CAPÍTULO REEDITADO
Capítulo 7
Caliente como un volcán
Día 79.
Bra abrió los ojos lentamente, cegada por la luz que entraba por una ventana que estaba segura de haber cerrado antes de dormir. Se revolvió en la cama y ocultó la cabeza bajo la almohada, huyendo de la luz, preguntándose quién demonios se atrevía a despertarla tan temprano un domingo por la mañana.
—¡Arriba, guerrera!— gritó Pan, que le arrebató la almohada de un tirón, irritándola todavía más. Bra apretó el entrecejo y miró a su amiga con absoluto desprecio. Ella, tan temeraria e irritable cuando se lo proponía, colocó las manos sobre sus caderas y le sonrió con picardía. —He oído que has estado entrenándote últimamente. Se ve que la última paliza que te di te molestó de verdad, ¿no? Pensaba que nunca empezarías a pelear por miedo a romperte la uñas, pero ya que te has empeñado, ¿te apetece una pelea para empezar bien la mañana?— le sonrió Pan.
Bra agarró su despertador, mudo, y se lo lanzó a la nieta de Goku, que lo esquivó con un ligero movimiento de cabeza. El despertador se estrelló en la pared, abriendo un gran boquete en ella. Pan silbó, sorprendida por la fuerza que su amiga nunca empleaba.
—¡Largo de mi cuarto, gusano!— gritó la princesa.
—Cada día te pareces más a tu madre, Bra. ¿Te lo he dicho alguna vez?— empezó a burlarse la adolescente, sacándole la lengua con la clara intención de provocarle. —Tienes sus mismos encantos…— continuó, llevándose una mano a sus prácticamente inexistentes pechos, fingiendo que tenía mucho más de lo que de verdad poseía —¡pero también tienes el mismo mal humor de tu padre!
—¡Piérdete ahora, Pan, maldita cucaracha!— volvió a gritar Bra, haciendo temblar las paredes de la casa.
La hija de Gohan salió de su cuarto rápidamente, esquivando los numerosos objetos con una sonrisita divertida en la boca. Cuando desapareció escaleras abajo, Bra suspiró y apretó a su peluche con forma de mono hasta que su cabeza se separó de sus hombros. Cuando el pobre mono estuvo destrozado, ella lo lanzó lejos.
—Maldita seas, Pan…— murmuró, dando vueltas por la cama intentando recuperar el sueño perdido sin ninguna clase de éxito. Se levantó y se asomó por la ventana. En el jardín, frente a la cámara de gravedad, Trunks observaba y retocaba el aerocoche mientras Goten lo sostenía y lo mantenía alzado con un solo brazo. Para ser noviembre hacía un calor de mil demonios y ambos trabajaban desnudos de cintura para arriba.
Vio a Pan correteando hacia su hermano para colgarse de su cuello en actitud cariñosa e infantil. Goten y Trunks se rieron por semejante muestra de alegría. Un pensamiento claro recorrió la mente de Bra.
La mataría.
Sí. Definitivamente se había levantado de mal humor, y eso solo podía significar que habría un nuevo Vegeta dando vueltas por la casa, más pequeño, en versión femenina y con el pelo azul. Podía decir con total seguridad que la princesa estaba no veía la hora de salir volando de su cuarto para encontrarse con Broly e intentar, banalmente, golpearle para descargar su frustración.
Quizás hoy, con semejante mal humor, consiguiera hacerle aunque fuera un simple arañazo.
—Entonces, ¿vais a tener otro hijo?— preguntó Bulma con la ilusión pintada en la cara. —¡Qué cosas tenéis, Chichí! Yo no tendría otro ni muerta. Aunque eso de volver a ser joven me iría muy bien.
—Bueno, ya sabes, Goku se ha empeñado y no me importaría tener otro hijo para que me hiciera compañía. Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida.— comentaba Chichí, dándole un nuevo sorbo a su taza de té —Aunque su padre sea un irresponsable— zanjó, golpeando la mesa con la taza.
—Si te soy sincera, a veces no sé cómo aguantas a Goku.— Comentó inocentemente Bulma.
—Y yo no sé cómo puedes convivir con tu violento marido, o novio, o lo que sea— Chichí estaba chapada a la antigua. A pesar de sus largos años de casada, todavía seguía pensando en las tradiciones. No había nada más sagrado que un anillo puesto en el dedo, y que Bulma conviviera con Vegeta y tuviera hijos sin estar casada le parecía, en cierta manera, escandaloso. Su amiga no podía hacer más que reírse por su mentalidad anticuada.
Sentadas en la mesa de la cocina, de visita, las dos mujeres comentaban a voz en grito los últimos acontecimientos de sus vidas. Brase mantuvo en las escaleras, escuchándolas con mala cara. Odiaba las visitas por la mañana, y por desgracia, estas se sucedían muy a menudo.
—Desayuno y me voy— se dijo a sí misma. —Desayuno y me voy.
Bajó las escaleras y cruzó la cocina, directa hacia el frigorífico. No fue la única que tuvo esa idea. Vegeta, a regañadientes, entró en la cocina con las mismas intenciones: comer y desaparecer hasta que las visitas se esfumaran. Padre e hija tenían exactamente la misma mirada de desagrado. Ambos agarraron la puerta de la nevera, se miraron unos instantes y lo mismo salió de sus bocas.
—¡Hump!— ni un buenos días ni nada que se le pareciera.
—¡Buenos días!— los saludó Bulma desde la mesa de la cocina. Bra y Vegeta le dirigieron una mirada de recriminación clara por invitar a personas ajenas tan temprano. Cogieron su comida y se sentaron frente a la televisión, lejos de ellas. No se dijeron nada durante todo el desayuno.
Chichí los observaba con absoluta curiosidad. Detectó prácticamente los mismos gestos de Vegeta en Bra, su mismo ceño fruncido, sus mismos bufidos, su misma fuerza, su misma expresión mientras comía… Las dudas se disiparon. Chichí siempre había tenido sospechas de que Bra no era hija de Vegeta por el nulo parecido que tenía con su padre. Ahora, observándola fijamente, sabía que era imposible que su misma sangre no corriera por sus venas.
En ese momento, Trunks entró en la cocina seguido de Goten. Su expresión era agria, frustrada ante la conversación de su amigo, que había descubierto cómo fastidiarle y sacar de él algo más de lo que estaba dispuesto a dar.
—… Si es que no puedes ir acosando sexualmente a todas tus secretarias, porque luego pasa lo que pasa. Se van y te quedas sin nadie que te organice la agenda.
—Yo no acoso a nadie, Goten. ¡Ese eres tú!— le gritó el primogénito de la familia. —A ver si sientas cabeza de una vez y dejas a los demás tranquilos.
—Ah, ah, ah…— lo hizo callar él —¿Quién se ha quedado sin secretaria otra vez? Así que el problema es tuyo, no mío.
—¿Has perdida a otra, Trunks?— preguntó Bulma con un creciente sentimiento de impotencia en la boca de su estómago. Llevaba años pensando en jubilarse y dejarle el resto de su trabajo a su hijo, pero no lo haría hasta que descubriera por qué sus secretarias huían despavoridas cada vez que entraban en su despacho. No creía que su hijo, tan correcto, intentara algo indecente con ellas, pero era innegable que algo había de por medio. —Tu ascenso está estancado por cosas así. Lo sabes, ¿verdad?
—No te metas en esto, mamá— le contestó él sin medir su tono de voz. Bulma frunció el ceño en una clara amenaza. Si su hijo no se retractaba enseguida, empezaría a gritar.
—Estás poniendo en peligro la imagen de la Corporación con tus escapadas nocturnas, así que más vale que tengas una buena razón para hacerlo.
