Capítulo 26: Noches cortas, días largos

Rodeados por el armoniosos sonido de los grillos cantando y el pasto meciéndose con la brisa que generaba el mar en la noche, se dispusieron a servirse la cena que especialmente él había preparado, —Bueno, que había comprado— sentándose en sus respectivos lugares. Ron caballerosamente le corrió su silla para ayudarla a sentarse y dando un medio giro llegó a su silla que estaba ubicado frente al otro.

— Todo está perfecto Ron — Admitió ella aún sorprendida. — Yo no me lo esperaba… y de hecho tengo que pedirte disculpas por cómo me comporté hoy… fui una tonta por tratarte tan mal, sobre todo porque siempre trataste de ayudarme… y yo…

— Tranquila, entiendo el porqué de todo esto. — La detuvo él. — No te estoy exigiendo que seas una mujer que finja estar bien cuando no lo está. Quiero que seas tú misma sea la situación que sea. Yo te amo tal cual eres, y en nuestra relación tendremos que aceptarnos por lo que somos, así que solo se tu misma y deja que yo me involucre más en tu vida para tratar de ayudarte en lo que pueda.

— Eres maravilloso — Respondió ella con una sincera sonrisa. Se puso ligeramente de pie y se acercó para robarle un beso por sobre la mesa. Él le correspondió inmediatamente.

— Adoro cuando te enojas — Hermione rió contra sus labios e iba a retroceder para sentarse, pero él la volvió a presionar y le dio unos cuantos besos más antes de dejarla volver a su lugar. — Te ves extremadamente atractiva.

— Creo que más bien soy demasiado insufrible.

— Eso nunca — Tomó su mano por encima de la mesa y le dio un pequeño beso en la palma, luego la soltó para servirle un trozo de pizza. — ¿Gustas probar mi creación?

— ¿Tú la hiciste? — Él asintió orgulloso. Hermione percibió la sazón peculiar de las pizzas preparadas en los restaurantes, y además la caja en la que solían venir estaba tirada a un lado de la gran canasta que él había traído. — ¿Estás seguro?

— ¿Dudas de mis dotes culinarios?

— Recuerdo que dijiste que no sabías cocinar.

— Pero aprendí a hacer una pizza solo para esta noche.

— Fingiré que te creo — Respondió ella, dándole el primer mordisco a su trozo. — Mmm… está deliciosa… ¿tiene aceitunas?

— No, la pedí sin ellas especialmente para ti — Respondió él rápidamente y sin pensar en lo que decía. Hermione rió triunfante y continuó comiendo. — Digo… la hice sin aceitunas… — Ella alzó una ceja con malicia. — De acuerdo, de acuerdo… ¡La compré!... ¿Feliz?... Tú ganas, no sé cocinar.

— No era mi intención delatarte.

— ¡Oh claro que sí! — Negó él. — Pero da igual, de todas maneras te sorprendí ¿no?

— Muchísimo.

— Entonces puedo decir que fue todo un éxito.

— Aún no cantes victoria, nos queda una larga noche aún.

Y Hermione no se equivocaba, ya que a pesar de que disfrutaron la cena con tranquilidad, agotando la comida brindada y conversando de temas que jamás habían hablado. Pero como no todo siempre puede ser tan perfecto, para terminar con la cena y la sorpresa, apareció a lo lejos, señalándolos con una inmensa linterna un hombre.

— ¡Demonios! ¡Ven vamos, tenemos que escondernos! — Susurró el, mientras tiraba todos los platos, cubiertos y copas dentro de la canasta. Luego desarmó la mesa y la escondió junto con la canasta, tras de un árbol, para luego tomar su lugar tras los arbustos en los que se escondía su novia. — Es el dueño — Mencionó con tranquilidad.

— ¿Y por qué nos escondemos? — Preguntó ella. Ron la hizo bajar el tono de voz y ella volvió a preguntar. — ¿Por qué nos escondemos?

— Ese hombre nos puede descubrir.

— ¡Pensé que habías dicho que conocías al dueño! — Reclamó ella susurrando.

— Solo lo dije para que te tranquilizaras, pero la verdad es que nunca lo había visto en mi vida.

Hermione en vez de seguir retándolo se echó a reír de una manera histérica que él jamás había visto. Sus ojos prácticamente estaban cerrados y se llevaba una mano al abdomen para intentar controlar el dolor que le generaba la falta de oxígeno. Él rió a su lado, mientras trataba de ver que él hombre no los descubriera.

