CAPÍTULO REEDITADO


Capítulo 8

Él es mío


Día 88.

Bra no perdió el tiempo. Se levantó del suelo a gran velocidad y corrió hacia el bosque, siguiendo el cúmulo de desastres que el paso de Broly provocaba. El sonido de los troncos partiéndose por la mitad era inquietante, y todavía lo fue más la enorme explosión de uno de los ataques de su maestro. Oyó a Pan dando un chillido antes de que su ki se disparara e intentara atacar a Broly con un gesto desenfrenado, sin ningún éxito, adivinó la joven.

—¡No lo hagas!— gritó Bra sin detenerse ni un segundo.

Broly observó a Pan con toda la rabia que solo la presencia de Kakarotto podía provocar, con una sonrisa de oreja a oreja por la próxima aniquilación de la pequeña. Ella acabó acorralada a los pies de un árbol, observándolo con ojos desorbitados después de lanzarle sus bolas de energía sin que le afectaran lo más mínimo.

—¿Qué clase de monstruo eres tú?— le preguntó, desesperada, pero todavía rabiosa por el ataque. La cola de Broly se agitó por la emoción y Pan la observó, consternada. Entonces comprendió. —Eres… eres un saiyajin— musitó.

Broly colocó una mano frente a su cara y la energía verde que provocaría una enorme explosión se concentró en la palma.

—Y tú eres un cadáver.

Pan cerró los ojos con fuerza esperando el impacto, pero antes de que este llegara, Bra atravesó los árboles y, rápidamente, pronunciando el nombre de aquel al que consideraba su maestro, estiró una pierna y se lanzó contra él con una patada magistral que golpeó la mejilla de Broly y lo lanzó varios metros más allá, haciéndolo chocar contra un árbol que se partió enseguida.

Pan miró a su amiga con la boca abierta. Podría jurar que un resplandor dorado la había rodeado durante unos segundos, encendiendo su pelo antes de atacar. Pero cuando aterrizó en el suelo, frente a ella, con los puños en alto en posición amenazadora, su pelo volvía a ser de un curioso azul.

—¡Maldita sea, Broly!— gritó con frustración al verse descubierta. —¡Me prometiste que te contendrías hasta que me transformara, y eso incluye no atacar a mis amigos!

Pan se percató de la enorme presencia del saiyajin, que se levantaba con los dientes apretados causando que el árbol cayera bruscamente hacia atrás. Sacudió la cabeza y un par de hojas cayeron de su pelo. Entonces, se enfrentó a Bra.

—¡Maldita medio humana! ¡No vas a arrebatarme mi oportunidad otra vez!— le contestó con brusquedad.

Bra anduvo hasta él y alzó un poco el vuelo para poder estar a su altura y encararle. Una vena, que sin duda estaba ahí por herencia de su padre, palpitó claramente en su frente.

—No vas a atacar a Pan, y mucho menos a matarla. Es mi amiga, ¿entendido?— le gruñó.

—¿Y a mí qué me importa? ¡Un descendiente de Kakarotto no va a salir vivo de aquí!

—¡No vas a hacerle daño!

—¿Y quién va a impedírmelo? ¿Tú?— contestó él con infinito desprecio.

Pan los observaba a los dos de hito en hito, sin comprender nada. No podía dejar de preguntarse qué demonios hacía un saiyajin de pura cepa en la Tierra, porque según su abuelo, todos salvo él y Vegeta estaban muertos. Pero era imposible que aquel que tenía delante no fuera un saiyajin. Tenía los mismos rasgos toscos, la misma mirada asesina, la gran musculatura, las mismas piernas atléticas, la nalgas duras y turgentes, lo que no era la cola… Pan se maldijo a sí misma y su pregunta sobre qué hacía allí cambió a por qué demonios estaba desnudo.

Sacudió la cabeza. No era momento para concentrarse en —eso otro—, aunque si moría por lo menos tendría buenas vistas.

—¡Sí, yo te lo impediré!— recalcó Bra entonces.

Broly soltó una gran carcajada y le dio la espalda cruzándose de brazos con una clara actitud de superioridad.

—¡Eres débil! Todavía no has conseguido herirme siquiera, niña— Bra se sintió insultada cuando el apelativo niña llegó a sus oídos. No había nada que odiara más que a Broly llamándola niña. —¿Qué piensas hacer contra mí, eh? ¿Qué vas a…?— entonces la joven lo vio. La cola se agitaba con emoción. Siempre se agitaba cuando había pelea, y Bra, que se había colgado más de una vez de la cola de su padre cuando era pequeña antes de que él se la arrancara una vez más, supo que tenía una oportunidad. Si algo incapacitaba a los saiyajins, era que les agarraran la cola.

Pero ella no solo se la agarró, si no que se la llevó a la boca y la mordió con todas sus fuerzas. Broly se tensó por completo los pelos de la cabeza se le erizaron como si se tratara de un erizo. Entonces gritó, y Bra podría jurar que el grito llegaría lejos, porque sus oídos tintinearon al escucharlo. Pan se quedó boquiabierta cuando Broly se giró e intentó golpear a Bra sin éxito alguno, pues ella se movió detrás de él sin apartar la cola de la boca.

—¡SUÉLTAME!— chilló él, sacudiéndose de un lado para otro. Repitió esas mismas palabras sin parar de moverse, haciendo que la chica hundiera los pies en el césped para que no la llevase con ella. Bra no tardó en cansarse de semejante vaivén desenfrenado y, sin más, acabó tirando de la cola bruscamente, sin dejar de morderla siquiera.

Broly se quedó estático, y segundos después cayó al suelo de cara cuan largo era, totalmente inmóvil y tembloroso. Ni una palabra salió de su boca cuando Bra dejó de morderle, y sin dejar de tirar, se sentó sobre su espalda con la cola firmemente agarrada.

—¿Qué es lo que puedo hacer contra ti, Broly?— lo vaciló con una sonrisa de superioridad. Estaba sentada encima de él, que mansamente, no se movió.

—Maldita seas…— murmuró el guerrero legendario. Bra dio un ligero tirón más y él apretó las manos. La sensación que le provocaba que le tiraran de la cola era difícil de describir. Era como si le arrancaran todo su poder de golpe, dejándolo vulnerable, débil e indefenso, como un bebé.

—Cuando te suelte no vas a hacerle daño a Pan, vas a quedarte calladito y te pondrás algo de ropa sin rechistar, ¿queda claro?— Broly gruñía como un perro bajo la regañina de su amo. Bra tiró más de su cola cuando lo oyó balbucear. Él soltó un gemido —¿Te ha quedado claro?

—¡Sí! ¡Quítate de encima de una vez!

—Así me gusta— sonrió ella, soltándole la cola y levantándose de su espalda.

Broly se sentó de inmediato sobre la hierba, con la cara ruborizada al haberse visto derrotado y humillado, además de horriblemente dolorido por el mordisco. Agarró su propia cola y sopló sobre ella para intentar mitigar el dolor.

Bra sonrió prepotentemente y sin más, se volvió hacia su amiga, cuya mirada seguía clavada en la amplia espalda del guerrero legendario.

—No puedes hablarle a nadie sobre Broly, Pan— le hizo saber de inmediato. —¿Pan?— Bra puso los ojos en blanco cuando ella no respondió, demasiado concentrada en la visión que tenía delante. —¡Haz el favor de ponerte algo de ropa, mono estúpido!— gritó con las mejillas encendidas.

—¡A mí nadie me da órdenes!— le replicó él. —Y mucho menos una hembra con un color de pelo tan ridículo…— acabó murmurando por lo bajo, pero no lo suficientemente bajo como para que ella no lo oyera.

—¿Qué has dicho? Como te coja la cola otra vez…

—Bra— la interrumpió Pan. Lentamente, la muchacha se levantó sin dejar de observar a su enemigo, que en esos momentos le miraba de reojo con el asco más descarado posible. —Espero que tengas una explicación para esto, porque ese tío no tiene pinta de ser muy pacífico— aclaró ella. —¿Te está causando problemas?— preguntó en voz muy baja, acercándose al oído de su amiga —¿Quieres que llame a mi abuelo? Él le dará una paliza.

—¡QUE SE ATREVA!— gritó Broly. Hizo amago de levantarse, pero Bra, aprovechando que él acababa de soltar su cola, agitó la pierna y la pisó con todas sus fuerzas. Broly se encogió y volvió a gritar, hecho una furia. Bra cogió a Pan de la mano y tiró de ella, corriendo hasta el llano donde pasaba los días durante las últimas semanas, entrenando.

