Capítulo 32: Noticias Inesperadas
Toda esa noche sucedió muy rápido luego de hallar a Hermione. Sus padres intentaron reanimarla, mientras esperaban a que la ayuda profesional llegara. Él a su lado tomaba su mano y rogaba porque nada malo le sucediera. Tenía tanto miedo que su propio cuerpo no reaccionaba a nada, solo la observaba, mientras seguía en esa posición desmayada. Pero apenas se escuchó el sonido de la ambulancia estacionándose a las afueras, fue a abrir la puerta para dejar entrar a los paramédicos.
— Por aquí, por aquí — dijo señalando en la dirección de la salita, y dirigiéndolos él mismo hasta ahí.
El grupo de médicos se sorprendieron al ver que era Ronald Weasley el que había requerido de la atención porque habían encontrado a la modelo. Estaba ahí, sobre un sillón viejo, cubierta por una gran manta tejida.
— De acuerdo, ¡Tim! ¡Judy! ¡La camilla ahora! — gritó a sus acompañantes. Él mientras, se acercó a la chica y comenzó a observar todo su cuerpo en busca de alguna herida mayor. — Necesito que le quite esa camisa y le coloquen algo que sea fácil de abrir por delante.
Molly asintió, y desesperada subió las escaleras hasta su habitación para tomar alguna camisa suya que le sirviera a Hermione. A los pocos segundos bajó con ella en sus manos y se la entregó al hombre que ya había recostado a la castaña en la camilla y estaba ahora cambiándole la camisa para poder tener mayor acceso a sus vías respiratorias y pulmonares.
Entre los tres paramédicos ubicaron un respirador artificial para mantenerla con vida a pesar de que sus pulmones comenzaran a fallar. La afirmaron a la camilla para que ella no pudiera tener mayor movimiento y ubicaron un cuello ortopédico en ella, para evitar que fuera a lastimarse aún más. Luego de esto, salieron raudamente con la camilla a arrastras hasta la ambulancia.
— ¿Quién irá con ella? — preguntó Tim. Mientras su compañero subía al asiento de conductor y la mujer acomodaba la camilla con cuidado en el auto.
— ¡Yo! — exclamó Ron rápidamente.
El hombre le hizo una seña para que se apresurara a subir.
— No podemos ir en el Ford Anglia, así que le llamaré a Ginny a ver si nos puede llevar al hospital. — propuso su padre. Ron asintió nervioso.
— Tranquilo cariño, todo estará bien. — dijo Molly. Ron volvió a asentir sin saber que decir, las palabras simplemente no salían de su boca.
Lo siguiente que los señores Weasley vieron, fue la puerta cerrarse y con ella dos de las personas más importante de sus vidas. Preocupados, esperaron a que el auto desapareciera, para luego correr rápidamente a buscar sus bolsos y llamar desesperadamente a su hija para que les dieran un aventón al hospital. Y así tener noticias de la salud de su futura nuera.
Cuando la pelirroja recibió la noticia abrió los ojos más que sorprendida, pero como su madre solo podía escuchar su voz, recibió una respuesta favorable y luego colgaron. Seguramente ella le informaría a su marido de lo sucedido.
— Ginny vendrá por nosotros— le informó a su esposo. — Harry aún está en la oficina, hoy tenía una importante reunión, así que tardarán en contactarlo.
— Así que básicamente lo que… — se detuvo de su discurso porque sintió el teléfono sonar sobre la mesa perfectamente pulida. Se acercó a ver la pantalla y reconoció que era Ginny la que lo llamaba, pero que debido a que seguramente sería para reprenderlo de que se había pasado de la hora establecida, decidió ignorarlo unos segundos hasta que terminara de decir lo que necesitaba informarles a sus superiores. — Lo siento. ¿En qué quedé? ¡Ah, sí! Y como les decía, invertir en esta parte del edificio sería bastante favorecedor para todos, puesto que… — su celular volvió a sonar. Era Ginny nuevamente. Y aun que creyó que lo mejor era no preocuparse, esperó pacientemente a que su teléfono volviera a sonar, porque sabía que él y su esposa habían estipulado que cuando era una clase de emergencia, realizarían tres llamadas. — Lo siento mucho, pero creo que es urgente que conteste. Es mi señal de emergencia… si me permiten…
— Sí, claro, vaya. — asintió su jefe. — lo esperaremos aquí, leyendo las carpetas. Esta bastante interesante su propuesta.
Harry asintió, tomó su teléfono y luego salió de la oficina. Se apoyó en una de las mesas de las secretarias que en ese mismo momento se encontraban vacías porque el horario ya había caducado. Así que tomó el aparato con fuerza y marcó el re discado a su esposa.
— ¡Harry! ¡Al fin contestas! — exclamó aliviada.
— ¿Qué sucede amor? Te dije que no me llamaras, que estaría en una reunión muy importante con él jef…
— ¡Encontraron a Hermione! — lo interrumpió. — Ron la encontró cerca de la madriguera. Tenemos que ir ahora mismo a la clínica.
