CAPÍTULO REEDITADO
Capítulo 6
Oportunidad
Día 39.
Estoy crispada, y eso que solo he estado cuatro días sin entrenamiento. Ahora entiendo por qué papá no puede tomarse vacaciones ni siquiera en verano. Supongo que es cosa de los genes que esté tan irritable.
Después de mis duras palabras para con el sujeto B, este ha desaparecido. No tengo ni idea de dónde puede estar. Ha hecho algo para que me sea imposible detectar su ki, y no estoy hablando de ocultarlo. A veces lo siento pululando por el planeta, pero desaparece al cabo de poco. Me pregunto en qué demonios estará pensando. Sabe que no tiene ninguna oportunidad contra Goku. De todas formas, si espera una disculpa por mi parte puede esperar sentado. No pediré perdón ni aunque destruya el planeta. Si hay algo que me define es mi testarudez y mi orgullo.
He ido todos los días al bosque y he entrenado por mi cuenta, pero no es lo mismo ni de lejos. Ahora entiendo por qué mi padre estaba tan seguro de que no me transformaría en saiyajin de entrenar por mí misma. Incluso mi hermano, tan prematuro como fue, tuvo a Goten como rival para alcanzar la cumbre de su poder. Yo no tengo ninguna meta ni ningún entrenador que me guíe, y este estancamiento me irrita.
Por si fuera poco, estoy preocupada por mi familia. Papá se ha encerrado en la cámara, pero esta vez de manera permanente. No entra en casa, no duerme, e incluso me atrevería a decir que no come. Mamá está histérica porque ayer, Chichí llamó desde el Monte Paoz para echarle en cara las bestialidades de mi padre. Por lo visto fue en busca de Goku, pero la pelea esta vez se pasó de castaña a oscura. Goku necesita una semana de descanso total para recuperarse de sus heridas. Nunca había necesitado más de un día.
No sé cómo estará papá, solo sé que cuando mamá salió de la cámara de gravedad después de hablar con él, estaba histérica y no paraba de gritar y lanzar insultos contra su persona. Su actitud también preocupa a Trunks. Esta mañana he intentado hablar con él, pero ni siquiera me ha abierto la cámara de gravedad antes de gritarme que me largara. De verdad estoy preocupada. Preocupada por los dos.
No estoy segura de que preocuparme también por el sujeto B sea algo bueno.
Corto y fin.
—Entonces, ¿vas a ir?— le preguntó Peach una vez más durante la hora de la comida. —Una fiesta sin ti no será lo mismo, Bra, y lo sabes— Se miró a sí misma comiendo macarrones con un hambre indecente y la cara manchada de tomate. Se limpió enseguida con una servilleta y a su mente vino la forma en la que Broly devoraba la comida. Ella no podía permitirse imitarle. Él era un animal y ella una persona civilizada.
—No sé, Peach. Últimamente no tengo tiempo para fiestas— comentó ella.
—¿Dónde está la derrochadora juerguista Bra Brief? Sé que antes de entrar en la universidad eras el alma de las fiestas— Peach se recolocó el pelo rizado. Desde que Bra había reunido tiempo para extinguir sus mechas rosas, era otra persona, y tenía ganas de lucirse. Por desgracia para ella, Peach no tenía a nadie con quien ir a la fiesta, y solo su compañera podía darle la seguridad que le faltaba para ello. —Si vas, estoy segura de que Apple te dará una sorpresa— dijo, y señaló la mesa donde los antiguos miembros del club de artes marciales se sentaban. Un chico alto, guapo y rubio clavó sus ojos claros en Bra. Ella lo miró durante unos segundos antes de que él le dedicara una sonrisa.
Bra volvió a clavar la mirada en su plato de macarrones.
—No es mi tipo— declaró.
—¿Y cuál es tu tipo? ¿Hombres de dos metros que saben volar, morenos de ojos oscuros y misteriosos que podrían triturar carne con sus músculos?— Bra sabía que se refería a Broly, aunque también podría estar refiriéndose a cuantos guerreros conocía, incluidos Gohan, Goku y Goten.
—No digas tonterías. Aunque me gustaran esa clase de hombres, yo necesito más que puro físico. Mi hombre ideal sin duda sería educado, listo, amable, entregado, pasional, muy elocuente y desde luego, sería alguien que pudiera protegerme y hacerme sentir segura y querida— asintió, sus ojos brillando como hacía tiempo que no lo hacían pensando en su príncipe azul. Todo lo contrario a Broly, quiso añadir.
—No hay muchos hombres así, pero estoy segura de que Apple se acerca bastante.
Bra lo miró nuevamente, y esta vez recibió un guiño por su parte. Un ligero rubor le tiñó las mejillas. Debía reconocer que muy guapo y parecía fuerte.
Se volvió hacia su amiga y asintió vagamente.
—Iremos a esa fiesta— Peach dio un alarido de alegría ante la información. —Pero antes necesitaremos ir de compras… ilimitadas compras— sonrió ella maliciosamente al acariciar la tarjeta de crédito que siempre usaba para esas ocasiones.
Así esperaba poder olvidarse de su entrenamiento y de su maestro durante, al menos, una tarde.
[…]
El vestido era ideal, de un color azul noche que hacía que sus ojos brillaran intensamente. Era uno de esos vestidos que su padre quizás aprobaría, largo hasta las rodillas con un fajín de color plateado alrededor de su cintura, ciñéndoselo al cuerpo, sin mangas y con una buena parte de la espalda al descubierto. El vestido brillaba como si tuviera miles de estrellas, como si se observara la galaxia misma. Bra había ido a por él nada más verlo. Desde luego, algo tenía el universo que la atraía como la luz a las polillas.
—Es una maravilla, ¿verdad?— le preguntó a Peach. Su amiga no respondió, pues el flash de su cámara de fotos ya lo hacía por ella.
Peach se había comprado un vestido de un rosa pálido realmente bonito. De no ser porque ella lo había visto antes, Bra se lo habría comprado sin dudar. El hecho de haber sido demasiado lenta la hizo gruñir durante unos instantes y fingir que no le importaba cuando sí lo hacía, pero al ver esa maravilla de tela se le pasó la irritación.
El vestido no era muy caro, así que pagó en metálico, y con una sonrisa pintada en la cara, salió de la tienda cargada de bolsas con complementos, zapatos y con su nuevo vestido.
—Dentro de mes y medio es la fiesta de mi vida— recordó Peach —No sé si podré esperar tanto tiempo.
