N.A. ¡Gracias por los rewiens! Aquí hay un nuevo capítulo reeditado, espero que os guste. ¡Acepto críticas constructivas!

CAPÍTULO REEDITADO

Capítulo 3

Inestabilidad

Día 1.

El nuevo día que amanecía no podía ser peor. No solo había entrado en la universidad por vez primera con la incertidumbre y el temor de quien no sabe qué va a ocurrir, sino que lo hacía con unas ojeras horribles, el pelo crespo y la mirada perdida. No había pegado ojo en toda la noche y no había podido combinar bien mi ropa por falta de concentración, de manera que mi aspecto era poco menos que deplorable. ¡Yo, que siempre iba arreglada cuando salía de casa! Puesto que mis notas no eran nada del otro mundo y tampoco mi condición física, aunque sí muy superior a la humana, por lo menos quería ser perfecta en lo que a físico se refería.

¡Pero me he cargado mi primer día! O más bien, se lo han cargado.

Nada más entrar en la universidad, los grupos están claros. Es increíble que en la universidad todavía haya esta clase de divisiones, pero las hay, y yo suspiro resignada, porque me toca codearme con las chicas ricas sin un ápice de conversación. Sin embargo, hoy estoy de todo menos habladora, así que decido meterme en algún grupo cuando mi incertidumbre desaparezca. Me siento al final de la clase, al lado de un par de chicos y clavo la mirada en la ventana.

¿Sabrá que estoy aquí? ¿Y si no lo sabe y empieza a destruir la ciudad? ¿Y si ha ido a por Goku ignorando nuestro trato? Al fin y al cabo, está loco. Es un psicópata, como dijo papá. Me duele el estómago por los nervios. De todas formas estoy contenta dentro de lo que cabe, porque he comprado una grabadora nueva para grabar mi desarrollo durante el entrenamiento.

Una chica con unas enormes gafas y un pelo rubio con mechas rosas se sienta a mi lado y me sonríe. Yo le devuelvo el gesto por pura educación y sigo mirando por la ventana hasta que oigo el —Buenos días— del profesor. Cuando miro la pizarra y me encuentro con el que será mi tutor por el resto del curso, no puedo evitar golpear la cabeza contra mi mesa. Tiene que ser Gohan. ¡Precisamente él! Las chicas que me rodean parecen estar encantadas, pero yo soy la única que suspira al saber que me vigilará especialmente por tener un vínculo tan estrecho con mi familia. Es decir, a la menor caída de notas, mamá se me echará encima, y conociendo a Gohan, no tendré más remedio que aceptar clases particulares junto a Pan.

Las cosas ya no pueden ser peor.

—Eh— me llama la chica de pelo teñido con voz baja. —Tú eres la heredera de la Corporación Capsula, ¿verdad?

Antes de volverme hacia ella, pongo los ojos en blanco y luego sonrío.

—Me llamo Bra Brief, ¿y tú?— la saludo sin responder a su pregunta; no soporto que me conozcan por el imperio financiero de mi madre. La chica se pone colorada y sus ojos brillan. De repente, veo como saca una cámara de fotos profesional y me apunta con ella.

—¿Me dejas que te haga una foto? Soy una gran admiradora de tu madre y no podía sentirme más honrada de conocerte. ¿Puedo hacerte una foto? Sí, ¿verdad? Eres una chica tan guapa…— antes de que pueda decir nada, me empieza a hacer fotos sin flash. Con la cara desencajada me giro hacia la derecha y encuentro a un humano haciéndome gestos, que si bien cree que son seductores, a mi me parecen obscenos.

Entre la fanática que no para de hacerme fotos y el chico de las gesticulaciones, decido mirar hacia delante y concentrarme en Gohan. Mientras explica las cosas básicas sobre la universidad, las tutorías y demás, nuestros ojos se cruzan y él me sonríe a modo de saludo.

¡Argg! Definitivamente, el día ya no puede ir a peor.

—¡Ah!— deja escapar un gritito la chica de las fotografías. Por fin ha dejado de sacar fotos y ahora observa la ventana con sorpresa. Cuando sigo la dirección de su mirada, lo que veo me deja de piedra.

Broly está ahí. Está levitando boca abajo, con las piernas hacia arriba, cruzado de brazos y taladrándome con la mirada. Por primera vez le veo la cola, agitándose en el aire. Está justo frente a la ventana, de modo que cualquiera puede verle si se gira un poco.

Incluso Gohan.

