CAPÍTULO REEDITADO


Capítulo 9

Braummuro


Día 124.

Antes de salir del coche, se aseguró de que su aspecto fuera el adecuado. Iba a entrar en la central de la corporación que se mantenía en el puesto número uno en los rankings de innovación tecnológica desde hacía décadas. Todo lo nuevo era inventado, promocionado y respaldado por esa inmensa empresa que ocupaba casi todos los sectores de la ciencia y la biología. No solo eso. En su empeño por conseguir trabajo allí, había estudiado todo sobre ella, y sabía que desde que el anterior vicepresidente se jubiló y Trunks ascendió al poder, preparándose desde hacía años para el trono que su madre guardaba para él, se habían gestionado generosas sumas de dinero para grandes causas y estudios. El hambre, las guerras, las pandemias… allí por donde pasaba el nombre de la Corporación Cápsula y el apellido Brief, todos esos males desaparecían poco a poco.

Tragó saliva antes de salir del coche y decidirse a entrar. El rascacielos tenía trescientos veinte pisos, y aunque podría haber ascendido volando, decidió hacer las cosas bien. Era su oportunidad. Estaba tratando con auténticos profesionales y no podía permitirse el lujo de subestimarlos por ser una vieja amiga de la familia.

—Cálmate, Marron. Por lo menos puedes estar segura de que Bulma no será demasiado dura contigo.— Se dijo a sí misma la joven rubia, alisándose la falda oscura con las manos y respirando hondo. —Pero ¿y si es Trunks el que me entrevista?— Marron se llevó las manos a la cabeza y la agitó con nerviosismo. —Pero no puedo seguir sirviendo copas en ese maldito bar. Si sigo golpeando a los clientes cada vez que intentan propasarse, me acabarán denunciando Además, no soporto que Trunks me vigile. ¿Por qué tiene que venir siempre a mi turno de guardia? Es un maldito idiota.

—Así que es un maldito idiota…— comentó alguien a su lado. Marron, que desde que vivía sola en la capital se había acostumbrado a hablar sola, asintió con la cabeza.

—Solo sabe burlarse de mí. Cogió esa costumbre cuando éramos pequeños y no ha parado—

—Bueno, se dice que los chicos se burlan de las chicas porque no saben cómo decirles que les gustan— dijo la suave y femenina voz a su lado. Marron negó con la cabeza fuertemente.

—¡Qué va, qué va! Es imposible que yo le guste a…— entonces se dio cuenta de que, por primera vez desde que hablaba sola, alguien le estaba contestando. Marron se volvió y la sonrisa amplia y pícara de Bulma la hizo dar un chillido por la vergüenza. —¡Bulma!— la llamó con la cara completamente ruborizada. Ella se inclinó hacia delante con gesto tierno y divertido. A su lado, los altos y fuertes guardaespaldas no le quitaban los ojos de encima. —¡Lo siento mucho, no quería hablar así de tu hijo, es que… es que…!

—Tranquila, sé que Trunks puede ser un poco pesado, pero ten paciencia. Es un buen chico— Marron se inclinó repetidas veces para pedir perdón, a pesar de que la mujer no parecía tomárselo a mal. En una de esas ocasiones, sus ojos dieron con las voluminosas curvas del cuerpo de la presidenta de la corporación. La última vez que se habían visto no recordaba que tuviera tantas.

Cuando Marron la miró a la cara, su mandíbula se desencajó. ¿Era Bulma o era Bra? Porque la mujer que tenía delante parecía haber rejuvenecido cuarenta años de golpe, como si tuviera veinte en lugar de sesenta. El parecido que guardaba con su hija era abrumador, salvo por el ceño relajado. Bra solía tener el ceño levemente fruncido, con un perpetuo gesto arrogante que la asemejaba horrores con su padre.

—Bueno, vamos dentro— le sonrió ella, moviendo sus caderas conforme avanzaba hacia el interior de su propio rascacielos. Varios flashes de cámaras la iluminaron mientras caminaba, siempre perseguida por los paparazzi. Marron la observó impresionada por semejante cambio radical. —Tu padre me llamó ayer por teléfono y me dijo que querías un trabajo serio, así que veré lo que puedes hacer.

—Ah, sí— dijo ella, siguiéndola de inmediato.

—Pero antes...— Bulma se dio la vuelta y permitió que los numerosos paparazzis y periodistas que siempre la seguían allá adónde fueran le hicieran numerosas fotos a su joven figura. Se acicaló el pelo delante de ellos, coqueta, y luego les sonrió ampliamente. —Cubrid esta noticia: la presidenta de la Corporación Cápsula va a casarse con el padre de sus hijos próximamente— y dicho y hecho, siendo fulminada por miles de fotos y con el grito de los periodistas de fondo haciéndole cientos de preguntas sobre esa primicia, Bulma guiñó un ojo y se adentró en el edificio.

Marron la observó con los ojos brillantes y la siguió hasta el interior. Fuera, los primeros copos de nieve del invierno empezaron a caer.


Broly estiró el cuello hacia atrás y su espalda se arqueó. El sonido de sus huesos crujiendo y el leve gemido que escapó de su boca al hacerlo atravesaron los tímpanos de Bra, que sonrió llena de satisfacción.

—¿Te gusta?— la cola de Broly se agitó y su pecho húmedo se llenó de aire.

—Sí— soltó con la voz inusitadamente ronca.

—La cena ya está lista. ¿Quieres que pare?— los ojos de él se clavaron en ella, afilados y con una clara negativa remarcada por su ceño fruncido. Su cola se enredó en una de sus muñecas y la obligó a descender para que ni siquiera se le ocurriera detener el vaivén de sus manos. —Así que quieres que siga…— Broly sonrió como un niño pequeño emocionado con su nuevo juguete y permitió que las manos de Bra exploraran terrenos inusitados, partes de su cuerpo que nadie más había acariciado. El tacto de ella era suave, para nada áspero comparado con propias manos, así que se permitió disfrutar de que le acariciara el cuello, se lo rodeara en un abrazo y descendiera con sus manos hacia abajo, pasando por su clavícula para apretar sus marcados y desnudos pectorales.

Broly sintió la barbilla de ella apoyándose sobre su hombro desnudo. Su pelo, de un azul tan raro, lo suficientemente largo como para que le acariciara la piel, olía bien. Cuando Bra le sopló al oído provocándole un escalofrío, su cola se agitó como la de un perro emocionado por las caricias de su amo.

—Tienes los músculos muy agarrotados. Se nota que nunca te han dado un masaje— Broly se estiró aun más. La mitad de su cuerpo desnudo se hundió en el lago que, a esas alturas del invierno, estaba casi totalmente helado. Sin embargo, él no parecía notarlo.

Bra se había quedado patidifusa cuando lo vio reventando el hielo por su peso y su calor, hundiéndose en él y provocando que las temperaturas subieran hasta formar unas pequeñas aguas termales a su alrededor. El hielo se derretía allí hacia donde nadaba, pero Broly acabó acurrucándose en la orilla para recibir el masaje de Bra. El vapor emergió del lago y el pelo de la joven se pegó a su frente. Tuvo que desprenderse de varias capas de ropa para seguir masajeando los duros músculos del guerrero.

—Tu cuerpo está muy caliente— puntualizó ella en un susurro contra su oído. Sus labios estaban muy cerca de su lóbulo en una insinuación clara, pero Broly no pareció darse por aludido.

—Supongo que después de haber sido estrellado contra el sol y morir abrasado, es normal que esté caliente.

—Y tanto. Me arden las manos— era verdad. Las palmas con las que le acariciaba ardían, pero el contacto no era desagradable, y menos con ese frío tan intenso. Quiso descender más abajo, llegar a límites de ese cuerpo que tantas veces había visto desnudo, olvidándose de la posible reacción violenta por una vez.

Habían pasado semanas desde que él había abierto sus fronteras. Desde que se conocían él siempre había actuado con reserva, guardándose, taciturno aunque agresivo. Las primeras semanas se había limitado a atacarla o a gruñirle como un animal. Por esas reacciones le resultaba difícil saber qué se le pasaba por la cabeza, pero ahora era distinto. El día que había invocado a Shenlong por segunda vez, algo cambió entre ellos.