— ¿Por qué hiciste eso? De seguro podríamos haberle pagado para pasar un par de horas aquí — Comentó ella aún con dificultad. — ¿O no?

— De seguro podríamos haberlo hecho, pero debido a que cuando intenté comunicarme con el arrendatario y este rechazó mis propuestas, tuve que pensar en alguna manera de conseguirlo de todas maneras.

— ¿Y por qué fue precisamente aquí el lugar en que querías que cenáramos?

— Porque tiene una maravillosa vista — Opinó. Hermione se acercó a él y se apoyó contra su cuerpo, cuando escucharon las pisadas del hombre al bajar de la terraza. — Y porque antes este lugar era de mi abuelo.

— ¿Enserio?

— Sí, pero la perdió en unas apuestas. — La castaña podía oír el corazón del pelirrojo acelerarse cada vez más. — Él era un fanático de las competencias, pero debo admitir que normalmente perdía más de lo que ganaba. — Le dió un beso en la frente a Hermione y juntos escucharon el sonido del mar, chocar contra unas rocas. — Él comenzó con toda esa ambición, luego de que mi abuela falleciera de cáncer. Fue muy duro para él y creo que su manera de refugiarse del dolor fue apostando hasta lo que no tenía.

— Debe haber sido un hombre increíble.

— Lo era.

— Me hubiera gustado conocerlo. — Ella pareció rememorar. — Además, Albus dijo que eras su copia exacta.

— Ni te imaginas cuanto — Rió él. Hermione lo observó de esa manera, tan tranquila y en confianza. Todo era perfecto esa noche. — Cuando lleguemos a la casa, buscaré una foto y te la mostraré para que sepas quien fue mi abuelo.


Observó por milésima vez la pequeña agente en la cual tenía anotadas las cosas más personales. La miró de reojo una vez más y luego marcó un número rápidamente. Esperó a que contestaran, entonces alguien lo saludó y él instintivamente se quedó en silencio.

— ¿Aló? ¿Hay alguien ahí?

— So-soy Robert

— ¿Qué Robert? — Preguntó ella confundida.

— Walmart.

— ¡Ah! ¡Robby! — Acertó Minerva. — Que gusto que llamarás, ya ha pasado bastante tiempo desde que nos vimos.

— Exactamente quince años.

— Vaya, vaya… que pasa rápido el tiempo. — Robert se quedó en silencio, sin saber de qué hacer o decir. — Entonces… ¿Para qué me llamabas?

— Supe que tú serías quien nos ayudaría con todo este problema de Record Magic.

— Hermione me lo pidió, no podía negarle mi ayuda. Ella ha sido una de mis más fieles modelos.

— ¿En dónde se conocieron?

— Ella iba a un estudio de modelaje de una de mis compañeras. Yo había ido un día para buscar a mujeres jóvenes que pudieran ser parte de mi campaña y apenas la ví, supe que ella sería la indicada. — Admitió orgullosa. — Y de hecho así fue, la edición de la revista ese mes fue todo un éxito. Incluso podría decir que la mejor en años.

— Tiene mucho talento. — Opinó él.

— Y lo más interesante, es que ella lo hace natural, ya que nunca estudió modelaje ni nada por él estilo.

— ¿Ah no?

— No, ella me lo confesó en una de las sesiones. Pero de que la cámara la adora, de eso no hay duda.

— Es bueno que volvamos a trabajar juntos ¿no lo crees? — Minerva sonrió inconscientemente.

— Sí, creo que sí.

— Minerva, te llamaba porque quería saber si te gustaría que tomáramos un café antes de la sesión fotográfica, así podremos conversar un poco de los planes… y otras cosas.

— Perfecto, estaré en el Chocolatte Coffe a las nueve.

Robert asintió, luego se despidió y finalmente colgó la llamada. Observó la pantalla unos segundos y luego lo apagó.


— ¿Estás seguro que no olvidaste nada? — Preguntó ella. Ron giró su cabeza para ver si el hombre los había notado.

— Supongo que no. — Hermione también miró hacía su espalda, estaba aún muy nerviosa.

— Eres un completo loco Weasley, la próxima vez nos llevarán arrestados por intrusión de una propiedad privada. — Ron rió ante su comentario.

Hermione subió al auto con rapidez. Ron por el contrario, demoró un poco más al abrir la puerta trasera y dejar la canasta con los platos sucios. Luego encendiendo el motor retrocedieron hasta volver a la carretera para ir al departamento.