—Oh, la tiene, ¿verdad que sí, Trunks?— comentó Goten con gesto pícaro. El susodicho abrió la nevera y empezó a beber agua helada, ignorando los comentarios sobre su persona.
—¿Qué quieres decir, hijo?— cuestionó Chichí. Ante la mirada que le dirigió Goten, la mujer se cruzó de brazos y sonrió. Conocía perfectamente esa sonrisa y daba gracias por haber acompañado a su hijo hasta allí, porque así podría enterarse de los últimos cotilleos. —Así que es eso.
—¿El qué?— preguntó Bulma, curiosa.
—Tengo una idea, Trunks. Coge el teléfono, marca y pídele a Marron que sea tu nueva secretaria. Estoy seguro de que así no habrá problemas— ante la sugerencia de Goten, Trunks escupió el agua y empezó a toser, pillado totalmente desprevenido.
—¿Marron? ¿La hija de Krilín y A-18?— cuestionó Chichí. —¡Qué pareja tan curiosa!
—¡Ahora lo entiendo!— gritó Bulma. De repente, todos esos años en los que Trunks se empeñaba en molestar a la pequeña de la familia bajo la atenta mirada de su madre, cobraron sentido. —Por eso le tirabas de las coletas cuando era pequeña, por eso siempre la molestabas fingiendo que le quitabas la nariz. Ella era tan adorable entonces, y siempre acababa llorando cuando jugaba contigo. ¿Era por eso, Trunks?— preguntó su madre con la malicia pintada en la cara. Él se había puesto pálido, para poco después adquirir un ligero rubor que se extendió hasta sus orejas. —Tengo entendido que trabaja a tiempo parcial en un local nocturno como camarera y que se dedica a sus diseños durante el día.
—¿Y a mí qué me cuentas?— se quejó él, escondiendo la cara tras la puerta de la nevera.
—¿En un local nocturno? ¿Eso no es peligroso?— preguntó Chichí.
—Para eso está Trunks, para protegerla de clientes impertinentes— siguió sonsacando Goten, golpeando con un codo el costado de su amigo, cuya paciencia empezaba a rozar la ira.
—¿Eso quiere decir que vigilas a Marron por la noche en lugar de ir a hoteles con chicas bonitas? ¡Oh, mi hijo es todo un caballero! Estoy tan orgullosa… ¿Os habéis planteado ya una boda?— Trunks se golpeó la cabeza con la puerta de la nevera adrede, deseando que la tierra se lo tragase.
—Lo hará en cuanto su novio la fastidie y él se atreva a acercarse para ser su paño de lágrimas.
—¡Un amor no correspondido!— chilló Bulma con los ojos brillantes. —Si ella no se da cuenta de lo buen partido que eres, es porque no te merece, hijo.
—Goten…— gruñó él. —Vas a morir por esto, maldito cabrón.
El hijo de Goku soltó una carcajada estridente.
Vegeta y Bra lo escuchaban todo mientras comían. Tras un largo sorbo de té, ambos, con la misma agria mirada, murmuraron: —Imbéciles.
—Hablando de eso. Vegeta, ¿te he dicho ya que Goku y Chichí van a tener otro hijo?— preguntó Bulma. El príncipe abrió los ojos como platos y se levantó de la silla para clavar la mirada en Chichí, que sonreía con aparente superioridad. —Me han pedido que les preste el radar del dragón para buscar las bolas y hacer que Chichí vuelva a su juventud para tener otro hijo.
—Puede que tengamos dos más, o incluso tres más. Sería fantástico tener una familia tan numerosa…— soñó ella. —Empezar desde el principio.
—¿Estás demente?— cuestionó Vegeta con hosquedad. Chichí puso mala cara y entre ambos hubo un conflicto de miradas por unos segundos. —¿Kakarotto va a tener otro hijo?
—Eso parece— respondió Bulma.
—Mi marido te envía recuerdos, Vegeta. Habría venido también de no ser por su pierna rota, pero no te preocupes. En cuanto le quiten la escayola, vendrá para molerte a golpes.
Vegeta se cruzó de brazos y dejó escapar un bufido. Con un mohín que dejaba patente su enfado, salió de la cocina y fue derecho hacia su Cámara de Gravedad. Bulma puso los ojos en blanco, recriminándole mentalmente por su escasa educación.
—No le hagas caso, Chichí. Se alegra mucho por vosotros— sin embargo, de verdad lo dudaba.
Bra terminó el desayuno y salió al jardín sin decir nada, muy dispuesta a alzar el vuelo para desaparecer hasta la noche, pero cuando sus pies dieron con el césped, su cuerpo se cruzó con el de Pan, que la esperaba con los brazos en la cintura con una gran sonrisa.
—¿Preparada, princesita?— cuestionó, adquiriendo una posición de ataque. Bra suspiró. Sus ansias por encontrarse con Broly la carcomían por dentro. Después de pelear con alguien como él, sabía que pelear con su amiga le sabría a poco.
—Ahora no, Pan.
—Venga, princesita, que tengo todo el día— insistió, incitándola a ir a por ella con las manos.
—¿Se puede saber por qué estás tan ansiosa hoy?— preguntó Bra, visiblemente molesta por su actitud. Como siguiera irritándola, no tenía ni idea de cómo reaccionaría.
—Mi hermano y Videl la han echado de casa— comentó Goten desde el umbral de la puerta —Desde que mis padres decidieron tener otro hijo, a Videl le han entrado ganas de tener también otro y… ya sabes. Necesitan intimidad para encargarse de eso— sonrió él con una clara muestra de malicia.
—¿En serio, más Son? Yo con una tengo suficiente— se burló Bra.
—¿Demasiado para ti, princesa?— volvió a picarla su amiga.
—Pan, no le des una paliza a mi hermana, que luego no para de quejarse por las marcas— oyó que se reía Trunks junto a Goten.
—Si te rompes una uña no pienso volver a hacerte la manicura, Bra— oyó decir también a Bulma, asomándose al jardín junto a Chichí.
Bra arrugó todavía más el entrecejo. Aquellas palabras estaban siendo duros golpes para su orgullo. Sin embargo, intentando contener su ira creciente, se dirigió hacia la salida poco dispuesta a seguirle el juego a ninguno de ellos.
—¿Huyes, Bra? ¿De la nieta de un guerrero de clase baja más pequeña que tú?— oyó decir a Pan cuando cruzó por su lado. —No eres digna del título de tu padre— Pan lo dijo sin pensar, pues su amiga siempre se lanzaba sobre ella cuando hacía mención del título de princesa que ella, de vez en cuando, usaba para mostrar su superioridad.
Era un juego que había entre las dos. Pero esta vez, no ganó Pan.
Bra se movió rápidamente, y Pan, que estaba preparada para cualquier ataque, intentó esquivarlo. Calculó mal. En esas semanas que llevaba entrenando con Broly, su velocidad, su agilidad, sus reflejos y su fuerza habían mejorado hasta límites insospechados. A Bra no le había quedado más remedio que mejorar para que Broly no la matara a golpes, y a esas alturas era muy hábil esquivando y golpeando en puntos flacos.
Con la intención de atravesar esa enorme fortaleza de músculos que tenía su maestro, Bra había desarrollado una fuerza atronadora, y cuando Pan recibió su patada en la cara, salió lanzada hacia el cielo totalmente desequilibrada. Ella la siguió volando a una velocidad que pocos guerreros podían alcanzar, pues su masa corporal era mucho menor.