— ¿Qué? ¡DEMONIOS! ¡Voy enseguida! ¿Do-donde se la llevaron? — Se preocupó aún más al saber que ella estaba en un centro médico. Ginny murmuró rápido la respuesta. — Estaré ahí en… — miró su reloj. Eran pasadas las once de la noche. — en quince minutos. Debo colgar, adiós.
— ¡Espera Harry! Yo iré por mis padres, tú ve a acompañar a Ron.
— Sí, eso haré. — respondió con rapidez. Entró en la oficina que estaba dando su proyecto y se acercó al jefe con temor. — Lo siento mucho, pero tengo una emergencia familiar. Tengo que cancelar la presentación y si eso me quita la posibilidad de presentárselo en otra ocasión, estoy dispuesto a asumir las consecuencias.
El hombre suspiró y luego arrugó el entrecejo.
— ¡Que va, hombre! La familia siempre es primero, vaya. Ya hablaremos de esto en otra ocasión.
Harry le agradeció y tomando sus cosas desapareció de la oficina y del edificio. Ya que conduciendo lo más rápido que pudo –manteniendo la precaución- en menos de quince minutos llegó al lugar. Sus manos temblaban, pero la sonrisa nadie podía quitársela.
— No puede entrar, lo siento mucho. — dijo una mujer, negándole el acceso a la habitación en que tenían a su novia. — están revisándola, no puede estar ahí dentro.
— ¡Pero es mi novia, maldita sea! No esperará que esté aquí parado como imbécil esperando a que ellos decidan hacer algo. ¿Cierto? — la mujer negó nuevamente con tristeza.
— Lo siento, pero no puedo permitirle que entre. — Ron se pasó las manos con desesperación por el cabello y se acercó a una muralla para darle un golpe. — y de todas formas no serviría de mucho que lo hiciera, porque le ordenarían a los guardias que vinieran a sacarlo, por favor entienda.
Se quedó en silencio, apoyado en la pared sin saber que hacer o decir. Pero consciente de que esa enfermera no tenía la culpa le dirigió una mirada apenada.
— Lo siento, no fue mi intención tratarla así, es solo que… no sé que hacer — la mujer asintió con una leve sonrisa, expresándole que lo entendía. — mi novia está ahí… muy mal, yo sé que no está bien pero tengo tanta impotencia porque no puedo… yo no puedo hacer nada ¿cierto? ¿No hay nada que pueda hacer? Dígame que hay algo, porque si no terminaré volviéndome loco…
— Le sugiero que tome asiento en la sala de espera, no sirve de nada que se agote más aquí afuera. — la mujer lo comenzó a llevar hasta las grandes puertas que los llevaban a esa sala. — Y créame que apenas tenga noticias, le haré saber. ¿de acuerdo?
Ron solo asintió. Miró a la mujer esperando sinceridad de su parte y luego abrió la puerta para pasar a la otra habitación. Una vez allí, volvió la vista al vidrio que estaba en el centro de la puerta y leyó con temor los carteles que tenía pegado.
Emergencias. / Prohibido el ingreso de personas, sin autorización.
— Revisa sus ojos, tiene un ligero tono negro en su contorno, lo que puede significar una hemorragia interna — reconoció uno de los doctores, observando como una enfermera tomaba una pequeña linterna especial y la acercaba al rostro de la chica para analizar sus ojos, a pesar de que los tuviera cerrados.
— No, no hay nada extraño en ellos — rectificó otro doctor. — el tono morado en su alrededor significa que recibió un golpe hace aproximadamente más de 24 horas.
— Eso es un alivio en cierta forma — reconoció una de las enfermeras, que había tomado la mano de Hermione. — ¿Cuántas muestras de sangre necesita?
— Las necesarias para realizar los análisis de electrolitos.
La enfermera asintió y con ayuda de otra mujer, inyectó una aguja por la cual comenzó a retirar unas muestras de la sangre de la paciente. Luego limpió rápidamente el lugar y ubicó un parche. Mientras los doctores analizaban el rostro de la joven, las enfermeras la cambiaron rápidamente de ropa, para ponerle en su lugar una bata verde agua. Y en la instancia que lo hicieron, una de las enfermeras reconoció algo extraño.
— Doctor Yates… — lo llamó, el hombre se giró a ella y la observó esperando. — Creo que tiene que ver esto…
— ¿Qué cosa? — preguntó antes de acercarse hasta donde ella estaba. Rodeó la cama y sintiéndose culpable como siempre por ver a una mujer desnuda que no fuera su esposa, observó a la paciente. — ¡Cielos! Necesito ahora mismo a la doctora Yang. Vaya por ella, ahora mismo.
La enfermera asintió y caminó lo más rápido que pudo para encontrar a la mujer. Mientras el doctor le enseñaba al otro médico, lo que habían descubierto.
— ¿Se supone que ella no lo sabía?
— No lo sé, al parecer no.
Antes de que pudieran decir algo más, apareció la enferma con una mujer mucho más avejentada que observaba sorprendida a la paciente.