Ahora Broly se mostraba tranquilo e incluso curioso. A veces le preguntaba cosas sobre lo que le rodeaba, como el granizo o los huracanes. Por lo visto, en los planetas que había estado las catástrofes naturales eran muy diferentes de las del planeta Tierra, y aparte de la lluvia desconocía lo demás. También le había preguntado sobre los reality shows de la televisión, cosa que no le agradaba en absoluto porque no entendía su sentido ni el interés que pudiera provocar. Aparte de los dibujos animados le gustaban los documentales de todas clases. Bra sabía que no entendía muchas cosas, pero él no cejaba en su empeño.

Ella tenía la corazonada de que, poco a poco, se interesaba por ese planeta y le cogía cariño. Eso, o estaba investigando a su enemigo.

Lo más importante era que le dejaba tocarle sin tensarse por ello, aunque seguía sin saber cómo reaccionar ante alguna clase de acercamiento que no tuviera que ver con los golpes. Ella quería enseñarle que había algo más que dolor en la raza de los saiyajins, y le había mostrado lo que eran los masajes. Le gustaba mucho que lo masajeara y que lo acariciara, aunque Bra nunca iba más allá de la espalda. No sabía cómo reaccionaría ante algo más porque ella dudaba que alguien le hubiera tocado de esa manera en su vida. Estaba segura de que los seres que había conocido hasta ahora habían estado demasiado ocupados huyendo de él como para detenerse para calmarlo con una caricia.

Era la primera vez que Bra se aventuraba más allá y le acariciaba el pecho. Sus músculos eran duros como el metal y no parecían estar hechos de piel y carne. No se imaginaba nada que pudiera atravesarlos ni causarle dolor. Cuando los golpeaba, sus nudillos sufrían y Broly no parecía sentir dolor alguno, pero cuando ella apretó uno de sus pectorales y lo acogió entre sus dedos, él dejó escapar un jadeo. Lo sentía. Le gustaba.

Bra dejó escapar un suspiro. Una corriente de excitación hizo que se le erizara el vello de los brazos. Hundió la nariz entre su pelo oscuro y lo olió: bosque, agua y hombre. Sobre todo hombre. Apretó los labios y se tragó un gemido. Juntó fuertemente sus piernas e intentó controlar la humedad que empezaba a sentir entre ellas, pero fue en vano. Por suerte, el sujetador impedía que él notara sus pezones duros contra su espalda.

Bra descendió las manos todavía más hasta que tropezó con el collar dorado que siempre llevaba colgado del cuello, ese que parecía tan pesado. Acercó los labios a su oreja y acarició el aro que la perforaba con la lengua. Una sensación ardiente y dolorosa le hizo dar un salto, apartándose de inmediato, alejándose de él. Broly se encogió un poco y soltó un gruñido de dolor. Se tocó el collar con una mano y luego se acarició los aros de las orejas, intentando mitigar la horrible sensación que habían compartido.

—¿Qué demonios…?— murmuró ella. Broly se giró sin salir del agua, sacudiendo la cabeza y hundiéndose todavía más.

—No toques eso. Es peligroso.

—¿Eso? ¿El qué es eso?

—Las joyas inhibidoras.— Él señaló los aros, los brazaletes que siempre llevaba colocados en las muñecas y el pesado collar que colgaba de su cuello. —Te darán un buen calambre si intentas quitármelas, y no lo conseguirías aunque quisieras— al ver su cara de consternación Broly se sintió superior. Por primera vez desde que había llegado allí, sabía algo que Bra no entendía. —Están hechas de un metal que ralentiza e impide el paso del ki a través del cuerpo. Es bastante molesto para las razas cuyo poder se basa en el control del ki, como la nuestra. Si las tocas, te harán daño.

—¿Un metal que ralentiza el ki? Es decir… ¿es letal para los saiyajins?

—No letal, pero nos hace daño e impide que desarrollemos nuestro poder y parte de nuestra razón. La diadema con la que mi padre me controló durante años estaba hecha de ese metal.

Bra observó los brazaletes de Broly. Era la primera vez que oía hablar de algo así, de una especie de punto débil que podía usarse en contra de los saiyajins. La sensación que la había recorrido con solo tocarlo había sido terriblemente dolorosa, como si le hubiera dado una fuerte descarga eléctrica, y eso que ella solo era una híbrida de saiyajin. Para los saiyajins de pura sangre debía de ser mucho peor.

Se inclinó sobre Broly para mirarlo fijamente a los ojos, muy seria.

—¿Y cómo es que tú llevas puesto eso? ¿No debería dolerte?

—Después de tanto tiempo con ello puesto, casi no noto la diferencia. Ya ni siquiera recuerdo qué se siente sin el braummuro pegado al cuerpo.

—¿Braummuro?

—El metal del que están hechas se llama braummuro.

—¿Y no te duele?— Broly se encogió de hombros. Cruzó los brazos sobre la hierba que rodeaba la orilla del lago y apoyó la barbilla sobre ellos.

—Estoy acostumbrado al dolor— A juzgar por la cicatriz que le recorría la espalda, Bra podía apostar por ello.

—¿Y por qué no te las quitas?

—Si pudiera ya lo habría hecho, pero no es tan fácil. Me llevó años liberarme de la diadema inhibidora, pero esto solo podría quitármelo otro súper saiyajin con un ki que pudiera contrarrestar el mío.— Broly dejó ver una sonrisa resignada. —Esos cabrones sabían bien lo que hacían cuando me colocaron el braummuro.

—¿Esos cabrones? ¿No fue tu padre?

Broly la miró con ojos penetrantes y tétricos. Durante unos segundos guardó silencio, como si con ello consiguiera mentalizarse y hacerle llegar el hilo de sus pensamientos para que su boca no tuviera que hacer referencia a ese fatídico hecho. Bra vio en sus ojos la oscuridad que no veía desde hacía tiempo, el odio y el dolor que estaban ligados a esos recuerdos.

—No. Él solo me colocó la diadema. Lo demás…— lo dejó en el aire. No dijo nada más y Bra supo entonces que no estaba preparado para decírselo. No podía forzarle. Si de algo estaba segura, era de que presionarle solo le haría sentirse incómodo e irritado. Debía tener paciencia.

—Un momento. Si el braummuro actúa como un bloqueo de tu ki, eso quiere decir que bloquea también tu poder.

—Sí— sonrió él, recuperando la malicia en su mirada. —Si no fuera por el braummuro, mi poder superaría con creces al de Goku y no tendría problemas para matarlos a todos. En otras palabras, hasta ahora solo habéis presenciado la mitad de mi poder.

Bra palideció, blanca como la leche. Si Broly conseguía quitarse el braummuro alguna vez, no habría nada ni nadie que pudiera detenerle. Un escalofrío le recorrió la espalda y él lo notó. Su sonrisa se desvaneció para volver con una mueca que casi podría considerarse tierna. No recordaba la última vez que Bra había temblado en su presencia. Era una hembra muy valiente.

Broly apoyó las manos sobre la hierba y se alzó para salir del agua, pero antes, con los músculos marcados y sudados por el vapor, se inclinó sobre ella hasta que su frente se apoyó sobre la suya. Bra se ruborizó. Estaba tan cerca de ella que podía sentir su aliento chocando contra sus labios.

—Tranquila. Aunque consiguiera quitarme el braummuro, a ti no te mataría. Si lo hiciera, todo este entrenamiento no habría tenido sentido— Bra se derritió por esas palabras formadas por una voz tan ronca. Intentó mantenerse fría y altanera, porque se sentía vulnerable cuando hasta ahora Broly la había hecho sentir poderosa. No podía permitirse el lujo de ceder. Su orgullo era demasiado grande para eso, así que empujó su frente contra la de él para mostrarle que no le tenía miedo. —De hecho, el día que destruya este planeta dejaré que escapes.

—¿Ah, sí? Qué considerado. Dejarás que huya mientras tú matas a mi familia— respondió ella con sarcasmo. —Pues puedes quedarte con las ganas, porque yo me quedaré aquí y lucharé en el bando de mi padre si hace falta.

Broly dejó escapar un sonido extraño, algo parecido a un ronroneo antes de sonreír, orgulloso por esa respuesta. Con Bra no podía ser de otra manera.

—No podré disfrutar de los gritos de tu familia tanto como quisiera si tú estás delante.

—En ese caso, tendrás que hacerme gritar a mí también.

Él se inclinó aun más, presionando su frente hacia delante, haciendo que ella se tambaleara. Su cola emergió del interior del agua, mojada y tiesa por la emoción que le estaba suponiendo tener una respuesta tan agresiva.

