Capítulo 33:

La foto del millón de dólares

— Señor Weasley… necesito que salga de la habitación por un momento. —le pidió uno de los doctores, mientras el resto de las enfermeras se acercaban a Hermione para tomar muestras y verificar que se encontrara bien.

Pero Ron lo único que atinó a hacer fue a retroceder, mientras el rostro -aún sorprendido- de Hermione, le causaba un extraño temor. Ella lo observaba fijamente, mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos para luego rodar por su mejilla y finalmente caer sobre la tela de su camisón. Era una imagen desoladora para él.

El doctor le informó que lo llamaría cuando terminaran la revisión de rutina. Pero él incapaz de quedarse observando por esa pequeña ventana, caminó por el pasillo hasta llegar a la sala de esperas, en donde Harry y Ginny dormitaban.

Se llevó una mano a la cabeza para refregarse el cabello con desesperación. ¿Cómo había llegado a esa situación? ¿Cómo diablos había permitido que ese loco le quitara a Hermione y a la pequeña vida que había comenzado a formarse en su interior?

— ¿Ron? —escuchó que lo llamaban. Harry se puso instintivamente de pié al verlo.

Él pelirrojo alzó la vista del suelo, para ver a su amigo. Y percatarse de que su hermana lo acompañaba. Bueno, no era extraño de todos modos, ya que se habían casado.

— ¿Cómo está Hermione? —le preguntó la pelirroja.

— Bi… bien, le están realizando un… un chequeo de rutina… o algo así — respondió inseguro. La verdad es que no estaba en su mejor momento como para responder a más preguntas y tampoco recibir más respuestas que lo llegaran a sorprender.

— ¿Nos dejarán entrar a verla?

— No se… no le pregunté, pero me dijo que él me llamaría… o algo así… ¡no lo sé! ¿Qué mierda voy a hacer? —exclamó desesperado. Harry y Ginny lo observaron sorprendidos porque estuviera tan exaltado. Lo entendían perfectamente, pero no sabían porque reaccionaba así, más aún cuando la gente seguía observándolos atentos a cada movimiento que hacían.

— De acuerdo, tranquilo —le pidió Harry, acercándose lo suficiente como para susurrarle y darle una palmada en la espalda a modo de comprensión. — todos nos escuchan, así que si no quieres ser la portada de todas las revistas y diarios, será mejor que te tranquilices, Ron.

— La prensa a estado luchando todo este rato por colarse de alguna forma a esta sección del hospital —le informó Ginny. El pelirrojo dejó un poco atrás su anterior preocupación para entender la situación en la que estaba. — no me sorprendería que alguno se hiciera pasar por un enfermo o algo así, para entrar aquí.

— Esto es un descontrol, son demasiadas… demasiadas noticas para una sola noche —meditaba estresado.— estoy feliz de haberla encontrado… se los juro, pero no sé qué voy a hacer de mi vida ahora.— Harry y Ginny lo observaron sin entender a qué se refería. Porque la verdad es que lo único en lo que ellos podían pensar en ese momento, era en saber que la castaña estaba bien después de haber estado más de una semana secuestrada por un lunático. Ron volvió su mirada fijamente a ellos, sin importarle que el resto de las personas que estaban sentadas en la sala de espera pudieran escucharlo decir lo siguiente.— con todo esto de que la secuestraron… ese maldito que debe andar por ahí suelto… Hermione herida… perdimos a nuestro hijo… yo la enga…

— ¡¿Qué?! ¿Un hijo? —exclamó Ginny desencajada. Harry de pronto, la abrazó tratando de callarla y hacerle entender que lo había dicho demasiado alto. Ella asintió y se acercó a Ron para susurrarle.— ¿Como que un hijo?

— ¡Mierda! —exclamó enojado. Se había olvidado de que Ginny no sabía nada de ello.— Sí, es que… el doctor me dijo que… ella estaba… —miró en todas direcciones tratando de intimidar un poco a los espectadores de la sala de emergencias y lo siguiente prácticamente lo dijo solo con sus labios, sin dejar escapar sonido de ellos. —embarazada…

La reacción de Ginny no fue muy alentadora. De hecho, ambos hombres percibieron que su rostro comenzaba a ponerse completamente rojo -tanto como su pelo-, no porque estuviera avergonzada o algo parecido, sino porque parecía que en cualquier momento saltaría sobre su hermano y le daría unos buenos golpes.

— ¡Eres un completo idiota, Ronald Weasley! —gritó, sin importarle que el resto los escuchara. — ¿Cómo puedes ser tan imbécil? ¿Te das cuenta de toda esta situación? ¿Te das cuenta de lo que has provocado? —en vista de la cara de confusión de su hermano y de Harry, se acercó para decirle con todas sus letras lo que estaba pensando. —la engañaste, la perdiste y ahora recién te vienes a dar cuenta de que la pobre Hermione estaba embarazada… ¿Qué eres idiota con honores o qué?

— Ginny, cariño… no creo que sea buena idea que… —comenzó Harry tratando de calmarla, al ver a su amigo pálido.