La castaña se apoyó con todo el cuerpo sobre el asiento y observó el camino a través de la ventana, sintiéndose adormilada a los pocos segundos.

— No quiero que… — Intentó reprimir un bostezo, pero no lo logró. — quedarme dormida… aquí.

— ¿Por qué no?

— Porque si no tendrías… que cargarme hasta el ascensor… y luego hasta el penthouse… y luego a la cama.

— No me molestaría tampoco cambiarte el pijama — Comentó con travesura.

— Eso ya lo tenía claro. — Respondió ella ruborizándose.

— Eres mi novia, y ya te conozco completamente. No deberías avergonzarte. Es lo más normal que un hombre ayude a su mujer a acostarse.

— Ya has hecho demasiado por mí esta noche.

— Y lo seguiría haciendo por el resto de la vida. — Hermione se llevó una mano a los ojos para refregárselos por la extraña sensación de sueño, aún que de todas maneras se percató de lo que él había dicho.

— Pensé que no creías en los compromisos de por vida. — Ron titubeó a la hora de responder. Esa clase de preguntas, eran exactamente las que él solía responder mal.

— No lo hacía, pero creo que es bueno que comience a pensar en ello — La castaña demostró una ligera sonrisa y luego dejó que el sueño la llevara junto al Morfeo.

Ron tardo bastante en llegar al departamento, que a esas horas de la noche estaba prácticamente vacío. No había ningún periodista y solo los porteros lo habían recibido al abrirle el portón. Él estacionó el vehículo y luego con delicadeza tomó a Hermione entre sus brazos y la llevó por el ascensor hasta el penthouse. La recostó sobre el sillón, para ir a su habitación a acomodar las cosas. Volvió a la sala a buscarla, y la llevó nuevamente a la cama, la recostó bajo las sabanas y luego la cubrió con ellas.

La observó desde la orilla, pensando si era correcto o no cambiar su ropa. Llegó a la conclusión de que lo mejor era dejarla tal como estaba, a excepción de sus zapatos que quitó con rapidez para no despertarla.

Se veían tan angelical que era imposible no quedársele mirando. Él estuvo así bastante rato, e incluso se sentó en la reposadera que quedaba frente a la cama. Pensando todas las cosas que últimamente habían pasado. Además, si pensaba seguir por donde iba tenía que asegurarse primero que las decisiones que tomaría serían las correctas.


— ¿Tienes alguna novedad para llamarme a estas horas de la noche?

— Creo que sería interesante que le contaremos al mundo la lista de novias que ha tenido Ron… o mejor dicho, las amantes que ha tenido en toda su vida.

— ¿Por qué el mundo querría saber eso?

— Sería bastante sorprendente saber que ha tenido más mujeres en su vida que cualquier hombre que le doble la edad.

— Los Weasley son así, acostumbran tener muchas mujeres. — Lavender escuchaba atentamente. — Si no recuerdas bien, su hermano Charlie ha tenido muchas más novias de las que posiblemente me dirás de Ron.

— Pero aún no sabes quienes han sido sus amantes. — Respondió la rubia a la defensiva.

— No es necesario saberlo.

— ¿Y qué te parece si buscamos evidencia de que Ron no se ha comportado como un verdadero buen hombre? Posiblemente se comportó mal con alguna y tal vez quiera dar testificación de ello…

— Creo ver por donde va tu idea… — Confirmó al final Rita, llevándose una mano a la sien con enojo.

— Y si alguna de ellas confiesa haber sido golpeada o maltratada por él, sería la mejor noticia, ya que tendríamos evidencia de sus anteriores mujeres, cosa que tal vez Hermione no sabe y que pueda afectar su compromiso. ¿no?

— Veremos que logramos, consígueme esa lista y te veré en mi oficina mañana. Tendremos muchos lugares que visitar. — Colgó fastidiada, y dejando su lápiz favorito sobre la mesa, salió de su oficina, a esas altas horas de la noche.

Era una mujer de trabajo, que nunca dejaba las cosas para el día siguiente. Y esa era exactamente la causa de porqué había finalizado su matrimonio, y ahora pasadas las 2 de la mañana, llegaba a su casa, sola y sin compañía por el resto de la noche.


