Capítulo 38: Mentiras sobre mentiras
Pensar, pensar, que hacer, que pensar, girar a la derecha, acelera, gira, frena, piensa, piensa, cansancio, no es el momento, frena, gira, avanza, detenerse….
Así maquinaba su mente durante el viaje de regreso a casa, meditando que hacer, que decir, incluso que pensar de toda aquella situación. Esa mujer al teléfono definitivamente no había sido Lavender… sino más bien Rita Skeeter. La mujer que les había hecho la vida imposible y seguía haciéndolo. Pero lo lamentable de todo ello, es que además no solo Rita era la culpable, él probablemente tenía igual o más culpa que aquella mujer y la culpa… la culpa lo estaba matando.
Giró su rostro para ver a la castaña. Ella tenía la mirada perdida en alguna parte del camino, sin intenciones de separar los labios para decir ni la más mínima palabra. Ella sospechaba… eso estaba más que claro.
— ¿Quieres que pasemos a comprar comida?
— No gracias, creo que lo mejor será que pidamos comida a domicilio. —Ron asintió—. Porque si no te has dado cuenta, unos cuantos reporteros vienen siguiéndonos hace un rato…
No, definitivamente no se había dado cuenta, llevaba la cabeza en cualquiera parte.
— Oh, sí, claro… eh… —miró por el espejo retrovisor y luego hizo un giro rápido a la derecha, tomando una calle poco transitada pero que los llevaba casi directo al edificio. Los periodistas parecieron ser perdidos de vista—. Listo, ahora al edificio.
No tardaron mucho en llegar, pero si se demoraron en lograr entrar, ya que estaba rodeado de periodistas por todos lados, pero gracias a los porteros y a los guardaespaldas se logró finalmente. Ron gruño molesto, y Hermione por su lado suspiró llevándose una mano a la frente.
Rato después… pudieron al fin llegar al departamento, cansados, estresados y en el lugar de la castaña… un tanto confundida.
Apenas estuvieron frente a la puerta el teléfono sonó, Ron se apresuró en contestar.
— Esa entrevista ha sido horrible… No puedo creer que Rita pueda llegar tan bajo, no sé qué estaba pensando cuando…
— ¿Robert?
— ¿Quién más va a ser Ron?
— Lo siento, me has tomado por sorpresa. —aclaró—. ¿Qué haremos? Creo que esa mujer seguirá haciendo de las suyas cuantas veces quiera, no podemos dejarla.
— Claro que no, pero el problema Ron, es que ha conseguido más información de la debida y la utilizará a su favor, claramente. —Ron pasó su mano por su pelo, cansado. — apropósito… ¿Qué fue todo eso que Rita dijo de ti? ¿Dónde estabas esa noche?
El pelirrojo tragó saliva, desvió su mirada a Hermione que lentamente iba desapareciendo por el largo pasillo.
— No es nada, debe ser otra mentira más de esa loca.
— Eso espero Ron, porque no podemos darle ni la más mínima posibilidad de destruirnos… ¿está claro?
— Sí.
— De acuerdo, mañana tienen una conferencia de prensa para hablar sobre lo que sucedió hoy, y en ese mismo lugar presentarán un nuevo proyecto del cual les hablare esta noche en la cena que organizó la junta. Estén listos a las 7, pasaran a recogerlos.
— ¿Ropa formal?
— Es con la directiva, ¿Qué crees tú?
— Lo sé, fue una pregunta tonta.
Robert se despidió y Ron colgó el teléfono.
— ¿Quién era? —preguntó Hermione preocupada.
— Robert —respondió rápidamente— Tendremos una junta con la directiva, y quiere que estemos listos a las 7, pasarán por nosotros y debe ser tenida formal.
— ¿Para qué es la junta? ¿Hay algún problema?
— Quieren presentarnos un nuevo proyecto, ya veremos después si es algo malo o bueno.
— Eso ya está claro Ron, no nos llamarían con tanta urgencia si las cosas no estuvieran complicadas. —el pelirrojo lo meditó. — Iré a dormir un rato, tú deberías almorzar, tu estomago está sonando desde hace horas y ya comienza a molestarme.
Dicho esto, la castaña dio media vuelta y entró en su habitación. Su propia habitación... no la que ambos solían compartir. Por lo que supo en ese instante, que Hermione estaba comenzando a desconfiar de él.
