Capítulo 7

Confío en ti

No tardó mucho en que bocón regreso con agua, paños y vendas. Estoico remojo el pañuelo lleno de sangre e inmediatamente, el agua se tornó de un rojo obscuro.

Con mucho cuidado removieron la armadura de hipo dejando al descubierto el abdomen esbelto de hipo que ahora estaba manchado de sangre.

Con cuidado, estoico paso el trapo remojado por el abdomen del muchacho. Unos cuantos gemidos escaparon de los labios de hipo provocados por el dolor intenso de los golpes.

Poco a poco, el paño fue removiendo toda la sangre haciendo que teda la sangre se impregnara en este. Cuando ya no había más sangre, ambos amigos miraron con horror. El pecho de hipo estaba lleno de moretones y heridas. Era una imagen horrible de ver.

Pero ambos amigos tuvieron que continuar con su labor. Tenían que terminar de vendar las heridas de hipo.

La mayoría de la sangre fue removida al igual que su ropa, que fue cambiada por una más cómoda.

Estoico y bocón habían estado trabajando por unas cuantas horas hasta que por fin habían vendado todas las heridas de hipo.

Bocón se había ido hacia la fragua mientras que estoico se quedó en la habitación de su hijo quien ahora dormía, no tan tranquilamente ya que las pesadillas lo estaban abrumando. Claramente se podía notar como el sudor corría por su frente.

Estoico se sentó a su lado y comenzó a limpiar su rostro que ahora era la única parte que aun tenia sangre. Todo estaba limpio excepto su mejilla.

Paso el trapo por su mejilla e inmediatamente hipo dejo escapar un grito de dolor. Estoico se alarmo inmediatamente.

Volvió a remojar el trapo en el agua que había sido remplazada por una limpia.

Con mucho cuidado fue pasando el trapo lentamente, procurando hacer el menor daño posible, pero aun así, hipo no paraba de soltar quejidos de dolor.

Estoico comenzaba a preocuparse más y más al imaginar lo que se encontraría después de remover toda esa sangre.

Cuando por fin lo logro, tuvo que contener un grito para evitar que todo el pueblo lo escuchara.

La piel de hipo era pálida, pero eso no era lo peor.

Lo peor eran las enormes heridas que recorrían toda la mejilla de hipo. Eran tres cortes bastante profundos. Estoico miro los cortes detalladamente tratando de descubrir la forma en que pudieron haber sido causados.

No, estos no habían sido heridas provocadas por alguna espada o cualquier otra clase de arma que hubiera visto antes.

Estas heridas eran extrañas.

Había pasado mucho tiempo desde que había visto una herida similar a esa. Cuando aún existía la guerra entre berk y los dragones.

Estoico abrió los ojos como platos.

Eso era, un… dragón.

Un dragón había lastimado a su hijo, pero… ¿Quién?

¿Cómo era posible? Todos los dragones querían a hipo. Ninguno pudo haberle hecho eso a hipo, y si no… chimuelo debió haberlo protegido... ¿o no?

Chimuelo jamás le haría daño a hipo. Era su mejor amigo ¿o se equivocaba?

No, no podía.

Chimuelo no seria capaz

Estoico estaba tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Hipo había comenzado a despertar.

Cada leve movimiento que daba era una tortura para él, su cuerpo ardía en llamas. El dolor se extendía a través de todo su cuerpo. Un dolor agonizante.

Para… ¡PARA! ¡POR FAVOR, QUE PARE!

Todo lo que quería era que el dolor parara.

Quería gritar, pero no podía. Su garganta estaba tan seca que lo único que salía de sus labios eran leves gemidos casi inaudibles.

Estoico levanto la vista al escuchar un pequeño sonido. Pronto se percató de que la frente de hipo comenzaba a arrugarse y su respiración se volvió agitada.

–¿hipo? –pregunto con duda esperando alguna señal de que hipo estuviere despierto

–pa… papá –llamo, aun con los ojos cerrados.

–aquí estoy hijo, aquí estoy –dijo mientras se apresuraba a sujetar la mano de hipo.

Miro a su hijo. Su rostro pálido, el sudor corriendo por el rostro, las heridas en la mejilla. Era una imagen que lo atormentaría en sus sueños. Le dolía tanto ver a su hijo tan vulnerable, de este modo.

Hipo lucho contra la oscuridad, tratando de abrir los ojos. Lentamente comenzó a vislumbrar una tenue luz y algunas sombras.

–tu puedes hipo. Abre los ojos –lentamente hipo abrió los ojos a medias –eso es –los ojos de hipo estaban pálidos y sin vida. Esto hacia que se le arrugara el corazón.

Las preguntas comenzaron a formarse en la mente de Estoico. Sabía que aún no era el momento de preguntar. Hipo apenas tenía las fuerzas para mantenerse despierto. Pero de su boca escapo una pregunta que no lo dejaba en paz, una que no podía contener.

–hijo ¿Quién te hizo esto? – Hipo solo evadió la mirada de su padre y se quedó en silencio –hipo, te ruego que me lo digas –pero hipo siguió sin pronunciar una sola palabra. Estoico dejo escapar un resoplido de exasperación.