Suspiró pacientemente. Inspiró sintiendo la tranquilidad del ambiente y se acomodó con mayor satisfacción al cuerpo tibio que la acompañaba en la cama. Ron estaba recostado sobre su propio abdomen, con la cabeza completamente hundida en la almohada y con sus rizos pelirrojos esparcidos por esta misma. Ella sonrió al verlo en esa postura tan desalmada y dispuesta a seguir descansando se recostó aún más cerca de él. Al parecer Ron presintió su presencia y terminó recostándose de lado quedando ambos frente a frente. El no abrió los ojos, pero sonrió dándole a entender que ya había despertado.

— Adoro ver tu rostro en las mañanas — Confesó ella, deslizando sus dedos por el rostro pálido de su novio.

— Y yo el tuyo — Susurró con lentitud. Ella sonrió y siguió trazando caminos con sus dedos. — Me haces cosquillas.

— ¿Eres muy cosquilloso?

— Prefiero no decírtelo.

— Eso es un sí — No era una pregunta, para Hermione la respuesta estaba clara. — Pero no te preocupes, no te haré nada esta mañana, estoy muy bien en esta posición.

— ¿Así puedes burlarte de mí desastroso rostro por las mañanas? — Ella carcajeó. — No es mi mejor momento, lo admito. Pero al menos puedo ser yo mismo contigo.

— Eso espero — Opinó ella fingiendo seriedad. Luego acercándose a su rostro, chocó sus narices y con una sonrisa coqueta dijo: — Ahora bésame.

Ron sonrió con los ojos cerrados y se acercó rápidamente sin chistar, a los labios carnosos de la castaña que esperaban ansiosos el contacto.

Estuvieron una media hora más dándose cariños y mimos que tuvieron que finalizar por el deber de ir a trabajar. Se dieron una ducha, se cambiaron de ropa y tomando un ligero desayuno salieron en busca de una nueva oportunidad para la empresa. El camino al trabajo fue rápido, bastante extraño para lo que estaban acostumbrados a demorar. Pero apenas estuvieron en el edificio, subieron por el ascensor hasta la oficina del director, quien los llevó directamente al salón en que toda la sesión sería realizada.

— Aquí están nuestras estrellas — Comentó Robert, a la vez que le pedía a ambos que se dirigieran a cambiarse los trajes con los cuales comenzarían las fotografías. — Necesito que todos estén preparados, porque apenas ellos estén listos todo comenzará. Tenemos que hacer todo el doble de rápido si queremos conseguir nuestro objetivo, pero sé que se logrará, ya que tenemos a los mejores trabajando ¿no?

— ¡Así es! — Gritaron un par de personas.


Cuando ella y Ron se separaron en los camerinos, Hermione ingresó en el que llevaba su nombre escrito en la puerta. Le sorprendió reconocer que entre las chicas que la ayudarían a vestirse y maquillarse, no estaba Tiffany, la mujer que en la anterior sesión fotográfica le había ayudado.

— ¿Y Tiffany? — Preguntó ella a las personas que ahí se encontraban.

— Se cambió de empresa.

— Lo siento, no lo entiendo. — Una de las mujeres se acercó a ella y la comenzó a dirigir hasta el probador.

— Ella prefirió irse a la empresa del señor Malfoy.

— No… yo no… no pensé que ella fuera a hacerlo.

— Lo hizo por su familia, ellos necesitan el dinero.

— Supongo que cada uno se mueve por sus intereses — Respondió al final. Le entregaron un mini vestido azul liso, unos tacones blancos y unas cuantas pulseras que combinaban a la perfección.

En un par de minutos salió del armario con todo lo correspondiente. Se sentó en la silla giratoria y esperó a que la maquillaran. Y mientras las profesionales hacían eso, ella siguió pensando las cosas que se habían quedado en su cabeza por todos esos días.

— Listo. — Finalizó la mujer. — Estás perfecta.

— Muchas gracias. — Agradeció la castaña. Las mujeres asintieron con simpleza. — Nos veremos en unos minutos.

Las chicas la acompañaron por el pasillo, y se ubicaron a un lado del fotógrafo que en esta ocasión también era otro que jamás habían visto. Al parecer ella había terminado de arreglarse antes que su novio, por lo que le pidieron que posara sola por el momento.

Ella accedió a las peticiones y con absoluta profesionalidad posó para la cámara. Cambiaba de expresión, postura, sonrisa, mirada y actitud en cada una de ellas, por lo que jamás se repitió ninguna. Le entregaron un par de objetos con los cuales tuvo que interactuar, pero como era una experta en ello, se dedicó a lo que mejor sabía hacer.

