Capítulo 30: Recordando
Suspiró. Sentía que su cabeza estallaría en cualquier momento. Ahora entendía porque se había obligado tanto las últimas veces a no tomar de ese exquisito licor y de esa manera tan excesiva. Porque por muy poco que tomara, terminaría con una resaca de los mil demonios. Y eso era exactamente lo que debería haber pensado el día anterior cuando había decidido tomarse la botella completa él solo. Inspiró profundamente a la vez que se daba vuelta para quedar de espaldas a la cama. Había dormido boca abajo toda la noche. Pero lo sorprendió que no pudiera hacerlo con rapidez debido a que había alguien sobre su brazo. Giró el rostro rápidamente y se sorprendió de a quien vio. Rubia, de cuerpo curvilíneo y postura seductora. Esa solo podía ser una persona.
Lavender Brown.
Abrió los ojos asustado. ¿Qué diablos había hecho?
Abrió los ojos sorprendida. ¿Cómo se había llegado a acostar? Entonces pensó que posiblemente Dan la había dejado ahí. Y no se equivocaba, porque el chico dormía en la silla frente a la cama. Hermione iba a intentar moverse, pero se dio cuenta que estaba amarrada de una mano. Ya casi no la sentía. La tenía tan acalambrada que no la había percibido. Y todo porque posiblemente la había tenido sostenida desde la parte superior del dosel de la cama.
Ahora comenzaba a meditar como diablos había logrado dormir de esa manera con tanta tranquilidad.
— ¡¿Qué me diste para que durmiera?! — Gritó.
Dan que dormía frente a ella se removió lentamente y abrió los ojos.
— ¿Qué?
— ¡¿Qué cosa me diste para que me quedara dormida?!
— Nada. — Respondió con tranquilidad, soltando un bostezo.
— ¿Entonces como me quedé dormida?
— Como todo el mundo Hermione. ¿Qué acaso tienes un ritual?
— ¡Me refiero si me diste un tranquilizante!
— No podría hacer eso. — Negó sorprendido.
— ¡Eres un medico! ¡Puedes conseguir el medicamento que quieras!
— Pero no soy de esos médicos Hermione.
— ¿Ah no? ¿Y de qué tipo eres? — Preguntó ella con ironía.
— De los que cuidan a sus pacientes.
— ¿Secuestrándolos? — Ella notó como el enojo nuevamente volvía a notarse en su rostro varonil. Prefirió callar.
— Eres la única que me ha obligado a hacerlo. Y más te vale que te comportes o te irá peor. — El tono con que dijo esas últimas palabras lograron hacerla estremecer. — ¿Quieres tomar desayuno ahora?
— ¡Vete al diablo! — Gritó y terminó por quedarse recostada con la mano aún alzada.
Dan de todas maneras preparó algunas cosas para comer y se las dejó a un lado suyo sobre la cama. Pero Hermione no le dirigió ni una mínima mirada, a pesar de que el armonioso aroma a café recién preparado inundaba la cabaña. Estaba muerta de hambre. De eso no había duda. Pero no sería tan débil para agradecerle lo que estaba haciendo. Ya que después de todo, aún la tenía secuestrada y más enzima con el cuerpo amarrado a la cama.
Ella no cambiaría de idea. Aunque se estuviera muriendo de hambre y de dolor, no le agradecería. Y menos aún le dirigiría la palabra por el resto de la vida.
— No seas tonta, no conseguirás nada muriéndote de hambre. — El doctor masticaba entusiasmado una tostada mientras a su alrededor tenía una buena cantidad de cosas para comer. — Pasarás un buen tiempo ahí, así que más te vale tener energía.
Hermione rodó los ojos y recostó su cabeza sobre una almohada. Todo su cuerpo comenzaba a adormecerse por mantener la misma posición.
— ¿Q-qué haces aquí? — Preguntó tartamudeando.
La chica soltó un leve ronroneo y abrió finalmente los ojos por completo.
— ¿De qué estás hablando Ronnie? — Destapó su hombro coquetamente mientras se acercaba lentamente a él.
Ron aún tenía un dolor de cabeza horrible, pero consiente de la situación se levantó lo más rápido que pudo. Aunque no contó con que estaría completamente desnudo. Lavender alzó una ceja divertida. Él por su parte tiró una de las frazadas de la cama con la cual se cubrió todo lo que pudo.