Cuando la chica de mi lado intenta hacerle una foto, yo la obligo a bajar la cámara y niego con la cabeza. Ella me respeta, aunque no le hace mucha gracia.

Antes de percatarme de con quién estoy intentando comunicarme, ya le he hecho un brusco gesto a Broly para que desaparezca. Él frunce el ceño y cruje los nudillos. Me dice que salga ahora con un movimiento de cabeza y yo me niego con la máxima delicadeza de la que soy capaz. No puedo evitar mirar hacia delante. Por suerte, Gohan está escribiendo algo en la pizarra de espalda a nosotros y no lo ha visto, pero Broly a él sí, y por la cara de perro rabioso que está poniendo, diría que lo recuerda perfectamente.

Alza un brazo y lo apunta, cargando energía. Piensa disparar a matar, y yo no pienso antes de actuar. Sin más, agarro mi bolso y lo lanzo a través de la ventana mientras un gran —¡NO!— emerge desde las profundidades de mi garganta.

Obviamente, no le doy. Él lo esquiva antes de que le roce siquiera, pero por lo menos parece reaccionar y agitarse, aunque sea para amenazarme con un puño en alto y alzar el vuelo lejos de la vista de Gohan.

Suspiro. Entonces me doy cuenta de que todo el mundo se ha dado la vuelta y me mira con expresiones indescifrables, incluido Gohan.

No sé qué decir, solo noto los colores subírseme a las mejillas.

—¡Profesor, creo que Bra necesita salir para que le dé el aire!— salta de repente la chica de la cámara. —Acaba de decirme que no se encuentra muy bien, ¿verdad que sí?— la miro. Creo que intenta salvarme el pellejo y lo agradezco mentalmente. Ni siquiera le pido permiso a Gohan, que pese a ello me lo da sin rechistar. Poniendo mala cara empiezo a arrastrarme fuera de la sala seguida por la chica rara. —¡Yo la llevaré a la enfermería, profesor, no se preocupe!— dice la chica.

Antes de cerrar la puerta veo que la expresión apacible de Gohan ha cambiado para volverse fiera y amenazadora. Ninguno de sus alumnos parece darse cuenta, pero su ki ha aumentado y se gira hacia la ventana de manera instintiva. Está claro que ha sentido la energía de Broly, o al menos ha sentido un poderoso ki demasiado cerca de él. No parece haberlo reconocido, pues sospecho que de ser así, ya estaría buscándolo para liquidarlo.

Cuando la puerta solo me deja ver una pequeña rendija del interior de la clase, veo que Gohan recupera su actitud amable a duras penas.

Sospecha.

Suspiro otra vez, con el corazón latiéndome a cien.

—¿Quién era ese?— me pregunta la chica con ilusión. —¿Era tu novio? ¡Sí, lo era! Podía volar y yo siempre he querido aprender a volar. ¿Tú sabes volar o solo tu novio puede? ¡Ah! ¡No me digas que es de las Fuerzas Especiales de la Tierra! ¡No, mejor aún, uno de esos guerreros dorados! Es toda una exclusiva. ¡La hija de Bulma Brief saliendo con uno de los guerreros dorados!— grita a voz en vivo mientras me hace fotos a diestro y siniestro. Da tantas vueltas a mi alrededor, que no me deja avanzar hasta la salida. —¡Vamos, sonríe! ¡Esto saldrá en el periódico de la universidad, y luego de la capital! ¿Podrías pedirle a tu novio que posara también? ¡O mejor aún! ¿Podrías decirle a tu madre que me conceda una entrevista?

—Pero… ¿qué estás…? ¡Deja de hacerme fotos ahora mismo!— grito, y ella para. Normalmente no suelo gritar así delante de los humanos, pero la chica me está sacando de quicio. —En primer lugar, no era mi novio. En segundo lugar, no tienes derecho a hacerme fotos, y en tercer lugar, ¡a ti no te importa!

—¿El qué no me importa? Porque sea lo que sea sí que me importa, y mucho. Dime, ¿quién era el misterioso hombre que…?

—¡Aarrgg!— trono, y perdiendo la paciencia, no puedo evitar empujarla a un lado para correr hacia la salida. —¡Déjame en paz, pesada!— grito, y nada más poner un pie fuera, alzo el vuelo y voy en busca de mi bolso. Detrás de mi oigo sus gritos de admiración.

—¡Lo sabía, puedes volar! ¡Me llamo Peach y espero volver a verte muy pronto!

Humanos… insoportables.

Pero no puede ser peor que lo que me espera.