—¡Te vas a acordar de esto, Bra! ¡Haré que te arrepientas y que llores sangre, maldita medio-humana!— oyó decir a lo lejos.

Pero ella lo ignoró y siguió con un gran suspiro. Aunque intentaba no dejarse intimidar, las amenazas de Broly quedaron grabadas en su cabeza. Esa semana sería dura, pero lo más importante era borrar de la mente de Pan la presencia de ese idiota. Aunque temiera sus amenazas, temía más lo que su presencia pudiera desencadenar.


—¿Qué hiciste qué?— cuestionó Pan después de escuchar toda la historia. Todavía no podía creerse todo lo que su amiga le había explicado. La frustración por el entrenamiento que nadie estaba dispuesto a mostrarle, las ganas de aprender, la decisión de tomar una solución alternativa invocando al dragón Shenlong, revivir a un guerrero capaz de destruir una galaxia entera que, para colmo, odiaba a su abuelo y al padre de Bra como si no hubiera mañana… Pan no podía dar crédito a lo que oía, y por eso dio un sorbo al té que su amiga, con gran nerviosismo, le había preparado.

Pan apenas lo probó, se llenó de té la boca y lo escupió en la cara de Bra. Su amiga intentó replicar, limpiándose los restos de la cara, pero Pan no la dejó y golpeó la mesa baja con el vaso en señal de clara protesta.

—Eres una inconsciente! ¿Cómo se te ocurre revivir a uno de los enemigos de nuestros padres? ¿Tienes idea de lo que ese tío puede hacer con nosotros? ¡Nos va a matar a todos y lo único que se te ocurre pedirme es que no avise a mi abuelo! ¿Te has vuelto loca? ¡Voy a avisarle ahora mismo!— Pan se levantó de la mesa y Bra intentó agarrarla del brazo, pero la joven se sacudió y se dirigió a la puerta de la pequeña casa cápsula, dispuesta a alzar el vuelo para firmar la sentencia de muerte de Broly.

—Yo que tú no haría eso— le aconsejó Bra.

—Si yo fuera tú, estaría muerta de miedo de solo pensar en lo que me diría Vegeta cuando se entere de que…— Pan abrió la puerta. Su nariz dio directamente con el musculoso pecho del guerrero legendario, ya vestido con su ropa de saiyajin. La fulminó con la mirada antes de que la adolescente tuviera tiempo de echar a volar.

—Si Bra fuera tú, tendría que preocuparse por mantener la boca cerrada para no hacerme enfadar— la amenazó Broly. La adolescente retrocedió, con un sudor frío recorriéndole la frente. Miró a Bra, que no hizo el menor movimiento ni intento de defenderla.

—¡Esto es una locura, Bra!— gritó ella. —¡Me está amenazando!

—¿Quién demonios te ha dado permiso para meterla en mi casa?— gruñó Broly a su alumna. Había esperado más de media hora fuera, acariciando su cola dañada y buscando la manera de calmar sus nervios mientras Bra intentaba convencer a esa chiquilla insoportable de que no dijera nada. Cuando sintió su ki dentro de su casa cápsula, tuvo que meterse nuevamente en el lago para calmar sus nervios, pues no veía el momento de romperle el cuello a esa niña que infestaría su estancia con el asqueroso olor de Kakarotto. Ahora, un rato después, tenía la cabeza lo suficientemente fría como para no matar a nadie, aunque ganas no le faltaran.

—No es tu casa, te lo recuerdo— le recordó Bra, visiblemente irritada con él. El espectáculo que había montado no tenía nombre. Ella, que había intentado por todos los medios evitar que su secreto se descubriera, y él, que desde un principio se había comportado como un insoportable asesino indiscreto.

—Ahora sí— se quejó él, y acto seguido le giró la cara. Ella le devolvió el gesto con la misma hostilidad, y Pan lo vio todo con ojos agudos antes de llevar las manos a su cintura con gesto agrio.

—Vale, está claro lo que pasa aquí, y sigue siendo una locura. Bra, ¿es que no puedes echarte un novio normal, un humano, como todo el mundo?— preguntó ella, y aunque Broly alzó una ceja sin entender a qué se refería, vio como las mejillas de su alumna se coloreaban sin sentido. Ella se levantó con la cara desencajada por la vergüenza, y lo señaló con un dedo acusador.

—¿Te has vuelto loca? ¿Cómo iba a ser yo su novia? Si es un… un… ¡un mono primitivo y estúpido que solo sabe pelear!

—Cuidado con lo que dices, medio-humana. Ya me has enfadado mucho por hoy, y estás tentando a la suerte.

—Bueno, si no es tu novio, está claro que algo es. Si no, no entiendo por qué demonios no has ido a buscar las bolas de dragón otra vez para devolverlo a…— Pan calló cuando Bra, velozmente, le tapó la boca con una mano. Le rodeó el cuello con los brazos y empezó a empujarla fuera de la casa en contra de su voluntad. Broly la fulminó cuando pasó por su lado, desconfiado.

—Tranquilo— le dijo. —Yo cumplo mis tratos aunque tú no lo hagas, y no dejaré que diga nada.

—Más te vale, o si no tendré que matarla— replicó él. Acto seguido, cerró su casa cápsula de golpe con un humor de perros.

Era curioso que se sintiera tan relajado a pesar de la pillada. Se tumbó en el suelo y apoyó la cabeza en su mano mientras encendía la tele para ver su programa favorito: Brocolín, el guerrero del brócoli. En realidad no había visto muchos programas humanos, porque le parecían de mal gusto y no entendía casi nada de lo que decían, pero los dibujos animados eran otra cosa.

Era curioso que simplemente se dejara llevar viendo los dibujos, porque ni por un momento se le pasó por la cabeza que Bra pudiera traicionarle y permitiera que Pan hablara con Kakarotto. Mientras veía la tele se dio cuenta de lo curioso que era que confiara plenamente en esa medio-humana.

Broly apagó la tele al cabo del rato, sin terminar de ver el final de la batalla que estaba teniendo lugar entre Brocolín y el general Lechugón. Se llevó las manos a la cara y se recriminó mentalmente esa confianza tan absurda que la medio-humana había conseguido que depositara en ella. Al fin y al cabo, había tenido oportunidades para matarlo, pero no lo había hecho. Broly empezaba a preguntar por qué, y lo que acudía a su cabeza no le gustaba en absoluto.

La última vez que confió en alguien, su padre le colocó una diadema que le incapacitó a la hora de desatar su poder y sus sentimientos, haciéndolo prisionero de su propia conciencia durante años. La penúltima vez que confió en alguien…

Broly se llevó una mano a la nuca y se acarició la cicatriz que sabía que le recorría toda la espalda hasta el principio de la cola.

La penúltima vez que confió en alguien sufrió las peores torturas que alguien podría imaginar.


—No puedes estar hablando en serio, Bra— le aseguró Pan en cuanto estuvieron a solas. Frente al lago donde Broly acostumbraba a bañarse, en el agua que con el paso de los meses empezaba a enfriarse cada vez más, las dos jóvenes, las únicas hijas descendientes de la raza de los saiyajins, intentaron mantener una conversación que no desembocara en los puños.

Sin embargo, las cosas no iban muy bien para la princesa de los guerreros.

—Necesito tiempo, Pan. Me estoy haciendo cada vez más fuerte con su ayuda. Te prometo que en cuanto me convierta en un súper saiyajin invocaré a Shenlong y lo enviaré directo al infierno, pero mientras tanto déjame aprovechar el error.

Pan negó con la cabeza rudamente y le dio la espalda, apretando los puños.

—¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? Ese amigo tuyo es peligroso. En cuanto me ha visto ha intentado matarme solo por ser la nieta de Goku. ¡Si se ha puesto así conmigo, imagínate de lo que será capaz cuando vea a mi abuelo!

—No tiene por qué verlo, Pan. Yo me ocuparé de eso.

—No puedes ocultarlo eternamente.

—No eternamente, solo hasta que me convierta en súper saiyajin, ¡y estoy muy cerca, Pan, lo sé!

—¿Y si ataca a alguien mientras tanto?— cuestionó la pequeña Pan, astuta como su madre, peligrosa como su padre cuando se enfadaba. —El que lanzó la bola de energía aquella noche, en el Monte Paoz, fue él ¿verdad?

