CAPÍTULO REEDITADO
Capítulo 5
De compras con Bra
Día 35.
Ha pasado más de un mes desde que reviví al sujeto B, y mi entrenamiento sigue su curso. Noto mi nivel de poder ascendiendo, y también mi mentalidad cambiando. Mi agilidad y rapidez aumentan, pero mi fuerza todavía está muy por debajo de la de del sujeto B. Él ni siquiera se ha transformado todavía. No ha mostrado ni un cuarto de su poder, lo sé. También sé que eso me hace especialmente débil, porque estoy muy lejos de alcanzar el nivel de súper saiyajin todavía. De todas formas, estoy contenta. Hace meses ni siquiera hubiera pensado en que podría alcanzar semejante nivel de poder, y mucho menos en que pudiera apreciarlo. Me gusta ser poderosa. Me gusta la tensión de la batalla, aunque sepa que no tengo ninguna oportunidad de derrotar al sujeto B. Pero solo pensar en la posibilidad de que pueda llegar a hacerlo me emociona y me incita a seguir intentándolo. Lo cierto es que me estoy sorprendiendo a mí misma.
Durante estos días, no ha habido cambios muy notables en mi vida. Sigo yendo a la universidad y Gohan actúa como siempre. Sé que tiene sospechas sobre mí. Sé que cree que me estoy juntando con alguien que puede ser una mala influencia, pero no hace nada por intervenir, aunque me mira muy a menudo con expresión preocupada y astuta. Creo que quiere que vaya a él por mí misma antes de ir a hablar personalmente con mi padre, porque sabe que él podría hacer una montaña de un grano de arena, y confía en que sea lo suficientemente madura como para controlarlo todo por mí misma o ser capaz de pedir ayuda si es necesario. Creo que de momento no considera una amenaza el ki del sujeto B, aunque reconoce que es bastante poderoso.
Últimamente estoy muy ocupada y todos en casa se han dado cuenta de eso.
Entreno todas las tardes desde que salgo de la universidad hasta bien entrada la noche, por lo que apenas tengo tiempo para mí misma o para los estudios. Cuando llego a casa, ceno con mi familia, me ducho y hago lo poco que puedo antes de caer rendida sobre la cama. Antes solía llamar a Pan muy a menudo o nos veíamos dos veces por semana. Ahora ella me llama, pero yo estoy demasiado ocupada como para contestar. Con Peach, mi conocida/amiga humana, pasa lo mismo. Los fines de semana paso todo el día fuera, aprovechando el tiempo al máximo, y tampoco estoy para ellas. La vida social de la universidad requiere algo más de mi parte, pero me cuesta.
Mamá está preocupada porque sabe que paso demasiado tiempo fuera de casa y muy poco estudiando. Sabe que no soy un genio como ella o como Trunks, y que necesito más tiempo para hacer las cosas. Teme que no termine la universidad.
Trunks no parece prestarme demasiada atención, como siempre, pero cuando vuelvo derrotada después de los entrenamientos a casa, siempre encuentro pomadas, medicinas e incluso semillas senzu encima de mi escritorio. Sé que es él el que las coloca allí, aunque no diga nada al respecto. Supongo que él sabe lo que es entrenar duro con un padre como el nuestro.
Papá… papá ha empezado a ignorarme. No le gusta que entrene, aunque no me lo impide, pero cada vez está más distante. Sus sesiones de entrenamiento han aumentado hasta el punto de encerrarse en la cámara de gravedad y no dormir en su cuarto con mamá. Sé que no se han peleado últimamente. Me da la sensación de que se está preparando para algo, y eso me hace pensar que sabe mucho más de lo que me hace creer, aunque no de señales de tomar cartas en el asunto.
Me he cortado el pelo un poco, porque de verdad me molesta a la hora de entrenar. Ahora siempre lo llevo recogido, y en mi mochila siempre hay prendas de combate. No hay mucho rastro de la chica que era hace un mes, aunque sigo emocionándome con la ropa.
Con respecto al sujeto B… creo que empiezo a tener un par de cosas claras sobre él. Es difícil saber en qué piensa, porque por lo general el único sentimiento que muestra es el de una ira descontrolada por todo lo que le rodea. Esa ira parece aplacar sus demás sentimientos. Mayormente, es el instinto lo que le lleva a hacer las cosas. Si quiere comer, come, sin importar lo que esté haciendo. Si quiere dormir, duerme, aunque sea en pleno entrenamiento. No pide permiso, se tumba en la hierba, se envuelve con la cola y se duerme. No le gusta que le despierten ni que le quiten la comida, aunque creo que se ha acostumbrado a que lo haga. Al principio me gruñía e iniciaba un combate frenético contra mí, pero ahora parece haberse acostumbrado. Soy su despertador personal. Con el tema de la comida es otra historia, porque me da asco comer carne cruda, así que lo dejo zampar sin acercarme siquiera.
Al sujeto B no le gusta hablar de su pasado ni de nada que tenga que ver consigo mismo. Sin embargo, eso no quiere decir que no sienta nada. Lo sé porque a veces le miro a los ojos y veo en ellos algo oscuro. Por algún extraño motivo, su mirada a veces me recuerda a mi padre. Sé que siente algo, pero o es demasiado orgullo como para expresarse, o no confía lo suficiente para hacerlo.
A pesar de llevar un mes entrenando juntos sé que todavía no confía en mí, por mucha tolerancia a mi presencia que haya desarrollado. Creo que esa desconfianza también es instintiva. Dentro de lo que cabe, el sujeto B me cae bien. Su forma de comportarse es opuesta a la mía, tan natural y sincera, sin un ápice de pudor.
Todavía recuerdo su confesión. Me pregunto cuántas atrocidades habrá vivido, como si intentar ser asesinado por tu rey y por tu padre no fueran suficientes.
