Capítulo 34:

El Quisquilloso

Luces. Enérgicos y constantes focos de luces sentía que se agolpaban en su rostro. Probablemente efecto de los rayos incesantes de luz que ingresaban por la ventana de la habitación. Ella siempre –en el tiempo que llevaba en ese hospital, clínica o lo que fuera- pedía que estuviera cerrada y de hecho permanecía en la habitación a oscuras la mayoría del tiempo, pidiendo un poco de luz solo cuando realmente era necesario. Por ejemplo en aquellas ocasiones en que decidía leer un libro, para luego terminando cerrándolo porque los dolores de cabeza la perseguían todo el día. O cuando le entregaban la pila de pastillas que tomaba diariamente, así podía ser consciente de que estaba tomando los mismos remedios de siempre y no algún somnífero que le permitiera a alguien secuestrarla.

— Cierra las cortinas, por favor —pidió cubriéndose el rostro con la almohada.

Pero al parecer no querían cumplir sus peticiones o la persona que estaba frente a su cama observándola era sorda.

— No —negó con voz fuerte.

— ¿Por qué no? ¡Me duele la cabeza! —reclamó en la misma posición. Pero en vista que la persona quería fastidiarla –sin duda-, se descubrió el rostro y se apoyó en sus codos para acomodar la almohada en su lugar y así tener firmeza para levantarse. Y a la vez que sus ojos se fueron acostumbrando a la segadora luz, percibió a la persona que estaba ubicada justo frente a la venta, recibiendo el sol en su espalda y creando casi una imagen de reflectores sobre su cabello pelirrojo. — ¡Ron! ¿Qué diablos haces ahí? ¡Se me está partiendo la cabeza de dolor y tú te pones a jugar con las cortinas!

— No pienso salir de este lugar, tienes que levantarte. —dijo él sonriendo.

— ¡No quiero! ¡Me-du-e-le-la-ca-be-za! —deletreó enojada. — ¿Qué no lo entiendes?

— Así que no quieres… —repitió él.

— No, no quiero. Déjame dormir tranquila y ve a entretenerte comiendo algo. —esto último lo dijo casi con burla, pero el hizo caso omiso, porque ella solía decirle eso para tratar de generarle pelea.

— No, Hermione —se negó el nuevamente, manteniendo la sonrisa.

— ¿Por qué no?

— Porque hoy tienes el permiso para salir de este horrible lugar.

La expresión de sorpresa en su rostro le demostró lo que hace rato estaba esperando escuchar de ella. Y cuando la vió sentarse completamente se acercó a ella para ayudarla a apoyar el pie en el suelo con suma delicadeza. Llevaba bastantes días internada en esa clínica en recuperación de la lesión y del trauma que había sufrido al ser secuestrada. Así que por ello mismo, la sensación de libertad y el volver a tener la vida que tenía se cumplían casi como el mayor de los deseos para la castaña. Sintiéndose realizada al poder al fin poner sus pies en el duro suelo para caminar por si misma con ayuda de ese aparato ortopédico que tendría que llevar por al menos un par de meses.

— Es… ¿enserio? —preguntó. Ron asintió divertido por lo entusiasta de la muchacha, a pesar de que el dolor de cabeza le taladraba la cabeza. — Pe…pero ¿Cómo? El doctor me dijo que no podría… no saldría hasta al menos el próximo viernes.

— Hable con él, y le dije que tú podrías estar igual de atendida, y que te sentirías mucho más tranquila en nuestra propia casa. —argumentó entusiasmado por la gran sonrisa que recorría el rostro de su novia. — Lo que también fortalecería y ayudaría a tu rápida recuperación.

Hermione se sentó a un lado de la cama, justo frente a Ron que se había ubicado ahí para ayudarla. Pero ella no se había situado en esa posición para ponerse de pie tan fácilmente, sino para quedar frente a su novio y agradecerle de una sola manera.

Ron correspondió a su beso, sorprendido. La verdad es que ella no se había acercado a él para nada de ese estilo en más de una semana, porque a ella parecía sentirse incomoda con esas muestras de cariño. Y lo más cercano que habían tenido en lo que llevaba en ese lugar, era un beso en la mejilla de parte de él. Pero sin ganas de seguir pensando en ello, se dejó llevar por sus suaves labios y las delicadas caricias que ella le proporcionaba acariciando su rostro.

Se separaron segundos después, cuando a ella le fue necesario detenerse a respirar con tranquilad. Ron abrió los ojos poco tiempo después, casi saboreando aquel pequeño contacto que habían tenido. Ella le sonrió dulcemente a la vez que depositaba nuevamente un pequeño beso en su frente.

— ¿Y eso porque fue? —Hermione ladeó el rostro sonriendo con inocencia.

— ¿Qué no puedo besar a mi novio?

— Claro que puedes y ¡vaya que desearía que lo hubieses hecho mucho más estos días! pero… —el rostro de la castaña se cubrió por una tristeza notable. — pero quiero que sepas que no tienes que agradecerme de alguna forma. Yo lo hago simplemente porque te amo…

— ¿Tú no crees acaso que yo te beso también simplemente porque te amo?. No es ninguna manera de agradecerte —mintió. Él la escuchó atento. — solo te recuerdo que yo soy tu novia y que soy la única que puede darte besos y también recibirlos de tu parte. ¿Estamos de acuerdo?