Cuando ya eran pasadas las seis de la tarde, Hermione ya estaba prácticamente lista, solo faltaban algunas cosas para estar completamente preparada, a diferencia de Ron que aún no comenzaba ni a ponerse su traje.
— Ya van a ser las siete, ¿Qué estás esperando para vestirte?
— Hay algo que tengo que decirte Hermione… —soltó de imprevisto. — algo muy importante.
Tan solo la mirada del pelirrojo le hizo a la muchacha comprender que tan seria era la cosa que él tenía que contarle. Trató de no pensar en las peores cosas, pero ya casi era imposible no pensarlo después de toda una vida llena de problemas.
— ¿Qué cosa?
Ron suspiró, se rascó el cabello, se puso de pie, dio media vuelta y caminó a una venta.
— Es algo que no creo que… que sea fácil de asimilar.
— Ron, decir eso no ayuda en nada, déjate de rodeos y simplemente dilo —exigió.
— No es algo que… simplemente se pueda decir, te lo aseguro.
— Ron, basta, déjate de idioteces y dilo.
— ¿Por qué estás tan enojada?
— No estoy enojada —respondió rápidamente. Ron ladeó su rostro con cara de "claro que si lo estás" — Ya te dije que no estoy enojada.
— Por favor Hermione, conozco tu expresión, y tu actitud cuando comienzas a enojarte.
— No puedes estar seguro de eso.
— Hermione… ya, enserio, ¿Qué sucede? —ella se encogió de hombros. — Seguiré insistiendo hasta que me digas. Y tú sabes cuan insistente puedo llegar a ser.—La muchacha rodó los ojos fastidiada, soltó un suspiro y trató de sentarse aun cuando su vestido se podía arrugar.
— Estoy cansada de que me ocultes cosas.
— ¿Qué? ¿A qué te refieres?
— Ambos sabemos que hay algo que no quieres decirme, te conozco Ron, tanto como tú dices conocerme a mí, y creo que aún más. Reconozco cuando estas mal, cuando estás demasiado bien, cuando algo te molesta y también cuando me estás mintiendo. Y ahora… te puedo asegurar que algo me estás ocultando, algo que sabes que me va a destruir, algo que me hará odiarte para siempre… ¿no es así?
— Yo…
¡RING! ¡RNG! ¡RING! ¡RING!
Te salvó la campana… pensaron ambos.
Hermione fue a atender el teléfono, mientras Ron corría a la habitación a encontrar un terno formal para utilizar esa noche. Y por suerte no tardó mucho en encontrar lo necesario y ponérselo, porque estaba acostumbrado a ser rápido desde pequeño cuando debía apresurarse para ocupar el único baño en la casa de los Weasley.
— ¡El auto ya está aquí! —le informó Hermione.
Ron terminó de abrocharse la chaqueta y anudó los cordones de sus zapatos. Pasó al baño, se peinó un poco, roseó perfume en su cuello y finalmente salió del baño. Caminó devuelta al salón y ahí encontró a su novia observando por la ventana con suma tristeza.
— Será mejor que nos apresuremos, ya bastante nos hemos atrasado por mi culpa… ¿vienes? —el pelirrojo extendió su mano, Hermione la observó unos segundos, pero no la tomó, lo ignoró… casi como si no hubiera nadie en ese lugar.
Perfecto, esto va de mal en peor… pensó Ron con nerviosismo.
— Las estadísticas no han demostrado que en vez de empeorar las ventas, estas han ido creciendo insistentemente. Ninguno de los rumores que han salido a flote respecto de su relación ha logrado eclipsar la gran temporada que hemos tenido —informó el presidente del directorio.— Y eso creo que se lo debemos a la gran promoción y carisma que generan ustedes, sinceramente debo decirles que de mi opinión ustedes han sido muy profesionales y eso claramente no dejaremos de recompensárselos.
— Muchas gracias, pero solo hacemos nuestro trabajo. —respondió Hermione con naturalidad— y como le dije en un principio mi principal objetivo en este trabajo es cumplir con sus proyectos de la manera más profesional y completa posible.
— Eso nos ha quedado más que claro. —admitió un hombre canoso y con aspecto rígido. — Y te lo agradecemos.
Hermione asintió con una sonrisa.
Robert también sonrió y en un momento se levantó con una carpeta en sus manos.