—Lo harás, y estarás genial. ¿Qué te parece si vienes a mi casa esa noche? Podría dejarte unos zapatos y arreglarte el pelo otra vez. Luego te haré la manicura y…—
—Oh, dios mío— murmuró ella, sentándose en el asiento del copiloto del aerocoche y observando a Bra, la conductora, con adoración. —¿De verdad podría ir? Y… y… ¿podría conocer a tu familia? ¿A la gran Bulma, a tu hermano y a… a…?—
Bra soltó una carcajada y pulsó el botón para subir el techo del aerocoche. Podía ver cómo las nubes oscuras cubrían el cielo. La tormenta amenazaba con caer sobre sus cabezas. De hecho, cuando arrancó y salió disparada lejos de la capital, las primeras gotas de lluvia empezaron a repiquetear contra su coche.
—Yo que tú no me haría ilusiones. A mi madre la conocerás, y puede que incluso a mi hermano, pero mi padre es un caso aparte. Él nunca aparece en público. Es muy solitario y odia las visitas.
—Vaya… me gustaría conocerlo, por curiosidad.
—Créeme si te digo que no. No te gustaría.
Bra empezó a conducir alegremente hacia la parte sur de la capital, y Peach tuvo que agarrarse con fuerza al asiento cuando la joven aceleró al máximo y empezó a adelantar a los demás automóviles sin restricción alguna. La pobre humana temía un frenazo brusco que la lanzara por los aires provocándole la muerte instantánea, pero Bra tenía unos reflejos sobre humanos y un carácter poco deportivo. Peach nunca había oído tanta amenaza de muerte junta y se juró a sí misma que nunca más dejaría que Bra la trajera en coche hasta su casa.
Lo peor fue el momento en el que la joven frenó de golpe en mitad de una aerovía, haciendo peligrar la vida de todos cuantos iban detrás de ella. Peach la miró con la boca abierta y descubrió la sorpresa en los ojos de su amiga. No era para menos.
Bra acababa de detectar a Broly.
—Bra, no deberíamos parar aquí— dijo su amiga, oyendo los pitidos de los coches que les exigían que siguieran hacia delante. Ella no le hizo caso.
Por fin se había dejado detectar por ella, o al menos por fin había deshecho su truco de camuflaje. Como si se tratara de un radar, Bra notó su inestable ki dirigiéndose hacia un lugar concreto, y lo rastreó cerrando los ojos y centrándose en él. Esperaba que a nadie más le diera por rastrearle, porque si se concentraban lo suficiente no tardarían en darse cuenta de que su ki era abiertamente hostil, y por lo tanto no era un aliado. Bra ignoró la aglomeración que su abrupta parada había provocado e intentó descubrir dónde estaba exactamente. Cuando lo hizo, se puso pálida y el corazón le dio un vuelco. Estaba muy cerca del Monte Paoz. De hecho, su vuelo iba directo hacia allí.
—Oh, no— murmuró. Recordó entonces lo sucedido el día anterior. Su padre había tenido una pelea bestial contra Goku, y este estaba herido, guardando estricto reposo. Por el enfado de su madre, podía adivinar que Vegeta no estaba mucho mejor.
Broly debía haber detectado la pelea, oculto en algún lugar que, de alguna manera, interfería sus radares internos e impedía la localización de su ki. Aunque los demás guerreros se hubieran empeñado en detectarle, Bra dudaba que hubieran sido capaces de localizarlo.
—No, no, no, no, no…— decía mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad y se bajaba del aerocoche bajo la lluvia. Su cuerpo flotó en el aire al darse la vuelta y mirar con gran seriedad a Peach. —Tengo que irme, es una urgencia. Tú conduce hasta tu casa y mañana iré a por mi coche. No salgas de casa. Estoy hablando en serio, Peach.—
—¿Qué? ¡Pero Bra…!— antes de que su amiga pudiera replicar, ella ya había cerrado la puerta y volaba entre nubes de tormenta al lugar exacto donde, dentro de poco, se iniciaría un caótico y violento huracán que pondría en peligro la vida de todos aquellos a los que quería.
[…]
—Sabía que no podía confiar en vosotros dos. ¡Si es que no me dais más que disgustos! Vamos, abre la boca— Goku miró la cuchara cargada de sopa que su mujer le ofrecía. Unos ojos de cordero degollado aparecieron en su cara cuando la miró.
—¿No puedo comer carne? ¡Es que la sopa no me llena!— Chichí lo fulminó con esa mirada tan intimidante que tenía y Goku se encogió sobre la cama, inevitablemente asustado. Ahora, herido, con varias costillas rotas, una pierna escayolada y la cabeza vendada, no podría huir si a su mujer le daba uno de sus ataques de ira.
—Desde que Vegeta te lesionó, te he bañado, te he cambiado de ropa, te he dado las medicinas, te he preparado una dieta especial para que la comida no te siente mal y aparte de eso, he limpiado, he cocinado, me he encargado de comprarte ropa nueva porque tu traje de entrenamiento no tenía arreglo… ¡y todo eso sin contar con la factura del médico!— empezó a chillar ella. —¿Tienes idea de lo difícil que es sacar adelante a una familia sin ayuda de tu marido? Solo con un huerto y el dinero que tus hijos ganan en torneos. ¡Prácticamente somos indigentes por tu culpa, Goku!—
—¿Por mi culpa?— pestañeó él con un tono de voz bajo y complaciente.
—Sí, por tu culpa. ¡Porque te pasas el día entrenando en lugar de ponerte a trabajar para darle algo mejor a tu familia! ¿Quién crees que trae dinero a casa, eh? He tenido que criar a dos hijos yo sola, y la ropa, los libros y las facturas no se pagaban solos. ¡Y tú no ayudabas en nada!
—Es que… estaba muerto, Chichí— le recordó él con la cabeza gacha y un temblor creciente en cada falange.
—Oh, sí, pero eso no te impidió seguir entrenando, ¿verdad? Después de todos los problemas que me has causado lo mínimo que puedes hacer… ¡es comer mi maldita sopa de carne sin rechistar, ¡AHORA!— Goku asintió rápidamente y le quitó el plato de las manos a su mujer para empezar a tragar a toda velocidad, cuchara a cuchara, cada litro de comida.
—Huuum… está muy bueno— dijo, más por intentar complacer a su mujer que porque fuera cierto. Chichí arrugó aún más el entrecejo.
—Sigue comiendo.
—Sí, cariño.