— ¡Nada de Ginny Cariño! —lo interrumpió enojada. Ya le daba todo igual.— quiero que el idiota de mi hermano entienda en todo lo que se ha metido… —se dirigió esta vez a Ron.— ¿Qué vas a hacer? ¿Ah? ¿Qué diablos vas a hacer ahora? Hermione estuvo secuestrada, luego a punto de morir, perdió a ese pequeño y ahora tendrá que sufrir escuchando tu relato de como la eng… —se detuvo en seco. No solo porque la gente parecía comenzar a entender la situación, sino también porque se suponía que ella no sabía nada del engaño de Ron con Lavender. Y para su mala suerte, sería su marido quien saldría perjudicado de todo eso.— ya sabes, todas esas estupideces que has hecho mientras ella no ha estado aquí…

— ¿Co-como sabes que la…? —el pelirrojo miró a Harry que demostró su expresión más adorable de arrepentimiento. Suspiró, rodó los ojos y asintió haciéndole entender que todo estaba bien. Luego volvió la mirada a su hermana y la observó atento.— Hermione no puede saber de… eso… no… ella me matará… no, no podrá matarme pero no me va a perdonar… por favor no podemos decirle… ¡No pueden!

— ¡Claro que puedo! —se atrevió la pelirroja. Ron abrió los ojos como plato.— y de hecho lo iría a hacer en este mismo momento si me dejaran, pero tenemos que ser conscientes de su situación y de que no está en el mejor momento para recibir noticas de este tipo…

— Los entiendo a los dos perfectamente, pero creo que no es el mejor momento para hablar de nada… ni si quiera de la vida que perdieron. No es el momento, Ron. —opinó Harry, abrazando a su esposa para que esta se calmara un poco.— Hermione va a necesitar descansar… así que creo que lo más certero y lógico es que le demos una semana de tranquilidad, y luego veamos cómo va todo…

— ¡No estoy de acuerdo en que le ocultemos la verdad por tanto tiempo! —comentó la pelirroja más calmada, pero manteniendo su actitud prepotente.— Nos va a odiar cuando sepa que no le dijimos esto apenas supimos… Lo siento hermanito, pero esta vez metiste la pata hasta el fondo… tan profundo como un pozo… ¡imbécil!

— ¡Ya, Ginny! ¡Basta! —exigió Ron, llevándose una mano al cabello con desesperación.— Sé la estupidez que hice, pero no puedo hacer nada para retroceder el tiempo… y créeme que si pudiera hacerlo lo haría en este mismo segundo, ¡pero no se puede maldita sea!... Tengo que asumir mi responsabilidad… pero no puedo… no aquí y no ahora… ¿Qué no ves dónde estamos? —la pelirrojo rodó los ojos, su hermano definitivamente creía que estaba tonta como para no saber eso. — no me mires así, se lo que estás pensado, pero no quiero hacerle más daño del que ya le he hecho… ¡Entiende, por favor!

— ¡Te entiendo estúpido! —fue esta vez Ron quien rodó los ojos. ¿Hasta cuándo seguiría su hermana insultándolo? Aunque después de todo… ella tenía razón, se lo merecía.— Pero también tienes que ponerte en su lugar… ¿Cómo crees que se va a sentir ella cuando lo sepa? ¡O peor aún! ¿Cómo crees que va a reaccionar sabiendo que hiciste todo eso mientras estaba secuestrada por ese loco? Piénsalo…

Ron lo había pensado. Lo había meditado muchísimas veces todo ese tiempo en que ella no había aparecido. Y ahora que estaba a salvo nuevamente, sentía que la culpa lo carcomía por dentro con una rapidez y fuerza increíble. Hermione no había hecho nada malo… ella solo había luchado por salir de las garras de ese imbécil y él… ¡Él la había engañado! ¿Qué clase de bestia hacía algo así mientras la persona que amaba estaba desaparecida? ¿Quién?

¡NADIE!, pensó enojado consigo mismo. ¡Porque no le cerré la puerta en las narices, maldita sea! ¡Por qué no fui consciente de que con alcohol en mi cuerpo no sirvo para nada! ¿Por qué?

¿Y ahora cómo? ¿Cómo se hacía para decirle a la persona que amas que lo engañaste? ¿Cómo?

¡Sí hubiera un maldito manual para estas cosas!

— Ya… ya no quiero hablar más de este tema… Hermione está internada, no quiero hacerla sentir peor… mejor preocupémonos por ella, luego hablaremos de este tema —dijo agotado. Se pasó una mano por su pelirrojo cabello para luego cubrirse el rostro avergonzado. Soltó una pequeña lágrima que no fue perceptible para nadie más y luego se sentó junto a Harry y su hermana, que esperaban por más noticias en silencio.


Cuando ya eran pasadas las seis de la mañana, la mayoría de los Weasley estaban despiertos en la Madriguera. Algunos rondaban por la casa con el pijama y comiendo algo y otros naturalmente estaban sentados en la gran mesa saboreando el desayuno sin poder sentirlo bien como en todas las otras ocasiones en que la primera comida del día era el inicio de un gran día.

No, esta vez todo era diferente.