—No querrías que te hiciera gritar— susurró, y el contacto entre ambos se volvió más íntimo. Bra empujó su frente lo suficiente como para que Broly cediera unos centímetros.

—Aunque quisiera, tú no podrías hacerlo.

—¿Me estás retando?

—Quizás…

Entonces Broly la empujó con fuerza usando solo la frente y Bra cayó hacia atrás, tumbada sobre la hierba. Deseó que él se posicionara sobre ella, desnudo como estaba, y calmara esa humedad que le recorría los muslos, pero él no lo hizo. Salió del agua y pasó por su lado, sin decir nada. Ella desvió la mirada para evitar cruzarse con ese trozo de carne con el que, algunas veces, había soñado, y de manera no muy inocente.

—No me tientes, niña testaruda— dijo él, y al pasar por su lado su cola le apartó el pelo azul de la cara y le acarició la mejilla. Ella la rozó con sus labios y Broly la apartó de una sacudida.

Anduvo hasta la entrada de la casa cápsula, donde había dejado su ropa después del entrenamiento diario, y empezó a vestirse con rapidez. Los labios de Bra sobre su cola le habían provocado pinchazos en la entrepierna. Se reprochó a sí mismo dejar la cola a su alcance, pues no solo era su punto débil, sino también uno de los puntos más sensibles de los saiyajins.

—Cambiando de tema— dijo ella a sus espaldas. —Mañana no vendré al entrenamiento.

La cara de Broly se desencajó. Sin terminar de vestirse, se volvió hacia ella y la encaró.

—¿Qué?

—Mañana iré a una fiesta universitaria que llevo preparando meses, así que no vendré a entrenar. Probablemente tampoco venga al día siguiente porque estaré demasiado cansada después de bailar toda la noche, así que…

—¿Cómo que…?— la cabeza de Broly se hizo un lío. Fiesta universitaria, baile… había oído hablar de eso en la televisión, y según las películas, todo eso solo desembocaba en una cosa para las chicas. —¿Vas a procrear con un humano?

—¡Claro que no!— chilló ella, indignada. —¿Por quién me tomas?

—No intentes engañarme. Lo he visto en esas películas que echan por la tele. Los bailes son rituales humanos que se hacen para incitar a la procreación y hacer que las humanas tengan cachorros.

—¿Qué clase de películas ves tú? Además, estás desvariando. Solo voy a bailar, no a procrear con nadie y mucho menos a tener… cachorros— dijo ella, utilizando las comillas al usar la palabra cachorros para referirse a bebés humanos. En cualquier otro momento ese vocabulario le hubiera hecho gracia, pero en esos instantes Broly le recordaba a su padre y a su escandalizadora mente retrógrada.

—No vas a ir a bailar con humanos— le ordenó él, muy serio. —Puede que seas medio humana, pero eres la hija de Vegeta, de un príncipe, ¡y tienes que procrear con alguien de tu nivel, Bra!

Ella se cruzó de brazos. Una vena palpitó peligrosamente en su frente. No soportaba que nadie, ni siquiera su padre, le diera órdenes.

—¿Alguien como tú?— soltó con marcada ironía.

Broly se quedó callado, pensativo.

—No me gustan los cachorros, pero sí, alguien como yo sería digno de una princesa. Al fin y al cabo, soy el guerrero legendario.

—¡Pues ni sueñes con que vaya a tener sexo contigo!— gritó ella.

—¡Y a ti ni se te ocurra pensar que vas a ir a una fiesta! Mañana te quiero aquí, como siempre. No puedes descuidar tu entrenamiento por ese estúpido ritual de procreación humano. Ni siquiera eres huma…— Broly alzó la mirada al cielo, hacia adonde Bra se elevaba sin dirigirle la más mínima palabra. —¡No me ignores, maldita medio-humana!

—¡Yo soy la princesa de los saiyajins y no pienso permitir que un vulgar desterrado como tú me dé ordenes!

—¿Vulgar, yo? ¡No tienes ni idea de con quién estás hablando, niña estupi…!— pero entonces Broly calló, porque algo helado y blanco descendió del cielo y aterrizó sobre su nariz. Bra descubrió los pequeños copos de nieve que caían lentamente. —¿Qué… qué es esto?

—¡Está nevando!— exclamó ella, alegre. Al parecer tendrían unas navidades blancas ese año.

—¿Qué es nevando?— Broly se encogió sobre sí mismo, nervioso. Intentó esquivar los copos de nieve sin resultado, pues cada vez que le caía uno encima, rompía a temblar. Hacía mucho frío, y al ver su forma blanca y redondeada solo pudo pensar en una cosa. —¡Las nubes se están cayendo!— exclamó con la cola entre las piernas.

—Sí, Broly, se están cayendo, así que será mejor que te metas en casa si no quieres que te aplasten y te congelen— se burló ella. Pero a él no le hizo la más mínima gracia. Podía enfrentarse al hombre más fuerte del universo sin problemas, pero si había algo que lo acongojaba eran las cosas que no conocía, como las catástrofes naturales.

Broly vio a su alumna alejándose de él. Dio un grito para que volviera pero ella no lo hizo. Cada vez había más nieve. Después de unos segundos de incertidumbre y maldiciones intentando esquivar los copos de nieve, Broly decidió adentrarse en la casa cápsula. Se abrazó a la almohada, se metió debajo de las sábanas y esperó pacientemente a que dejaran de caer nubes del cielo mientras las observaba por la ventana con ojos cargados de desconfianza.

Definitivamente no le gustaba la nieve.


Trunks alzó la ceja por última vez antes de pedir por favor que Tranberry saliera de su despacho. Estuvo tentado de omitir el por favor para pasar a decir un sal de mi jodido despacho ahora y no vuelvas, estúpida cazafortunas con pechos de silicona, pero se contuvo por educación, aunque su paciencia estaba llegando al límite. Si otra mujer entraba en su despacho con un escote tan pronunciado, juraba que se tiraba por la ventana.

Estaba harto de que esas mujeres vinieran a intentar cazarle en lugar de a trabajar. Ese era el motivo por el que sus secretarias acabaran huyendo cuando él las rechazaba abiertamente. No podía decir que no le interesaran, pero Trunks nunca mezclaba el trabajo con el placer. Goten podía asegurar que, cuando trabajaba, era alguien completamente distinto; serio, rígido e incluso despiadado. En la corporación no había lugar para bromas ni para coqueteos, y exactamente eso era lo que buscaba en su próxima secretaria.

Trunks pulsó el interfono cuando la llamada de Goten apareció en él.

—¿Ya has elegido secretaria o puedo quedarme con la siguiente?— oyó la voz de su amigo al otro lado.

—Así nunca sentarás cabeza, Goten— le recriminó él.

—¿Qué te apuestas? Ahora mismo estoy viendo a una mujer con unas curvas de escándalo, y tiene el mismo color de pelo que tu hermana. Se parece bastante a ella, de hecho, pero Bra no tiene tantas te…

—¡Esa es mi madre, pedazo de idiota!— gritó Trunks. Pudo ver a Bulma paseándose por los pasillos de la corporación acompañada por sus guardaespaldas cuando pasó frente a la puerta de su despacho, que tenía una pequeña vidriera a través de la que veía el exterior.

—¿Tu madre? ¡Pero si tendrá veinte años!

—Hace semanas que tu sobrina invocó a Shenlong y deseó que mi madre recuperara la juventud, ¿es que no te lo ha dicho? Se supone que deseó lo mismo para Chichí.

—¿Mi madre ahora tiene veinte años? Vaya… debería pasarme más por casa. Ahora que lo recuerdo, creo que Gohan me comentó algo hace unos días.

—¿Cómo puedes ser tan despistado, Goten?

—Hablando de eso, la que la acompaña es Marron, ¿no?

Trunks alzó la cabeza y volvió a mirar a través del cristal de la puerta. Entonces la vio. Reconocería esa cara angelical en cualquier parte, esos ojos azules, ese pelo que ahora llevaba recogido en una trenza en lugar de en sus habituales dos coletas. Era ella, y sintió que su corazón se aceleraba de golpe, entorpeciéndolo de manera bochornosa. Puso especial interés en saber qué hacía allí, y gracias a sus genes logró oír lo que se decía al otro lado de la puerta.

—Quédate aquí. Trunks te entrevistará. Estoy segura de que no tendrás problemas para pasar la entrevista con éxito— oyó decir a su madre, y también oyó a Marron darle las gracias con esa vocecita tan dulce.