Bra tragó saliva y agachó la cabeza. Con mucha lentitud, tuvo que asentir y admitir la realidad. No podía negarlo. Por mucho que Broly se hubiera estabilizado, seguía siendo peligroso e inestable. Un solo acontecimiento podría desequilibrarlo y hacerle actuar ignorando el trato que mantenía con ella misma.

Aun así, no estaba dispuesta a consentir que nadie le pusiera la mano encima. Él era su maestro, suyo, y aunque intentara convencerse a sí misma de que solo lo defendía por ambición propia, sabía que no era así. Bra no quería que desapareciera.

—Si no quieres que nadie se entere, lo entiendo. Te has metido en un lío muy grande y conozco a tu padre. Es normal que le tengas miedo, pero si solo se trata de eso…

—No es eso, Pan. No le tengo miedo a mi padre. Sé que estaría semanas sin hablarme por este lío, pero eso no me preocupa. Lo que pasa es que…— Bra dirigió una mirada a la casa cápsula. No pudo evitar recordar los días que había pasado con Broly durante las últimas semanas, siempre peleando, siempre hablando, discutiendo la mayoría de las veces, y otras veces simplemente curioseando. Recordó los gritos casi suplicantes de él cuando exigió una oportunidad que no se le había dado. Recordó su manera animal de comer, de exigir, de ver las cosas mundanas. Recordó su forma de acariciarle la cabeza alabándola por su buen trabajo.

Recordó, sobre todo, cómo se sintió cuando él lo hizo.

—Él no es tan malo…— murmuró más para sí que para Pan, pero ella lo escuchó igualmente. Bra tenía las mejillas ruborizadas mientras lo decía y un suspiro apagado salió de su boca.

Entonces Pan lo supo.

—¡Ay, no!— gritó llevándose las manos a la frente —¡Te gusta de verdad!— afirmó ella. —No, no solo te gusta. ¡Te gusta muchísimo!

—¡Claro que no! ¿Cómo iba a gustarme alguien como él?

—¿Cómo iba a gustarle a Bulma alguien como tu padre? Y le gustó, ¿no?— la acusó ella, señalándola con un dedo, golpeándola en el pecho incluso de forma acusadora.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Quiero decir que, según he oído, tu padre era de todo menos bueno antes de que Bulma tuviera a tu hermano, y ese hombre no parece mucho mejor. Una de dos, o en vuestra familia las mujeres son masoquistas y buscan a hombres malos… o tienes un gran complejo de Electra.— Bra arrugó el entrecejo y apretó los puños, sintiéndose totalmente insultada.

—Pero, ¿qué dices? Quiero mucho a mi padre, pero no hasta el punto de que sea un delito.

—Querer a tu padre no es un delito, pero matar a personas sí, y ese Broly no tardará en hacerlo, seguro— Bra bajó la cabeza, repentinamente pálida, y Pan intuyó que algo más le ocultaba. —Oh, por Kami, ya ha matado, ¿verdad?

—Es el Carnicero de niños, el que salía en las noticias hasta hace poco— admitió la muchacha. Pan abrió la boca de par en par con la cara prácticamente morada por la impresión. Negó definitivamente con la cabeza y empezó a alzar el vuelo, dispuesta a correr hasta el Monte Paoz para contárselo a su abuelo. Como Guerrera Z no podía permitir que algo así ocurriera, por mucho que le gustara a Bra.

Sin embargo, su amiga la agarró por el tobillo antes de que pudiera ir más lejos, reteniéndola.

—Por favor, Pan. Le pedí que no matara a nadie más y lo está cumpliendo.

—Sí, excepto porque ha intentado matarme a mí hace unos segundos.

—¡Por favor, dale una oportunidad, solo una! Yo lo vigilaré, no me apartaré de él…

—¿Lo detendrás si se vuelve loco y empieza a destruir el planeta, eh, lo harás?— Bra agachó la cabeza, recordando también la enorme figura de Broly cuando emergió del interior del volcán transformado en guerrero legendario. No, definitivamente no podría contra él en ese estado. —Mi abuela tiene el radar del dragón. Buscaré las esferas yo misma y en cuanto las tenga, lo enviaremos al infierno de nuevo. Si no puedes controlarlo hasta entonces, nada impedirá que avise a mi abuelo de esto, aunque te meta en problemas.— Bra no dijo nada, aunque su agria expresión lo decía todo. No podía negarlo. Pan tenía razón. Su amiga, al darse cuenta de que estaba siendo demasiado dura, reculó y enterneció sus facciones, siempre tan masculinas. —No quiero que dejemos de ser amigas por esto, Bra, pero me preocupa mucho. No me lo perdonaría si te pasara algo, y estoy segura de que tu familia tampoco. Además, él es nuestro enemigo. No solo quiere matar a mi abuelo, sino también a tu padre. No merece la pena darle más vueltas, es mejor así, créeme. Yo lo solucionaré todo, pero mientras tanto será mejor que no te encariñes más con él.

Pan alzó el vuelo, y en cuestión de segundos desapareció en la lejanía del cielo, rumbo al Monte Paoz. Bra la observó con la cabeza gacha antes de dar media vuelta para dirigirse al interior de la casa cápsula.

Que no se encariñara, le había dicho, pero había llegado muy tarde.

Cuando entró en la casa cápsula, ya era prácticamente de noche. Era la hora de volver a casa, y Bra se resignó a que tendría que esperar para darse ese baño que su cuerpo tanto necesitaba. Entre suspiros, vislumbró la figura de Broly, que tumbado en el suelo con la barbilla apoyada en su mano, observaba los dibujos animados. Esperaba que él iniciara una pelea verbal con ella, como siempre hacía cuando había algo que no le gustaba, pero no dijo nada.

Ambos se ignoraron mutuamente, mudos.

—Pan no dirá nada, no tienes de qué preocuparte— le comentó ella, pero no obtuvo ninguna respuesta. Por un momento pensó que él se había quedado dormido, pero cuando se acercó vio que sus ojos estaban fijos en la televisión. —Yo me voy ya. Se está haciendo tarde. Mañana vendré después de la universidad, ya sabes…— Broly siguió sin dirigirle la palabra, y Bra no estaba de humor para recriminárselo. Recogió su mochila, se la cargó al hombro quejándose cuando le rozó las ampollas, y se dirigió hacia la puerta.

—Tú…— la llamó Broly entonces, sin mirarla siquiera. Bra se detuvo, esperando una pregunta, una queja, lo que fuera. El guerrero legendario agarró el mando de la televisión y empezó a cambiar de canal. El reflejo de la pantalla iluminaba su cara de manera tétrica. —Tú no me traicionarías, ¿verdad?— preguntó.

Bra se puso blanca y por un instante pensó que había oído su conversación con Pan. Pese a ello, se esforzó por sonreír falsamente y por negar con la cabeza.

—¿Por qué iba yo a traicionarte? No soy de esa clase de personas. Si tengo algo en tu contra, te lo diré sin más o te pisaré la cola— se burló, buscando picarle. Sin embargo, él no dio señales de disgusto. Siguió cambiando los canales sin girarse si quiera. —Bueno, me voy ya. Buenas noches, Broly— se despidió ella.

Abrió la puerta, salió fuera y cerró con mucha lentitud echándole un último vistazo a su invitado. Cuando Bra se fue, el mando de la televisión se hizo añicos entre los dedos de Broly, como si fuera arena.

—Mentirosa— musitó él.


Bra estaba desganada y su familia lo sabía. Logró llamar sus atenciones por su actitud silenciosa. Por suerte, las quemaduras y las ampollas desaparecieron cuando tomó la semilla senzu que Trunks, anónimamente, había ido dejando en su cuarto a escondidas, y gracias a ello ninguno se percató del durísimo entrenamiento al que se había sometido ese día.

Ninguno excepto su padre, claro.

Vegeta no le quitaba los ojos de encima, ni siquiera para ver los deportes más agresivos. Su mirada estaba clavada en el rostro decaído de su hija, analizándola de hito en hito. Ese día, Bra ni siquiera tenía voluntad para iniciar un conflicto de miradas con su padre.

Bra apenas tocó la comida y Vegeta se levantó de la mesa antes de acabarse lo suyo.

—¿Tú tampoco comes hoy?— le preguntó Bulma cuando él pasó por su lado, derecho hacia la cámara de gravedad.