Nadie reía, sonreía o simplemente hacía un amago de hacerlo. Porque ninguno tenía el ánimo ni las ganas de hacerlo. Además de que no habían tenido ninguna noticia más desde la clínica que la escueta llamada de Ginny. La pelirroja no le había dicho nada más que Hermione había despertado, pero luego de algunos análisis y una rápida revisión rutinaria los doctores habían preferido doparla nuevamente.

Molly no recibió la noticia con buenos ojos. Sabía que si a un paciente lo anestesiaban contra su voluntad, no podía significar nada bueno. Ella misma había sufrido en uno de los partos de sus hijos pelirrojos, una alteración al ver que la única niña de su familia presentaba complicaciones para nacer. Y por ello mismo fue que para tranquilizarla le habían puesto un adormecedor con el cual despertó al día siguiente sin saber si finalmente había conseguido dar a luz a la pequeña Ginevra Weasley. Afortunadamente todo había salido bien a pesar de las complicaciones para ella, pero por otro lado, había sentido una desesperación traumática que había obligado a los doctores a anestesiarla contra su voluntad. Y ella como madre, sabía lo desesperante que podía llegar a ser eso. Así que ahí en solitario, mientras observaba por aquella ventana en que vió a su hijo esa misma noche cuando encontró a la castaña, pensaba la razón por la cual habrían adormecido. Trató de pensar que todo se debía al miedo que podría tener luego de haber sido retenida contra su voluntad por un demente, pero no dejó de estar preocupada por ello tampoco.

Hermione era una chica joven que había luchado gran parte de su vida sola. Y ahora que más necesitaba compañía se alegraba de saber que ella y su familia podían brindarle ese cariño y amor que nadie más había logrado darle. Sonrió dulcemente y volvió la vista al resto de sus hijos Weasley que dormitaban tomando su desayuno.

Tanto al mayor de sus hijos como el par de gemelos que la estresaban, habían estado al pendiente de la situación hasta tarde, viendo las primicias de la televisión sobre toda la situación de Hermione. Y era por ello mismo que habían preferido levantarse temprano y seguir atentos en caso de cualquier noticia. Su rostro se iluminó al saber que su familia quería esa muchacha como si fuera una más de ellos, y no se sorprendió cuando se reconoció a sí misma, que Hermione era casi como una hija para ella.

— Mamá… —la llamó Bill Weasley.— Ron acaba de llamar…

— ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué no me avisaron? —le espetó enojada. Su hijo la observó confundido.— ¿Por qué me miras así?

— Mamá… —repitió el muchacho sorprendido.— estuve llamándote más de cinco minutos para que fueras al teléfono… ¿Qué no me escuchaste? —la expresión de Molly le hizo entender claramente que no. — bueno de todas maneras no es mucho lo que me dijo. —Bill le indicó que lo acompañara a la cocina, para poder informarle a todos las nuevas noticias.

— ¡Fred! ¡Bájale el volumen a esa televisión! —pidió Arthur, sentándose en la mesa para escuchar a su hijo.

— Ron llamó hace unos minutos y dijo que ella está bien —un suspiró de tranquilidad invadió toda la cocina.— pero que no dejarán el permiso a las visitas hasta mañana.

— ¿Qué…? ¿Pero por qué? —preguntó Molly alzando la voz. Ese grupo de doctores comenzaba a irritarla.

— No lo sé, supongo que porque aún está convaleciente de todo eso de la operación... supongo —agregó sin confianza.— Así que propongo Weasleys, que deberíamos ir a comprar algo bonito para Hermione, para llevarle cuando vayamos a verla mañana temprano…

— Ni que hubiera dado a luz a un pequeño Weasley —bromeó Fred. Todos los observaron severamente. — ¿Qué? ¿No creen que es un poco ñoño? Mejor dejemos los regalos aquí y preparemos algo para cuando salga del hospital…

— Clínica —corrigió Percy.

— Sí, sí, sí, lo que seá —aceptó fastidiado.— Pero no creo que sea bueno ir a rellenarle la pieza de chucherías. Mejor hagamos una linda fiesta de bienvenida como lo hemos hecho con todos los Weasley cuando salen de algún problema así…

— De todas maneras deberíamos llevarle algún presente mañana. —opinó Charlie, que se había mantenido al margen de toda la conversación. Todos le prestaron atención, a la vez que su rostro se contraía en las cejas.— ¡Oye Fred! A mí no me hicieron ninguna fiestecita cuando salí del hospital con la pierna mala…

— Si, pero eso es diferente —aclaró sin dar más respuesta.

— ¿Por qué es diferente?

— Porque para ti ya era la tercera vez en el hospital —Charlie se encogió de hombros, sin quedar convencido.— y no pensarás que celebraremos cada vez que estúpidamente te estrellas contra un bus…

— ¡Fred! —lo regaño su madre.

— ¿Qué? No es nuestra culpa que el idiota de Charlie no vea por donde escapa.

Charlie seguía sin entender la diferencia, pero poco siguió importándole, porque Molly los detuvo justo a tiempo para que Fred no dijera nada de lo macabro que estaba pensando decirle.