— En la carpeta que Amanda les está entregando, está el nuevo proyecto que tenemos… y que además cabe informar, será el último planificado para este año. —Sorpresa fue lo que todos hallaron en las miradas de los modelos. — Ya solo queda un mes de contrato, y por el momento no planificamos seguir con el proyecto, por muy bueno que haya sido. Ya que en esta empresa creemos en la innovación… eso fue precisamente lo que causó su campaña, una novedad en el mercado, pero ahora que ya ha superado nuestras expectativas, es hora de seguir adelante.
— De acuerdo, en resumen… ¿Este será el último proyecto y luego el contrato está finalizado? —quiso saber el pelirrojo. Robert asintió. — ¿Después de este último proyecto ya no habrá otro con Record Magic?
— Por el momento no.
Ron sintió que su cuerpo pesaba más de lo normal, que sus manos sudaban, su corazón se aceleraba, y muchos otros males atacaban su cuerpo. Esa noticia no era algo bueno para él, ya que eso significaba que después de contarle a Hermione de su engaño, no habría nada que pudiera retenerla a su lado y permitirle solucionar las cosas. Esto definitivamente no era algo bueno.
— De acuerdo continuemos… —todos abrieron las carpetas en la primera hoja que estaba archivada. — Este último proyecto consiste en que ustedes diseñen prendas y que salgan a la venta con la etiqueta… W&G… que significan respectivamente sus apellidos… Weasley y Granger. Estos diseños serán costeados por la empresa y esperamos que sean un éxito de ventas.
— Demás está decirles que deben ser lo más precavidos y profesionales en esta etapa, ya que debemos generar gran cantidad de ventas y que además tengan un precio accesible para nuestros clientes.
Así continuó la junta, a medida que pasaban las horas. Las dudas y los consejos surgían espontáneamente en una amena conversación entre todos menos una persona… Ron. El pelirrojo parecía estar perdido en otro planeta, fuera del área y de la conversación. No había nada que lo motivara a unirse a las conversaciones, absolutamente nada… bueno si había algo... más bien una persona. La mujer que lo tenía locamente enamorado. La única que no le había causado daño alguno, la única que había sido fiel a él y que lo había tratado como la persona que realmente era. La mujer más importante de su vida… sin duda alguna.
Pero eso en ese momento resultaba ser un problema, porque en algún momento tendría que contarle una verdad que probablemente destruiría todo lo bello que estaban formando. Todo acabaría con tan solo unas pocas palabras.
Te engañé Hermione… traicioné tu confianza, tu fidelidad y nuestro amor
Su mente estallaría, de eso estaba seguro. Solo había un tema del cual podía pensar en ese momento, y lamentablemente no era el mejor en ese momento. Ella estaba ahí, justo a su lado… totalmente concentrada en las malditas palabras que estaba diciendo uno de los imbéciles que la miraban como un trocito de carne. Los del directorio que desde hace un buen tiempo la miraban como una futura conquista. Él lo había notado, y estaba seguro que cualquiera de esos idiotas intentaría algo apenas las cosas estuvieran mal entre ellos. Pero él no podía permitir eso…
Se concentró en Hermione, en su ceño fruncido, su cabeza asistiendo constantemente y de sus labios respondiendo exactamente lo que los del directorio querían escuchar. Todo en ella era perfecto, eso estaba claro. Y aún se maldecía mentalmente por haber sido un total y completo imbécil cuando la conoció. Rio levemente con disimulo. Ahí había un problema… él seguía siendo el mismo imbécil que siempre había sido, solo que al parecer había decidido controlar su idiotez una temporada… y la temporada ya había terminado…
— Creo que esto se está saliendo de control Rita, deberíamos olvidarnos de todo el trato y mejor hacer como si nada hubiera pasado. No servir…
— ¡Cállate! ¡Cállate niña estúpida! ¿Qué no lo entiendes? —Lavender retrocedió unos pasos asustada de la descontrolada expresión de aquella mujer. — Si decido quedarme callada después de todo lo que hemos averiguado, desprestigiaré todo el trabajo de años. Mi jefe está cansado de esperar por una buena noticia, y se suponía que ya debería tener la primicia de todo. Pero por el contrario, lo que tengo es… a ti, que no sabes hacer nada bien.
— Nuestro plan no funciono, eso no quiere decir que sea toda mi culpa. Daniel también tiene gran culpa de esto, por no haber podido mantener a esa estúpida de Granger en la cabaña.