— Completamente, mi general —respondió el, llevándose una mano a la frente en una especie de saludo a un superior. — ¿Ahora me haría el favor de preparase para salir de este odioso lugar? Porque no sé si usted se sienta bien estando aquí —Hermione negó rápidamente. —, pero yo quiero que mi hermosa mujer vuelva a casa para estar tranquila y junto a mí.

— Estaré lista en dos segundos —soltó ella, poniéndose de pie con dificultas, a medida que trataba de caminar hasta el closet que estaba a un lado de la cama. — bueno… tal vez un poco más.

Ron sonrió adorablemente, y le ayudó a sacar la ropa que él le había traído desde el pent-house, para que ella pudiera cambiarse esa bata tan mortificadora que le ofrecían en los hospitales y clínicas a los pacientes.

Eligiendo un jeans y una polera simple, agregando un par de cómodas zapatillas –de las cuales solo pudo ocupar uno- y cubriéndose finalmente con un delgado chaleco, estuvo lista para salir de ese lugar. Pero mientras esperaban a que el doctor viniera en persona a darle el alta, Ron organizó todas las cosas en una de las maletas que había traído. Guardando desde las raídas ropas que había utilizado al llegar, hasta la otra zapatilla que ella no había podido ocupar por el aparato ortopédico que tenía en su pierna.

La puerta se abrió unos cuantos minutos después, dejando ver al doctor y a un par de enfermeras que habían venido en ayuda de la paciente para ayudarla a cambiar de ropa.

— Estaba un poco emocionada por salir luego de aquí —argumentó al recibir un reto de parte del médico, por haber movilizado tanto el pie en tan poco tiempo. — no es que quiera decir que me hayan tratado mal aquí, por el contrario, creo que jamás había sido mejor atendida. —las enfermeras sonrieron ante esto y solo atinaron a acercarse a ella y desearle que su pronta recuperación.— pero necesito volver a casa. Creo que ya he estado bastante tiempo lejos…

— Podrá estar ahí pronto, si me promete que tratará de hacer el casi el menor movimiento con su pie. Aún está muy convaleciente de la operación, así que necesita reposo al menos por una semana más. —le informó el doctor. Hermione asintió más feliz que nunca.— Luego ya podrá movilizarse por toda la ciudad todo lo que quiera, pero ahora, necesita descansar un poco más. ¿De acuerdo, señorita Granger?

— De acuerdo —coincidió ella.

— No se preocupe doctor, yo haré que cumpla con lo que le ha pedido.—aseguró Ron. — No dejaré que haga ningún paseo exagerado por la casa.

— Sí, eso espero. Porque si no me veré en la obligación de traerla nuevamente a la clínica e internarla indefinidamente.

— Seguiré sus indicaciones al pie de la letra —cercioró la castaña con seriedad.

— Entonces me alegro señorita Granger, porque ya tiene el alta médica. —finalizó el doctor.

Las enfermeras le dieron un abrazo de despedida a penas el doctor terminó de dar sus indicaciones. Y fue por ello mismo que a Ron no le sorprendió que le pidieran poder tomarse una foto juntos. Hermione no se negó, por el contrario, asintió sonriendo dulcemente a la cámara. Las mujeres se ubicaron a los dos extremos, dejando en medio a Hermione y Ron, mientras este ultimo la sostenía con posesión para no dejarla caer. Una vez que el flash dio contra ellos y la foto, apareció en la cámara digital el doctor les aseguro que todo estaba listo. Él mismo se despidió de su paciente, ella le agradeció infinitamente y terminado esto, Ron y Hermione salieron de la habitación.


"…por lo que se espera que la próxima semana le den el alta médica a la modelo, después de dos semanas de estar internada para recuperarse de las graves lesiones que le ocasionó el estar en cautiverio por más de una semana.

Es por ello mismo, que el grupo de policías y detectives que se ordenaron averiguar este caso, han seguido investigando el asunto con suma discreción. No accedieron a dar declaraciones a la prensa y por lo que logramos conseguir de información, al parecer la modelo no habría querido dar declaraciones de lo sucedido aún. De todas maneras, se sabe que la modelo está con constante seguridad policial y junto a ello también, guardaespaldas especializados, que fueron contratados por el mismo Ronald Weasley.

Estás fueron sus últimas declaraciones a la prensa, el día de ayer:

"Hermione no ha estado pasando un buen momento, y es por ello mismo que hemos decidido mantenerlo muy al margen de toda nuestra vida que nos rodea. Ella está custodiada noche y día por alta seguridad, porque les aseguro que yo no dejaré que vuelva a suceder lo mismo de la otra vez. Mi novia es fuerte, pero no aceptaré que cualquier loco venga y trate de causarle daño".

De la muchacha, poco se ha sabido. Fotos casi no hay, y solo queda el adorable recuerdo de aquella imagen que fue enviada a los medios de comunicación. La foto que fue reclamada como la del millón de dólares".

— Todo esto parece… parece… ¡maldita sea! —exclamó Rita Skeeter, apagando la televisión que estaba en medio de la mesa. — ¡La aman! ¡No ven nada malo en todo lo que ella hace!