A pesar de todo eso, me inquieta. En Capital del Oeste no se habla de otra cosa. Hay un asesino suelto que ha matado a más de treinta personas en lo que va de mes, a dieciséis familias en total, contando ancianos y niños. Se le considera un asesino en serie y la policía hace todo lo posible por capturarle, pero no parecen tener ni idea. El asesino mata sin un patrón establecido. Entra en las casas, mata a los niños primero y luego a los adultos, devora la comida y luego duerme en sus camas. Lo único que la policía sabe es que es algo muy grande que mata con inusitada violencia hasta dejar los cadáveres irreconocibles. Creen que es humano, o al menos que tiene conciencia, porque solo alguien con sentimientos podría atacar con tanto odio a los niños. Parece que el asesino los odia.
Si los asesinatos siguen llevándose a cabo y la policía no encuentra al culpable, los Guerreros Z se meterán en medio. No acostumbran a actuar a no ser que el conflicto sea interplanetario, pero sé que todos ellos tienen un punto de vista en común. No se trata de un humano ni de un animal, y ellos, nosotros, entramos en esa definición también, por lo que nos compromete con el resto del mundo. A juzgar por experiencias pasadas podría ser un alienígena o un androide, y de ser así, no conviene que encuentre lo que busca. Sea lo que sea.
Yo tengo mis sospechas, y aunque prefiero convencerme a mí misma de que es imposible, sé que tendré que enfrentarme a esa posibilidad en algún momento.
A partir de ahora dejaré de describirlo todo en mi grabadora. Esta será mi última confesión.
Creo que el asesino es el sujeto B.
Corto y fin.
Bra observó a Broly tumbado en la hierba del bosque después de un intenso entrenamiento. Se había quedado dormido y ella, agotada después de recorrer el bosque esquivando los árboles y las ramas con gran rapidez para mejorar sus reflejos y agilidad, cosa que había acabado con gran parte de su traje de combate y que le había rasguñado la piel, se cruzó de brazos a su lado y se sintió tentada a darle una patada.
Y lo hizo.
Broly la agarró del tobillo antes de que lo rozara, abriendo los ojos repentinamente y tirándola al suelo de una fuerte sacudida. La mantuvo bien agarrada mientras ella intentaba zafarse, en vano, arrastrándose por la hierba. Finalmente, se rindió.
—Está bien, ¿cómo?— preguntó.
—Haces mucho ruido. No serías una buena cazadora— dijo él con una sonrisa divertida, soltándola. Bra se sentó a su lado, encogiendo las rodillas. Ya era de noche, pero todavía quedaba un poco para la cena, así que decidió relajarse y disfrutar de la sueva brisa de principios de otoño. —Avanzas muy despacio. Me pregunto si es porque eres una medio humana o porque eres hembra—
—¿Cómo puedes ser tan machista?— refunfuñó ella. Él la miró con una ceja alzada, dándole a entender que no tenía ni idea de qué significaba esa palabra. Le pasaba muy a menudo y Bra tenía que detenerse a explicarle algunas palabras que le eran del todo desconocidas. Al fin y al cabo, el lenguaje de los humanos no era su lengua materna. —Quiero decir que consideras a las mujeres inferiores a los hombres—
—No es que lo considere, es que nunca he visto a una hembra de mi especie.—
Bra rodeó sus piernas con los brazos. Ante la mirada perdida del guerrero legendario sobre las estrellas que se dejaban ver, a la joven se le vino un pensamiento a la cabeza. Había analizado cada movimiento y gesto del sujeto, y sabía cómo comía, cómo dormía y cómo actuaba durante las peleas, pero no tenía ni idea de cuáles eran sus otras costumbres. Sospechaba que dormía la mayor parte del tiempo, pero si Broly era como un animal salvaje, tan instintivo, también tenía que tener ciertas costumbres sexuales. ¿Cuáles serían?
La chica se sorprendió sonrojándose. Hundió la cabeza entre sus piernas, recriminándose sus pensamientos a sí misma. Pero no podía evitar pensar en ello. ¿Cómo, cuándo, con quién? Y lo más importante… ¿cómo sobreviviría esa persona? Broly no era precisamente pequeño. Si Bra se ponía de puntillas, podía llegar hasta su pecho, pero nada más. De hecho, estaba segura de que le sacaba una cabeza a Goku, y él era uno de los hombres más altos que conocía.
¿Será todo igual de grande?
Bra sacudió la cabeza apartando esos pensamientos rápidamente. ¿Cómo podía pensar en eso? Se obligó a recordar que aquel hombre que estaba sentado a su lado con aparente afabilidad pretendía acabar con su planeta y con su familia. No podía verlo como un igual, pasara lo que pasara. Sin embargo, cada vez se le hacía más difícil considerarlo su enemigo.
A diferencia de los primeros días, Broly se había calmado notablemente. Seguía siendo salvaje, pero su inestabilidad se bamboleaba y empezaba a estabilizarse poco a poco al estar en mitad de la naturaleza y al no tener contrincantes dignos de su fuerza. Bra sospechaba que Broly solo perdía el control cuando se sentía amenazado, y ser revivido por la hija de uno de sus peores enemigos lo había descolocado por completo. Ahora se mostraba calmado… hasta que se sintiera amenazado nuevamente.
—Oye, ¿qué es lo que haces cuando no entrenas conmigo?— preguntó la joven con curiosidad y unas claras intenciones ocultas de las que Broly no se percató. Él bostezó.
—Duermo— dijo.
—¿Nada más?—
—Como—
—¿Y ya está? ¿Solo eso?— Broly puso los ojos en blanco y una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara.
—También imagino cómo mataré a Kakarotto— dijo, y se acarició los nudillos hasta hacerlos crujir —Será lento… y doloroso. Y lo disfrutaré a cada segundo.—
Bra no podía imaginarse a Goku siendo atacado y despedazado por Broly. Pensó en su plan, en lo que haría cuando las bolas de dragón se recargaran y deseara enviar a su —entrenador— al infierno para que no volviera a salir. Sería delicioso y Goku no se enteraría nunca.