— Sí, en eso tienes razón —acreditó. — Pero el problema ahora es que tenemos el gran hito pero no las bases que lo avalen. Podemos informar de una infidelidad, pero nadie lo tomará en cuenta si no tenemos pruebas. Y eso es exactamente lo que hemos buscado mil veces y no logramos encontrar. ¿Cómo puede ser tan difícil? Hay algo que estamos olvidando rubia, algo que es muy importante y está frente a nuestros ojos.
— Tal vez deberíamos recapitular todo lo que ha sucedido, y por enésima vez… ¡no me digas rubia!
— Sí, tienes razón, revisemos todo de nuevo. Tal vez así encontremos lo obvio que tanto nos huye. —respondió pensativa, mientras observaba el periódico sobre su mesa con grandes titulares de "Los secretos tras la desaparición de la modelo Hermione Granger".
— Ron… ¡Basta! —lo reprendió la castaña en un susurro y con evidente molestia, Ron salió de su ensoñación. — ¿Qué te sucede? ¿Por qué sigues mirándome así?
— ¿Qué? ¿Qué cosa? ¿Mirando cómo? —preguntó aturdido.
— De esa forma… tan fijo, ¡me estás asustando! —le confesó enojada. — concéntrate en la reunión de una buena vez, es nuestro último trabajo.
— Eh… si claro, si ya entendí todo.
— ¿Todo todo?
— Sí
— Entonces me podrías explicar… ¿porque diablos rayaste tu hoja de ejemplos?
El pelirrojo soltó el lápiz que tenía en sus manos, y observó las gruesas marcas que había hecho sobre los papeles que Robert le había entregado. Soltó un mierda y luego cubrió la hoja dentro de la carpeta, maldiciéndose por no ser consiente ni de sus propios actos.
Los del directorio se despidieron con gran educación y les desearon nuevamente lo mejor en su último proyecto. Hermione se despidió de cada uno, agradeciéndoles también por las oportunidades, pero tomándose mayor tiempo con uno de los del directorio. Ron estuvo atento a cada movimiento y expresión en aquella conversación, sintiéndose molesto sin aparente razón. Pero una vez que la conversación finalizó tomó la mano de Hermione y salió rápidamente del edificio. La castaña forcejeó con él por unos minutos, pero una vez que estuvieron frente a auto no hubo mucho que hacer más que entrar en él.
— ¿Qué te sucede, Ron? ¿Qué ha sido todo ese espectáculo? —preguntó, una vez que ambos estuvieron en el auto listos para desaparecer nuevamente a casa.
Remus los escuchaba desde el asiento delantero, por lo que para darles privacidad presionó el botón que permitía que una cortina cubriera toda la visión que podía tener de los asientos traseros, pero el único problema era que no tenía vidrios que también cubrieran el sonido. Así que subió el volumen de la canción que más le gustaba y trató de concentrarse en ella sin más rodeos.
Por otro lado…
— ¿Qué espectáculo? Solo hice lo que tenía que hacer… —Hermione alzó las cejas indignada, esperando mayor respuesta que esa. Ron accedió. — Ese directorcito de cuarta se le notaba que tenía mayores intenciones contigo que solo hablar, y no iba a permitir que me dejaran como el cornudo delante de todos.
— Así que… ¿esto es por celos o por tu orgullo?
— ¿Por qué habría de estar celoso?
— ¡Ronald por dios! ¿Te das cuenta si quiera de lo que hablas?
— Claro que me doy cuenta Hermione, y te aseguro como hombre que soy, que una persona cuando habla así de atento con una mujer es porque le interesa… y no precisamente formalizar una relación… tipos como el con dinero y poder no buscan más que entretención y si es posible con personas conocidas, importantes o simplemente personas con las que saben podrán obtener algo.
— ¿Y que podría obtener de mí?
— Por favor mujer, no te hagas la ingenua que a ti sobretodo no te queda.
— ¡Odio que me hables como si lo supieras todo!
— ¡Y yo detesto que te hagas la que no entiende nada!
— ¡No me estoy haciendo nada, no puedo entender tu estúpida lógica, y como no sabes argumentar, terminas confundiéndome a mí!
— ¡Claro que se argumentar! ¡Tú eres la que no logra ver más allá de sus ojos!