— ¿Es ella realmente? — preguntó con temor. Hermione tenía el rostro tan herido, moreteado y delgado, que era posible titubear a la hora de reconocerla.
— Eso no importa ahora doctora, tenemos una emergencia para usted.
— Sí, lo siento. — se disculpó acercándose a la camilla. — ¿Qué es lo que sucede?
— Véalo usted misma y dígame que podemos hacer.
La mujer observó bajo la atenta mirada de todos los que se encontraban en la habitación y suspiró apenada. Desvió su mirada al doctor y luego cubrió nuevamente el cuerpo de Hermione.
— Detener la hemorragia, de lo otro ya no hay nada que podamos hacer.
Ron llevaba más de una hora sentado en el mismo lugar, exactamente en la misma posición. Su rostro estaba cubierto por sus grandes manos, evitando que más personas lo reconocieran ahí. Pero para el hombre menor de los Weasley era casi imposible pasar desapercibido, así que no le sorprendió que la gente comenzara a murmurar a su alrededor. Ninguno tenía el valor de acercarse porque lo veían sufrir sentado sin nadie a su lado, sollozando en ocasiones.
Él pelirrojo finalmente decidió cambiar de posición y sin importarle que todos lo observaran fijamente, se recostó sobre la silla intentando darle un respiro a su adolorida espalda. Pero luego, sin pensarlo mucho, se puso de pie y caminó de un lado a otro con marcada preocupación. Las personas que también se encontraban ahí, no hacían más que sentirse apenados por la desesperación del chico. Ellos sabían por lo que estaba pensando, pero no entendían que hacía ahí.
— ¿Qué crees que haga aquí? — escuchó que se preguntaban.
— Tal vez uno de sus hermanos enfermó, y como tiene miedo también por lo de su novia, está muy preocupado.
— Pobre, pero como siempre dicen… cuando pasa algo malo, le siguen otras dos.
— ¿Sería demasiado incorrecto si nos acercamos a darle nuestro apoyo?
— ¡RON! — escucharon todos, inclusive el pelirrojo que se dio media vuelta sorprendido y aliviado al ver a Harry. — ¡Por fin te encuentro! ¡He dado vueltas por toda la clínica sin que me dijeran donde estabas! Pero ya no importa… ¿Cómo está Hermione?
El pelirrojo miró a Harry y luego al resto de las personas. El pelinegro entendió la situación y se aclaró la voz un tanto incómodo. Ron lo llevó a una de las esquinas.
— No me han dicho nada desde que llegue... ya va a ser una hora Harry. ¡Si no fuera grave ya me habrían dicho algo! — exclamó desesperado. — necesito saber que está bien… ¡y necesito saberlo ya!
— Tranquilo, deben estar haciendo lo mejor que pueden…
— No me sirve que hagan lo que pueden, ¡quiero que hagan que ella esté bien!
— Sí, pero eso no depende solamente de los médicos, amigo. Créeme. — el pelirrojo suspiró y luego se sentó en una de las sillas vacías. Harry lo acompañó. — si no dicen nada, debe ser seguro porque quieren tener todo en su lugar para así informarte. Solo quieren revisar que ella está bien.
— Eso espero, Harry. — confesó entristecido. — ya no soporto tanta mala noticia
De repente apareció un médico. Miró en toda la sala
— Señor Weasley — sorprendentemente todos se giraron y el doctor no hizo más que dirigirse al hombre que estaba buscando. — necesito que me acompañe.
El pelirrojo miró a Harry con expresión asustada. Este le devolvió la mirada intentando mantener la calma, pero la realidad es que se estaba comenzando a preocupar. El doctor esperó pacientemente a que Ron le dijera algo, pero este se mantenía en silencio.
— ¿Señor?
— Eh… sí, sí, sí. Vamos — respondió con rapidez.
Harry le comentó antes de que se fuera algo como que iba a estar ahí esperando. Pero Ron realmente no creyó estar completamente convencido, ya que en ese mismo instante por su cabeza solo pasaba la idea de que a su novia le hubiera pasado algo grave y que por eso lo llamaban para conversar en privado. Aunque también estaba la posibilidad de que lo llevaran ahí porque era una figura pública y preferían evitarle más problemas de sobreexposición.
— Señor Weasley, le informo que hicimos todo lo que pudimos pero… — no era fácil decirles ese tipo de cosas a sus pacientes, pero era su deber.
— ¿Pero? — repitió él desesperado. — ¡¿pero qué?!
— Pero no sobrevivió. — él rostro de Ron se comenzó a poner cada vez más pálido, su cuerpo tembló y sintió que su corazón comenzaba a acelerarse de una manera dolorosa. — intentamos reinsertarlo en el útero de su mujer, pero no se recibió como esperábamos y finalmente ella tuvo un aborto involuntario, posiblemente por los golpes y alg…
— ¡Espere! — lo detuvo sorprendido. Limpiándose las lágrimas de su rostro. — ¿Cómo que tuvo un aborto? ¿Un aborto de qué?
— De su hija, claro.
— ¿Q-q-que… que hija? — volvió a preguntar, más aturdido que nunca.
