¡Hola! Por fin el último capítulo. Whoa, no puedo creer que después de tanto haya llegado el final. Pido disculpas porque sé que de nuevo es demasiado corto, de hecho es más bien un epílogo o cierre que un capítulo en sí... Pero suficiente para conocer el final de la historia.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Pacific Rim y todos sus personajes pertenecen a Guillermo del Toro y Legendary Pictures. Esta historia fue escrita sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.


La pequeña cápsula de salvamento rompió furiosamente la superficie marina tras un ascenso vertiginoso. Se mantuvo a flote, describiendo pequeños giros, gracias a una cámara de aire en la parte inferior. La cubierta que protegía el receptáculo se retiró de forma automática, dejando ver a una temblorosa Mikasa encogida en su interior.

Cuando los helicópteros de rescate llegaron, Mikasa todavía no era capaz de asimilar lo sucedido. Habían ganado. No más monstruos. La raza humana se había salvado de la extinción. Pero ella no se sentía feliz. Todo eso era posible a costa del sacrificio de un hombre, un hombre al que había dejado morir solo, al que había abandonado a su suerte. ¿Qué habría pensado Eren de ella? De vuelta a la base militar rompió a llorar, en forma de sollozos ahogados.

En cuanto puso un pie fuera del helicóptero, se encontró con la mirada adusta y el eterno uniforme del mariscal Smith. Ella negó con la cabeza en respuesta a la pregunta no formulada. Smith apretó los labios y asintió, comprendiendo.

- Felicidades, piloto. Hoy, han salvado el mundo – declaró de forma solemne.

- ¿Y Armin? – Mikasa no estaba de humor para celebraciones.

- En toda guerra hay bajas – dijo simplemente Smith. De alguna manera, ya se lo esperaba.

Mikasa agachó la mirada; no podía enfrentar los ojos azules del mariscal. No conocía mucho de su pasado, pero le había visto frecuentemente en los recuerdos de Levi. Supuso que bajo su fachada serena e imperturbable estaba afrontando ese duro golpe con todo el aplomo posible. Ninguno de los dos dijo una palabra; a lo lejos les llegaba el eco de las celebraciones, pero para ellos no había nada que festejar.

- ¡Señor! ¡Señor!

Una apresurada Hanji se precipitó en la enfermería, exultante de felicidad.

- Señor, dos helicópteros chinos que trasladaban materiales para la muralla han informado de un cuerpo extraño en el agua a unas veinte millas de aquí – se detuvo, esperando su reacción – Está vivo, señor.

Esas tres palabras trajeron a Mikasa de vuelta a la vida, como si se le hubiera parado el corazón y de repente hubiera empezado a latir otra vez. Fue consciente de la fuerza de ese sentimiento y comprendió que había cosas que necesitaba decirle.

Levi tardó media hora más en llegar a la base. No solo Mikasa y el mariscal Smith estaban en el exterior para recibirle. Gran parte del personal había dejado de lado las celebraciones por un tiempo para presentar sus respetos y su agradecimiento. La mujer nunca había notado cuan profundamente admiraban a Levi sus subordinados: a pesar de lo frío y distante que podía llegar a ser, se las arreglaba para calar en las personas, quizá incluso en contra de su voluntad. Pero ella había entendido por fin que él no era como pretendía ser.

El piloto bajó del helicóptero, renqueante. Arqueó una ceja ante el comité de bienvenida que había acudido a recibirle y tuvo que recurrir a todo su esfuerzo para no proferir una carcajada burlona. Fijó sus ojos grises en los de Smith, que lo contemplaba con una muda expresión de orgullo, casi como un padre. Le hizo una seña que pasó desapercibida para todos los demás. Y antes de que pudiera darse cuenta, Mikasa se había adelantado y lo abrazaba con fuerza. Y a pesar de lo mucho que odiaba las demostraciones de afecto, especialmente en público, rodeó su cintura con los brazos en respuesta.

Más tarde, esa misma noche, Mikasa se encontraba en su cama de la enfermería, aburrida. Se trenzaba el pelo negro azabache en un intento de combatir el tedio, pero nunca había sido buena en ese tipo de cosas. Levi había pasado las últimas horas durmiendo; su cuerpo necesitaba descansar después de todo el estrés que había sufrido. Dándose por vencida, se dejó el pelo suelto y caminó unos metros hasta su cuarto.

Su copiloto estaba tumbado en la cama, con cara de fastidio. Mikasa no necesitó que le explicara que preferiría estar en cualquier otro sitio menos allí, pero muy probablemente el mariscal Smith le había obligado. Aunque conociéndolo, se escaparía a la menor oportunidad. Se sentó en el borde de la cama; Levi no puso ninguna objeción. Le sostuvo la mirada. No hicieron falta las palabras. La conexión que había sentido con él no se refería meramente al manejo de un jaeger, sino que iba mucho más allá. Había dudado de ello por sus palabras después de aquella noche, pero ahora estaba segura. Se inclinó despacio y le dio el beso que él ya había anticipado y estaba esperando.

- Te dije que no esperaras un "te quiero" por mi parte – recordó Levi, con el ceño fruncido.

- Pero yo nunca dije lo mismo – respondió, poniendo todas las cartas sobre la mesa.

Una sonrisa torcida cruzó por el rostro de Levi. Era la primera vez que Mikasa lo veía sonreír. Él debió de detectar el brillo entusiasta en sus ojos, porque la tomó de la mano en una silenciosa promesa de que aquella no sería la última ocasión.

Habían salvado el mundo. Y sin darse cuenta, se habían salvado el uno al otro.


¡Se acabó! Se me da muy mal escribir finales, especialmente cuando han de ser felices, pero intenté hacer mi mejor esfuerzo. Veamos... Aún sigo llorando por Armin, siento que le fui dando protagonismo progresivamente solo para matarlo al final y eso me hace una persona horrible pero... alguien tenía que hacer el sacrificio (el equivalente al del mariscal en la película, pero en este caso Erwin no puede pilotar, le falta un brazo). Por otro lado, nunca tuve intención de matar a Levi, pero me gusta el suspense. Hasta el final no tuve claro si el rivamika iba a ser definitivo pero finalmente me pareció la mejor opción. ¿Acerté?

En fin, ya solo me queda despedirme de vosotros. Muchísimas gracias por darle una oportunidad a este fic, sé que no es un AU muy común. Y por supuesto muchísimas gracias a los que me han seguido capítulo a capítulo, a aquellos que se tomaban la molestia de comentar en cada uno de ellos, a los que dejaron algún comentario puntual y a cada follow y favorito. Todos ellos significan mucho para mí y han sido determinantes para poder terminar este fic. Por mi parte decir que con él he perdido un poquito el miedo a los AU y ha sido una experiencia más. ¡Nos leemos!