Ron apareció a los minutos de comenzada la sesión de fotos personal, por lo que se quedó observando a su novia posar. Pero mientras lo hacía se percató de que jamás se había detenido a observarla en su trabajo. Suponía que es lo que ella hacía, porque había trabajo a su lado por bastante tiempo, pero viendo las cosas desde fuera de los reflectores de las cámaras, se podía dar cuenta de que ella realmente era una experta en su trabajo. Su rostro se veía extremadamente bello al sonreír, coqueteándole a la cámara o simplemente haciendo una mueca con la que trataba de alivianar la tensión del lugar.

— Te amo, mi castaña — Dijo el pelirrojo tras el fotógrafo.

Hermione cuando lo escuchó decir eso, no pudo evitar sonrojarse mientras en su rostro se formaba una enorme sonrisa avergonzada. No estaba acostumbrada a las demostraciones de afecto en público, y que él lo hiciera parecer tan natural la abrumaba aún más.

— Listo — Dijo el hombre con la cámara. — Es tu turno Ronald.

— Habrán paso al galán — Pidió este, riendo junto al resto del equipo que rodeaba la pantalla blanca de las fotos.

— Puedes ir a cambiarte Hermione, el otro fotógrafo de Minerva llegará en unos minutos, y te necesitan con el otro vestido.

La castaña asintió, pero se quedó unos minutos observando a su hombre posar para la cámara. Ron tenía talento, de eso no había duda. Además, él no se preocupaba en hacer el ridículo, ya que sus expresiones más coquetas salían con las sonrisas naturales que le dirigía a Hermione. Ella se despidió de él con un beso al aire y partió camino al camerino para cambiarse el vestido que McGonagall había sugerido que comenzará. Ron al poco rato tuvo que ir por lo mismo. Así que juntos volvieron al salón y esperaron a que la mujer llegara con su fotógrafo estrella.

— Ya estoy aquí, lamento muchísimo la demora, pero por fin logramos encontrar el edificio. — Dijo ella, al llegar. — ¿Comenzamos de inmediato chicos?

Ron asintió por los dos. Todos observaron como la mujer tiraba su inmensa cartera sobre uno de los sillones y tomándose el cabello con un prendedor, se presentó junto al fotógrafo. A Robert le preocupó que la mujer comenzó a observar el lugar, buscando algo que al parecer no lograba encontrar.

— ¿Sucede algo? — Preguntó preocupado.

— ¿Dónde está el equipo de música que solicité?

— Creímos que no sería necesario. — Respondió una de las asistentes. — No especificaron para que sería, así que prefirieron no traer uno.

— Pues, si no tengo uno en un par de minutos esta sesión se cancela.

Las chicas jóvenes que estaban encargadas de la administración, consiguieron uno en el menor del tiempo.

— Ahora sí — Resolvió. Hermione y Ron no habían prestado mucha atención, ya que conversaban en un lugar rezagado de la habitación. — Hermione cariño, ¿podrían venir por favor? — Exactamente eso hicieron, ella les agradeció su colaboración. — Lo que haremos ahora será poner un poco de música de distintos tipos, con los cuales ustedes tendrán que moverse al ritmo que se les ocurra. Todo esto será captado por los dos fotógrafos aquí presentes para poder tener diferentes vistas de las fotos. ¿entendido?

— Perfectamente — Respondió el pelirrojo.

Como la señora Minerva había dicho, una música lenta comenzó a sonar. Ron aprovechó que ese era el ritmo que más conocía y sin pudor alguno, presionó a la castaña para acercarla a su cuerpo y así poder moverse al compás de la balada. Hermione se recostó sobre su hombro como si verdaderamente bailaran esa pieza de baile.

— Así está perfecto, mira saca una foto desde la espalda de Hermione y enfoca con mayor detalle la expresión de Ron… — Indicaba ella a su fotógrafo. — Ahora una buena foto a la postura central que nos permite la canción. Que se noté que es una romántica… Y… listo, ahora necesito otro ritmo, uno más movido.