— Disculpe, pero usted no sabía que… su mujer estaba… embarazada.
Ron arqueó las cejas sorprendido. ¿De qué diablos hablaba ese hombre? Hermione no le había dicho nada, además ellos no habían el amor hace más de dos semanas… ¿Cómo…?
— ¿Cuántos meses tenía?
— Casi dos.
Él pelirrojo se llevó las manos a la cabeza aún más desesperado de lo que estaba. Eso era más de lo que esperaba, sin duda. ¿Cómo podía haber estado ella embarazada y ni si quiera habérselo dicho?
— ¿Cómo está ella?
— Bien, recuperándose favorablemente. — Ron suspiró, por milésima vez ese día, o mejor dicho, esa noche. — sufrió varias contusiones, pero lo bueno es que ninguna afectó sus órganos vitales. Lo más grave que tiene es una fractura en su pie derecho, pero eso se recuperará rápido. — el doctor lo observó preocupado. — ¿le puedo dar un consejo?
— Cla-claro — aceptó nervioso.
— Piense bien las palabras con las que… bueno, hablará con ella de este tema. — el pelirrojo no entendió bien el sentido de eso, así que espero pacientemente a que él doctor terminara de decírselo. — las mujeres suelen sufrir traumas severos si no consiguen superar este tipo de perdidas… y no es que quiera asustarlo, pero el último caso que tuvimos así… la mujer terminó siendo internada en un centro de psiquiatría.
— Entiendo. — no, la verdad es que no entendía a lo que se estaba enfrentando. Jamás había siquiera llegado a estar en una situación similar. — ¿puedo entrar a verla?
— No, me temo que aún no. — la expresión de Ron le hizo al doctor argumentar. — está en la cirugía de su tobillo, pero apenas salga de ella y se estabilice, podrá ir a verla.
— ¿Ella ya lo sabía?
— ¿Disculpe?
— ¿Mi novia ya sabía que estaba embarazada?
— Eso no puedo decírselo yo señor Weasley, pero me atrevería a decirle que no. —fueron interrumpidos por otra persona, que lucía una bata y mascarilla, posiblemente habría salido de alguna operación. Pero por lo que le dijo al médico, parecía no ser de la de Hermione. El doctor le respondió algo rápido y luego se volvió a él, para seguir la conversación. — Como médico tengo la responsabilidad de comentárselo a la paciente, pero me temo que le sorprenderá saber que estuvo embarazada y no lo notó. Y a mi parecer, eso será lo que más la afectará. Así que le pido que si ella reacciona de mala manera, por favor tenga paciencia. Son temas muy delicados y estoy seguro de que a usted tampoco le gustaría despertar y que le digan algo así…
Ron bajó la mirada nervioso. No sabía cómo manejar esa situación. Para él había sido difícil soportar no poder hacer nada para encontrarla, pero ahora… saber que hubiera tenido un hijo de no ser por el golpe que Hermione sufrió, le cambiaba todos los planes. Él no estaba preparado para todo eso. Era muy joven aún. No estaba preparada para ser papá y tampoco para tomar una responsabilidad de ese tipo. Suspiró. Ya no debía pensar en eso, porque de todas maneras ya no sería padre y Hermione tampoco sería madre. Todo esas responsabilidades habían terminado cuando su novia, terminó por perder a la pequeña criatura que llevaba dos meses creciendo en el interior de su cuerpo. Ya no debía preocuparse. No al menos por eso, tenía otras cosas por las que hacerse cargo ahora.
— No, supongo que no.
— Entonces ahora le pido que vuelva a la sala de espera y aguarde hasta que nosotros le informemos que pueda entrar a verla.
Ron asintió, pero apenas lo hizo corrigió su error y negó.
— ¿Me podría hacer un favor?
— Si es que puedo.
— Necesito quedarme aquí, como soy una figura pública y reconocida, me es difícil mantener mi privacidad… y como allí afuera está lleno de personas esperando, no puedo estar tranquilo…
— No puede quedarse aquí en el pasillo, pero veré si puedo conseguirle alguna habitación que esté vacía para que pueda esperar.
— Gracias… ¡Ah y otra cosa! Hay una persona afuera… bueno, él es su único familiar cercano y… no sé si me entiende, pero estoy seguro que ella estará más tranquila si él también la entra a ver.
— ¿Quiere que le permita ingresar también? — Ron asintió. — De acuerdo, pero solo ustedes dos. Nadie más puede hacerlo, al menos hasta que ella despierte.
— Se lo agradezco mucho — el doctor asintió dirigiéndole una sonrisa sincera y luego siguió su camino directo por el pasillo.
A los minutos apareció por el mismo pasillo y le informó que ya había encontrado un lugar en el que podía estar tranquilo. Ron se sorprendió al ver que era una oficina.
— Es mía, así que espero que no le diga a nadie que está aquí. O tendrá serios problemas. — Ron iba a decirle algo, pero él se adelantó. — Sí, claro, también su acompañante.
El doctor le deseó que todo saliera bien y luego desapareció nuevamente. Él observó el lugar con curiosidad y luego de reconocer donde estaba, fue en busca de Harry.
