Capítulo 29:
Secuestrada
Ya eran pasada las dos de la mañana cuando se percató que las personas comenzaban a irse. Él había estado hablando con un par de personas, luego de la conversación con Astoria, pero ya eran tres horas desde que no veía a su novia. Y eso sin duda ya era para preocuparse.
Se disculpó con el joven actor con el que había estado hablando los últimos minutos, para poder ir a buscarla. Le pidió a una mujer que venía saliendo del baño de mujeres, que viera si ella se encontraba ahí. Ella ingresó nuevamente y la buscó, pero para mala suerte del pelirrojo le informó que no estaba ahí. Agradeciéndole, partió a buscarla en el salón, preguntándoles a unos cuantos conocidos que también dijeron no saber dónde estaba ni haberla visto hace bastante rato. Más nervioso que de costumbre buscó su celular en los bolsillos del pantalón y rápidamente marcó a su teléfono. Pero por más que llamó unas diez veces, el teléfono sonó y sonó sin ser atendido. Volvió a marcar un número distinto esta vez.
— ¡Remus! Necesito saber si Hermione te pidió que la llevaras a algún lado. — Soltó rápidamente, sin saludarlo.
— No Ron, Hermione no me ha llamado. De hecho pensaba que ahora me pedirías que fuera a buscarlos. ¿Por qué?
— No logro encontrarla.
— ¿Discutieron?
— No, o al menos eso creo.
— ¿Piensas que se fue porque estaba molesta contigo?
— No lo sé, puede ser.
— ¿Por qué?
— Estaba hablando con una chica y de repente ella simplemente desapareció. Desde ahí que no la he visto. Pensé que tal vez aún estaría en el tocador, pero no lo estaba así que prácticamente le pregunté a todos en el lugar y nadie la ha visto desde hace tres horas. Luego intenté llamarla al celular pero no contesta y ahora que esperaba que tú me respondieras me dices que no…
— ¿Quieres que te ayude a buscarla?
— Prefiero que me lleves a casa, necesito saber si está ahí.
Remus asintió y con una rapidez sorprendente apareció en la entrada del lugar, en donde aún había algunos paparazzis a la espera de que alguna súper estrella saliera de una manera poco favorecedora para causar un escándalo. Ron que se mantenía por primera vez en su vida en perfecto estado, salió con tranquilidad haciéndose camino en medio de los periodistas que solo consiguieron una leve sonrisa de parte de él.
De camino a casa, llamó a Harry para preguntarle si sabía algo de ella, pero la respuesta fue la misma que con los demás. Aun que él preocupado le pidió que le devolviera la llamada para saber si la había hallado, ofreciéndose ir a ver a la antigua casa de Hermione para ver si allí se encontraba. Una vez finalizada la llamada más larga de su vida, bajó de la limusina y corrió raudamente a los ascensores para llegar cuanto antes al penthouse. Le costó apuntarle justo a la cerradura para abrir la puerta, por lo que desesperado la empujó de un golpe. Sus nudillos se adormecieron por la fuerza, aunque de todas maneras lo logró. Encendió todas las luces y abrió las puertas sin importarle nada, pero por más que dio vueltas en todo el lugar no había rastro de ella. Frustrado se pasó las manos por el cabello. Y en una de las fugaces miradas descubrió un pequeño trozo de papel que estaba pegado en la puerta. Abrió y cerró los ojos temeroso de estar imaginándoselo, y caminó rápidamente hasta allí para leerlo. Pero lo que vió no le gustó nada.
"Perdiste Weasley, ahora jamás la volverás a ver"
Comenzó a despertarse, sintiendo su cuerpo adolorido y tieso. Trató de abrir los ojos, pero tenía una especie de malla negra cubriéndole toda la cabeza. Logró visualizar por los pequeños espacios del tejido, que estaba en un lugar desconocido y que había alguien frente a ella. Ladeó la cabeza incomoda por la sensación rasposa de la tela sobre su rostro suave. La persona frente a ella sonrió malévolamente y se acercó. Extendió una mano y de un tirón le quitó lo que la cubría.
Los rayos de luz llegaron tan cegadoramente que tuvo que arrugar los ojos para poder contener el dolor. Entonces reconoció que tenía la boca cubierta por una cinta adhesiva y que sus manos estaban amarradas detrás de la silla en la cual se encontraba sentada. Sus pies estaban fuertemente presionados contra el suelo y al parecer su vestido estaba más corto de lo que recordaba. Intentó gritar, pero todo lo que salió de su boca fue un gemido ahogado. Forcejeó frunciendo el ceño, pero se detuvo al sentir como en todo su cuerpo un dolor punzante la recorría. Respiró con dificultad y volvió a abrir los ojos para poder mirar a la persona que estaba frente a ella. Que no era nadie más que Daniel Wilson.