— ¡¿Qué haces en mi cama?! — Sus ojos desorbitados trataban de mirar a cualquier otro lugar que no fuera la chica desnuda en su cama.
— Dormir Ronnie, ¿Qué más voy a estar haciendo? — Él sabía las intenciones de la rubia y lo peor era que él estaba involucrado. — Bueno hace unas horas hicimos otras cosas pero ahora…
— ¡No digas más! — La detuvo. Retrocedió hasta la puerta y sin pensarlo salió. Aunque antes le ordenó molesto. — ¡Vístete y sal de mi casa! ¡Ahora!
— ¡No me trates así Weasley! — Se defendió ella.
— ¡¿Cuándo entenderás que yo no te quiero?! ¡¿Qué hiciste ahora?!
— Oye, oye, oye, oye… que hicimos — Corrigió ella subiendo el cierre de su vestido. — No fui la única que hizo el amor. Esas cosas se hacen de dos, así que no vengas ahora a negar lo que hiciste.
El pelirrojo daba vueltas en el pasillo con los pies descalzos y cubriéndose con esa tela gruesa. Observaba el lugar sorprendido. Había ropa tirada por todos lados, además de que estaba el desastre en todo el lugar. Se llevó ambas manos al rostro con desesperación y suspiró rendido.
— Esto no puede estar pasando. — Murmuraba más para sí mismo. — ¡Que hice! ¡Que hice! ¡Maldición! ¡Esto no puede estar pasando!
— Deberías haber pensado eso antes de haberme besado ayer. — Respondió ella.
— Yo no te besé — Negó con seguridad.
— ¿Ah no? — Ironizó ella. Entonces él comenzó a dudar. Ahora que lo pensaba ya no recordaba nada de la noche anterior.
— Yo no te besé — Repitió. — Yo no hice nada malo, tu solo apareciste, me hablaste y luego…
— Hablamos, nos besamos e hicimos el amor. — Completó ella con simpleza.
— ¡NO! ¡No hicimos nada! ¡Yo no te besé y punto!
— Tienes mala memoria. Eso siempre te ha pasado.
— ¡Yo-no-hice-nada! — Repetía tratando de convencerse. — ¡Yo-no-hice-nada!
— ¿Entonces como explicarías que estábamos desnudos en tu cama? — Ron no dijo nada mantenía sus manos cubriendo su rostro avergonzado. — Porque no creo que podamos decir que nos dio calor y como buenos amigos nos acostamos juntos. No somos así y tú lo sabes. Además lo disfrutaste, tú mismo me lo dijiste anoche. — La rubia soltó una leve carcajada. — Supongo que tu novia no te tiene muy satisfecho.
— ¡CALLATE! — Gritó desesperado. — ¿Qué sigues haciendo aquí? ¡Te dije que te fueras de mi casa! ¡Fuera! ¡Vete!
Lavender cambió su sonrisa por una expresión de enojo que muy pocas veces se le veía. Pero satisfecha con lo que había conseguido.
— Recuerda que tú también lo quisiste Ron, no puede negarlo.
La rubia salió con una gran sonrisa y cerrando la puerta de un portazo, dejó a Ron más consternado que nunca. Se pasó las manos por su cabello pelirrojo con desesperación. ¿Qué demonios había hecho? Bueno, ya no servía de nada seguir preguntándoselo. Las cosas estaban muy claras. Ahora el problema era asumir lo que acaba de hacer. La parte más difícil.
Se despertó momentáneamente. Ya no podía más del dolor. La posición en la que estaba era la peor que alguna vez en su vida había elegido.
— Me duele la mano — Sollozó.
— ¿Qué? — Preguntó Dan con normalidad.
— ¡QUÉ ME DUELE LA MALDITA MANO!
— No es necesario que me grites, puedo escucharte perfectamente.
— ¡ME DUELE LA MANO! ¡SACAME DE AQUÍ AHORA! ¡SUELTAME! ¡DEJAME IR MALDITA SEA!
— ¡CALMATE HERMIONE! — Gritó él. Ella comenzó a llorar desconsoladamente.
La desesperación comenzaba a tomar forma en su cuerpo. Ya no soportaba el estar amarrada de cualquier parte de su cuerpo y mantenerse en la misma posición por horas y horas. Todo se estaba volviendo desquiciadamente molesto. No soportaría ni un par de días más de la forma que estaba. Ya simplemente no lo soportaba.