—No tengo hambre— fue su única excusa.

—Pero bueno, ¿qué le pasa hoy a esta familia?— cuestionó la mujer. —Al menos podrías esperar a que de la noticia ¿no?— Vegeta se detuvo y dejó escapar un gruñido bajo mientras sus puños se cernían con fuerza a la puerta que daba a los jardines. Trunks, con la comida en la boca, miró a sus padres alternativamente. Entonces Bulma juntó sus manos y con una gran sonrisa en la boca, las apoyó contra su mejilla. —Niños, ¡vuestro padre y yo vamos a casarnos!

Al primogénito de la familia le faltó poco para escupir la comida, y sus ojos se desorbitaron junto a los de Bra. Sus miradas se cruzaron en una sorpresa cómica que lo decía todo. Hasta ese momento no lo habían creído posible, pero finalmente Bulma había conseguido todo lo que Vegeta tenía, lo poco con lo que había llegado a ese planeta. Había conseguido todo lo que se había propuesto de él, todo… salvo su orgullo.

Se iban a casar, y eso demostraba que el príncipe de los guerreros había perdido después de tantos años. Frente a ello, Trunks mostró una sonrisa sincera y se acercó a su madre para darle un beso en la mejilla.

—¡Enhorabuena, mamá!— cuando estuvo cerca de su oído, le susurró: —Has conseguido domesticar a papá— Bulma soltó una carcajada frente a la patidifusa mirada de Bra. —¡Enhorabuena a ti también, papá!

—¡Cierra el pico, niñato!— le gritó su padre antes de volverse hacia él con la vergüenza pintada en la cara. —También vais a tener un hermano, ¿o es que aquí solo se dan las malas noticias?

—¿Un hermano?— musitó Bra, incrédula.

—Sí, pero eso será después de la boda, cuando Chichí y yo utilicemos las bolas del dragón para recuperar nuestra juventud. ¡Nunca pensé que tener otro hijo fuera a hacerme tanta ilusión!

Las felicitaciones de Trunks no se hicieron esperar. Bra podía ver en las facciones de su hermano que tener un hermano pequeño no le hacía mucha gracia, pero si algo caracterizaba al primogénito de la familia era su consideración para con las personas que amaba. Solo había que ver su relación con Marron, la chica de la que llevaba enamorado desde que Bra tenía uso de razón: nunca le había dirigido la palabra para pedirle algo más que amistad por puro respeto y cariño, por miedo a estropear lo que ya tenían.

Trunks no era un cobarde, pero aunque se las diera de tipo duro e insensible en un intento por parecerse a Vegeta, la amabilidad que había heredado de sus abuelos maternos podía con esa actitud.

Bra observó a su familia. Cuando Trunks se acercó a Vegeta con un tono pícaro, su padre se alejó gritando y fue Bulma la que se acercó y le rodeó el brazo con los propios, apoyando la cabeza en su hombro mientras soltaba risas de alegría. En esa familia todo eran risas a expensas de un padre al que cada día le costaba más mantener esa fachada de hombre difícil. Ella pudo ver cómo su padre dejaba entrever una sonrisa disimulada cuando ellos no miraban.

¿Y ella qué? Los estaba traicionando, pero por mucho que lo intentara no podía dejar de pensar en Broly, en que moriría pronto si no hacía algo para evitarlo. Intentaba, por todos los medios, convencerse a sí misma de que solo era ambición por conseguir un poder mayor, pero sabía que no se trataba solo de eso.

No quería que muriera.

Bulma observó a su hija cuando Trunks y Vegeta se alejaron, cada uno a sus respectivos puestos; uno en la Cámara de Gravedad y otro en su pequeño despacho en el sótano. Ella, no obstante, se quedó. Tenía una ligera sospecha de lo que pasaba por la cabeza de su hija, y no quiso alejarse demasiado. Cuando se aseguró de que todos estaban solas, soltó un suspiró y se sentó frente a ella con una gran sonrisa en la cara. Le dio un toquecito en la frente con una de sus uñas perfectamente perfiladas y Bra alzó la cabeza, sobresaltada por el gesto. Estaba tan metida en sus pensamientos, que ni siquiera se percató del interés de su madre.

—Supongo que ahora que quieres ser una guerrera, ya no te hace falta una madre para que te de consejos de belleza— le dijo ella, y Bra le devolvió una sonrisa falsa y melancólica. —¿Qué ocurre, cielo?

—No es nada, mamá.

—¿Ahora eres demasiado dura para confiar en mí?

—No es eso

—¿Entonces?— Bra dejó el tenedor sobre el plato y juntó sus dedos bajo la mesa, inquieta. —¿Se trata de un chico, es eso?— las mejillas de su hija se ruborizaron ligeramente antes de asentir. —Lo sabía. No parabas de suspirar así que tenía que ser eso. Tu padre y tu hermano son demasiado brutos como para comprenderlo.

—Es que es una situación un poco… comprometedora— los ojos de Bulma se iluminaron.

—No voy a ser abuela todavía, ¿verdad?

—¡No!— gritó Bra enseguida.

—Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Él no te corresponde?

—No se trata de eso, mamá. No sé lo que él siente… ni siquiera sé si es capaz de sentir algo, ¿me entiendes?

—Oh, por Kami— dijo Bulma por lo bajo, sulfurada por esa simple frase. —Es un tipo duro, ¿verdad?

—¡Sí!— exclamó Bra de inmediato. —¿Cómo lo sabes?

—Porque pensé exactamente lo mismo cuando conocí al cabeza dura de tu padre. ¿Siente algo? ¿Tiene miedo a algo? Es muy duro, pero ¿por qué? Quiero saberlo. ¿Qué tendrá dentro de esa cabeza? ¿Lo habrá pasado muy mal a lo largo de su vida? En todo caso, yo podré arreglarlo— Bulma se encogió de hombros al ver que su hija dejaba escapar una pequeña risa al imaginarse sus comederos de cabeza. —Yo también estaba confusa cuando él llegó aquí y empezamos a acercarnos, por así decirlo.

—Nunca te lo he preguntado pero… ¿cómo os enamorasteis papá y tú?

Bulma alzó las cejas, curiosa por la pregunta. Dejó escapar un bufido mientras pensaba una respuesta y se levantó para preparar algo de café.

—En primer lugar, sácate ese cliché sobre el amor de la cabeza, porque te puedo asegurar que tu padre y yo no nos enamoramos. Es más, nos odiábamos. Todo sucedió muy despacio. Cuando le invité a quedarse aquí, no esperaba que fuera tan odioso, pero de un día para otro aquí lo tenía encerrado en esa maldita cámara de gravedad y no parábamos de insultarnos las pocas veces que nos veíamos.— Bulma cargó su taza de café y volvió a sentarse frente a su hija, sirviéndole otra. Ella, que se imaginaba que no podría dormir esa noche por la preocupación, accedió a bebérsela sin rechistar. —Recuerdo que una vez le arrojé una vajilla entera a la cabeza, y también le disparé con una escopeta, pero ni siquiera le rocé. ¡Oh, por Kami, cómo le odiaba! Era insoportable.

—Y si le odiabas tanto, ¿cómo es que acabasteis juntos?

Bulma dio un largo sorbo de café antes de contestar a la pregunta. Se limpió los restos con un dedo y lo alzó en el aire, pidiendo paciencia.

—Fue difícil, de verdad. Cuando nos dimos cuenta, ese odio ya se había convertido en una excusa para estar cerca el uno del otro, algo que no es indiferencia. ¿Conoces eso de que del amor al odio hay un paso? Pues en nuestro caso fue así, solo que al revés. De todas formas, pasó mucho tiempo antes de que ese odio llegara a amor, o al menos pasó mucho tiempo antes de que lo reconociéramos como tal— Bulma dio un nuevo sorbo de café mientras cruzaba las piernas bajo la mesa. Bra admiró la frialdad con la que su madre hablaba del tema. —Verás, cielo. Tu padre ha sufrido mucho a lo largo de su vida. Mucho, mucho, no te puedes hacer una idea de cuánto. Todavía hoy hay cosas que desconozco de su pasado, cosas oscuras que ni puedo llegar a imaginar, cosas que todavía estoy esperando que él me cuente. Vegeta ha sufrido mucho, y cuando alguien sufre mucho, lo último que quiere es volver a sufrir. Tiene miedo de que le hagan daño otra vez, y por eso se cierra a cal y canto aunque por dentro busque desesperadamente alguien que le comprenda y le acepte, sea lo que sea lo que le hayan hecho o lo que él haya hecho. En realidad, los tipos duros buscan a alguien más puro que ellos para que le concedan lo que tanto necesitan.