Sonreía con maldad, sosteniendo en sus manos una cuerda. Carcajeó al verla agitarse para tratar de liberarse y se acercó para pasar sus manos por su desnudo cuello. Ella se percató de que el collar que llevaba esa noche ya no estaba tampoco. Volvió a intentar gritar.
— Tranquila, tranquila. Con eso no conseguirás nada. — Le dijo sonriendo. — ¿Por qué no dejas que yo te explique un poco la situación?
Hermione sintió que un escalofrió recorría su cuerpo al sentir los dedos de Dan pasar por sobre su busto. Le daba impotencia que el la tocara y lo peor es que no podía hacer nada contra ello.
— A ver, por donde empiezo… ¿Qué te parece si lo hago desde ese momento en que me acusaste de aprovecharme de ti? ¿Eh? — Hermione se mantuvo tranquila. — Bueno, no hay mucho que decir de eso, más que me molestó que me calumniaras de esa manera. Yo te adoro Hermione, y tienes que saber que sin importar lo que hiciste te seguiré amando de igual manera. — Se acercó a ella y rosó nuevamente su rostro con sus manos. Ella ladeó su cabeza para evitar que él lo hiciera. — Entonces sigamos… Luego vino todo esto de los problemas con tu novio, el reto de parte del director Médico y finalmente estamos aquí. ¿Quieres saber porque estás aquí?
Por primera vez en un buen rato ella lo observó y asintió débilmente.
— La respuesta es fácil querida, estoy seguro de que la sabes. ¿Porque no me la dices tú?. — Dan rió y se acercó más a ella. — Lo sé, soy un estúpido. No sé como puedo olvidar que no puedes hablar. — Tomo el rostro de Hermione y lentamente fue quitando la cinta adhesiva que cubría sus labios. Él se sorprendió por lo seductora que resultaba ella en esa situación. Cosa que no era para nada compartida por ella, que lo único por lo que rogaba era que todo eso terminara y poder volver a su vida normal. — Ahora sí, dime.
— ¡SUELTAME! — Gritó con todas sus fuerzas. — ¡¿QUÉ TE SUCEDE IMBECIL?! ¡SUELTAMENTE AHORA!
— Sh-sh-sh-sh-sh — La silenció él. — No grites querida, no es necesario.
— ¡¿COMO QUE NO ES NECESARIO?! ¡ME TIENES SECUESTRADA! ¿QUÉ QUIERES QUE TE DIGA? ¿GRACIAS? ¡SUELTAME!
— Hermione por favor, cállate. No me hagas enojar.
— ¡ME IMPORTA UN PEPINO SI TE ENOJAS! ¡QUIERO QUE ME SUELTES AHORA! ¡NO VOY A SOPORTAR QUE HAGAS ESTO! ¿ESTÁS LOCO? ¡SUELTAME!
¡Plaf! Se escuchó resonar en el lugar. Dan la había golpeado tan fuerte, que sentía un dolor recorrer todo su rostro. Su oído pitaba y de no ser porque tenía las manos amarradas a su espalda, se habría llevado una para contener el ardor de su mejilla.
— Te dije que no gritaras — Fue su argumento. — Ahora que estás más tranquila, ¿Me dirás porque sacaste a tu padre de la clínica?
— ¡Para que nos dejaras en paz! — Respondió con normalidad para no hacerlo enojar y que la golpeara nuevamente. — No soportaba ver tu cara cada vez que iba a visitar a mi padre. Eres la única parte mala por la cual me negaba a ir todos los días…
— ¡BASTA! — Gritó él. Hermione se calló al instante asustada. — Esa no es manera de tratar a la persona que te salvó la vida.
— ¡Deja de decir eso!
— Es la verdad Hermione, ¿Qué acaso no lo recuerdas?
— Lo recuerdo perfectamente, pero no quiero mencionarlo cada cinco minutos. — Dan sonrió satisfecho de su respuesta. — Ahora se consiente y suéltame.
— ¡No seas tonta! — Rió. Ella tragó saliva asustada. Comenzaba a pensar que jamás saldría de ese lugar. — Eso no podrá ser posible, al menos por un largo tiempo.
— ¿Qué te sucede Dan? — Preguntó agotada. — ¿Por qué haces esto? Yo no te he hecho nada malo, solo quería que tomáramos distancia.
— ¿Y eso no lo encuentras malo? — Sintió como él la tomaba del cabello y tiraba de él obligándola a subir la mirada al techo y permitirle a él una clara visión de su cuello delicado. — Yo pienso que es lo más malo que podría haber pasado. No podemos alejarnos.