Pobre Broly, pensaba a menudo. Podía ser muy poderoso, pero su mente era tan simple.
—¿Y duermes aquí, en el bosque?— siguió preguntando.
—Suelo dormir en las casas de los humanos— dijo, y se recostó en la hierba colocando los brazos tras la cabeza.
Bra tragó saliva al verlo tan relajado. Lo había mencionado de pasada, sin decir mucho sobre el tema. Recordó las imágenes de la televisión, lo oído sobre el asesino en serie al que habían puesto de nombre el Carnicero de niños. Luego miró a Broly fijamente y con mucha seriedad.
—¿Ellos te dejan entrar o…?—
—Los mato— cortó él.
Bra tembló, pero quiso asegurarse.
—¿Y a los niños?— la cola de Broly se agitó, como si pensar en esa idea le gustara.
—Especialmente a ellos. Odio sus llantos. No me dejan dormir—
Ya no había duda. El Carnicero de niños era él. No era humano, era grande, especialmente violento y no soportaba a los niños ni a los bebés. Era él. Bra se levantó del suelo con rapidez, totalmente estremecida. Su cuerpo temblaba de arriba abajo cuando Broly se giró, curioso por su reacción. Apoyó la mejilla en su mano y la miró.
—¿Por qué matas a los humanos?— preguntó ella. —¡No puedes hacer eso!—
—¿Por qué no?— cuestionó él. —Son débiles e inútiles. ¿Qué me impide matarlos?—
—Simplemente no puedes hacerlo.—
—¿Por qué?—
—Porque son… porque…— de repente, Bra no supo qué decir. La imagen de su amiga Peach, tan alegre y dispuesta, de aquel al que llamaba tío Yamcha, que había jugado con ella y su hermano cuando eran pequeños, de Krilin, que siempre había sido tan amable con ella y que le traía regalos y a Marron para jugar, de su querida madre, siempre tan lista, de Videl y de Chichí… definitivamente él no tenía derecho a hacerles daño. —El hecho de que puedas hacerlo no significa que debas hacerlo. ¿Es que no te sientes mal por matar niños, a familias enteras?—
Broly giró los ojos, dándole vueltas a esa pregunta.
—¿Por qué debería? No creo que un animal carnívoro se sienta culpable después de matar a un herbívoro para comer—
—Los animales no tienen conciencia, Broly. ¡Pero tú sí! O al menos eso creo— Bra se sentó de rodillas frente a él y le hizo un gesto para que imitara su postura. Él lo hizo sin darle demasiada importancia, intentando intimidarla con su agria mirada sin ningún éxito. Cruzó las piernas y apoyó la mejilla en una de sus manos mientras su cola se agitaba a su espalda. —¿Por qué los mataste? ¿Te molestaban?—
—No realmente. Tenía hambre y sus camas son más cómodas que la hierba. En cuanto me acerco empiezan a gritar y a lanzarme cosas, y eso sí me molesta. Hacen mucho ruido, así que los mato y dejan de hacerlo. Así puedo dormir y comer.—
—Pues eso no está bien, aunque no tengas una casa, ni tampoco ropa, ni comida además de la carne que tú cazas… ni tampoco una bañera, ni inodoro ni…— Bra bajó el tono de voz conforme empezó a hablar. Fue entonces cuando se dio cuenta del lamentable estado en el que vivía Broly en su planeta. Prácticamente no tenía nada, como un auténtico animal. Solo tenía una ropa saiyajin que cubría la parte inferior de su cuerpo, y que ya tenía numerosos agujeros después de tantos entrenamientos. Sospechaba que el saiyajin se lavaba en el lago, y claro, lógicamente no iba a dormir a la intemperie. El invierno se acercaba y cada día hacía más frío. Eso, sumado a su escasa moral y su gran fuerza, solo podía derivar en asesinato.
Bra no podía culparlo.
—Está bien. Mañana no entrenaremos— declaró muy decidida. —Iremos a comprar ropa, comida y todo lo que necesitas para vivir como una persona y no como un animal—
—¿Ropa? ¿Ropa humana, quieres decir?— dijo, arrugando el entrecejo. —No quiero ropa humana. Estoy bien tal y como estoy—
—¡De eso nada! Dentro de poco hará frío y necesitas algo más que esto para no helarte. Además, si vas por ahí con el pecho al descubierto, llamarás demasiado la atención, y no queremos que eso pase, ¿verdad?—
—Te he dicho que no quiero…— insistió él, empezando a irritarse por la insistencia de la chica.
—También compraremos comida, y una cama. ¿Qué te parece?— Él la miró. El sustantivo comida y cama no sonaban nada mal. No le gustaba dormir en una cama que oliera a humano. —Todavía tardaré un poco en convertirme en súper saiyajin, así que vas a necesitarlo.—
Broly la vio levantarse. Era tan bajita que incluso estando él sentado, apenas le sacaba una cabeza. Al ver sus ojos brillantes por la perspectiva de comprar ropa masculina, y su deliciosa comida, se sintió incapaz de negarse.
—Pero a cambio tienes que prometerme que no matarás más humanos, ¿vale?—
Bra apoyó las manos en sus caderas y se inclinó sobre él con una gran sonrisa en la boca. Sus ojos azules brillaban con intensidad clavados en los suyos, y Broly, que sintió que invadía su espacio personal con demasiada familiaridad, por primera vez en su vida bajó la mirada, esquivando la contraria por la incomodidad.