—¿Lo que tanto necesitan?— Bulma, ya sin café que tomar, dejó la taza vacía sobre la mesa y apoyó una mano sobre la de su propia hija en señal de apoyo.

—El perdón, Bra. Perdón, descanso y sobre todo, mucha comprensión y cariño.

Bra bajó la cabeza muy lentamente. No había duda de que Broly había sufrido mucho, pero no sabía cuánto, y obviamente él no se lo contaría con facilidad. Recordó entonces la cicatriz que viajaba desde su nuca hasta el principio de la espalda. Una cicatriz que, sin duda, no podía haberle hecho cualquiera. Había más que simples celos. Había dolor y desconfianza tras sus ojos oscuros. Era la mirada de alguien que prefería estar solo a sufrir las vejaciones que ya había sufrido.

—A tu padre le costó muchísimo— admitió Bulma, dirigiendo una mirada pensativa al exterior de la casa, a la puerta que daba al jardín y, por ende, a la cámara de gravedad. —No se abrió hasta que Trunks cumplió los dos años.

—Debía de ser exasperante— murmuró ella. Así se sentía al pensar en Broly y en su incapacidad para hacerlo más manso y saber qué era lo que le carcomía por dentro.

—Sí, y duro, muy duro. Si hay algo que debes saber con los tipos duros es que te harán sufrir— admitió ella. La cara de Bra se encogió de solo imaginarlo, pero Bulma le acarició la mejilla con las manos e hizo que la mirara a la cara. —Pero para mí, ha merecido la pena, y estoy segura de que también para tu padre.

—¿Cómo puedes estar tan segura de eso, mamá?

—Estoy segura, Bra, porque hace muchos años yo le di una oportunidad y él no la ha desperdiciado. Prueba de ello sois tú y tu hermano.

—¿Una oportunidad?

—Una oportunidad. A veces, los tipos duros solo necesitan eso.

Bra sintió las mejillas arder y sus manos se unieron bajo la mesa. Conocía la historia de su padre, o al menos sabía gran parte de ella, y daba gracias porque hubiera encontrado a alguien como su madre, porque de verdad se merecía esa segunda oportunidad. Además, no podía tener un padre mejor que él, aunque no fuera el más cariñoso del mundo. ¿Por qué Broly no iba a merecer esa misma oportunidad?

—¡Está decidido!— gritó de pronto, dando un golpe seco en la mesa. Bulma se sobresaltó cuando la vio correr hasta las escaleras, rumbo a su habitación sin decir nada más. La mujer acabó sonriendo, a sabiendas de que había tomado la misma decisión que tomó ella en su día, de la cual no se arrepentía.

Esperaba que Bra tampoco lo hiciera.


Broly estaba raro, o al menos esa impresión daba después de una semana de duro entrenamiento sin compasión. Después de pisarle la cola y humillarle de semejante manera, Bra pensaba que se tomaría una venganza haciendo uso de su más intenso sadismo durante los entrenamientos, matándola a trabajar. Sin embargo, se equivocó.

Algo había cambiado entre ellos. Después de que Pan los descubriera, él empezó a mostrarse más callado y comedido de lo normal. Apenas le hablaba, y cuando lo hacía, su voz era fría e impersonal. Bra no tardó en preguntarse dónde había quedado ese orgullo percibido cuando le acarició la cabeza y le felicitó por su buen trabajo. También se preguntó donde habían quedado las burlas y charlas, las discusiones que, si bien acababan irritándolos, también acababan por acercarlos aún más.

Broly se estaba alejando de ella, y Bra no sabía el porqué.

—¡Ya estoy harta! ¿Qué demonios te pasa conmigo, Broly?— le preguntó un día, incapaz de contener más esa sensación angustiosa al imaginar que él la odiaba. Pensaba que habían superado esa faceta en cuestión de semanas después de conocerse, pero su odio e inestabilidad parecía haber vuelto a la carga. Lo peor era que no le recriminaba nada. Se limitaba a hundirla en un pozo de indiferencia que solo era franqueado por el acercamiento que tenían mediante los golpes.

—¿Qué debería pasarme contigo?— le devolvió él la pregunta. El entrenamiento había finalizado y él le daba la espalda poco dispuesto a hablar.

—¡No lo sé! Pareces estar enfadado todo el tiempo. Ya no me hablas, ya no me cuentas nada, ya… solo me golpeas. ¿Por qué?

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué eres tan frío de repente? Es como si hubiéramos vuelto al principio. Pensaba que ya habíamos superado eso, que éramos… que éramos amigos.

Entonces Broly se giró y la miró. Sus ojos eran un pozo sin fondo y su sonrisa burlona no dejaba ver nada bueno. A pesar de ello, el corazón de Bra palpitó con fuerza en su pecho.

—¿Te has vuelto loca?— dijo él. —¿Amigos? ¿Todavía no te has enterado? Estoy aquí para destruir tu mundo, y con tu mundo también me refiero a tu familia y a todo lo que te rodea. Tú y yo no podemos ser amigos. Tenemos un trato. Ese es el único motivo por el que te soporto—

Bra se sintió mortalmente ofendida, no solo en el orgullo. A esas alturas se trataba de algo más profundo y se recriminó a sí misma haber dejado que su razón o sus sentimientos hubieran llegado tan lejos. Al fin y al cabo, y por mucho que le costara reconocerlo, Broly tenía razón.

Pese a ello, no se dio por vencida. Con los brazos cruzados, como acostumbraba a hacer cuando estaba enfadada o intentaba protegerse de los sentimientos que la embargaban y que no deseaba que nadie más viera, voló suavemente hasta él y le plantó cara. Esta vez, Broly alzó la cabeza en señal de superioridad y hubo un ardiente choque de miradas.

—Si es por lo de la cola, y no pienso volver a repetirlo, lo siento— dijo ella con recelo.

—No es por la maldita cola. Simplemente estoy devolviendo las cosas a su sitio. Tú eres la hija de mi enemigo y yo soy la peor pesadilla de tu familia. Harías bien en tener eso en cuenta— Broly sacudió la cola entonces y esta ascendió hasta rozar la mejilla de Bra. El pelo era suave y el tacto fue agradable, pero el gesto en sí era una provocación en toda regla. —Cuanto mate a tu padre delante de ti, me cobraré lo de la cola— Bra sacudió la cabeza cuando la cola la obligó a ceder. Era un músculo enérgico y fuerte, casi como otra extremidad.

Entonces ella sintió la indignación de aquella declaración de principios. La indignación y la frustración. Broly alzó una ceja y desencajó su expresión de malicia al ver los ojos brillantes de la joven. Si no fuera por su gran orgullo, el cual, sin duda, le impediría demostrar semejante debilidad, juraría que estaba a punto de llorar.

Y lo estaba, pero eso él no lo vio, porque la princesa de los saiyajins le cruzó la cara con un puñetazo que ni siquiera alcanzó a ver. No le hizo retroceder, pero sus ojos se clavaron en el suelo ante el repentino gesto, y cuando volvió a alzar la cabeza, podría jurar que su mejilla dolía.

Bra le dio la espalda y rápidamente se limpió los ojos con el antebrazo antes de dejar escapar una carcajada altanera fuera de contexto.

—¿A qué ha venido eso?— preguntó él, visiblemente irritado.

—¿Qué más da? Somos enemigos y no tengo por qué darte explicaciones.

Y no se las dio al alzar el vuelo y desaparecer en la lejanía, volando rumbo a casa. Broly la observó y se acarició la mejilla. De repente se sentía mal, pero no por el golpe, si no por otra cosa que no alcanzaba a conocer. Se pasó los dedos por los labios y cuál fue su sorpresa al ver que los tenía impregnados de sangre. Bra le había herido por primera vez. Era fuerte, tenía un talento innato y era su alumna predilecta. Broly hubiera sentido el orgullo hervir en sus entrañas si no supiera lo que eso significaba. Ella estaba a punto de transformarse, y eso quería decir que les quedaba poco tiempo, que a él mismo le quedaba poco tiempo antes de destruir aquel planeta tan cálido y apacible.