— ¿Por qué no? — Preguntó ella con los ojos nublados de dolor. Él comenzaba a causarle daño con el tirón de pelo.
— ¿Porque? ¿Y aún lo preguntas? — Soltó su cabello y la miró fijamente. — Tú eres todo para mí. ¿Con eso te basta?
Hermione cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Tenía unas inmensas ganas de llorar a gritos, para que alguien la escuchara o simplemente para liberar todo ese temor que se estaba apoderando de su cuerpo. Sentía rabia y dolor en cantidades equitativas. Deseaba tener a Ron cerca y que él la protegiera de esa manera habitual en la que solía hacerlo. Ron… ¿Qué estaría haciendo él ahora? ¿Se habría dado cuenta ya de que había desaparecido o seguiría hablando con esa guapa mujer rubia?
Ella esperaba al menos que fuera la primera opción.
— ¡No lo sé! ¡Solo recuerdo que ese imbécil trabaja en la Clínica Central! Nunca supe nada más de él.
— Hermione me lo mencionó un par de veces, pero nunca me lo presentó. — Le confesó Harry. — ¿Puedes al menos reconocerlo?
— ¡Claro que sí! Ese imbécil está grabado en mi memoria desde que intentó aprovecharse de Hermione.
— ¿Intentó qué? — Repitió él sorprendido. — ¡Cielos Ron! Estamos hablando de un sicópata. ¿Por qué no me lo mencionaste antes?
— Estoy desesperado Harry, ese imbécil quizás que cosas le puede hacer… Yo… yo no me perdonaría si él… si él… le hace algo. Fue mi culpa el no estar pendiente de ella, tal vez si yo hubiera estado a su lado, nada de esto estaría pasando…
— Tranquilo amigo, no te tortures. Tú no sabías nada de ese hombre, ¿Cómo ibas a saber que era un completo demente?
— Debí suponerlo en el minuto que se propasó con Hermione. Debí imaginar que no se rendiría el muy… — Harry entendía perfectamente la situación y estaba igual de preocupado por Hermione, pero no quería decir nada comprometedor, porque Ginny estaba durmiendo a su lado.
— ¿Qué haremos? — Preguntó.
Ron se pasó las manos por el cabello con desesperación. Caminó de un lado a otro por el pasillo del departamento y sin pensarlo más, se despidió de Harry para poder llamar a la policía. Con impotencia que estaba sintiendo, se equivocó al marcar y tuvo que colgar y volver a presionar los botones.
— Policía de Londres, comisaría 345. ¿En qué podemos ayudarle?
— Quiero reportar una persona desaparecida.
— ¿Cuánto tiempo lleva ya?
— Un par de horas — Respondió apresurado.
El policía rió un poco y luego carraspeó un poco.
— Lo siento, pero no podemos hacer nada hasta que hayan pasado al menos veinticuatro horas.
— Es demasiado tiempo, para ese momento tal vez ya no haya nada que hacer.
— Lo siento, pero como no sabemos si realmente la persona ha desaparecido tendrá que esperar.
— ¡Puedo asegurarle que está desaparecida! ¡Dejaron una nota en mi casa afirmándolo!
— ¿Qué dice la nota? Lea textualmente. — Le pidió el hombre seriamente.
— Eh… dice… "Perdiste Weasley, ahora jamás la volverás a ver".
— Disculpe, ¿Usted es Ron Weasley?
— Así es — Respondió él restándole importancia. — Necesito que la encuentren por favor, sé que ese imbécil tratará de hacerle algo malo… ¡Tienen que hacer algo!
— ¿Quién es la mujer que ha desaparecido?
— Mi novia, Hermione Granger.
El policía se atragantó con su propia saliva al recibir la respuesta. No esperaba que la llamada de auxilio fuera de un famoso y menos aun cuando se trataba de un tema tan delicado. Gritó a todo pulmón para que el jefe de su división apareciera y pudieran aclarar las cosas.
— Estaremos en cinco minutos en su hogar.
Ron iba a decirle la dirección, cuando reconoció el tono de colgado. Cortó la llamada y asustado llamó nuevamente a Harry, mientras la policía de Londres comenzaba rápidamente a movilizar a sus mejores trabajadores para asumir el control de una de las más importantes situaciones policiales.
— Así como lo escuchan, la modelo más famosa del momento ha sido secuestrada por un funcionario médico y hasta el momento se desconoce su paradero. La policía ha comenzado los procedimientos rápidamente para lograr recopilar la mayor cantidad de información y lograr conseguir el rescate lo antes posible. — Dijo la periodista, mirando directamente hacia la cámara que llevaba en vivo la información para todo aquel que tenía encendida la televisión en los canales nacionales.