— ¿Por qué haces esto? — Preguntó un poco más calmada y casi con un hilo de voz.
— ¿Hacer qué?
— Esto Dan, esto. — Señaló el lugar con lentitud con la única mano que tenía libre. — Porque me tienes aquí, para qué. No conseguirás nada de mí de esta manera. Absolutamente nada. — El chico miró su comida abstraído sin intenciones de responder. — Dime Dan, pero hazlo con la verdad. No hay nada que perder ahora, ya ambos lo único que nos queda es hablar con sinceridad.
— Porque era la única forma de tenerte solo para mí. — Hermione se sorprendió. No esperaba esa respuesta.
— Había otras maneras de lograrlo Dan.
— ¿Cuáles? Y si las hubiera, date cuenta de que jamás hubieras aceptado.
— Eso no es cierto.
— Sé sincera Hermione. — Por primera vez ella sintió que él hablaba con la verdad. — Acepta que jamás podrías estar conmigo si no fuera de otra manera que esta.
— De todas maneras no puedes hacer este tipo de cosas solamente porque la persona que te gusta no te quiere de la misma manera.
— Te sorprendería lo que la gente hace por amor.
— Al menos la mayoría se da cuenta de que esto es una locura y razona. — Dan se encogió de hombros. Ella suspiró.
— Nunca he sido como los demás y lo sabes.
— Y eso es bueno, pero no para mi Dan. — Su estómago rugía de hambre, así que ya sin ganas de luchar. Tomó un bocado de la bandeja que él le había dejado a un lado. — Estoy segura de que habrá una mujer que te amé como te lo mereces. Pero ella no soy yo.
— ¿Por qué no puedes serlo?
— Porque yo amo a otro.
— Pero yo te amo a ti — Insistió él.
— Eso es mentira.
— ¿Por qué dices eso? ¿Acaso no te lo he demostrado?
— No. — Reconoció ella. — Porque si realmente me amaras, no me estarías haciendo sufrir de esta manera. Las personas que aman no hieren a los que quieren y siempre les desean lo mejor, a pesar de que no sea lo mejor para ellos mismos.
— Te he dejado ser feliz toda tu vida Hermione. ¡Yo te salve! — La castaña rodó los ojos mientras tragaba un trozo de pan. — Y ahora que quiero que seamos felices tú me desprecias.
— Tienes que entender que reteniéndome contra mi voluntad no me hará quererte. Me hará odiarte y eso es lo que menos quiero que suceda ¿entiendes?
— No me hables como si fuera un imbécil Hermione, se lo que esto significa. Se las consecuencias de todos mis actos, pero aun así no me arrepiento de lo que hice y de esto.
— Y yo solo quiero que sepas que jamás te podré perdonar por lo que estás haciendo Dan. — El chico la observó atento. — No he visto a mi padre en tres días. Eso es lo que más me molesta de todo esto.
Dan se puso a reír de una manera amenazadora. Hermione casi podía distinguir incredulidad en ella.
— No quieras verme la cara de estúpido. Se perfectamente lo que más te molesta de todo esto. — Ella mantuvo su mirada fija, a pesar de que él trataba de intimidarla. — Hubo veces en que no ibas a ver a tu padre por una semana completa… ¿y ahora me dices que esa es la razón por la que estás enojada? Es por ese tonto de Weasley. Es ese el que te tiene desesperada.
— Puede que también sea por él, es mi novio.
— ¿Tu novio? No me hagas reír por favor. Ronald Weasley jamás será un hombre para estar de novio. — Estuvo satisfecho de su mirada intrigante. — Él no es para tener a una mujer para toda la vida y lo sabes. No lo quieres admitir porque sabes que tengo la razón. Pero eso no me preocupa. Algún día te darás cuenta de ello y ese día en que estés destrozada por que él te rompió el corazón, pensarás dos veces lo que te dije.
La castaña se mantuvo en silencio. Habían un par de palabras de lo que había dicho Dan que ella entendía perfectamente. Siempre había sabido que Ron no era un hombre para comprometerse. Incluso él se lo había dicho. Pero a pesar de que en el fondo tenía esa incertidumbre, ella había decidido darle una oportunidad. Una posibilidad de que él le demostrara que las cosas serían diferentes con ella. Y en el poco tiempo que llevaban, él iba por buen camino.