Vuelo bajo en busca del bolso y cuando lo recupero alzo el vuelo teniendo especial cuidado en pasar desapercibida para Gohan. Mal empezamos. Acabo de empezar la universidad y ya he faltado a la primera clase. Sin embargo, mantenerme con vida es más importante ahora mismo, y también mantener oculto al enemigo mortal que he resucitado sin querer.

Lo busco desde el tejado de la universidad, lejos de miradas curiosas, pero no lo encuentro por ninguna parte. Finalmente, decido resignarme y volver a clase. Entonces mi estómago se contrae en una dolorosísima sacudida y salgo disparada por el aire en un vuelo descontrolado.

—¡Empieza a pelear, medio humana!— oigo gritar, pero no logro reaccionar.

Es la primera vez que alguien me pega un puñetazo en el estómago, y ha sido doloroso. Muy doloroso. Cuando consigo estabilizarme a duras penas con la mano en el vientre y lo miro mientras se carcajea por mi sufrimiento, siento una rabia creciente que me posee por completo y, sin más, voy a por él con el puño en alto.

No es ninguna sorpresa que ni siquiera logre rozarle y me mande lejos de un par de patadas y un nuevo puñetazo en la cara que me deja un claro sabor a sangre en la boca. Todo ocurre tan deprisa que ni siquiera sé dónde estoy antes de que ocurra. Me pregunto si para mi hermano y los demás todo pasará siempre tan rápido durante las batallas, desorientándolos por completo.

Me ha cogido la cabeza y me arrastra por el cielo a tanta velocidad, que cuando me suelta y me lanza brutalmente contra el suelo, caigo en una zona árida y desértica, atravesando los escasos árboles que me rodean. Intento detener mi avance cuando logro orientarme y pongo los pies por delante, levantando una nube de arena a mi paso. El golpe ha sido tan grande, que la tierra se ha levantado y el agua, escondida dentro de las tuberías que van desde la presa hasta la capital, sale disparada hacia la superficie formando una pequeña laguna en cuestión de segundos. Me duele la cabeza, muchísimo. No hay duda de que he golpeado la tubería con ella. Cuando me rozo la frente con los dedos, veo la sangre y siento el ojo entumecido. Me duele todo el cuerpo horrores.

Cuando la sangre caliente me llega hasta los labios, sé que nunca me he sentido tan viva, y sonrío. Ahí está mi herencia paterna, la que tanta falta me hacía. Broly aterriza sobre una roca con los brazos cruzados. Ahora sé que esas expresiones que me parecían tan dementes no son de locura, sino de diversión e interés. Por primera vez en mi vida, me olvido de mi ropa destrozada o el aspecto que puedo tener. Lanzo el bolso lejos y me sumerjo en el instintivo caos de la batalla.

No hace falta describir que Broly me da la paliza de mi vida, sin remilgos ni delicadeza, a lo que me han acostumbrado desde pequeña. Soy una chica, y según mamá, a las chicas hay que tratarlas bien y con mucha sensibilidad. ¡A la mierda con eso! No sé durante cuánto tiempo he estado volando, intentando esquivar golpes y recibiéndolos sin posibilidad de dar ninguno, pero cuando caigo rendida sobre la tierra con los brazos estirados, incapaz de levantarme y con la ropa destrozada, el sol está encima de mi cabeza.

Estoy sangrando por todas partes y todo el cuerpo me duele. Ni siquiera puedo levantarme. Broly camina lentamente hasta mí crujiéndose los nudillos. Me agarra una pierna y me levanta hasta que mi cuerpo deja de tocar el suelo. Entonces, de repente se pone serio y me suelta. Caigo de nuevo como un saco de patatas.

—Se acabó— declara. Da media vuelta y empieza a andar.

—¿Ya está?— pregunto. No quiero recibir más golpes por hoy, pero su actitud, tan desinteresada de repente, me sorprende. Me levanto a duras penas y escupo la sangre a un lado. Me tambaleo. —¿Así, sin más?

—Tengo hambre— es su única respuesta. Me mira de reojo con un claro ápice de advertencia. —Búscate tu propia comida y no te acerques a la mía.

Entonces se esfuma volando, y yo me quedo sola y destrozada pensando en cómo volver a casa sin que mis padres se den cuenta de que alguien me ha agredido. Sería demasiado obvio, pues solo un saiyajin o alguna clase de androide o monstruo alienígena sería capaz de darme una paliza Además, sé que está siendo delicado a su manera. De no serlo, me habría matado. Ni siquiera ha usado ki, solo golpes físicos que, ya de por sí, ha reprimido para no romperme los huesos. La razón es clara. Me necesita viva.