¿Qué más da? Se preguntó a sí mismo al apreciar un sentimiento molesto reprimiendo sus ideales de destrucción. Voy a matarla en un par de días de todas formas. Al fin y al cabo, Broly prefería traicionar a ser traicionado… otra vez.


Pocos días después, Bra alzó el vuelo en dirección al bosque, como siempre. Broly seguía enfadado, pero ahora el enfado era mutuo. Sus sesiones de entrenamiento cada vez duraban menos y ella empezaba a inquietarse. Aun así, como su propia naturaleza dictaba, no pensaba rendirse fácilmente. Ese día, sin embargo, hubo un cambio de planes. Sintió el ki de Pan agitándose tras ella y Bra tragó saliva cuando detuvo su vuelo y la esperó, de brazos cruzados con una ligera gota de sudor descendiendo por su cuello.

Había llegado el momento.

—¡Las tengo!— gritó Pan al aproximarse a ella, sacudiendo su mochila de un lado a otro. —Ha sido más fácil de lo que pensaba. La abuela está demasiado ocupada cuidando de mi abuelo después de los golpes de mi padre como para preocuparse por el radar y por las bolas, pero me ha llevado mucho encontrarlas.

—¿Tu padre ha pegado a Goku?— le preguntó Bra con una ceja alzada.

—Sí. No sé qué habrá hecho el abuelo para enfadar tanto a papá, pero supongo que a veces pasa— Pan, sin darle mucho importancia, agitó la mochila y la abrió. Las bolas del dragón resplandecieron en su interior y Bra tragó saliva, a sabiendas de lo que eso significaba. —Vamos a por ello, Bra.

Con el ceño levemente fruncido y la tristeza irradiando en el rostro de la princesa, las dos amigas iniciaron un nuevo vuelo hacia una paisaje lo suficientemente alejado como para que la oscuridad de la invocación no alertara a nadie. Ninguna de las dos se percató de que un gigante con instintos asesinos las seguía desde el aire, ocultando su ki y su presencia con maña.

Aterrizaron en un llano desértico y Pan, sonriente, depositó las bolas en la arena y se dirigió a Bra. Esta mantuvo la mirada baja en todo momento, demasiado confusa y nerviosa como mirar a su amiga. Su corazón parecía que iba a estallar en su pecho cuando Pan, pensando en la tristeza que debía suponer para ella eliminar al chico malo que la había cautivado, la agarró de la mano. Bra se esforzó por sonreír, agradeciendo el consuelo.

Entonces Pan dio un paso al frente sin soltar su mano.

—¡Gran dragón eterno, sal y concédenos nuestro deseo!

En un abrir y cerrar de ojos, el cielo se oscureció y las bolas del dragón brillaron. Una brisa fría y fuerte les azotó la cara, meciendo sus cabellos con fuerza. Las dos descendientes de los guerreros más poderosos del espacio se mantuvieron imperturbables cuando el dragón ascendió al cielo en todo su gran esplendor. Su largo cuerpo serpenteó alrededor de la zona y su gran cabeza, atemorizante para una persona que nunca lo hubiera visto, quedó expuesta frente a ellas.

Pan apretó con fuerza la mano de Bra.

—Yo soy Shenlong, el dragón eterno— habló la criatura mística con esa voz tan atronadora. —Dime, ¿cuál es tu deseo?

Entonces Bra hizo acopio de valor y soltó la mano de Pan para dar un paso al frente. Lo había decidido. Había llegado la hora.

Él las observó desde lejos, guarecido en el oscuro cielo. Cuando Broly notó la presencia de Pan y sintió a Bra cambiando de rumbo, supo lo que iban a hacer. No tenía ni idea de cómo. Había pensado que entre las dos, lo delatarían a Kakarotto y, esa misma tarde, se encontraría acorralado por todos los guerreros. Por eso, a sabiendas de que Bra no tardaría en traicionarle para no tener que arriesgarse por el descubrimiento de Pan, las siguió.

Tenía pensado matarlas, pero al ver que cambiaban de rumbo y se dirigían a un lugar desierto, sus esquemas se rompieron. ¿Qué pensaban hacer para acabar con él? Cuando vio las bolas del dragón y el cielo se tornó oscuro, se temió lo peor. No fue hasta que el dragón apareció frente a sus narices cuando descendió el vuelo y se detuvo a vislumbrar con ojos desorbitados a la enorme criatura que tenía frente así.

Recordaba haber visto algo así antes. Lo había visto el día de su resurrección, y si esa criatura lo había revivido, bien podría matarlo también. Alarmado, se giró hacia las chicas que, decididas, avanzaban hacia el dragón para pedir su deseo, y fue derecho hacia allí con el puño en alto, dispuesto a matar a Bra por la espalda por haberlo traicionado.

Si había algo que Broly no podía perdonar, era la traición.

Bra suspiró pausadamente y alzó los brazos al cielo para hablar alto y claro. Tenía muy claro lo que iba a pedir, y miró a Pan una última vez para reunir fuerzas. Su amiga le sonrió con decisión y asintió con la cabeza.

La hija de Bulma alzó la cabeza hacia el dragón.

—¡Gran dragón eterno…!— dijo antes de morderse los labios. Solo tenía una oportunidad y no podía desperdiciarla. ¿Estaba segura de lo que iba a hacer? En ese momento de duda, sin percatarse de que Broly iba directo hacia ella con la intención de matarla por la espalda, se acordó de su padre. Se acordó de los crudos relatos de lo que había sido y de lo que había llegado a ser. Se acordó también de la historia de su madre, de cómo se habían conocido y de cómo todo el odio de Vegeta había desembocado en algo más. Entonces tomó la decisión.

Broly voló aún más deprisa, y cuando la tuvo a tiro, a apenas unos metros de distancia, sus ojos se volvieron asesinos.

—¡Deseo que Chichí y Bulma vuelvan a tener veinte años!

Entonces, el impacto llegó.

Pan abrió la boca de par en par, sorprendida por semejante locura. Bra sonreía mientras pedía el deseo y Broly se detuvo entonces, en el último momento, cuando su puño casi rozaba la nuca de su alumna. El guerrero legendario estaba desencajado por la confusión y la contrariedad.

Los ojos de Shenlong brillaron entonces y, unos segundos después, dejaron de hacerlo.

—Tu deseo ha sido concedido— dijo, y entonces, frente a la patidifusa mirada de Pan, el dragón desapareció y las bolas se alzaron en el aire para salir volando, cada una, en direcciones opuestas a gran velocidad.

Ninguno de los tres, ni siquiera Bra, eran conscientes de lo que acababa de ocurrir.


Un grito estridente resonó en la casa de los Son. Goku, que se había mudado de la cama al sofá de la sala de estar para mayor entretenimiento, y que en esos momentos dormitaba con profundos ronquidos, se despertó de inmediato y dio un salto, sacudiendo la pierna que, nuevamente, había sido escayolada después del golpe que su hijo le había propinado en plena interrupción de coito.

—¡Chichí!— gritó con la preocupación en la garganta. Dio tal salto, que el sofá volcó y él cayó al suelo dando una voltereta. Cuando su talón dio contra la dureza, sus dientes temblequearon por el dolor, pero eso no impidió que se levantara a duras penas y, cojeando, saltara hacia la cocina. —¡Chichí! ¿Qué pasa?— preguntó antes de tirar de la puerta con tanta fuerza, que rompió el picaporte y arrancó las bisagras de cuajo. —¡Cariño!

Entonces se quedó quieto y observó con una ceja alzada y la boca desencajada a la bella mujer que le daba la espalda en esos momentos. Con un cuchillo de cocina en la mano, temblando frente al espejo de la cocina, Chichí dejó caer unas cuantas lágrimas. Goku sabía que algo no andaba bien. Reconocía que no era muy observador, pero juraría que Chichí estaba más alta y tenía unas curvas que no recordaba haber visto desde hacía años. De lo que sí estaba seguro era de que su mujer no tenía el pelo tan largo la última vez que la vio, ni tan oscuro ni tan brillante.

—Chichí… ¿qué…?— murmuró él. Entonces ella se dio la vuelta lentamente y lo encaró con los ojos brillantes.

Goku tenía los ojos como platos. Las arrugas, que no eran muchas pero sí notables, habían desaparecido de su cara para dar paso a una piel lisa, blanca y con pinta de ser muy suave. Sus ojos eran grandes y brillaban como nunca, las pestañas eran muy largas y sus labios habían recuperado el color rojizo junto a sus mejillas. Su pelo había crecido, pero eso no era lo único. No solo había recuperado las curvas, sino también el voluminoso tamaño de su pecho, bien firme, resaltando bajo el delantal de flores que llevaba puesto.