Trunks se llevó las manos a la cara, tapándosela con un ligero temblor. En menudo problema estaba. Sería incapaz de negarse a contratarla por muy incompetente que fuera, pero si le daba el trabajo él mismo bajaría su nivel por los nervios que le causaba. Marron lo ponía tan nervioso, que cuando la tenía de frente solo era capaz de molestarla para que no notara sus propios nervios. Debía aprender a controlarse. ¡Ya no tenían diez años!

Trunks, al no ver escapatoria, decidió esperar y cortar el interfono. No quería que Goten lo fastidiara mientras se maldecía a sí mismo por su suerte.

Bulma, por otra parte, antes de introducirse en el laboratorio de la corporación, se detuvo para ir al baño. Los guardaespaldas se posicionaron a ambos lados de la salida para que nadie más entrara, y ella, sola en aquel enorme espacio, se permitió echarse un vistazo al espejo.

—Estás perfecta, Bulma. Pero por lo visto no lo suficiente para ese príncipe de los chimpancés— suspiró. Hacía más de dos semanas que no veía a Vegeta. Se fue sin avisar, sin más, y sabía a ciencia cierta que no estaba entrenando con Goku. Cuando lo llamó por teléfono para preguntar una semana después de su desaparición, él le contestó que podía sentirlo dando vueltas alrededor del mundo, como si no tuviera un rumbo fijo y simplemente vagara.

Bulma estaba furiosa. Una semana era normal, pero hacía años que no pasaba tanto tiempo fuera de casa y ella empezaba a preguntarse si era culpa suya. Quizás lo había agobiado demasiado con el tema de la boda.

—¿Qué demonios estás haciendo, Vegeta?— murmuró antes de hundir la cabeza en el lavamanos. Se salpicó la cara con agua y cuando volvió a alzar la mirada para observar su reflejo, sus ojos se abrieron como platos. Una mano de afilados dedos le rodeó la cabeza y apretó su boca para que no gritara. Bulma pudo ver a la deforme criatura tras ella, enorme, musculosa, cubierta de escamas moradas de arriba abajo, con una enorme boca alargada que la asemejaba a un cocodrilo más que a un humano.

—Por fin te encuentro, princesa— siseó el monstruo, y una lengua bífida se paseó por la pálida mejilla de Bulma.

La reacción de ella fue instantánea. Haciendo uso del valor que siempre había demostrado corriendo de aventura en aventura en su juventud, Bulma se agitó y mordió la asquerosa mano para zafarse del agarre. Cuando el monstruo se zarandeó y retrocedió, ella salió corriendo fuera de los lavabos gritando.

—¡SEGURIDAD!— los guardaespaldas no tardaron en adentrarse en los baños para hacerse cargo del problema. Sorprendida, como la mayoría de los empleados, Marron observó la cara desencajada de la presidenta de la corporación y se acercó a ella para ver qué ocurría.

Fue entonces cuando los baños estallaron y un potente rugido atravesó el pasillo. Un guardaespaldas, enorme y aparentemente peligroso, salió disparado contra la pared y se quedó clavado en ella, inconsciente o muerto por el brutal golpe. Los empleados se quedaron paralizados, incluida Marron. Entonces la criatura, un caimán con forma humanoide, reventó el umbral de la puerta y salió con la boca y las garras empapadas en sangre.

Toda la corporación se llenó de gritos y de un revuelo histérico. Los empleados empezaron a correr de manera descontrolada y cuando Trunks, alertado por el jolgorio, salió al pasillo, la muchedumbre enloquecida le impidió ver lo que ocurría y le obligó a retroceder.

—¡Mamá!— gritó, pero no obtuvo respuesta. A lo lejos pudo ver una figura gigantesca que se cernía sobre alguien para, acto seguida, cargarla sobre su hombro. Los gritos de Bulma cuando el monstruo la agarró y empezó a caminar con ella a cuestas llegaron hasta los oídos de su hijo. —¡Mamá!— gritó con más fuerza, y empezó a abrirse paso aunque fuera a base de codazos.

—¡Suéltame, criatura del demonio! ¡Trunks!— gritó al borde de la histeria cuando vio cómo el ser se acercaba hasta una gran ventana con claras intenciones de lanzarse a través de ella. —¡VEGETA!— chilló, pero él no apareció.

—¡Suéltala ahora mismo!— oyó chillar a Marron, y la criatura se detuvo. La chica le había agarrado de la cola, abrazándola con firmeza, y el monstruo la fulminó con la mirada.

—Mocosa estúpida, ¿crees que puedes hacer algo por salvar a la princesa?— a pesar del tono despiadado de la criatura, Marron no cedió.

Fue entonces cuando haciendo uso de lo poco que sus padres le habían enseñado sobre artes marciales, alzó un brazo y lo hundió en la cola del animal, cortándola por la mitad. La criatura emitió un gran rugido y se sacudió, clavando sus garras en la camisa blanca de la chica. Marron fue lanzada contra el cristal de la ventana, rompiéndolo de inmediato. Su camisa se rasgó y ella quedó aturdida, al borde la inconsciencia, justo cuando su cuerpo quedó sobre el aire, a ochenta y tres pisos del suelo. Fue incapaz de reunir el ki necesario para volar, y cuando la criatura saltó con Bulma sobre su hombro con la intención de matar a Marron, la furiosa figura de Trunks se interpuso en su camino. Su mano apareció frente a la mandíbula del monstruo y una potente bola de energía lo descabezó al instante.

Lo demás fue cuestión de un momento.

Bulma empezó a caer, pero los oportunos brazos de Goten la agarraron en el aire y la mantuvieron a salvo. Ella se abrazó a él clavándole las uñas con histeria gritando que la bajara hasta el suelo en ese mismo instante y él obedeció, temiendo estrellarse.

Por el contrario, Marron cayó suavemente sobre los brazos de Trunks, que la cargó como solo cargaría a una chica el día de su boda. La cabeza de ella descansó sobre su duro pecho y sus ojos enfocaron sus serias y preocupadas facciones. Nunca había visto esa expresión en su cara. Siempre que se encontraban, Trunks tenía un gesto tan pacífico y tenso, tan ruborizado, que a veces parecía ridículo, pero en ese momento no lo era.

—¿Estás bien?— cuestionó. Marron tragó saliva y asintió. Sentía sus mejillas arder.

Nunca se había fijado en lo guapo que era.

Cuando aterrizaron en el suelo, en mitad de la calle, los gritos indignados de Bulma rompieron el silencio que se había formado entre ellos. Trunks la soltó con cuidado, pero la agarró por la cintura por si daba un traspiés.

—¡Maldita sea, Vegeta!— gritaba Bulma a los cuatro vientos. —¡Nunca estás cuando se te necesita!

—Bulma, tranquila…— intentaba consolarla Goten, pero ella siguió chillando, y los periodistas, que habían observado el altercado desde el suelo empezaron a hacer fotos a diestro y siniestro.

Ese era un día de primicias.


—Madre mía, ¿cómo se las han apañado para hacer algo así?— Bra observaba las fotografías de las revistas de famosos, leyendo los títulos, cada cual más descabellado que el anterior. En una revista se anunciaba el compromiso de su madre con su padre. En otra se preguntaba cuál era el truco de Bulma para mantenerse tan joven, y en otra aparte se especulaba sobre la relación de Trunks con una desconocida chica rubia, que a juzgar por la foto, no era otra que Marron. También se hacía mención de un posible romance entre Bulma y Goten por la manera en la que él la sostuvo cuando aterrizaron en el suelo después del suceso.

Ridículo.

Los periódicos eran los únicos que se acercaban a la verdad peligrosamente. Hablaban de la aparición de criaturas, de la numerosa cantidad de OVNIS que la NASA había detectado últimamente y se rumoreaba que los Guerreros Z, o los miembros de las Fuerzas Especiales de la Tierra como los humanos los conocían, estaban liquidando a los alienígenas y a las criaturas que se habían multiplicado y revolucionado en los últimos meses.

Bra no tenía conciencia de esto último. El peligro se encontraba en que algunos periódicos habían publicado fotos en las que se veía claramente a Trunks con Marron en brazos. Esa foto era portada de muchos de ellos. Se especulaba la posibilidad de que Trunks fuera uno de los Guerreros Z, y si la gente lo creía, los medios de comunicación no tardarían en investigar a los miembros restantes de su familia.