La música que anteriormente sonaba, fue opacada por el exagerado ritmo de una canción latina. Hermione no conocía mucho de los movimientos específicos para algunas canciones pero se movía de la mejor forma que podía, Ron por su lado trataba de coquetearle descaradamente frente a la cámara, haciéndola ruborizarse en más de una ocasión. Una vez finalizada una buena ronda de fotografías, la mujer pidió un nuevo ritmo que resultó ser más conocido para ella, y que dispuesta a no quedar con mala reputación respecto al baile, se movió de la manera más sensual que su cuerpo le permitió y Ron encantado le robo uno que otro beso en medio de todo. Minerva volvió a pedir un cambio de ritmo a los minutos, y así sucesivamente hasta que ella creyó que era momento de descansar.

— De acuerdo. Esto es todo por ahora, tomaremos un descanso de quince minutos y continuaremos con otro vestuario.

Ron tomó a su novia en brazos y riendo juntos se acercaron a la gran mesa en la cual había de todo tipo de cosas para comer. Desde ensaladas hasta los más deliciosos postres preparados por una reconocida empresa de servicios. Todos los trabajadores se acercaron también para probar algunos bocadillos que les sirvieran para recuperar un poco de energía que sirviera para mantener la actitud positiva a pesar del cansancio.

La mujer a cargo de todo, Minerva McGonagall observaba a los modelos reírse, comer y darse algunos cariños sentados en el cómodo sillón gris de una de las esquinas más alejadas. Ron estaba sentado ocupando la mayor parte del lugar con una gran bandeja en las manos, Hermione por su parte estaba sentada sobre su novio comiendo del mismo plato que él y de vez en cuando era ella la que le entregaba alguna fresa para que devorara.

Minervas sintió a alguien acercarse.

— Es increíble que estén juntos ¿no crees? — Comentó Robert, mientras tomaba un refresco de cola.

— Aun no entiendo cómo puedes saber exactamente lo que estoy pensando.

— Te conozco desde hace mucho tiempo. — Ella sonrió y le dirigió una mirada añorante.

— Ella es muy diferente a ese jovencito, ¿Cómo es que terminaron juntos? No lo puedo entender.

— Creo que esto tiene que ver exactamente con las tan marcadas diferencias entre ellos. — Minerva lo observó incrédula. — Se complementan. Desde que los vi por primera vez en una sesión de fotos juntos, supe que ellos harían magia juntos…Solo míralos, son perfectos el uno para el otro.

— Espero que ese joven cuide mucho de Hermione, ha pasado muchas cosas en su vida y aun así sigue siendo la chica más especial que he conocido. — Opinó. Robert asintió. — Mi hija era igual a ella.

— Lamento lo que ocurrió, lo supe hace poco tiempo atrás. — Él reconoció la tristeza marcada aún en su rostro.

— Sí, fue una lástima perderla de esa manera. — Cerró los ojos y respiró profundamente, no quería parecer una mujer débil cuando debía mantener la frente en alto ante lo que estaba haciendo, no era el momento de las lágrimas. No aún. — ¡Cielos Robert! Se parecen tanto, que duele.

— Lo sé.

— Hermione es la copia exacta de mi hija, y te juro que no hay nada que pueda negarle a ella, a pesar de que no sea mía. — Y como si ella supiera lo que Robert estaba pensando dijo: — Sí, Hermione lo sabe. Se lo conté hace mucho tiempo, y por eso mismo ella dejó de trabajar conmigo. Me dijo que prefería alejarse si yo sentía que me hacía daño.

— ¿Y qué le dijiste?

— En ese momento le pedí que se fuera, ella entendió perfectamente. Pero es que… todo había pasado tan recientemente, que tenerla a ella en el mismo edificio cada mañana era como revivir el dolor cada segundo.

— Estoy seguro de que ella está bien.

— Eso espero — Sollozó ella. Dejó escapar una única lagrima, que se limpió rápidamente con el dorso de su mano y luego como si nada hubiera pasado emprendió camino nuevamente hasta donde estaban los fotógrafos, aunque no sin antes decir: — Gracias por escucharme Rob, siempre serás el mejor hombre para mí.


— De acuerdo, ¡Atención todos! — Ron y Hermione estaban en mitad de un beso cuando la escucharon llamarlos. — Continuaremos con la sesión. Tenemos poco tiempo y las fotos deben estar listas para el final de esta semana.

— Pero aún faltan tres días — Comentó una delgada chica, con demasiada timidez.

— Tres días que se pasarán volando y en los cuales debemos tener más cosas listas. Una revista y una campaña, no están listas en un par de días, se necesita el trabajo constante de varias semanas.

La chica entendió que no debería haber dicho nada, y se mantuvo lo más alejada de la mujer que pudo.

