N.A. Antes de nada aclarar una cosa; no puedo decir que este fic tenga Ooc. Intento hacer que los personajes se asemejen lo más posible a los caracterizados por Akira Toriyama, pero como ya sabéis, Broly no fue creado por él, forma parte de las películas de Dragon Ball z, y su principal característica es la rabia y el descontrol total. No da motivos, simplemente es como un perro rabioso. En la primera película, la diadema inhibidora que le colocó su padre lo mantenía tranquilo, sosegado y hasta atontado, pero cuando se deshace de ella emerge una personalidad muuuuuy agresiva y descontrolada, así que supongo que esa es su auténtica personalidad (lo supongo también porque en las demás películas, se comporta como un animal sin esa diadema)

Y esa es la personalidad que he decidido darle. Lo demás son suposiciones, pero me gusta imaginar a esta pareja como algo parecido a un Vegeta x Bulma, porque Bra tiene la personalidad de su madre con destellos fugaces de su padre, y Broly… bueno, él es un bestia. Al leer este capítulo, supongo que entenderéis a qué viene el título de la historia.

Sin más dilación, aquí os dejo el segundo capítulo de la historia. ¡Millones de gracias por los rewiens!

CAPÍTULO REEDITADO

Capítulo 2

Pacto animal

Día 0 (Punto de arranque).

Me pregunto, ¿por qué no seré tan lista como mamá y mi hermano? ¿Por qué no tendré ese instinto animal que papá usa para percibir que algo va mal? De haber tenido alguna de esas dos cosas, me habría dado cuenta de que revivir a un saiyajin que no conozco no podía ser buena idea. Para empezar, por algo debía haber muerto, y al ver su aspecto está claro que no murió de viejo. Un soplo de aire frío me ilumina la mente: asesinado. Tuvo que ser asesinado, y una de dos: o su asesino fue alguien injusto y odioso con un extraño desprecio por los hombres musculosos e imponentes, o él tuvo que hacer algo para que lo asesinaran. Algo muy malo.

A pesar del momento de tensión, no puedo evitar que los instintos que sí he heredado de mi madre, y que no me son muy útiles en este momento, me influyan. Es guapo, parece muy fuerte y no es Goten, el único hombre con el que podría tener descendencia saiyajin sin cometer incesto o romper una familia. Una sonrisa se dibuja en mi cara, pero por desgracia ese pensamiento me dura poco.

Él se mira las manos como si fuera la primera vez que las ve y, tras unos segundos, deja escapar una gran carcajada, poniéndome los pelos de punta.

—Estoy vivo… ¡Estoy vivo! Sabía que no podrían retenerme eternamente en el infierno— y volvió a reírse de manera demencial.

Guapo, fuerte… y loco. Genial.

Intento pasar desapercibida mientras alzo el vuelo con la clara intención de desentenderme del tema, pero la profunda voz del saiyajin me deja clavada unos metros sobre el suelo.

—Eh, tú, criatura— me giro lentamente y sus ojos me taladran el cuerpo. No me lo puedo creer. Me está mirando por encima del hombro, exactamente como hago yo con los humanos que no respeto. No puedo evitar sentir el orgullo letalmente herido por ello. —¿En qué planeta estoy?

—En el planeta Tierra— refunfuño, cruzándome de brazos exactamente igual que papá. Nuevamente, él deja escapar una risa demencial.

—Esta vez lo vas a pagar caro, Kakarotto.

Mi boca se desencaja cuando oigo ese nombre. Kakarotto. Así llama mi padre a Goku. Ay, no… ¿a quién demonios he revivido? De pronto, el saiyajin sale volando a toda velocidad hacia el cielo, emergiendo de las profundidades del bosque e ignorándome totalmente. Intrigada y he de admitir que acobardada por la posibilidad de haber revivido a un viejo enemigo de mi padre, alzo el vuelo hasta su altura.

El saiyajin busca algo. Se detiene y agita la cabeza, tanteando el terreno. De repente se gira y me mira con una frustración creciente.

—¿Quién eres?— le pregunto.

—¿Dónde está Kakarotto, humana?

