Capítulo 31: Libre

Ya había pasado más de una semana desde el video y el secuestro, por lo que la vida de Hermione, Ron y el resto del mundo seguía en su diaria rutina. Hermione en esa andrajosa cabaña secuestrada, Ron en la casa de sus padres y la prensa por su parte buscando cada mínimo detalle del secuestro para hacerlo aún más polémico de lo que ya era. Por ello mismo, los objetos que más se vendían en esa semana eran revistas, diarios y cualquier medio de comunicación que diera más investigación sobre todo lo que estaba sucediendo minuto a minuto con el secuestro de la famosa modelo de Record Magic.

Las cosas no habían avanzado mucho para la policía de investigaciones. No habían conseguido mucha información del paradero de Hermione. Por lo que se habían dedico a revisar y analizar a fondo cada segundo del video que el secuestrador le había obligado a realizar.

Por otro lado, ajeno a todas las investigaciones y noticias, Ron descansaba en una de las bancas que rodeaban la Madriguera. Observaba en una dirección contraria a la casa, solo con la intención de olvidar. Y estaba tan perdido en esa sensación, que solo se percató de que sus padres estaban ahí cuando le ofrecieron una pequeña bandeja con leche y unas cuantas galletas.

— Están recién preparadas, las hice tripe chocolate como te gustan. — Le dijo su madre. Ron sonrió y le señaló el asiento vacío a su lado para que ambos lo acompañaran.

Su madre se sentó a su derecha y su padre en el asiento de la izquierda. Molly tomó su mano y la apretó con ternura. Él dirigió su mirada hasta ella, pero evadió sus ojos en todo momento.

— Gracias. — Soltó.

— Ronnie cariño, sé qué viniste a visitarnos porque nos necesitabas y querías sentirte acompañado. — Él asintió. — Y es por eso mismo que quiero que me cuentes que es lo que te está haciendo sentir tan culpable.

Ron la miró sorprendido.

— Eres nuestro hijo y siempre te apoyaremos, pase lo que pase. — Confesó Arthur, ofreciéndole su mano. Él la aceptó.

— Así que es cierto eso. — Sonrió divertido. — Las madres siempre perciben ese tipo de cosas.

— Sexto sentido. — Admitió Molly. — y sobre todo, cariño de madre.

— No quería preocuparlos.

— No lo harás. — Intervino su padre. — Solo queremos ayudarte.

— No creo que puedan hacer nada.

— Entonces tal vez sería bueno que confiaras en nosotros y nos contaras.

— ¿Incluso si no hay nada que puedan hacer?

Arthur asintió y Molly suspiró.

Por un momento pensó en mentirles. Decirles que no sucedía nada o inventar una muy buena historia que los hiciera creer una realidad diferente, pero se dio cuenta de que en todo ese tiempo él había sido franco y siempre había dicho todo con la verdad y las cosas habían salido muy bien… Hasta ese momento… Suspiró cansado. No quería hablar de lo que había hecho, porque se sentía más culpable que nunca. Hermione llevaba desaparecida más de una semana y nada se había descubierto de donde podía estar. ¿Qué se suponía que debía hacer él? ¿Sentarse a esperar? ¿Sufrir toda la vida por no haberla encontrado? ¿Dejar el pasado atrás?

— Engañé a Hermione — Soltó de repente. — Lavender llegó a mi departamento y como yo estaba más que ebrio, se aprovechó de la situación.

La expresión en el rostro de Molly le hizo sentirse aún más culpable. Pero ella reconoció esto y su expresión se transformó en una de comprensión que solo ella solía tener con él. Su padre lo observaba preocupado, pero con la mirada de un hombre comprensivo.

— ¿De nuevo esa niñita? — Intervino la señora Weasley. — Creí que ya no tenías problemas con ella.

— Es que eso ya no tiene importancia… lo que me preocupa es como vaya a reaccionar Hermione.

Molly asintió, Arthur entrelazó sus manos.

— Feliz no va a estar — dijo su padre.

— Lo sé, y me siento terrible, pero lo que me importa es intentar conseguir su perdón.

— Tienes que decirle la verdad — Ordenó su madre.

— De eso no hay duda, pero yo que la conozco tan bien… — Tardó en decir lo siguiente, porque era lo que más le dolía. — sé que no me va a perdonar.


Pasadas las siete de la tarde, Dan se disponía a seguir su rutina nuevamente.