¿Dónde estaba su padre cuando se le necesitaba? Hasta donde ella sabía, él siempre se había encargado de borrar las pruebas y de amenazar a quien se le pusiera por delante para que cosas como esas no salieran a la luz.

Bra suspiró otra vez. Más valía que ella no llamara la atención, porque era la única de la familia que por lo pronto, parecía normal.

—Bra, me parece normal que te interesen esas revistas que hablan sobre tu familia pero… ¿no podrías leerlas cuando no estes conduciendo?— le dijo Peach, que casi lloraba firmemente agarrada al asiento del copiloto. Bra estaba sulfurada. Después de estar horas arreglándose y haciendo que Peach pareciera toda una diva, se enteraba de los escándalos de su familia.

Insoportable.

Ralentizó un poco la velocidad y Peach se calmó cuando lanzó las revistas a los asientos traseros. Sin embargo, al ver que cogía su teléfono móvil y se lo llevaba al oído, la joven volvió a ponerse tensa.

—¡Bra, por favor!— chilló, asustada por su alocada manera de conducir.

Sonaron varios toques y al cuarto, una voz masculina que no reconocía le contestó.

—¿Sí?

—¿Pan?— preguntó, aunque sabía que no era ella con solo escucharla.

—Ah… está en la ducha.

—¿Quién eres tú?— cuestionó sin un mínimo de cortesía. La voz emitió una ligera vacilación antes de responder.

—Yo… yo soy Uub.

—¿Uub?— Bra dejó escapar un silbidito porque nunca se le había ocurrido. Oyó a Gohan hablando con Videl desde lejos, y también a Chichí gritándole algo a Goku mientras colocaba la mesa, pero aunque supiera que no estaban solos, la idea de que Uub hubiera respondido al móvil de Pan mientras ella se bañaba le parecía muy sugerente.

—¿Qué haces tú con mi móvil?— oyó decir a Pan, sobrepasando con su chillona voz los gritos de su abuela. Uub intentó defenderse con un tartamudeo, pero ella no le dejó y le arrebató el móvil de las manos. —¿Quién es?

—Así que Uub, eh. No sabía que te gustara lo interracial, Pan— se burló ella.

—¿Qué dices, Bra? A la única a la que le van los tipos raros aquí es a ti— le recriminó ella. —Él y yo solo entrenamos juntos de vez en cuando. Ha sido mi abuelo el que le ha invitado a cenar.

—A mí me parece un encanto. Además, es negro, y ya sabes lo que dicen de los hombre negros…— soltó Bra con picardía.

—¡Eso es totalmente racista, Bra!— gritó Pan desde el otro lado. La princesa se la imaginó ruborizada, exactamente como estaba. —¿Qué querías?

—Necesito que me hagas un favor y que vigiles el ki de ya sabes quién esta noche— al otro lado de la línea, Pan se alejó un poco de su familia para poder hablar con mayor tranquilidad y sin tapujos.

—¿Ha pasado algo?

—Verás, es que tengo una fiesta universitaria y no puedo disfrutar si tengo que estar pendiente de él toda la noche. ¿Me harías ese favor?

—Pero, ¿cómo puedes tener la cara tan dura?— se quejó ella. —De todas formas pierdes el tiempo. Lo he estado vigilando desde entonces, así que no hace falta ni que lo pidas. Si noto algo raro, te avisaré a ti antes de… ya sabes.

—¡Gracias Pan, tú sí que eres una amiga!— Pan soltó un bufido cargado de molestia, más por hacerse la enfadada que porque de verdad lo estuviera. —¿Y bien? ¿Cómo la tiene?— volvió a preguntar Bra con un tono claramente picante. Pan se apartó el teléfono del oído, totalmente ruborizada, antes de empezar a gritar hecha una furia.

—¡Y yo qué sé cómo la tiene! ¡Pues la tendrá negra, digo yo, como el resto del cuerpo, idiota!— chilló, y colgó. Su corazón latía aceleradamente. No soportaba que Bra le hiciera esa clase de preguntas. Cuando dio media vuelta para dirigirse a la mesa llena de comida, descubrió que toda la familia, y también Uub, la miraban fijamente con las bocas semiabiertas, en pleno silencio.

Por supuesto, la habían oído con semejante grito.

Lo peor no era eso, si no la cara de Uub. Por su tono de piel Pan no supo si estaba mortalmente ruborizado o mortalmente pálido, pero optaba por la primera. Se sentó a su lado sin mirarle siquiera, demasiado abochornada como para hacerlo.

—Por Dende, Pan— murmuró Chichí, y Gohan carraspeó.

—Es… es la edad, supongo— musitó.

Goku observó a su familia y el plato de comida que tenía frente a sí. De pronto nadie se atrevía a moverse ni a comer, así que decidió resolver el conflicto por las buenas.

—Es negra.

—¡Maestro!— gritó Uub de inmediato.

—¡Abuelo!— lo secundó Pan.

—¿Qué? Nos hemos bañado en las aguas termales varias veces después de los entrenamientos y la he visto.— Ninguno de los allí presentes estaba seguro de qué responder a eso. Goku agarró un buen filete y se lo echó en su plato acompañado de un montón de arroz y pescado. Al ver que todos seguían igual de callados, miró a su nieta y a su alumno alternativamente. —También sé cómo es lo que tiene Pan porque le cambiaba los pañales cuando era pequeña, ¿quieres saber…?

—¡NO!— chilló Uub, y fue tal su nerviosismo, que golpeó la mesa con los puños y la derrumbó de un golpe. La comida cayó al suelo y Goku observó patidifuso cómo su cena se echaba a perder. Todos clavaron la mirada en Uub, cuyos ojos brillaban por la vergüenza y el arrepentimiento. —Lo siento…

—¡Has echado a perder mi comida!— exclamó Goku entonces.

—¡Y TODO HA SIDO POR TU CULPA!— contestó la familia de una vez.

Goku se encogió sobre sí mismo. Esa noche iba a pasar hambre, y a juzgar por la mirada de Chichí, tampoco tendría entrenamiento nocturno.


Broly tocó la nieve que cubría todo el bosque al ver a los animales dirigiéndose al lago para beber sin ninguna clase de temor. Se agachó frente a ella y le hundió las manos. Estaba muy fría, pero le bastaba subir un poco su ki para que se derritiera entre sus manos. La olió, salió fuera de casa y tras saltar un poco sobre ella llegó a la conclusión de que no eran nubes. Solo era agua helada.

—Maldita seas, Bra— gruñó, a sabiendas de que se había burlado de él. Había estado toda la noche escondido bajo las sábanas por temor a que la casa se derrumbara. Se habría metido debajo de la cama si su cuerpo no fuera tan grande. Avergonzado por semejante comportamiento, Broly alzó el vuelo.

Si Bra quería fiesta, le daría la mejor de su vida.


Bra posaba alegremente mientras bailaba en la pista de forma alocada. Era consciente de que, desde las ventanas exteriores al salón principal que los estudiantes habían reservado, algunos paparazzis le hacían fotos buscando algo fuera de lo normal, pero ella estaba mentalizada. Se divertiría como una chica de su edad, comería pequeñas cantidades aunque pasara hambre y bebería ponche a escondidas. Ahora la imagen de la corporación dependía enteramente de ella, y debía ser normal por encima de todo.

Peach le presentó a su hermano, Pear, ya en último curso de carrera. Tenía el pelo por los hombros, alborotado y llevaba gafas de sol por la noche. Cuando la vio, en lugar de estrecharle la mano dijo:

—Jo, tío, qué pelo más guay…— acto seguido, empezó a beber ponche con una gran cantidad de alcohol. Estaba claro que ya estaba un poco colocado, pero eso no impidió que Bra se riera a carcajadas.

Unas chicas de su clase se acercaron a ella. Eran el grupo de niñas bien que no se acercaban a nadie que no perteneciera a su clase social, bien alta. Bra debía reconocer que llevaban unos tacones increíbles.

—Perdona, sé que no nos hemos acercado antes, pero tengo que decirte que ese vestido es sinceramente divino— dijo una de ellas.

—¡Gracias! A mí me encantan vuestros zapatos. ¿De dónde son?