— ¿Mis modelos están listos?

— Se fueron a cambiar de vestuario — Le informó un directivo.

— ¿Cuál de todos?

— El cuarto, señora. — Minerva asintió conforme y se dirigió donde el fotógrafo para darle algunas indicaciones, mientras ambos observaban las fotografías ya tomadas.

No tomó mucho tiempo para que aparecieran ambos. Ron fue el primero, ya que en esta ocasión solo debía ponerse una camisa, un pantalón y un bléiser negro que combinaba a la perfección con su cabello pelirrojo. Hermione apareció unos minutos después con un vestido un poco más largo, de una seda traslucida que permitía observar el ajustado vestido blanco que llevaba debajo, y que le llegaba hasta más arriba de las rodillas

— De acuerdo, ahora queridos. Necesito que interactúen con esa silla y las maletas de al lado. Quiero que me den la impresión de que ambos están en diferentes lugares, pero que aun así se sienten unidos.

— Eso no será problema — Opinó el pelirrojo.

Hermione se ubicó sobre las maletas, mientras Ron tomaba asiento en la silla de metal que estaba a unos pasos más lejos de las butacas. Se observaron desde lo lejos, sonriendo y sin hacer nada más que cambiar las posiciones y expresiones desde donde estaban. Para Minerva una de las fotos de esta ocasión fue la elegida para la propaganda que estaría en su revista.

Robert aplaudió cuando la mujer al fin les dio el permiso de ponerse de pie e ir a cambiarse nuevamente de vestimenta.

— Ultima vestimenta chicos, último esfuerzo.

Ron y Hermione llegaron corriendo en esta vez, ya que al parecer estaban tan divertidos en ver quien llegaba primero que para ambos no hubo necesidad de maquillaje o algo parecido, para Minerva eso acentuaría la naturalidad de sus expresiones.

Habían cambiado la utilería para esta etapa, ya que ahora había una gran mesa en la cual había una inmensa cantidad de platos, cubiertos, copas y otras cosas similares a las que se encontraban en las cenas de la realeza inglesa. Según la idea de la directora, Hermione debía en la mesa correctamente como era debido para una chica de su clase y Ron debía estar sentado sobre la mesa, sacando comida con la mano de una fuente, representando la masculinidad y sencillez que él mismo representaba diariamente.

— ¡Y eso es todo! — Comentó ella finalmente. Todos los que habían estado tras las cámaras y murallas, aparecieron para aplaudir el arduo trabajo de más de 8 horas seguidas. — ¡Muchas gracias a todos! ¡Por hoy hemos terminado todo perfectamente como estaba planeado! Si seguimos así, terminaremos antes de lo previsto y con un gran porcentaje de éxito.

Los trabajadores aplaudieron con mayor entusiasmo y se acercaron para tomarse algunas fotos. Ya fuera con Ron, Minerva, Robert o Hermione, para demostrar que el compañerismo y trabajo seguía entre personas de confianza y esfuerzo.

— Gracias por todo, nos ayudó muchísimo — Dijo la castaña, acercándose después de bastante rato a Minerva.

— No agradezcas cariño, tú más que nadie merece la ayuda de los demás. Has hecho tanto por mí, que era imposible negarme para hacerte feliz.

— ¿Quiere venir a cenar con nosotros? Iremos al Central Gastronomy, Ron se muere de hambre. —Argumentó. La mujer rió con la característica delicadeza que la caracterizaba.

— Me encantaría Hermione, pero en esta ocasión debo declinar. — Desvió su mirada incomoda. — Robert ya me invitó al Western

— ¡Oh! Entiendo… — Respondió Hermione, con cierta expresión de picardía en su rostro que nunca llegó a notarse. — Que disfruten su cena entonces. Será para una próxima.

— Eso espero.

Las mujeres se despidieron con un abrazo y luego cada una se fue por su lugar. Hermione les ofreció a las mujeres que la habían ayudado con las vestimentas que se fueran temprano a descansar, y que ella terminaría de cambiarse y así lograría tener un rato de descanso. Las chicas accedieron agradecidas, ya que tenían ambas compromisos importantes.

Ron por su lado hizo lo propio con sus asistentes y fue al camerino de su novia para cambiarse junto a ella. Le ayudó a destrabar el cierre de su vestido y cambiarse por algo un poco más abrigador y cómodo. Luego mientras Ron se amarraba los cordones de sus zapatillas, ella terminó de cepillarse el cabello.