—Ehm…— murmuró. Volvió a alzar la cabeza y Bra seguía observándolo intensamente. Broly volvió a desviar la mirada. —Vale—
—¡Bien!— gritó ella, dando un salto de alegría. —Entonces nos vemos mañana aquí, y no te escabullas ni mates a ninguna otra familia humana, ¿de acuerdo? ¡Me lo has prometido!—
Broly asintió lentamente, un poco alterado por la repentina felicidad de la chica. Cuando esta alzó el vuelo y se alejó rumbo a su casa, el guerrero legendario se rascó la nuca. Era la primera vez que desviaba la mirada antes que su oponente, pero por alguna razón, no había podido sostenérsela. Se había sentido extrañamente vulnerable y endeudado, temiendo que la joven se pusiera a llorar si no aceptaba, aunque sabía que no lo haría, y eso no le gustó en absoluto.
Cuando se tocó la nuca sintió la vieja cicatriz que el pelo le ocultaba. Broly apartó la mano de inmediato, apretó los puños aguantando la rabia y volvió a tumbarse en la hierba.
Esa noche no mató a nadie, aunque se moría de ganas de hacerlo.
Había sido difícil coger el aerocoche sin que su padre se enterara. Su madre estaba trabajando y su hermano había pasado la noche fuera –Bra sospechaba que con alguna chica-, pero su padre estaba allí perennemente, encerrado en su Cámara de Gravedad. Cuando Bra se acercó al aerocoche y se alejó, vio a Vegeta saliendo de la cámara, mirándola desde el suelo antes de adentrarse en la casa en busca del desayuno. La había dejado ir. De hecho, cuando se percató de que no iba vestida con ropa de entrenamiento y de que estaba usando sus habituales faldas cortas otra vez, se alegró y sonrió. Bra no lo entendía.
Había habido momentos en su vida en los que Vegeta no la había dejado salir a la calle por usar faldas tan cortas y llevar grandes escotes. Bra se veía obligada a remangarse la falda cuando salía de casa y a cambiarse las camisetas a espaldas de su padre. Vegeta había sido muy protector con la intimidad de su hija hasta que cumplió los dieciocho y Bulma lo obligó, a base de gritos y discusiones, a dejar a Bra en paz. Desde entonces Vegeta gruñía cuando la veía demasiado despampanante, pero no decía nada al respecto.
Aquel día, Broly se despertó con el sonido del motor del aerocoche aterrizando en el llano del bosque que utilizaban para entrenar. Miró el automóvil y luego miró a Bra, que conducía con una sonrisa en la cara, con el pelo suelto y los ojos brillantes.
—¡Nos vamos de compras!— gritó.
Por algún motivo, el guerrero legendario se sintió intimidado ante esas palabras.
Bra sabía perfectamente a qué tienda ir. Solo había tenido ocasión de ir una vez para ayudar a su hermano a elegir su ropa de oficina, pero ahora tendría oportunidad de vestir, elegir, combinar y gastar cuanto quisiera, sobre todo porque tenía tarjeta de crédito casi ilimitada.
Cuando aparcó el aerocoche en frente de la tienda, a través del escaparate los dueños de la tienda la vieron y sus caras se iluminaron. La conocían perfectamente. De hecho, todos los habitantes de la ciudad que estaban metidos en el negocio de la ropa sabían quién era Bra Brief. Sus bocas se hicieron agua al pensar en la gran suma de dinero que les caería encima, y se prepararon para cerrar la tienda y no permitir que nadie más entrara hasta que la heredera se fuera con todo lo que necesitara. Aquella era una tienda de vestidos y trajes de etiqueta muy caros solo para privilegiados. Se preguntaron si la ropa sería para ella o para su hermano y empezaron a prepararlo todo.
Entonces él salió del coche, haciendo que se tambaleara cuando su cuerpo emergió del interior. Todo el mundo que caminaba por la calle a esas horas lo miró, no solo por su forma de vestir, sino también por su alta estatura y su intimidante figura. Los humanos se cambiaban de acera de manera instintiva, pues un aura peligrosa y cargada parecía sacudirles cuando se acercaban demasiado. Quizás se debiera a su poderoso ki o a su sola presencia, o incluso a la tensión que el cuerpo del guerrero desprendía.
Broly estaba tieso, tenso. Veía humanos por todas partes, los olía y no le gustaban. Lo estaban mirando. Quería matarlos a todos.
Bra entró en la tienda sin percatarse siquiera de la tensión que recorría su cuerpo, y Broly, aunque inestable, observó con curiosidad las extrañas vestimentas de la gente humana. Algunas eran ridículas. Su propia alumna se veía ridícula con esas faldas tan cortas, y también demasiado exuberante.
Una mujer que hablaba sin parar por su teléfono móvil pasó por delante de él. Prácticamente, iba sin nada de ropa, con la espalda al aire, un escote que apenas le tapaba los pechos y una falda justo por debajo del trasero. Era totalmente rubia y llevaba un peinado extraño y puntiagudo.
Broly desencajó la boca.
—¡Medio humana!— la llamó, y Bra se giró, sobresaltada por el grito. —¿Por qué no me dijiste que había hembras saiyajins aquí?—
—¿Qué?— la joven siguió el curso de su mirada y encontró la melena alborotada y rubia de la mujer en la distancia. —¡Ella no es un saiyajin! Es una humana con un peinado pasado de moda— dijo, y lo agarró de la mano para arrastrarlo al interior de la tienda. Broly siguió observando a la mujer mientras seguía a la joven cuando sintió un fuerte golpe en su frente.
Al elevar los ojos, descubrió el umbral de la puerta. Al parecer, era demasiado alto, y en lugar de agacharse para entrar, dio un paso hacia delante y destrozó el umbral con su propia frente.
Los encargados de la tienda lo observaron con la boca abierta. Bra suspiró y se llevó la mano a la cabeza.
—Es un amigo de la familia, y necesita ropa decente de una talla… especial. Le pagaré todos los desperfectos, pero me harían un gran favor si cerraran la tienda para tener más intimidad—
Desde luego que sí. Lo hubieran hecho aunque no se lo hubieran pedido.