— Cada uno vea lo que hará en el día, pero les aseguro que esa muchacha les agradecerá sinceramente que se acuerden de ella. —opinó la señora Weasley. Los pelirrojos la escucharon atentos. — Hermione no tiene más familia que a nosotros… y supongo que a ustedes también les gustaría que alguien se acordara de ustedes y les llevara aunque fuera un dulce después de haber sufrido algo tan terrible como esto.

— Yo voy a la ciudad… ¿A quién llevo? —preguntó Charlie, a la vez que se ponía de pie con firmeza para hacerle entender al resto de sus hermanos que él haría exactamente lo que su madre había sugerido.

— Todos —soltó presuroso Percy.

— No creo que caigan todos en mi auto, sé que es grande pero n…—intentaba hacerlo entender Charlie.

— ¡No seas idiota! —exclamó George riendo. Aunque trató de contenerse al ver a su madre observándolo severamente.— digo… dividámonos en dos grupos.

Charlie rió también, observando al gemelo sacarle la lengua como si fuera un niño pequeño. El resto de la familia, subió las escaleras para vestirse correspondientemente y poder salir en busca de algún presente para la castaña.

La nueva integrante del clan Weasley.


— Anda tranquilo, ya iremos nosotros después si es que nos permiten de nuevo. —le aseguró Harry, indicándole que fuera a ver a Hermione.

— Sí, ve —apoyó su hermana. Ron asintió levemente. —nosotros iremos a comer algo a la cafetería que hay abajo, porque aunque soy una dama, tengo estomago de Weasley.

Harry y Ron sonrieron un poco, más animados.

— ¿Quieres que te traigamos algo? —preguntó Harry preocupado porque Ron no hubiera probado bocado desde que habían llegado a la Clínica. El chico negó. — ¡Vamos, hombre! Un par de galletas no te van a hacer mal…

— No, gracias.

— ¡Ron! Es solo un estúpido paquete de galletas… no te vas a sentir culpable por comer eso ¿verdad? —El pelirrojo negó nuevamente. — ¿entonces?

— No tengo hambre…

— ¿No tienes hambre? —repitió indignada. — ¡Vaya! ¡Creí que no estaría viva para presenciar la primera vez que Ron dijera que no tiene hambre! ¡Sorprendente! —exclamó divertida. — ¡Afírmame Harry! ¡Va terminar hoy el mundo!

— Está bien, ya basta —soltó Ron fastidiado. La verdad es que solo había aceptado porque ya no quería seguir hablando. Necesitaba con urgencia terminar esa conversación e ir a verla a ella, antes de que el médico le dijera que tenía que retirarse nuevamente de la habitación.— pero prefiero un sándwich… —Harry lo observó confundido. Él le había ofrecido unas galletas y casi había tenido que obligarlo a que aceptara… ¿y ahora le pedía eso? — ya sabes… estomago Weasley.

Ron suspiró y sin dar más explicaciones emprendió camino de vuelta. Se posó frente a la puerta de la habitación y con lentitud la fue abriendo. En su interior estaba la cama, las maquinas, una silla y un pequeño sillón de esquina que estaba ubicado para aquellos que desearan pasar la noche ahí. Cerró tras de sí la puerta lo más despacio que sus manos temblorosas se lo permitieron, ya que después tambaleándose un poco logró llegar a una orilla de la cama, mientras mantenía su mirada fija en ella. Hermione había dejado su posición anterior mirando al techo, para ahora adoptar una posición fetal. Su rostro demostraba una expresión de dolor que a él logró perturbarlo, y acompañado de esto una respiración intranquila que el comprendió inmeditamente al verla abrir sus llorosos ojos castaños.

— Hola —murmuró él con una suavidad inhumana. Ella pareció querer hacer una especie de sonrisa, pero lo único que consiguió fue un temblor en su barbilla.— ¿Estás mejor? —Hermione cerró los ojos, contuvo la respiración y asintió levemente.— ¿Quieres que me vaya? — ¡Pero que pregunta más estúpida!, pensó. Claro que no quiero irme, pero si tú lo deseas así…

— No. — respondió ella con simpleza.

Ron asintió.

— ¿Quieres comer algo? —ella negó. — ¿Quieres que llame a alguna enfermera? —Ron pareció percibir que ella intentaba rodar los ojos, pero definitivamente su cuerpo no se lo permitía porque no tenía la fuerza suficiente. — Lo siento, lo siento… soy un estúpido… no sé que pueda decir para ayudarte… es solo que todo esto es tan… tan reciente y… inesperado que…

Hermione volvió a intentar hacer una sonrisa, solo que a diferencia de la anterior ocasión, esta vez sí pareció resultar. Aunque solo para desvanecerse segundos después. Ron la observó atento, su rostro había dejado de mirarlo a él, para dar un leve paseo por lo que la rodeaba.

— Odio los hospitales… —susurró.

Ron trató de pensar en algo que la ayudara a aliviarse.

— No es un hospital —respondió, pero en vista que ella estaba dispuesta a replicarle, se apresuró a agregar.— es una Clínica.

Ella entrecerró los ojos.

— Es… lo mismo…

— No, no es lo mismo —contradijo.— de partida es mucho más caro…

Ron tuvo la sensación de que si ella tuviera la fuerza, lo habría golpeado en ese preciso instante.