Trunks, Goten, Bulma y Chichí abrieron la boca mientras sus ojos se clavaban en las dos figuras que se batían en el aire. Cuando Pan se estabilizó, Bra le lanzó una serie de certeros puñetazos que la desequilibraron y la hicieron ceder. La pequeña Son todavía estaba shockeada por la reciente fuerza de su amiga, y tardó unos instantes en reaccionar y empezar a defenderse. La furia creció entre las dos y Pan, sintiéndose acorralada, le regaló un potente puñetazo en la mejilla que la lanzó hacia atrás.
Bra dio una vuelta en el aire y se situó frente a frente, con un hilo de sangre escurriéndose por la comisura de su boca. Se lo limpió con un dedo y sonrió ampliamente.
—Pero… ¿a ti qué te pasa? ¿Desde cuándo eres tan fuerte?— cuestionó la pequeña.
—¿Qué te pasa a ti? ¿Creías que me iba a quedar estancada, que nunca avanzaría? Creo que va siendo hora de volver a la jerarquía que se debe, Pan— dijo, cruzándose de brazos con una actitud claramente arrogante. —Ya va siendo hora de devolver a los gusanos a su lugar de origen y de hacerte saber que yo… soy…— pero antes de que pudiera terminar, Pan le lanzó una bola de energía que estalló frente a ella.
Pan sonrió.
—¿Qué eres qué?— preguntó con burla. Cuando la nube de humo formada por la pequeña explosión desapareció, los ojos de Pan se agrandaron.
Bra no estaba allí. Había desaparecido.
—La princesa de los saiyajin— oyó que decían a su espalda. Pan se giró a gran velocidad, y lo que vio no le gustó en absoluto. Una bola de energía verdosa se cargó entre las manos de su amiga y, antes de que pudiera sorprenderse, Bra se la lanzó… y Pan la esquivó haciendo una pirueta en el aire.
Un sudor frío le recorrió la frente. Era la primera vez que Bra utilizaba bolas de energía. De hecho, Pan incluso había llegado a pensar que era incapaz de utilizar el ki para eso. A pesar de la sorpresa, la pequeña sacudió la cabeza y sonrió.
—Mala puntería, Bra— dijo. Bra ensanchó su sonrisa, cruzándose de brazos con actitud relajada.
—¿Tú crees?
Y en ese momento, la energía verde iluminó las facciones de Pan antes de que la bola la golpeara en la espalda. La nieta de Goku gritó más por la sorpresa que por el daño, y cayó en un vuelo en picado hasta que su cuerpo dio contra el césped del jardín de la corporación. Antes de que Chichí, carcomida por la preocupación, corriera hasta su nieta, Pan se levantó de un salto limpiándose la sangre de la boca con el antebrazo y observó a Bra desde el suelo, perpleja.
Ninguno de los allí presentes podían creerse lo que acababan de ver.
—Goten, ¿has visto…?— murmuró Trunks con la boca abierta. —Ese último ataque ha sido un disparador trampa. ¿Cómo demonios ha aprendido a hacer eso? ¡Ni siquiera yo sé hacer eso!
—Increíble. No recuerdo haber visto un ataque parecido desde… desde…— entonces Goten y Trunks se miraron, curiosos y contrariados.
—Desde Broly— dijeron al mismo tiempo.
—¡Eso te enseñará a no meterte con la princesa de los saiyajin, guerrera de clase baja!— gritó Bra desde el aire antes de sacarle la lengua a una Pan cada vez más furiosa.
Entonces, antes de que nadie pudiera decir nada, Bra salió disparada lejos de la Corporación Cápsula. Su mal humor había desaparecido. Se moría de ganas por contarle a Broly la hazaña que su triunfo suponía. Estaba segura de que él también se alegraría al enterarse de que le había dado semejante paliza a la nieta de su peor la lejanía, sentado sobre el tejado de la corporación, Vegeta observaba a su hija con una mezcla de orgullo y preocupación.
Goku estaba aburrido. Su pierna seguía escayolada aunque sus costillas ya se hubieran curado. Tumbado en la cama, observaba el exterior a través de la ventana mientras intentaba concentrarse en su libro sobre cómo ser un buen padre. Había sacado un par de cosas claras sobre ese libro, cosas importantes.
Cosas como que estaba mal dejar a tu hijo frente a un bicho verde que amenaza con destruir el planeta, o morir cuando tu mujer está embarazada y no estar presente en la educación de tu hijo durante los seis primeros años de su vida. Eso lo convertía en un padre negligente.
Ahora sólo le quedaba descubrir qué significaba negligente, aunque juraría que no sonaba muy bien. Goku estaba tan aburrido, que estaba empezando a pensar. Y todo el mundo sabía que a él no se le daba bien pensar si no había una pelea de por medio. Pensó tanto mientras leía aquel libro, que llegó a una conclusión precipitada.
Era un mal padre.
No había estado bien abandonar a Gohan a su suerte con Picolo cuando Raditz lo mató. No había estado bien permitirle que fuera a Namek para recuperar las bolas de dragón solo con Krilín y Bulma. ¡Todo el mundo sabía cómo eran Krilín y Bulma, y él más que nadie después de viajar con ellos durante gran parte de su infancia! No había estado bien no volver a casa inmediatamente después de derrotar a Frezeer, y tampoco había estado bien utilizar a Gohan como plan maestro para destruir a Cell y luego negarse a revivir durante la infancia de su segundo hijo. Tampoco había estado bien irse a entrenar a Uub durante tanto tiempo, ni descuidar a su familia, ni largarse de casa cada vez que le entraran ganas de aventuras. Y lo peor de todo era que su familia pasara penurias porque él no trabajara.
Definitivamente, Chichí tenía razones para odiarle, y también sus hijos.
Sí, definitivamente no se le daba bien pensar. Unos intensos remordimientos se mezclaron con el hambre que tenía y decidió compensar sus malos actos. Cuando naciera su nuevo hijo, no moriría, lo entrenaría él mismo y se preocuparía por sus estudios, y nunca lo pondría delante de un enemigo poderoso.
Sí, no lo haría. Sería un buen padre, como decía el libro.
Pero antes tenía que pedir perdón por ser un padre tan negligente, y averiguar de paso qué significaba negligente.
Goku se llevó dos dedos a la frente y se concentró para transportarse inmediatamente a la casa de su hijo mayor. Pensó que su pierna podría empeorar y se vería obligado a aguantar más brócoli en su dieta, así que sería mejor transportarse a la cama de su hijo y no caer sobre el duro suelo. Su pierna podría sufrir las consecuencias por una mala caída.
Dicho y hecho, se transportó.
Y cayó sobre el mullido colchón de la cama de Gohan y Videl… con Gohan y Videl en ella. Lo que ocurrió fue extraño. Juraría que su hijo estaba encima de su nuera antes de que gritara y se cayera de la cama con los ojos como platos.
—¡PAPÁ!— Gritó, y dio un salto encima de Videl antes de caerse fuera de la cama, en parte, por el empujón que dio ella cuando lo vio aparecer.
—¡Señor Goku!— chilló su nuera, y agarró las sábanas que había a su alrededor para tapar su desnudez.
Goku pestañeó. Juraría que había visto un pecho desnudo y se recriminó mentalmente el ver a la mujer de su hijo en semejante situación.
—Hola— murmuró.
Gohan se levantó del suelo con la cara roja, pero no de vergüenza, si no de ira. Igual que otras noches, estaba totalmente desnudo y Goku recordó las pocas veces que le había cambiado el pañal cuando era pequeño. Eso tampoco era propio de un buen padre.
—¿Interrumpo algo?— preguntó.
Videl y Gohan se miraron con las bocas abiertas.