— Pero si ella no ha hecho nada malo, jefa —se atrevió a comentar una mujer adulta, que sostenía en sus manos una tabla de plástico con algunos papeles sobre esta. — fue secuestrada y herida. ¿Qué espera que inventen de eso?

— Debe haber algo malo. Alguna cosa.

— Hermione no hizo nada malo, Rita. —intercedió un hombre joven, que parecía no tener miedo de dar su opinión a la mujer más poderosa de ese lugar. — como dice Maggie, ella fue secuestrada y ahora fue rescatada. Justo lo que la prensa quería… Y después de conseguir esa foto del millón de dólares, lo único que querrán los medios de comunicación será una imagen de cuando esté recuperada. —Skeeter asintió. El jovencito este tenía razón, Hermione no era mujer de escándalos, y jamás lo había sido. Y ahora, en la única oportunidad en que su vida se convertía en polémica, ella era la víctima en todo. No tenía culpa de nada y parecía seguir teniendo la misma o más atención que había comenzado a tener este año. — pero por el contrario… ese Weasley, que siempre ha tenido problemas con la prensa, parece que se comienza a convertir en el "príncipe azul".

— Ellos no tienen nada que esconder, estoy segura. —intercedió la mujer que se hacía llamar Maggie.

— ¡Todos tienen algo que esconder! —vociferó la mujer de cabello rubio y abrigo rosado fosforescente. — ¡Absolutamente todos! Y que ahora se puedan ver como las "victimas" no durará tanto. Yo haré que su vida se convierta en el problema de sus vidas. En la polémica del año.

— No entiendo cuál es la obsesión que tienes por esos jóvenes, Rita. —intercedió un hombre que se encontraba sentado al otro extremo de la gran mesa de madera. Que había estado escuchando las noticias tranquilamente, para luego escuchar las ideas de sus propios periodistas. — Hay noticias mucho más importantes que informar. Ellos son sin duda la novedad de este año, y nosotros abordaremos todo lo que se pueda, pero quiero que este equipo esté centrado en informar lo que nos compete. Que son las noticias de nuestro país y el mundo.

— Pero… ¿y si logramos un repunte, consiguiendo algo que todo el mundo quiere saber?

— ¿Qué cosa?

Hubo un silencio rotundo en la sala. Nadie se atrevió a interceder en la conversación entre el director y la jefa de redacción. Mientras el estado en mute de la sala, todos observaban a la mujer, que en su mente maquinaba a mil por hora algún pensamiento, idea o recuerdo, que le diera la clave para dar una respuesta coherente y que además convenciera al alto mando del periódico.

— Ya sabremos.

— Bueno, como veo que no tienes nada. Cosa que se ha repetido mucho este último tiempo —comenzó el director, poniéndose al fin de pie. Dándose los aire de superioridad que debía darse para imponer su respeto, corrió la silla con sus pies unos centímetros más atrás y caminó hasta llegar al otra esquina de la mesa, dejando frente a Rita unos papeles muy importantes. — tienes un mes. No que digo… dos semanas, para conseguir algo que logre hacernos repuntar. Si no lo consigues… —el silencio se mantuvo, mientras todos observaban atentos cada palabra y movimiento de ese importante hombre. — considérate despedida.

El siguiente sonido fue de un profundo eco al pronunciar una exclamación de sorpresa de todos los trabajadores que siguieron sentados, cuando la puerta finalmente se cerró segundos después de que el director saliera de la oficina.


A Hermione le pidieran que se sentara en una de las sillas de ruedas que le facilitaron, a pesar de la constante negativa de ella, Ron la presionó para que así lo hiciera. Ella tratando de evitar parecer una discapacitada –algo que a su parecer no era-, apresuró a su novio para que llegaran pronto al estacionamiento del lugar, ingresando al ascensor más apartado y privado. Este descendió lentamente hasta llegar al estacionamiento que era el piso -3, en el cual las puertas se abrieron automáticamente. Ron con agilidad sacó a Hermione de la silla y la tomó en sus brazos. La enfermera argumentó que no era necesario, ya que ellos podían permitirle llevarla en la silla de ruedas hasta donde lo requiriera, pero para el agrado de Hermione, Ron se negó.

— ¿Qué haces? —Le preguntó divertida, cuando ya iban en la mitad del camino y la enfermera se perdía en la distancia.— Puedo caminar un poco para llegar al auto.

— Ya llegará el momento en que puedas caminar, ahora déjame a mí. Para eso tienes a un novio tan musculoso ¿no?

— ¿Musculoso? —repitió ella, acercando una de sus manos libres tras su cuello para acariciar suavemente desde su hombro hasta las manos que la cargaban. — Sí… de todas maneras creo que necesitas ejercitar un poco más.

— ¿Ejercitar? —repitió él, repitiendo sus palabras y riendo luego. — En eso tú me puedes ayudar. —finalizó, guiñándole un ojo.

— ¡Ron! —exclamó ella divertida. — ¡No digas esas cosas!