— Sácame de… aquí —rogó ella, apunto de ponerse a llorar.

— No puedo —dijo él, tratando de sostener su mano entre las suyas. Pero ella la alejó apenas él respondió.— tendrás que mantenerte en reposo por al menos una semana…

— No… quiero —Ron suspiró, pero no dijo nada.— no quiero estar aquí… mi padre… yo quiero estar en mi casa… —él asintió entendiéndola, pero no tenía intenciones de hacer nada. — tengo… miedo…

Aquella simple palabra. Tan minúscula y tan significativa a la vez. Era sin duda una de las más tristes confesiones que ella le había hecho… esperen. Ella misma le había dicho que eso mismo la noche… anterior… al secuestro…

— Hermione… —dijo serio, tratando de tener su atención. La castaña posó sus ojos castaños en el.— Tu… ¿tu sabías que Dan… iba a hacer algo? —no dijo nada, pero tampoco negó a su pregunta. — ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Por qué maldita sea! ¿Te das cuenta de lo que tuviste que pasar? ¡Sí tan solo me lo hubieras dicho…!

— Eso no habría cambiado nada… —interrumpió ella con voz tenue. Los ojos de Ron ardían.

— ¿Cómo que eso no cambia nada? ¡Claro que lo cambia! ¡Cambia todo, Hermione! —ella no se impresionó por la fuerza con que decía esas palabras. Sabía que se había equivocado en no decirle que algo podía pasar al día siguiente, pero tampoco se arrepentía de lo que había hecho. Las cosas podrían haber salido mucho peor de otra manera. — ¡Podríamos a ver hecho algo para protegerte! ¡Cualquier otra cosa que te mantuviera a salvo! ¿Qué acaso no piensas? ¡Eres lo bastante inteligente para darte cuenta de que hay formas de seguridad que protegen al mismísimo rey y que son infalibles!

— Siempre puede haber falla en ellos… —objetó.

— Sí, las hay. —concedió él. — pero yo no habría dejado que pasara…

Entonces esta vez, ella si se sorprendió. Su rostro tranquilo y sereno, se transformó en uno de asombro. Uno que comenzó a bañarse en lágrimas y le suplicaba que entendiera que cada cosa que había hecho no era porque lo quisiera, si no porque ella sabía que había sido lo mejor.

— Lo hice para bien —dijo ella al fin, con varios tonos más bajos de lo que Ron estaba acostumbrado a escuchar. Y prosiguió al ver que el rostro de su novio se transformaba en un claro: ¿Qué? — Por nuestro bien… porque si yo te decía algo, tu tendrías el mismo peligro que yo… no habría mucho de lo que me pudieras proteger, al igual que ahora…

— Hermione… —comenzó con lentitud, tratando de sonar lo más tierno posible, a pesar de que tenía unas inmensas ganas de zamarrearla y hacerla entender. — nada malo te va a pasar… Ese medico loco está siendo buscado en todo el país, y tu estás aquí junto a mí. Mientras una buena cantidad de guardias custodian la entrada para que nadie pueda entrar a hacerte daño… ¿lo entiendes? Nada malo va a pasar, ya no.

La castaña lo observó atento. Tenía muchos deseos de decirle que no fuera ingenuo, que si Dan había logrado secuestrarla en una fiesta privada, con gran facilidad podía hacerlo en un hospital -o clínica, lo que fuera-, pero él se mostraba tan confiado, que prefirió callar sus verdaderos pensamientos, y solo asintió.

— Tienes razón.

— ¿Lo ves? Todo estará bien —tomó su delicada mano aún conectada a una buena cantidad de aparatos y depositó un pequeño beso en ella. Luego de esto la entrelazó y levantó su otra mano libre, para acariciarle el cabello castaño enmarañado. — Confía en mi Hermione… ahora que lo sé, te juro que no dejaré que nadie te haga daño. Nadie… —repitió. Ella asintió levemente.— Ahora debes descansar, vuelve a dormir.

— No puedo…

— Claro que puedes, solo tienes que…

— Y tampoco quiero —le interrumpió ella con voz áspera, casi como si quiera gritarle. Ron rodó los ojos, sabía cuan testaruda podía llegar a ser.— pero lo que si quiero es saber como… como están todos.

— Estaban más preocupados que el papá de ese pescadito de la película… ese… ¿Nembro? ¿Memo?

— Nemo… —apuntó ella.

— ¡Sí, ese mismo! —confirmó emocionado. Ella no pudo evitar reír porque la sola idea de pensar en que su novio veía ese tipo de películas y más aún las utilizaba para hacer un ejemplo. — pero, en fin… están felices de que al fin hayas aparecido… es que es tan… todavía no puedo creérmelo.

— Lo se… —olvidar el tema. Era lo único que deseaba en ese momento. — pero ya dejemos eso atrás… como te dije… quiero saber como están todos… ¿Ginny y Harry?