—Fuera de aquí, papá— dijo Gohan con toda la tranquilidad de la que fue capaz. Su paciencia era cuestionada por el tono de voz, que amenazaba estallar en gritos de ira. Goku se sintió un poco cohibido. Su hijo parecía enfadado, y él sabía mejor que nadie que era mejor no enfadarle.
—Sí, ya me voy, pero antes quiero hacerte una pregunta— los ojos de Gohan relampaguearon peligrosamente cuando la inocente expresión de su padre dio con la suya, tan furiosa. —¿Crees que soy un mal padre?
Y Gohan explotó… casi literalmente.
—¡Broly!— gritó Bra en cuanto aterrizó en el llano del bosque. Su maestro, entrenador, enemigo o lo que quiera que fuera, dormitaba sobre la hierba, como siempre, hasta que el grito lo despertó. Se levantó del suelo rascándose la cabeza y fue incapaz de prevenir el acercamiento de Bra, que dio un salto frente a él y se colgó de su cuello en un fuerte abrazo mientras reía escandalosamente.
El guerrero legendario se quedó petrificado.
—¿A que no sabes lo que he hecho hoy, a que no?— le preguntó ella alegremente. Broly no lo sabía. De hecho, empezaba a sentirse incómodo por la pregunta y por la cercanía. ¿Qué intentaba? ¿Estrangularle, apretarle el cuerpo para romperle los huesos? No era una estrategia muy viable, porque Bra no tenía suficiente fuerza para hacerlo. Entonces ella apartó la cara de su pecho y le miró directamente a los ojos. Como otras veces que le había hablado con esa gran alegría pintada en la cara, Broly se sintió obligado a escucharla e incluso a aceptar cualquier petición que le hiciera. —¡He derrotado a Pan!— le contó con gran alegría.
Broly, cada vez más incómodo, asintió lentamente con la cabeza.
—Eso es…— no supo cómo acabar la frase. —¿Quién es Pan?
El orgullo brilló en los ojos de la chica.
—La nieta de Goku.
Entonces Broly comprendió su alegría y él mismo sintió algo cálido asomándose por su garganta, inundando su pecho al oír semejante hazaña. No tenía ni idea de quién era Pan, pero Bra, su Bra, la que había estado entrenando durante casi dos meses ya, había ganado a un descendiente de Kakarotto.
Su pecho se llenó de un incomparable sentimiento de orgullo y sonrió con su malicia característica.
—Bien hecho, Bra— dijo. La joven no se esperaba semejantes palabras, pero cuando las oyó, su corazón palpitó con fuerza. Soltó a Broly lentamente y aterrizó en el suelo frente a él. Entonces, su enorme mano se posó sobre su cabeza azul y ella se encogió de manera instintiva, emocionada porque por primera vez desde que se conocieron, él le estaba dedicando una caricia de halago con algo parecido al orgullo y al aprecio palpitando en su mirada oscura. —Buen trabajo— repitió.
Bra agachó la cabeza y tragó saliva. Sentía las mejillas arder.
—Sí, bueno… pero no puedo contentarme solo con eso— dijo, agarrando la mano que le acariciaba la cabeza para apartarla sutilmente. Broly la observó con intensidad, pero no con la intención de intimidarla. Aun así, ella le esquivó la mirada. —Pan es la más débil de los guerreros del espacio. No me contentaré hasta que esté a la altura de mi padre, de Goku o incluso… a tu altura.
Broly no pudo hacer más que ensanchar la sonrisa. Aunque fuera la nieta del hombre que le había condenado, no podía negar que le caía bien. Le gustaba su determinación y su deseo de ser más poderosa que ninguno. Era la primera hembra que conocía que tenía parte de sus genes saiyajins, y se preguntaba si todas habrían sido tan decididas y combativas.
A Broly se le hacía difícil imaginárselo. Bra podría patearle el culo a todas ellas.
—¿Quieres estar a mi altura?— preguntó con emoción contenida.
—Sí— afirmó su alumna con la determinación pintada en la cara.
Broly dio media vuelta y alzó el vuelo. Nadie habría aceptado su desafío de haber visto su sonrisa maliciosa. Nadie, excepto Bra.
—Entonces sígueme.
Vegeta observó a Bulma desde la cocina, su rincón favorito de la casa después de su cama. Mientras su mujer se despedía alegremente de las visitas y suspiraba posteriormente, agotada después de una intensa semana de trabajo, se dejó caer sobre el sofá y se quitó los tacones dejando ver unos pies cubiertos por unas finas medias que dejaban ver la piel de sus piernas con una tonalidad dorada.
—Menos mal que se han ido— murmuró revolviéndose en el sofá, amodorrada. —A ti también te estaban poniendo nervioso, ¿verdad? Me gustan las visitas, pero no en mi día libre.
Vegeta se acercó a ella por toda respuesta y se apoyó sobre el respaldo del sofá. Bulma observó sus duras facciones, ahora de un color amarillento debido a la fuerte pelea que había tenido con Goku una semana atrás. Se recuperaba rápido. Recordaba que había vuelto a casa con la nariz rota y un brazo dislocado, pero la peor parte se la había llevado su mejor amigo, y Bulma no podía evitar sonreír con orgullo al enterarse de que Vegeta avanzaba a pasos agigantados. A esas alturas, incluso a Goku le costaba retenerlo. La mujer no dudaba de que conseguiría alcanzar todo propósito que se deseara en cuestiones de pelea. Pronto estaría a la par con el hombre más poderoso del universo.
Pero últimamente, algo le preocupaba. Y por consiguiente, algo le preocupaba también a ella. Bulma sabía que preguntarle qué le ocurría no era una opción. Si Vegeta no había acudido a ella todavía, no lo haría hasta que estuviera al límite. Agobiarlo solo empeoraba su carácter. Sería él el que vendría, tarde o temprano… como siempre hacía.
—¿Hoy no entras en la cámara?— le preguntó ella.
—No— fue su tajante respuesta. —Tenemos que hablar, mujer.
Bulma se sentó en el sofá de inmediato. No recordaba la última vez que Vegeta le había dicho algo parecido. Sencillamente, él empezaba a hablar cuando algo le molestaba, normalmente a base de gritos. En su relación no existían esos tópicos, por eso se puso pálida.
Vegeta se sentó a su lado sin mirarla a los ojos, con la vista perdida, sin mirar a ningún lugar concreto.
—¿Qué ocurre, Vegeta?
El príncipe de los guerreros guardó silencio durante unos segundos antes de volverse hacia ella y atravesarla con la mirada.
—¿Por qué?— preguntó.
—¿Por qué, qué?
Su ceño se frunció peligrosamente.
—¿Por qué Kakarotto va a tener tres hijos y nosotros solo dos?— Bulma abrió la boca, pero no supo qué responder. Se esperaba cualquier cosa menos esa. —Si él va a tener tres, nosotros no podemos quedarnos atrás.
Bulma retrocedió un poco, lo suficiente como para distanciarse de él, que se había acercado de una manera que solo podía considerar como peligrosa.
—¿Otro hijo?— preguntó ella. —¿Te has vuelto loco, Vegeta? Hace años que yo no puedo tener hijos.
—Pues vuelve a ser joven como la mujer de Kakarotto y dame otro hijo— exigió el príncipe, y se cruzó de brazos como siempre hacía cuando exigía que le dieran algo que no tenían por qué darle.
Bulma se levantó del sofá, alejándose totalmente, con la crispación poniéndole el vello de punta.
—Pero ¿tú quién te crees para exigirme que tenga otro hijo o que vuelva a mi juventud? Aunque volviera a ser joven, ten por seguro que no tendría más hijos. ¿Sabes cuánto desgasta eso a una mujer? ¡Ni lo sueñes, primate consentido!
