Capítulo 27: Ayudando a la familia

La mañana del día jueves fue más tranquila de lo que solía ser, ya que no tuvieron que levantarse muy temprano. El cambio de Clínica era lo único que tenían planeado para esa mañana, debido a que más tarde a la hora de almuerzo irían donde los padres de Ron.

— El desayuno está listo — Le informó ella, mientras dejaba un par de huevos sobre un plato. — Supuse que tendrías mucha hambre.

— Supones bien. — Se llevó una tostada directamente a la boca a la vez que se tragaba una buena parte de su jugo. — ¿Egtags ligsta?

— ¡No hables con la boca llena!

Ron rió. Tragó la comida y luego volvió a hablar.

— Sonaste igual que mi madre.

— Será mejor que comas callado Weasley — Lo regañó ella riendo también.

Hermione lo observó comer e iba a encender la televisión, cuando Ron la detuvo. Le quitó el control remoto y lo alejó. Ella confundida lo observó buscando alguna explicación.

— No nos martiricemos más, ambos sabemos de qué están hablando. — La castaña asintió, y suspiró. — ¿Cómo te sientes?

— Muy bien ¿Por qué? — Ella pareció no entender su pregunta.

— Me refiero a cómo te sientes con este cambio.

— No lo sé, de todas maneras no soy yo la paciente.

— Tú padre va a estar bien, te lo aseguro. — Acarició levemente su mejilla mientras se formaba una ligera sonrisa en su rostro.

— ¿Cómo se llama el lugar al cual lo llevaremos?

— San Mungo — Respondió. — Dicen que es el mejor en estas situaciones.

— ¿Queda muy lejos de aquí?

— De hecho no, solo está a unos diez minutos en auto.— Ron se sorprendió bastante con la sonrisa de felicidad que ella demostró. — ¿Quieres que nos vayamos ya?

Hermione se encogió de hombros sonriendo. Ron también sonrió y dándole una última mascada a la tostada, se puso de pie.

— No lo hagamos esperar más.

La castaña asintió y lo siguió con rapidez, para alcanzarlo en el ascensor.


En la Clínica Central, había una gran cantidad de pacientes aguardando en los pocos asientos que cubrían un gran salón. Mujeres con niños pequeños en brazos, hombres con libros y mochilas en sus manos, ancianos acompañados de familiares e incluso jóvenes embarazadas, era alguna parte de lo que lograron ver al descender en uno de los ascensores.

Hermione llevaba lentes oscuros y se cubría lo mayor posible con su sweater gris, Ron por su lado también llevaba lentes de sol, pero a diferencia de su novia él tenía su rostro cubierto con el gorro de su chaqueta. Las mujeres de la recepción los identificaron al instante, al igual que los guardias quienes en un principio los vieron sospechosos, pero finalmente entendieron. Les ofrecieron ingresar inmediatamente al sector de cuidados intensivos, en el que los recibió el director que en la anterior ocasión los había visto.

— ¿Vienen a hacer el traslado? — Preguntó el con simpatía. Ron asintió. — Esta todo listo, pero antes debo preguntarles algo.

— Usted dirá.

— ¿Todo esto es por el problema con el doctor Daniel? — El director observó a Hermione con atención. Ella ya se había quitado los lentes.

— En parte — Respondió. Ron la observó atento. — No quiero tener más problemas, y hacer además esto más público de lo que ya es.

— Lo entiendo perfectamente señorita, pero también debo preguntarle algo aún más importante.

— ¿Sucede algo con mi padre?

— No, no hay problema con eso. De hecho necesito saber si está de acuerdo en la destitución del doctor Wilson.

— ¿Qué quiere decir con eso? — Intervino Ron.

— Me refiero a que si la dama atestigua, el doctor será despedido de sus labores cotidianas.

— ¿Es necesario hacerlo?

— Solo si usted lo prefiere, ya que es con el específicamente el problema.

Hermione se quedó pensativa, mientras sentía la mirada fija del director y su novio en ella. No pensó que las cosas se volverían tan complicadas, lo único que ella quería era sacar a su padre de ese lugar y llevarlo a uno en el cual nadie quisiera saber de su vida. El director le había dicho que prácticamente si ella decía que Dan había hecho algo contra su voluntad, terminaría siendo despedido del hospital. Y a pesar de que ella no quería hacer algo como eso, sabía que Ron la motivaría a hacerlo, ya que no aceptaría que el hombre que la forzó en un hospital siguiera con la más tranquila libertad.

— ¿Hermione? ¿Qué es lo que dirás? — Preguntó Ron.

Ella lo observó. Él tenía el rostro sereno, pero expectante ante su respuesta. No la observaba con fastidio, enojo o algo similar, sino que la miraba con culpabilidad.