—¡No soy humana, maldito gorila! ¿Es que no reconoces a los de tu propia especie? Soy una mestiza de saiyajin y terrícola, y no una mestiza cualquiera. Soy la hija de la gran científica Bulma Brief y del príncipe Vegeta, así que cuidadito con meterte con…

—¿Del príncipe Vegeta?— me interrumpe, y eso solo consigue aumentar mi cabreo.

—¿No sabes que es de mala educación interrumpir a las personas cuando…?

Otra carcajada demencial y mis palabras interrumpidas.

—No habrás sido tú quien me ha revivido, ¿verdad?

—Sí, y deberías estarme agradecido.

—Más bien estoy sorprendido —con una tranquilidad insultante, se lleva las manos a la cabeza y se balancea en el aire, como si estuviera a punto de echarse una siesta— Es curioso que la persona que me ha revivido sea la hija de uno de los hombres que consiguió herirme de muerte, y también la nieta del rey que intentó liquidarme cuando era incapaz de defenderme.

Es la primera vez que un hombre consigue estremecerme, aunque sea de miedo. Sabía que mi padre tenía muchos enemigos, pero no tenía ni idea de que hubieran sido de su propia especie. Su ki es tremendo, y sube y desciende de manera descontrolada. Es tan inestable como una bomba de relojería.

—¿Intentas asustarme? Porque no lo consigues.

Él me mira con desdén y sonríe con una malicia que me inquieta. Parece capaz de hacer muchas cosas malas. Es raro que consiga molestarme, porque en casa estoy más que acostumbrada a esa clase de miradas.

—Creo que no sabes quién soy yo, medio humana.

—¿Y quién eres? Porque odiar a mi padre y a Goku no te convierte en nadie especial. De hecho, todos los charlatanes alienígenas con aires de grandeza los odian. Obviamente tienen envidia de su increíble poder.

—No te atrevas a compararme con ellos— me dice con una serenidad inquietante —Hay una gran diferencia. Tu padre puede tener un descuido y destruir una ciudad. Yo puedo escupir… ¡y destruir una galaxia entera!— su grito viene acompañado de una brutal subida de poder. De su mano izquierda emerge una bola de energía verdosa que me ciega durante unos instantes.

Antes de que pueda darme cuenta la lanza hacia mí y yo la esquivo por los pelos. La bola desciende en picado hasta el bosque, y cuando desaparece en él, hay unos segundos de silencio… luego, una explosión de proporciones colosales hace temblar el suelo y arrancar los árboles del mismo, devorándolos con llamas verdosas. La sacudida es tan grande, que salgo volando varios metros hacia arriba, impulsada por la explosión. Cuando logro estabilizarme y mirar hacia abajo, a mis pies ya no queda nada salvo un gran agujero que deja salir magma volcánico por la profundidad del ataque. La imagen me impacta.

—¡Eres un animal!— grito con todas mis fuerzas, y él vuelve a reír con demencia. Cuando me doy cuenta, ha ascendido y está muy cerca de mí, apuntándome con la palma de la mano.

—Ahora vas a decirme dónde está Kakarotto para que pueda hacerle una visita. Luego puedes esfumarte como el resto de tu patético planeta.

Oh, por Dios… ¡habla completamente en serio! Y yo no quiero morir. ¿Qué haría papá en un momento como este? Él solo se agitaría gritando como un perro rabioso y luego lo liquidaría. Está bien, si no fuera porque no soy tan poderosa como él. ¿Qué haría mamá al respecto?

—¡Está bien, está bien! No hace falta que te pongas así. Está claro que no soy rival para ti y que podrías matarme con el dedo meñique, pero no debes hacerlo.

—¿Y por qué no debo?— se burla él.

—Porque… —sé perfectamente lo que haría mamá al respecto— si me dejas vivir puedo… enseñarte las bragas, o incluso algo más. ¿A que quieres verlo? —pregunto, y me acaricio una pierna desnuda mientras subo un poco mi falda. Sé que esta táctica es ridícula y humillante, pero me ha servido un par de veces, a mí y a mi madre, así que no desprecio su poder.

Él me mira fijamente durante unos segundos. Luego, la palma de su mano empieza a brillar, señal de que va a lanzarme un ataque que, a una distancia tan escasa, a duras penas podré esquivar. ¿Por qué los saiyajins son tan frígidos? ¿Por qué no pueden ser como Oolong o como el maestro Roshi?