— No te adornes, Hermione. No me refería a esas barbaridades que están pasando por tu cabecita. —el pelirrojo se acercó para robarle un rápido beso que a ella la dejó descolocada, pero agradablemente. — solo decía que tal vez podrías acompañarme a correr por las mañanas.

Hermione entrecerró los ojos y bufó pesadamente. Ron carcajeó.

— No le veo la gracia.

— Tú dijiste que querías comenzar a caminar ¿no?

— El doctor dijo…

— ¿Cuándo les hemos hecho caso a los médicos? —interrumpió él.

— Cierto —ratificó ella.

Cuando estuvieron frente al jeep de Hermione, Ron le abrió la puerta del copiloto, aun manteniéndola a ella en sus brazos. Segundos después, la depositó dentro del auto, a la vez que intentaba apagar la alarma del auto que se había encendido al abrir la puerta con rapidez. El pelirrojo se preocupó primero de dejarla a ella con suavidad sobre al asiento, para luego acallar el tormentoso sonido que los había delatado. La gente que se encontraba en el estacionamiento dirigió la mirada hacia ellos, tratando de averiguar si era un ladrón o solo una pareja que ingresaba en su auto y que había olvidado quitar la alarma. Ron logró apagar el ruidoso sonido y cerró la puerta de su novia, un poco más tranquilo. Pero cuando iba a dar la vuelta para llegar al otro lado, tomó el gorro de su chaquetón y se cubrió con el su característico cabello pelirrojo, se puso los lentes oscuros que siempre llevaba en los bolsillos y finalmente entró en el auto.

— Si no supiera quien eres, podría suponer que eres un ladrón —bromeó la castaña, mientras observaba a Ron encender el vehículo con su nuevo "look".

— Prefiero parecer ladrón a que me descubran. —argumentó el, dándole un giro al manubrio para dar vuelta con el jeep y finalmente egresar por la rotonda que le permitía salir del estacionamiento.

— Te ves sexy —admitió ella.

Ron se quitó los lentes para verla con mayor claridad, en el momento en que estaban frente a un semáforo en rojo.

— ¿Qué te dieron? Parece que estás un poco…

— ¿Feliz?

— Sí, podría decirse así.

— Lo estoy —aseguró. Ron mantuvo su vista fija en ella, analizando cada parte de su rostro. Pálido como siempre, suave, aterciopelado y un poco más sonrojado que de costumbre. Sus labios se movían ligeramente, lamiendo aquellas partes en que se sentían ásperos. Su nariz conquistada por ciertas manchitas llamadas pecas. Y sus ojos, atractivamente castaños, que lo observaban expectantes. — No puedo decirte cuál de todas las cosas que me han pasado son las que me hacen sentir así, pero si te puedo asegurar que tú eres parte importante.

— ¿Esa es su manera de decirme que también me ama, señorita Granger?

— Definitivamente. —coincidió ella.

— Pues…

¡AVANZA IMBECIL! —escucharon que gritaba alguien, presionando la bocina con demasiada insistencia.

Ron giró su rostro, para observar por el vidrio trasero. Se encontró con un viejo gordo y barbón que en el interior de su vehículo apenas cabía. Presionaba la bocina con insistencia y le gritaba todo tipo de improperios. Cuando volvió su vista al frente, se encontró con una sonriente Hermione que había comenzado a reír levemente. Por ello mismo fue que no esperó más para encender el motor que extrañamente se había apagado y avanzó rápidamente antes de que el semáforo diera nuevamente rojo, pero dándose el suficiente tiempo para dejar atrás al hombre esperando porque la señal diera nuevamente en verde.

— Vuelves a reir…—comentó segundos después.

— ¿Qué? ¿Me rió muy feo? —preguntó ella divertida, aún con amagos de reír.

— Es la risa más bella y adorable que he escuchado jamás.

— ¿Cuándo te convertiste en alguien tan adulador? —Ron se encogió de hombros.

— Te extrañe demasiado.

Hermione detuvo sus intentos de reír, para sonreír de una manera muy especial. Ron se sorprendió, porque ella manera de hacer una curvatura en sus labios solo la había visto una vez.

— También yo. —confesó ella. —muchísimo.

— Pero creo… —comenzó el pelirrojo, desviando sus ojos nuevamente al camino, para girar inesperadamente en una calle que no se dirigía al pent-house, cosa que Hermione notó. —… que hay alguien más que también te extraño mucho.

— Ron, este no es el camino a casa. Te equivocaste. —el pelirrojo asintió, sin intenciones de cambiar de dirección. — ¿Ron?

— Creo que te olvidas de alguien.