Empezaron a hablar con desenvoltura, y en un determinado momento Bra les presentó a Peach con la intención de relacionarla con ese círculo que siempre había estado vedado para ella. Se llevó una sorpresa cuando las chicas bien la saludaron con alegría y empezaron a hablar con ella como si nunca la hubiera rechazado hasta el momento. Bra no sabía si considerarlo muy hipócrita o, simplemente, se había hecho una idea equivocada de ellas.

A lo largo de la noche se le acercó casi toda la facultad para hablar con ella, y por un instante se sintió abrumada por tantas atenciones. Debía reconocer de todas formas que le gustaba llamar la atención. Incluso bailó con varios chicos hasta que las peticiones empezaron a agobiarla.

—Es increíble que se te acerque tanta gente, Bra. Nunca había visto algo así— le comentó Peach cuando ambas fueron al baño para retocarse.

—No sé yo… siempre he sido bastante popular, pero nunca se me había acercado tanta gente hasta ahora. Empiezan a agobiarme.

—¿Bromeas? ¡Pero si no lo parece! Diría que estás exactamente donde tienes que estar. Parece que has nacido para ser una princesa.

Bra rompió a reír con una gota de sudor recorriéndole la frente.

—Es curioso que lo menciones…— murmuró por lo bajo. Cuando Bra abrió su bolso para sacar sus cosméticos, vio la pantalla de su móvil iluminada. Al ver el nombre de Pan grabada en ella, se llevó el móvil al oído de inmediato. —¿Qué ha pasado?— preguntó, pálida. El corazón se le aceleró al pensar que Broly podría estar en peligro.

—El ki de ya sabes quién ha salido del bosque, Bra. No sé lo que quiere ni qué pretende, pero diría que se dirige a la Capital.

—¿Y cómo es su nivel?

—Está estable, aunque no me fío, y como me dijiste que te llamara antes de hacer nada…

—Está bien. Si él quisiera destruir algo, no estaría para nada calmado.

—Yo no lo conozco tan bien como tú, pero diría que está buscando a alguien… o tal vez te está buscando a ti— Bra recordó sus amenazas el día anterior, cuando le exigió que fuera a entrenar como cualquier otro día y que no fuera a la fiesta universitaria.

—Sí, no hay duda de que me busca a mí— suspiró, poniendo los ojos en blanco. —Está bien, Pan, yo me encargo de él— le aseguró, y acto seguido colgó. Ese idiota iba a matarla de un disgusto, pero si pensaba que cedería ante sus caprichos, la llevaba clara.

Bra salió a la pista de baile otra vez, dirigiéndose al ponche con decisión, y después de beber dos vasos seguidos para relajarse y controlar la furia que Broly le estaba provocando, notó que alguien posaba su mano sobre su hombro. Al volverse, se encontró cara a cara con Apple, que le sonreía con dientes brillantes.

—¿Bailas conmigo?

Ella le dedicó una mirada profunda, de esas que solía utilizar cuando quería que algún chico se fijara en ella. Había utilizado esos mismos gestos con Broly, pero él nunca daba muestras de que le afectaran en lo más mínimo.

Al recordar eso, una pequeña espina en su orgullo apareció, y sin más, agarró la mano del chico y ambos se dirigieron a la pista de baile donde una canción lenta empezaba a sonar. Cuando ella se acercó y le rodeó el cuello con los hombros, él frunció el ceño un poco.

—Vaya, tienes los brazos fuertes.

—Ah, lo siento…— se avergonzó. El hecho de que Broly la ignorara le tocaba tanto la moral, que ya ni siquiera medía su fuerza.

—No te preocupes— dijo él, acercándose a su oído. —Me gustan las chicas fuertes.

Bra se mordió el labio inferior. A sus espaldas, las cámaras disparaban fotos por todos lados, grabando cada acercamiento. Ella no era inmune frente a los chicos, aunque fueran mil veces más débiles que ella. Le encantaban los piropos, y Broly nunca le había hecho uno.

Se quedó tan ensimismada entre los brazos de Apple, que ni siquiera detectó la figura que flotaba sobre el cristal que actuaba como cúpula alrededor de la sala. Broly, con los brazos firmemente cruzados sobre el pecho, podía ver perfectamente cada cosa que pasaba. Veía a los paparazzis ocultos entre los arbustos que rodeaban la cúpula, veía a los estudiantes bailando, bebiendo y charlando animadamente, pero sobre todo veía a su alumna en brazos de un insignificante ser humano al que podría masacrar con un simple soplido.

—¡Bah!— bufó, asqueado con la escena. —Qué ritual tan ridículo— los miró detenidamente. Vio como Bra, con el paso de una canción a otra, se atrevía a recostar la cabeza contra el pecho del humano, y Broly arqueó una ceja de manera peligrosa, posando los pies sobre la cúpula de cristal y paseándose por ella como si fuera un animal enjaulado. Con cada acercamiento que veía, más irritado se sentía y más deseaba no estar cargado de braummuro hasta los dientes para poder reventar ese mundo tan patético.

Finalmente, al ver que su odio no paraba de crecer, decidió volver por donde había venido, pero un último gesto acabó por sacarlo de quicio. Apple se inclinó sobre Bra y besó su cuello desnudo. Y ella se dejó con las mejillas ruborizadas. Broly abrió la boca de par en par.

¡Quería procrear con su alumna!

Las venas que todo saiyajin tenía repartidas por brazos, cuello, frente y pecho aparecieron de manera exponencial al ver ese simple gesto. Broly estiró una mano hacia delante y empezó a cargar energía.

—¡Vete al infierno, puto procreador humano!— probablemente ese ataque hubiera herido a Bra y matado a todo humano viviente en dos kilómetros a la redonda. Lo hubiera hecho si lo hubiera lanzado, pero el olfato de Broly, muy desarrollado incluso para los de su especie, detectó un olor ajeno y agresivo en el interior de la cúpula. La bola de energía no llegó a formarse y una sonrisa divertida se formó en su boca al ver que, en el otro extremo de la pista de baile, ya había humanos que empezaban a correr. —A ver cómo te las apañas con esto, princesa— susurró antes de cruzar las piernas sobre el cielo para no perderse nada del espectáculo.

En la pista de baile, un grito seguido de otros muchos rompió el romántico ambiente. Apple y Bra se separaron y las miradas de todo aquel que había allí se clavaron en los alumnos que corrían despavoridos lejos de la entrada, intentando huir inútilmente hacia los jardines con las puertas de cristal cerradas. Como si estuvieran conectadas telepáticamente, Peach y Bra cruzaron miradas y ambas retrocedieron hacia donde estaba la muchedumbre. En ese momento lo vieron.

La sala temblaba con los pasos del ser que se introdujo en la habitación. Apple abrió los ojos como platos y Peach se agarró del brazo de Bra al ver al enorme hombre, de tres metros y por lo menos trescientos kilos de puro músculo adentrándose en la sala. Llevaba puesta una armadura rasgada y vieja, tenía el pelo recogido en una trenza larga y oscura y llevaba una gruesa espada cargada al hombro. No solo su tamaño evidenciaba que no era humano, sino también sus largos brazos, que se arrastraban allí por donde andaba. Además, su cara estaba tapada por un montón de vendas sucias que solo dejaban ver sus enormes ojos.

El grito fue colectivo, y la gente empezó a arañar los cristales intentando salir de allí. Cuando Apple y Peach corriendo hasta los demás, ella también hizo amago de ir, pero aquella criatura de tamaño descomunal aplastó una mesa de metal con el puño cerrado y habló con voz profunda y lenta, remarcando cada palabra.

—¿Dónde está ella? ¿Dónde está la princesa?

Entonces Bra se detuvo. Fue la única de todos cuantos allí había que no huyó. Se quedó parada en mitad de la sala y permitió que la criatura se le acercara. El monstruo se inclinó sobre ella y la olió con una nariz inexistente tras la venda.

—Princesaaaa…— susurró.

—¡Bra!— oyó gritar a Peach a sus espaldas. —¡Ven aquí ahora mismo!

El monstruo estiró su larga mano y se la tendió a Bra, que observó sus uñas con auténtico asco.

—Ven conmigo, princesaaaa…

—¿Quién demonios eres tú?— el monstruo no contestó, y Bra retrocedió y se giró hacia sus compañeros. —Romped el cristal y…— antes de que pudiera terminar la frase, la criatura agitó su larga mano con intención de golpearla y Bra dio una voltereta en el aire para esquivarlo con agilidad. Sus garras se engancharon en su vestido y este se rasgó por la parte de su pecho, dejando a la vista un sujetador de color blanco. Bra no podía creérselo. Se llevó la mano al pecho y la furia la recorrió por completo. Gritó con todas sus fuerzas apretando los puños a ambos lados de su cuerpo. —¡HAS ROTO MI PRECIOSO VESTIDO!