— No quiero que él pierda su trabajo, porque es un muy buen doctor, pero tampoco quiero que quede impune por lo que me hizo.

— ¿Entonces?

— No atestiguaré, pero quiero que le haga saber que no permitiré que se vuelva a acercar a mí.

— De acuerdo. Yo le informaré. — Respondió el hombre con seriedad. — Nuevamente, tengo que disculparme por las molestias que les causamos. No esperábamos que se supiera lo de su padre y le aseguro que ninguno de mis funcionarios fue el que le informó a la prensa.

— Le creo y acepto sus disculpas, pero me temo que eso no nos detendrá en trasladar a mi padre.

— Lo entiendo perfectamente y le deseo lo mejor.

— Muchísimas gracias por todo — Agradeció. El hombre le estrechó la mano. — Sé que siempre hicieron todo lo que estuvo en sus manos para ayudar a mi padre.

— Es nuestro deber señorita.

Ron también estrechó su mano, y luego salieron de la oficina. A las afueras, una enfermera los había dirigido hasta la habitación para informarle de cuál sería el procedimiento; prácticamente lo que harían sería llevarlo en la camilla con el oxígeno artificial en una ambulancia especializada y totalmente equipada en caso de una emergencia. Los recibirían en la otra clínica y luego lo ubicarían en una habitación única, que estaría constantemente vigilada por varias enfermeras encargadas de los cuidados diarios del paciente.

Todo esto se llevó a cabo como estaba previsto y en un par de horas, David Granger estaba ubicado en su solitaria habitación luciendo casi de la misma manera que lo hacía su anterior alcoba en la Clínica Central.

— ¿Esta todo bien? — Preguntó una chica joven, que no parecía tener más de veintidós años. — ¿Necesitan algo más?

— No, gracias. Todo está perfecto.

— De acuerdo — Asintió ella. — Disculpe, pero no me he presentado con usted, soy Luna Lovegood, la enfermera. Es un gusto.

— El gusto es mío. — Respondió. La chica rubia se acercó a ofrecer su mano a Ron también.

— Yo seré la enfermera oficial que cuidará a su padre prácticamente todos los días, excepto los fines de semana.

— Nos veremos muy a menudo entonces.

— Espero que eso no sea una molestia para usted. — Agrego la chica con timidez.

— No claro que no, al contrario, creo que deberíamos conocernos mejor para que así tengas mayor conocimiento de todo.

— Eso estaría muy bien. — Hermione la observó rodear la cama para observar a su padre con mayor precisión y se sorprendió cuando la vió hablándole. — Nos está sonriendo, mire.

La castaña se acercó a la cama, y vió que la expresión de su padre no había cambiado jamás. Torció un poco el gesto al no lograr ver lo que la chica veía y luego miró a Ron confundida.

— Yo no veo que él sonría. — Admitió apenada.

— Lo hace levemente, tal vez no quiere que usted descubra que se está riendo. — Hermione percibió a Ron observando el reloj de su muñeca, pero no se sintió mal ya que estaban prácticamente en la hora que habían estipulado para el almuerzo. — ¿Ya se van?

La castaña sorprendió a la chica observando a Ron mirar su reloj y sonrió por su gran percepción.

— Sí, tenemos unos asuntos que resolver.

— Fue agradable conocerla, espero verla pronto. — Dijo Luna con actitud esperanzadora y una voz muy pasiva. — Debería venir mañana para ayudarme a realizar los ejercicios rutinarios con su padre, tal vez así consigamos alguna respuesta en su organismo.

— No creo que…

— Lo hará — Se adelantó ella. — Él parece que con ganas de despertar.

— Nos veremos mañana entonces — Respondió Hermione un tanto aturdida. Ron que se había mantenido en silencio todo ese rato, le sonrió como señal de despedida. — Gracias Luna.

— No hay de qué.

Ron se despidió también de la chica y luego la observaron desde fuera, antes de ir por el auto.

— Es un tanto…

— ¿Extraña? — Interpuso el pelirrojo riendo. — Sí, ya lo noté.

— No es extraña, es… — La castaña buscó la palabra correcta, mientras la observaba hablarle a su padre desde una silla continua. — perceptible.

— Esperemos que sigas pensando eso con el tiempo, no vaya a ser que contrataste una loca para que cuidara de tu padre… ¡Auch! — Exclamó, cuando recibió un golpe en el hombre de parte de Hermione.

— No vuelvas a decir eso Weasley.

Ron asintió divertido, mientras se refregaba el brazo en el lugar que ella lo había golpeado.