Él pelinegro estaba sentado en una de las sillas, a un lado de una señora que parecía relatarle toda su vida. Así que apenas lo vió se disculpó con la mujer y se acercó para saber las noticias.
— Ven, aquí no podemos hablar.
— ¿Sucedió algo grave? — Ron solo lo miró. No podía decirle que sí, porque sabía que no era la peor cosa que podría haber pasado, pero tampoco era algo para pasar por alto. — ¿Dónde vamos?
— Solo sígueme — le respondió, mientras daba el par de vueltas que el hombre había hecho para llegar a la oficina.
— Ron… ¡Este lugar es privado, no podemos meternos aquí! — exclamó Harry sorprendido de que él lo llevara ahí. — Sé que estás preocupado y cansado de los periodistas, pero tendremos proble…
— Tranquilo Harry, tengo permiso para estar aquí. — la expresión del chico fue de completa confusión. — Uno de los médico me dejó estar en su oficina para no tener problemas con la prensa ahí afuera, además así nadie sabrá que estoy aquí y que Hermione…
— Ya lo saben — esta vez fue su oportunidad de interrumpirlo. Ron se sorprendió. — Alguien les informó, de hecho ya pasaron un comunicado de prensa informándolo. Saben exactamente en qué piso estas y de hecho tienen hasta fotos de ti.
— ¿De mí? ¿Pero cómo demonios las consiguieron? — preguntó enojado.
— Alguien en la clínica seguro les envió una fotografía.
— Ya no hay privacidad.
— Lo sé, es terrible ¿no?
— No tienes idea — se cubrió los ojos con una mano. Rozó su frente y finalmente se frotó la sien cansado.
— No te creas, desde la boda, a Ginny y a mí nos han seguido a varios lugares.
— ¿A ustedes? ¿Por qué?
— No tengo idea, supongo que porque somos familiares suyos.
— ¡Esos imbéciles! Te juro que cualquier día golpearé a alguno y no me arrepentiré de ir a la cárcel por ello.
Harry se cruzó de brazos y observó el lugar. Era sin duda una oficina de médico, ya que tenía una buena cantidad de diplomas que así lo corroboraban. Tenía además varios elementos médicos -entre ellos un esqueleto de plástico-, un computador y algunas fotografías de su familia sobre la mesa. Además tenía un par de sillas para atender a pacientes y la suya propia tras el escritorio. Cuando volvió su vista al pelirrojo, este se había sentado en una de ellas y lo observaba entre preocupado y desesperado.
— Ahora, ¿me dirás que era lo que no podíamos hablar afuera? — Ron asintió, pero antes de ponerse a hablar le sugirió que se sentara. — ¿Tengo que asustarme?
— Sí estuvieras en mi lugar… ya lo estarías. — Suspiró, miró todo el alrededor y finalmente enterró su cabeza en sus manos ocultando su rostro. — Hermione estaba embarazada…
Si Harry hubiera tomado un poco del agua que había sobre una jarra en otra mesa de la oficina, probablemente la habría escupido en ese preciso momento, pero como no lo estaba haciendo, solo se limitó a contener el aliento y abrir los ojos desmesuradamente.
— ¿Cómo lo sabes?
— Él médico que la atendió me lo dijo.
— ¿Y te dijo como estaba ella? — interrogó preocupado.
— Solo me dijo que estaban operando su tobillo derecho porque lo tenía fracturado, y luego me dijo esto… no espera, fue al revés… pero eso no tiene importancia, a lo que me refiero es que… ¡Estaba embarazada!
— ¿Estaba? — preguntó Harry, recién entendiendo esa palabra. — ¿Quieres decir que lo perdió?
Ron asintió, dirigiéndole su mirada bañada en lágrimas.
— Lo perdió porque tuvo un golpe que la hizo tener un aborto involuntario… por… perdió a nuestro hijo… y yo ni si quiera sabía… ¡no sabía nada, Harry! Y tampoco lo sospechaba, que es lo peor. — se lamentó, sollozando.
Ya había sido mucho para él ese día. Ahora poco le importaba si pasaba como un débil enfrente de todos. Estaba sufriendo demasiado y no sabía cómo controlar las cosas. Todo se le había escapado de las manos de una manera tan drástica y rápida, que aún podía recordar como si fuera ayer la última noche en que había estado con Hermione y todo parecía seguir siendo tan feliz.
Pero tenía que ser conciente de que las cosas ya no eran así, y tenía que ser fuerte. Ser el hombre que Hermione ahora necesitaba. Él padre responsable que podría haber llegado a ser, o mayor aún, él hombre que debía ayudar a superar a su mujer de perder a un hijo. Aún si no hubieran sabido que lo tenían.
— No es tu culpa, Ron — dijo Harry finalmente. No había sabido que más decirle, porque él tampoco había pasado por algo así, así que no tenía palabras para siquiera empezar a describir la situación. — Y tampoco de Hermione… Así que debes dejar de sentirte culpable por algo que no tiene importancia por ahora. Entiendo que es fuerte para ti enterarte de algo así, y más aún de esta manera… pero ahora ella te necesita.