Pensando en ello, me quedo dormida.

Por increíble que parezca, no le tengo miedo. Antes estaba aterrorizada, pero mi parte guerrera ha nacido con tanta fuerza, que lo único en lo que puedo pensar es en lo fuerte que me haré si sigo por este camino. Por supuesto, no me olvido de que debo matar a Broly en cuanto tenga la oportunidad de hacerlo.

Cuando abro los ojos, son las seis de la tarde y está empezando a anochecer. Hubiera seguido durmiendo de no ser por los bufidos animales que oigo cerca de la laguna recién formada por las tuberías rotas. Broly está allí, sentado con las piernas cruzadas mientras devora un gran pedazo de carne animal. Mis tripas se revuelven al comprender que está comiendo algo crudo, recién cazado, como los auténticos animales. Tiene la boca manchada de sangre y me entran ganas de vomitar.

Cuando termina, lanza los huesos lejos y hunde la cabeza en el agua que corre sin parar, limpiándose la sangre de los labios y restregándose la boca con el antebrazo.

—Eso es asqueroso— murmuro con una arcada trepando hasta mi garganta. —Eres un caníbal, ¿lo sabías?

—Déjame, medio humana.

—Todavía tienes restos en los dientes. ¿Es que no te los lavas?

Me mira y alza la cabeza con aparente indignación por la pregunta.

—¿Qué pasaría si no lo hiciera?— cuestiona.

—Que se te caerían y no podrías comer alimentos sólidos.

—¡Ja!— se queda callado. Luego se da media vuelta y parece pensárselo antes de hundir la cabeza en el agua una vez más. Dándome la espalda para que no lo vea, se restriega los dientes con los dedos para intentar limpiarse los restos.

Tiene un pelo bastante largo y erizado. Me pregunto si será tan crespo como el de mi padre, pero me abstengo de acercarme. Tengo la impresión de que si invado su espacio personal, me dará un mordisco. Me pregunto cómo será transformado en súper saiyajin.

—Puedes transformarte en súper saiyajin, ¿verdad?— le pregunto. Él no contesta. Parece ignorarme, demasiado entretenido limpiándose los dientes como buenamente puede, pero cuando para y se gira hacia mí, sé que me ha escuchado, y también que le parece una pregunta demasiado obvia como para responderla. —Enséñamelo.

Brolly arruga cara, sacudiendo la cabeza como un animal para secarse el pelo.

—No.

—¿Por qué no?

—¿Crees que soy idiota? Si lo hago, tu manada me detectará.

¿Manada? ¿Detectar? Tardo unos instantes en entender que se está refiriendo a los saiyajins que viven en este planeta, incluidos mi padre y mi hermano. Entonces caigo en la cuenta de por qué ninguno de ellos lo ha detectado hasta ahora. Broly está controlando su ki para que se mantenga medianamente discreto. Sin duda, Goku y papá deben de haberlo sentido, pero están tan convencidos de que sigue muerto, que no lo han reconocido. Ninguno le prestará atención hasta que su nivel no suba de manera descontrolada, y eso solo ocurrirá si se transforma en súper saiyajin. Astuto.

—No pareces ser tan fuerte como me han dicho. Mi padre me dijo que destruiste una galaxia entera.

—Eso hice— sonríe con orgullo.

—Pues no pareces mucho más fuerte que Gohan.

Broly me mira. Creo que esa es su forma de mostrar su incomodidad respecto a algún tema concreto: mirando fijamente hasta que te hace sentir tan diminuto, que no tienes más remedio que bajar la cabeza. Conmigo, sin embargo, no funciona. Vivo con Vegeta y comparto su línea de sangre, ¡si no fuera capaz de aguantar esa clase de miradas no sería su hija!

Sé que Broly se ha molestado, pero no da señales de dejarse arrastrar por mi comentario para enseñarme su auténtica fuerza. A decir verdad, si mi familia detectara por su propia cuenta el ki de Broly, mis problemas acabarían. Lo destrozarían y nunca sabrían que fui yo quien lo revivió. Pero, por otra parte, durante la batalla este planeta podría quedar seriamente dañado y eso no me hace gracia.

—Soy mucho más fuerte que cualquiera de los saiyajins que hay aquí.

—No tanto como Goku— Broly vuele a gruñir y me da la espalda. Su cola se agita, erizada, antes de enredarse alrededor de su cintura. —¿Por qué le odias tanto? ¿Es porque no paraba de llorar cuando era un bebé? Han pasado… ¿Cincuenta y cinco años? Deberías superarlo.