Llevaban ya una semana juntos. De modo obligatorio por parte de ella, pero por el lado de Dan… parecía como un niño en una dulcería. Hermione no podía quejarse de que la trata mal, pero el tema principal de todo eso, es que ella estaba SECUESTRADA. No visitando a un amigo, así que los sentimientos no podían ser más que de odio de parte de ella hacia él. En todas las horas del día.

— ¿No te cansarás de esto?

— ¿De qué? — preguntó él despistado. Hermione rodó los ojos.

— De tenerme aquí sufriendo.

— Te dije que tenías que comenzar a acostumbrarte, así que… todo depende de ti no de mí. — ella mostró su expresión más incrédula. — y como sé que te gusta que responda a tus preguntas… no.

Dan no dijo nada más, solo tomó las llaves que estaban sobre una mesa, muy muy lejana a la cama en donde estaba Hermione y luego caminó hasta la puerta. Ese era justo el horario en que iba a alguna parte desconocida para Hermione, a buscar comida para cenar. Pero estaba tan cansada de hacer todos los días lo mismo, de seguir encerrada y sobre todo, sentada en el mismo lugar noche y día, que estaba dispuesta a cumplir el plan que por largos días habían rondado su cabeza. Así que en ese misma instante, antes de que Dan pusiera un pie fuera de la cabaña, comenzó a quejarse.

— ¿Qué te pasa? — Preguntó él preocupado.

— No me siento bien — Mintió. Llevándose la mano que no tenía encadenada al estómago. — ¿Pu…puedes llevarme al baño? Cre… creo que voy a… vomitar.

— Si… claro — Respondió él preocupado.

Caminó con rapidez hasta su lado y sacando las llaves de sus bolsillos soltó la esposa del dosel y mantuvo la de su mano. Con suavidad la ayudó a levantarse, aunque no contaba con que ella prácticamente se caería al pisar el suelo. Todo era falso, pero para su sorpresa le salió más verídico de lo que esperaba. Pensó que posiblemente sería por el deseo de salir de ese lugar.

Y justo cuando Dan se disponía a ayudarla a levantarse, ella tomó un sartén que él había colgado en la "improvisada" cocina y lo golpeó fuertemente en la cabeza. Él chico la miró por unos segundos sorprendido y luego sin mucho que hacer cayó al suelo desmayado.

Entonces Hermione supo que contaba con menos de cinco minutos para alejarse lo máximo posible de la cabaña. Se arrodilló a quitarle las llaves que con tanto recelo Dan cuidaba y rápidamente corrió a la puerta a abrir los candados. Cerró la puerta con llave nuevamente y luego bajó con cuidado los tres escalones que tenía la cabaña. Cuando estuvo con los pies en la tierra, se sorprendió al ver una gigantesca casa justo en frente. Quiso acercarse a ver si era de alguien que pudiera ayudarla, pero temerosa de que Dan pudiera despertarse en cualquier momento decidió alejarse. Comenzó a correr por un pequeño bosque que estaba continuo a la casa, y a medida que se adentraba en él, este se iba haciendo cada vez más tenebroso y oscuro. Pero a ella extrañamente no le causó miedo, puesto que era su único camino a la libertad.


Cuando ya eran pasadas las diez de la noche Harry se recostó finalmente en la cama. Ginny ya estaba sentada a su lado con el pijama puesto y una revista nueva en sus manos. Ella comenzó a quitarle la funda con la cual ahora venían envueltas al momento de enviarlas por correo y la dejó a un lado de la cama. La ojeó rápidamente y luego volvió la vista para verlo a él. Harry le devolvió la mirada con una sonrisa adorable y luego él también tomó algo para leer. Solo que él optó por un libro que Hermione le había regalado hace un par de años atrás y que hace mucho no leía. Abrió la tapa y leyó nuevamente la pequeña dedicatoria que ella le había escrito.

Espero que disfrutes leyendo este libro, como cuando lo hacías de pequeño. Lo encontré hace un tiempo y supe que era el regalo ideal para ti. Sé también que no lees mucho, pero al igual que a mí, te hará bien recordar un poco de tu infancia.

Con cariño, Hermione.

— ¿Es el que te regaló Hermione? — le preguntó Ginny. Él asintió. — ¿Crees que esté bien?

— ¿Él libro o ella? — su esposa ladeó la cabeza divertida. — Espero que sí.