— Esto es realmente sorprendente. Solo han pasado unas diez horas desde que se le vio en la premiere y ahora resulta que ha sido secuestrada. Es terrible lo que nos cuentas Elizabeth — Reconoció la mujer que conducía el matinal de noticias en Londres. — ¿Y qué más se sabe de la situación?
— Bueno, nos han informado que él hombre que realizó esta fechoría es un conocido de la modelo y que además era funcionario médico del hospital en que está el padre de Hermione. No se nos ha informado de nombres, pero posiblemente con el paso de las horas logremos saber más de ello.
— ¿Se sabe el motivo del secuestro?
— La policía ha negado totalmente la idea de un atraco por dinero, ya que se dice que se debería a un conflicto amoroso. No por sentimientos compartidos, sino por una especie de "obsesión" de un fan.
— Entiendo, ¿y qué sucede con Ron Weasley? ¿Ya ha dado declaraciones?
— No. No ha dado ningún tipo de aclaración o aparición. De hecho no se le ha visto por ningún lado, por lo que se da a entender de qué trata de mantener todo con la mayor confidencialidad. Pero logramos hablar con uno de sus hermanos que pudo compartir con él anteriormente y nos informó de su estado. Por favor, corre video.
En la pantalla comenzó a aparecer una serie de imágenes que en una especie de noticia explicaba lo que estaba sucediendo. En ello aparece Charlie, dando unas declaraciones:
— Mi hermano está muy acongojado y pide que todo se mantenga con la mayor confidencialidad. Hermione es toda su vida y está realmente mal. Supo la noticia hace unas horas y desde el inicio ha estado recorriendo la ciudad en busca de alguna pista que lo ayude a hallar a su novia. Nosotros como familia Weasley estamos inmensamente preocupados y les rogamos a todos que si ven o escuchan algo, por favor le hagan saber a la policía para que nos ayuden. Muchas gracias, eso es todo.
— Cielos, es horrible lo que está sucediendo. — Comentó la mujer apenada. — Esperemos que la pobre muchacha este bien. Es terrible la situación y rogamos por que la policía logre hallarla prontamente.
— Así es Tiff. Eso es todo, cuando tengamos más información volveremos inmediatamente para informarles. Gracias por su sintonía, nos vemos pronto.
Cuando despertó esa mañana sentía su cuello acalambrado por la posición en que se había quedado dormido. Suspiró intranquilo y abrió los ojos expectante. Se sentó con dificultad en el sillón y se llevó las manos al rostro, para refregárselo con fuerza. Estaba tremendamente agotado y hasta la más mínima parte de su cuerpo le dolía.
Recordó la situación en la que se había quedado dormido y por ello mismo fue que no le sorprendió ver a Harry recostado de la misma manera sobre el sillón roncando. En eso, resonando con sus tacones, apareció su hermana. Pelirroja y con dos tazones en sus manos.
— Que bueno que ya despertaste, han llamado de la comisaría. — Le informó. Ron se alzó de un salto y la miró con los ojos abiertos por la desesperación. — Me dijeron que encontraron unos trozos de un vestido cerca del lugar de la fiesta y dijeron que los traerán para que veas si le pertenecen a ella. ¿Recuerdas su vestido cierto?
— Como la palma de mi mano. — Respondió dando vueltas en el lugar. — ¿A qué hora vendrán? ¿Llamaron hace mucho? Creo que iré yo mejor para que no se demoren tanto…
— ¡No Ron! ¡Detente! — Gritó ella, despertando a su esposo. Harry se alzó también del sillón refregándose los ojos para ver con normalidad y arreglándose un poco los anteojos. — Estarán aquí en un par de minutos.
— No tengo tiempo que perder.
— Por favor tranquilízate, solo empeorarás la situación.
— No puedes pedirme que esté tranquilo cuando mi novia fue secuestrada por un lunático y quizás donde se la llevó.
— Ron, hermano. Ya te informaron que están vigilando los aeropuertos para que no puedan salir del país.
— Eso no me tranquiliza para nada. — Reconoció asustado. — Podría tenerla encerrada en un lugar y hacerle cualquier cosa… no sabemos qué cosas pueden pasar por su cabeza.
— No pienses en eso, Hermione es una mujer fuerte e inteligente. Ella va a estar bien.
— Eso espero. Pero te aseguro que si llego a saber en dónde tiene ese imbécil a mi novia, lo voy a matar con mis propias manos. Y no me mires así Ginny — La pelirroja mostraba su expresión más comprensiva, mientras intentaba reprimir el enojo. — No habrá nada que me haga cambiar de idea.