Como siempre que se trataba de comida, Goku terminó de comer a gran velocidad, y con una sonrisa que pretendía ser de agradecimiento, le devolvió el plato a Chichí, que lo llevó a la cocina para lavarlo. El guerrero se sobó la barriga por encima de los vendajes, todavía hambriento.
—Pienso tomarme la revancha por esto, Vegeta— murmuró por lo bajo.
Goku recordó el momento en el que el príncipe de los guerreros apareció en el Monte Paoz como hacía siempre que las ganas de pelea le podían. Por supuesto, como también ocurría siempre, Goku no perdió oportunidad de medir sus fuerzas con él. Al fin y al cabo, era su contraparte y el único guerrero contra el que podía pelear sin tener que contenerse demasiado.
Ese día no tuvo que contenerse en absoluto. Algo raro le ocurría a Vegeta. Estaba más agresivo y deseoso de probar sus habilidades que de costumbre, y no se contuvo a la hora de destruir todo cuanto se le pusiera por delante para derrotarle. Le obligó a ponerse serio, y los dos salieron severamente escaldados. Tuvo que contenerse para no romperle los huesos, pues incluso en su forma de súper saiyajin tres había tenido problemas con él. Se vio obligado a noquearle cuando su puño se clavó en sus costillas, dejándolo inconsciente con una llave del sueño que no solía usar por considerarla poco deportiva.
Goku no se lo había dicho directamente, pero estaba seguro de que Vegeta pronto conseguiría obtener esa transformación de nivel tres. Y no podía negar que estaba ansioso de que ese día llegara para poder pelear sin contención alguna.
—Y aquí está el plato fuerte— Interrumpió Chichí el hilo de sus pensamientos otra vez. Goku se encogió sobre la cama al ver semejante fuente de verdura en manos de su mujer. El brócoli estaba por todas partes.
Con lo poco que le gustaba el brócoli.
Sí, definitivamente la próxima vez que viera a Vegeta se encargaría de devolverle la paliza.
[…]
Lo había sentido el día anterior con una intensidad devastadora. Mientras ellos peleaban como guerreros, él se ocultaba sintiendo sus energías combatir con una fiereza incalculable. El desierto era todo suyo, y no habían escatimado en esfuerzos para ir hasta él y destrozar lo poco que había en aquellos terrenos áridos lejos de toda actividad humana.
Kakarotto y Vegeta, sus dos grandes enemigos.
Broly cerró los ojos y los siguió atentamente desde las profundidades de la tierra, hablando de manera literal. Durante gran parte de su vida había estado escondido en lugares calurosos e insoportables como los cráteres de los volcanes, donde los planetas, todavía masas jóvenes e inestables, abrían sus fauces para crear algo de vida. Pocos guerreros sabían que los planetas tenían una intensísima energía vital capaz de esquivar el radar interno de cualquier saiyajin. Una energía vital que recorría su interior y que a veces emergía a la superficie en forma de lava o magma.
Allí, justo encima de un volcán plenamente activo, nadie podía reconocer un ki, ni siquiera uno tan tremendo como el suyo.
Envuelto en el calor de la lava, Broly emergió de las profundidades de la tierra sin una sola quemadura, convertido en el súper guerrero definitivo. Su increíble masa muscular lo convertía en un titán que rozaba los cuatro metros de alto y los cuatrocientos kilos de peso. La energía que su cuerpo creaba sin descanso lo cubría y lo protegía de las fuerzas naturales externas. El fuego no podía hacerle daño, ni el agua ni el aire.
Al volver a su forma natural por la comodidad que ello conllevaba, además de la ligereza y el control de sus instintos más salvajes, su mente se aclaró y tomó la decisión. La fuerza de Kakarotto era débil después de semejante batalla, y la de Vegeta no era mucho mejor.
Eso significaba que tenía una oportunidad.
Broly voló hasta el Monte Paoz, siguiendo el rastro cansado de Kakarotto. Una vez muerto él, ni siquiera Vegeta podría detenerle, y entonces su venganza se llevaría a cabo. Luego podría destruir todo cuanto quisiera sin que nadie tuviera una nimia posibilidad de matarle. Todo cuanto deseaba conseguir estaba allí, e iba a acabar en breve.
Detuvo el vuelo abruptamente, con una sonrisa en la cara cuando vislumbró las luces de las dos casas que coronaban aquel tranquilo y apacible monte. Ambas estaban encendidas, y en la más pequeña podía sentir el ahora indefenso ki de Kakarotto. En la otra, Gohan, el hombre que con ayuda de su hermano pequeño y de su difunto padre había conseguido derrotarle, descansaba con una tranquilidad inofensiva. Aunque lo atacara ahora, su poder se había vuelto minúsculo tras su último encuentro. No había seguido un entrenamiento riguroso y su talento se había perdido.
No sería capaz de defender a su padre.
Broly alzó el brazo y empezó a cargar energía. El ambiente se tensó y un fuerte viento se levantó. Un solo golpe bastaría para eliminar todo rastro de aquel apacible lugar, porque el ataque los pillaría a todos por sorpresa, sin la defensa alzada, débiles y tranquilos. Los mataría de un plumazo.
Una parte de sí mismo, la que no estaba llena de ira asesina, le decía que era injusto y vergonzoso matar a quemarropa, sin darle a Kakarotto ni siquiera la oportunidad de defenderse. Su peor enemigo, el único que podía equipararle en fuerza guerrera, iba a morir de manera patética. Era una solución de cobardes.
Broly le mostró una sonrisa demente a esa parte de sí mismo que tanto odiaba.
—No se merece nada mejor. Ya ha tenido demasiadas oportunidades, demasiadas…— su mandíbula se apretó y la carga empezó a brillar y chisporrotear en su mano. La lluvia se evaporaba antes de rozarle siquiera, pues el calor que desprendía su cuerpo era demasiado alto.
Broly alzó los brazos al cielo y una bola de energía verde se concentró entre sus manos.
—Vete al infierno, Kakarotto.
Y entonces, antes de que pudiera utilizar su ataque, un golpe certero en plena mejilla lo hizo tambalearse y desviar la trayectoria de su energía. La bola voló hasta la otra punta del monte, y una explosión de proporciones colosales hizo temblar el suelo mientras la luz verdosa iluminaba la oscuridad de la noche, imitando el día.