— ¿Crees que mi hermano esté bien? — Harry dudó al responder y la pelirroja lo notó. Conocía muy bien a su esposo como para evadir sus sospechosas actitudes.

— No lo creo.

— ¿Por qué no?

— Acaba de perder a su novia… y mi mejor amiga, por no decir hermana. — ella acercó su mano para entrelazarla en señal de apoyo. — ¿Cómo quieres que esté?

— No me refiero a eso, Harry.

— Entonces no tengo idea de que estás hablando. — Mintió él.

— Mi hermano está actuando de una manera más extraña que de lo habitual, y yo que lo conozco desde que tengo razón, sé que oculta algo.

— ¿Por qué razón crees que yo tendría que saberlo? Apenas conozco a tu hermano desde hace un par de meses, no tenemos la suficiente confianza como para que me cuente algún tema tan personal. — estaba perdido, él no sabía mentir. Era el peor mentiroso de la historia, por eso Ginny siempre sabía cuándo no estaba diciendo la verdad.

— Si sabes algo Harry James Potter que yo no sé, más vale que me lo cuentes ya. — se cruzó de brazos de esa manera tan rígida que a él lo ponía nervioso. — porque si me entero de que sabías algo y no me lo contaste, estarás en serios problemas Potter.

Tragó saliva asustado y cerrando su libro finalmente suspiró rendido.

— Tú hermano va a matarme cuando sepa que te lo conté.

Ginny sonrió. La batalla estaba ganada.


Como todas las noches, sacó el jarrón de leche de la nevera y vertió un poco de su contenido en dos vasos. Luego lo guardó nuevamente en su lugar y le entregó uno de los vasos a su esposo que releía el periódico sentado en la mesa de la cocina.

— Gracias, querida. — dijo él, volviendo a su lectura.

Molly asintió con parsimonia y caminó unos cuantos pasos hasta la ventana que daba vista al patio. Con la taza aún en sus manos, movió un poco la cortina para poder ver con mayor claridad el exterior. Había una persona afuera y ella lo sabía. Suspiró apenada. Ron estaba comenzando a actuar de una manera extraña.

— Arthur, Ron estaba afuera de nuevo.

Su marido la miró con atención y luego desvió su mirada a la ventana.

— ¿Solo? — ella asintió. — Necesita pensar, eso es todo amor.

— Pero… pero ¿por qué a estas horas? Está helando mucho allá afuera.

— Siempre es más fácil pensar en la tranquilidad de la noche.

— Podría hacerlo en su pieza sin prender la luz ¿no crees? — opinaba ella. — Así evitaría pescar algún resfriado.

— Es muy joven aún, el entenderá todas las consecuencias de sus actos.

— No tanto como para… ¡Se sacó los zapatos! ¡Está descalzó, Arthur! — exclamó sorprendida. — ¡Iré a decirle a ese jovencito en este instante que se entre!

— Molly, amor… Ron necesita estar solo. Necesita tiempo para pensar todo lo que ha hecho y todo lo que va a pasar en el futuro por las decisiones que ha tomado. — la señora Weasley se mantuvo quieta escuchándolo, mientras seguía viendo por la ventana a Ron. — nosotros lo educamos bien como para que él sepa lo que está haciendo, ya es grande, él sabrá lo que hace…

— ¿Y si necesita de nuestra ayuda?

— Entonces él vendrá a nosotros.

No estaba muy convencida de ello, pero como entendía que su hijo debía estar sintiéndose más que culpable, hizo caso a las palabras de su marido. Salió de la ventana y volvió la cortina a su lugar. Dejó la puerta trasera entreabierta para que Ron pudiera entrar cuando lo desease y junto a Arthur subió las escaleras dispuesta a descansar otra noche sin saber nada de la novia de su hijo… y futura nuera.


Había caminado más de lo que lo había hecho en toda su vida. Sentía sus pies desnudos pisar todo tipo de cosas, pero evitando tener más miedo del que ya tenía, decidió no pensar en que podría haber pasado sobre algún insecto, reptil o incluso algún esqueleto humano. Probablemente había mucho por lo cual asustarse en ese lugar, porque por más que intentaba acercarse a esa destellante luz al final del camino seguía pareciendo como si estuviera en el mismo lugar. Había caminado mucho, de eso estaba segura y en cada paso que daba sentía que su cuerpo caería y terminaría botada alrededor de piedras, hojas y ramas. Además, se suponía que si seguía ese pequeño caminito en algún momento llegaría a algún lado… pero eso no estaba ocurriendo así que comenzó a asustarse. Parpadeó un par de veces más para confirmar que no estaba soñando y se apoyó en un árbol húmedo. Suspiró. De seguro Dan estaría por ahí buscándola con algún arma, dispuesto a dispararle si eso era necesario para hacerla detenerse.