—¡Bulma!— gritó él, levantándose de un salto para encararla. Como siempre, si las cosas no salían como él quería, tendría que recurrir a otros métodos menos ortodoxos. —¿De verdad quieres que Kakarotto, un simple clase baja, tenga más hijos que el príncipe? Nuestra familia quedaría humillada. ¡Tienes que tener otro hijo por el honor de esta familia!
—¿Por el honor de…? ¡Querrás decir por tu estúpido orgullo, que es incapaz de aceptar que Goku gane a algo, incluso en el tema de los hijos! Míralo de esta manera, Vegeta. Tú has estado mucho más tiempo con tus hijos que él, ¡has ganado en eso! Tus hijos te quieren, te adoran, ¿no es suficiente?
Vegeta calló. Bulma sonrió al pensar que había ganado la batalla, pero su silencio no duró por mucho tiempo.
—¿Qué tiene que ver que me quieran o no? ¡Eso me da igual! ¡Yo quiero otro hijo!
Bulma gritó, exasperada, llevándose una mano a la frente.
—No seas cabezón, Vegeta. No estuviste presente en el cuidado de Trunks cuando nació. No te levantaste por las noches para atenderlo cuando lloraba, no le cambiaste los pañales ni una vez, no le diste de comer, no lo bañaste… ¡no hiciste nada! ¿Crees que yo pasaré otra vez por eso porque a ti te da la gana?
—Lo hice cuando nació Bra, ¿no? ¿De qué te quejas entonces, mujer?
—¡Porque la niña solo te quería a ti! Tú solo lo hiciste porque te entró un no sé qué de padre protector, pero ¿y si es un chico? ¿También te levantarás por las noches para cambiarle los pañales cuando llore?
—Sí— aseguró él, totalmente en serio.
Bulma suspiró.
—Tener un niño no es como tener un perro, Vegeta. No pienso ser tu maldito desahogo en esta estúpida pelea constante que mantienes con Goku. ¡No, no, y no! ¡No voy a tener otro hijo y me da igual cómo te pongas, mono del demonio!
Vegeta apretó la mandíbula y arrugó aún más el entrecejo si cabía. Ambos se fulminaron con gran agresividad en una lucha por la autoridad familiar que siempre, desde que se conocían, había estado presente en sus vidas. Nunca había un claro ganador; Vegeta solía ignorar a Bulma durante días y esta se entretenía en su laboratorio hasta que se olvidaban del motivo del enfado y sus instintos llamaban a la puerta. Entonces, tras varios días sin hablarse, Bulma aparecía por la cámara de gravedad o Vegeta acababa volando hasta el balcón de su habitación y lo demás… era historia. No hablaban ni se disculpaban, simplemente se dejaban llevar hasta que la frustración explotaba.
En esa ocasión, se saltaron los tres días de ignorancia y desprecio y fueron directamente a la cama, aprovechando la ausencia de Bra y la salida de Trunks.
Bulma cruzó los brazos sobre sus pechos desnudos después del frenético movimiento, recuperando el aliento. Cuando terminó, miró a Vegeta, que también se cruzaba de brazos con actitud seria.
—Esto no cambia mi decisión— quiso puntualizar ella mientras se estiraba para agarrar un cigarrillo de su mesita de noche y lo encendía para proceder a la relajación posterior.
—Eso ya lo veremos— fue la única respuesta de Vegeta, que se levantó de la cama y agarró su pantalones con gesto turbio antes de encerrarse en el cuarto de baño. —¡Qué testaruda eres, mujer!— gritó desde el interior.
Bulma estiró los brazos y sonrió. No había nada mejor que un poco de —ejercicio— en su día de descanso. Sin embargo, no podía negar que aquella cuestión le había dado qué pensar. Le gustaría inmensamente volver a su juventud, recuperar su vigorosidad, hacer desaparecer sus escasas arrugas, volver a tener el culo duro y los pechos mejor proporcionados. Prácticamente estaba entrando en la vejez, y no solo se trataba de eso. Vegeta, aunque tuviera un año más que ella, apenas cambiaba con el paso de los años.
Llegaría un momento en el que él sintiera vergüenza de ella, si no lo sentía ya con su apariencia de treinta años comparada con la suya, de cincuenta gracias a las cremas que usaba diariamente.
—Está bien, Vegeta— dijo ella, camuflando su preocupación con gesto cariñoso y astuto. Se le ocurría una idea para conseguir no solo su juventud, si no también algo que llevaba deseando desde que tenía conciencia de memoria. Su sueño hecho realidad. —Estoy dispuesta a volver a la juventud para darte otro hijo con una condición— le avisó con voz alta y clara, todavía cubierta por las finas sábanas de la cama.
Vegeta abrió la puerta entonces con los brazos cruzados y un gesto severo de desconfianza. Conocía bien a esa mujer y sabía que era capaz de negarle algo por puro orgullo, aunque su fuero interno suplicara por ello. Que cediera no era algo típico de ella. En esos asuntos se parecían bastante.
—¿Una condición? ¿Cuál?
Bulma le sonrió con picardía y alegría.
—Yo volveré a mi juventud y te daré un hijo si tú… te casas conmigo— el rostro del príncipe se contrajo con expresión horrorizada. Fue a abrir la boca para replicar a voz en grito, pero Bulma no le dejó hacerlo. —No una boda cualquiera, Vegeta. Una boda de las que se recuerdan, épica. ¡Quiero que los paparazzis y todos esos reporteros de la prensa rosa que me han criticado durante años se traguen sus malditas palabras! Quiero que sea una boda como las de los cuentos de hadas, con baile, flores, una tarta nupcial inmensa, un precioso vestido de novia y un bonito traje para ti. Quiero que sea memorable, quiero que sea televisada y que todo el mundo la vea, y quiero estar perfecta para ti. Quiero ser… de verdad quiero ser una princesa casándose con su príncipe azul, Vegeta.
Él la observó largamente, como si intentara asimilar esas palabras. No podía creer que Bulma le pidiera vestirse como un payaso para los espectadores humanos para obtener un hijo a cambio. Mujer astuta, pensó. Tan astuta como él, aunque esta vez le había ganado la batalla. Vegeta se llevó una mano al puente de la nariz, acariciándolo en busca de paciencia y serenidad.
Cosas así le pasaban por avaricioso.
—Me lo pensaré— dijo con un gruñido, y se encerró en el cuarto de baño nuevamente.
Bulma estuvo a punto de saltar sobre la cama, porque cuando Vegeta decía que se lo pensaría, prácticamente tenía un sí asegurado. Solo utilizaba esa expresión cuando quería salvaguardar su orgullo al dar un "sí" rotundo respecto a algo que podría ponerlo en evidencia.
Bulma agarró la almohada y la abrazó, tapándose la cara con ella y ahogando un grito en su interior.
¡Iba a casarse!
—¿Por qué estamos aquí, Broly?— preguntó Bra, buscando inconscientemente un lugar en el que aterrizar. Sin embargo, lo único que sus ojos veían era un inestable terreno cubierto de humo, de un pestilente olor a quemado y a azufre, y el ardiente tono anaranjado de la lava cubriendo el volcán que ambos sobrevolaban. No le gustaba. El calor era intensísimo y su ropa de combate se pegaba a su cuerpo por el sudor. Estaba mortalmente acalorada.
—¿Sabías que un saiyajin no puede detectar la potencia de un ki si este está cerca de un volcán? Nuestros radares internos no funcionan cerca de un centro de calor que proviene del corazón de la tierra— le explicó él. Sus ojos oscuros reflejaban la ardiente lava en sus pupilas, haciéndolos ver brillantes y enigmáticos.