Broly lo observó todo con expresión desencajada, y sintió cómo el ki de Kakarotto, el de Gohan y el de Pan ascendían con agresividad al oír la explosión. No tardó en notar que se activaban otros cercanos. Goten, Picolo, Trunks e incluso Vegeta se alteraron en la lejanía, e iniciaron un vuelo inmediato hacia allí.
La media humana tenía razón: nunca luchaban solos. Y con ese ataque fallido acababa de ponerles sobre aviso.
Su oportunidad se había ido al cuerno.
Con la ira crispándole el rostro, se volvió hacia Bra, cuyo puño temblaba de dolor tras estrellarse contra su durísima mandíbula. Ni siquiera le había hecho daño. Solo había conseguido distraerlo momentáneamente.
—Tú…— rugió él. —¡Maldita puta!— Bra se encogió levemente, sobresaltada por el insulto y por su rabia creciente. Aun así, consiguió articular una serie de palabras acertadas.
—¡Teníamos un trato, Broly!
—¡Tú y yo no tenemos nada! Iba a matarle, maldita sea. ¡Iba a matarle!— tronó.
—Pues ya no podrás hacerlo. No hoy. Los demás guerreros vienen hasta aquí, y si te pillan, te harán picadillo.
—¡Ja!— rió él grotescamente. —Y a ti eso te encantaría, ¿verdad?—
Bra se mantuvo en silencio durante unos segundos, analizando los motivos de su ira. Con su serenidad, intentó calmar al propio Broly, que estaba al borde del desquicio. Por suerte, su rostro calmado consiguió tranquilizar su humor cambiante, pero no para mejor.
Broly se miró las manos empapadas por el agua. Su temperatura corporal volvió a la normalidad y Bra desapareció para él. Se hundió en un trance de silencioso histerismo y reproche que sorprendió a la joven.
—Estoy intentado que no te maten, Broly. De verdad que lo intento, y también intento comprender tus motivos.
—¿Mis motivos? — dijo él entonces, y una carcajada demente resonó en el valle. Cuando Broly dejó de reír, su cara volvió a crisparse henchida en ira. —¡Todo es culpa de tu puta familia y de tu jodida abuelo!— chilló con fuerza. Su grito fue tan fuerte y tan desesperado, que se confundió con el sonido de los propios truenos.
—Kakarotto y yo nacimos el mismo día, a la misma hora y en el mismo sitio, pero con diferentes niveles de ki. Solo por eso él fue enviado aquí, a un planeta cálido y apacible, a salvo de todos los males del universo. Tiene mujer, tiene hijos, tiene amigos… ¡lo tiene todo! ¿Y yo? ¿Qué recibí yo ese día? ¡Una maldita puñalada en el estómago y el destierro en el frío y vacío espacio! Él fue acunado por este planeta nada más nacer, y yo fui absorbido por la oscuridad y quedé como un mal recuerdo. ¡Y lo peor es que soy mejor, SOY MUCHO MÁS FUERTE! ¡Yo también la merecía! ¡Yo también merecía la oportunidad de vivir!
Y entonces Bra lo comprendió. No era rabia; eran rencor; un rencor ciego por una antigua decisión que habían tomado por él, la prohibición de su vida, la negación de su existencia por el mero hecho de albergar más poder que otros. A Broly nunca le habían dado la oportunidad de decidir, y por casualidades del destino, Goku tuvo mejor suerte que él por el simple hecho de ser más débil. Él, el bebé que nació y que estuvo a su lado, berreando sin parar. Broly, que en aquel entonces guardaba silencio y soportaba sus gritos estoicamente, como un buen niño. Dudaba que, en la oscuridad del espacio y con un padre que había intentado envenenarle varias veces, Broly tuviera muchos más recuerdos aparte del llanto de Goku o de su muerte en sus manos.
Bra no podía ni siquiera imaginar lo duro que debía de ser eso, ni lo frío que podía ser el espacio para un niño. Quizás, si su padre no hubiera intentado matarle… Quizás, si su rey no le hubiera mandado ejecutar… Quizás…
—Ahora lo entiendo— murmuró ella con un deje de enternecimiento, pero Broly negó con la cabeza fieramente.
—No, no entiendes nada. Si no mato a Kakarotto… ¡Si no lo mato, yo nunca podré vivir en paz!
—¿Es eso lo que quieres, Broly? ¿Vivir en paz o no tener impedimentos para destruirlo todo?— Broly entrecerró los ojos y aflojó los puños ante la pregunta. Su mirada se desvió nuevamente a la casa que había estado a punto de destruir.
—Lo único que quiero es venganza.
La rabia, podía asegurar Bra. Broly era como un animal, como un perro que había sido adiestrado a base de palos y gritos. El paso del tiempo lo había convertido en un perro violento y rabioso, extremadamente peligroso.
Antes de que la muchacha pudiera reflexionar mucho más, sintió la energía de su familia acercándose peligrosamente hasta la escena. Broly también la sintió, pero no hizo amago de actuar. Su reciente confesión parecía haberlo dejado en un leve trance, sin fuerzas para pelear.
Estaba agotado en todos los sentidos. No merecía la pena. Iba a morir otra vez.
—Vamos a casa, Broly— dijo Bra de improviso, acercándose a él y, para su sorpresa, agarrando su gran mano sin un ápice de miedo. Él la miró con las cejas levemente alzadas.
—¿A casa? Yo no tengo casa— Intentó zafarse de su mano, pero Bra sonrió con superioridad y le apretó los dedos con más fuerza.
—Ahora sí— Broly la miró fijamente durante largos segundos.
Cuando el resto de los Guerreros Z llegó a la escena de la casi batalla, todo rastro del culpable había desaparecido.
[…]
—Odio estar en cama, Chichí. Me aburro mucho— clamaba Goku tumbado en la enorme cama de matrimonio. No tenía sueño, y la escayola le picaba. Tener el pie colgando de un cabestrillo le molestaba todavía más. Su mujer no le contestó, demasiado ensimismada leyendo un libro a su lado. Había decidido irse pronto a la cama para hacerle compañía, aunque esta era más bien escasa. —¿Qué estás leyendo?
Chichí le sonrió, como si estuviera muy orgullosa de su nueva lectura.
—Estoy leyendo Cómo criar a un futuro presidente. Ya que vamos a tener otro niño, esta vez quiero hacerlo bien— Goku abrió la boca para replicar pensando en sus dos hijos. Gohan tenía un buen trabajo, era muy fuerte en el campo de batalla y tenía una buena familia. Goten todavía no había sentado cabeza, pero Goku no podía quejarse. Era un buen muchacho y tampoco peleaba mal. —Para ti he comprado este— le dijo Chichí, tendiéndole otro libro con una sonrisa inocente. Goku lo agarró no muy convencido, pues no recordaba cuándo había sido la última vez que había abierto un libro… si es que alguna vez lo había hecho.