Eso era el colmo. Ella, que había pasado horas arreglándose y buscando los complementos necesarios para esa maravilla, ahora estaba prácticamente desnuda en su fiesta maravillosa, la que llevaba meses esperando, por la que se había peleado con Broly, por la que le esperarían horas de duro entrenamiento extra, por la que había pataleado antes de que su padre desapareciera. Además, otro aliciente era ese. Maldita sea, hacía semanas que no veía a su padre y empezaba a preocuparse.

Bra agarró una de las sillas que había desperdigadas por la sala, y la lanzó contra el cristal de la cúpula, rompiéndolo al instante.

—¡Largaos de aquí!— gritó, y poca gente hubo que le llevara la contraria. Todo el mundo se abalanzó hacia el exterior a gran velocidad. Todos, excepto Peach y su hermano.

—¡Bra!

—¡Que te largues he dicho!

—¡Jo, tío, qué pasada!— oyó que exclamaba Pear antes de que su hermana lo agarrara con fuerza del brazo y lo obligara a correr hacia los jardines.

Una vez que Bra y la criatura estuvieron a solas, la joven llevó las manos a su bolso y sacó los guantes blancos que habían pertenecido a Vegeta. Se los puso. Después se quitó los tacones y adquirió una pose agresiva.

—Te vas a arrepentir de haberte cargado mi fiesta, maldito gusano.

Y se abalanzó sobre él como una leona se abalanzaría sobre su presa. Broly lo observó todo desde el exterior. Bra empezó con un golpe directo a la mandíbula que hizo que el monstruo se tambaleara. Siguió dándole puñetazos en la cara hasta que la venda se empapó en sangre y la criatura gritó escupiendo los dientes.

Bra estaba auténticamente enfadada, y no le costó trabajo esquivar los bandazos de la criatura que intentaba atraparla con sus largos brazos. La agilidad era lo suyo, y junto a la fuerza que Broly le había enseñado a aumentar de forma desproporcionada para su pequeño cuerpo, la princesa se convertía en un arma mortífera. Logró agarrar la muñeca de su enemigo y, apoyándolo sobre su propia espalda, lo lanzó brutalmente contra el suelo, tumbándolo de espaldas. La criatura se quedó inmóvil y Bra sonrió con superioridad. Dándola por acabada, le dio la espalda.

—Mal hecho— murmuró Broly para sí mismo.

El monstruo agarró su gran espada entonces y con sus largos brazos, logró agitarla en el aire y dirigirla hasta ella. Sorprendida, Bra se hizo a un lado, pero el filo de la espada le alcanzó el bajo del vestido, rasgándolo hasta dejar al aire su muslo. Un pequeño corte se abrió a lo largo de este y ella hizo un gesto de dolor, lo que hizo que Broly se tensara y frunciera el ceño.

—¡Increíble!— oyó gritar a un hombre que, bajo él, oculto tras unos arbustos, hacía fotos sin ton ni son. Irritado estiró un dedo hacia él y la cámara de fotos estalló entre sus manos. No permitiría que nada ni nadie molestara a su alumna mientras peleaba.

Bra estaba furiosa y deseó acabar con esa pelea de inmediato. Sin más, estiró una mano hacia la criatura y cargó energía, atrayendo la atención inmediata de Broly. Ese no era un ataque normal y corriente, y se preguntó de dónde lo había sacado hasta que vio la sonrisa divertida que se dibujaba en su cara mientras lo hacía.

Era la viva imagen de su padre.

—¡Big bang attack!

La criatura desapareció en cuestión de un segundo, desintegrada por semejante poder. Los cristales de la cúpula se hicieron añicos, estallando en miles de pedazos. El ataque fue tan letal, que atravesó las paredes e hizo estallar por los aires todo el recinto, envolviéndolo todo en una nube de humo. Broly esperó pacientemente, con el pecho lleno de orgullo. No solo había mostrado un poder devastador, sino también un control absoluto. Con un ataque así podría haber destruido buena parte de la ciudad, pero lo había controlado perfectamente.

Bra no tardó en emerger de la nube de humo hacia el cielo, sin quitarle la mirada de encima a las consecuencias de los destrozos. Tan ensimismada estaba que ni siquiera se percató de la presencia de Broly.

—Big bang attack. Muy original— dijo con sarcasmo captando su atención al instante. —No serás una guerrera de pura cepa hasta que tengas un ataque propio, pero para ser una copia no está mal.

—¿Esto ha sido cosa tuya?— preguntó con mal disimulado fastidio.

—Si lo hubiera sido no habría enviado algo tan débil. Ha sido patético ver como esa cosa te hería— Bra se miró a sí misma. Su vestido estaba hecho jirones, dejando al descubierto su sujetador blanco y sus muslos heridos. Incluso podía ver las bragas que llevaba puestas debajo. Avergonzada, se cubrió como pudo con las manos. Los ojos de Broly estaban clavados en ese tajo sangrante. No era una herida profunda, pero debía escocer. Pasó por su lado sin siquiera mirarla y le acarició la cabeza con una mano. —Vámonos de aquí antes de que te hagan más fotos.

Bra asintió y ambos volaron hasta un remoto edificio, alto, muy alto, desde el que se podía ver toda la ciudad. Aterrizaron en la azotea y ella utilizó el móvil para calmar a Peach. La pobre había estado llorando mientras le exigía a la policía que la buscaran hasta dar con ella con semejante destrozo. Tras un buen rato consiguió que se calmara.

Para cuando hubo terminado de hablar había empezado a nevar otra vez, y Bra se acercó a la baranda donde Broly estaba sentado, observando la ciudad desde las alturas. Su cola se agitaba de un lado a otro, tranquila, como un péndulo.

—¿Ya no le tienes miedo a la nieve?— bromeó ella.

—No ha tenido gracia— se quejó él. —Este mundo es muy raro. Cae agua helada, el viento puede destruir bosques, las olas se tragan la tierra…

—¿Cómo era tu planeta?

—¿Vegetasei? No lo sé. Supongo que sabrás que estalló por los aires.

—Eso lo sé. Me refiero al planeta en el que estuviste hasta que… moriste.

—He estado en muchos. Mi padre y yo nunca nos quedábamos demasiado tiempo en uno.

—¿Por qué no?— Broly sonrió macabramente.

—Porque yo siempre los acababa haciendo estallar— Bra negó con la cabeza, recriminándole ese comportamiento, aunque sabía de sobra que él sabía que estaba mal, pero no le importaba.

—¿Y esos planetas eran tan bonitos como este?

Broly se lo pensó. Observó la ciudad iluminada por miles de luces y pensó en su pequeño rincón del bosque, tan cómodo, tan lleno de colores y de animales pacíficos. También recordó el paisaje nevado. No, definitivamente no había nada comparado a eso.

—Mi padre decía que el planeta Tierra era el más maravilloso de todos cuanto había visto, por eso quería librarse de Kakarotto y de Vegeta, para poder vivir aquí. Eso pasó después de asegurarse de que yo no lo destruiría con la diadema inhibidora.

—Siento tener que decirlo, pero tu padre era idiota— Broly soltó una carcajada estridente ante semejante atrevimiento. Desde luego solo su alumna era capaz de insultar a su padre con él delante, aunque en realidad no le importaba. —Podríamos haberlo compartido.

—El problema era ese. Quería construir una especie de nuevo Vegetasei aquí, en la Tierra, pero para eso debía destruir a los humanos y utilizar a las hembras para tener nuevos descendientes. Quería ser el nuevo rey utilizándome a mí. No había nada que compartir.

Bra se sentó a su lado, temblando de frío con cada copo que caía sobre sus hombros desnudos.

—Así que un nuevo Vegetasei… supongo que este planeta le parecía hermoso e ideal.

—Sí. Además, los saiyajins solo podemos tener hijos entre nosotros o con miembros de este planeta, así que esa era la idea.

—¿Y a ti qué te parece? En lugar de destruirlo… ¿no has pensado en que podrías vivir aquí?— Broly desvió la mirada al cielo, pensativo.

—No lo había pensado. Pero de todas formas, al luchar contra Kakarotto lo más probable es que se desintegre.