—No tenía ni idea— murmuró Bra. —Es decir, que ahora mismo…
—Ningún saiyajin puede detectar tu ki. Ahora mismo, es como si no existieras.
Bra tragó saliva. Si alguien intentaba rastrearla, no la encontrarían por mucho que buscaran. Eso era una gran ventaja para Broly y una gran desventaja para ella. Si ocurría algo, su padre no podría localizarla. Aun así, Bra no estaba muy preocupada por ello. Sabía, o al menos esperaba, que el guerrero legendario no le haría daño. No auténtico daño, al menos.
Broly sabía exactamente qué se le estaba pasando por la cabeza, pero no vio señal de miedo en su rostro. Se preguntó si se debía a un exceso de confianza para con él o simplemente lo estaba subestimando. Algo se removió en su musculoso pecho al pensar que ella podía tener confianza en él, pero se lo sacudió enseguida de la mente. Bra no era estúpida y sabía cuáles eran sus limitaciones, en quién podía y en quién no podía confiar, y él era de los segundos.
—¿Estás preparada?— cuestionó.
—¿Preparada para qué?
Broly sonrió con altanería y se apretó los nudillos, haciéndolos crujir. De inmediato, Bra adoptó una pose defensiva.
—Las condiciones son extremas aquí. Si caes en la lava, morirás. Si te acercas demasiado al volcán, sufrirás graves quemaduras. Podrías morir, y tu cerebro reaccionará ante eso.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que el miedo a la muerte saca lo peor de los seres más insignificantes del universo— de pronto, Broly desapareció de su vista y Bra lo perdió completamente. Su ki había desaparecido. Era incapaz de sentirlo, tal y como él había dicho, así que tampoco percibió el golpe. —Y en nuestro caso, nos hace infinitivamente más poderosos.
Broly le dio una patada en la espalda con gran fuerza y Bra salió despedida hacia el interior del volcán, precipitándose sobre la lava. La vio cerca, muy cerca, pero antes de rozarla consiguió restablecer el equilibrio y mantenerse sobre el lago de fuego, mortalmente cerca del mismo. La frialdad de su sudor al haberse visto tan cerca de la muerte se evaporó por las extremas temperaturas.
Broly no estaba jugando con ella. La estaba arrastrando hasta la muerte. O sobrevivía por sus propios medios, o moriría en el entrenamiento. Se apartó con gran velocidad, ascendiendo al cielo y quitándose la sudadera rosa que hasta ese momento le cubría el cuerpo, dejándola solo con un sujetador deportivo bajo un top oscuro. Broly la siguió con la mirada y le hizo un gesto con los dedos de la mano para que se precipitara sobre él. Así lo hizo ella, y ambos se enzarzaron en una pelea plagada de puñetazos y patadas descontroladas en el aire, solo detenidas por las ágiles piruetas de Bra al esquivar a su rival.
El calor no parecía afectar a Broly, que la golpeaba aprovechando sus lentos reflejos por la falta de agua tras un largo rato de entrenamiento. Bra sudaba a chorros, y eso, y el humo que le dificultaba la vista y le impedía tomar aire limpio, estaba provocando que se ralentizara hasta recibir cada golpe de Broly, como el primer día. Todas sus mejorías parecían haber desaparecido.
El guerrero legendario, tras golpearla y comprobar su debilidad ante semejantes circunstancias, agarró su pierna y se atrevió a lanzarla brutalmente contra una porción de rocas volcánicas. Las rocas estallaron ante el golpe y Bra cayó de rodillas. Broly la observó ahí, quieta, dándose la vuelta para empezar a toser sin fuerzas para continuar. Cuando se posicionó a cuatro patas, Broly descubrió que su espalda estaba llena de ampollas por las altas temperaturas.
Algo lo movió. Un malestar general le hizo detener la lluvia de golpes al verla tan débil y vulnerable, y decidió que el entrenamiento había acabado por hoy. Todavía era demasiado pronto para semejante brutalidad.
Entonces, mientras se mantenía hundido en un leve trance al ver el estado de su alumna, recibió un ataque inesperado. Bra no estaba intentando recuperar el aire a cuatro patas. Estaba cargando una bola de energía a sus espaldas que le lanzó sin que él pudiera prevenirlo. Broly abrió los ojos como platos e hizo un movimiento para esquivarlo, pero la bola explotó contra su duro pecho, sin ocasionarle daño alguno, levantando una nube de humo que le cegó totalmente. Entonces, Bra voló rápidamente hasta su espalda con un puño palpitando con todo su ki y le dio un puñetazo en la mejilla que lo desequilibró y lo mandó al interior del volcán.
Había imitado a la perfección su ataque inicial, salvo por una cosa. Broly no se equilibró antes de caer en la lava. Su cuerpo desapareció en el mar de fuego antes de que Bra pudiera impedirlo.
—¡Broly!— chilló ella, y descendió a toda velocidad hasta la lava. Pequeñas lenguas de fuego se agitaban en el lugar donde el guerrero legendario había caído, pero eso no alejó a Bra de su destino. Estiró un brazo y rozó la lava con los dedos antes de apartar las manos con un grito de dolor. El tejido de los guantes de su padre se había derretido. Bra voló cerca de la lava con los ojos llorosos por el humo, el calor, y algo más que prefería no catalogar. Lo buscó con la mirada, lo llamó y esperó una respuesta, pero no la hubo.
Bra voló hasta apoyar los pies sobre una roca que se formaba en el centro del volcán y allí se sentó, pensativa y con el corazón en un puño. Lo había matado. Había matado al guerrero legendario, ella sola. Ya no habría problemas, no destruiría el planeta, no mataría a Goku, no haría nada de nada… lo había matado.
Pero no se sintió bien por ello. De hecho, no se sintió nada bien.
Él merecía una oportunidad.
Bra se quitó lo que quedaba de los guantes de su padre y se acarició la cabeza, recordando su voz. Buen trabajo, Bra. Bien hecho.Eso le había dicho.
—Broly…— murmuró. Sus mejillas se ruborizaron al darse cuenta de que estaba llorando.
Había sido un descuido. No quería matarlo.
Entonces, de pronto, una enorme mano emergió del interior de la lava y se aferró con fuerza a su tobillo. Bra abrió los ojos como platos y gritó con todas sus fuerzas. Un cuerpo, enorme, gigantesco, musculoso en grado sumo, emergió del interior del volcán cubierto de lava. Bra pataleó y se soltó del monstruoso agarre antes de retroceder, arrastrándose por la dura roca.
Unos ojos totalmente blancos se clavaron en ella.
La enorme criatura medía más de tres metros, y Bra podía calcular que su peso rondaba los cuatrocientos kilos, todo puro músculo. Su forma era casi grotesca, pero perfectamente humanoide. Su pelo era rubio, puntiagudo, muy similar al de un súper saiyajin. La criatura se sacudió el cuerpo como un animal y los restos de lava cayeron en el interior del volcán. Entonces, clavó los ojos blancos en ella y sonrió de oreja a oreja al ver que estaba paralizada por el miedo.
—¡Buu!— gritó él, y empezó a reírse de esa manera que se acercaba a la locura.
Bra pestañeó varias veces y lo miró de arriba abajo. Tenía puesta la ropa de Broly, pero tuvo que centrarse mucho en su extraño aspecto para darse cuenta de que era él.
—¿Broly?— preguntó.
—¿Conoces a muchas personas capaces de hacer esto?— le devolvió él la pregunta. Un amago de sonrisa le iluminó la cara y por un instante estuvo a punto de acercarse para colgarse de su cuello de nuevo, pero se retractó a tiempo.