—Goku…— lo llamó ella, sin creérselo si quiera. Él tampoco se lo creía. Tenía exactamente el mismo aspecto que cuando se habían casado, hacía ya más de treinta años. —Pero… ¿cómo…?— Chichí pareció reaccionar entonces. Corrió hasta un cajón de la estantería donde guardaba los condimentos y lo abrió. En su interior, una nota descansaba en lugar del radar del dragón que ella había guardado para pedir su deseo de juventud más tarde.

Querida abuela, siento cogerte el radar, pero es urgente. Te lo devolveré en cuanto haya pedido mi deseo. ¡Perdóname!

—¡No puede ser!— gritó, totalmente fuera de sí. —¿Cómo se ha atrevido?— entonces, furiosa, caminó hasta su marido y le puso delante la nota de Pan. Él apenas la miró. Su mirada estaba fija en los senos que se agitaban vigorosamente con cada sacudida que su mujer daba. —¿Has visto esto? ¡Tu nieta nos ha robado! No hay duda de que es culpa tuya. Le has dado una educación pésima propia de un delincuente que lo resuelve todo con la violencia. ¡Mira, léelo! ¿Cómo se atreve a engañar a sus propios abuelos? ¡No tiene educa…!

Pero antes de que pudiera seguir con su regañina, Goku agarró la nota y la rompió en cuatro trozos que dejó caer al suelo con expresión seria y extrañamente madura. Chichí estaba boquiabierta. Observó a su marido totalmente sobrecogida por el repentino cambio de actitud. No recordaba la última vez que había visto semejante mirada de determinación.

—Cállate— le ordenó, tajante, y por una vez en su vida Chichí no se atrevió a llevarle la contraria, ni a gritarle, y mucho menos a golpearle. Goku anduvo hacia delante, arrastrando la escayola como si esta no le provocara ninguna clase de dolor. Ella retrocedió hasta que su trasero, que había recuperado su firmeza y volvía a estar duro gracias a sus entrenamientos de juventud, dio contra la mesa de la cocina. Entonces Goku la agarró por la barbilla, la atrajo hacia sí rodeándole la cintura y, con una voz autoritaria que ella nunca había oído en él, habló. —Cállate y hazme padre otra vez.

No supo cómo, pero en cuestión de segundos se vio a sí misma tumbada sobre la mesa y con un animal que era todo celo y puro músculo encima de ella.

Mentiría si dijera que no pensaba disfrutarlo.


—¡Oh, por Kami!— en la Corporación Cápsula, el grito de Bulma cuando entró al cuarto de baño aquella mañana no tardó en llegar y en recorrer los sensibles tímpanos de su familia. Trunks estaba cruzando la entrada de la puerta con su traje de chaqueta para ir a trabajar cuando oyó a su madre gritar y, sin más, salió corriendo al interior de la casa para socorrerla.

Sin embargo, su padre fue más rápido. Vegeta atravesó el jardín a una velocidad de vértigo y salió escaleras arriba interponiéndose en el camino de su hijo. A ambos les bastó un segundo para adentrarse en la habitación donde la pareja dormía y todavía menos en abrir la puerta del cuarto de baño bien dispuestos a iniciar un ataque preventivo contra cualquiera que osara interponerse en su camino. No hizo falta.

Bulma los miró con la boca abierta y con su cepillo de dientes todavía en el interior de su boca. Iba vestida con poco más que un conjunto de bragas y sujetador que, por algún motivo, le apretaban más de lo normal. Frente a la atenta y patidifusa mirada de su familia, Bulma se llevó una mano a los senos y los apretó sin creerse que volvieran a estar firmes y duros. Se acarició el pelo largo hasta los hombros, la cara tersa y suave y se miró los muslos sin un gramo de celulitis. Luego, se tocó el culo con la boca abierta y los miró con los ojos brillantes por la emoción.

—Vuelvo a ser joven— dijo, sacándose el cepillo de dientes de la boca. Un poco de pasta de dientes se deslizó por la comisura de sus labios y se derramó sobre sus grandes pechos, emulando algo más aparte de pasta.

Trunks hizo un gran esfuerzo por cerrar la boca al analizar la figura de esa mujer que, sin duda, era más joven que él, y que, además, entraba dentro del perfil de mujeres con las que se acostaría sin dudar. Sería mejor evitar esa posibilidad, porque desde luego el incesto no estaba dentro de sus capacidades morales.

—Yo… me voy a trabajar— fue lo único que pudo decir.

—Joder…— oyó murmurar a su padre, que nunca había visto tan joven a su mujer. La había conocido con casi treinta años, y ya entonces la consideraba una hembra caliente. Con veinte años… —Sí, lárgate— fue lo único que le dijo a su hijo. Trunks obedeció y dio media vuelta sin rechistar.

—Papá…— musitó, pero su padre le dirigió una mirada letal que lo hizo retroceder.

—¡Lárgate de una jodida vez!— y Trunks así lo hizo, sudando a chorros y esperando no oír nada indecente cuando su padre se encerró en el cuarto de baño con su madre.

Por desgracia, llegó a la puerta cuando los gemidos de la dulce y rejuvenecida voz de Bulma ya taladraban sus oídos.


—Pero… ¿qué has hecho?— gritó Pan, furiosa. Antes de que se diera la vuelta para encarar a Bra, Broly ya había iniciado el vuelo y las observaba desde el cielo, lo suficientemente cerca como para escucharlas pero cuidándose de que lo detectaran desde el aire. Apretaba los dientes con fuerza mientras intentaba adivinar qué demonios había pasado. Bra podría haberlo matado, pero no lo había hecho. Ya era la segunda vez que lo dejaba vivir, y a esas alturas dudaba que fuera por sus ganas de entrenamiento.

—Mi madre y tu abuela pensaban pedirles al dragón que las devolviera a su juventud, ¿no? Pues eso es lo que he hecho, cumplir con su deseo, nada más— habló Bra con los brazos cruzados y una sonrisa satisfecha, como si su lógica fuera totalmente obvia.

—Pero… ¿y Broly qué?— dijo Pan— ¿Te has vuelto loca? ¡Acabas de perder la maldita oportunidad de devolverlo al infierno! Ahora todos estamos en peligro.

—Ya te dije que yo misma me encargaría de que él no hiciera nada malo.

—Si tú no le pones fin, me encargaré de que mi abuelo lo haga.

Broly, desde las alturas, frunció el ceño y gruñó. Deseó matar a esa mocosa insolente por subestimarle y por poner a Bra en aprietos, pero la princesa de los saiyajins se volvió y la miró seriamente, con ojos asesinos. Pan nunca le había visto una expresión tan dura. Si hubiera llegado a ver a Vegeta cuando Babidi lo poseyó años atrás, se habría dado cuenta de que en ese momento Bra tenía exactamente esa misma mirada.

—No voy a permitir que nadie le ponga la mano encima, Pan. Voy a protegerlo aunque sea de mi propia familia y tú no harás nada para evitarlo— desde el cielo, Broly se estremeció. Su cola se sacudió antes de quedar mansa y sumisa tras él ante semejantes palabras. Era la primera vez que alguien lo defendía en lugar de intentar hacerlo desaparecer. —Broly es mío y ninguno va a tocarlo.

—¿Por qué? No lo entiendo, Bra. ¿Por qué te empeñas en proteger a un asesino como él?— preguntó la pequeña de los Son, negando con la cabeza con incredulidad. —¿Por qué?— repitió.

—Porque se merece una oportunidad— los ojos de Broly se agrandaron y todo su enorme cuerpo padeció un fuerte escalofrío. ¿Por qué? Se preguntaba. ¿Porque merecía una oportunidad? ¿A quién le importaba que la mereciera? Hasta el momento, a nadie le habían importado sus necesidades. ¿Por qué precisamente a la nieta del hombre que lo había condenado sí le importaba? Broly estaba cada vez más confuso.

—Ya, claro, una oportunidad. Y el hecho de que te guste no tiene nada que ver, ¿verdad?