—Pues es una pena, porque vais a destruir un planeta único y especial.

—¿Especial?— Bra asintió y una idea se le cruzó por la cabeza. Así conseguiría ganar más tiempo, tal vez lograra cambiar la mentalidad de Broly y encima se divertiría.

—¿Y si me dejas mostrártelo? Lo mejor de este planeta, ¿querrías verlo?— Broly clavó los ojos en ella, sopesando posibilidades. No podía negar que sentía curiosidad, pero perderían demasiado tiempo de entrenamiento. —Vamos— insistió ella, dándole un ligero toque en el hombro. Sin embargo no parecía muy convencido. —No tienes nada que perder, será algo único, te lo prometo— pero Broly no estaba tan seguro de eso. —Cuando mi padre llegó aquí también quería destruir el planeta, pero no lo hizo, ¿sabes por qué? Porque tiene propiedades curativas.

—¿Curativas?

—Sí. Propiedades que lo curan todo, incluso el dolor más intenso.— Bra recordó la forma en la que él había hablado sobre su padre, sobre lo poco que sabía sobre su vida. Recordó la manera en la que le había mirado cuando le habló sobre el braummuro y la ternura que eso le provocaba. Se llevó la mano al corazón y tragó saliva, temblando, pero ya no de frío, sino de nervios. —Cierra los ojos.

—¿Que cierre los ojos? ¿Para qué?

—Tú solo hazlo, y no los abras sientas lo que sientas hasta que yo te lo diga.

Broly se mostró reticente, pero con una ceja alzada por la curiosidad, acabó cerrando los ojos. Entonces Bra se dejó caer y voló hasta tenerlo delante, lo suficientemente cerca como para notar su respiración chocando contra su cara. Muy despacio, todavía temblando, posó una mano sobre su duro pecho. Su corazón latía contra su mano muy lentamente, proporcionándole calor con cada latido. Bra investigó sus rudas facciones. Era la primera vez que ella le observaba tan de cerca. En su cara no había la más mínima muestra de delicadeza. Era pura roca, pura brutalidad, como si fuera mármol tallado a base de puñetazos. Era la cara de un bárbaro, de un guerrero criado en el rencor y en el odio. No podía reconocer los gestos de Goku ni de su padre en él, porque Broly era un mundo aparte. Un mundo que todavía no conocía.

Podría matarla por lo que iba a hacer, pero aun así lo hizo.

Los labios de Bra eran suaves y estaban bien cuidados e hidratados. Los de él estaban agrietados y secos, propios de una mandíbula dura como la suya, pero eso no le importó. Simplemente los juntó en un beso que pretendía tantear los límites que él estaba dispuesto a tolerar. Cuando los unió, sintió que su pecho dejaba de agitarse. Broly estaba conteniendo la respiración, y mientras el corazón de Bra parecía que iba a salírsele del pecho, el corazón del guerrero legendario pareció pararse en seco, congelándose. Aun así, no abrió los ojos, ni siquiera cuando colocó las manos en sus mejillas para impedir que escapara, frotando sus labios con el pulgar, buscando la entrada para su lengua.

Fue él el que agitó la cabeza y entreabrió la boca para que encajara con la suya. Fue su cola la que se enredó alrededor de su cintura para que no se atreviera a apartarse de él. Fueron sus manos las que ascendieron hasta sus muñecas y las apretaron con la suficiente fuerza como para hacerle auténtico daño a un humano. Sin embargo, fue la lengua de Bra la que se aventuró a ir más allá de la barrera de los dientes. Por un momento, cuando un sonido gutural inundó la boca de Broly y acabó en la suya, pensó que se atrevería a cerrar la mandíbula y le mordería como un animal, pero en lugar de eso su lengua se unió a la suya en una húmeda danza mientras sus labios se frotaban.

La nieve caía sin parar, pero el calor que ambos desprendían la derretía antes de que tocara sus cuerpos.

Bra se sintió abochornada al darse cuenta de que Broly era realmente bruto. Incluso ese contacto tan íntimo lo estaba convirtiendo en una pelea por la supremacía al hacer chocar sus lenguas como si de una batalla se tratase, obligándola a retroceder hasta el interior de su propia boca. Fue ella la que acabó apoyando las manos sobre sus hombros para separarse, porque otra vez sentía la humedad entre las piernas y no estaba segura de poder marcar un límite si seguían así. Quería rodearle el cuello con los brazos, hundir las manos en su pelo oscuro y llegar hasta las profundidades de su garganta. Quería, pero se detuvo.

Lo obligó a mantenerse en su sitio antes de separarse con un sonido húmedo, separando las lenguas que parecían haberse enredado entre boca y boca. Acto seguido desvió la mirada porque no tenía ni idea de cómo mirarle a la cara tras algo así. Sus labios estaban totalmente húmedos y rojos y tenía la respiración entrecortada.

Broly, sin embargo, no parecía para nada agitado.

Bra acabó apoyando la frente sobre la del guerrero legendario, que dejó escapar un suspiro por el acercamiento.

—Una semana— dijo él con voz ronca sin abrir los ojos todavía. —Puedes enseñarme lo que quieras en ese tiempo, pero después volveremos al entrenamiento y nada nos impedirá alcanzar mi meta.

—Vale— musitó ella, apartándose de él en el aire. Su cola se agitó vagamente antes de que él abriera los ojos y flotara, pasando por el lado de ella sin mirarla a la cara.

—Un planeta profundo, el tuyo— dijo a modo de broma, soltando una risita por lo bajo. —Y a juzgar por lo que capta mi olfato desde aquí, también húmedo— cuando Broly le lanzó una sonrisa que solo podía interpretar como maliciosa, Bra entendió la indirecta y se quedó muda de bochorno.

Quiso matarlo. Nunca tuvo tantas ganas de matarlo como en ese momento, pero en lugar de eso contuvo su enfado, apretó las piernas y empezó a descender lentamente hacia el suelo.

—¡Eres un mono asqueroso y te odio!— gritó conforme descendía, y las carcajadas de Broly retumbaron en la oscuridad de la noche.


Estaba cansado. Hacía tiempo que no estaba tan cansado, pero lo peor no era eso. Lo peor era que él podía sentirlo y no tardaría en ponerse en marcha para saber qué ocurría. Después de dos fusiones, y también como los únicos supervivientes de una raza prácticamente extinta era inevitable que, por mucha que fuera su rivalidad, no se estableciera un vínculo más fuerte que el que tenía con cualquier otro guerrero o humano.

—Vegeta…— oyó que lo llamaba Kakarotto. Acababa de usar la trasportación instantánea, y aunque esperaba encontrarse con un rival furioso, no esperó encontrarse el tétrico ambiente que lo rodeaba. El príncipe de los guerreros estaba rodeado de cadáveres desmembrados y ninguno de ellos era humano. Goku no era muy agudo, pero sabía lo que eso significaba.

—¿Sabes tú por qué las criaturas están tan revolucionadas últimamente? No solo los de nuestro planeta, sino también los que hay fuera de él. Parece que quieren invadirnos de repente. Nunca había visto algo así, no desde Freezer y Namek. ¿Debería preocuparme?

Vegeta le daba la espalda, sentado sobre una pila de cadáveres alienígenas que había preparado para hacer desaparecer con un ataque devastador. Suspiró ante la pregunta de su rival y ladeó el cuello. Cuando clavó los ojos en él, Goku tragó saliva. Tenía la misma mirada que en aquel entonces, pero esta vez no era él su objetivo.

—Ten por seguro que, si la vida de este planeta no estuviera en peligro, ni te lo mencionaría, pero supongo que tienes tanto derecho a saberlo como cualquiera. De todas formas quiero que te quede clara una cosa antes de que hablemos sobre ello— Goku se mantuvo en silencio. Sabía que en ese momento no había lugar para las bromas.

Vegeta se levantó de la pila y anduvo hasta él con la mirada más agresiva que le había visto en la vida. Que estuviera empapado en sangre solo lo hacía ver aun más peligroso si cabía. Estiró una mano hacia los cadáveres y los cuerpos empezaron a consumirse inmediatamente, ardiendo en una gran fogata.

Goku le prestó toda su atención cuando de su boca salieron unas palabras que para nada se esperaba.

—Es mi familia, y seré yo quien la proteja pase lo que pase. Si te entrometes, te mato.

Y Goku supo que, por primera vez después de tanto tiempo, Vegeta hablaba en serio.