Hermione no dijo nada, se quedó en silencio completamente cuando vió la inscripción del edificio al que habían llegado. Aguardó a que estacionara, y hecho esto, abrió la puerta del copiloto con rapidez sin recordar que uno de sus pies no estaba apto para dar el gran salto que hizo al bajar del auto. Por suerte, Ron apareció rápidamente a su lado para sostenerla antes de que se derrumbara en el suelo. Hermione lo miró extrañada, sentía una nueva sensación en su cuerpo. Una a la que se estaba acostumbrando al sentir que alguien más la apoyaba. Alguien con quien sabía que contaba en cualquier segundo. El pelirrojo la alzó nuevamente en sus brazos y caminó hasta llegar al ascensor, donde tuvieron que esperar un buen rato a que este llegara al piso del subterráneo que resultaba ser el -1. Hermione le pidió que la dejara en el suelo, cuando subieron al elevador que los llevó directo a la planta número dos. Ahí los atendió apenas llegaron a la recepción una mujer regordeta, que parecía tener todo bajo control con las pocas personas que se encontraban sentadas y en el pasillo. Se sorprendió al verlos, eso pudieron notarlo claramente, pero le restaron importancia para seguir camino a la habitación en que residía el padre de Hermione, cuando ellas les dio el permiso. Ron la alzó nuevamente en brazos para llevarla por ese largo pasillo y cuando estuvieron frente a la puerta indicada la puso nuevamente en el piso. El pelirrojo abrió la puerta, y afirmó a Hermione cuando ella se tambaleó al entrar.

La castaña caminó con lentitud hasta llegar a la cama y sin importarle nada ni nadie más, se acercó a su padre y comenzó a abrazarlo con fuerza, mientras pesadas lagrimas caían por su rostro hasta perderse en la frazada que lo cubría. Ron supo que no tenía nada más que hacer ahí y cerró la puerta, quedándose en el pasillo. Hermione al parecer no se percató de esto, porque siguió abrazando a su padre, al momento en que se subió a la cama y se abrazó como una niña pequeña a su cuerpo.

Y Ron estaba tan ensimismado en observar esa escena por la ventana que había junto a la puerta, que no se percató de que una joven rubia se paraba a su lado y comenzaba a hablarle con naturalidad familiar.

— ¿Cierto? —preguntó ella, sin mirarlo.

— Eh… ¿Qué? Disculpe. ¿Qué cosa? —la chica estaba vez si posó sus ojos en él y le sonrió dulcemente.

— Es una imagen extraordinaria ¿no cree? —Ron asintió. — recuerdo la última vez que lo vinieron a ver. Ella estaba muy feliz por traerlo aquí, pero luego tuvo que ocurrirle todo ese desastre. —opinaba Luna, la enfermera. — ¿está mejor ahora?

— Sí, mucho mejor.

— Que bueno, porque yo vi todas las cosas que decían en la tele, las revistas y los diarios. Pero créame que yo no podía confiar en ninguno de ellos. Solo en el de mi padre, que es la única que dijo la verdad.

— ¿Trabajas en alguna diario?

— Mi padre. —reconoció ella sonriendo soñadoramente, con aquella expresión que le daba la impresión de que ella estaba recordando algo verdaderamente feliz.

— ¿En cuál? —preguntó él, preocupado por estar dándole demasiados datos a una jovencita de la cual su padre podría estar pidiéndole que sacara información.

— El Quisquilloso. —respondió Luna, sin percatarse de la mirada extrañada de Ron. — Es un buen diario, que solo tiene escrituras.

— Ese es el que… ¿el que nunca pone fotografías? —Ron lo recordaba perfectamente. Ese era el mismo diario que una vez había visto y se había sorprendido por que las noticias no tenían ni una mínima imagen que acompañara los párrafos. Además de largos textos que el nunca se dignó a leer.

— Sí, no creemos que sean necesarias.

— ¿Por qué? —se interesó.

— Porque solo sirven para alimentar nuestra mente con cosas que ya pasaron. Son muestras del pasado, y yo y mi padre creemos en el futuro.

O esa chica se estaba burlando de él o estaba loca. Trató de pensar que no era la última, pero su rostro comenzó a generar el rechazo que le generaba el estar al lado de una loca que además cuidaba al padre de su novia. Suficiente locura ya tenía en su vida, como para querer integrar más.

— ¿Tú eres la enfermera de este paciente?

— La única —asintió. —noche y día.

— ¿Estudiaste enfermería? Y… y todo lo que eso requiere.

— Sí, por siete largos años. —Ron no podía creer en ella así simplemente, tenía que requerir más información. — Fue difícil hacerlo, pero estoy feliz de haberlo logrado, así por fin podré ayudar a esta gente tan especial. Ellos son fantásticos. ¿No cree? Dormir por años, sin hacer ni un mínimo movimiento. Debe ser un duro trabajo mantenerse así por tanto tiempo.

Ron confirmaba poco a poco la locura de esa muchacha, pero extrañamente sentía que no había nada por lo que temer. Nada por lo que preocuparse.

— Sí… fantásticos —mintió, observando por la ventanilla para ver a su novia. Hermione seguía recostada sobre su padre, pero ahora sonreía.— Y… ¿Qué haces en el día con ellos? Digo... con él.

— Los ejercicios rutinarios, las limpiezas, conversar… cosas de ese estilo.

— ¿Ejercicios rutinarios? ¿Qué clase de ejercicios son esos? —preguntó interesado en saber si ella los arrastraba por los pasillos como ejercicio del día.

— Movilizar sus articulaciones, para que no se agarroten en caso de que decidan despertar.

El pelirrojo tuvo que aceptar que eso sonaba bastante verídico.

— ¿Limpiezas? ¿Cuáles limpiezas? —¿Estaría ella metiéndolos en tinas de agua hasta ahogarlos?