— Ellos están afuera, en la sala de esperas… bueno, no. Ahora deben estar en la cafetería comiéndose todo lo que existe comestible. —Hermione sonrió y se giró nuevamente para quedar ladeada, pero frente a él. Ron suspiró, se sentía tan bien teniéndola cerca nuevamente. — Iría a llamarlos para que vinieran, pero no te permiten las visitas hasta mañana.

— No estoy tan grave —dijo enojada.

— Eso solo puede aceptarlo o negarlo un medico, cariño. —se acercó a ella para poder atraer toda su atención. — y como se que no te convertiste en medico mientras estuviste…—meditó la palabra correcta.— lejos, supongo que tendremos que acatar las ordenes de los especialistas ¿no, amor? — Hermione negó. — no, no, no. No me mires así, no me vas a obligar ni convencer de nada, así que recuéstate tranquila y seguimos hablando si así lo quieres ¿de acuerdo?

— Esta bien —aceptó rendida. — pero ya no se que preguntarte… es como si me hubiese olvidado de todo lo que he hecho en este tiempo.

— Tienes todo el derecho de hacerlo, fue demasiado traumático lo que viviste… apropósito… ¿quieres hablar de ello?

— No —negó rotundamente. El pelirrojo asintió, se acercó a ella y muy a pesar de que deseaba enormemente darle un beso en los labios, se contuvo y lo depositó en su frente. — y tu… ¿Qué hiciste en todo este tiempo?

— Cualquier cosa menos estar tranquilo —admitió sonrojado. Ella sonrió levemente, y presionó las manos que tenían unidas. — de hecho, fue por eso mismo que tuve que irme a la casa de mis padres. No podía estar calmado sabiendo que no llegarías a dormir… pensaba en las cosas más horribles, no se me pasaba por la cabeza nada coherente…

— Sí, yo tampoco estuve tranquila.

— Eso lo tengo claro, y de no ser porque… —iniciaba él, perturbado.

— Lo sé, tranquilo. Ahora toda esta bien —lo interrumpió ella tranquilizándolo. —. Se lo que pasaste, porque yo también me sentía así, pero es mejor que lo veamos como algo que tenía que pasar… y que simplemente ya pasó.

— ¿Crees que sea necesario en algún momento que hablemos de lo que pasó? —preguntó temeroso de la respuesta y deseoso de poder saber que le había hecho ese desgraciado.

— Sí, supongo que sí. —Ron la observó sorprendido. Esperaba otra respuesta.— tal vez nos haga bien saber que fue todo lo que sucedió. Eso… es parte de la confianza que nos tenemos ¿no?

— Así es. —consintió. — pero por ahora quiero que sepas… que no hay lugar más seguro para ti, que estar a mi lado.

No sabes como quisiera creer eso… pensaba ella.

— Y ahora… ¿Qué va a pasar?

— ¿Cómo que qué va a pasar? —inquirió nervioso.

Por su mente pasaron las peores cosas. Incluidas el hecho de que probablemente ella diera la opción de que ambos se alejaran como pareja real. Pero cuando la respuesta de su novia fue otra, todo su cuerpo se relajó instantáneamente causándole una extraña tranquilidad, muy diferente a todas las que había sentido antes.

— Ya sabe… si tengo la pierna operada, no creo que pueda hacer comerciales, promociones, propagandas y cosas así…

— Ah, eso. Eh… supongo que tendremos que… Robert esperará. —finalizó.

— ¿Y que va a pasar con el bebe?

Sin rodeos. Sin más palabras que aquellas justas y necesarias. Directo al punto que necesitan aclarar ahí en ese mismo instante, antes de que los problemas y mentiras se agrandaran aún más.

— Pensé que ya habías entendido que ya no hay… —no terminó la frase, porque sabía que era lo más fuerte que sus propios labios habían dicho. No sabía que decirlo y tampoco estaba preparado para seguir hablando de ese tema. Pero su deber de hombre, le exigía que siguiera, y finalizara esto también.

— Sí, eso lo entendí —confirmó ella. Pero su rostro seguía demostrando lo contrario. Había algo en ella que le rogaba que le dijera que eso no era verdad, que todo seguía igual y que pronto esa vida de la cual no habían tenido conocimiento, seguiría encubándose en su interior. — pero no se sí…

— Yo tampoco quería creerlo —confesó. ¿Ya que más daba? Estaban juntos, tranquilos y además ella estaba bien. Eso era lo único que él necesitaba. — me sorprendí mucho en un principio cuando me lo dijeron…

— ¿Quién te lo dijo? —quiso saber.

— El medico que te atendió. —reveló él. Mientras decía cada cosa, prestaba especial atención a su reacción, por miedo a causarle alguna molestia severa. — él pensaba que nosotros ya sabíamos de… todo eso.

— Yo… no lo sabía tampoco —Ron se sorprendió, e incluso balbuceó algunas palabras que le dieron a ella la impresión de que no le creía. — solo lo sospechaba.

— ¿Lo sospechabas? —repitió aturdido. Era demasiada la información que tenía en la cabeza. — ¿Cuándo comenzaste a sospecharlo? ¿Lo sabías cuando seguíamos juntos?