Sonrió.
Dan la observó enojado. No había logrado la preocupación necesaria en ella.
— Harry… — Susurró llevándose una mano al rostro.
— ¿Ron? ¿Qué pasa? ¿Por qué hablas así? ¡Ron! — Preguntaba el chico asustado. — ¡Ron maldita sea! ¡Habla!
— Hice algo horrible…
— ¿Q-que cosa? — Tartamudeó.
— No puedo decírtelo por teléfono. — Harry estaba preocupado. De eso no había duda.
— ¿Quieres que lleve a Ginny?
— ¡No! — Negó exageradamente.
— ¿Es un tema de hombres? — No obtuvo respuesta. Pero con ese simple silencio supo que las cosas no andaban bien. — Estaré ahí en unos minutos.
Ron en ningún momento decidió cortar la llamada. Pero suponiendo que Harry había cortado –por el sonido- se olvidó de él. Solo separó el teléfono de su oído y lo tiró al suelo. Se cubrió con la frazada lo mayor posible del cuerpo. Sentía un vacío y remordimiento enorme. A su mente se venían las imágenes de Lavender desnuda y luego la mirada angelical de Hermione, que le suplicaba ayuda.
Él se había acostado con otra mujer. Y más encima cuando su novia estaba perdida. Definitivamente era el peor hombre del mundo.
A la media hora sonó la puerta. Y sin muchas ganas de presenciar lo que seguiría se levantó a abrir. Un chico más bajo que él y de cabello negro le sonreía tontamente. Seguramente con la idea de poder ayudarlo en lo que fuera. Pero lo peor de todo, es que aún no sabía nada. Y él, ya podía imaginar lo que Harry diría al saber que había engañado a la mujer que para él era como casi su hermana. Sí, eso sin duda no sería muy bonito de presenciar.
— ¿Estás bien? — Preguntó.
Ron supo que solo lo hacía por cortesía, porque Harry de alguna manera sabía lo que probablemente él le contaría.
— No lo creo.
— ¿Me quieres contar? — El pelirrojo le dirigió una mirada de que eso era obvio. — De acuerdo. Comienza.
Harry y él que estaban de pie se miraron confusos. Ron lo dirigió hasta el sillón donde se tiró. El chico de cabello negro se sentó enfrente y lo observó expectante.
— Me odiarás después de que te cuente esto.
— Eso lo decidiré yo — Respondió.
El pelirrojo suspiró, se sentó correctamente. Apoyó sus codos en las rodillas, logrando una cómoda posición para ocultar su rostro entre sus manos y dispuesto a todo, comenzó a relatarle lo que había sucedido. En ningún momento miró a su amigo, tenía demasiada vergüenza como dirigirle la mirada.
Cuando terminó de relatarle suspiró temeroso. Se mantuvo tranquilo en su posición y esperó un buen tiempo a que Harry dijera algo. Pero nadie dijo nada en un buen par de minutos, aunque después de que pasara. Escuchó como el pelinegro se levantaba de su asiento y caminaba por él lugar. Y de pronto sin esperarlo, sintió una pesada mano sobre su hombro. Subiendo y bajando por su espalda, en una especie de apoyo.
— ¿No vas a pegarme?
— No me corresponde a mí hacerlo — Rió él. — Pero tampoco te puedo decir que estoy orgulloso de lo que hiciste Ron.
— No, por supuesto. No quiero escuchar eso.
— Pero aquí lo que tienes que tener claro es que tarde o temprano debes decírselo a Hermione. — Ron asintió apenado. — No te aseguro que ella te vaya a entender como yo, pero es mejor que lo sepa por ti y que no se entere de alguien más. — Volvió a asentir. — Yo puedo comprenderte porque soy hombre y sé que la mayor forma de perder el control con una mujer es estando ebrio, pero eso no te salvará de ella. De hecho, creo que esa sería la peor excusa. Son mujeres, no entienden nuestras necesidades de hombre.
— Eso sonó mal — Admitió el pelirrojo. — Incluso para mí.
— Lo sé — Afirmó Harry, riendo. — Solo quería ver que me decías… Al menos no mataste a nadie. — Ron soltó una leve sonrisa. — Pero… si podemos ser sinceros… esto se volverá peor cuando sepa que lo hiciste mientras ella estaba desaparecida. Perderás toda su confianza — Ambos hombre se miraron preocupados por el hecho de que aún no se sabía nada del paradero de Hermione. — ¿Y quién fue la chica?