— Limpiar su rostro con cremas especiales, que además hidratan. Los aseos personales y algunos retoques que solo se hacen de vez en cuando para mantener su aspecto natural.

— Entiendo, y de que… ¿conversan? —Luna suspiró sonriente, actuando como si ese fuera de lo que más le gustaba hablar.

— De todo. Bueno, no de todo. Cosas normales, como por ejemplo de sus gustos, del clima, de las noticias recientes, de lo que podría pasar en el futuro…

— Interesante… —soltó sin percatarse de que eso sonaba más a un pensamiento propio.

— Sí, por eso me gusta trabajar aquí. Especialmente con este caballero, porque el otro día tuvo unas reacciones que se ven muy poco en las personas, de el tip…

— ¿Reacciones? ¿Qué tipo de reacciones tuvo? —inquirió sorprendido.

— Leves movilidades en su cuerpo.

— ¿Pueden hacer eso?

— Claro, aunque solo si sus propios cuerpos se los permiten. Porque piense que algunos llevan largos años sin mover ni un dedo, entonces se producen estos leves movimientos que le indican a sus cerebros que aún tienen movilidad, cosa que le ayuda para ir poco a poco generando una reacción mayor que les permita finalmente despertar.

De aquello, Ron sintió que solo entendía una palabra.

Despertar.

Tan simple y sencilla que pareció sentirla como equivocada. Pero poco le importó, puesto que si lo que aquella chica loca decía y aseguraba, tal vez el padre de Hermione podría despertar finalmente de su estado en coma.

— Disculpa, ¿me podrías hacer un favor?

— Sí es que puedo, claro.

— ¿Tienes algún diario de hoy?

— Tengo una gran pila de ellos. Los repartimos por la mañana a las personas que vienen a visitar a los pacientes, a veces deciden leer en silencio, pero por el contrario otros les leen las noticias en voz alta.

Ron sintió que no necesitaba tanta explicación sobre ello, lo único que quería era los diarios.

— ¿Crees que podrías darme los que tengas de diferentes editoriales?

— Tenemos solos tres, pero creo que igual te servirán.

La pequeña rubia, se devolvió por donde había aparecido, entrando en una habitación que parecía más oficina que otra cosa y volvió a los minutos con cuatro ejemplares de diferentes diarios. Ron se lo agradeció, justo a tiempo para que Hermione no se diera cuenta de lo que tenía en sus manos. La castaña salió de la habitación despidiéndose con algunas lágrimas de felicidad en su rostro y se plantó junto a Ron observando a su padre por la ventana.

— ¿Estás bien? —le preguntó el pelirrojo, limpiando una pequeña lagrima que recorrió su mejilla con un interesante recorrido.

— Si —asintió ella. — es solo que… fue demasiado tiempo sin verlo. Además que hubo un momento en que pensé que no lo volvería a ver nunca más.

— Esta bien, pero no hablemos de esas cosas tristes. —la castaña asintió. — mejor vamos, él debe seguir descansando y tú también. —Hermione volvió a asentir a la vez que se despedía de Luna y le agradecía por haberlo cuidado todo ese tiempo.

Terminada esta breve conversación, ambos emprendieron camino de vuelta a casa, al fin. Y en medio de eso, algunas personas que lograron reconocerlos, le gritaron diferentes tipos de cosas. Todas alentadoras claro, y muchos de ellos se mostraron tan sorprendidos de verlos ahí que se quedaron viéndolos fijamente sin mover mayores músculos de sus cuerpos. Hermione saludó con una pequeña seña de mano a los que le decían cosas como: "Que bueno que estás bien" o "todos te apoyamos, Hermione". Ron también respondió a los saludos de la mayoría, pero apresurando a su novia para que no tuvieran mayor percance en ese lugar y así continuar con la faceta de desconocidos.

Pero una vez que aparecieron en la entrada del departamento, había algunos periodistas. Al parecer ninguno de ellos los notó, pero seguían atentos a cualquier movimiento o persona a la cual poder entrevistar para saber un poco más de las súper estrellas del modelaje.

Ron pasó directo al estacionamiento, aparcándose rápidamente. Él se bajó primero que Hermione y la ayudó de la misma manera en que lo había hecho en la clínica, así que ella no tuvo más que dejarse hacer. El elevador los llevó rápidamente al piso de su pent-house, donde la castaña fue la encargada de girar el pomo de la manilla y así abrir la puerta de su hogar.

— ¡Sorpresa! —gritaron todos.

Sí, todos. Todos los pelirrojos Weasley y sus más cercanos conocidos.

— Oh… vaya… —murmuró ella sin saber que decir.

— ¿Estás sorprendida? —le preguntó Ron. Ella asintió. — ¡Qué bueno! Porque uno de mis tontos hermanos casi arruina la sorpresa… —miró directamente a Percy, que rodó los ojos bufando molesto.

— Cielos, no sé qué decirles… —todos le sonrieron dulcemente y comenzaron a acercarse a ella para abrazarla y decirles lo felices que estaban de al fin tenerla ahí. — muchas gracias por todo, enserio.