—Ser un buen padre, para Dummies— leyó. —¿Qué significa Dummies?
Chichí cerró su libro y miró a su marido con una ceja alzada durante unos segundos. Cuando este le dedicó una sonrisa inocente, ella decidió adornar un poco la realidad fingiendo ingenuidad.
—Significa… para gente especial.
—Oooh… soy especial— sonrió él. Una ilusión que nunca había sentido con un libro en la mano le invadió por completo, y lo abrió con intención de leerlo de principio a fin.
—Sí, cariño, muy especial— Chichí le dio un beso en la mejilla antes de acurrucarse bajo las sábanas de la cama. Goku empezó a leer.
Como solía ocurrir con las cosas que no eran comida o técnicas de combate, el interés por el libro se esfumó tras leer un par de párrafos. Goku seguía sin tener sueño. Miró a Chichí, que se había soltado el pelo siempre recogido. Uno de los tirantes de su corto camisón oscuro y pegado descendió por su hombro desnudo.
Goku se acomodó a su lado y tras un rato de silencio, apoyó un dedo sobre el hombro de su mujer, que soltó un suspiro por lo bajo.
—Chichí… Chichí, ¿estás despierta?
—Claro que sí. No puedo dormir si no paras de dar vueltas por la cama.
—Es que estoy pensando que si queremos tener otro hijo, tendríamos que empezar a encargarlo ¿no?
Chichí abrió los ojos como platos. Repentinamente, se alzó sobre la cama y miró a Goku, que le mostraba una sonrisa que, esta vez, nada tenía de inocente. Ella se sonrojó con furia.
—Ya sabes que ahora mismo no puedo tener hijos, Goku— habló ella, ruborizada hasta la raíz del pelo. —No hasta que vuelva a ser joven de nuevo.
—Ya, pero… ¿y una práctica antes de encargarlo? ¿Una pequeñita?— él apoyó la frente sobre su hombro desnudo y le dio leves toques con la nariz, pidiendo permiso para acercarse más y desbocarse como pocas veces había hecho. —Vaaaaaaa, Chichí…
Ella se encogió sobre la cama, llevándose las manos a las mejillas más que coloradas.
—Es que ya no tengo el mismo aguante que antes y me da vergüenza que me veas tan poco enérgica, y tan mayor… y tan… tan…— pero a Chichí no le dio tiempo a terminar de excusarse, porque Goku lo sintió entonces.
El ki de un poderoso ataque emergiendo de la nada y dirigiéndose directamente hacia su casa, hacia su hogar con la clara intención de pillarlo desprevenido. Sus ojos se desorbitaron por la sorpresa y en un acto reflejo, soltó su pierna del cabestrillo e ignorando el dolor en las costillas, se echó encima de Chichí tirándola fuera de la cama. La aprisionó contra el suelo con su cuerpo, abrazándola con fuerza para protegerla y ella chilló, pero no por la sorpresa.
—¡Ah, Goku!— gritó. A pesar del dolor que le había supuesto que él cayera sobre sí estrellándola contra el suelo, una oleada de excitación la embargó por completo —¿Desde cuándo eres tan pasional? Bueno, si te pones así… yo…
Entonces se oyó una terrible explosión y el suelo tembló brutalmente. La casa empezó a chirriar y Chichí volvió a gritar, esta vez por el susto. Se abrazó con fuerza a su marido y escondió la cara en su hombro, aterrorizada por el impacto.
—¡Goku!— lo llamó.
—¡Calma, calma, calma!— la acalló él.
Entonces, tan pronto como llegó, pasó. La tierra volvió a su sitio y Goku se alzó, desconcertado, dirigiendo una mirada hostil hacia la ventana. Intentó levantarse, pero la escayola le imposibilitó el rápido movimiento de reacción y se quedó allí, sobre Chichí, aumentando su ki con la intención de proteger a su familia de todo aquello que los atacara.
—¡Papá, mamá!— oyó que gritaba Gohan, abriendo la puerta de su casa de un portazo y adentrándose en la habitación de sus padres con gesto acelerado. Él, por supuesto, viviendo prácticamente puerta con puerta, también lo había sentido. —¿Estáis bi…?
Cuando los vio allí, ambos tumbados en el suelo uno encima del otro, las palabras murieron en su garganta. Estaba viendo más de lo que quería ver.
Y sus padres también estaban viendo de más.
—Gohan, cariño…— lo llamó su madre desde el musculoso abrigo de su padre. —¿Qué… qué haces así?
—¿Qué?— Gohan había salido de casa tan acelerado, que se había olvidado de lo más importante. Se miró a sí mismo y un furioso rubor, similar al de Chichí, cubrió su rostro cuando detectó su desnudez. —¡Aah!— casi inmediatamente se llevó la mano a la entrepierna de forma cómica.
—¡Gohan!— oyeron gritar a Videl acto seguido, entrando en la casa, por suerte, con una sábana liada al cuerpo desnudo. Estaba visiblemente despeinada y Chichí captó enseguida lo que aquel estruendo había interrumpido entre su hijo y su nuera. No pudo hacer más que ruborizarse de nuevo.
—¡Abuelo, abuela!— llegó Pan entonces, atravesando el umbral corriendo a toda velocidad. —Abuelo, ¿qué ha…?— cuando se encontró la escena, la pequeña clavó la mirada en sus queridos abuelos, que se separaron casi al instante con una sonrisa en la cara que pretendía ser inocente. Cuando miró a sus padres, Pan clavó los ojos en la entrepierna de su padre. —Papá, ¿qué haces desnudo?
—¡Nada!— gritó él, y tiró de la sábana de su mujer para taparse junto a ella. —Vuelve a casa y quédate en tu cuarto.
—Pero papá…
—¡Que vuelvas a casa te ha dicho tu padre!— le gritó Videl, tan avergonzada como su marido.
—¡Pero…!
—¡Pan!— gritaron los cuatro al mismo tiempo.
—¡Arggg!— tronó la adolescente. —Es porque soy la más pequeña, ¿verdad? ¡Siempre es por eso! ¡Como si no supiera lo que es el sexo!— gritó ella, dando media vuelta con total indignación.