A Broly no le hizo ninguna gracia tener a tanto humano alrededor, ni a Bra pendiente de todos sus actos, hablando sin parar sobre no sé qué traje de no sé qué diseñador, de lo buena y cómoda que era la tela y de lo sofisticada que se veía. Él se mantuvo callado en todo momento, sopesando lo que ocurría a su alrededor, analizando la actitud de los débiles y feos humanos. Ni siquiera tenían cola. Eran vomitivos.
Bajo la atenta mirada de Bra, permitió que una humana se subiera a una silla para colocarle una chaqueta encima. A Bra le gustó, pero cuando Broly agitó los brazos, la tela se rasgó, dejando ver su espalda. Ocurrió lo mismo con las camisas que le dieron y que no sabía ponerse.
Después de una hora colmando la paciencia del guerrero legendario, que ya se preguntaba cuándo demonios iban a comprar SU comida, Bra empezó a gritar.
—¡No, no, no y no! ¿Es que no tienen nada mejor? Los trajes pueden ser muy bonitos, pero todos le van demasiado justos. Además, ¡mire! La tela es mala. ¿Cómo puede una tela así rasgarse con tanta facilidad? ¡No me sirve!— chillaba.
—Pero señorita, su amigo es demasiado corpulento y sus medidas rebasan la media. Dudo mucho que pueda encontrar un traje que le vaya bien. Tendría que estar hecho a medida para entrarle.—
—¡Pues háganlo a medida y con algo mejor que esto!— chilló. —O me iré y no volveré por aquí.—
Broly la miró con sorpresa e incluso con un deje de respeto. Era obvio que entre los humanos, Bra destacaba y mandaba notoriamente. Cuando se enfadaba, fruncía el ceño y se cruzaba de brazos, y entonces Broly descubría la viva imagen de Vegeta, y un sudor frío le recorría la frente.
Definitivamente, tenía el carácter de una princesa guerrera, y una pequeña, minúscula parte de él, le incitaba a obedecerla.
—Todavía nos queda algo que quizás le entre, señorita— dijo el jefe, el auténtico dueño de la tienda, que al ver su oportunidad y la incompetencia de sus empleados con ese cliente tan ambicioso, decidió actuar.
Frente a ella colocó un traje amplio y liso, simple pero elegante de un color azul muy oscuro. Bra lo observó y lo acarició, y supo de inmediato que estaba ante algo más resistente de buen material.
—Está bien, intentémoslo con este— declaró ella, pero cuando el dueño anduvo hasta Broly, Bra le quitó el traje de las manos y anduvo hasta los vestuarios donde el saiyajin, cruzado de brazos con gesto tosco, esperaba. —Yo se lo pondré. ¡Vosotros quedaos ahí y buscadme algo más decente para la próxima vez!— chilló, y acto seguido se encerró en los probadores con Broly mientras los empleados corrían de un lado a otro en busca de algo para la heredera. —Son una pandilla de incompetentes— se quejó. —Vamos, quítate eso y pruébate esto— dijo ella, tendiéndole los pantalones. —¡No me mires así!— gritó otra vez con un ligero rubor en las mejillas, dándole la espalda. Él alzó una ceja, porque no la estaba mirando de ninguna manera. —Solo he entrado contigo para que no te vean la cola. Montarían un espectáculo si la descubrieran—
—Jum… ¿tanto escándalo por eso?— a sus espaldas, Bra escuchó el sonido de la ropa desprenderse y dio gracias porque el probador fuera lo suficientemente grande como para estar los dos sin necesidad de tocarse.
La muchacha aguantó la curiosidad, dándose cuenta de repente de que Broly, el asesino, el guerrero legendario estaba desnudo detrás de ella. Por un momento pensó que si había sido capaz de hacer todas esas cosas malas, no tendría reparos en hacer con ella otras cosas igual de malas, pero él no parecía muy ansioso por ello. De alguna manera, eso hería su orgullo.
Frente a ella había un espejo, y frente a él había otro. Cuando la joven abrió los ojos vio el reflejo de Broly de espaldas a ella y volvió a cerrarlos fuertemente. No lo había visto todo, solo lo suficiente para apretar las manos y reprimir sus ganas de tocar esa impresionante musculatura. Tal y como había visto en casa, ella ya no podía aceptar a debiluchos o canijos.
Volvió a abrirlos cuando Broly se estaba poniendo los pantalones y se fijó en su ancha espalda. Fue entonces cuando la vio. Una fina línea rosácea le recorría la columna desde la nuca hasta el principio de la cola y por un momento se preguntó qué era aquello… hasta que recordó las cicatrices de su padre.
¿Cómo se había hecho eso? Era un saiyajin y herir a un saiyajin de esa manera no era fácil. Ni siquiera Goku tenía cicatrices, y todo el mundo sabía que lo habían herido más veces de las que podía recordar. Vegeta las tenía porque, según había oído, ese lagarto espacial no toleraba errores, y quien los cometía lo pagaba con dolorosas torturas de las que su padre prefería no hablar.
¿Una tortura? ¿Para el guerrero más poderoso del universo? Quizás se tratara de una marca de nacimiento, porque era imposible herirle. O al menos eso creía.
Broly miró los botones de la camisa con desdén. Se volvió hacia Bra y ella cerró los ojos a través del espejo. Él la vio hacerlo y sonrió con diversión.
—No me gusta esta ropa, Bra— dijo. —Me pica y es incómoda—
—¿Ya estás ves…? ¿Me has llamado Bra?—
—¿No te llamabas así?—
—Sí, pero es la primera vez que me llamas por mi nombre. Siempre me llamas medio humana, ya sabes, con todo ese desprecio—
—¡Bah!— bufó él. —¿Qué más da? ¿Cómo se pone esta cosa?—
La joven se dio la vuelta y lo encaró. Sin decir nada, con los ojos clavados en ese pecho tan duro, empezó a abrocharle la camisa. Llegó un momento en el que sintió su corazón latir bajo sus dedos, pero aun así no alzó la mirada.