— Creo que no la conoces. — Harry se encogió de hombros. — Se llama Lavender Brown. Es o mejor dicho, era mi secretaria. Llevaba un buen tiempo acostándome con ella, pero todo terminó cuando conocí a Hermione. Desde que la conocí dejé de desear a Lavender. Nunca me volví a acostar con ella mientras estaba con Hermione.
— Hasta ahora — Soltó él. Ron lo observó preocupado. — Lo siento… ¿Y qué hiciste cuando despertaste con ella?
— Le dije que se fuera inmediatamente, pero mientras lo hacía me dijo muchas cosas.
— ¿Qué cosas? — Preguntó interesado.
— Me repetía una y otra vez que nos habíamos besado y luego acostado. Así que comencé a gritonearla para que se fuera.
— ¿Crees que le vaya a decir a alguien lo que hicieron?
La pregunta quedó en el aire, porque él no tuvo el valor de responder. Sabía la respuesta perfectamente y eso era lo que estaba comenzando a asustarlo. Las cosas se estaban volviendo cada vez más catastróficas. Su novia había desaparecido. Los medios de comunicación y la prensa estaban tras de él en cada mínimo movimiento. Lavender había aparecido esa noche en su apartamento. Y ahora todo era un completo desastre. Si alguien se llegaba a enterar de lo que había sucedido anoche…
— No tengo la menor duda, Harry.
— Voy por algo para que te cubras, está helando demasiado en las noches. Así que no hagas ninguna estupidez — Amenazó Dan.
— ¿Hay algún lugar cerca de esta cabaña? — Preguntó ella esperanzada. Él rió.
— No pensarás que te diga eso. ¿Verdad?
— ¿Y porque no?
— Sería tonto darte la forma de escapar, porque eso es lo que quieres ¿no?
— Solo preguntaba para hacer una conversación. Estoy tan aburrida y adolorida aquí, que lo único que me queda para olvidarme de todo es hacer esto. — Soltó enojada.
— Que lastima que te sientas así querida, pero tendrás que acostumbrarte.
— Algún día te arrepentirás de haber hecho todo esto.
— ¿Haber hecho? Já — Carcajeó divertido. — Esto no va a acabar.
Dicho esto, salió de la cabaña cerrando con llave unos cuantos candados. Tenía que planear algo. Dan hablaba con toda la verdad cuando decía que eso no se iba a acabar. Ella conocía ese tono de seguridad y eso la estaba asustando. Debería haber una manera de poder salir de ahí. Tenía que conseguir una buena forma y cuando él menos se lo esperara ella podría escapar.
Al menos ese día la había soltado del dosel para permitirle ir al baño con tranquilidad, cosa que llegaba rogando hace un buen par de horas. Y en esos escasos minutos su cuerpo se había sentido tan bien con tan solo unos segundos de tocar el suelo con firmeza para sostener su cuerpo y poder estirarse lo necesario para alejar los calambres. Y ahora que estaba nuevamente encadenada en una silla, pedía a gritos por tan solo unos minutos de caminata sin importar donde fuera.
El plan para poder escapar sería aprovechar un momento en que él la dejara ir al baño, se aprovecharía de la situación y con un fuerte golpe lo dejaría tirado en el suelo antes de que desapareciera por la cabaña. Luego correría tan rápido como sus piernas se lo permitieran y escaparía al lugar que fuera.
De hecho, esa misma noche lo intentaría.
— No te quedes aquí solo, eso solo te hará peor — Dijo Harry. Ron bufó divertido y tomó un sorbo de su trago. — Y menos aún si sigues tomando de esa manera.
— Estoy bien Harry, solo quiero estar solo.
— Agradece que no soy mujer, porque tal vez ya me estarías invitando a tu habitación en ese estado.
Ron sonrió levemente.
— Estoy sobrio Harry, es solo una cerveza. No me hará nada.
— Eso mismo he dicho, y… mira imagíname a mí en un bar… cantando… y diciéndole a cualquiera que lo amaba… Solo por una cerveza — Le recordó. — Ven, vamos. Anda a casa con nosotros. Ginny estará encantada de tenerte ahí.
— No creo que tan encantada. — Esta vez fue Harry quien suspiró. — Y no le digas nada por favor, no quiero que me sermonee. Ya suficiente tendré con contarles a mis padres.
