CAPÍTULO REEDITADO
Capítulo 11
Vacaciones y pesadillas
Día 138.
Bra tenía una enorme vena en la frente que palpitaba sin parar. La gente que pululaba por allí se apartaba de ella al verla pasar. Su corona de flores estaba marchitándose según avanzaba con la arena entre los dedos de los pies. Su falda de tiras rojas se agitaba con cada sacudida. El bikini verde y las flores que colgaban de su cuello formando aquel collar que siempre había deseado llevar brillaron cuando pasó por delante de la fogata, alrededor de la cual los humanos bailaban acompañados por la música del ukelele, sin sospechar el peligro que corrían. Cuando Bra lo encontró, una sonrisa perversa se dibujó en su cara.
—Broly— lo llamó macabramente, y él, sin sacarse de la boca la carne que le ofrecían, la miró.
—¿Qué pasa?— preguntó. La vena de Bra palpitó con mayor fuerza.
—¿No se suponía que odiabas que los humanos te tocaran?— cuestionó ascendiendo su nivel de voz conforme hablaba, pero Broly no pareció sentirse intimidado. De hecho, no tenía ni idea de por qué la muchacha estaba tan enfadada.
—No sé a qué te refieres.
—¿No lo sabes?— Bra crujió los nudillos, y fue entonces cuando clavó su mirada más peliaguda en las féminas de piel morena, pechos enormes y mirada libidinosa que rodeaban al guerrero legendario, que tumbado sobre un montón de cojines en mitad de la playa, siendo abanicado por dos apetecibles mujeres humanas con las hojas de las palmeras, con un montón de carne y bebida a su alrededor y con las manos de cinco féminas acariciándole el pecho desnudo mientras soltaban jadeos de satisfacción, se encontraba de lo más a gusto.
Ni siquiera tenía que levantarse para agarrar la comida. Ellas se la ponían en la boca y le acercaban la bebida. A cambio de todas esas comodidades no paraban de restregarse contra él mientras soltaban palabras como "qué músculos tan bien formados tienes", "Eres el hombre que cualquier mujer desearía", "¡Qué atractivo!" "Sé el padre de mis hijos", y cosas así. A Broly no le importaba que parlotearan toda la noche mientras siguieran dándole de comer. Por muy voluminosas que fueran, las débiles mujeres humanas no le atraían lo más mínimo. Bra dio un paso al frente entonces, y sin más les dirigió una tétrica mirada a todas ellas.
—Apartad, cucarachas— Ellas le devolvieron la mirada como si fuera los restos de la cena.
—¿No deberías estar ya en la cama, niña? Este no es un ambiente adecuado para una cría como tú.
—¿Es que no ves que es demasiado hombre para ti?
—¿No eres muy pequeña para él? Tanto en edad como en estatura y… como en todo lo demás— hubo una risa colectiva entre ellas, y Bra se sintió casi humillada. —Además, menuda musculatura.
—Si pareces una forzuda. ¡Eso en una mujer no queda bien!
—Ja-ja-ja— rió ella, y Broly se puso tenso. Reconocía esa mirada. —Si tengo estos músculos… ¡es para poder deshacerme de putas como vosotras!— y sin más, Bra agarró a una de ellas del pelo, la que estaba más cerca, la sacudió unos instantes y la lanzó por los aires con tanta fuerza, que voló con un grito hasta caer en la orilla de la playa, sobrevolando la fogata y a los patidifusos turistas. —¿Alguien más quiere probar?— cuestionó con voz cruda, y entonces todas las mujeres desaparecieron a la velocidad del rayo, dejando a Broly solo y sin nada que llevarse a la boca. —¡Hump! Insectos— musitó Bra cruzándose de brazos con actitud de superioridad.
—Estarás contenta. Ahora tengo que moverme para comer— se quejó Broly.
—¿Cómo puedes ser tan vago? ¡Eres el maldito guerrero legendario!
—Pues precisamente por eso. ¿Por qué iba a hacer algo si ya he nacido siendo todopoderoso? Sería una tontería gastar poder en algo tan mundano.
—Precisamente por esa vaguería tuya nunca pudiste derrotar a Goku— Entonces apareció la vena de Broly, que palpitó en su sien haciendo juego con la de Bra.
—¡Menuda fuerza, guapa!— oyó que la alagaba un hombre por detrás, rojo por la borrachera. Rodeó los hombros de la princesa con toda la confianza del mundo y le ofreció un coco con una pajita incrustada en él. —¿Te apetece beber conmigo, guapa? Yo invito— Pero antes de que Bra pudiera decir lo más mínimo, unas certeras palabras por parte de Broly respondieron por ella.
—¿Quieres morir, humano?
El hombre miró al guerrero, que se levantó de los cojines mostrando su gran estatura. Le bastó centrarse en sus gruesos músculos, cada vez más hinchados, para dar media vuelta y salir corriendo despavorido, aterrorizado por ese gesto tan tosco. Broly y Bra se quedaron solos en ese paraíso terrenal. Todos habían salido corriendo, dejando la fogata encendida, al sentir el instinto asesino de ambos creciendo sin parar.
—Maldita sea, Broly… ¡No debería haberte traído a Hawiia!
—Fue idea tuya. A mí me gustaba Veneche. La gente paseaba en barca y podía tomar pizza montado en una. Volvamos allí.
—¿Para que rompas otra góndola y nos acabemos bañando otra vez en el Gran Canal? Igual que en las cataratas del Kiagara. ¿A quién se le ocurre darse un baño bajo las cataratas del Kiagara? ¡Es que no puedo llevarte a ningún sitio!
—Tú misma dijiste que no estaba prohibido bañarse bajo ellas.
—¡Porque a nadie se le ocurriría hacerlo, solo a ti, mono estúpido!