Ron asintió levemente, pero a medida que meditó las palabras del chico siguió asintiendo con mayor credibilidad.
— Tienes razón —admitió.
Luego de esas palabras, ninguno volvió a hablar. Se mantuvieron prisioneros del silencio que no fue roto en todo el tiempo que estuvieron ahí. No se sintieron incomodos, porque ambos necesitaban pensar, necesitaban meditar el contexto en la que estaban y sobre todo, necesitaban planear lo que harían en las diversas situaciones que se podían generar luego de todo lo sucedido. Y entre tantos recuerdos y pensamientos irrumpió el doctor en la que era su oficina, para informarle a Ron que ya podía ir a visitar a la paciente.
— Vamos, Harry — lo invitó, pero no hubieron avanzado mucho, cuando el doctor los detuvo. — ¿Qué ocurre?
— Por el momento solo puede entrar uno de los dos a visitarla. Salió recién de una operación y probablemente no va a despertar hasta una hora o más, está anestesiada aún y necesita el máximo de reposo… — Harry asintió, pero Ron por su lado rodó los ojos. — Lo lamento pero así son las reglas, sin excepciones.
El hombre menor de los pelirrojos iba a discutirle eso, cuando Harry se acercó, le puso una mano en el hombro y asintió. Ron juntó el entrecejo confundido.
— Ve tú.
— Pero…
— Estoy seguro de que es a ti a quien deseara ver cuando despierte. — Ron miró al doctor y luego a Harry. Tomó la chaqueta que se había sacado mientras esperaban y caminó junto a su amigo por el corredor que los llevaba a la habitación de Hermione y a la sala de espera. — Iré a ver si ya llegó Ginny con tus padres.
— De acuerdo.
Cada uno siguió en su propia dirección. Harry por el pasillo para llegar a la sala de espera y él a la puerta de la habitación en que estaba su novia. Ron no se había dado cuenta de que él doctor venía a sus espaldas, con ambas manos en los bolsillos y soltando un par de bostezos. Cuando llegaron frente a la habitación 456, el doctor lo detuvo.
— No despertará por lo menos en más de media horas, así que le aseguro que no sigue desmayada, solo está anestesiada… y cuando despierte sería mejor que llamara a la enfermera para que la revisara antes de nada, para poder estar seguros de que todo está bien ¿de acuerdo?
Terminado de decir ello, él mismo empujó la puerta y entró. Ya habían sido demasiados consejos del resto para él. Y la mayoría los aceptaba, pero ya era suficiente. Era momento de que él tomara las riendas de la situación. Hermione era su novia y él era el único a cargo de ella. Así que por más que le hubieran dicho mil palabras y consejos, lo único que contaba ahora era lo que haría cuando ella despertara. Porque una cosa era escuchar los consejos pero otras cosas muy diferente era aplicarlos con la persona más importante en su vida.
Cuando entró en la habitación, no esperó ver lo que vio. O al menos creyó que sería diferente la forma en que él reaccionaría. Era difícil. Le dolía ver a Hermione ahí; recostada sobre una cama, mientras en todo su cuerpo la rodeaban cables conectados a una máquina. Aunque al menos ya no tenía esa mascarilla que la conectaba a un ventilador mecánico, que la hacía ver como una persona que luchaba entre la vida y la muerte.
Ella estaba ahí. Estaba casi sana y en unos cuantos minutos ella abriría los ojos y le sonreiría para confirmarle que estaba bien. Sí, eso ocurriría. Él estaba seguro.
La televisión seguía sonando en el mismo volumen desde que ella había ido a la cocina por un bocadillo de medianoche. Una gaseosa, un tazón de palomitas de maíz y volvió al sillón. El programa que estaba viendo había sido interrumpido nuevamente en menos de una hora. Y todo por una y exclusiva razón…
"… de lo cual aún no se tiene más información. Solo se sabe que Ronald Weasley llamó a emergencias para pedir ayuda médica. La cual asistió rápidamente a la casa de los padres de Ronald y desde ahí fue trasladada a la clínica en la cual se encuentra ahora. Se cree que llegó a ella hace cerca de más de cuatro horas, por lo que se espera que al día siguiente se sepan más noticias de ella. Por el momento, sabemos que Ronald sigue en el establecimiento a la espera de respuesta, apoyado de su familia que no ha dejado la sala de espera desde que llegaron hace… "
Negó fastidiada.
— ¡Creí que habías dicho que no había forma de que escapara, imbécil! — le gritó. El chico al otro lado del teléfono chasqueó la lengua y tragó de lo que fuera que estaba tomando.
— Así era.
— ¿Entonces porque mierda puedo verla en las noticias?
— ¿De qué estás hablando? No hay ninguna foto de ella que demuestre que esté en alguna clínica.
— ¿No te basta con tener a Ron y a toda su familia? — le respondió ella, más que furiosa al notar que cuando cambiaba de canal, lo único que había eran más noticias sobre la famosa modelo Granger. — ¡Tienes que hacer algo para remediarlo ya!