Pensó en las posibilidades de escaparse de ese lugar, y entendió que eran mínimas. ¿Por qué sentía que había caminado en círculos todo ese tiempo? Tal vez el lugar estaba cercado y ella creyendo que había encontrado una salida seguía rodeándolo hora tras hora. El miedo aumentó. Nunca saldría de ahí. Dan se lo había dicho muchas veces, incluyendo que ese lugar no tenía ninguna salida para ella. Ahora sí que realmente estaba perdida. Dan la mataría. Lo haría sin temor, porque ella había tenido el valor de darle con un sartén en la cabeza y tratar luego de escapar. La mataría, de eso no había duda. Tembló desesperada. ¿Qué iba a hacer para salir de ahí?

— ¡VEN AQUÍ HERMIONE! ¡NO PUEDES ESCAPAR! ¡CUANDO TE ENCUENTRE YA VERÁS! ¡NADIE PODRÁ SEPARARTE DE MÍ! ¡NADIE! — Gritaba él.

Dio un respingo asustada y se separó rápidamente del árbol. Debía seguir corriendo si quería salvarse de ese loco. La voz de Dan se sentía cada vez más cerca. Comenzó nuevamente a correr, pera esta vez con un ligero dolor en su tobillo derecho. Por la adrenalina seguramente no sentía mayor dolor, pero estaba consiente que apenas lograra tomar un descanso, su pie ya no le permitiría correr más. Así que dispuesta a alejarse lo más posible y recorrer lo máximo del interminable camino, corrió con mayor rapidez.

— ¡¿DÓNDE TE METISTE DESGRACIADA?! ¡VEN AQUÍ! ¡NO TIENES DONDE ESCAPAR! — Seguía vociferando él.

Trató de hacer el menor ruido al correr, porque si llegaba a caerse o botar algo, podría mostrarle claramente donde estaba. Hizo unos cuantos giros en su camino para poder avanzar con rapidez por sobre los troncos caídos, pero le era imposible hacerlo más rápido, ya que nunca había sido muy buena deportista y precisamente esa noche no planeaba convertirse en una.


Y ahí, en la oscuridad, se comenzó a sentir diferente. El caminar por el pasto mojado del frio de la noche, estaba surtiendo un buen efecto en él. Era mejor que un relajante masaje en su adolorida espalda, mucho mejor que comerse un chocolate entero él solo y sobre todo mucho mejor que las estúpidas y falsas palabras de aliento de su mayor enemigo.

Cerró los ojos, inspiró y luego los volvió a abrir. Siguió caminando por el sendero de flores y pasto. No tenía miedo de pisar nada, ni de ser picado por algún insecto, porque el solo seguir concibiendo esa sensación de tranquilidad que hace días no lograba sentir lo estaba llevando más alto que las estrellas.

Nunca se había detenido a observar ese gran bosque que estaba a unos cuantos metros de su casa. No le tenía miedo pero tampoco parecía muy de su agrado. Sin embargo, algo en su interior le dijo que era una buena dirección. Volvió su mirada a su casa para comprobar que sus padres no lo estaban buscando desesperadamente como cuando era un niño y luego siguió caminando. A pesar de la poca luz que rodeaba él lugar, le pareció percibir algunas luciérnagas guiándolo al interior de ese oscuro bosque.

Como nunca, meditó una vez más lo que estaba haciendo y sin más dudas comenzó a adentrarse en la inmensa cantidad de árboles y troncos secos. El lugar parecía tranquilo porque no se escuchaban más que los grillos rodear las matas de pasto y sus suaves pisadas. Aunque de pronto, el silencio y tranquilidad pareció desaparecer. Unos fuertes gritos provenientes del lugar lo hicieron estremecerse. Era un llanto desgarrador que pedía a gritos ayuda.

Respiró con dificultad. Sentía poco a poco una extraña fuerza recorrer su cuerpo. Una especie de fuerza que lo invitaba a ir en ayuda de esa triste alma desolada. Y sin pensarlo mucho así lo hizo. Se calzó rápidamente las zapatillas y corrió bosque adentro. Como solo llevaba una pequeña linterna en su mano, apenas veía donde pisaba y justo a tiempo para no estrellarse con ningún tronco de árbol.