— Están bastante interesados en tu desaparición. — Comentó divertido. — Quien lo diría, me volveré igual de famoso que tú.
Ella no podía decir nada, puesto que él había vuelto a sellarle la boca, pero esta vez con un pañuelo de dudosa procedencia. La mantenía frente a la pantalla de la televisión encendida, con todo el cuerpo amarrado a una silla. Las amarras comenzaban a causarle daños en las muñecas y los pies, por lo que reprimiendo un quejido prestó atención a las noticias que en ese momento hablaban de ella.
— …Por lo que se espera que esta mañana los que reconocen a este médico aparezcan en el juzgado para dar declaraciones de su aspecto y algunos ámbitos psicológicos.
— ¿Aún no se tienen pistas del paradero de Hermione? — Preguntó una periodista.
— No, no se sabe nada. Por lo que en todos los aeropuertos han hecho un riguroso procedimiento para evitar que el secuestrador pueda llevarla lejos del país.
— Al menos se evitará eso — Reconoció ella. — ¿Y de Ronald Weasley? ¿Se ha sabido algo?
— No ha querido dar declaraciones esta mañana, pero pudimos fotografiarlo en su entrada a los tribunales hace tan solo unos minutos. Veamos el video.
Hermione abrió los ojos sorprendida y prestó completa atención a la pantalla. Se veía a Ron caminando rápidamente escoltado por cuatro guardias, mientras llevaba un traje elegante y lentes negros. Trataba de hacerse paso entre la impresionante cantidad de periodistas que acercaban los micrófonos por sobre los hombres de traje para conseguir aunque fuera una mínima palabra.
— Por favor, no voy a decir nada. Necesito tranquilidad en este momento. — Dijo él con voz temblorosa.
Ella se sintió impotente y con el pañuelo aún en su boca comenzó a tratar de gritar, a pesar de que su boca no salía más que murmullos inentendibles. Se agitó en la silla y por poco cae al suelo, si no fuera por Dan que se acercó para sostenerla. Ella cerró los ojos e intentó gritar más fuerte.
— Tranquila, con eso no conseguirás nada. — Le pidió. — Dudo que tu novio vaya a escuchar desde aquí.
Hermione le señaló el pañuelo en su boca para que él se lo quitara y pudieran hablar. Dan alzó las cejas desconfiado y solo por saber que no podría hacer nada, se lo quitó y la miró expectante a ver que era tanto lo que quería decir.
— Por… por favor Dan, déjame ir. Te prometo que… que no le diré a la policía nada y… y Ron no sabrá nada, pero por favor… déjame ir. — Rogó ella con los ojos bañados en lágrimas y sin mucho aliento. — ¡Por favor!
Dan la observó llorar y lamentarse y sonrió tontamente. Se arrodilló frente a ella y le corrió un mechón de cabello que se había deslizado por su frente, impidiéndole la visión de sus castaños y tristes ojos.
— Eso jamás va a suceder. — Hermione abrió los ojos asustada y comenzó a gritar nuevamente. Pero lo que recibió fue un golpe en la cara. — Tú y yo nos vamos a quedar aquí para siempre, y serás mi mujer. Yo cuidaré de ti como siempre debió ser y serás feliz.
— ¡JAMÁS SERÉ FELIZ CONTIGO! — Vociferó indignada. Trató de patalear un poco, pero lo único que logró fue hacerse daño. Dan miró sus piernas y luego volvió su mirada a ella. — Es mejor que dejes de hacer eso, o terminarás rompiéndote algo.
— ¡DEJAME IR! ¡DEJAME! ¡DEJAME! ¡DEJAAAAAAAAAMEEEEEEE! — Dan solo sonrió y se alejó hasta la puerta.
— Iré a buscar comida, así podrás tranquilizarte un poco.
— ¡No! ¡Dan vuelve! ¡NOOOO! ¡DAAAAAN! ¡SACAME DE AQUÍ! ¡DAAAN! — Gritó desesperada.
Las lágrimas comenzaron a brotar con rapidez, ya no sollozaba. Ahora lloraba con una intensidad que ni ella misma había sentido jamás. Estaba desesperada. Le dolía todo el cuerpo y aún estaba mareada por lo que fuera que Dan le había dado para hacerla desmayarse. Ahora entendía que él le había echado algo al trago y se había hecho pasar por un mesero para secuestrarla de la fiesta. Pero lo que le sorprendía era que aún no entendía como Dan había sabido el lugar y momento preciso en que estaba.