—Cállate— me ordena. Sus puños están tan apretados, que sus nudillos se han emblanquecido por completo, pero yo no soy capaz de callarme a pesar de sus advertencias de descontrol.

Quizás sea porque me duele muchísimo la cara y necesito desquitarme con alguien.

—¿Sabes qué es lo que pienso? Creo que te da rabia que él naciera el mismo día que tú, con un ki muchísimo más pequeño que el tuyo y que, aún así, se haya hecho más fuerte que tú. Pero en serio, no le ha quedado más remedio que hacerse fuerte para proteger a su familia. En cambio tú mataste a tu padre, ¿no? Eso no está bien. Deberías...

—¿Sabes qué es lo que tienes que superar tú?— me interrumpe con un tono de voz muy agresivo. Debería haber imaginado su reacción y cerrar la boca, tal y como me había ordenado, pero no lo hice.

—¿Qué?— pregunto.

Entonces él se vuelve a gran velocidad con los ojos desorbitados por la rabia.

—¡Mi puño en tu cara!— e intenta golpearme, pero en un movimiento reflejo, me tiro al suelo y lo esquivo antes de alzar el vuelo y alejarme lo suficiente de él.

Broly sonríe.

—Aprendes rápido, medio humana.— De pronto, me siento totalmente halagada. ¡Estoy avanzando y eso que acabo de empezar! —¡Pero no lo suficiente!— grita. Nuevamente, consigue aparecer detrás de mí en un rápido movimiento y me manda directa al suelo de una patada en la espalda.

El entrenamiento continúa y aunque no sé qué excusa poner por mi ropa destrozada y mi cara morada, me siento bien conmigo misma. Ya es completamente de noche cuando caigo rendida sobre la arena. Ahora sí que no puedo hacer ningún movimiento, y el hambre me ataca con fuerza.

—Suficiente por hoy— declara Broly.

Estoy a punto de agradecérselo, porque si quisiera podría seguir golpeándome durante varios días seguidos, y sé que lo haría de no ser porque estoy agotada.

Cuando las tripas le suenan, comprendo que lo único que tiene es hambre… otra vez. Si pudiera aguantar sin comer durante más tiempo, seguiría golpeándome como si fuera un saco de boxeo. Por suerte, tengo entendido que los saiyajins se vuelven más fuertes cada vez que están a punto de morir. Si eso es así, no tardaré en hacerme invencible, o al menos eso espero.

Me levanto a duras penas e intento alzar el vuelo entre tambaleos. Cuando me estabilizo, veo que Broly me lanza algo antes de dar media vuelta con la más absoluta de las indiferencias.

—Tu… lo que sea— dice. Es mi bolso, aunque está destrozado por la arena y las sacudidas. —Mañana ven aquí. Si no estás iré a por ti y no me hago responsable de lo que le pueda ocurrir al hijo de Kakarotto si me enfado, ¿queda claro?

Y luego se esfuma en un vuelo perfecto entre la noche más oscura, sin estrellas. ¡Nadie diría que ha estado haciendo ejercicio todo el día!

No puedo hacer más que suspirar de camino a casa. Quiero desesperadamente un baño bien caliente, algo de comida y echarme en la cama sin más. Luego pensaré en la excusa que le pondré a papá por llegar tarde. A él no le gusta que llegue tarde. Si no soy puntual para la hora de la cena, tiene la mala costumbre de venir a recogerme allí donde esté, poner mala cara delante de quien esté y llevarme a casa aunque sea a rastras. Definitivamente, no me conviene que venga a buscarme mientras peleo con Broly.

Tengo suerte cuando llego a casa, porque papá sigue en la cámara de gravedad y mamá está trabajando, así que no hay nadie que me impidan coger cuanto veo en el frigorífico y correr hasta mi cuarto.

Nadie, excepto mi hermano.

Trunks sale del baño cuando estoy cruzando el pasillo, y al verme, da un salto hacia atrás por la sorpresa.

—¡Bra!— grita —¿qué demonios te ha pasado?

—Ah…— pienso una excusa mientras hago equilibrismos para no dejar caer la comida. Hacer equilibrismo duele. —Estoy entrenando en secreto, sola— confieso.

—¿Sola? Tú no has podido hacerte todo eso sola. Estás… horrible. Parece que te han dado una paliza.

Prefiero no mirarme en el espejo para comprobar su teoría.