—¡De acuerdo, de acuerdo!— exclamo, e inmediatamente me bajo de nuevo la falda, tapándome los muslos con un rubor en las mejillas que no tarda en convertirse en palidez. —No puedes matarme porque si lo haces… ¡si lo haces, nunca podrás matar a Goku!— por unos instantes, tengo la impresión de que voy a morir, pero noto como su ki desciende gradualmente y se mantiene al mínimo. No sé por qué he dicho algo tan estúpido, pero puesto que parece tener una obsesión tan mal sana con Goku, deduzco que de ahí puedo sacar su punto débil.

—¿Qué quieres decir?— cuestiona.

Me aclaro la garganta, reprimiendo el miedo con la intención de sonar realista y convincente.

—¿No es obvio? Goku ya te mató una vez, ¿no? Hace muchos años— me arriesgo a adivinar. Doy en el clavo, porque él frunce el ceño y aprieta los dientes con rabia mal contenida. —Pues ahora se ha vuelto muchísimo más poderoso, y además, nos hemos multiplicado. Hay más mestizos de saiyajin ahora, y si intentas atacar a Goku, estarán preparados. Si no pudiste derrotarle hace varios años, ahora serás totalmente incapaz de acercarte siquiera. Te liquidarían en un momento.

Él vuelve a gruñir. De hecho, emite ruidos animales y guturales, colérico. Sabe que tengo razón, y aunque sé que estoy jugando con fuego, también sé que no quiero morir presa de su ira descontrolada.

—Maldita sea… —murmura, con una enorme vena palpitando en su sien— ¿Y eso qué tiene que ver contigo y con el hecho de que vaya a matarte aquí y ahora?

—¡Pues tiene que ver mucho, porque yo conozco el punto débil de Goku!

Las palabras salen raudas de mi boca y las consecuencias son nefastas. De pronto, siento un gran dolor en el cuello que me oprime de oxígeno, asfixiándome mortalmente. Su poderosa mano me aprieta el cuello, impidiéndome la huida.

—Dímelo— me ordena.

Aunque a mi cerebro empieza a faltarle el aire, sé que esas palabras son mi única forma de salir con vida de ahí, así que me reprimo y hago acopio de valor.

—No— murmuro.

—¡DÍMELO!— grita, y su mano me oprime con más fuerza, impidiéndome el habla. El dolor es agudo. Puede partirme el cuello en cualquier momento sin el menor esfuerzo.

—Entre… —logro mascullar. Él afloja el agarre, creyendo que voy a confesarme, pero las palabras que salen de mi boca son muy diferentes a las que quiere escuchar. —¡Entréname!

—¿Qué?

—¡Entréname… para ser… tan fuerte como… tú!

—Eso es imposible. ¡Nadie es tan poderoso como yo!

—¡Goku lo es!— grito, y aumenta su agarre con renovada fuerza.

Esta vez estoy segura de que voy a morir, porque empiezo a perder fuerza y mi ki se desvanece. Solo me mantengo en el aire porque él me tiene agarrada. De no ser así, caería como una hoja en otoño. Mis manos se escurren y me quedo quieta. Mi visión se nubla.

Oigo un bufido y la opresión del cuello desaparece. Cuando recupero la visión y la respiración, siento mi brazo crujir y grito de dolor. Me tiene agarrada por la muñeca y me sacude en el aire cruelmente, impidiendo que caiga.

—Eres una digna hija de Vegeta, tan tozuda como él. ¿Cuáles son las condiciones de tu trato, medio humana?— cuestiona.

Estoy sorprendida. No puedo negar que es un bruto y un animal, pero parece atender a razones lógicas, y eso es más de lo que puedo pedir en un saiyajin.

—Me entrenarás… hasta que logre convertirme en un súper saiyajin. Luego te diré cómo derrotar a Goku.

Él me mira apretando los dientes con fuerza y mi muñeca cruje dolorosamente, pero contengo el grito. Ya he machacado mi orgullo lo suficiente por hoy.

