Capítulo 9

Siempre

El joven vikingo ya estaba despierto. Hipo había mejorado día con día, hasta que una mañana, el ya se había puesto de pie sorprendiendo a todo el mundo, pero esa sorpresa fue rápidamente remplazada por los gritos de alegría y vitoreo.

No tardó mucho en que hipo retomara sus actividades diarias. A Estoico casi le había dado un infarto al verlo de pie y conviviendo con todos los dragones que lo rodeaban. No pudo contener una sonrisa al darse cuenta de lo fuerte que era su hijo. Tal vez no tanto físicamente, pero en el fondo, su alma era la de un dragón.

Alguien fuerte y valiente.

Alguien que siempre estaría dispuesto a luchar para proteger a quienes ama.

Esa mañana, ya de pie, hipo se percató de la ausencia de su amigo antes de salir de su casa.

Mientras recorría el pueblo, comenzó a preguntarle a la gente si habían visto, de pura casualidad, a chimuelo. Todos negaban la cabeza con sorpresa. Habían creído que el dragón negro estaría al lado de su jinete, pero no era así.

Habían pasado ya unas cuantas horas desde que hipo había salido a buscar a su amigo y estaba un poco exhausto.

El cielo ya se estaba tornando de una combinación de colores rosas y naranjas pálidos.

No se le ocurría donde podría estar chimuelo.

Trato de despejar su mente un poco, tratando de no pensar donde se hallaría chimuelo, después de todo, estaría bien. Él sabía cómo defenderse.

Lentamente se sentó cercas de un charco de agua. La tierra estaba húmeda, aunque esto no le importo tanto.

Las lluvias en Berk habían comenzado recientemente. El frio sobretodo, era lo peor, pero ya estaban acostumbrados a ello.

Después de dejar los pensamientos de su amigo a un lado, otras cosas comenzaron a vagar en su mente.

Recordaba los rostros de la gente al mirarlo desde que había despertado. Todos lo habían mirado alegres, con una enorme sonrisa, pero al mismo tiempo, en lo profundo de sus ojos, se podía ver una ligera vacilación de… ¿lastima? ¿Tristeza? ¿Dolor quizás? No estaba seguro, pero todos parecían haberse fijado en su mejilla.

Por un momento se preguntó si tendría alguna basura o algo.

Sinceramente, no se había fijado en su rostro desde que había despertado. Se rozó levemente la mejilla con la punta de los dedos y exhalo con fuerza al percatarse de unas gruesas líneas hundidas en su piel que corrían a través de su mejilla.

Hipo abrió los ojos dejando que el aire abandonara sus pulmones con fuerza.

Se arrastró lo más rápido que pudo por el suelo. La tierra rasgaba sus pantalones llenándolo de barro. Pronto, ya estaba mirando su reflejo en el agua del charco.

Tres largas cicatrices corrían a través de su mejilla. Hipo las miro confuso sin recordar de donde provenían.

-¿pero qué… - pero pronto, las imágenes llegaron tan rápido a su mente que tuvo que cerrar los ojos para evitar el mareo.

Una punzada de dolor le recorrió el estomago

-chimuelo –susurro. Se levantó del frio suelo y corrió lo más rápido que pudo hacia el bosque. Sabía dónde encontrar a su amigo.

Mientras tanto, chimuelo se encontraba en la cala, recostado sobre el suave pastizal bañado en pequeñas gotas de roció formadas por la lluvia. El frío viento recorría su escamosa piel, pero él ni se inmuto.

Si podía ser sincero con el mismo…

Ya no sabía que pensar.

Podría decirse que ya ni siquiera sabía quién era el.

Pero en ese momento ya no le importaba.

No quería pensar en absolutamente nada.

Lo único que hizo fue concentrarse en su lenta respiración y el sonido del viento chocando contra las hojas, esperando que de esa manera, todos los pensamientos y recuerdos que lo abrumaban pudieran desaparecer.

Se sentía tan vacío que le hacía parecer que su vida ya no tuviera sentido en lo absoluto.

Quería desaparecer en ese momento.

Que la tierra se lo tragara por completo, y todo por… por su estúpido orgullo.

Np quería que nadie lo viera en aquel terrible estado de debilidad.

Preferiría desaparecer antes de que alguien lo mirara en ese estado tan patético. Era tan… vergonzoso.

Despreciable, si se le podía llamar así.

Si alguna vez llego a considerarse el dragón más poderoso de todos… estaba claro que eso ya había sido hace un largo tiempo.

Al mirar hacia su reflejo en el agua, no era capaz de encontrar rastro alguno de lo que en alguna ocasión llego a ser un poderoso, y quizás, el más fuerte dragón de todos.