— ¿Hay algún supermercado cerca de aquí? — Preguntó la castaña, mientras observaba por la ventana intentando encontrar alguno.

— Creo que hay uno en la siguiente calle.

— ¿Podrías estacionarte? Quiero pasar a comprar algo para llevar donde tus padres.

— ¿Qué cosa?

— No lo sé. ¿Tal vez una botella de vino?

— ¿Para qué? — Preguntó sin entender.

— ¿Para qué va a ser? — Ron se encogió de hombros. — Amor, nunca hay que llegar a una casa con las manos vacías, porque se supone que eres una visita.

— Es la casa de mis padres.

— Aun así. — Ron arrugó el entrecejo en desacuerdo. — No te pongas tacaño.

— No soy tacaño, es solo que no es necesario que llevemos algo, mis padres no necesitan nada.

— Ron, cariño, escúchame — Pidió ella, buscando su atención. Ron ya se había estacionado donde ella le había pedido. — Sea el lugar que sea, no permitiré que lleguemos sin nada para aportar a la comida. ¿De acuerdo?

— Esta bien. — Respondió. — Pero yo elegiré cual llevamos.

— ¿Esperabas que alguien más lo hiciera? — La castaña le guiñó un ojo y se bajó del auto.

Ron hizo lo mismo. Luego encendió la alarma para prevenir y tomando la mano de su novia, ingresaron al lugar. En un principio las cosas se mantuvieron con tranquilidad; ellos buscaron el pasillo de los licores y estuvieron un buen rato buscando cual elegir. Un chico empaquetador los ayudó a elegir el de mayor calidad y entre risas de despidieron. Ron iba jugueteando con su novia, mientras caminaban a la caja a pagar sus compras. Ambos se robaban besos y reían como dos adolescentes, cosa que les sorprendió a la mayoría de los que se encontraban comprando, y que hace un buen rato los habían estado observando. Hermione dejó de darle besos a Ron, cuando sitió las miradas penetrantes de toda la gente en ellos. Se sonrojó cuando algunos los señalaron y trató de evitar la mirada de la mayoría.

Ron por su lado saludó a algunos y continuó robándole discretos besos a la castaña mientras aguardaban en la fila. Como la tenía abrazada de la cintura, le robaba besos en el cuello, en la mejilla o en los brazos solo para hacerla sonrojarse aún más, ya que su rostro de vergüenza le resultaba bastante divertido.

— Ron, no — Pidió ella, tratando de negarse a las caricias tiernas de él. — Todos nos están mirando.

— Entonces démosles de que hablar. — Propuso él, acercándose a sus labios.

— No cariño, no me siento cómoda aquí.

Ron asintió y le dio un beso en la frente, a la vez que avanzaban hasta llegar donde la cajera.

— Buenos días, ¿llevan solo esto? — Preguntó ella, con evidente nerviosismo. Hermione se sentía de la misma manera.

— Sí, por favor — Respondió Ron con seguridad.

La chica le informó cuanto era lo que debían pagar, y el rápidamente sacó de su bolsillo el dinero. Una chica joven envolvió sus compras y se las ofreció a Hermione para que la llevara.

— Gracias. — Respondió ella, con la intensión de tomarla, pero Ron la tomó primero.

— Yo llevaré esto — La joven bajó la mirada avergonzada y recibió apenas el billete que Ron le ofreció de agradecimiento. — Que tengas buen día.

— Gracias — Respondió la chica.

Ron le guiñó un ojo y luego tomando la mano de Hermione comenzaron a caminar hacia la salida.

— Disculpe… ¿Puedo tomarme una foto con ustedes? — Pidió un chico joven, que llevaba un teléfono celular en sus manos.

— Sí, claro — Respondió Ron.

El chico se acercó hasta quedar entre él y Hermione y todos sonriendo miraron en dirección a la cámara. Una chica les había sacado la foto y ahora era ella la que le pedía tomarse una foto con ellos. Ron y Hermione no se negaron a sacarse con nadie, pero cuando se comenzó a generar un mayor alboroto, se disculparon y comenzaron a caminar al auto con dificultad, ya que no querían generar un escándalo.

— ¿Ron me firmarías esto por favor? — Pidió un hombre ofreciéndole una foto del pelirrojo y un lápiz. — Es para mi hija.

El pelirrojo asintió y entre que caminaba, soltó la mano de Hermione y autografió la foto. Unos cuantos más le pidieron también a la castaña y entre que caminaban algunos se ponían a su lado y sacaban alguna que otra foto rápida con ellos, intentando capturar algún momento en que lograran su sueño de conseguir una fotografía con sus ídolos.