—Puedes tardar años en conseguirlo. ¡No aguantaré tanto tiempo!—

—¿A quién pretendes engañar? No pareces tener otro objetivo en la vida que matar a Goku. Esta es tu última oportunidad. ¡O me entrenas, o tendrás que averiguar tú solo cuál es su punto débil, y eso sí que puede llevarte toda una vida, porque lo tiene muy bien escondido!

—¡AARRGG! —grita. El estruendo de su voz hace eco en los confines del bosque destrozado. Entonces me suelta y yo recupero la estabilidad en el vuelo, agarrándome la muñeca herida—. Prepárate para el peor entrenamiento de tu vida, porque no pienso quedarme esperando de brazos cruzados a que te transformes. Te machacaré como nunca antes lo ha hecho nadie y después, me dirás sin rechistar cuál es el punto débil de Kakarotto. ¿Te ha quedado claro?

—Como el agua— aseguro. —Empezaremos mañana en…

—¡Yo diré dónde y cuándo, medio humana!— sentencia. Me entran unas ganas enormes de gritarle y obligarle a cerrar la boca, como hago con mi padre cuando se pone demasiado pesado al criticar el largo de mi falda, pero me callo a tiempo y cierro la boca. No conviene tentar a la suerte dos veces— Mañana iré a buscarte y más vale que estés preparada.

Mañana… ¡mañana empiezo la universidad!

—¡Pero mañana…!—

—¡Cállate y obedece si quieres vivir!— Entonces da media. Me equivoqué al pensar que atiende a razones— Si intentas engañarme o contarle a alguien que estoy vivo, lo que le he hecho a ese bosque se lo haré a todo el planeta. Luego te mataré, aunque Kakarotto me masacre. Es un aviso, medio humana.

—¡Tengo nombre, y no es medio humana! Me llamo Bra.

—Qué nombre tan ridículo— estoy acostumbrada a oír cosas así. La diferencia es que esta vez no puedo romper dedos por el insulto.

—¿Cómo te llamas tú?

Él me mira por encima del hombro. Parece contrariado, como si el hecho de que no conozca su nombre le resultara confuso e insultante. Creo que tiene demasiados aires de grandeza.

—Broly. Me llamo Broly. Grábatelo en la cabeza, medio humana.

Entonces se esfuma, alcanzando una velocidad de vuelo envidiable, dejándome sola y deseando que me trague la tierra. No hay que ser muy inteligente para saber que no tengo ni idea de cuál es el punto débil de Goku, y aunque lo supiera y mi vida peligrara, nunca se lo diría a un enemigo. Acabo de tirarme un gran farol, y tengo que averiguar cómo corregir el error antes de convertirme en súper saiyajin.

Por primera vez en mi vida agradezco ser tan débil en combate. Eso me dará tiempo para pensar en librarme del tal Broly sin que mi padre se entere de que he revivido a un poderoso adversario.

Creo que esta vez, ni ser su princesita le impedirá darme una buena tunda. Una bien merecida.


—¡Qué horror! El planeta no está como para perder más zonas verdes— exclama mi madre mientras ve las noticias. Tengo un agujero en el estómago y todo lo que como se hace una bola cuando me lo llevo a la boca.

Están anunciando la inexplicable desaparición de un bosque por medio de una explosión, e incluso para mi madre parece obvio que una extraña fuerza alienígena ha tenido algo que ver. Nos mira de hito en hito mientras comemos. Papá devora una enorme costilla de ternera sin apenas prestar atención a la televisión. Mi hermano va por su segundo litro de café, pues el trabajo lo va a tener en vilo toda la noche. Yo no tengo hambre y revuelvo mi postre favorito sobre el plato. Tengo muchas ganas de vomitar.

—¿Alguno de vosotros ha tenido algo que ver? —pregunta mamá, perspicaz.

—Yo he estado trabajando todo el día, mamá. —Se excusa mi hermano. Luego mira a mi padre, que suelta la costilla junto a los restos del pollo que se acaba de comer mientras bosteza, indiferente.

—¿Por qué iba yo a destruir un bosque? ¿Qué sentido tiene?

—¿Has ido a entrenar con Goku hoy?— lo interroga mamá.

—¡Ya te he dicho que no me he movido de aquí en todo el día, mujer!