A medida que iba entrando en la oscuridad, los gritos se hacían cada vez más fuertes y cercanos y fue ahí cuando comenzó a pensar en lo que tal vez llegaría a ver. Tal vez alguna mujer que se había herido con algo o que había sido herida por algún animal salvaje o algo similar. Entonces se preguntó a si mismo que haría si tenía que defenderse. La respuesta llegó rápidamente a su mente; debía encontrar alguna rama para poder contraatacar.

Iba pensando ese tipo de cosas cuando de repente se estrelló contra alguien que por sus rápidos reflejos masculinos no llegó a caer al suelo estrepitosamente.

— ¡Mierda! — Exclamó sollozando. Ron pudo percibir que era una mujer y que llevaba una ligera camisa que suponía debía cubrirla, pero que en esos momentos lo único que hacía era apegarse a su cuerpo por el sudor o lo que fuera que cubría su cuerpo.

Ella no intentó alejarse. Por el contrario, se aferró a su camisa con desesperación. Y él entre tanta sorpresa. Supo quién era aquella indefensa mujer que se apega a él con fuerza. Ron sintió que su mundo se venía abajo y a los pocos segundos volvía a su lugar, llevándolo al lugar más bello que se pudiera imaginar. Esa chica no era nadie más que…

— Her-her… ¿Hermione? — Preguntó sorprendido.

Y entonces ella en la oscuridad lo observó preocupada. Ese hombre tenía la misma voz que…

— ¡RON! — Gritó sin recordar que Dan aún la andaba buscando por ahí. — ¡Ron! ¡Ron amor! ¡Ron!

El pelirrojo la estrechó entre sus brazos. Esa mujer indefensa era Hermione. Su Hermione. La misma. Sana y salva. Bueno… entre lo que se podía decir sana.

— ¡Mi amor! ¡Hermione! — Exclamó él, lleno de felicidad. — ¡Dios santo! ¡E-eres tú!

La castaña comenzó a sollozar con tanta fuerza que el propio cuerpo de Ron comenzaba a temblar. Después de tanto tiempo separados. Después de tanto sufrimiento… ella estaba ahí nuevamente junto a él. No en la mejor situación, pero al menos estaba ahí… junto a él… viva.

— Y-yo… — Trató de hablar ella, pero no podía articular ninguna palabra.

— Tranquila, todo está bien. Ya estoy aquí. No pasa nada.

Por más feliz que se encontraba Hermione. Comenzó a pasar por su mente nuevamente el recuerdo de Dan con una expresión aterradora siguiéndola. Se estremeció con fuerza. Ron lo percibió y la alejó tan solo unos centímetros para poder mirarla a los ojos después de tanto tiempo. Para él no había nada malo ya… pero para ella, ese era el comienzo del sufrimiento. Si no hacían algo, Dan los pillaría juntos y los mataría sin rencor alguno. De eso estaba segura.

— Mi amor… — dijo él.

Ella intentó sonreír, pero su mandíbula tembló al escuchar que alguien se acercaba gritando..

— ¡¿DÓNDE MIERDA TE METISTE MALDITA PUTA?! — Escucharon. — ¡MÁS TE VALE QUE VUELVAS AQUÍ AHORA! ¡HERMIOOOOOONEEEEE!

Hermione soltó un gritito ahogado y asustada se acercó aún más a Ron. Él abrió los ojos enfurecido. Fue entonces cuando la castaña supo que su novio iría en busca de Dan.

— ¡No! — Exclamó en un susurró. — Es demasiado peligroso. ¡Dan está armado!

— ¡Me importa un maldito rábano, ese imbécil se las va a ver conmigo por todo lo que hizo! — Respondió él e iba a seguir caminando cuando sintió como la mano de Hermione tomaba su brazo y lo detenía.

— No lo hagas, de-debemos escapar… ahora. — Ron iba a negarse nuevamente, pero ella lo interrumpió. — Si quieres que yo pueda irme contigo, debes... debemos escapar ya.

— Pero…

— Tú decides.

A pesar de que apenas podía distinguirla en la oscuridad, percibió la expresión desesperada de Hermione y supo inmediatamente que ella tenía razón. Debían escapar en ese mismo instante si no querían sufrir las consecuencias de un hombre desesperado por encontrar a su rehén.