—Eres muy valiente frente a esos humanos, pero cuando tienes al enemigo frente a frente, te acobardas— la picó él.
—Yo no me acobardo— dijo ella con un ligero fruncimiento de ceño.
—Entonces no me consideras tu enemigo—
—De momento, no— negó ella.
Él la miró fijamente y una irritación creciente lo doblegó. Todavía se sentía frustrado. La noche anterior ella lo había mirado sin miedo e incluso le había hecho bajar la cabeza. Lo había hecho prometer que no mataría humanos y él no lo había hecho, y por lo tanto, no había cenado su comida. Estaba hambriento.
Quizás fue el hambre, que lo irritaba a sobre manera, o tal vez el recuerdo del momento en el que aceptó las órdenes de esa simple medio humana, pero de repente sus dedos apretaban fuertemente la mandíbula de la chica mientras él apretaba los dientes, furioso.
—Mírame a la cara— le ordenó. Bra cerró los ojos, sorprendida por el agarre. Dolía como mil demonios.
—Ah…—
—¿Ahora te haces la débil? Sabes que no puedes luchar contra mí, que no tienes ninguna posibilidad. A mí nadie me utiliza, ¿me oyes? Nadie— Bra se preguntó de qué demonios estaba hablando. Ella solo intentaba que no matara a nadie más, no pretendía retarlo.
Pero Broly se sentía amenazado por su simple existencia.
—No pienso ponerme tus estúpidas ropas mundanas, y voy a matar tantos humanos como quiera, y tú no podrás impedírmelo— dijo, y entonces la soltó bruscamente, haciendo que su espalda golpeara contra el espejo.
Bra lo miró con los ojos brillantes por la rabia mientras él se arrancaba la camisa de manera literal y dejaba salir su cola rompiendo los pantalones.
—Yo solo quería ser amable, imbécil— clamó ella. —Eres un maldito animal, un bruto sin cerebro ni sentimientos—
—Y tú eres estúpida si crees que voy a tragarme que haces todo esto sin esperar nada a cambio por mi parte—
—¡Lo único que espero es que no mates a más personas!— chilló. De pronto, las manos de Broly reventaron el cristal cuando las apoyó a ambos lados de su cuerpo, acorralándola y atravesándola con esos ojos asesinos.
—¿Por qué ibas a querer eso? ¡Son patéticos y débiles y si mueren no le importará a nadie! ¡Pienso matarlos a todos cuando acabe con Kakarotto, incluida tu sucia madre humana! Y tú no podrás hacer nada para impedirlo, así que no intentes comprarme con esta mierda.—
Bra volvió a pensar en ellos. En su madre, en Chichí, en el tío Yamcha, en el amable Krilín… Se los imaginó muertos, desgarrados, siendo liquidados radicalmente por ese inestable y sanguinario guerrero que ella misma había traído sin ser consciente de las consecuencias. Si ellos morían, sería su culpa. A su mente vino la imagen de su madre dándole un beso de buenas noches y arropándola con sus cálidos diez años.
Y lo hizo. Maldita sea si lo hizo.
Su ki se elevó, pero solo Broly se percató del chispazo que le rodeó el cuerpo durante unos segundos antes de que su puño furioso se estrellara contra su mejilla. Ni siquiera le dio tiempo de esquivarlo. El saiyajin no se movió, sorprendido. Entonces Bra se alejó de él mirándose las manos sin creérselo.
Había golpeado al guerrero legendario. Ella sola.
—¿Por qué nos odias tanto?— cuestionó, trastocada por el golpe dado. Solo podía imaginar los rostros de sus familiares asesinados por su culpa y las lágrimas empezaron a escocer en sus ojos —¿Es por qué de verdad nos consideras tan patéticos como para que nuestra existencia no sea apreciada por nadie? No… ¿sabes qué es lo que yo creo? Que nos odias porque es tu vida la que nadie aprecia. Todos te dan por muerto y todos quieren que siga siendo así porque todos tienen una vida que proteger. Tú quieres matarlos porque no tienes nada que proteger, nada. Es tu vida la que no tiene sentido, la que nadie desea y por eso, solo por eso, nunca podrás ganar, Broly— él la observaba, mudo, escuchando cada una de sus palabras, tragándoselas, asimilándolas.
Iba a desbordarse. Toda su furia, toda su rabia iba a desbordarse para acabar con esa patética hembra que se atrevía a retarle, a decirle todas esas cosas que sin duda no eran verdad. Entonces Bra puso las manos en su cadera y lo dijo.
—Nunca podrás ganar a Goku porque él nos ama y nos protege a todos, y esa es su mayor fuerza. Esa es la fuerza de los humanos, Broly, la que nos hará acabar contigo tarde o temprano. Aquí, el único patético que hay eres tú.—
Entonces Broly quiso matarla. Lo deseó con todas sus fuerzas y concentró poder para hacerlo, pero sus ojos claros, sin miedo, lo paralizaron.
Esa parte que le incitaba a obedecerla como princesa frente a la que no estaba dispuesto a rendirse, le decía a sí mismo que ella que tenía razón.
Los probadores estallaron y el edificio se tambaleó peligrosamente antes de que Broly saliera disparado de él, atravesando ventanas y paredes en el proceso. Cuando los dependientes miraron a Bra, que tenía el corazón encogido por semejante demostración de poder y de furia, ella hizo un esfuerzo enorme por sonreír.
—Lo siento. Yo lo pagaré.—
Goku paró de comer de improviso y alzó la vista al cielo. Los miembros de la familia lo miraron y pararon de comer de inmediato. Ese día, toda la familia Son se había reunido para hacer un pequeño picnic al aire libre aprovechando el agradable tiempo que hacía ese sábado.
Goten y Gohan miraron a su padre con preocupación al ver cómo, levemente, fruncía el ceño.