Un suspiro colectivo salió de los labios de los cuatro. Entonces, una voz atronadora sacudió cada pared de la casa, acompañado por otras muchas.
—¡Gohan!— tronó Picolo, adentrándose en la habitación seguido por Goten y Trunks.
Los guerreros Z se miraron los unos a los otros con ojos desorbitados.
—¡Goku!— para su desgracia, no tardaron en oír a Krilín, Yamcha y Tenshinhan y Chaos adentrándose en la casa con las caras desencajadas por la preocupación.
—¡No entréis, no entréis!— gritaron, pero no hubo manera de pararles los pies.
Debían reconocerlo. Dijeran lo que dijeran, no siempre era buena idea que los guerreros del espacio nunca lucharan solos.
[…]
Lo observó con cierta reticencia, con un deje de impresión y de interrogación mientras se cruzaba de brazos. A su lado, Bra lo miraba con una sonrisa obvia, esperando alguna reacción por su parte, pero él se limitó a alzar una ceja y a preguntarse a sí mismo qué demonios quería que dijera.
De acuerdo, estaba allí y antes no estaba, ¿y qué? ¿Por qué se la mostraba? ¿A qué venía el truco de la casa que aparecía repentinamente en mitad del bosque, de SU bosque, donde echaba sus siestas, donde comía los animales que cazaba y donde entrenaban? ¿Quién la había construido? Porque a Broly no le hacía gracia que hubieran jugueteado con su territorio.
—¿Te gusta?— le preguntó Bra, y él no supo qué decir. Claro que no le gustaba. En cuanto el propietario de esa casa volviera para dormir, lo mataría. Así le enseñaría él que uno no podía saltarse los símbolos que indicaban que ese era su territorio. No lo había marcado con los restos de los animales que mataba y con su propia orina para que un humano cualquiera lo rondara. —¿Te gusta sí o no?— insistió Bra, impaciente.
—Mataré al que la haya construido— aclaró él. La joven apretó los puños y su rostro se crispó por la rabia.
—¿Así me agradeces que te haya regalado esta fantástica casa cápsula? ¡Eres un desagradecido! ¿Tienes idea del trabajo que me ha costado coger una de las cápsulas de última generación sin que mi madre se diera cuenta? ¡Si no te gusta solo dilo, no hace falta que me amenaces de muerte!
Entonces Broly creyó comprenderlo. Observó la casa más detenidamente. Tenía forma de cúpula, era blanca y no muy grande, pero sí lo suficiente como para dormir bajo ella las noches de lluvia. Sobre la puerta, había unas letras que rezaba Casa Cápsula Prototipo 09, pero él, que no tenía ni idea de la lengua humana escrita, no entendió lo que decía.
—Es… ¿es para mí?— quiso asegurarse antes de hacerse ilusiones. Bra puso los ojos en blanco.
—Pues claro que es para ti, ¿para quién si no?— cuestionó ella. Anduvo hasta la casa cápsula y abrió la puerta fácilmente. Entró y encendió las luces. Broly lo observó todo en silencio, sin acercarse siquiera, con una desconfianza creciente. —¿A qué esperas? Ya que la he robado, al menos espero que la uses.
Él obedeció y se acercó. Bra lo esperó con la puerta abierta hasta que, como un animal rastreando su nuevo hogar, se aventuró a entrar. Nuevamente tuvo que agacharse para no golpearse la frente contra el umbral.
La casa era más grande de lo que parecía desde fuera, pero estaba prácticamente desamueblada. En la gran y redonda habitación, había una televisión de plasma, una mesa baja frente a ella con varios cojines para sentarse de rodillas, y una enorme cama en el otro extremo con un montón de mantas y almohadas de colores que Broly no había visto en su vida. Bra corrió hasta una habitación contigua, abrió la puerta y salió con una toalla blanca envuelta alrededor de la cabeza. Le lanzó otra toalla, y él la cogió al vuelo.
—Sécate, anda. O si quieres puedes bañarte— dijo ella, y le dejó ver el pequeño cuarto de baño que contaba con lavamanos, inodoro y una bañera no muy grande. Bajo el lavamanos había una pila de toallas y sobre él, un cepillo, pasta de dientes, un peine, champú, gel y espuma de afeitar. Broly se asomó y se miró en el espejo. Las gotas de lluvia todavía le mojaban el pelo. Agarró la cuchilla de afeitar y la miró fijamente.
—¿Qué es esto?— preguntó.
—Es para afeitarse la barba, ya sabes. Supongo que tú te afeitarás, ¿no?— él entrecerró los ojos. Su mudez fue suficiente para Bra, que suspiró y se dirigió hacia la bañera. —Supongo que sabrás para qué sirve esto, ¿verdad? Lo llenas de agua y…
—Sé lo que es eso, pero dudo que mi cuerpo coja ahí.
—Si te encoges seguro que sí, lo que no puedes hacer es pedirme cosas imposibles. ¡La bañera tiene el tamaño estándar y yo no tengo la culpa de que tú te salgas de la media! Voy a llenarla. Cuando esté llena, cierra el grifo y báñate. Yo estaré en la cocina preparando la comida, porque estoy segura de que tendrás hambre, ¿verdad?— como si sus tripas quisieran replicar al oír la palabra comida, estas empezaron a sonar con ahínco. Broly se encogió sobre sí mismo, repentinamente decaído.
Decir que tenía hambre era poco. Estaba famélico.
—Bien, pues báñate y después comerás. No tengas prisa, porque la comida tardará todavía un poco— Bra estaba contenta a pesar de la crisis recientemente superada. Sus cambios de humor podían ser radicales, de muy alegre a muy enfadada, de muy triste a muy orgullosa.
En ese instante no solo estaba contenta, sino también ciertamente emocionada. La confesión de Broly había despertado en ella una especie de ternura que ningún ser humano había conseguido hacerle sentir. Por un instante durante aquellos gritos desesperados en plena tormenta, Bra tuvo ganas de darle un abrazo, pero temió que al hacerlo, Broly se lo tomara como un ataque preventivo.
Dudaba mucho que alguien le hubiera abrazado alguna vez. Seguramente no sabría reconocer una muestra de compasión o afecto.
Bra cerró la puerta dejándolo solo y se dirigió a la cocina. Sacó del frigorífico tanta carne y verdura como pudo y se recordó que tendría que reponer los alimentos regularmente. No tenía ni idea de cómo cocinar, pero para eso estaban los inventos de su madre. Lo introdujo todo en el horno cocinero, como tantas veces había visto hacer a los demás robots de cocina, y lo puso en modo comida rápida. Luego se sentó y puso la tele cómodamente mientras sus ojos viajaban por la habitación principal. Se quitó la toalla del pelo ya seco y lo sacudió mientras pensaba.