Cuando la mayoría se acercó a felicitarla, Ron aprovechó uno de los espacios para tomarla nuevamente en sus brazos y llevarla hasta el sillón más cercano. Donde frente a ella, en la mesita de centro, había gran torta que decía "Felicidades, ya sobreviviste a la primera caída". No supo que decir, y tampoco pensaba decirles que eso no la hacía sentir mejor. Pero de todas maneras sonrió sinceramente y les agradeció unas cuantas veces más.

— Pero que paseo te has dado cuñadita… —comentó uno de los gemelos.

— …al menos podrías haberte ido a Miami, o algo más entretenido ¿no crees?... —bromeó el otro.

— ¡Fred! ¡George! ¡Basta! —los cortó su madre, para que dejaran de decir tonteras, cosa que hizo sonreír más a la castaña.— ¡No ven que la pobre Hermione no habría querido ir a ese lugar! ¡Pero que desubicados son por Dios! ¡Yo nos los crié así!

El resto de la familia Weasley, se puso a reír acompañado luego del resto de los invitados y por supuesto, la castaña. Mientras Ron trataba de sonreír, a pesar de que sabía cómo debía de estar sintiéndose su novia. Él mantuvo su vista consentrada en ella la mayoría del tiempo y a pesar de que sabía que había hecho bien en traer a gente para que ella supiera que estaba acompañada y que siempre los tendría a ellos, pero en mitad de la velada percibió una sonrisa incomoda de la castaña. Y eso le hizo comprender en su debido momento, que tal vez no había sido tan buena idea. Lo había meditado, minuto tras minutos, buscando la respuesta a ello. Y esta llegó horas más tarde cuando los invitados se fueron y ella se quedó profundamente dormida.

Hermione no necesitaba fiestas estrafalarias para sentirse bien, lo que ella necesitaba era descanso y sobre todo… soledad. Necesitaba estar lejos de las multitudes, para volver a recuperar esa confianza que había perdido. Él sabía que ella agradecía sinceramente por lo de la fiesta, pero no se había sentido lo suficiente cómoda como para disfrutar de ella. Y él, debería haber sabido eso cuando sintió que ella no necesitaba un montón de gente haciendo ruido en el departamento, porque lo único que ella necesitaba era descansar.

Suspiró cansado. Estaba agotado de equivocarse. De hacer las cosas mal y hacer sufrir a quienes más quería. Él solo había querido ayudarla, pero ahora que se daba cuenta de que lo único que estaba logrando era apartarla cada vez más.

Cuando hubo recogido los últimos vasos plásticos que quedaban sobre las mesitas, cerró la bolsa negra de plástico y la dejó en la cocina a un lado del bote de basura. Percibió que su madre ya había limpiado los platos sucios que habían utilizado y que todo en la cocina estaba perfectamente limpio.

Gracias mamá, pensó derrumbándose en uno de los sillones.

Cerró los ojos con agotamiento. Se mantuvo así por unos minutos y luego los abrió nuevamente para observar todo lo que estaba frente a él. Las mismas cosas que había divisado en aquella ocasión en que le contó a Harry lo que había hecho. Y además estaba sentado en la misma posición en el mismo sillón. Coincidencia. Pensó rápidamente, y se puso de pie casi como si se estuviera quemando. Pasó por un lado de la mesita y se sentó en el sofá de enfrente, justo el que Harry había utilizado al escucharlo. No era mucho el cambio, pero si había una sensación diferente.

Posó los pies sobre la mesita y tomó las revistas que había encima. Cuando las tuvo frente a sí mismo, percibió que no todas eran revistas; cuatro de ellos eran diarios, los que la enfermera le había regalado. Dejó las revistas a un lado y posó uno de los periódicos en sus manos. Lo desdobló por la mitad y leyó la portada. "Hombre mata a su esposa e hijos", ese era el titular.

Se sorprendió, no esperaba que otra noticia fuera el titular del diario. De hecho esperaba verse a sí mismo siendo la imagen central de aquel periódico. Sonrió. No porque se alegrara del titular, sino porque al fin podía sentirse tranquilo. Dejó ese diario a un lado y tomó otro. Sucedía lo mismo con este, pero el titular era diferente, además de que en una pequeña esquina señalaba el inicio de una noticia sobre él y Hermione. Pequeña, demasiado pequeña, pensó. Dejó también ese papel a un lado y tomó el siguiente.

Lo observó con mayor precisión que el anterior, porque resultaba que ese era el famoso Quisquilloso. El diario del padre de aquella muchacha rubia. Dejó el siguiente sobre la mesita y miró detalladamente cada titular de ese diario. Efectivamente no tenía ninguna imagen, y solo grandes y pequeñas letras se veían. Los titulares eran similares al anterior diario, pero la narración y el ángulo de esas noticias eran diferentes. Percibió que también tenía un pequeño titular relacionado con él y Hermione. Buscó rápidamente la página en la que se señalaba en la portaba debía estar la noticia y comenzó a leerla con toda la concentración del mundo.

"Los modelos más famosos, al fin encuentran la calma"

Después de verse agobiados por la incesante persecución de los periodistas a este par de jóvenes talentosos, al fin han encontrado la calma.