— ¿Crees que no lo he pensado?
— ¿Ah sí? ¿Y cuál es tu brillante plan?
— Dije que lo he pensado, no que tenga uno — soltó él hombre con brusquedad. — y para que lo sepas, no tienes el derecho de tratarme como lo estás haciendo Lavender, así que ahórrate las siguientes palabras y deja de beber sola. — él chico iba a colgar el teléfono, cuando ella lo detuvo. — ¿Qué cosa?
— ¡Eso, imbécil! Que aproveches que ella sigue herida, la saques de la clínica y te la lleves lejos…
— ¿Te has vuelto loca? ¡Claro que no voy a hacer eso!
— ¿Y por qué no?
— Por dos grandes razones. — Lavender esperó a que él las dijera. — Primero, no hay forma de que entre a esa clínica sin que logren atraparme. Sería demasiado arriesgado y posiblemente no consiga nada.
— ¿Y la segunda? — preguntó, luego de aceptar que él tenía razón con lo anterior. Porque a pesar de que quería conseguir sacar a Hermione de la vida de Ron, ella no quería perder al único que podía ayudarla con eso.
— Que yo no quiero lastimar más a Hermione…
— No puedes ser tan cobarde — se burló ella riendo.
— ¿Sabes lo difícil que es ver a la persona que amas decirte que te odia y que lo único que desea es que te alejes de su vida?
Lavender miró la pantalla de la televisión comenzando a sentir esa ira que hace tiempo no volvía a recorrer su cuerpo. Esa estúpida de Granger aparecía en todos los canales, anuncios y noticias. Era imposible para ella no odiarla si sentía que le estaba quitando lo más preciado que alguna había tenido… a su Ronnie.
— No imaginas cuanto te entiendo — respondió abatida, sin percatarse de que casi había comenzado a llorar.
— Bueno entonces podrás entender que al más mínimo error, puedo arriesgar que me lleven a prisión y nunca más la vuelva a ver… además de que no tendrías a nadie para que aleje a Hermione del lado de ese Weasley. Así que piensa bien antes de proponer idioteces.
— ¡Al menos yo hice un plan!
— Sí, uno que terminaría arruinándonos, idiota.
Cuando faltaba poco para que fuera la una de la madrugada, la sala de emergencias comenzó a descender en número de pacientes, contrario a lo que se creía hace unas horas. Aunque para el resto de las enfermeras y secretarias tener a más de cuatro personas ya era una multitud, y viendo que conforme pasaban las horas, la familia de Ronald Weasley había ido aumentando en la sala.
Molly y Arthur ocupaban los primeros puestos de la sala de espera, seguidos de Harry y Ginny, para finalmente llevar al resto los Weasley que habían llegado recientemente. Entre ellos, Bill, Percy, Fred, Jorge y Charlie.
— Creo que es hora de que todos vayan a descansar… —comentó alzándose de su pose cansada, para demostrarle a los demás que él se quedaría el tiempo que fuera necesario.
— Estoy de acuerdo con Harry —concordó su esposa pelirroja, adoptando la misma posición que él, pero definitivamente con mejor cara. — Nosotros nos quedaremos y cuando tengamos noticias les avisaremos… a todos.
— No Ginny, nos quedaremos…
— No tiene caso que lo haga Molly, los doctores dijeron que Hermione no iba a despertar en un par de horas por la anestesia y aun así nadie podrá entrar a verla por hoy, ya que aún está muy… reciente todo lo que le sucedió.
Arthur asintió y se puso de pie. Le ofreció su mano a su esposa.
— Vamos todos a la madriguera, así todos estaremos en un mismo lugar cuando recibamos noticias — Los hijos mayores acordaron que era lo mejor que podían hacer, hasta al menos que llegara una hora decente en la cual podrían saber sobre la salud de Hermione. Así que conscientes de que no podían hacer nada más ahí, todos comenzaron a salir de la sala de espera, despidiéndose y agradeciéndoles que les informaran apenas tuvieran noticas de la novia de Ron.
— Tú también deberías ir a descansar, amor. — le dijo Harry aunque no muy convencido, ya que se sentía muy bien teniéndola a su lado. Él había sentido tanto miedo por lo que le había pasado a Hermione, que no dudaba a la hora de estar al lado de Ginny para poder protegerla en todo momento.
— Tú me conoces mejor que nadie ¿cierto? — preguntó. Harry no entendió el porqué de esa pregunta, pero de todas manera asintió. — entonces será mejor que ni lo pienses… soy tu mujer y como te prometí en ese altar, no te voy a dejar solo jamás. Voy a estar ahí siempre contigo donde sea que estés o vayas. ¿Te quedó claro o tengo que explicártelo con manzanitas?
Harry sonrió y la observó extasiado. ¿Cómo había sido tan afortunado de hallar justo a tiempo a la mujer de su vida? Acercó su rostro al de ella, y le dio un tierno beso en su frente, señalándole que se recostara en su cuerpo, que él la protegería siempre.