En todo el camino, que de ida habían recorrido en menos de veinte segundos, ahora lo realizaban en casi diez minutos, debido a que tanto las personas como los paparazzis -que ya los habían hallado- les habían reducido el espacio para caminar.

— Por favor chicos, vamos apurados. — Pedía el pelirrojo tratando de hacer a un lado a los fotógrafos.

— Tienes bastante espacio Ron — Dijo uno de ellos. — No estamos haciendo nada.

El pelirrojo sonrió ante el comentario y siguió caminando con dificultad. Percibió a pesar de todo, que Hermione se había puesto los lentes de sol y tratada de hacer a un lado a la gente ya que prácticamente estaba quedando atrapada entre todos.

— Dejen a mi novia tranquila — Pidió tomando su mano. La castaña le sonrió levemente y apresuró su paso una vez que tuvo más espacio para caminar. — Espacio señores, casi la estás tocando.

— ¿Por qué tan sobreprotector con Hermione? — Preguntó alguien.

— Es mi novia, no voy a permitir que la toquen o le hagan algo.

— Nadie quiere hacerle daño.

— Yo no puedo decir lo mismo — Respondió Ron con tranquilidad a pesar de todo.

La castaña logró llegar al auto, pero como el pelirrojo le había puesto seguro tuvo que esperar a que él realizara el movimiento. Entre eso, una persona tiró de su brazo haciéndole un poco de daño y generándole un gran dolor.

— ¡Auch! — Exclamó sin poder contenerse al alejar su brazo rápidamente.

Ron que la sintió, arrugó el entrecejo enojado y rápidamente se movió hasta ese lugar.

— ¡aléjense por favor! — Pidió más serio que nunca. — ¡Por favor! ¡Ya hemos aportado bastante, déjennos tranquilos!

— ¿Está tu padre bien Hermione? — Preguntó alguien.

— Sí, gracias — Respondió ella antes de entrar en el jeep.

La castaña se cubrió el rostro con la mano, una vez que estuvo sentada dentro del auto. Ron dio la media vuelta y con dificultad ingresó también. Los paparazzis presionaban con locura las cámaras, logrando grandes capturas de cada movimiento de los modelos.

— Vámonos rápido de aquí — Dijo el pelirrojo, mientras encendía el motor y con una complicada maniobra salía ávidamente del radar de los periodistas. — Son demasiado insistentes.

— Sí, lo sé — Respondió la castaña. Ron se detuvo en un semáforo y observó por el retrovisor por si aún tenían los autos siguiéndolos. — No pensé que fuéramos a causar ese alboroto por tan solo unos minutos.

— Yo tampoco, pero no importa ya… ¿Estás bien? — Ron miró su brazo que había quedado rojo y con unos cuantos rasguños. — ¿Quién fue?

— No tengo idea, solo sentí que me agarraban del brazo y traté de soltarme porque no podía ni moverme.

— Esos imbéciles… — Murmuró enojado. — ¿Quieres que pasemos a un hospital?

— Son solo unos rasmillones — Rió las castaña por su exageración. — No voy a morirme porque me tiraron del brazo.

— Solo quería confirmar que estás bien.

— Lo estoy. — Confirmó ella, acercándose para besarlo.

— Te dije que no deberíamos haber ido por esa botella — Comentó entre el beso. Hermione sonrió, pero no dijo nada y continuó con su objetivo. — Terminaste… haciéndote… daño.

— Tranquilo. Ahora… mejor enciende el auto antes de que venga alguien a regañarte.

El pelirrojo así lo hizo, ya que el semáforo comenzaba a cambiar de color.


El camino de desviación por el cual se dirigían a casa de los padres de Ron, fue mucho más rápido y tranquilo que las calles de la ciudad, y como la parcela estaba alejada no se percibía casi ningún otro vehículo. Al cabo de unos minutos, llegaron hasta la entrada de la Madriguera en la que fueron recibidos con gran entusiasmo por la señora Weasley.

— ¡Qué bueno que llegan! La comida ya está lista — Les informó. — ¡Que gusto verte de nuevo Hermione! ¡Te ves aún más radiante!

— Gr-gracias señora Weasley — Respondió avergonzada. — ¿Cómo ha estado?

— Muy bien querida, gracias por preguntar. ¿Y ustedes?

— Lidiando con los paparazzis. — Intervino Ron, apareciendo de repente. — Hola mamá.

— ¡Ronnie querido! ¿Cómo has estado?

— Bien, muy bien. — Molly notó su mal humor. — Al menos hasta que nos topamos con esos desgraciados.

— ¡No digas esas palabras! — Exclamaron ambas mujeres. Molly sonrió.

— ¿Pero qué le pasó a Hermione en el brazo? — Preguntó al notarla.