Ya no más.

Solo era un rostro demacrado por sus errores.

Nada más.

No había más en aquellos ojos pintados de un verde toxico. Tal cual como veneno.

Sus pensamientos cambiaban a cada segundo.

Al principio creería que no vale la pena. Luego recuerda a hipo y todo cambia, y no pasa mucho para que recuerdo lo invencible que se sentía antes de que todo hubiera cambiado con la aparición de ese joven vikingo.

Su mente parecía un torbellino abrumador. Incapaz de parar.

Sin salida.

Ya no sabía lo que estaba bien, lo que estaba mal. Esperanza o no. Alegría y dolor…

Nada.

Odio la tibia sensación de lágrimas corriendo por su rostro. Pero que as daba.

Ya nada importaba…

...

-¡chimuelo!

Los oídos de chimuelo se crisparon ante aquel llamado.

Levanto la cabeza de sus patas y miro hacia lo profundo del bosque. Aguardo inmóvil esperando alguna señal de que alguien se fuera a acercar hacia él, pero durante unos instantes, nada de eso ocurrió.

Sus orejas comenzaron a agacharse hasta que volvieron a levantarse rápidas en el viento.

-¡chimuelo!... ¡¿amigo, estas ahí?!... ¡CHIMUELO!

Desde lo lejos, chimuelo vio a hipo con ambas manos al lado de su boca para que su llamado se escuchara hasta la distancia.

Hipo miro hacia el frente. Sus ojos de enlazaron con los del dragón, y sin dudar, corrió lo más rápido que pudo hasta quedar hincado en frente de él con sus brazos rodeando el obscuro y cálido cuello del dragón.

Chimuelo se congelo al igual que una estatua. Sus ojos sin enfocar hacia ningún punto preciso.

Mientras los segundos transcurrieron, se dejó llevar por la cálida y reconfortante sensación que emanaba el joven en frente de él.

Hipo… estaba aquí… abrazándolo.

Cerro lo ojos con fuerza. Temió que solo fuera una mala jugada de su mente y que, con el más mínimo parpadeo, todo fuera a desvanecerse, dejándolo… solo.

Pero no fue así.

Hipo no lo permitiría.

Jamás dejaría solo a su amigo.

Lentamente, hipo fue separándose de chimuelo y este tuvo que dejar de lado aquella sensación de conformidad.

-chimuelo, estaba tan preocupado por ti. Estuve buscándote todo el día hasta que… -por un breve instante se quedó en silencio, uno que resultaba un tanto incomodo -… yo… creí que estarías aquí.

Hipo sintió aquellos ojos penetrantes mirar hacia las cicatrices de la mejilla.

Chimuelo las miro con profundo dolor y resentimiento.

Volteó hacia un lado evitando cualquier contacto con la mirada del chico. No quedaba ningún rastro de sangre de aquel día en que ataco a hipo, pero el olor de la sangre vieja aún permanecía impregnada en el suelo, causándole un terrible dolor en el estómago.

Hipo, inmediatamente se percató de su mirada distante.

Su cara se tornó roja debido a la furia contra la que luchaba por contener

-chimuelo… mírame –trato de decir en la forma más amable que podía tener, pero chimuelo no volteo a verlo. No tenía el valor de hacerlo –CHIMUELO, MIRAME –volvió a repetir con más fuerza en sus palabras.

Chimuelo no se inmuto en obedecer.

Esta vez, hipo miro a su amigo con un leve toque de lastima.

Lentamente lo tomo del rostro e hizo que lo mirara a los ojos. Al principio chimuelo trato de poner fuerza, pero luego se dio cuenta de que no valía la pena negarse a hipo.

-Eso. Así está mejor –dijo esbozando una sonrisa cariñosa a su amigo. No tardo en notar de nuevo aquel color de ojos toxico sobre su mejilla.

Chimuelo había visto a Estoico y a Bocón buscar cualquier cosa para remediar las terribles cicatrices que corrían por la pálida mejilla de hipo, aunque claro, fracasaron miserablemente.

No había nada que hacer para ocultarlas, lo que le hacía sentir peor. Ese era su castigo, verlas día con día sabiendo que él fue el responsable de aquellas marcas que permanecerían en el rostro de su amigo hasta el final.

Hipo vio el dolor reflejado en sus ojos.

Sujeto el rostro de s amigo con más fuerza para que lo mirara a los ojos.

-quiero que escuches chimuelo… -este lucho para evitar tener que mirarlo a los ojos. Hipo estaba al borde de la exasperación –mírame –pero chimuelo siguió sin obedecer –¡MRAME! –dijo con fuerza, sacudiéndole un poco la cabeza. Al final, el dragón lo miro a regañadientes. Las lágrimas comenzaban a formarse en los frágiles ojos de su jinete.