— Ya tendré la oportunidad de hacerle pagar por lo que hizo. — Murmuró, más para sí mismo, casi como si fuera un pensamiento o un objetivo.

Tomó la mano de Hermione con fuerza y juntos comenzaron a correr. Él la guió en todo el camino, tratando de recorrer el mismo trayecto que había hecho al entrar en ese horrible bosque. Pero casi sentía que lo había olvidado…

— ¿Co-cómo me encontraste? — preguntó ella de repente, en el momento en que se detuvieron para tomar un ligero descanso. — O mejor… dicho… ¿Qué hacías por este lugar?

— La madriguera queda muy cerca de aquí. — respondió él. Hermione abrió los ojos sorprendida. Ron la percibió ahora que había un poco más de luz.

— Eso no… ¿es enserio o solo lo dices para tranquilizarme? — se sentía más paranoica que nunca.

— Mira hacia allá — Le señaló con su mano en dirección de dónde provenía la luz y el ligero humo que salía de una especie de chimenea. — Salí a caminar para… ¡ya ni recuerdo porque! ¿Estás bien? ¡Mierda! Ni siquiera te he preguntado… ¡Dios! Es que estoy tan sorprendido… no esperaba que… tú estás… ¡Mierda! — exclamó sin saber que decir.

— Tranquilo… ahora ya estoy bien. — Masculló con un hilo de voz. — Es…estoy bien…

Lo siguiente que Ron sintió, fue como el cuerpo de Hermione caía estrepitosamente al suelo. Él se había girado para ver en la dirección que habían escapado y no se había percatado que el rostro de Hermione se ponía pálido y que sus ojos de un momento a otro se nublaban.

— ¡Hermione! — exclamó con fuerza, sin darse cuenta de que Dan estaba cada vez más cerca de ellos, pero que a pesar de todo no había alcanzado a escuchar. — ¡Oh dios santo! Hermione, amor despierta… no podemos… despierta, por favor, despierta. — se llevó ambas manos al rostro desesperado. Nunca había pasado por algo así y podía sentir que sus fuerzas lo estaban abandonando. Era demasiada presión, impresión y desesperación la que estaba sintiendo. ¿Qué iba a hacer si a ella le pasaba algo. Solo debía estar desmayada por la impresión. Sí, eso debía ser… — Por favor, por favor. Has que se despierte, prometo que haré lo que quieras, pero por favor ayúdame — suplicó dirigiendo su mirada al cielo. — ¡Oh dios! ¿Qué voy a hacer? Hermione… despierta…por fa… — de pronto se quedó en silencio. El resonar de unos pasos acercándose cada vez más le hizo recordar que no se encontraban solos en ese lugar.

— ¿Dónde estás maldita? ¡¿DÓNDE MIERDA TE METISTE?! ¡VUELVEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE AHORA! — Vociferó acercándose. — ¡NO TE HARÉ NADA SI REGRESAS! ¡TE LO PROMETO! ¡NO HAY LUGAR DONDE ESCAPAR, SERÁ MEJOR QUE VUELVAS O TERMINARÁS MURIENDOTE EN ESTE HORRIBLE BOSQUE! — Esperó a ver si recibía respuesta, pero no hubo más señal de vida que los grillos rodeando las plantas. — ¡TENDRÁS QUE ESPERAR SOLO PARA QUE LOS ANIMALES TE DEBOREN ENTERA! ¡EN UN SOLO DÍA SERÁS ALIMENTO DE LOBOS, OSOS Y TODAS ESAS PORQUERÍAS DE ANIMALES QUE VIVEN AQUÍ!

Ron contuvo el aliento. Dan estaba pasando precisamente en ese segundo por detrás del árbol en que ellos se encontraban escondidos. Él pelirrojo observó al hombre con atención, ya que se había comenzado a acostumbrar a la oscuridad. El doctor iba calzado con unas botas de agua, una chaqueta y un gran rifle en sus manos. Además, tenía un sobrero que a su vez tenía una pequeña linterna que le permitía tener perfecta visión del camino. Aunque solo lo hacía en línea recta, creyendo haber encontrado la dirección por la cual creía Hermione se había escapado. Pero a medida que siguió avanzando pensó en que ella no podría llegar tan lejos si apenas tenía una camisa y ni si quiera llevaba zapatos y a juzgar por la aspereza del lugar ya habría caído al suelo, cosa por la cual el ya la habría encontrado. Eso era lo más lógico. Giró confirmando que ella no había ido más lejos, y volvió por el mismo camino que había tomado para salir en su búsqueda.