— Ya te dije, fueron esos desgr… — Se detuvo al notar la mirada de su novia. — esos periodistas insistentes.

— Ahora entiendo porque estás enojado.

Molly los hizo ingresar a la casa, en la cual no había nadie. Solo estaba la señora Weasley y sus deliciosas creaciones culinarias. Hermione recorrió con sus ojos todo el lugar, percatándose de que había cierto cambio en el que ella había logrado percibir, pero que aún no descubría que era. Ron por su lado seguía conversando con su madre de lo que había sucedido. La castaña se acercó para entregarle la botella de vino, Molly se la agradeció, pero Ron volvió a buscarle conversa a su madre. La castaña se sentó a su lado en el sillón y dejó que él tomara su mano y de vez en cuando depositara algún beso en ella. Molly los observaba enternecida sorprendiéndose de lo diferente que se veía su hijo, de una buena manera.

— Arthur está en el trabajo, pero volverá pronto para almorzar.

— ¿Él ha estado bien? — Preguntó la castaña.

— Sí, gracias a Dios.

— ¿Has hablado con Harry o Ginny? — Inquirió el pelirrojo.

— Me llamarón un par de veces esta semana. Están muy bien ambos. — Ron no supo que más preguntar, sentía que algo le sucedía a su madre, pero que no le diría enfrente de Hermione. Posiblemente porque sería algo que la avergonzaría. Molly le sonrió cuando lo descubrió viéndola. — ¿Y ustedes? ¿Qué planes tienen para esta semana?

Hermione también la miró.

— Planeamos… eh… bueno crear una… fundación que ayude a todas las personas… que bueno… lo necesitan — Respondió ella nerviosa. Aún no se acostumbraba a la naturalidad de la señora Weasley. Y posiblemente eso era debido a que llevaba un largo tiempo sin tener a nadie que preguntara porque haría en la semana de manera tan maternal.

— ¡Eso es fantástico! ¡Pero qué buena idea! — Comentó ella emocionada.

Ron, que se había mantenido en silencio observándolas hablar, percibió cuando su madre bajó la mirada al piso incomoda con la situación.

— ¿Sucede algo, mamá? — Preguntó él. Molly lo observó curiosa sin entender la pregunta.

— ¿Porque habría de suceder algo? — Ron ladeó una mirada de "sé que te ocurre algo". — No es nada amor, solo es que me hace feliz que vengan a visitarme pero desearía que lo hicieran más seguido.

— Lo lamento mucho seño… Molly — Corrigió al ver la expresión de la mujer. — Pero hemos tenido unas semanas muy caóticas y hubiéramos deseado venir antes pero… no teníamos tiempo para nada.

— Lo siento mi querida Hermione, pero tienes que entenderme que como madre extraño mucho a mis hijos ahora que no viven en esta casa. Hasta mi hija menor ha dejado el nido y supongo que tu mad… — Molly se detuvo precipitadamente antes de decir algo que no debería haber dicho. — Lo siento, yo no…

— No se preocupe, la entiendo perfectamente. — Los ojos de Hermione brillaron con intensidad pero le dieron a entender que estaba bien. La señora Weasley se sintió mal por lo que casi había dicho y le pidió disculpas nuevamente. — No hay cuidado. Le prometo que la vendremos a verlos mucho más seguido todos los fines de semana y si es que podemos más veces a la semana le aseguro que lo haremos.

— Eso me agradaría mucho.

Ron sonrió. Nunca pensó que su madre y Hermione se llevaran tan bien. Sabía que ella la adoraría, pero no pensó que él se fuera a sentir tan bien al ver que su madre la aceptaba como si fuera una más de sus hijos y que su novia quisiera tanto a Molly como para prometerle visitarla tan a menudo.

Y como él sabía, Hermione jamás rompía una promesa.


En los pasillos de la Clinica Central había un gran revuelo de periodistas que esperaban que la pareja de modelos más famosa del momento hiciera acto de presencia en la Clinica en la que supuestamente el padre de Hermione estaba internado. Pero lo que ellos no sabían es que los modelos no volverían poner un pie en ese lugar en mucho tiempo. Y mientras los periodistas aguardaban, los pacientes esperaban por recibir la atención médica que necesitaban. Pero mientras los doctores y las enfermeras caminaban de un lado para otro buscando pacientes, fichas médicas, medicamentos, camillas y entre otras cosas, un doctor en particular era llamado a la oficina del director del área de cuidados intensivos.

Caminó nervioso, con las manos en los bolsillos de su blanco delantal. Golpeó la puerta de madera que tenía una pequeña ventanilla que decía "Director Médico". Esperó a que lo hicieran pasar y la abrió.