En ese momento, algo vibró en el bolsillo de Bra. Se llevó la mano a su corta falda vaquera y agarró su móvil. El nombre de —Capullo lila— brilló intensamente en la pantalla. Bra puso los ojos en blanco y se llevó el móvil al oído.
—¿Qué quieres, Trunks?— le preguntó a su hermano con la mirada clavada en la televisión.
—¿Estás bien, Bra?— cuestionó él con tono preocupado. —No habrás estado cerca del Monte Paoz hoy, ¿no?— la joven abrió la boca para replicar, pero se dio cuenta en ese momento lo que las preguntas de su hermano querían decir. Le estaba preguntando directamente por la explosión ocurrida cerca de la casa de Goku, la que había provocado Broly a punto de borrar de la faz de la tierra a su peor enemigo. Haciendo uso de su mejor arma de distracción, supo lo que mejor sabía hacer: mentir.
—No. He estado toda la tarde de compras con Peach, ¿por qué?— se arriesgó a preguntar como quien no quiere la cosa. —¿Ha pasado algo?
—Uff, qué no ha pasado. Ha habido una explosión muy cerca de la casa de Goku. Parece que la ha causado algún ataque muy potente hecho con ki. Todavía no sabemos quién ha sido.
—¿Con ki? Pues no tengo ni idea, Trunks. Ni la más mínima idea, pero podría haber sido cualquiera, no sé… un descuido, quizás.
—Sí, bueno, sea quien sea el que lo haya hecho, no es de los nuestros. Para colmo últimamente pasan cosas muy raras. Hay asesinatos, aumentos de ki descontrolados, cosas así…— Bra tragó saliva, nerviosa. Si los Guerreros Z se metían por ese camino, no tardarían en dar con Broly, y también con ella misma. —De todas formas vuelve pronto a casa, ¿vale? Papá está que se sube por las paredes. No quiere reconocerlo, pero con todo lo que está pasando últimamente, le preocupa que vayas por ahí tú sola.
—Ya, lo entiendo, pero todavía estoy con Peach y tengo que llevarla a casa. ¿Puedes decirle a papá que volveré dentro de una hora, para la cena?— Trunks se separó del teléfono en ese momento. Por los sonidos que escuchó de fondo, Bra adivinó que estaba comunicando las noticias a su familia. Oyó un gruñido y varios gritos masculinos que, sin duda, pertenecían a su padre. La voz calmada y paciente de Bulma hizo que las voces masculinas se apagaran poco a poco.
—Cariño— la llamó su madre entonces después de arrebatarle el teléfono a su hijo. Su voz expresaba preocupación e impaciencia, pero no mandato como la de Vegeta. Por suerte, Bulma siempre había sido mucho más comprensiva que su pareja. Al fin y al cabo, ella misma había sido una gran aventurera y recordaba perfectamente cuánto odiaba que alguien le dijera qué debía o no debía hacer —La cena está casi lista y tu padre me está poniendo de los nervios. No tardes mucho, ¿de acuer…?— Bra oyó nuevos gritos interrumpiendo la conversación de su madre. De pronto, ella también empezó a gritar —¡A mí nadie me grita, mono del demonio!
—Eh… iré dentro de poco, mamá, te lo prometo— dejó caer ella, pero ya era muy tarde. Bulma y Vegeta se habían enzarzado en una discusión incontrolable que, seguramente, Trunks escucharía con resignación mientras comía y miraba la tele.
Tras unos cuantos gritos más, Bra colgó el teléfono con los ojos en blanco.
—Son insoportables— murmuró.
—¿Ya está la comida?— la voz profunda de Broly la sobresaltó brevemente. Bra se giró de inmediato con la boca abierta para contestar, pero lo que se encontró fue lo último que esperaba descubrir.
Estaba allí, frente a ella, recién salido del baño, empapado y con cada músculo brillando por el agua que se escurría entre ellos. Pero eso no era lo peor. La existencia de, por lo menos, una toalla que tapara su entrepierna brillaba por su ausencia. Estaba completamente desnudo y la miraba como si mostrarle ese "mástil" que colgaba entre sus muslos haciendo justicia al gran tamaño de su cuerpo fuera tan natural como dormir.
Los ojos de Bra estaban desorbitados, y por un instante, Broly agachó su propia cabeza para intentar descubrir qué atraía tanto su atención. Entonces la hija de Bulma gritó con todas sus fuerzas y el guerrero legendario se sobrecogió, sorprendido por el chillido. Su cola se puso tiesa y se erizó, y por un momento su ki se tambaleó, a punto de hacer estallar aquel lugar en mil pedazos por semejante sobresalto.
—¡Ponte algo de ropa, mono pervertido!— empezó a gritar ella, que empezó a corretear por la casa con tal rubor en las mejillas, que su rostro se asemejó al de un tomate. Corrió, incrédula, hasta el cuarto de baño en busca de una toalla, pero los azulejos estaban húmedos y encharcados por el reciente baño, y Bra cayó hacia atrás dándose un brutal golpe contra la espalda. Sus ojos se clavaron en Broly, que la observaba de pie frente a ella con el ceño fruncido y la curiosidad pintada en la cara.
—¡No te acerques a mí!— gritó ella, y el guerrero legendario agarró la toalla que le fue tendida bruscamente y observó en silencio a la muchacha corriendo hasta la puerta de la casa cápsula todavía demasiado ruborizada como para mirarle a los ojos siquiera. —La comida está en el horno cocinero. Si te quedas con hambre, ¡te aguantas hasta mañana!— Bra se giró, lo miró y luego le dio la espalda otra vez. —¡Y ponte algo! Una auténtica dama no debería ver a un hombre desnudo así como así— le recriminó.
—¿Ah, no?— el guerrero se ató la toalla a la cintura, más por comodidad que por pudor —¿y cómo procrean los seres humanos? ¿A través de un muro?— se burló.
Pero a Bra no le hizo gracia.
—¡Nos vemos mañana, y más te vale no hacer nada raro hasta entonces si no quieres tener problemas!— Broly dejó entrever una sonrisa entre divertida y maliciosa. Bra se percató entonces del doble sentido de su frase. —No mates a nadie, a eso me refiero.
—Eso ya se verá.