Cuando hipo comenzó a hablar, fue como si hubiera leído todos los pensamientos de chimuelo, como si sus mentes se hubieran conectado e hipo hubiera sentido todo lo que el sentía.

-chimuelo… no hagas esto. Basta de torturarte. ¡Tú no te mereces esto! –dijo, aun sacudiéndole la cabeza como si de esa manera sus palabras se le fueran a quedar grabadas en la mente -¡ni tú, ni yo lo merecemos! No es justo para ninguno de los dos… y lo sabes. Sabes que no lo es. Esto… -dijo rozándose la mejilla –…no ha sido culpa tuya. Tengo fe en ti. Desde la primera vez que te vi, supe que había algo más en ti que solo fuego. Lo sé. Lo vi –menciono, ahora tocándose el pecho. Chimuelo se percató de la respiración acelerada de su amigo –chimuelo, yo… no sé quién soy, pero hay algo que se, y es que nunca estuve más seguro de conocer a alguien en mi vida… hasta ahora. Tal vez no sé quién sea yo, y quizás nunca este completamente seguro, pero te conozco, si de algo estoy seguro, es de que sé quién eres tú, y te lo puedo decir –chimuelo lo miro con grandes ojos –tu, mi amigo, eres un furia nocturna –dijo, colocando su mano en donde se hallaba el corazón de su amigo –Eres el dragón más fuerte y valiente que he conocido jamás, y no lo digo solamente como un cumplido. Tú… has estado conmigo siempre que te necesite. Eres el único que has estado presente para mí en los momentos más difíciles, no mi padre, no bocón, ni siquiera Astrid han estado para mí como tú lo has hecho. El sentirse avergonzado o simplemente no saber tu razón de ser… eso no te vuelve débil, ni un poco. Ni el hecho se perder en alguna batalla, nada de eso importa. El tropezar en la vida no te vuelve un mediocre y no por ello serás considerado débil, ni ante tus ojos ni ante el de los demás. No importa cuántas veces caigas, porque eso no es lo que vale. Lo que realmente importa es la forma en que decidas levantarte y afrontar tus problemas. Chimuelo… hoy has caído, y no por ello te has de quedar atrapado, inmerso en dolor del pasado. Aun puedes ponerte de pie. Yo estaré ahí cuando caigas y cuando te levantes… siempre. Jamás te dejare solo, y solo por estas marcas, no dejare de ser tu amigo –lo miro con profundidad a los ojos. Sus palabras eran sinceras, al igual que el –se quién eres, y sé que tú también lo sabes. Eres un Furia Nocturna chimuelo, pero sobre todo… eres mi amigo. Mi hermano. Eso jamás lo olvides.

Chimuelo estaba al borde de las lágrimas, al igual que hipo. El dragón no pudo contener una tierna sonrisa desdentada e inmediatamente se abalanzo sobre su jinete y comenzó a lamerle todo el rostro.

Hipo comenzó a reír con fuerza y a la vez se le formó una expresión de asco al sentir la lengua rasposa sobre todo su rostro.

–¡chi… chimuelo, para! Jajjaja ¡ya basta! –después de un largo rato, chimuelo por fin se apartó del lado de hipo para contemplar con una enorme sonrisa como este se limpiaba la saliva con repulsión.

Chimuelo dejo escapar una risa resonante.

Hipo lo vio con una mirada asesina, per chimuelo sabía que reía en el fondo.

-ven amigo. Volvamos a casa –dijo mientras se ponía de pie. Chimuelo se percató de la forma en que los últimos rayos de luz desaparecían en el cielo, dando paso a una noche serena.

Ambos amigos iniciaron su camino de vuelta a casa. Ambos con una enorme sonrisa iluminando su rostro.

-sabes chimuelo… -menciono hipo, rompiendo con el profundo silencio que se extendía por todo el pueblo –últimamente he tenido sueños muy… curiosos. De hecho, sueño que me hablas por la noche... y luego me veo vestido como mujer. No sé, es extraño –dijo. Alzando los hombros sin darle ninguna importancia.

Chimuelo no pudo contener una carcajada.

Por fin todo estaba bien.

Sabía que siempre tendría a un amigo a su lado.

Y al igual que él, él nunca lo dejaría solo.

Siempre estaría a su lado.

Siempre.


Bueno, supongo que este es el capitulo definitivo.

Nuevamente mil disculpas por la tardanza, pero estuve en exámenes finales y para colmo mi computadora se descompuso, así que me compraron una nueva. Yupi!

Bueno, díganme lo que opinan

Bye. ;)