— ¿Me mando a llamar, doctor? — Preguntó con cautela.

— Sí Dan. Toma asiento. — Pidió él. El chico se sentó en una de las cómodas sillas que estaban frente al escritor y cruzándose de manos esperó a que él dijera algo. — Necesitamos hablar y creo que tú sabes porque.

— Así es.

— ¿Quieres que te diga directamente o te explique antes porque?

— Como usted lo prefiera. — Respondió. El director, que era un hombre canoso pero de aspecto simpático, suspiró, se aclaró la garganta y lo miró fijamente.

— Lo que ha estado sucediendo con la paciente, mejor dicho con la hija del paciente Granger ha generado un conflicto que no debería haberse creado.

— Lo sé y lo siento mucho, de hecho planeaba ir ahora mismo a ver si ella…

— No vas a encontrarla. — Dan ladeó el rostro confundido. — Ella no volverá a esta Clinica, Daniel.

— ¿Co-Como que no volverá? ¿Va a dejar abandonado a su padre? — El director hizo una leve expresión de sonrisa, que se borró rápidamente para seguir firme con su conversación.

— Sabemos que ella jamás haría algo así. — Dan asintió. — Decidió trasladarlo a otro lugar en el cual cree que estará mucho más tranquilo. Y no solo hablamos de su padre.

— ¿A dónde lo ha llevado?

— Eso es algo que me temo que no podré decirte. La señorita Granger no quiere tener contacto alguno con usted y me pidió explícitamente que no diera conocimiento a nadie de su nueva localización.

— Ella no puede… ella no haría eso sin decirme.

— Lo siento doctor, pero ya lo hizo. — Le recordó. Dan se desplomó sobre la silla y respiró irregularmente. — Así que le voy a especificar algo. — El joven doctor le prestó atención. — Usted solo continúa en este lugar porque la señorita ha decidido no poner una demanda hacia usted, así que le sugiero que si quiere permanecer en el alto cargo que actualmente tiene, debe aprender a acatar las reglas y permanecer totalmente distanciado de la joven.

— No puede prohibirme que intente buscarla.

— Solo le digo que se arriesga a una alta sentencia si decide traspasar los límites, doctor.

Dan se mantuvo en silencio, meditando las palabras que había escuchado recientemente. La situación era más compleja de lo que se había planeado.


— Así que nos puso música y nos pidió que comenzáramos a bailar y… — El sonido de un celular la detuvo. — Lo siento, es mío. — Buscó en su bolso y al ver en la pantalla un nombre desconocido decidió que era mejor contestar. — Perdónenme pero debo contestar.

— Si cariño, no hay cuidado. Vé. — Le dijo Molly. Ron asintió. Era el momento indicado para iniciar la conversación con su madre.

— ¿Ahora me dirás que te sucede? — Le preguntó.

— ¿Qué? — Preguntó ella sorprendida. — Ya te dije que no me ocurre nada, Ron.

— Mamá… — La reprendió. Molly sonrió por la situación. — Te conozco muy bien como para saber que algo te ocurre.

— Cosas de las madres, cariño.

— ¡Ves que si sucedía algo!

— Pero algo que los hijos jamás entenderían.

— En algún momento yo también seré padre y sabré por lo que estás pasando.

— Eso espero, pero por ahora tendrás que esperar.

— ¡Nada de esperar! Me tienes que decir ahora mismo que sucede. ¿Tienes algún problema de salud?

— No gracias a Dios.

— ¿Papá?

— Tú padre está mejor que nunca. — Ron no supo en qué sentido tomar esa declaración.

— ¿Entonces? ¿Qué sucede?

— Ronnie cariño, hay veces en las que un hijo solo debe aceptar lo que sus padres dicen y no seguir preguntando. Este es uno de esos momentos.

— No creas que me quedaré tranquilo.

— Nunca lo he creído, pero hasta que lo descubras ya habrá pasado mucho tiempo.

Ron se cruzó de brazos y rodó los ojos, sin querer preguntar nada más. Su madre resultaba ser muy testaruda a veces y por más que le dijera lo que le dijera sabía que no lograría sacarle ni una palabra.

— Así que cuéntame, ¿en qué consiste esta fundación que quieren crear?


— ¿Diga? — Preguntó apenas hubo presionado el botón de contestar.

No debiste haber hecho eso.

— ¿Disculpe? ¿Quién habla?

No puedes deshacerte tan rápido de quienes más te quieren Hermione.

— ¡Dígame! ¿Quién habla?

No creas que alejándote de mí lograrás librarte, amor. Las cosas no son tan fáciles.