Pasadas las semanas, días y horas, al fin el modelo Weasley pudo hallar a su novia, sana y salva. Bueno, no tan sana, porque la pobre joven sufrió bastantes lesiones traumáticas que seguro la acompañarán toda su vida. Y el hecho de que el grupo de imbéciles que los siguen y asedian día tras día, tratando de conseguir una imagen que compruebe el dolor de esta pareja, no es más que basura. Ellos son seres humanos tal como nosotros, solo que debido a su trabajo deben soportar no tener ni las más mínima intimidad. Hecho que debería ser ilegal y repudiado por todos nosotros. No deberíamos ser los aportadores y consumidores de imágenes e información que puede dañar a aquellos que más queremos.

En mi opinión, pienso que si todos aquellos fans y personas normales dicen quererlos y venerarlos tanto, deberían dejar que ellos vivieran en tranquilidad. Sin tener que soportar las espantosas cámara y reflectores solo para saber si compró un chicle o una carísimo vestido. Eso es parte de su vida privada y ninguno de nosotros deberíamos tener que saberlo. No tenemos el derecho para saber qué es lo que hacen en su tiempo privado. ¿O es que a vosotros les gustaría informarle al mundo si compran un condón? ¿O si compran una mascota? ¿Si es que ven tal y tal programa? Esas son cosas que uno decide si compartir, y lamentablemente nosotros estamos obligando a este par de jóvenes a ser fuente de nuestro entretenimiento.

Por eso, solo digo que si tanto dicen fanatizarlos, debemos respetar su espacio y aceptar, que para bien o mal no podemos saber todos los mínimos detalles de sus vidas. Piensen en lo que significa para ellos el tener una cámara todo el día. Piensen en que ellos tienen familias de las cuales querer y cuidar. Y sobre todo, piensen en que ellos son seres humanos tal como nosotros.

Lovegood, director.

Sonrió. La verdad es que ese hombre sí era un buen escritor. Mucho más que todos aquellos diarios famosamente reconocidos, que como él decía, se dedicaban a buscar hasta los más mínimos detalles de sus vidas. Aquella joven llamada Luna, tenía razón. Ese sin duda era el mejor diario, y no necesitaba ninguna imagen para atraer su atención.

— ¿Qué lees que sonríes tanto? —preguntó Hermione, apareciendo por una esquina del pent-house.

Ron alzó su mirada instantáneamente, observándola sorprendido. La castaña cojeaba lentamente para llegar frente a él y poder sentarse en el sillón que quedaba justo en frente de él. El mismo que había utilizado para contarle a Harry la verdad, se recordó.

— Eh… solo un diario. —respondió nervioso.

Hermione ladeó su rostro para leer el título del papel.

— ¿El quisquilloso? —preguntó sorprendida. Ron asintió poniéndose de pie, sentándose a su lado en aquel sillón tan martirizante para él. — Lees eso.

— Sí, me resultó interesante. ¿Te habías dado cuenta de que no tiene ninguna imagen?

— Sí, de hecho lo leía mucho hace un tiempo. —él pelirrojo se mostró sorprendido, a la vez que dejaba el periódico sobre la mesa y la abrazaba. Ella recostó su cabeza sobre su hombro y suspiró sintiéndose reconfortada.— Mi padre solía decirme que era el mejor diario que podía leer. Así que seguí su consejo y comencé a darle algunos vistazos. En un principio no me pareció muy interesante, porque solo tenía escritura, pero a medida que me fui dando cuenta de la forma en que lo narraban, supe que mi padre tenía razón. La manera en que narra y da su opinión de las cosas, sin miedo a que la gente lo repudie por decir lo que piensa, me hizo prácticamente venerarlo.

— Lo sé, me he sorprendido mucho cuando lo leí. Esperaba leer una larga y agotadora noticia que me hiciera odiar ese diario, pero no… creo que hasta me divertí leyéndolo. —rió

— Realmente lo admiro. Yo desearía tener el valor que él tiene para decir las cosas, porque yo no he hecho en mi vida nada más que satisfacer a todo el mundo. —Ron supo que eso era verdad desde el minuto en que la conoció. — siempre hago lo que el resto quiere. Siempre soy amable y digo que sí, cuando yo siento que es mejor decir no…

— Lo sé, y quiero que dejes de hacer eso.

— No sé si pueda, Ron. Estoy acostumbrada a darles en el gusto a los demás.

— Entonces, ahora es el momento de que decidas por ti misma y aprendas a decir no.

— No es tan fácil.

— Lo será con el tiempo.

— Eso lo dices porque tú ya estás acostumbrado. —soltó ella fastidiada, Ron asintió con supremacía fingida.

— Y estoy orgulloso de ello. —Hermione le dio una ligero golpe en el brazo, y luego le dio pequeña y suave beso. Ron sonrió y le correspondió, para luego volver a abrazarla con fuerza.

— ¿De que escribió ahora? —preguntó ella, minutos después.

— De nosotros.

— ¿Y qué dice? —Ron la presionó apoyándola más en su hombro y le depositó un pequeño beso en la coronilla. Ella suspiró y se abrazó a él, comenzando a dejar que el sueño la invadiera.

— Lo que todos los medios, deberían decir.


Nuevo capitulo, muy atrasado lo se y lo siento. Espero que sigan atentas al fic porque ahora se comienza a venir lo más interesante. Cariños a todas, nos vemos en una semana :)