así había empezado a querer. Al menos, esta vez, no la dejaría morir como había sucedido con Petra.

Fue como si el cerebro de Mikasa obedeciera la orden en contra de su voluntad. Sus piernas la llevaron de nuevo a la cabina, a conectarse a la máquina y a activar la cápsula de salvamento, que salió despedida hacia la superficie.

Quince segundos. A Levi le dolían los brazos de agarrarse a los restos de la escalerilla. A través de una abertura en la parte superior, pudo ver como el kaiju se preparaba para atacar de nuevo. Entrecerró los ojos, esperando el momento, calculando sus posibilidades.

Después de todo, no tenía ninguna intención de morir allí abajo.


Ahh... ¿qué será de Levi?

Bien, como dije al principio quiero pedir disculpas por el retraso. Sé que tenía que haber subido esto hace tiempo. En realidad no tengo ninguna excusa, salvo que no estoy pasando una buena época en cuanto a mis trabajos. Siento que no son todo lo buenos que deberían y he comenzado a dudar mucho de mí misma a la hora de crear. Así que lo más posible es que deje de escribir y publicar (por un tiempo, supongo. Espero que no sea permanente).

Dicho lo cual, esta será una de las últimas cosas que publicaré. Esta próxima semana pondré el desenlace y más adelante participaré en el intercambio navideño del grupo snk_esp en LJ, al que ya me he comprometido. Con eso llegaré a 55 trabajos publicados, que creo es un bonito número en el que detenerme (al menos por el momento).

En cualquier caso, os agradezco vuestra paciencia conmigo y que me hayáis acompañado hasta aquí. También por supuesto a todos los reviews, follows y favoritos. Nos vemos en el final, por última vez.