— ¡MALDITAAAAAAAAAAAAA! — gritó con ferocidad. — ¡YA VERÁS CUANDO TE ENCUENTRE MALAGRADECIDA! ¡NO VOLVERÁS A VER LA LUZ NUNCA MÁS EN TU VIDA!

El cuerpo de Ron tembló. Jamás había visto o escuchado a un hombre tan enfurecido, le resultaba sorprendentemente aterrador el solo pensar que Hermione hubiera seguido siendo prisionera de ese loco… ¡Hermione! Volvió su mirada a la chica, un tanto más tranquilo, sensación que desapareció rápidamente, porque el solo verla ahí sin sensación de vida, le partió el corazón. No sabía qué diablos hacer, porque jamás había llegado a estar en una situación ni remotamente parecida… y que su novia estuviera ahí desmayada no ayudaba mucho. Ella habría sabido que hacer en ese momento y él como un completo idiota estaba arruinándolo todo. Ya lo había arruinado y lo sabía. Y lo arruinaría aún más cuando le contara la verdad.

Cerró los ojos con desesperación y cuando los volvió a abrir dejó caer unas lágrimas, que jamás habría podido explicar que sentimiento le generaban. Se limpió el rostro con una mano y miró por última vez hasta que Dan hubiera desaparecido de su vista. Se arrodilló con rapidez y tomó el cuerpo desmayado de su novia en sus brazos. Tomó la linterna con dificultad y finalmente comenzó a caminar… a trotar… a correr, con ella en brazos.

El poco camino que faltaba para llegar a casa se le hizo más largo que nunca. Sentía que cada paso que daba no era más que un milímetro, como si estuviera caminando sobre una de esas máquinas de ejercicios con una cinta que solo avanzaba en el mismo lugar. Pero se convenció de que todo eso era real, cuando se vió por fin saliendo del bosque, y reconociendo su casa cada vez más cerca. Así que apenas llegó a la reja que separaba su casa del bosque corrió con mayor fuerza. Y solo cuando le quedaban centímetros de abrir la puerta sonrió entre lágrimas.


Como ya eran pasadas las diez de la noche, su turno prácticamente había terminado. Así que dándose una última vuelta por todos sus pacientes, caminó de regreso a la sala de personal para tomar sus cosas. Se sacó el delantal y pasó su cartera por su brazo hasta ubicarla justo a la altura del hombro.

— Buenas noches Daisy — se despidió con sinceridad. — todo parece tranquilo así que no creo que tengamos problemas esta noche.

— Sí, así parece — concordó la mujer de delantal. — que tengas una buena noche Luna. — se despidió, aunque recordó que debía preguntarle algo. — ¡Apropósito! ¿A qué hora tienes turno mañana?

— Cerca de las cinco de la tarde… ¿por qué?

— Escuché que el jefe vendría a hablar con las enfermeras, de un problema con un paciente que habían decidido desconectarlo y… bueno algo así. ¿Crees que puedas llegar una hora antes? Así él verá que te preocupas… tu sabes, es bueno tener la confianza de él.

— Sí, lo sé. Supongo que si podré perder una hora, después de todo no tengo nada más que hacer.

— Es la triste historia de los funcionarios médicos. — opinó la chica.

Luna no dijo nada. A pesar de todo eso, ella era feliz. Muy feliz. Porque a pesar de que ella no estaba en la zona de emergencia para salvar una vida, cumplía la misma función cuidando de aquellos a los cuales ya no se les tenía esperanza.

— Nos vemos entonces, adiós — la chica asintió y repitió su despedida.

La rubia por su parte se despidió con una última señal y luego caminó por el largo pasillo que le permitía llegar al ascensor y descender de nivel. Pero a medida que avanzaba iba observando por los vidrios a todos los pacientes recostados en su camas como si estuvieran descansando de la mejor manera. Pero la verdad era otra, y a pesar de que hubiera preferido ser realista, pensó nuevamente en que esas personas solo habían decidido tomar un larguísimo descanso de la vida.