—Huum… —por suerte, nadie me mira a mí. Creen que soy demasiado débil como para destruir un edificio, y en parte tienen razón. Aun así, libre de sospechas, me levanto de la mesa y recojo mis platos. Los robots de cocina empiezan a lavarlos casi de inmediato.

Estoy tentada de irme a la cama, pero mi hermano habla, y lo que dice me hace quedarme tensa en mitad del salón.

—Hablando de eso, esta mañana he sentido un ki bastante alto por allí cerca. ¿Tú lo has sentido, papá?— mi padre vuelve a bostezar mientras apoya la mejilla en su puño para observar la tele con más detenimiento.

—Puede que al hijo mayor de Kakaratto se le haya ido la mano— sonríe ante la idea. —No me extrañaría con semejante vida. Es un calzonazos.

—No creo que haya sido Gohan. Su ki parecía un poco inestable, y era tremendo.

—Da igual. Si queréis reconstruir el bosque siempre podéis invocar a ese maldito dragón y se acabó.

—Ah, claro, vosotros os cargáis el planeta pero no pasa nada porque tenemos las bolas del dragón. Muy ético, Vegeta —se queja mamá— ¡Cómo tú no las buscas!

—¿De qué te quejas ahora, mujer? ¡Yo no he hecho una mierda! Además, en encontrar las malditas bolas tú eres una experta, y en ir desnuda mientras las buscas, también. —Le recrimina papá.

Otra vez con la misma historia. Desde que papá se enteró de las pericias de mamá cuando buscaba las Bolas del Dragón junto a Goku, se pone de muy mal humor cuando se hablan de ellas. Pensar en que más personas de las que puede contar con los dedos han visto a mamá con menos ropa de lo normal le incomoda. Debería acostumbrarse, porque dudo que mamá mantuviera su celibato hasta su llegada con el tío Yamcha al lado. Enterarse de que mi madre y Goku se bañaban juntos cuando eran pequeños ya fue demasiado.

—Yo voy desnuda a donde me da la gana, y tú no eres nadie para quejarte. Si me hubieras puesto un anillo en el dedo como Goku hizo con Chichí en su día…

—¿Cuántas veces voy a tener que decirte que no pienso participar en esas estúpidas costumbres mundanas? ¡Vivo contigo, tenemos dos hijos y follamos cuando…!— papá calla, gira la cabeza hacia mí y me mira. Luego cierra la boca y gruñe, reprimiendo su horrible vocabulario. Trunks le da un nuevo sorbo a su café, ignorando el comentario de papá, y mi madre pone los brazos en jarras, recriminándole mentalmente sus palabras por estar en presencia de sus hijos—. Una boda atraería a gente indeseada y no quiero tener problemas con los humanos.

—Tú dirás. Todavía tengo muchos pretendientes y puede que algún día me decante por uno —presume mamá.

—Pues corre. Si esperas que yo te detenga, te llevarás una sorpresa, mujer.

Trunks y yo nos lanzamos una mirada de complicidad cuando la conversación se da por acabada. Los dos sabemos que por mucho que se peleen nuestros padres, nunca traicionarían al otro, y no porque sean demasiado fieles, sino porque se quieren aunque sean demasiado orgullosos como para reconocerlo.

Aprovecho el momento de tensión para introducirme en la conversación por curiosidad. Me hago una infusión de té de frambuesa y me siento en la mesa junto a papá y mi hermano. Mamá se sienta en el sofá y agarra el teléfono para responder unas cuantas llamadas de trabajo y cotillear un poco.

—Papá, ¿cuál ha sido el enemigo más duro contra el que has luchado alguna vez?— él alza una ceja ante la pregunta, curioso, sin apartar la mirada de la tele.

—No lo sé. No he peleado precisamente con pocos.

—Bueno, di uno que recuerdes que haya sido especialmente duro.

—Hum… Buu —declara, pero sé que ni siquiera se lo ha pensado bien. Está absorto mirando el boxeo. Le gustan los deportes violentos.

—¿Ese fue el más poderoso de todos?— insisto.

—Sí —el boxeo acaba y papá cambia de canal, pero no ve nada interesante, así que empieza a hacer zapping.

—¿Qué me dices de Cell? —cuestiono.

—Con mi nivel de poder actual, lo habría hecho papilla.