— Minerva dijo que no podría comer con nosotros porque tenía una cita con Robert — Ron se sorprendió, pero no tanto como para seguir preguntando. — ¿No te molesta cierto? Pensé en decirles que cenáramos todos juntos, pero creo que para ella es mejor no tenerme cerca al menos por esta noche.

— ¿Por qué dices eso? — Preguntó finalmente, pero preocupado.

— Soy la viva imagen de su hija, creo que eso la hace sentir un poco incomoda con mi presencia.

— Aun no entiendo. — Confesó. Ella suspiró.

— Su hija se suicidó.

— No lo sabía — Admitió él sorprendido. — ¿Fue hace poco?

— No tanto. Recuerdo que sucedió poco después de que yo comenzara a trabajar en su revista.

— Aun así no deberías decir eso, nadie podría si quiera sentirse mal por tenerte a su lado. Mírame a mí — Ella así lo hizo, aunque un tanto triste. Ron la estrechó entre sus brazos y la apegó a la muralla. — Ya no puedo pasar ni medio minutos sin dejar de besarte.

Hermione se sorprendió cuando sintió las manos ávidas del pelirrojo, acercarse peligrosamente a su entrepierna.

— Ron, no. — Dijo con firmeza. — No podemos.

— ¿Por qué no? Es emocionante aquí ¿no?

— Mañana no lo será tanto cuando nos vean en las cámaras de seguridad haciéndolo.

Ron retrocedió ligeramente y desvió sus ojos recorriendo toda la habitación, para reconocer que si había una cámara de seguridad ubicada al lado contrario del probador.

— Entiendo. Tendremos que guardar la emoción para él auto.

Hermione rió. Se cubrió con el abrigo beige y luego tiró de la mano de su novio, para desaparecer por la puerta, apagando las luces que dejaba atrás en su camino.

El guardia que quedaba para vigilar el edificio por la noche los despidió gentilmente. Ellos subieron al auto del pelirrojo y luego desaparecieron camino al penthouse para dejar las cosas y cambiarse por una ropa más cómoda antes de salir a comer. Lo habían decidido en medio de la sesión, con el objetivo de celebrar que pronto tendrían el éxito merecido.

— Me pondré algo más abrigado y nos vamos. ¿De acuerdo? — Preguntó ella, mientras iba camino a su habitación.

— Claro, amor. — Respondió. Se sentó en la mesa de la cocina, tomó una manzana y encendió el televisor. Apenas este comenzó a sonar, descubrió que las noticias a esa hora rondaban en la historia del padre de Hermione, y el porqué de su actual situación en una clínica. — ¿Hermione?

— ¿Sí? — Dijo desde la habitación.

— He pensado estos días, que sería mejor si cambiaras a tu padre de Clínica.

— ¿Por qué?

— No es seguro ni para ti, ni para él.

— ¿A dónde podría llevarlo?

— A una clínica de personas con el mismo problema.

No recibió respuesta alguna por el momento. Así que cuando ella apareció más abrigada que hace unos momentos, la observó con precaución, esperando no recibir un golpe en el rostro por su atrevimiento o algo similar.

— Creo que es una muy buena idea.

— Estuve haciendo unas llamadas cariño — Hermione se sorprendió gratamente. — Y todo está arreglado para que mañana temprano podamos cambiarlo de esa Clinica y llevarlo a un lugar mucho más adecuado…

—… ¿Y especializado? — Terminó ella. Ron asintió. — Te lo agradezco mucho, no sabía cómo decirte que no quería volver a esa Clínica.

— No tendrás que hacerlo nunca más. — Ron besó su frente, mientras ella lo abrazaba por la cintura.

Por primera vez ella se percató de la diferencia de estatura que los separaba, pero no le importó. Se sentía en las nubes cuando estaba a su lado y ninguna tontera le arruinaría esos días tan preciados.

— ¿Nos vamos?

Hermione asintió. Ron tomó su chaqueta de cuero y con las llaves en la mano, salieron del departamento. En el restaurant ya los esperaban y su mesa estaba perfectamente preparada, no había nada muy exuberante, pero daba de inmediato la impresión de que algo se celebraba. La gente los observaba curiosa y los saludaban al pasar por sus alrededores, pero nadie se acercó más que para eso, porque entendieron que ellos festejaban algo que no era posible interrumpir. Al menos no hasta que la cena finalizara.