—¿Pasa algo, papá?— se aventuró a decir Gohan.
—¿Abuelo?— cuestionó Pan.
—Me ha parecido que…— pero Goku, al ver la cara desencajada por la preocupación de Chichí, negó con la cabeza y sonrió —No te preocupes, Chichí. De todas formas creo que sería mejor que fuera a echar un vistazo…—
Por un momento podría haber jurado que había sentido un ki casi tan potente como el suyo, y sabía con toda certeza que no era el de Vegeta, el único que podía igualarle en ese aspecto. Por un momento le había parecido sentir a otro saiyajin. Pero eso era imposible. Cuando Goku hizo amago de levantarse, Chichí dio un golpe sobre la hierba con el puño abierto.
—¡Siéntate ahora mismo!— gritó. —Después de mucho tiempo estamos comiendo en familia y tú no vas a estropearlo—
Goku se encogió ante el grito y sin más, volvió a sentarse, pálido.
—Sí, cariño—
—Abuela, no seas tan dura con el abuelo. Él solo se preocupa por el futuro del planeta— se quejó Pan, pero Chichí se mantuvo inalterable y furiosa.
—Me encanta comer con tus padres— murmuró Videl en el oído de Gohan —Ver al hombre más poderoso del universo asustado de esa manera de su mujer me hace reír por la ironía—
—Si hubieras vivido con mi madre durante toda tu vida no te haría tanta gracia— dijo Goten por lo bajo. —Admiro a papá por eso— Gohan asintió débilmente. Recordaba todavía el día en el que murió su padre tras la batalla contra Cell. Su madre lo obligó a estudiar incluso ese día; había sido horrible.
—¿Cómo puedes hablar así de tu madre?— se quejó Videl. —Vosotros, los saiyajins, no tenéis ni idea de lo que sienten vuestras mujeres cuando os vais a una batalla. Es muy duro, ¿sabéis? Además, ¿creéis que es fácil preparar tanta comida? ¡Lo mínimo que podéis hacer es tenernos un poco de consideración!—
Gohan siguió comiendo, y por otra parte asintió a las palabras de su mujer.
—¡Eso es lo que yo he dicho siempre! No tienen suficiente con hacernos quedar como viejas mientras ellos envejecen más despacio, ¡también se lavan las manos con las tareas del hogar, con el trabajo y con todo lo demás! Lo único en lo que Goku participó fue en el cuidado de Gohan, y el pobre lo pasó tan mal…—
Videl asintió enérgicamente.
—Por suerte Gohan se ha ido tranquilizando con el tiempo, pero Goten…— la mujer le lanzó una mirada de recriminación a su cuñado, que dejó de masticar para mirarlos a todos alternativamente. Videl suspiró con resignación —No puedo creer que sean tan diferentes. Él nunca sentará cabeza—
—La educación de Goten ya me pilló vieja y sin su padre para ayudar. No pude evitar que se convirtiera en… eso—
—Mamá, ¿qué quieres decir con eso?— preguntó Goten con la boca abierta.
—Quiere decir que te pasas el día tonteando con chicas y que no haces más que el vago— dijo Pan muy segura de ello.
—Oye, deberías tenerme un respeto, que soy tu tío— balbuceó él —Tú tampoco has criado muy bien a tu hija, Videl. Es una maleducada—
—¿Qué has dicho?— gritó ella. Gohan se encogió, agarrando firmemente su plato cuando su mujer cogió a su hermano del cuello de la chaqueta, amenazándolo con el puño en alto.
—¡No te metas con mi nieta, Goten!— gritó Chichí. —Aunque seas mi hijo, eso no te lo perdono—
—¿Queréis parar ya? Se supone que es una reunión familiar— dijo Gohan.
—Yo no creo que Goten y Gohan hayan sido malcriados, pero es verdad que no estuve plenamente en la educación de ninguno— recordó Goku. Se llevó una mano a la barbilla y recordó cómo su muerte, doble además, lo había mantenido lejos de su familia durante años, además de sus entrenamientos en lugares lejanos y sus constantes batallas. Nunca había pensado en ello, y de pronto se sintió verdaderamente mal por eso. Ni siquiera había visto crecer a Goten. —Hum… ¡ya lo sé! Tengamos otro hijo, Chichí.—
La reacción fue inmediata. Gohan escupió la bebida, Goten empezó a toser y el rubor cubrió las mejillas de Chichí de manera instantánea. La cara de Videl se descompuso en emoción, y los ojos de Pan brillaron.
—¡Sí, por favor!— gritó la adolescente. —Si tenéis otro hijo, ¡yo seré mayor que mi propio tío! Y eso suena genial.—
—¿Un hermano, papá? ¿No estáis ya mayorcitos para eso?— dejó caer Goten, espantado ante la idea de tener otro hermano, uno al que le llevaría casi treinta años de diferencia.
—¡Ains, Goku, pero qué cosas dices!— exclamó Chichí, todavía sonrojada haciendo aspavientos con la mano —Ya soy muy vieja para eso. He perdido el toque, por desgracia— suspiró ella, y la tristeza invadió sus ojos. No lloriqueó, lo que en cierta manera inquietaba a sus hijos, pero su expresión mostró todo lo que tenía que mostrar.
—Mamá no se conserva tan joven como tú, papá. Ella ya no puede tener hijos— le explicó Gohan a su padre, pacientemente, como si se lo explicara a un niño.
—Es increíble que no sepas eso a tu edad, abuelo. La abuela ya es demasiado vieja, ¿es que no lo ves?— Dijo Pan sin cuidado alguno. La pobre chica se arrepintió enseguida de sus duras palabras cuando Chichí hundió los hombros, cabizbaja ante la afirmación.
De pronto, Goku se puso serio.
—Cuidado con eso, Pan. Tu abuela no es vieja y podrá tener todos los hijos que quiera— la defendió él. Luego sonrió.