—¿Y ese lagarto al que obedeciste durante años? —papá deja escapar un gruñido gutural. No le gusta recordar esos tiempos pasados.

—Frezzer es escoria.

—Incluso yo podría aplastarle la cabeza ahora si siguiera vivo —dice mi hermano, presumiendo.

—Ya veo… y supongo que Goku es el más fuerte aliado contra el que has combatido alguna vez.

—¡Bah! Es un idiota y solo es cuestión de tiempo que acabe con él— asegura papá.

Me preparo mentalmente para mi siguiente pregunta mientras doy un sorbo al té de frambuesa.

—¿Y… Broly?

La reacción es inmediata y preocupante. Papá deja de pulsar los botones de la tele y se gira para mirarme con una de las expresiones más serias e intimidantes que le he visto jamás. Mi hermano empieza a toser. Se ha atragantado con el café.

—¿De dónde has sacado ese nombre, mocosa? —me pregunta papá.

—Se lo he oído mencionar a Goku y… tenía curiosidad.

—Ese no es un enemigo que puedas situar al mismo nivel que Buu o cualquier otro, Bra— me dice Trunks enseguida, soltando el termo de café sobre la mesa repentinamente pálido— Él está a otro nivel.

—¿Tan fuerte era?

—No es que lo fuera, pero sus posibilidades eran infinitas. Para matarlo no bastó con Kakarotto. Además, volvió a la vida una vez más. Tu hermano también se enfrentó a él en dos ocasiones. Mi padre, el rey Vegeta, lo mandó ejecutar nada más nacer porque su poder era muy superior incluso al de los saiyajins de clase alta. Lo hirieron de muerte siendo un recién nacido, pero pese a ello, sobrevivió. Su ki era tan inmenso que fue capaz de destruir una galaxia entera.

—¿Una galaxia entera?— recuerdo perfectamente sus palabras. Mi padre podía destruir una ciudad con un descuido, pero él con solo escupir podía cargarse una galaxia. Al parecer, no era broma—. Eso es increíble.

—No lo fue para nosotros. Estuvimos a punto de morir y él se mantuvo sin una herida. De no ser porque Kakarotto reunió nuestra energía, nos habría liquidado, y pese a ello, no conseguimos matarle. Vagó por el espacio hasta llegar al planeta Tierra, donde quedó congelado hasta que el inútil de tu hermano y su amigo Goten lo despertaron. Fue un golpe de suerte que consiguieran derrotarlo arrastrándolo hasta el sol.

—Y aunque el sol lo destruyó, regresó por tercera vez convertido en una especie de experimento fallido —añade Trunks— Yo también combatí contra Buu, pero el terror que me provocó Broly no tiene nada que ver con eso. Fue algo mucho peor, y eso que yo solo era un crío.

Con cada palabra mi cuerpo se descompone.

—No solo era fuerte. También era despiadado en grado sumo— siguió contándome mi padre. La tensión podía cortarse con un cuchillo, y entonces supe por qué nunca había oído hablar de este enemigo tan terrorífico. Era tan poderoso, que incluso pronunciar su nombre infundía temor. Y yo lo había revivido—. Antes de aterrizar en este planeta, hice cosas: maté, torturé, destruí… Me habían criado para eso y solo así sobrevivía bajo el mando de Freezer. Creía que no tenía opción y me regodeaba porque mi causa era justificada, pero Broly… Broly tuvo opción, y decidió matar y destruir porque le gustaba. Él solo vivía para eso. He conocido a muchos seres ansiosos de poder a lo largo de mi vida y sé que la psicopatía es algo muy común en ellos, pero Broly…

—Él era más que un psicópata. Estaba completamente loco y obsesionado con Goku —terminó mi hermano.

—¿Por qué con Goku?— pregunté yo.

—Al parecer, tuvieron contacto cuando eran simples recién nacidos, y el llanto de Goku le trastocó el cerebro .—Y yo le había prometido el punto débil de Goku. Si veía que no tenía ni idea, me mataría sin vacilar. A mí, y a todo lo que se interpusiera en su camino—. Estaba tan loco que incluso mató a su padre, aunque bien pensado se lo merecía. Pero lo peor no es eso.