Broly se preguntó qué demonios significaba eso de —gustar—. A él le gustaban distintos tipos de comida, no distintos tipos de personas. Esa expresión no tenía ningún sentido para él… a no ser que estuviesen hablando de procreación. Alzó una ceja al cielo. ¿Era eso? ¿Bra no lo mataba porque quería procrear con él? ¡Seguía sin tener un mínimo de sentido! Esperó la respuesta de ella, que se limitó a sonreír.

—Si hace algo malo cargaré con todas las culpas. Yo me hago plenamente responsable de él.

Broly no aguantó más esa conversación ininteligible. Harto e irritado por el simple hecho de no entender nada, alzó otra vez el vuelo y se dirigió hacia su lugar predilecto. Su mente estaba hecha un verdadero lío, y temía que de un momento a otro perdiera la cordura… otra vez. Antes de desaparecer, miró una última vez a las dos chicas y se juró a sí mismo que si esa tal Pan le causaba problemas su alumna, la destriparía.

Pan apretó los puños y le giró la cabeza a su amiga. De verdad temía que sucediera lo peor, y si ocurría, no quería ser responsable de ello. Pero por algún motivo, tal vez por su determinación o, quizás, porque era la princesa de su raza, se sintió obligada a ceder.

—Si hace daño a alguien más, Bra, si hace…

—No lo hará— le aseguró ella. —Aunque no lo parezca, sé que Broly no tiene auténtica maldad— Pan deseó con todas sus fuerzas que eso fuera cierto, porque podía ver brillar los ojos de su amiga y no auguraban nada bueno.

—Prométeme una cosa, Bra— dijo Pan, auténticamente preocupada por lo que veía en su amiga. —Prométeme que no te enamorarás de él, porque sería una locura— Bra abrió la boca para replicar por semejante tontería, pero al ver que la broma no ocupaba lugar en la cara de Pan, asintió lentamente.

—Lo prometo.


—Llegas tarde— eso fue lo primero que le dijo Broly nada más aterrizar en el llano del bosque. Como siempre, él estaba sentado de cara al lago y ni siquiera le hizo falta mirarla para saber que estaba detrás de él. Bra tenía la impresión de que aquel lugar, en plena naturaleza y con el agua tan calma, provocaba un efecto muy positivo en el guerrero legendario. Lo tranquilizaba y lo convertía en un animal manso. Sin embargo, ese día estaba más sumiso de lo normal.

—¿Ya se te ha pasado el enfado?— preguntó ella tumbándose a su lado.

—Por ahora sí— respondió él con un deje de irritación.

—Pues yo sigo enfadada, así que no me toques las narices, mono estúpido— fue su única respuesta.

Para su sorpresa, Broly no le devolvió el insulto. En su lugar olisqueó el aire y clavó la mirada en la mochila de Bra. Esta, presintiendo que se enfadaría por aparecer tan tarde en la mañana, había comprado comida para amansarlo. Le dio la mochila para que disfrutara del banquete y él sacó la comida con gesto hambriento. Mordió una bola de carne sin pararse a olerla siquiera. Entonces, mientras comía la miró allí tumbada, tan relajada, observando el cielo del mismo color de sus ojos.

Broly se sintió más tranquilo que nunca y su irritación desapareció. Jugueteó con la bola de carne entre sus dedos antes de tendérsela a ella, que la observó como si fuera un paquete bomba.

—¿Quieres?— preguntó él.

—¿Yo? ¿Tu comida?— Broly asintió despacio y Bra, sorprendida por el gesto, llevó las manos hasta ella. Los dedos ásperos de él quedaron envueltos en los suaves de ella, y Broly acabó retirándolos como si el tacto le quemara. —Es raro verte compartir. Hasta ahora solo me dabas la comida para comprobar si estaba envenenada o no.

—Yo… ehm…— Bra apretó la comida entre sus manos, deformándola, manchándose incluso. Broly parecía atorado y los ojos le brillaban intensamente mientras buscaba las palabras acertadas. La chica se estremeció de la cabeza a los pies. —Yo me… me fío de ti— admitió él por fin sin mirarla a la cara por la vergüenza.

Bra se llevó la bola de carne a los labios y le giró la cabeza de igual manera. Ninguno de los dos se atrevió a cruzar miradas, muy conscientes de que algo estaba cambiando entre ellos.

Algo había cambiado ya, y no había marcha atrás.


Día 88.

He decidido no utilizar las bolas de dragón en contra del Sujeto B, lo que quiere decir que ahora estoy sola. Pan no dirá nada a no ser que el sujeto B le dé motivos para hacerlo, pero yo no pienso dejar que eso suceda. Estoy pensando en preparar un viaje para los dos, algo que le haga ver que el mundo que quiere destruir es agradable. Algo que le haga desear no destruirlo y querer protegerlo. Hoy, mientras comía a su lado, mientras hacíamos lo posible por no mirarnos a los ojos, mientras nos manteníamos calmados y pacíficos el uno al lado del otro, se me ha ocurrido algo. El sujeto B podría quedarse. Mi padre vino a este planeta para destruir el mundo, pero no lo hizo y acabó viviendo aquí, con nosotros. No sé cómo sería antes, pero creo que es feliz. Tengo entendido que Picolo, el maestro de Gohan, también fue nuestro enemigo una vez, y también A-18, la madre de Marron. ¿Por qué entonces ahora viven aquí tranquilamente, con una familia, con gente que les quiere? Creo que este planeta tiene algo, algo que nos hace desear protegerlo y vivir pacíficamente en él. Si consiguiera que el sujeto B sintiera ese algo, estoy segura de que podría quedarse con nosotros como uno más de los Guerreros Z. Pero no será fácil. Tendré que prepararlo para ello.

Hoy he descubierto algo, o al menos lo he asimilado después de hablar con mamá. Si ella pudo con ello, yo también, y es el primer paso que tengo que dar antes de decidir mi próximo movimiento.

Me gusta el sujeto B. Por primera vez en mi vida me gusta un hombre como mujer que soy, y pienso protegerle aunque sea a costa de mi vida. Quiero que el sujeto B desee proteger nuestro planeta no solo por él mismo, si no porque quiero que esté más tiempo conmigo.

Es absurdo, porque es alguien infantil, caprichoso, orgulloso, egoísta, bruto, sin delicadeza ni pudor alguno, un completo insensible, pero aun así el corazón me late deprisa y no puedo sacármelo de la cabeza con facilidad, aunque solo sea por resaltar sus defectos. He decidido que nadie le pondrá la mano encima mientras yo pueda evitarlo. El sujeto B es mío, y todavía quiero disfrutar de él un poco más antes de que tome una decisión que no me quedará más remedio que aceptar, sea cual sea. Voy a darle una oportunidad, pero es decisión suya aprovecharla o no. Cambio y corto.


Vegeta se asomó al gran balcón de la habitación que compartía con Bulma aquella noche y se sentó sobre la balaustrada que impedía las caídas desafortunadas. Aquella noche, la Corporación Cápsula estaba sumida en un intenso silencio después de las tres de la mañana. Miró a su mujer, cuya respiración hacía que su pecho, ahora firme después de ser la receptora de semejante deseo rejuvenecedor, subiera y bajara pausadamente. Sus brazos seguían estirados hacia su lado de la cama, donde habían estado rodeando su cuello hasta hacía escasos segundos.

Si Vegeta se concentraba lo suficiente, podía oír los leves ronquidos de su hijo en la otra punta de la casa, los maullidos del gato e incluso el sonido de las plantas al ser sacudidas por el aire en varios kilómetros a la redonda. Sin embargo, se concentró solo en una cosa.

Su hija, Bra.

Dormía plácidamente en su cama. Casi podía ver su habitación desde allí, pero a Vegeta no le hizo falta inclinarse para saber que estaba sana y salvo… De momento.

El príncipe de los saiyajins detectó algo más aparte de la vida que irradiaba la Corporación Cápsula. Sus agudos ojos descendieron a los alrededores de la mansión y un susurro, sereno y sin compasión, salió de su boca.

—Largo de aquí— Se escuchó un rugido antinatural, algunos aullidos y un grito ofuscado antes de que la maleza que rodeaba el jardín se sacudiera, dejando escapar con ese movimiento a los intrusos. Vegeta se alzó sobre la balaustrada con los brazos cruzados. Su mirada solo profetizaba una cosa: muerte.

Tras echar un último vistazo a su familia para asegurarse de que estaba bien y a salvo, Vegeta saltó del balcón y se adentró en las tinieblas de la noche.

Era la hora de la caza.