— ¿Irás a la madriguera?
Ron asintió.
— Es el único lugar en el cual podré estar tranquilo.
— ¿Estás seguro?
— Sí amigo. Al menos no estaré solo.
— ¿Tienes miedo?
Ron volvió a asentir. Luego miró el suelo y jugueteó con sus manos.
— No te imaginas cuanto — Harry por primera vez en su vida lo vió llorar. — Y sobre todo tengo miedo de que todo esto sea por mi culpa. Siento que es una especie de castigo por todo lo que he hecho con las mujeres en mi vida.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó él perdido.
— Hace unos años era un imbécil de pies a cabeza. Me acostaba con cualquier mujer que se me cruzara y luego la ilusionaba. Y cuando todo estaba listo para comenzar una relación seria, las abandonaba. Pero lo peor de todo es que volvía a caer, les decía que lo había hecho por su bien y ellas seguían queriéndome. Era un círculo vicioso que terminó por volverme un seductor empedernido. Prácticamente les rompía el corazón para hacerlas sufrir lo que yo viví cuando Cho me engaño. — Se llevó las manos al rostro y se lo refregó con fuerza. — Es por eso mismo Harry. Es por esto que tengo tanto miedo. No quiero perder a Hermione. Ella es la única que me ha hecho sentir bien. La amo. Como nunca amé a otra mujer. Y ahora la voy a perder por lo que hice. Ella no me va a perdonar jamás en la vida, y la entendería perfectamente.
— Tienes que perdonarte a ti mismo primero Ron, si no lo haces nadie más podrá hacerlo.
— ¿Cómo quieres que me auto perdone si engañe a la mujer que más amo en la vida?
— Tienes que aceptar que lo hiciste estuvo mal, pero tú sabes que no lo volverás a hacer nunca más.
— Nunca más. — Coincidió él.
— Entonces ahora, deja de torturarte y ve a arreglar un poco, porque cuando llegué me di cuenta inmediatamente de lo que habías hecho. — Ron arrugó el entrecejo confundido. — No creo que dejes mucho a la imaginación con la lencería de una mujer en la puerta.
El pelirrojo se puso de pie de un salto. Caminó rápidamente a la habitación y tomó con fuerza toda la ropa de mujer que Lavender había dejado esparcida por el camino y la tiró al cesto de la basura.
— ¿Quieres que te espere? — Ron negó. — Tal vez salgas más desapercibido si yo te pasó a dejar en mi auto.
El pelirrojo lo pensó.
— Tienes razón. — Admitió. Harry lo siguió hasta la habitación expectante. — Armaré rápidamente una maleta y nos vamos.
— ¿Una maleta?
— Todo en este lugar me recuerda a Hermione. Prefiero estar con mis padres y olvidarme del resto hasta que tengamos noticias.
— Eso es lo mejor que puedes hacer. — El chico se ofreció a terminar de hacer la cama mientras Ron tiraba cosas que pensaba podría necesitar en un gran bolso.
Y una vez que el departamento pareció estar ordenado y sin rastro que pudiera delatarlo, salieron. Subieron al auto de Harry y este se ofreció ir a dejarlo a la madriguera. Ron solo aceptó porque no tenía ganas ni de manejar ni de enfrentarse a los periodistas que le seguían haciendo mil preguntas.
Cuando escuchó el sonido del piso crujir, supo que Dan se acercaba. La puerta se abrió lentamente y dejó paso al doctor con unas cuantas mantas demás a su hombro. Venía con una gran sonrisa en su rostro, por lo que dedujo que algo le había sucedido. Y no demoró mucho tiempo en que supiera que era.
— Están ofreciendo una gran suma de dinero por ti, Hermione.
— ¿Por mí?
— O por información de donde estás. Divertido ¿no?
— ¿Qué tiene de divertido? — Preguntó ella fastidiada.
— ¿No lo entiendes? — Hermione no puso ninguna expresión diferente, para darle a entender que poco le importaba. — Están tan desesperados y rendidos que recurren al dinero. Es absurdo, pero creo que podría dar un poco de información. Así tendremos más dinero para organizar oficialmente nuestro matrimonio. — La desesperación se estaba volviendo tema recurrente para ella. ¿Ahora que más podía hacer? Sus planes y opciones para escapar se estaban comenzando a disolver.