— ¡¿QUIÉN HABLA?! — Gritó exasperada. La situación estaba comenzando a volverse extraña. — ¡Dígame quien habla ahora!

Te arrepentirás de haberte alejado.

— ¿Quién eres?

Cuídate cariño que todas las calles de Londres son peligrosas y no todos los que te rodean son tan confiables como crees. Además, no pienso irme detenido por golpear a tu novio, se lo merecía el muy imbécil.

— ¿Dan? — Preguntó asustada. Ya lo había reconocido.

Que comes, que adivinas. Solo recuerda despedirte de tu novio esta noche, porque no lo volverás a ver nunca más.

— ¿Q-que estás diciendo? ¿Qué te sucede? ¡Estás loco!

Enamorado y apasionado tal vez, pero loco jamás.

— Por favor Dan, déjame tranquila, nosotros nunca podremos estar juntos.

Ya veremos si sigues diciendo eso más adelante.

— Dan no hagas ninguna locura, tu sabes que te quiero como amigo y siempre será así. Por favor…

Guarda tus suplicas para después mi vida, ahora será mejor que guardes tus cosas en una maleta y te prepares para unas laaaaaaaaaaargas vacaciones. — Su voz sonaba completamente diferente a lo que había sido hace unos años. Ahora ya nada más que la locura cruzaba por su cabeza y su voz.

— Dan, no.

Lo siguiente que escuchó fue el sonido de una llamada perdida. Dan le había colgado, después de amenazarla. Esto no estaba bien. Eso no estaba para nada bien.


Cuando Hermione volvió al salón su rostro no era el de antes. Estaba pálida y sus ojos casi lloraban. Molly y Ron la reconocieron, pero ella intentó negarlo en todo momento.

— ¿Quién te llamó para que te pusieras así? — Preguntó Ron preocupado, tomando sus manos mientras ella se sentaba a su lado. — ¿Era de la clínica?

Hermione negó e intentó sonreír, cosa que no pareció muy creíble.

— E-era una amiga d-de Francia que no veía hace mucho y… — Trataba de sonar lo más real posible, pero ninguna idea venía a su cabeza. — me dio mucha pena porque no la veo hace mucho y… es casi como mi hermana así que…

— ¡Oh, tranquila! Tal vez puedas ir a visitarla con Ron uno de estos días. — Propuso Molly.

— S-sí, eso estaría bien.

Ron le sonrió y se acercó para darle un beso en la mejilla.

— Iré a poner las cosas de la mesa para que almorcemos, Arthur debe estar por llegar. — Comentó la mujer. Ron asintió ofreciéndole su ayuda y ella por consiguiente también lo hizo aunque aún perdida en sus pensamientos.

Como lo había presupuesto la señora Weasley, el padre de Ron llegó minutos después cuando la mesa ya estaba lista para que todos almorzaran. Él hombre los saludó a los dos con mucha amabilidad y le dio un beso a su mujer. Luego todos se sentaron a degustar la comida. El almuerzo transcurrió con tranquilidad ya que no estaba el acostumbrado bullicio de toda la familia Weasley, pero en ese momento solo importaban las pequeñas conversaciones que ellos cuatro tenían. A pesar del buen momento que pasaron todo tenía que acabar, la comida se terminó y el tiempo que ellos tenían establecido también.

— Espérenme unos segundos, les traeré un trozo del pastel que hice esta mañana. — Dijo la mujer, saliendo rápidamente en dirección a la cocina.

Ron y Hermione sonrieron y esperaron. Arthur que también aguardaba en la mesa en silencio, se percató de que su hijo necesitaba hablar algo con su novia, por lo que pidiendo disculpas y excusándose de que iría a ayudar a su esposa, desapareció por la cocina.

— Hermione amor, ¿Qué te ocurre? Estás muy distraída desde esa llamada que te hicieron.

— No estoy distraída, será imaginación tuya.

— Claro que no, te conozco y sé que te ocurre algo. — Ella negó tratando de que su expresión fuera creíble, a pesar de que moría de miedo por dentro.

— Enserio cariño, no me sucede nada. Si así fuera tú sabes que te lo diría. — Ron la observó fijamente, sabía que había algo raro. — Tengo mucha sed, iré a buscar un vaso de agua antes de irnos.

Ron la vió alejarse y preocupado suspiró. Luego vió hacia la mesa y se dio cuenta de que una gran jarra de agua estaba intacta sobre la mesa. Hermione por su lado ya iba camino a la cocina.

No le diremos a nuestro hijo que necesitamos dinero, él no tiene el deber de cuidarnos ni mantenernos. — Susurró Arthur. La castaña que se había percatado de la conversación en la entrada, se preguntó si era correcto o no seguir escuchando. — Ya encontraremos la forma de conseguir ese dinero.