E iba pasando por las penúltimas habitaciones, cuando se sorprendió de lo que vió. No podía ser. Ese hombre se había movido. Ella lo había visto. Abrió los ojos como plato más que sorprendida y parpadeó unas cuantas veces para reconocer que no se había vuelto loca. Pero ahí estaba de nuevo. Se había movido. Había reaccionado por un mínimo instante. Caminó el poco espacio que la separaba de la puerta y la abrió rápidamente. Luego encendió la luz y finalmente se acercó lo máximo posible a la cama. Observó al hombre que sin duda había cambiado su posición e inesperadamente le tomó la mano. Se la acarició con lentitud esperando alguna mínima respuesta que la hiciera creer que eso era real y que había una posibilidad de hacer feliz a una familia.

Pero por más que esperó, tocó su mano y su rostro, no consiguió más respuestas. Tal vez todo había sido un deseo de su corazón. Porque ella había estado suplicando toda esa semana para que la hija de ese hombre apareciera. Para que toda esa trágica pesadilla terminara y la pequeña Granger volviera a ver a su padre. Pero las cosas no siempre podían ser como la gente las deseaba.

Sonrió tristemente y se puso de pie de la cama. Pero antes de salir de la habitación miró a David Granger y luego desvió su atención a la fotografía que estaba en la mesita a un lado de su cama.

— Su hija lo necesita, y créame que ahora más que nunca. — sonrió tontamente observando el suelo y luego volvió la vista al hombre. — sería maravilloso que usted la viera apenas apareciera ¿no? ¿Se imagina lo feliz que ella estaría luego de pasar por algo como eso? — suspiró. — Piénselo, haría feliz a más de una persona… — tomó la manilla de la puerta sintiéndose como si no pudiera salir de esa habitación, para mantener la esperanza de que el padre de la modelo llegara a despertar. — Buenas noches señor Granger… ¡ah! Y dele mis saludos a su esposa.

El silencio en la habitación se volvió a hacer presente, como lo hacía todas las noches.


— ¡AYUDA! ¡MAMÁ! ¡PAPÁ! ¡AYUDENME! — Gritó ya sin fuerzas. Caminó lo suficiente como para llegar al sillón más cercano, y una vez ahí depositó con suma delicadeza a Hermione, que seguía perdida. — ¡AYUDAAAA! ¡POR FAVOR AYUDENME!

Ron se derrumbó de rodillas frente a ella, tomándole sus manos con desesperación. Hermione no parecía estar mejorando, su rostro estaba palideciendo de una manera muy rápida y eso lo tenía desesperado. Se acercó a su rostro y le acarició las mejillas con tanta delicadeza como si estuviera tomando el vidrio más delgado del mundo. Temía lastimarla más de lo que ya estaba.

— ¿Qué sucede Ron? ¿Por qué gritas tanto? — preguntaba Molly asustada, bajando lo más rápido que sus pies avejentados se lo permitían. Arthur bajaba detrás de ella. — ¿Qué te…?

La pregunta quedó en el aire, porque la expresión de desconcierto y sorpresa de Molly y su marido fueron lo más aterrador que Ron había visto. Veía la sorpresa y el miedo en el rostro de sus padres; definitivamente eso no lo ayudaba a perder un poco el temor que él mismo tenía. Ellos se acercaron rápidamente al lugar en que estaban Ron y Hermione y los observaron aún más pasmados.

— Por favor… ayúdenme… no sé qué hacer… ella está mal… muy mal. — lloraba el pelirrojo desolado.

— Pero… Ron… ¿Cómo…? — masculló Molly aún sorprendida. — ¿Cómo la encontraste?

— Entre a ese bosque que está aquí afuera y empecé a adentrarme cada vez más en él… hasta que… hasta que ella chocó conmigo cuando venía escapando de… de ese tipo y arrancamos… y ella se desmayó… y luego yo… yo no sé qué hacer… ¡por favor hagan algo!

Arthur que parecía ser el único cuerdo en ese lugar, corrió rápidamente a buscar el teléfono. Marcó el número de emergencias y respondió con tranquilidad a las preguntas que le hicieron. Luego colgó y volvió al salón en donde estaban Ron y Molly. Cuando llegó, percibió como su mujer intentaba reanimar a la chica de diferentes maneras, mientras Ron trataba torpemente de cubrirla con un par de sus pantalones.

— Ron — lo llamó su madre. — Hermione no… no está reaccionando…


Siento mucho nuevamente la demora, pero estoy haciendo lo que puedo. Espero que sigan leyendo la historia porque este es solo el comienzo y ustedes lo saben. Así que muchas gracias por todo su apoyo y nos vemos pronto. Si está en mis manos… el martes, pero si no… pronto :)

Cariños a todos… ¡Bye!