— No nos vamos a casar.
— No, sabes que sería mejor — Siguió él hablando, sin prestarle atención a lo que ella dijo. — Vamos a hacer un video en el que dirás que estás bien y que prefieres quedar aquí. Que no te sigan buscando. Sí, eso vamos a hacer.
— ¿Q-qué? ¿Estás loco?
— Sí, es la mejor idea que podría haber tenido.
Dan se puso de pie, ya que había tomado asiento junto a ella para comentarle la noticia. Tomó las llaves y se las guardó en uno de los bolsillos. Abrió la puerta con cautela y se dio vuelta cuando ella lo llamó a gritos.
— ¿Qué quieres ahora?
— Déjame ir al baño. — Suplicó dispuesta a cumplir el plan. — Necesito ir.
— Lo harás en unas horas más.
— Soy mujer, ¡se supone que no puedo aguantarme tanto! — Exclamó exasperada. El plan no funcionaría si él no la soltaba de las cadenas.
— No estás embarazada Hermione, así que tendrás que esperarte. Tengo que salir.
Y esto, fue lo último que escuchó. Ya que el sonido tormentoso del viento contra los árboles que se estrellaban en las ventanas de la cabaña le causaban escalofríos. ¿Cuánto tiempo estaría soportando todas esas torturas? La verdad es que no tenía ni la más mínima idea, pero esperaba que pronto terminara todo.
En menos del tiempo que esperaba, Dan apareció con unas cuantas cosas en unos bolsos. Y a medida que los fue sacando ella percibió que era un set completo de cámaras, cables y todo lo necesario para hacer la conferencia de la cual él había hablado.
— ¿Estás preparada para mostrarle al mundo que estás mejor que nunca? — Hermione le dirigió una mirada de odio.
— Con eso no convencerás a nadie.
— No quiero convencer a nadie.
— Más te vale que lo hagas, o empezarás a sentir realmente los males de estar aquí.
— Solo llámame y vendré a buscarte si lo necesitas. — Le recordó. — Y recuerda pensar lo que te dije.
— Gracias Harry, eres el mejor amigo que podría tener. — Agradeció él sorprendido por tanto apoyo.
— Me merezco un buen regalo de cumpleaños. — Bromeó él.
Se despidieron nuevamente con un apretón de manos y Harry desapareció en su gran jeep. El polvo que dejó al alejarse se vino de pronto contra su rostro y él conociendo las consecuencias de esto, se dio la vuelta rápidamente. Abrió la reja que separaba la entrada del camino y luego la cerró a medias. Caminó el resto del camino que faltaba para llegar a la entrada principal y una vez que estuvo ahí, golpeó con torpeza la puerta. Escuchó unos pasos acercándose y a los segundos apareció alguien que observó por la cortinilla. Él descubrió el rostro de su madre y le dirigió una leve sonrisa. Ella reconociéndolo abrió rápidamente y se abalanzó a él para abrazarlo.
— ¡Ron! ¡Cariño! ¿Qué haces aquí? ¡Ven, pasa, pasa!
— ¿Recuerdas que prometimos visitarte todos los fin de semana? — Murmuró mientras seguía abrazado a su madre. — Creo que esta vez no podremos cumplirlo.
— ¡Oh querido! — Exclamó preocupada.
Y ahí, ya sin más fuerzas para ocultar el dolor, lloró en el hombro de su madre. Con ella no se sentía débil ni mucho menos juzgado. Así que sintiéndose reconfortado se abrazó a ella con fuerza a pesar de la altura que los diferenciaba. La presionó de la espalda porque necesitaba sentirse lo más cerca de ella que fuera posible. Y pasando así unos buenos minutos se separó finalmente de ella.
Molly preocupada tomó el rostro de su hijo entre sus manos, y obligándolo a que la mirara a los ojos, supo que en ellos había algo más que tristeza.
— Quiero ir a dormir — Murmuró levemente. Su madre sonrió.
— Te llamaré cuando el almuerzo esté listo. — Él asintió.
Subió sin muchas ganas la gran cantidad de escalones que lo dirigían a su antigua habitación. Abrió la puerta con pesar y luego sin sacarse ni cambiarse nada se tiró sobre la cama. Cerró los ojos y tratando de olvidar todo, se quedó dormido.