—No, Goku. Es imposible a estas alturas. Pan tiene razón, soy demasiado vieja y todo el mundo lo dice. En la ciudad incluso me confunden con tu madre… Es… ¡Es horrible!— y entonces sus ojos se llenaron de lágrimas. Todos los allí presentes temieron el berrinche de Chichí, que podía oírse hasta en el Palacio de Kami-sama, pero su marido apoyó las manos sobre sus hombros y totalmente alegre, la calmó.
—Para cosas así están las bolas del dragón. No creo que a Dende le importe que pidamos un deseo para nosotros después de salvar el universo tantas veces. Pediremos que vuelvas a ser joven y podremos tener los hijos que queramos—
La familia Son, por primera vez, se sorprendió del ingenio del cabeza de familia. Chichí, con lágrimas de felicidad y totalmente alegre a pesar del compromiso que tener otro hijo suponía, se abrazó a Goku con fuerza. Pan empezó a saltar de alegría y Goten y Gohan se miraron y suspiraron al pensar en lo que se les venía encima. Entonces, Videl miró a su marido con ojos suplicantes.
—Gohan, cariño…— susurró en su oído, haciéndolo estremecer. —¿Y si nosotros…? Ya sabes. De repente me siento muy maternal—
—Per… ¿perdón?— interrogó Gohan, alzando la voz más de lo normal. Cuando intentó alejarse de Videl, que le miraba con unos ojos que solo podía definir como lujuriosos, y cayó sobre la hierba por su propio peso, ruborizado hasta el tuétano de los huesos, la familia Son empezó a reír con ganas.
Aunque ninguno se percató de ello, a Goku no le llegó la sonrisa a los ojos. Antes de seguir comiendo volvió a alzar la vista al cielo e intentó convencerse a sí mismo de que su instinto lo estaba engañando. Luego recordó que en cuestiones de peleas, desde que tenía uso de razón el instinto nunca le había fallado.
Por primera vez en su vida, con su familia riendo alegremente y sin preocupaciones, deseó no tener que volver al caos de la batalla. Al menos no todavía.
Vegeta sabía que solo era cuestión de tiempo que sucediera, y por eso, cuando sintió el aluvión de ki emanar del cuerpo de su hija en la lejanía de la ciudad, detuvo un segundo el entrenamiento para reflexionar.
Su cuerpo estaba sufriendo como pocas veces había sufrido, y no por la edad. No recordaba haber entrenado con tanta dureza desde que se enteró del advenimiento de los androides hacía ya más de treinta años. No recordaba haber tenido otra cosa en la que cabeza que la de ganar al enemigo para regodearse en sí mismo. Ahora, las motivaciones eran muy diferentes.
Había intentado evitarlo con todas sus fuerzas, pero él sabía que no podía eludir las consecuencias de sus actos. Desde el momento en el que su hija respiró por primera vez fuera del vientre de su madre, supo lo que le esperaba aunque se negó con fuerza a ello. La malcrió, le dio todo lo que quería desde niña, toda la información, todos los juguetes, toda la ropa, todos los entretenimientos que podía aportarle, e incluso todo el cariño que él estaba dispuesto a mostrar, e incluso más. Nada de eso había servido para volverla plenamente humana y para hacerla olvidar sus instintos más bajos, sus instintos de guerrera con todo lo que ello conllevaba.
Nació sin cola y pensó que eso podría cambiar algo, pero ahora sabía que no.
Todavía recordaba el momento en el que su suegro le dijo, con toda su alegría, que era una niña. Vegeta palideció y cuando entró para ver a Bulma, ni siquiera quiso mirarla. Sabía cuál era el procedimiento habitual. Su padre, el rey Vegeta, le obligó a presenciar el asesinato de su segundo hijo cuando él solo tenía cuatro años. Era su hermana, pero ni siquiera le pusieron nombre. Su padre la agarró del cuello y apretó hasta que la criatura dejó de llorar. La rompió.
Vegeta quería saber por qué.
—En la familia real nunca debe haber mujeres. Jamás.— Cuando Vegeta, tan pequeño, preguntó si eso no desgastaría el linaje real, su padre, que estaba incluso más obsesionado con el poder que él mismo, lo miró con ojos que no aceptaban ninguna réplica. —Es preferible que se desgaste a que se acabe. Si alguna vez la hembra que elijas tiene una hija, no dudes en matarla… o atraerá invitados no deseados.
Y Vegeta aceptó esas duras palabras sin hacer preguntas. Luego, tras la destrucción de su planeta, supo el motivo, pero ya no había marcha atrás, y él lo sabía. Lo único que quedaba era enfrentarse a las consecuencias de sus actos, de su falta de valor, del instantáneo afecto que había nacido en él cuando vio a ese bebé apoyando las manitas en su pecho por primera vez y llorando porque no quería alejarse de su salvaje presencia.
Vegeta dejó de pensar y tras suspirar con resignación, decidió ignorar el dolor muscular y el cansancio para seguir con el entrenamiento más duro de su vida.
N. A: Bueno, pasa una semana y una vez más subo otro capítulo. No puedo evitar sentirme emocionada, porque aunque sea poco a poco, cada vez hay más rewiens y seguidores. ¡Quién lo diría! La pareja no es precisamente famosa. Muchas gracias a todas las que siguen esta historia y espero que continuéis con ella, porque es más o menos por aquí cuando empieza lo bueno.
En este capítulo ya no tenemos a la Bra en primera persona. Espero que os guste el cambio, porque en los primeros capítulos la muchacha se me estaba haciendo bastante… pava, por decirlo de alguna manera. Además, me moría por profundizar un poco en la moral de Broly, y aquí lo tenéis. Algo divertido y un poco tierno a la vez. Además, puesto que este es un fic de Dragon Ball, no podemos olvidarnos de la familia Son, que también tiene sus momentos en este capítulo.
Sin más dilación, aquí os lo dejo.