Cerró los ojos sintiendo impotencia por no poder hacer nada para escaparse de ahí y comenzó a gritar para liberarse de todo el dolor que estaba sintiendo. Necesitaba a Ron. Necesitaba saber que él estaba haciendo algo para poder encontrarla. Pero sobre todo necesitaba saber que todo estaría bien, a pesar de que las cosas no parecían tener un buen rumbo.
— ¿Cuándo fue la última vez que la vió? — Preguntó un hombre, con tono rutinario.
— C-creo que cuando ella se alejó para ir al baño.
— ¿Le dijo a usted que iría al baño? — Ron arrugó el entrecejo tratando de recordar.
— No. — El jefe de policía lo miró ceñudo.
— ¿Entonces como sabe que iba al baño?
— Porque la vi entrar en él.
— Haber si entiendo, ella se alejó pero no le dijo dónde. Entonces usted la vió entrar al baño. ¿Es así? — Ron asintió nervioso. — De acuerdo. ¿Discutieron antes de que desapareciera?
— No.
— ¿Cuáles fueron las últimas palabras que ella le dijo?
— Me disculpan y desapareció.
— ¿Me disculpan de qué?
— Supongo que lo dijo para no ser grosera y así poder ir al baño.
— ¿Y por qué usted no fue tras de ella si sabía que posiblemente le pasaba algo?
— Porque estaba conversando con alguien.
— ¿Con quién?
— Astoria Greengas.
— ¿La actriz? — Ron asintió. — ¿De qué hablaban?
— De trabajo, la fama, periodistas… cosas así. — Respondió molesto.
— De acuerdo, entonces… ¿Cuándo se dio cuenta de que su novia no estaba en la fiesta?
— Cuando ví que todos se estaban despidiendo y ella no estaba en el baño. — Sonó el teléfono y el detective lo atendió inmediatamente.
— Aja… sí, ¿ahora?... yo lo llevo. De acuerdo. Nos vemos. — Escuchó el pelirrojo. Luego el hombre se dirigió a él. — Encontraron algo que podría ayudar en la investigación. Sígame.
Ron siguió al hombre a paso rápido, ya que él no se detenía en ningún lugar. El detective se subió rápidamente a una camioneta que estaba con el logotipo de su institución y le ofreció a Ron que se sentara a su lado. Manejó con rapidez y evitando de todas maneras el tráfico que se comenzaba a aglomerar en el lugar. Los paparazzis los siguieron y rodearon sin saber que pasaba. El pelirrojo por su lado se puso nuevamente sus lentes oscuros y esperó paciente a que llegaran. Y solo cuando el hombre estacionó el auto y salió rápido de su lugar, se bajó nuevamente para seguirlo. Unos cuantos funcionarios de investigaciones rodeaban el lugar con mallas y con algunas cámaras sacaban fotografías de los lugares más posibles por donde la modelo podría haber sido secuestrada. Algunas personas saludaron a Ron, pero él no se detuvo y junto al detective llegaron a donde una buena cantidad de hombres que recorrían sacando fotografías a unos objetos tirados en el suelo.
— Ese trozo de tela es de un vestido. Pero la pregunta es… ¿Es del de Hermione?
Ron arrugó el entrecejo no tan convencido y con el consentimiento de los funcionarios tomó la tela entre sus manos y la observó con rigurosidad.
— Sí, es del de ella. — Afirmo rotundamente. — ¿Dónde estaba?
— Enganchado en esa barandilla — Los hombres señalaron hacia el balcón.
Ron con la tela aún en sus manos se acercó hasta ahí y las posó sobre el metal helado. En su corazón algo le decía que ella si había estado ahí y efectivamente así lo era. Observó el lugar por el cual posiblemente ella habría mirado y entonces una leve y extraña tranquilidad lo invadió.
— ¿Qué es eso? — Preguntó una vez que reconoció a sus pies algunos trozos de vidrio.
— Cristales. — Respondió el detective. — Seguramente de una copa.
— ¿Podría ser la de Hermione?
— Eso están investigando, al parecer por las huellas táctiles que se marcaron en la copa antes de que se rompiera. Y además, están realizando un análisis también al contenido que tenía esa copa.
Ron volvió su mirada al hombre con los ojos completamente abiertos. Ya sabía que era lo que había sucedido.
— Él le entregó una copa con algún somnífero y así la secuestró. — Soltó. El detective lo miró confundido pero entendiendo su punto de vista. — Seguro se hizo pasar por algún invitado y le ofreció un trago. Ella ingenuamente lo aceptó y cuando se dio cuenta de quién era, soltó la copa y trató de gritar.