Ron pestañaba más de lo necesario los últimos veinte minutos, no porque estuviera llorando, sino porque el cansancio comenzaba a hacer estragos en su cuerpo. Había pasado por muchas cosas ese día como para seguir teniendo energía. Cansado ya de todo lo vivido, se dejó vencer por el sueño. Apoyó su rostro sobre la cama, justo a la altura de la mano de su novia, la cual apretó con la suya y finalmente cerró los ojos. No pasó mucho tiempo para que se quedara profundamente dormido. Los médicos y enfermeras pasaron varias veces por fuera de la habitación para cerciorarse de que todo seguía en orden, y manteniéndose sorprendidos de que Hermione Granger aún no hubiera despertado.
Pasaron un par de horas más hasta antes de que la paciente -que más se esperaba despertara- abriera los ojos nuevamente. Le costó bastante al hacerlo en un principio porque no se lograba acostumbrar a la luz que ingresaba de la ventana, pero luego de que sus pestañas le ayudaran a dejar entrar la luz nuevamente a su rostro, comenzó a observar lo que la rodeaba. Un montón de máquinas tenían cientos de números que ella jamás lograría entender de qué. También a su lado junto a una de las mesitas de noche, estaba lo que parecía un monitor que a su vista mostraba cuantos latidos hacía por minuto. Y al otro lado, era una multitud de globos, peluches, cartas, fotografías y todo tipo de cosas que podía imaginar, que le hacían recordar que ella era un figura pública que tenía seguidores, de los cuales se habían preocupado de enviarle regalos para hacerla sentir mejor. Pero a pesar de todo ello, esa era una habitación de hospital, de eso no había duda. Hermione no evitó hacer una mueca de disgusto, odiaba los hospitales. Detestaba todo lo que tenía que ver con esas depresivas paredes pintadas de un tono azulado, esos pasillos interminables y esas incontables habitaciones que ocultaban miles de historias.
Intentó levantarse, pero lo único que consiguió fue un punzante dolor en su pierna y una fuerte neuralgia. Luego supo que lo único que lograría sería acomodarse un poco así que trató de ladearse. Quedó recostada de lado justo a tiempo para reconocer que no estaba sola. Ron estaba junto a ella, sosteniendo fuertemente su mano. Dormía profundamente y casi podía admitir que roncaba.
Lo observó dormir durante un rato, hasta que sintió que era necesario que él supiera que ella estaba bien, porque a juzgar por su expresión desolada al dormir, podía reconocer que no lo había pasado muy bien hace unas horas.
— Ron…. — lo llamó, pero no le sirvió de mucho. — Ron…
El pelirrojo se removió un poco.
—…no le compré ropa al bebe… — murmuró. Hermione evitó reír, pero siguió haciendo sus intentos para despertarlo, a pesar de que solo conseguía frases sin sentido.—...esa no le va a quedar… más pequeña…eso es para elefantes…
— Ron…
Al parecer este último llamado hizo efecto en él, porque comenzó lentamente a separarse del extraño sueño que estaba teniendo, para volver a la vida real. Inspiró profundamente antes de abrir los ojos y darse cuenta de que una bella mujer lo observaba despierta. Y le sorprendió el descubrir que no era nadie más que Hermione. Ella le sonrió y él le correspondió a esto, a la vez que se acercaba a ella para atraerla a su regazo y darle el abrazo que había deseado darle semanas atrás.
— No puedo creerlo — susurró a su oído, ella se estremeció. Había sido demasiado tiempo sin sentirlo tan cerca. — ¿Por qué no despertabas, eh? ¿Querías matarme del susto? Pues si era eso, lo conseguiste. Y no solo una vez…
Hermione trató de reír, pero su cabeza comenzó a darle vueltas. El dolor de cabeza la estaba matando. Soltó un pequeño quejido y luego dejó de controlar su cuerpo. Ron la sostuvo justo a tiempo para que no callera de bruces al suelo, así que rápidamente la recostó sobre la cama. Le alzó la almohada para que ella pudiera tener mayor visión y que el mareo pasara rápidamente.
— Ron… —murmuró ella, tratando de tomarle una mano. — hay algo que tienes que saber.
— ¡Mierda! Tenía que llamar a la enfermera — se recordó, sin percatarse de que su novia luchaba por tener la fuerza para decir algunas palabras—. Tranquila, todo estará bien…
— Ron… no, por favor escúchame… —el pelirrojo presionó él botón que se conocía como el de emergías. Mientras Hermione lidiaba por no desmayarse.
— Llegaran en unos minutos… tranquila, todo estará bien.
— Estoy embarazada — soltó ella de repente.
Observó con atención la expresión que Ron pondría y le sorprendió no ver la que esperaba. Ya que en su lugar, una extraña mirada de tristeza y culpabilidad le decía a gritos que no estaban siendo sinceros… Bueno, al menos no uno de ellos.
— Estabas… —corrigió él, antes de que doctores y enfermeras ingresaran a la habitación.
Nuevo capítulo a bordo!
Espero sus comentarios y muchas gracias por todo.
Nos vemos pronto!