—¿Hay más todavía?— tanteé.

Papá y Trunks guardaron silencio. Mi hermano se concentró en su café, observándolo con la mirada perdida. Sabía muy bien en qué estaba pensando al ver cómo se le erizaba el vello de los brazos.

Papá se levantó de la mesa y se dirigió al frigorífico. Lo abrió y tomó una cerveza que empezó a tragar sin siquiera respirar. Luego aplastó la lata en su puño. Era raro ver a papá beber cerveza o cualquier otra sustancia alcoholizada. El alcohol era algo que repudiaba, no solo porque volviera defectuosas sus defensas, sino por el asqueroso sabor. Solo bebía alcohol cuando algo le alteraba lo suficiente como para querer olvidarlo cuanto antes.

—Lo peor es que todo su poder era innato. Supongo que lo moldeó para controlarlo, pero nunca lo entrenó para aumentarlo. Todo lo que nos mostró era con lo que había nacido. Si estuvo a punto de matarnos sin haber entrenado en su vida no quiero ni imaginarme lo que hubiera sido capaz de hacer si se hubiera perfeccionado. Un año de duro entrenamiento, quizás menos… y habría sido imposible destruirle.

La ropa se me pega al cuerpo. Un sudor frío me recorre la piel al saber, con certeza, lo que he hecho. He condenado no solo al planeta, sino también al universo entero.

Pero todavía puedo ponerle remedio.

—Papá… —lo llamo. Voy a contárselo todo y él sabrá qué hacer. Puedo despedirme de mi futuro, pero al menos el universo no estará en peligro.

—Pero no tienes que preocuparte por eso— me interrumpe mi padre. —Ahora está muerto, totalmente. Nada podría hacerlo volver a la vida, así que no tendrás que enfrentarse nunca a él.

El corazón se me encoge cuando mi padre pasa por mi lado y me acaricia la cabeza, como cuando era pequeña. Mamá me ha contado muchas veces que papá nunca cogió a Trunks, porque él no paraba de llorar al sentir su violento ki. A mí, en cambio, me tenía siempre en sus brazos porque lloraba cuando estaba lejos de él, y mis gritos le molestaban tanto, que nunca me soltaba. O al menos esa es su versión. Mamá dice que no soporta verme llorar.

Y eso es lo que estoy a punto de hacer.

—Me voy a la cama. Mañana empiezo la universidad y… —me levanto de la silla con las piernas temblorosas y corro hacia las escaleras del segundo piso— ¡Buenas noches, Trunks, buenas noches, papi!— y subo corriendo antes de que puedan decirme algo más.

Mientras subo las escaleras oigo la voz meditabunda de papá.

—¿Papi?

—La última vez que te llamó así, te había vuelto a crecer la cola y había soltado una de las lunas artificiales de mamá. Te transformaste en ozaru en mitad del patio y los de Green Peace nos acosaron durante meses exigiendo que te soltáramos en la selva porque un mono de ese tamaño era una especie protegida.

—¡Jum! A ver qué ha hecho ahora.

Mierda. Saben que algo pasa.

Cuando me encierro en mi cuarto solo puedo sudar, temblar y desear mi muerte. Pero soy una Brief, así que la depresión me dura poco tiempo y acabo dando vueltas alrededor de mi habitación con Totoro en brazos, mi peluche con forma de mono. Me sirve de muñeco antiestrés, así que está totalmente destrozado, pero cuando me abrazo a él, siempre fluyen las ideas.

¡Lo tengo!

Entrenaré con Broly durante el tiempo que tarden en recargarse las esferas del dragón, luego invocaré al dragón y desearé que lo mande directamente al infierno de nuevo. Ganaré poder, nadie se dará cuenta de mi error y yo seguiré viva. De acuerdo, el plan tiene lagunas, pero las iré rellenando conforme pase el tiempo.

Lo primero es lo primero: evitar por todos los medios que alguien descubra a Broly… y seguir viva en el trayecto. Sí, buen plan. O al menos, lógico.

Me hecho en la cama, agotada después de semejante día, pero no consigo dormir en toda la noche. Mañana iré a la universidad con unas horribles ojeras, pero por primera vez en mi vida, ese no es uno de mis mayores problemas.