— Lo extraño señor Weasley, es que nadie escuchó nada. Les preguntamos a los invitados y ninguno dice haber visto o escuchado a alguien en este lugar.
— ¡Ese maldito! — Gritó furioso apretando sus manos en un puño. — ¡Lo voy a matar!
Después de unas cuantas horas de gritar, prácticamente ya había quedado sin voz. Tenía sus manos rojas y adoloridas de tanto forcejear. Su rostro cubierto de lágrimas y con un poco del maquillaje corrido. Estaba muy cansada y lo único que podía hacer era mirar a cualquier dirección y tratar de alejar su cansada vista del televisor que ahora estaba pasando algunas teleseries. Se dedicó a observar el lugar. Era una cabaña. El techo y el piso estaban formados de maderas, cubierto con varias capas de barniz. Había algunos cuadros que trataban de hacer un ambiente más ameno, pero lo único que provocaban para ella, era terror. Tenía la sensación de que jamás saldría de ahí y que se haría anciana amarrada a una silla, custodiada por un hombre enfermo y alocado que se aprovecharía de ella y la tendría a pan y agua. Ladeó la cabeza tratando de borrar esa imagen y observó el lado contrario de la cabaña. Había una cama y a su lado un feo velador hecho a mano. Tenía una lamparita y un reloj que hace tiempo parecía haber dejado de funcionar. Sobre la cama había algunas sogas y el pañuelo que momentos atrás había tenido en su boca. Se lamió los labios sintiéndolos resecos e instintivamente recordó el último momento en que los labios de Ron habían rosado los suyos. Cerró los ojos desesperada y volvió a observar el lugar.
Las paredes estaban pintadas de un tono blanco que se había ido despellejando con el tiempo y que daban el aspecto de un hospital abandonado. Cuando miró a su derecha, percibió su bolso. Un pequeño sobre dorado que había llevado como complemento para su vestido. Dentro de él seguro estaría su teléfono. Una ligera sensación de esperanza la recorrió. Esa podría ser su salvación. Comenzó a saltar con la silla de madera, temiendo que se fuera a romper y ella callera de bruces al suelo. Entonces sonrió. Tal vez eso sería algo bueno después de todo. Trató de saltar con la silla en dirección a su cartera y para su sorpresa poco a poco se fue acercando hasta este. Pero cuando iba a mitad de camino, la silla no alcanzó a tomar la estabilidad y terminó estrellándose de espaldas al suelo. Escuchó que su teléfono celular comenzaba a vibrar sobre la mesa y la desesperación la invadió. Como estaba dentro del bolso no había posibilidad de que se moviera con las vibraciones hasta una orilla, así que solo pudo escuchar como con insistencia el celular sonaba. No había nada que pudiera hacer.
De pronto, la puerta de la cabaña comenzó a sonar. Dan la había abierto y ahora la observaba enojado. Se acercó a ella y con lentitud la puso nuevamente con la silla en mitad de la cabaña. La vió con las manos rojas y las piernas rasmilladas y frunció aún más el ceño.
— ¡¿Qué mierda hiciste?! — Hermione suspiró rendida. — ¡Te dije que no siguieras haciendo eso o te lastimarías! ¡Ahora mira tú pierna!
Hermione se miró a pesar de casi no poder moverse y se percató de que efectivamente tenía un gran corte bajo su rodilla, pero que extrañamente no le había dolido.
— ¡Suéltame por favor! ¡Déjame ir! ¡Yo no te he hecho nada! Déjame ir por favor Dan, solo te causarás problemas…
El chico hizo caso omiso de sus suplicas y se acercó a una orilla de la cabaña para sacar un maletín blanco. De él sacó algunas vendas y un poco de alcohol para limpiar la herida. Se arrodilló nuevamente ante ella y posando el algodón mojado sobre la herida, esperó a que el leve quejido de Hermione se silenciara. Luego volvió a pasar la venda ahí y finalmente la dejó reposar.
— No vuelvas a hacer eso, o te quedarás con todas las heridas tal como están. No me preocuparé de ayudarte si me tratas tan mal. — Le informó él.
— ¿Cómo quieres que trate… ¡SI ME TIENES SECUESTRADA!? — Esto último lo gritó. Dan abrió los ojos asustados y luego sonrió.
Ahora Hermione comenzaba a entender que se estaba volviendo completamente loco.
— No te sirve de nada que sigas tratándome así. Lo único que conseguirás será amargarte tú misma y yo seguiré estando igual de feliz que siempre.