–Hipo, bocón y yo limpiamos tus heridas, todas parecen haber sido causadas por un hombre, excepto una –Estoico miro como hipo se sobresaltó ante esto. Hipo sabia con exactitud a lo que se refería, pero no iba a aceptarlo –¡Hipo! –Esta vez Estoico hablo con mayor seriedad –sabes que no me gustaría hacer declaraciones antes de tiempo, pero… esas heridas en tu mejilla… -hipo sabia a donde iban las palabras de su padre, pero no permitiría que algo le ocurriera a su amigo.

–¡NO! –dijo hipo lo más fuerte que pudo y se sentó bruscamente dejando escapar un grito de dolor y se sujetó las costillas. Estoico se apresuró a ayudarlo a sentarse correctamente.

–con cuidado hijo.

–papá, se ha dónde quieres llegar con esto, pero créeme cuando te digo que chimuelo no me hizo esto –lucho por que un sollozo no escapara de sus labios y agradeció que su padre no se percatara de cómo estaba reprimiendo las lágrimas al recordar ese momento.

Estoico no sabía que pensar. Sabía que hipo haría lo que fuera por defender a su dragón, pero al mismo tiempo, sabía que chimuelo jamás le haría daño a hipo. Al menos no intencionalmente, además, no había pruebas de nada. Lo único que podía hacer era confiar en su hijo.

–pero entonces… ¿Quién fue? –pregunto esperando una respuesta impaciente. Esta vez hipo no tardo en contestar

–Alvin –fue la única palabra que salió de su boca. Inmediatamente Estoico rompió en furia.

–¿ALVIN? ¿CÓMO SE ATREVE ESE DESGRACIADO A HACERLE DAÑO A MI HIJO? PERO JURO QUE ME LAS PAGARA –dijo apretando los puños con fuerza.

–Al menos chimuelo estaba ahí para salvarme –menciono, esperando que la ira de su padre se apagara un poco –si no fuera por él, seguramente estaría muerto. Me salvo la vida… de nuevo –menciono al recordar todas las veces que chimuelo había estado a su lado para protegerlo de cualquier cosa que quisiera dañarlo.

Estoico no sabía que más decir acerca del tema. No tenía discusión contra hipo que pudiera ganar mientras se refirieran a chimuelo

–Creo que deberías descansar un poco más, lo necesitas –dijo, mientras ayudo a hipo a recostarse en la cama –inmediatamente hipo comenzó a quedarse dormido.

Estoico se dirigió hacia la puerta y la abrió revelando a un dragón negro enfrente de ella.

Chimuelo levanto la mirada y miro a estoico con sus enromes ojos verdes, pero pronto dirigió su mirada hacia la figura recostada en la cama. Su hipo.

–Cuida bien a mi hijo –dijo, dándole paso a chimuelo para entrar a la habitación y cerró la puerta.

Chimuelo se dirigió con paso lento hacia la cama de su amigo y se recostó a su lado con una mirada triste.

Yo hice esto, por mi culpa hipo esta en este estado.

Todo es mi culpa. No comprendo cómo puedes confiar en alguien como yo hipo. No soy digno de tu amor tan grande. No merezco ser llamado tu amigo.

Te herí de la peor manera. Una manera que jamas hubiera imaginado ni en años.

¿Podrás perdonarme?

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escucho a hipo murmurar. Lentamente se levantó y miro a su amigo esperando verlo despierto, pero no era así. El seguía profundamente dormido, pero las palabras se escapaban de su boca inconscientemente.

–chimuelo… ¿Por qué?, ¿Qué hice yo para merecerme tu odio? –Las lágrimas escapaban de los ojos de hipo, los cuales aún permanecían cerrados –por favor, no me odies… te necesito a mi lado… eres mi mejor amigo.

NO HIPO, NO

YO NO TE ODIO, ¡MALDICION! ERES MI MEJOR AMIGO

TAMBIEN TE NECECITO A MI LADO. YO… NO PUEDO VIVIR SIN TI. TU ERES EL QUE ME HICISTE ABRIR LOS OJOS, QUIEN ME HIZO PERDONAR A LOS HOMBRES.

ME DISTE TU AMISTAD A PESAR DE QUE YO NO TE DI RAZONES PARA CONFIAR EN MI. YO PUDE MATARTE EN CUALQUIER INSTANTE.

PUDE ARRANCARTE LA MANO CUANDO INTENTASTE TOCARME POR PRIMERA VEZ.

–Pero no lo hiciste –dijo hipo.

Chimuelo lo miro asombrado. El joven aun dormía, pero… ¿Cómo era posible?

Era como si hipo hubiera podido escuchar sus pensamientos.

–no lo hiciste porque… eres mi amigo chimuelo, y tu jamás me harías daño. Deja de atormentarte de este modo.

De alguna extraña manera, hipo pudo sentir los pensamientos de su amigo en su mente, a pesar de que no estuviera consciente de ello.

Chimuelo no sabía que pensar. Tenía que saber si su amigo de verdad lo escuchaba, asi que intento algo.

Se acercó a hipo y le gruño.

–hipo… ¿podrías perdonarme? –pregunto, mirando a su amigo esperanzado.

Paso un tiempo, pero hipo no respondió. Chimuelo agacho su mirada decepcionado hasta que escucho la voz de su hipo.

–ya lo he hecho


Tarde mucho en actualizar, pero aqui esta. espero que les agrade el capitulo. comenten :)