— No, esto fue después. Cuando Dan me tenía apresada en una silla me empecé a sentir mal; me mareaba, sentía olores demasiado fuertes, y tenía todo el tiempo ganas de vomitar, pero me contenía. Porque si él hubiese llegado a saberlo, estoy segura de que… de que él hubiera hecho algo para… quitárnoslo…

— Espera, espera —la detuvo. Hermione le hizo caso y esperó paciente a que el le dijera lo que fuera que tuviera que decirle. — ¿El te hizo algo? ¿Te… toco? ¿Te… te trató de…?

— ¡No! —exclamó con fuerza, haciendo un movimiento brusco para levantarse. Cosa que le produjo un fuerte mareo que la obligó a recostarse nuevamente, sosteniendo su cabeza. Cerró los ojos con firmeza y negó con la cabeza una vez más. Segundos después volvió a hablar. — Dan no me haría algo así. Él no es así.

— ¡No lo defiendas! —vociferó Ron exaltado. — Si se atrevió a secuestrarte, pudo ser capaz de cualquier cosa.

— Pero no de eso. Dan no me hizo nada de eso.

— ¿Te hizo otras cosas entonces? —inquirió rápidamente de su respuesta. — ¿Qué cosa, Hermione? ¿Qué otras cosas te hizo?

— Se supone que hablaríamos en otra oportunidad de todo esto…

— No voy a dejar que te quedes callada, ya me lo soltaste. Ahora tendrás que decírmelo sí o sí.

— Ron, Dan no es una mala persona… solo está un poco confundido.

— ¡Deja de defenderlo, maldita sea! —gritó enojado. Hermione soltó su mano y retrocedió milímetros en su cama. Entonces él suspiró, negó y se volvió a sentar en la silla que estaba ahora en el suelo, por el rápido movimiento que había hecho al ponerse de pie. — Lo siento, perdóname. Es que… no puedes pedirme que este tranquilo mientras ese estupido esta allá afuera… libre y… ¡y te secuestro!

— ¿Entonces porqué me pides a mi que este tranquila? Si ni tu puedes estarlo, ¿Por qué yo sí? —maldita sea, es verdad, pensó él. Trató de sentarse correctamente y fingir que nada había pasado, pero en su interior sentía que su sangre hervía. — No le pidas a los demás, algo que ni tu puedes lograr.

— ¡Es diferente! —se defendió. Ella negó. — ¡Claro que sí! Porque no soy yo el que está hospitalizado…

— No estoy aquí por gusto, pensé que eso ya había quedado claro.

— Sí, lo siento. —finalizó. Se llevó una mano a su cabello y la pasó lentamente por el, en una especie de acción calmante. — eh, como te decía… después de que lo supe… me sorprendí mucho, pero luego comencé a pensar… a meditar lo que podría… lo que podría haber ocurrido… y... —bajó su mirada. Hermione lo miró entendiendo lo que él estaba sintiendo perfectamente, porque ella sentía lo mismo. Y segundos antes de que él respondiera, lo vio alzar su mirada al fin para verla a ella y demostrarle que realmente sentía mucho todo lo que había pasado. Las lágrimas resbalaron por su mejilla pecosa hasta caer en la cama, a un lado de las manos que mantenían entrelazadas nuevamente. Se sorbió la nariz conteniendo el resto de lágrimas y volvió a hablar. — y… te juro que ruego porque no lo hubieses… perdido.

— Somos aún muy jóvenes… ¿No crees que habría sido demasiado apresurado? Tú y yo tenemos demasiados problemas para traer… otra vida al mundo.

— Lo siento si te digo esto, pero… siento como si tú no quisieras haberlo tenido —soltó con tono molesto. Ella negó, mientras las lágrimas se contenían en sus pupilas.

— No es así, te equivocas demasiado. —Ron sintió segundos después que se había equivocado completamente, porque la respuesta que ella le dio, le hizo entender ella era sin duda la mujer más valiente que él llegaría a conocer. — No hay nada que me duela más que… perder a este bebe… ¿Cómo crees que me siento? No he dejado de pensar ni un segundo en cada sensación que tuve mientras lo tenía dentro de mí. Incluyendo esos terribles síntomas que me hacían desear morirme… ¡no digas nada! —lo detuvo. Ron se silenció al instante. — Porque así era mientras estuve sentada tres días en la misma silla y luego muriéndome del dolor cuando me tuvo apresada con esposas a una cama… ¡te dije que te callaras, Ron! —exigió molesta. El asintió intimidado. — Y cuando confirmé que estaba embarazada… no me preguntes como… supe que podía tener después de todo, algo por lo que seguir luchando. Alguien por quien desear sobrevivir a esa tortura diaria. Alguien por el cual diera mi vida si fuera necesario para hacer lo imposible y salir de ahí. Pero cuando me di cuenta de que estar así requería un riguroso cuidado deje de resistirme a Dan. Respondí a todas sus preguntas y tuvimos largas conversaciones, solo para que me dejara tranquila y yo pudiera estar bien para mi hijo. Pero… ¿Cómo crees que me sentí luego? ¿Cuando sabía que con ese golpe que me había dado segundos antes de que me encontraras, había perdido a mi hijo?… ¡MI HIJO! ¡Iba a tener un hijo! —no se limitó a nada. Dejó que las lágrimas corrieran por su mejilla como un mar, mientras el dolor de cabeza le taladraba la cabeza y los ojos lloros de Ron la observaban atenta. — Sí, íbamos a tener uno, a pesar de que somos tan jóvenes, con tantos problemas y tantas cosas aún por hacer… Pero nada podrá hacerte sentir lo que sentí yo, Ron. No sabes cuanto desearía estar aquí solo por una revisión rutinaria de embarazo… así podríamos seguir bien, y pensar en lo que podríamos hacer por el bien de ese bebe… —se limpió las mejillas con el dorso de su mano, a la vez que su cuerpo hipaba por el llanto. — y ahora que no hay nada más que hacer… te digo que por favor pienses bien lo que dices…