— Creo que esto le dará mayor dramatismo ¿no crees? — Opinó mientras señalaba la andrajosa tela que estaría a sus espaldas. — No quiero que nadie vea como es el lugar en que estás. Además, sentada con unas cuerdas en tu cuerpo me hará parecer el hombre más malo del mundo.
— No sé para qué me estás diciendo todo esto.
— Anímate Hermione. No todos los días haces un video de rehén.
El tono de broma con el cual Dan decía cada cosa, le resultaba muy desesperante. ¿Qué él no veía lo adolorida y triste que estaba? No había nada de gracioso de tener a una mujer encadenada en una silla solo para hacer sufrir a los demás. No tenida NADA de divertido.
— ¡Deja de decirme esto como si fuera lo más entretenido del mundo, porque no lo es! — Declaró exasperada.
— Tú estarás sentada en ese lugar — Señaló una esquina. — y desde ahí leeras lo que escribí en ese papel. Y al final yo apareceré y diré unas palabras.
— ¿Saldrás en el video? — Preguntó sorprendida.
— Claro — Hermione abrió los ojos entre sorprendida y esperanzada. — Pero con una máscara. — El chico se acercó y con cuidado desató las amarras alrededor de sus piernas. La tomó de un brazo y la obligó a caminar. — Ahora deja de hacerme preguntas y muévete. — La sentó en la silla que él había establecido frente a la cámara y cuando ella iba a intentar algo, recibió un fuerte manotazo. — No podrás escapar, así que más te vale que vayas perdiendo las ganas.
La mejilla de Hermione se fue enrojeciendo a medida que la sangre comenzaba a acumularse también en su labio. Su rostro ya no era lo que la mayoría había visto en las revistas. Ahora tenía una buena cantidad de morenotes, heridas y nada de maquillaje, por lo que de la glamorosa modelo Hermione Granger, poco quedaba. Ahora era solo una chica más, pero que a su diferencia, tenía marcas de golpes en su rostro. El mundo vería a una mujer que estaba sufriendo y tal vez así se compadecerían de ella. Tratarían de encontrarla y sus enemigos aceptarían que nada tan brutal como eso le hubieran deseado en la vida.
— Ahora necesito que mires a la cámara y cuando te diga acción, comenzarás a leer.
Hermione solo lo miró con una expresión cargada de ira. Él ni se inmutó y presionó el botón que iniciaría todo.
— ¡Y acción!
— ¡Ron! ¡Ron! ¡Ron cariño! — Lo llamaba ella. — Ronnie cariño, tienes que levantarte.
— Cin…cinco minutos más. — Rogó.
— No puedes amor, tienes que ver algo. — Le decía ella apenada. Su rostro estaba bañado en lágrimas.
— ¿Q-qué pasó? ¿En-encontraron a… Hermione?
Ella negó.
— Peor que eso, tesoro. — Ron se levantó medianamente para apoyarse de los codos. — El secuestrador la obligó a hacer un video.
Ron dio un salto de la cama. Y bajó las escaleras lo antes posible. En un boletín informativo informaban del nuevo video que se había filtrado en las redes y que la policía estaba comenzando a analizar. Pero Ron lo único que podía escuchar en ese momento era la voz desolada de Hermione, además de que su rostro se veía más triste que en cualquier otra ocasión. Logró distinguir en ella los rasguños y heridas, y supo que Dan la había golpeado. Una sensación de enojo e ira lo invadió inmediatamente y empuñando su mano escuchó atentamente lo que Hermione decía en el video.
"Lo sé, esto es demasiado raro. Pero sí, soy Hermione Granger. Y como ustedes deben suponer, no estoy haciendo este video porque quiera hacerlo, sino porque la persona que me ha secuestrado me ha obligado a hacerlo.
Así que quiero que sepan que a pesar de todo estoy bien. Estoy tranquila y que extraño muchísimo a mis seres queridos. Sobre todo a mi padre. Pero no quiero que tengan miedo por mí porque estoy bien y así seguiré".
De pronto el video se cortó. Las pocas y míseras noticias que habían conseguido resultaron ser la peor y más desoladora noticia para el mundo y sobre todo para una persona… Ronald Weasley.
Aquí está el capítulo prometido. Espero que sigan atentos y que les siga gustando la historia. ¡Mil gracias por los comentarios y favoritos! ¡Y que pasen unas muy felices fiestas! Nos vemos el próximo martes.