— ¿Puedes hablar con palabras claras y dejarte de mentir? Porque te aseguro que si hay una cosa en este mundo que no soporto son las mentiras y la gente mentirosa.
Silencio.
Ron no tuvo el valor para volver a responder a eso. El deje de esperanza que había tenido de que ella lo perdonara definitivamente ya era caso perdido. Su relación con ella acabaría en el preciso instante que le contara lo que había sucedido, y después de ello ya no habría perdón. Y él lo entendería, enserio lo entendería porque ya no había más que hacer que sufrir por los errores cometidos y se sentía culpable. Más que nunca porque sabía que ella no era culpable de nada y que además tendría que sufrir su traición en poco tiempo. Asimismo de que su vida no había sido fácil y que él solo deseaba ayudar a alivianar esa carga, pero lamentablemente había hecho justo lo contrario.
— Lo siento Hermione, hay algo que debo decirte —respondió con seriedad, tratando de no mirarla a los ojos.
— De acuerdo, te escucho. —asintió ella con una extraña tranquilidad.
— No aquí. Te lo diré cuando estemos en el departamento.
— ¿Por qué?
Hermione no obtuvo respuesta, solo un silencio sepulcral y una actitud de evasión impresionante. Decidió que lo mejor era aceptar aquello y simplemente quedarse en silencio por unos minutos, ya que después de todo, solo faltaba una cuadra para llegar a casa.
— ¡Robert aguarda! —gritó uno de los directores. — ¿Qué es todo esto?
Él giró sobre sus talones y miró lo que el hombre le estaba señalando. En sus manos tenía las más recientes portadas de los diarios. En todas ellas se hablaba del secuestro de Hermione y la entrevista que se había realizado hace poco. Pero no era eso lo que le había sorprendido de aquella imagen, sino lo que tan estrechamente señalaba un dedo de aquel hombre. Era un pequeño titular pero que extrañamente resaltaba más que cualquier otra cosa en la portada, por lo valiente de sus palabras.
"¡Ni siquiera Record Magic se salva de ser culpable del secuestro de la modelo Hermione Granger!"
"Tras el secuestro de la joven se han descubierto varios secretos que permitieron llevar a cabo todo el plan a cabo, y entre ello también es sorprendente encontrar parte de culpa a la gran empresa para la cual ha estado cumpliendo un contrato: Record Magic.
Lo que ha sorprendido a muchos es que la empresa no solo no tomó cartas en el asunto cuando se sabía que había un acecho tras la joven, sino que también el director Robert Walmart, encargado personal de las estrellas de su campaña tiene gran culpa del secuestro. No porque lo haya efectuado, sino porque se dice que alguien cercano a él, fue el causante de todos estos problemas".
— ¿Qué significa todo esto Robert?
— N-no, no tengo idea… yo no.
— ¿Es cierto que es alguien cercano a ti quien causo todo esto?
— No lo sé, yo no.
— Aun más importante que eso… tu sabes quien fue Robert, y estas tratando de encubrirlo. Así que como tu jefe, te ordeno que me digas quien fue, ya que si no lo haces me deberé en la autoridad de despedirte e informarle todo esto a la policía de investigaciones. ¿Es eso lo que quieres?
— No.
— No, claro que no, nosotros tampoco queremos eso —confirmó el hombre con sonrisa triunfante, esperando su declaración.
— No, me refiero a que no diré nada. No delataré a la persona que fue, ni ante usted ni ante nadie. —respondió él con seriedad. — Así que supongo que estoy despedido… —el jefe de Robert seguía con el cuerpo rígido y la expresión más seria que cualquier persona habría visto. No se movió ni siquiera al ver como Robert caminaba con tranquilidad fuera de la oficina, y solo respiró cuando lo vio volver, claro que no con algo que lo alegrara mucho. — ¡Ah, se me olvidaba! Dígale a la policía que los espero en mi casa… ya no tengo nada más que perder.
Remus aparcó el auto justo frente al ascensor de los estacionamientos, manteniendo el motor encendido para volver a su lugar de origen, pero sintió pena de tener que ser espectador de aquella discusión entre los modelos. Sabía que las cosas no irían bien, él lo sabía.
— Suerte —le dijo a Ron. Este giró y le hizo una seña con la mano. — Cosas así nunca son fáciles de confesar, pero si la amas realmente sabrás que decir.