— Somos… somos aún muy jóvenes —soltó el sollozando. — podremos… tendremos otra oportunidad cuando… cuando hayamos resuelto todo… todos nuestros problemas… —dijo con dificultad por su propio hipido.

— Lo somos. —ratificó ella, sosteniendo el rostro de Ron en sus manos.— y te aseguro que no deseo tener a nadie más a mi lado para compartir el amor por un bebe, que contigo.

— Yo tampoco —ella tragó saliva tratando de controlarse a si misma, mientras el contenía el resto de las lagrimas que quedaban en su cuerpo.

— ¿Podrías hacerme un favor?

— Sí, claro, lo que quieras —accedió él, poniéndose de pie.

Mientras estaba de pie observándola y a la vez esperando por su respuesta, percibió aquel brillo especial que le había visto la noche anterior a que desapareciera. Aquella chispa que le hizo sentir que ella era la indicada para él. La mujer con la que quería compartir el resto de su vida. Y a pesar de que sabía que era una completa locura sentir eso, reconoció que aún no era el momento para apresurarse a hacer algo alocado. Ella debía saber la verdad antes de que a él siquiera se le pasara por la cabeza proponerle algo tan importante como lo es el compromiso de matrimonio. Así que desviando todos esos pensamientos complicados, prestó atención a lo que su novia quería pedirle.

— Recuéstate a mi lado y abrázame —suplicó ella. — es todo lo que necesito para estar tranquila, por favor…

Ron sintió que sus piernas le temblaban, y pensó que caería al suelo en el minuto que alcanzó a sentarse en la cama. Justo al otro lado, donde lo único que podía apreciar de ella era su espalda. Levantó la sabana que la cubría y quitándose sus propios zapatos, se introdujo en la cama. Ella se hizo un poco al lado para darle el suficiente espacio, que no fue problema para él, puesto que ella casi se subió sobre su cuerpo para estar más cómoda. Lo único que les impidió sentirse completamente bien, fue la enormidad de cables que seguían conectados a uno de sus brazos. Pero eso fue quitándose importancia a medida que los minutos pasaban, y ambos comenzaron a dejarse ganar por el cansancio. Estaban juntos, eso era lo único que les importaba a ambos.

Hermione pareció ser la primera en caer rendida, porque a pesar de que siguió sollozando un buen rato, fue la primera en comenzar a respirar tranquilamente. Abrazada al cuerpo de su novio, sentía la protección que nunca había tenido. Y adentrándose en el mundo de los sueños fue feliz, a pesar de todo lo que había pasado las últimas semanas.

A Ron por su lado le costó dejarse llevar por el sueño, puesto que sus pensamientos corrían por su cabeza como si fuera una pista de carreras en plena final de Nascar. Era tanto el miedo y dolor que sentía, que sus ojos no dejaron de soltar lagrimas por largas horas, hasta que sus ojos finalmente se cerraron. Pensando en que desde ahora todo estaría bien y que nadie… nadie, podría quitarle lo que ya una vez le habían quitado.

Por ello mismo fue que ellos, ajenos a todo el alboroto que había en el exterior del edificio, no se percataron cuando uno de los fotógrafos contratados especialmente por Rita Skeeter, ingresaba en el pasillo del hospital directo a su habitación. Camuflado como enfermero, listo para tomar la foto del millón de dólares. La imagen que mostrara que la modelo había sido encontrada y que Ronald Weasley era testigo de ello.

¡Clic! ¡Flash!

La imagen perfecta, en la que ambos salían recostados en una cama de hospital, abrazados y felices… al fin.


¡Lo siento muchísimo chicas! No me había percatado de que no había subido el capítulo 33 aquí. En la otra plataforma ya está listo junto con el capítulo siguiente pero aquí no lo había publicado. Es mi responsabilidad y lo siento mucho. Por esto mismo publicaré muy pronto el próximo capítulo, así que estén atentas... :)

Espero también les haya gustado este capítulo y sigan intrigados con la historia.

¡Muchas gracias por todo! ¡Son increíbles!

PD: ¡Tengo nueva historia! ¡Así es! También es un AU y por su puesto de esta maravillosa pareja. Tal vez algunos ya la hayan visto, pero los que no, y que quieres leerla, les dejo aquí el enlace.

s/8959587/1/Sr-Sra-Weasley-AU

Eso es todo por hoy, nos vemos muy pronto. :)