—Pues lo he hecho yo sola, y voy a seguir haciéndolo hasta que consiga transformarme en súper saiyajin— declaro con total decisión. Abro la puerta de mi cuarto de una patada y entro, soltando toda la comida sobre mi escritorio. —¡Y como se lo digas a papá, le diré a la prensa que eres gay, aunque sea mentira! ¿Te ha quedado claro?

Ni siquiera le doy tiempo a replicar, porque le cierro la puerta en las narices, pero sé que guardará silencio. No soporta los escándalos, y en nuestra situación, soltar un bulo como ese aunque sea falso puede provocarle muchos dolores de cabeza.

Como, me doy un baño con sales minerales durante más de una hora y luego me echo en la cama. No hay nada que un baño y un par de cremas corporales no puedan curar, pero de todas formas prefiero no mirarme en el espejo para evitar pesadillas.

Cuando me tumbo después de esconder la ahora inútil ropa dentro de una bolsa de basura, recuerdo que me he comprado una nueva grabadora para grabar mis avances. La cojo de mi destrozado bolso y me la llevo a la boca para empezar a describir mi primer día de entrenamiento.

"Día uno. Empiezo el entrenamiento. No ha sido tan duro como pensaba, aunque tengo los huesos hechos puré, igual que mi ropa destrozada. Toma nota, necesito ropa de entrenamiento. Creo que se ha despertado algo en mí que ha amortiguado el dolor y me ha hecho desear superarme y pelear con todas mis fuerzas contra Bro… no— paro la grabación un momento. Sería demasiado arriesgado utilizar su nombre, porque si alguien escuchara la grabación aparte de mí, tendría un gran problema. No todo el mundo se llama Broly. De hecho, es la primera vez que lo oigo.

Carraspeo y vuelvo a grabar.

El sujeto B me ha dado la paliza de mi vida, pero no me quejo, porque podría haberme matado si hubiese querido, o haberme roto algún hueso, y no lo ha hecho. Tengo la impresión de que el sujeto B no está tan loco como he oído. Ha mostrado claros signos de lógica y cierta capacidad de razonamiento, aunque solo basado en la supervivencia propia. Come carne cruda y parece influenciable en ciertos aspectos, como la higiene personal. No da tanto miedo como parece. ¿Qué más? Hum… Ah, sí. Aunque tiene capacidad de razonamiento, esta parece estar sublevada por sus instintos básicos, los más animales. Detuvo el entrenamiento dos veces, una para comer y otra para… ehm… atender la llamada de la naturaleza. Finalizó el entrenamiento también por hambre. Tiene baja tolerancia para la frustración y su temperamento es muy voluble. Mis conclusiones de este primer día de entrenamiento son… inestabilidad. El sujeto B es altamente inestable… ¡ah! y no le gusta hablar sobre sí mismo. Advertencia: es conveniente no acercarse a él cuando está comiendo. Puede ser muy agresivo. Me pregunto qué hace el sujeto B mientras no entrena. Corto y fin.

Esa era una buena pregunta. ¿Qué hacía Broly mientras no entrenaba con ella? No tenía intención de quedarse eternamente en ese planeta. De hecho, pensaba destruirlo en cuanto hubiera matado a Goku, de modo que nada le impedía hacer lo que quisiera en él, para no variar.

El día que se vio incapacitado para hacer lo que deseaba fue el día que su padre le colocó una diadema inhibidora para controlar su poder libremente. Luego fue Goku, que con sus actuaciones y su gran poder, lo dejó completamente incapacitado para la pelea. Más tarde vinieron sus descendientes, y por su culpa el auténtico guerrero legendario había tenido que dormitar en el infierno, imposibilitado hasta para respirar. Él no había nacido para que lo incapacitaran y doblegaran. Él había nacido para destruir a aquellos que se interpusieran en su camino.

Esa noche Broly entró en una casa cualquiera. Asustó a la familia que vivía en ella al reventar la puerta y entrar por ella: madre, padre, abuelo y dos hijos pequeños. Broly no soportaba los llantos de los niños, así que no les dio tiempo ni siquiera para llorar.

Cuando terminó con lo que había en el frigorífico y en la mesa del comedor, anduvo hasta la habitación de los padres, apartó sus cuerpos sin vida de la cama de matrimonio y alejó de una patada la cuna empapada en sangre que había a sus pies para poder estirar su largo cuerpo, que sobrepasaba la longitud del colchón.

Poco después, sin pensar en nada realmente, Broly se quedó dormido.