Pero… cariño, si no lo conseguimos pronto, el estado nos duplicará los impuestos.

No te preocupes Molly, te prometo que conseguiremos el dinero.

En eso sintió como los dos se acercaban hacia la puerta y ella fingiendo sorpresa al ingresar a la cocina –donde casi se estrella contra Molly- le informó que iba por un vaso de agua. Ellos siguieron su camino, mientras la castaña se acercaba a la ventana de la cocina y suspiraba pesadamente. Eran demasiadas las cosas que habían pasado en ese día y ahora que conocía un nuevo problema, -del cual tenía solución- decidió que haría lo antes posible algo para remediarlo.


— Estás muy callada. — Comentó, mientras desviaba por unos segundos la vista al asiento del copiloto para observar a Hermione que parecía muy nerviosa. — ¿Me dirás que ocurre?

— Ya te dije que no me pasa nada.

— ¿Por qué ustedes las mujeres insisten en negar cosas innegables? — Hermione percibió que eso no iba solamente para ella, pero como no sabía a quién más podría estar dirigido prefirió ignorarlo. — Te amo, espero que lo sepas.

— Lo sé — Confirmó ella.

Y es por eso mismo que no te diré lo que sucede, pensó.

El resto del camino estuvieron en silencio. Un silencio bastante incomodo que ninguno de los dos intentó romper. Pero una vez que estuvieron en el penthouse Ron le informó que iría a darse una ducha.

— No, espera. — Le pidió, deteniéndolo.

El pelirrojo la observó atento.

— No me dejes — Susurró en su oído a la vez que lo abrazaba. — Te necesito.

— Yo también te necesito amor, no puedo vivir sin ti. — Le respondió él feliz por recibir esas inesperadas palabras. Rodeó su cintura con sus manos y la acercó más a él.

— Yo te necesito de otra manera, además — Dijo. Ron tardó en entender el sentido de sus palabras, pero cuando notó el extraño tono de lujuria en sus ojos se sorprendió.

Hermione lo observó fijamente, sin dirigirle una mínima sonrisa. Su rostro estaba surcado entre el deseo, el miedo y la desesperación. Sí esa sería la última noche con Ron, necesitaba tenerlo de todas las formas posibles en las que el amor requería.

Ron se acercó tímidamente a sus labios y los acarició con los suyos propios. Se movieron a un compás lento, que fue aumentando con los minutos. Además, acompañado de los besos, el pelirrojo comenzó a acariciar partes del cuerpo de su novia que le resultaban increíblemente deseables y que a ella le provocaban mucho placer. Percibió rápidamente como las manos de Ron acariciaban su cuerpo con desesperación y que luego de un momento a otro la alzaba en brazos para llevarla a la habitación que compartían. Una vez que la tuvo recostada fue lentamente quitando su ropa y besando cada trozo de piel expuesta. Hermione se dejaba querer y cada vez que podía besaba a su novio en cualquier parte de su cuerpo, incluidos sus labios. Mientras él se acercaba para posicionarse, Hermione lo arrastró del cuello para obligarlo a besarla. Él accedió gustoso y sin mucho rodeo se introdujo en ella. Hermione soltó un fuerte gemido que ahogó en su oído, cosa que a Ron le resultó más excitante que nunca. Él continuó con su labor de embestir, y ella se aferró a su cuerpo tratando de sentirlo hasta el último rincón de su cuerpo. Se habían olvidado de todo, hasta de usar la protección, pero eso ya poco les importaba, puesto que entre gemidos y embestidas hacían el amor.

Minutos después, más agotados que nunca, se quedaron recostados sobre la cama. Ron aún jadeaba sintiendo su respiración más irregular que nunca. Hermione por otra parte se había acurrucado a su lado, evitando mirarlo. Su rostro estaba bañado en lágrimas y no quería que él se diera cuenta, así que fingiendo estar mejor que nunca se abrazó a su cuerpo, esperando sentir que el miedo desapareciera. Y aunque sabía que nada podía ayudarla, en los brazos de su novio si logró sentir la suficiente paz como para quedarse dormida y descansar esa tranquila noche de día jueves.


¡Hola!

Lamento mucho no haber cumplido mi promesa de publicar el día martes, pero tuve un pequeño percance. Aquí esta el nuevo capítulo, que es un poquito más largo que los anteriores.

Y solo les quiero decir que si pensaron que las cosas estaban tranquilas, esperen a ver que sucede ahora…

¡Muchas Gracias a los reviews y los favoritos! Los leo de principio a fin así que no tengan miedo de explayarse xdd.

Cariños a todos, ¡nos vemos el próximo martes!