El pelirrojo quedó en completo silencio. Remus lo sabía, y ni siquiera se lo había dicho. Tal vez eso era lo mismo que le sucedía a Hermione. Tal vez ella ya lo sabía y por eso actuaba de esa forma. Solo había una forma de saberlo…
Hermione no lo había esperado para tomar el ascensor, ella simplemente había subido al ver que él no la seguía, así que tuvo que esperar a que otro ascensor llegara. No tardó mucho, por lo que una vez arriba golpeó la puerta del penthouse hasta que Hermione abrió. Se quedaron mirando por unos segundos como si supieran lo que seguiría después todo eso. Ninguno quería enfrentar la realidad.
— ¿Te quedarás ahí parado o vas a entrar?
Ron entró y Hermione cerró la puerta, pero antes de girarse cerró los ojos y suspiró. Ambos caminaron al salón y se sentaron en diferentes sillones. Ella en una esquina y él en otra. La castaña se descalzó, y subió sus pies para cubrirlos con una manta. Ron por su lado fijó sus pies en el suelo y apoyó sus codos en sus rodillas, justo como lo había hecho aquella noche en que le confesó todo a Harry. Pero no… ¡esta vez no podía ser tan cobarde! Debía decírselo mirándola a los ojos.
— Hermione…
— Ron —respondió ella rápidamente.
Escucharla decir su nombre lo hizo temblar. Todo su cuerpo comenzó a entrar en pánico, ¿Cómo se le decía alguien que amas que lo engañaste? No había forma fácil de decirlo… a menos que no lo dijera…
— Hermione, hay algo que debo decirte…
— ¿Si?
— Yo…
— ¿Tu…? —lo incito ella, esperando respuesta. Cualquier cosa menos lo que iba a escuchar.
— Yo no te amo. —Decir que en el rostro de Hermione había solo sorpresa, habría sido una mentira. Porque realmente en él había una inmensa mezcla de emociones que ni siquiera ella misma hubiese logrado explicar.
— Disculpa… no te escuche… ¿Qué dijiste? —realmente si había escuchado, diferente era que no quisiera escucharlo… o creerlo.
— Eso, que no te amo.
La tranquilidad con la que estaba diciendo esas palabras era casi irreal. Habría dado lo que fuera porque le dijeran que era una mentira, que todo estaba planificado para un programa de bromas y ahora saldría el director de ese programa diciéndole que era broma y que había caído.
Pero no era así, y Ron se lo estaba dejando más que claro.
— ¿Qué…? ¿Porqué… porque dices eso?
— Es la verdad —respondió con dureza.
Hubo un silencio sepulcral en el que Ron se puso de pie y le dio la espalda, Caminó a la ventana y ahí se mantuvo observando a cualquier lugar sin darle demasiada importancia, porque su cabeza estaba a sus espaldas, odiándose a sí mismo por hacer lo que haría y tratando de que ella comprendiera que era lo que estaba sucediendo en realidad.
— No te creo —dijo ella finalmente, acercándose a él para obligarlo a girarse con gran brusquedad.
— Me da igual si no me crees, es la verdad y punto. —ese definitivamente no era Ron.
— Ron… ¿Qué te sucede? ¿Dije algo que te hizo sentir mal? —que ella no podía entender que el único imbécil ahí era él. — Porque si es así, lo siento mucho yo no…
— ¡No eres tu maldita sea! —Hermione ladeó el rostro confundida. Acababa de decirle que ya no la amaba, ¿Qué debía pensar? — Bueno sí, eres tú… dejaste de gustarme… y…
— ¿Dejé de gustarte? —repitió ella comenzando a delatarse por lo débil de su voz. Ron quiso estamparse un martillo en la frente por decir aquello. Estaría loco si esa fuese la razón, fue por ello mismo que un deseo irrefrenable de detenerse y decirle que era sin duda la mujer más bella del mundo, pero se contuvo porque sabía que mientras más rápido terminara con todo eso, sería mejor. — ¿Por qué?
No había ningún argumento ni respuesta para esa pregunta, pero tuvo que inventar algo.
— No lo sé, simplemente ya no me atraes.
Hermione lo miró casi con descaró y sin pudores, lo observaba fijamente a ver si parpadeaba, apartaba la mirada o lo que fuera que le indicara que todo eso era una maldita mentira, pero no fue así. Ron se mantuvo fijo, sin emoción y con seriedad, pero agradeció que ella si apartara su mirada porque seguir fingiendo así lo estaba matando también a él.