Bra abrió la puerta, pero antes de cerrar miró el interior una vez más de reojo. Broly pestañeó mientras olfateaba el delicioso aroma a comida recién preparada, como un animal hambriento. La joven suspiró al pensar que se quedaría tranquilo después de comer y que daría por terminadas sus sesiones asesinas. Pero a pesar de que le sonaban las tripas, no se dirigió a la pequeña cocina. Le dio la espalda y una pregunta inesperada salió de su boca.
—¿Por qué?— cuestionó. Bra se dio por aludida y retrocedió, adentrándose lo suficiente para no mojarse bajo la lluvia. —¿Por qué haces esto por mí? ¿Es alguna especie de truco humano?
Bra se encogió de hombros y luego, frente a su mirada oscura y penetrante, dejó ver una expresión seria que la acercó peligrosamente a los gestos de su padre.
—Yo no conocí a mi abuelo paterno, Broly. No sé nada sobre los saiyajins salvo lo que mi padre me cuenta y lo que siento en mi propio cuerpo. No tengo ni idea de sus costumbres ni de sus miedos, y supongo que es por eso por lo que hago esto. Cosa de mi parte humana, quizás. No lo sé. El caso es que el Rey Vegeta, fuera como fuera, te condenó sin darte la más mínima oportunidad, y yo tengo la firme creencia de que todos necesitan por lo menos una oportunidad, una posibilidad, algo a lo que aferrarse. Por eso lo hago, Broly. Independientemente de que tú seas mi enemigo o no, mereces la oportunidad de cambiar y de arrepentirte.
—¿De arrepentirme?— la sorpresa se dibujó en su cara poco antes de que el guerrero legendario se deshiciera en carcajadas. Por un momento, pensó que Bra estaba siendo sarcástica, pero al verla tan seria sin un atisbo de broma, Broly estalló por la ocurrencia. —No digas tonterías— dijo entre risa y risa. —¿De verdad crees que por un techo bajo el que dormir y un poco de comida puedes compensar mi vida de destierro en el universo? No fastidies… ¡Es ridículo!
—Puede ser— dijo ella con un tono de voz tan agrio, que podía asimilarse al de su padre a la perfección. Bra se cruzó de brazos, pero aunque su postura y su determinación la hacían ver como la misma imagen de Vegeta, Broly no se sintió intimidado, solo un poco trastocado. —Pero por lo menos yo no estoy quejándome todo el día. Por lo menos yo intento hacer algo para ayudarte.
—¿Y quién dice que necesite ser ayudado?
—Tú no, desde luego, pero yo creo que necesitas algo, Broly. Todavía no sé el qué, pero está claro que algo te falta… aunque sea un tornillo— se burló ella con una sonrisa que no traía nada bueno.
De acuerdo, se dijo a sí mismo él. Era la primera vez que una persona se atrevía a burlarse abiertamente de su cordura o de su falta de ella, y a decir verdad, la burla de Bra no le inspiraba deseos de asesinato. Él era mucho más poderoso, y ella lo sabía. A Broly le gustaba imaginarse que ella tenía el orgullo herido por ello.
—Empiezo a pensar que a quien le falta un tornillo es a ti. Vienes todos los días para que te de una paliza, pierdes la oportunidad de que tu familia me liquide, me preparas una casa y me das la comida… empiezo a pensar que te estás olvidando de quién soy y de cuáles son mis intenciones. Pero si te sientes realizada por darle cobijo al asesino que destruirá tu mundo, es problema tuyo.
Bra se sintió claramente ofendida por el insulto. Al parecer, el saiyajin no era tan estúpido como le había parecido en un primer momento. Sabía cómo devolver los golpes tanto físicos como verbales, y eso, aunque la molestó en primera instancia, provocó en ella cierto sentimiento de desafío. Broly, cuando nuevamente clavó su penetrante mirada en la joven y ella se la sostuvo sin ninguna clase de temor, también se sintió desafiado, pero de manera diferente. No se trataba de una pelea física, sino de una pelea psicológica, y debía reconocer que Bra tenía clara ventaja en ese aspecto, porque su propia mente no iba mucho más allá de lo básico para sobrevivir. No era tonto, pero utilizaba mucho más el instinto y los músculos que el cerebro.
—Espero que mañana hayas recogido el estropicio que has montado en el cuarto de baño, porque tener un lugar donde vivir no solo consiste en comer y dormir, ¿sabes? y yo no pienso limpiar nada— exigió antes de salir al rellano encharcado. —También tienes ropa en el armario. Creo que el otro día no me paré a pensar en que eres un guerrero, y obviamente necesitas ropa de guerrero.— Bra salió de la casa y cerró la puerta lo suficiente como para dejar abierta una pequeña rendija por la que asomarse. Entonces, como última palabra, dijo —Ah, y más vale que te comas el brócoli— y cerró la puerta, dejándolo solo con sus pensamientos.
El guerrero legendario frunció el ceño antes de correr hasta el horno cocinero, de donde procedía ese delicioso aroma a carne bien hecha. Cuando abrió la compuerta que ocultaba los alimentos y vio los trozos de brócoli alrededor de su carne, gruñó.
—Muy graciosa, medio humana—
Por increíble que pareciera, a Broly no le gustaba nada el brócoli.
Día 39 por la noche El sujeto B ha demostrado que tiene sentimientos. Creo que tiene unos celos horribles de Goku, su enemigo mortal, porque él sufrió un destino mucho más cruel cuando deberían haber tenido igualdad de oportunidades. Yo misma he sentido gran compasión y ternura al oírle hablar sobre sus propios sentimientos, que si bien eran negativos y se basaban en el egoísmo, la envidia, el rencor, el odio y la rabia, me dan a entender que, de igual manera que alberga sentimientos negativos, puede albergar sentimientos positivos. Solo es cuestión de encontrarlos.
Hay muchas más cosas que me gustaría destacar sobre lo que ha sucedido el día de hoy, pero mi mente divaga por terrenos curiosos. No puedo quitármelo de la cabeza, así que en lugar de concretar mis conclusiones sobre lo ocurrido hoy, he decidido hacer una enumeración de nombres por los que se llama a eso que me ha quitado el sueño: pene, miembro, falo, banana, mástil, paquete, cañón de carne, verga… y muchas más denominaciones que he encontrado por internet y que no estoy dispuestas a decir, porque algunas son realmente vulgares.
Es curioso que los humanos tengan un vocabulario tan extendido para referirse a algo así. Cambio y corto.