—¡Qué susto me has dado! Pensaba que te había matado. Además, ¿qué te ha pasado? Estás enorme, y das miedo. Esa…— Bra le echó un nuevo vistazo y tragó saliva. Tenía que estirar el cuello totalmente para mirarle a los ojos. —Esa transformación no es la de un saiyajin normal.
—Es la de un guerrero legendario— explicó él. Al ver que Bra no podía hablarle de igual a igual por su gran estatura, Broly se acuclilló frente a ella para cruzar miradas. Aun así seguía sacándole casi medio metro de estatura. —Me apuesto lo que sea a que tu padre no se ve así cuando se transforma.
—¡Claro que no, y menos mal! Es una transformación muy grotesca, ¿sabes? Solo tienes músculo, y creces tres metros de golpe y… y…— de pronto, la mirada de Bra se agachó. Una curiosidad creciente apareció en su cabeza, y un rubor casi fosforito le iluminó las mejillas. —Has crecido mucho.
—No me digas…— se burló él, remarcando lo obvio. —Si fuera un medio saiyajin como tú, habría muerto.
—Sí, ya…— musitó ella, jugueteando con sus manos. Broly se levantó, dispuesto a volver a su forma normal. —Así que cuando te transformas, creces todo tú.
—Solo en mi segunda forma. En la primera soy… como tu padre y los demás— dijo él, casi gruñendo por compararse a semejante basura. —Pero mil veces más fuerte.
—Ya, sí, pero creces todo tú— volvió a repetir ella. Broly la miró. Hubiera puesto los ojos en blanco si su forma se lo permitiera, así que no lo hizo. La siguió mirando hasta que descubrió qué significaban esas mejillas tan ruborizadas, las que le recordaban en cierta manera aquel momento en el que lo había pillado desnudo al salir del baño.
—Crezco todo yo, sí— asintió, y luego sonrió con renovada picardía —¿Por qué? ¿Quieres echar otro vistazo?— dijo, y se llevó una mano a la ropa que le cubría de cintura para abajo.
Bra alzó los brazos en señal de negación.
—¡No quiero ver nada!
—Mejor— Brolyllevó una de sus enormes manos hasta la cabeza de su alumna. Su mano ahora era tan grande y tan fuerte, que con solo cerrarla, podría aplastarle el cráneo. —Si miraras podrías asustarte, princesa— se burló antes de volver a su forma normal. Su aura de súper saiyajin se disolvió a su alrededor al igual que su altura y todo lo demás. Su pelo volvió a ser del negro más oscuro, al igual que sus ojos.
—¡No digas tonterías!— gritó ella, sacudiendo su mano una vez más. —Yo no me asusto de esas cosas
—Como tú digas— asintió él, pasando por su lado en disposición de alzar el vuelo. Su cola se sacudió en el aire antes de cernirse a su propia cintura. —Eres buena, Bra. Tienes algo innato— la alagó él.
—Pues no sé el qué. Mi hermano ya podía transformarse a los ocho años. Yo ya tengo dieciocho y sigo siendo débil. —Broly arrugó el entrecejo, recordando la experiencia vivida con Goten, Trunks y Gohan antes de que lo enviaran derecho al sol para acabar con su vida. Por aquel entonces no sabía ni siquiera cómo se llamaban. Debía reconocer que en aquellos tiempos estaba completamente loco, sin un ápice de cordura. Ni siquiera sabía cómo era posible que hubiera confundido a Goten con Goku, siendo tan pequeño como era.
Ahora que estaba vivo, sin Goku, sin su padre, sin una maldita diadema inhibidora que lo reprimiese, había recuperado casi toda su cordura. Pese a ello, no sabía cómo reaccionaría su mente cuando volviese a cruzarse con un saiyajin que no fuera Bra.
—Tu hermano se meó encima de mí cuando me conoció— admitió. Esa era una de las cosas que recordaba de forma vaga precisamente porque no le había hecho gracia. Lo torturó de una manera animal intentando partirle la columna sobre su propia cabeza, y él, ese mocoso que tenía un pelo tan raro, se meó. Broly no sabía si de miedo o porque no aguantaba más, pero lo hizo. —Tú has hecho bastante más que él cuando luchó contra mí, y ni siquiera puedes transformarte.
—¿Trunks se meó encima de ti? No me lo puedo creer— murmuró para sí. Luego apretó la mandíbula para contener una carcajada. Cuando se burlara de ella la próxima vez, se lo restregaría por la cara para callarlo. Bra se llevó las manos tras la espalda, jugueteando con sus dedos. Encima de Broly… no sabía si considerarlo un acto muy valiente o muy cobarde, pero lo que no pasó desapercibido era el leve tono de despreocupación y bochorno que había usado su maestro, si es que podía llamarlo así. Bra lo entendió entonces. Broly estaba intentando darle ánimos, aunque lo hiciera a su manera. Ella volvió a encogerse, con algo de rubor en su blanca piel —¿Y qué hiciste tú? Intentaste matarle, ¿verdad? Tienes una mentalidad muy simple, Broly.
El guerrero legendario le dirigió una tétrica mirada por el insulto, pero Bra no pudo hacer más que reírse, para nada intimidada al detectar el pequeño rubor que le iluminaba las mejillas.
—Se acabó el entrenamiento— declaró él, cambiando bruscamente de tema.
—Buena idea. No puedo más. Apenas me queda ki para volver a casa, y como mis padres me vean con estas quemaduras…— Bra resopló. Sentía un intensísimo dolor por toda la espalda y estaba segura de que la tendría llena de ampollas.
—Todavía es temprano. Descansa un rato y date un baño antes de volver— le aconsejó él.
Bra se llevó un dedo a los labios mientras alzaba el vuelo lentamente, tanteando y usando su escaso ki de forma razonable.
—¿Darme un baño, en la casa cápsula?
—¿Dónde más si no?
—No intentarás mirarme mientras me doy un baño, ¿verdad?— le picó ella sutilmente. Broly se cruzó de brazos y alzó el vuelo, alejándose del volcán con una seriedad fingida. Sus labios ocultaban una sonrisa.
—¿Quién querría mirarte, niña? Soy el guerrero legendario, y por mucho que quieras no pienso procrearme contigo.
Bra abrió los ojos como platos. Entonces él salió disparado hacia su lugar de descanso, su pequeña casa cápsula, aquella a la que tanto cariño le había cogido después de varios días de prueba. Broly adoraba su cama, que era tan grande, que abarcaba todo su cuerpo; adoraba su almohada de plumas, su televisión de plasma a través de la que veía tantas cosas curiosas sobre la vida humana, y adoraba también a Brocolín, el Guerrero del Brócoli. Esa serie de dibujos animados en la que los protagonistas eran verduras le hacía estar horas delante de la televisión.
Pero lo que más adoraba, sin duda, era el horno cocinero. Nunca había comido carne hecha. Siempre despellejaba él mismo a sus presas y se comía la carne cruda, pero ahora… Broly lo tenía decidido. Cuando destruyera el planeta, se llevaría la casa cápsula con él.
—¿Quién ha dicho nada sobre procrear, mono pervertido?— oyó que gritaba Bra a sus espaldas, intentando seguirle el ritmo con ese bajo nivel de ki después de semejante pelea.
Tal vez también se llevara a Bra, pero de momento solo era una idea.
Cuando llegaron al llano del bosque donde se ocultaba la casa cápsula bajo los árboles, Broly se alejó sutilmente en dirección a la laguna que había pocos metros más allá. No esperó a desnudarse para zambullirse de cabeza en el agua fría, deshaciéndose del sudor y calmando el calor que le embargaba después del entrenamiento en el volcán. Llevaba una semana en la casa cápsula, pero nunca usaba el baño para lavarse, pues la bañera era demasiado pequeña. Siempre recurría al agua fría y al amplio lago lleno de peces que, de vez en cuando, cazaba para la cena. Una vez dentro, se quitó la ropa y la lanzó a la orilla, donde Bra había aterrizado dispuesta a darse un buen baño. Apestaba a azufre y a quemado.