— ¿Te das cuenta de que… de que con esto… destruyes todo…? —le preguntó ya sin miedo a que la viera llorar.
— Odio mentir —eso no era mentira, pero no quitaba que realmente lo estuviese haciendo. — Y debo confesarte que solo fingí estar interesado en ti porque sabía que serías la única a la que podría tener a mi lado si tenía que estar en una relación frente a la prensa, así que pie…
— ¡Cállate! —gritó ya sin poder contener las lágrimas. — Eres un… maldito imbécil insensible.
Ron trató de contenerse, pero a pesar de ello una pequeña gotita se deslizó por su mejilla. Odiaba lo que estaba haciendo; no solo estaba destruyéndose a sí mismo y la relación, sino que la estaba haciendo sufrir a ella también.
— Hermione lo siento… yo no…
— ¡Cállate te dije! ¡No te atrevas a decir lo siento porque sabes que no lo sientes! —estaba fuera de sí, y no era para menos con aquella confesión. — Lo único que estás logrando es que te odie aún más de lo que ya lo hago, así que ahora olvídate de lo que dije, de lo que pasó y de mí, porque te aseguro que… ya no verás a esta estúpida tonta cayendo en tu trampa nuevamente.
Ron sintió que aquellas palabras –sumadas al portazo que dio al entrar en su habitación- eran la campañilla del fin del mundo. ¿Cómo había podido hacer algo como eso? ¿Qué no tenía sentimientos? ¿Qué diablos había hecho? ¡La amaba con todas sus fuerzas! Y ahora… ahora no tenía nada.
Hermione caminó con rapidez hasta llegar a su habitación y cuando la puerta estuvo cerrada, finalmente se permitió llorar. Fue un llanto medianamente silencioso porque el dolor era demasiado para contenerlo. Aquellas simples palabras y frases le habían destruido prácticamente el corazón.
Ron supo que todo aquello lo había planeado porque no quería sentirse aún más culpable consigo mismo. Pensó que decirle que ya no la amaba –a pesar de que la adoraba más que a nada en el mundo- sería más fácil que aceptar la culpa de haberla engañado.
Pero no, ni esa mentira ni cualquier otra cosa podría aliviar el dolor que sentía en ese momento, y más aun escuchando como Hermione intentaba contener los sollozos. Todo eso para él era una tortura, tal vez su propio Karma.
Caminó el resto de la distancia que lo separaba de la habitación de Hermione, a paso lento y pesado, ya que estaba utilizando sus últimas energías. Y una vez ahí pensó en tocar, pero se detuvo con la mano en alto, así que simplemente la apoyó junto con su cabeza. No había nada que pudiera compensar el dolor que le estaba causando a Hermione en ese instante, y tratar de hablarle habría sido mucho peor. Dejó de apoyarse en la puerta, y simplemente se deslizó por la puerta hasta sentarse en el suelo descansando su espalda en la pared.
Y en esa posición, juró que podía sentir la respiración y el hipido de Hermione. Y de hecho pudo estar completamente seguro de eso cuando sintió su presencia acercarse un poco más. Definitivamente ella estaba también en la puerta y por lo que parecía, ella quería hablarle… Así que guardó silencio y apoyó su oreja en la madera.
— Te odio Ronald Weasley… —aguantó un sollozo profundo, pero no pudo esconder el hipido que esto le generó. Cerró su puño y lo presionó fuerte contra su pecho como si esto fuera a detener el dolor que estaba sintiendo en su interior, mientras cerraba sus ojos con fuerza — Te odio… simplemente te odio…
¡Hola queridas lectoras!
Hoy en una noche tan especial quise publicar en modo de obsequio para ustedes que se han mantenido tan fielmente a esta historia, comentando y agregando a favoritos. Ya ha pasado un buen tiempo desde el primer día que publique por primera vez y debo agradecerles porque fue muy bien recibido desde un principio, y yo como escritora he crecido mucho en todo este tiempo. Pero sobre todo quiero dedicarles a todos este capítulo que no va muy acorde con la felicidad del día pero que marcará gran importancia en la historia debo decir.
Y por ultimo quería desearles unas muy felices fiestas, y que este año que viene venga lleno de bendiciones y mucha felicidad.
No me queda más que despedirme y agradecerles nuevamente por el inmenso apoyo.
Con cariño...
WeasleysSweet