Tiró las llaves sobre la mesita de vidrio que estaba frente al sofá. La sola idea de saber que Hermione estaba perdida y que esa noche no volvería como normalmente lo hacía a casa, le estaba causando un serio sentimiento de culpabilidad. Pero el mayor de sus problemas era que no había ninguna manera de hacer algo. Y a pesar de que solía pensar que siempre había una solución, en esta específica situación no encontraba ninguna.
Tirado sobre el sillón, se sentía derrotado. Sus brazos estirados a los largo del sillón con la sensación de intentar sostener algo que no estaba en sus brazos y que normalmente si lo estaba. El vacío se hacía cada vez más notorio. Intentando borrar esa sensación de su mente, se puso de pie. Buscó en la cocina alguna botella de Whiskey, Ron, Vodka o lo que fuera que tuviera licor para hacerlo olvidar. Porque esa noche. Esa estúpida noche. No tendría forma de dormir tranquilo sabiendo que su novia estaba desaparecida. Y tratando de seguir las órdenes por primera vez en su vida, intentó mantenerse tranquilo en el departamento esperando recibir alguna noticia. Una pequeña esperanza de que ella estuviera bien.
En el fondo del refrigerador había una pequeña lata de cerveza. Cosa que no le serviría de nada. Jamás se había emborrachado con una sola cerveza. Buscó en las estanterías de la cocina, y para su suerte encontró una botella de vino que él había comprado especialmente para esa cena que hicieron fuera, pero que finalmente no llegaron a tomar. Ahora era la ocasión para hacerlo. Tenía la soledad y maldita sensación de vacío acompañándolo. Tenía que hacer algo o se volvería loco.
Encendió la televisión. Abrió la botella y de un largo trago se tomó la mitad del contenido. Cambió de canales reiteradamente y cuando descubrió que no había nada bueno que ver en los quinientos canales. Se quedó mirándolo sin entender que estaba viendo. Tomó un pequeño trago de la botella nuevamente y luego la dejó sobre la mesa. Le importaba muy poco si manchaba la estúpida mesa. Ahora haría lo que fuera con tal de olvidarse esa noche. Lo que fuera.
Después de un par de horas de estar viendo el mismo canal sin entender la trama, se levantó al oír el timbre. Caminó lentamente porque ya casi no sentía su cuerpo. Trató de girar la manilla varias veces, pero solo cuando decidió usar ambas manos para abrir lo consiguió. Tenía los ojos entrecerrados del cansancio y su ropa estaba manchada con vino.
— ¿Qué quieres? — Preguntó con claro tono ebrio.
La mujer que estaba enfrente de él sonrió tontamente y se acercó más a la puerta.
— Saber cómo estás. — Ron bufó riendo.
— Para eso tienes lo diarios, la televisión, y todas esas cosas que se mueven con gente pequeña.
La chica se largó a reír y entró sin que él se lo permitiera. Ron la miró confundido pero no dijo nada. Cerró la puerta y la observó caminar.
— También ver que aún respiras.
— No soy yo el que está desaparecido. — Soltó enojado de repente. — Debes irte.
— No hasta que me digas cómo te sientes.
— No quiero hablar de sentimientos tontos.
Ron caminó hasta desplomarse nuevamente sobre el sillón. Le importaba poco si la mujer decidía robarle o matarlo. Ya poco importaba su propia salud si sabía que una de las personas que más le importaba estaba perdida y él no podía hacer nada.
De pronto sintió que ella también se sentaba a su lado y lo observaba curiosa.
— ¿Por qué me miras así?
Ella negó y siguió observándolo.
— Es una lástima lo que pasó. Ojalá encuentren su cuerpo lo antes posible.
Ron sorprendido por sus palabras se levantó del sillón y la miró enojado.
— ¡No digas estupideces Lavender! ¡Ella no está muerta!
— Esperemos que no. — Soltó, fingiendo tristeza.
El pelirrojo suspiró abatido y se tiró nuevamente al sillón. La idea de que algo más grave le había pasado cruzó su mente instantáneamente. Imágenes horrorosas le siguieron y una vez que sintió que perdía la conciencia, recordó a quien tenía a su lado. Pero poco importaba, porque ya no recordaría nada hasta la mañana siguiente. Y para eso, aún quedaban muchas horas. Cosa que Lavender sin duda aprovecharía.
Lamento el retraso nuevamente, pero esta vez fue por temas de días. Me retrase en el viaje y no tuve ningún computador cerca para actualizar, así que eso. Espero que el capítulo les haya gustado y dejen sus comentarios.
Por cierto… ¡Que tengas una hermosa navidad! Ya que no publicaré antes. Mis mayores deseos y si es posible podrán leer el día Martes :).
Cariños y besos a todos. ¡Hasta Pronto!