—¡Eh!— le gritó frente a la puerta de la casa cuando sus grandes pantalones cayeron bajo sus pies —¡No te desnudes delante de una dama!
Broly no le hizo caso. Estiró las piernas, se sacudió el pelo y se zambulló en el lago tal y como había nacido. Bra suspiró. En las últimas semanas le había visto desnudo más veces de las que había visto a su hermano o a su padre, y empezaba a acostumbrarse. Broly, al igual que Goku, no parecía tenerle un gran aprecio a la ropa.
Bra entró en la casa bostezando, somnolienta. Empezaba a anochecer y la luz del sol desapareciendo tras los árboles le hacía aún más daño en la piel. Tendría que hacer uso de sus más caras cremas para arreglar las durezas y las quemaduras.
Encendió la luz y se dispuso a ir a por algo de agua antes de zambullirse en la bañera.
—Hola, Bra— La princesa dio un grito atronador, dando un salto hacia atrás cuando vio a Pan sentada frente a la mesa de brazos cruzadas y con la rabia pintada en la cara. La nieta de Gokuse levantó y la encaró antes de que ella pudiera reaccionar. —Así que este es tu refugio secreto…
—Pan… ¿Qué…? ¿Qué demonios haces aquí?— exclamó la joven, mortalmente sorprendida.
—¿Cómo que qué hago aquí? ¡Venir a por la revancha, por supuesto!— exclamó la adolescente, poniendo los brazos en jarras.
—Pero… ¿cómo sabías que…?
—¿Qué estabas aquí?— preguntó ella. —¡Por favor, como si no supiera seguir tu ki, Bra! Puede que te hayas ocultado toda la tarde, pero he sentido perfectamente tu presencia al llegar aquí— Pan empezó a dar vueltas por la habitación, analizándolo todo con ojos de lince. Desde luego, la inocencia que Goku poseía no había hecho mella en la joven. Ella era mucho más astuta, más parecida a su madre en carácter que a su padre. Era muy espabilada… quizás demasiado. —También he sentido el ki de alguien más. Un ki muy poderoso. De hecho, todavía lo siento… muy cerca.
Bra se puso pálida al recordar a Broly, que seguía nadando en el lago tranquilamente, o al menos eso esperaba. Si Pan lo veía, no solo podría abrir la boca, si no que podría correr peligro. Al fin y al cabo, era la nieta de Goku, y Bra todavía no sabía cómo reaccionaría el guerrero legendario ante otro saiyajin que no fuera ella misma.
Se colocó entre la puerta y el cuerpo de Pan, impidiendo que su amiga saliera por ello y delatándose a sí misma. Pan frunció el entrecejo, se sacudió el pelo oscuro y se inclinó sobre ella. Debía admitir que era vergonzoso que incluso Pan, tres años más joven, fuera casi más alta que ella. Maldijo mentalmente los genes de su padre.
—Tienes un entrenador, ¿no? Es imposible que hayas avanzado tanto tú sola. ¿Quién es?— preguntó con perspicacia. Bra le sostuvo la mirada con frialdad, para nada dispuesta a hablar. —Está fuera, ¿verdad? Déjame pasar.
—No— fue su escueta respuesta. —Tienes que irte, Pan. Ahora.
—¿Qué? ¿Irme? ¡De eso nada, quiero saber por qué te has hecho tan fuerte, quiero saber quién demonios te entrena y quiero saber también por qué tienes semejantes heridas!— gritó ella. —Siempre estás cubierta de moratones, ¡y lo entiendo! Yo también los sufro cuando entreno con mi abuelo, pero es que… ¡ya no pareces tú, Bra!
La princesa se encogió de hombros y mantuvo su postura con gran hostilidad.
—Quizás es que no me conoces realmente, Pan. Ahora que estoy aprendiendo a pelear, me siento más yo que con cien vestidos caros y bonitos en mi armario. ¡Y tú no vas a quitarme eso!
—No voy a quitártelo, solo quiero verlo
—¡No! Si lo ves, me lo quitarás, y es mi maestro. ¡Mío!— gritó ella. Entonces calló, percatándose de lo que acababa de decir. Pan alzó una ceja, curiosa por lo oído, por esa declaración de posesión. Bra podía ser muchas cosas pero no solía ser egoísta, a no ser que amenazaran con quitarle a un miembro de su familia. Todavía recordaba la manera en la que le mordió el brazo hasta casi arrancarle la carne cuando le pidió a Trunks que fuera su hermano mayor, siendo aún una niña muy pequeña. Es mi hermano, mío, gritó Bra, y la mordió como un animal salvaje.
La curiosidad de Pan aumentó. Quería conocer a ese maestro, a ese hombre que había logrado un puesto en el ranking de personas importantes de la princesa de los guerreros.
—Quiero verle— insistió.
—No lo harás— repitió Bra, en sus trece.
Unos segundos después, la puerta de la casa cápsula estalló y ambas chicas aterrizaron en el llano dando vueltas sobre sí mismas, enzarzadas en una pelea de puños, arañazos y mordiscos. Eran guerreras, sí, pero por ser mujeres podían llegar a ser incluso más temibles que los hombres.
Bra logró situarse encima de Pan, dejándola tumbada en el pasto y empezando a regalarle puñetazos a diestro y siniestro, pero cuando la nieta de Goku se restableció de la sorpresa inicial, pataleó y golpeó la espalda de Bra con un rodillazo. La chica gritó, sacudida por el dolor de las quemaduras y las ampollas, y Pan logró cambiar las tornas y colocarse encima. Le dio dos guantazos con la mano bien abierta y Bra se quedó inmóvil, sintiendo la espalda arder.
—No sé por qué te pones así, Bra. Eres mi amiga, y sabes que no quiero hacerte daño, pero…— intentó hacerla entrar en razón la adolescente, pero entonces calló.
Bra abrió los ojos de golpe cuando la luz del crepúsculo, que hasta entonces les había estado bañando, se esfumó. La sombra de una figura y el inestable ki que ascendía y bajaba las puso sobre alerta. La princesa lo vio antes que Pan, que se giró para clavar los ojos en aquella criatura que la observaba desde una altura considerable. Todavía estaba empapado, y las gotas de agua resbalaban por su pelo oscuro. Seguía desnudo, pero por una vez, Bra no se fijó en eso.
Su expresión era aterradora y Pan se quedó paralizada cuando sus penetrantes ojos la tragaron.
Broly lo sentía con mucha claridad. El ki, los genes, incluso la cara… todo ello guardaba un parecido innegable con Kakarotto, y eso lo enfadaba a sobre manera. Pero no fue eso lo que terminó por hacerlo enloquecer. Esa niña estaba encima de su alumna. Había visto cómo le había atacado y le había pegado aprovechándose de la debilidad de su ardiente entrenamiento, y eso no le gustaba nada.
Broly estaba furioso, más de lo que Bra había visto nunca en él hasta ahora.
Cuando agitó su pierna y pateó a Pan justo en el estómago, mandándola a volar al bosque, Bra supo que tenía un grave problema. Cuando Broly corrió detrás de Pan, reventando cuanto árbol, arbusto o piedra se cruzara en su camino, Bra tuvo miedo de que matara a su amiga de la infancia.
Pero también tuvo miedo de que lo descubrieran… y de que lo mataran.