—¿Qué has dicho?— la incitó él a continuar, inclinándose para quedar a su altura.
—He dicho mono estúpido, ¿quieres que te lo repita otra vez? ¡Mono estúpido!
—No me hagas enfadar, maldita debilucha— Y con esa discusión empezaron la última noche de la semana de vacaciones.
Tal y como Broly le había sugerido a su alumna, le había dado la posibilidad de idear un plan con el que poder enseñarle parte del mundo humano en una semana. A Bra le había costado trabajo decidirse por un lugar y otro, pero acabó decantándose por los lugares a los que siempre había deseado ir y que nunca había tenido oportunidad de visitar.
Ahora que tenía una excusa, había tardado varios días en idear un plan genial teniendo en cuenta cuánto tardarían en recorrer la distancia de un lugar a otro volando a toda velocidad. Primero Italche, donde habían visitado Romu, Florenchia y Veneche superficialmente. A Broly le habían gustado las estatuas de hombres forzudos a punto de iniciar una pelea, además de los cuadros donde se retrataba alguna masacre, pero lo que más le había gustado era la pizza y Veneche. Sus ojos habían brillado cuando vio las góndolas y no paró hasta que la convenció para montar en una que, posteriormente, había roto al emocionarse demasiado.
Luego fueron a Franche y estuvieron un día en Parsí. Esa ciudad no le gustó en absoluto. Bra se pasó horas mirando ropa, paseándose de tienda en tienda, y lo obligó a cargar con varias bolsas llenas. Broly se enfadó, porque no era un mulo de carga, pero cuando probó la comida se le pasó. Luego la policía le llamó la atención porque escaló la Torre Ifil en lugar de ir en ascensor.
También estuvieron en Japania, en un lugar llamado Toko. Pasearon por los templos y la gente se les quedó mirando. Lo peor fue cuando un hombre empezó a dibujar a Broly en un restaurante japonés y ella se molestó por temor a lo que hiciera con el dibujo. Como compensación, el tal Akira Toriyama tuvo que pagar la comida. A cambio, Broly dejó que le dibujara todo lo que quisiese.
Dando la vuelta al mundo pasaron por Chine, y por diversión, hicieron una carrera sobre la Gran Muralla. Bra ganó, y esta vez fue Broly el que se enfadó. Los turistas parecían sorprendidos. También fueron a Egirio, y a Broly le gustaron las pirámides. Tanto le gustaron, que entró dentro de una y cuando se perdió en los laberinticos pasillos, la hizo estallar desde dentro para salir. Por suerte, no se derrumbó, pero Bra se enfadó otra vez.
Luego estuvieron en un lugar llamado Macha Picha, y Broly obligó a Bra a quedarse en aquel lugar a dormir porque le gustaban las vistas. Ella pasó frío, pero ver a Broly respirando aire limpio con los ojos brillantes al ver la puesta y la salida del sol desde allí, bien merecía la pena. Al día siguiente pasaron junto a las cataratas del Kiágara, pero Bra deseó no haberlo hecho. Todavía recordaba lo abochornada y enfadada que se había sentido cuando perdió a su compañero de vista y los turistas empezaron a gritar que había un hombre bañándose en el agua. A Bra casi le dio un ataque cuando lo vio descender por las cataratas como si estuviera en una maldita montaña rusa acuática, y cuando voló bajo ellas, temblando al pensar que se había ahogado, se lo encontró recibiendo el peso del agua sobre sus hombros, como si de una ducha se tratase. Deseó matarlo por semejante susto, pero en lugar de eso lo obligó a salir de allí y a ponerse su ropa, porque como siempre, todo eso lo había hecho desnudo. Bra se juró a sí misma que le compraría un bañador, y así lo hizo cuando llegaron a su último destino.
Ambos acabaron volando sobre la pequeña isla de Hawiia, donde el verano siempre prevalecía. Esta vez, Bra había ido directa a un hotel, porque por mucho que a Broly le gustara dormir al aire libre, el cutis de ella sufría las nefastas consecuencias.
A Broly le gustaron las olas. Se pasó todo el día jugando con olas de cinco metros, escondiéndose en el agua y derribando a los surfistas sin que estos pudieran percatarse siquiera. Tuvieron que sacar a más de uno en camilla, pero esta vez Bra no se lo recriminó. Estaba demasiado ocupada tomando el sol y recibiendo atenciones por parte de guapos surfistas que hacían todo lo que ella les pedía con la esperanza de tener un acercamiento a cambio. Durante horas tuvo todas las bebidas gratis que quiso, hasta que Broly se aburrió de tanto jugar con las olas y empezó a hacer castillos de arena.
Los humanos dejaron de acercarse a Bra y fue entonces cuando ella se percató de que Broly estaba construyendo castillos encima de sus pretendientes, sepultándolos. Le gritó con todas sus fuerzas y la ambulancia tuvo que hacer varios viajes ese día. Bra todavía no sabía cómo era posible que nadie hubiera muerto.
Por la noche, los habitantes de la isla les regalaron collares de flores. Broly se reusó a ponerse el suyo y durante un festival se dispersaron. Bra quería bailar alrededor de la fogata y Broly quería comer. Poco después la joven se lo encontró siendo mimado por las féminas que no le habían quitado ojo durante todo el día y su buen humor desapareció otra vez.
Había llegado el final de la semana. Solo les quedaba una noche para volver a casa y seguir con su entrenamiento rutinario, pero el viaje no les pesaba. A pesar de las locuras se lo habían pasado bien y Broly no podía negar que lo que había visto del planeta Tierra le había gustado.
Sería una auténtica lástima destruirlo.
—Maldita temporada alta… y encima no puedo usar la tarjeta de crédito de mamá porque me localizaría en un momento.— Bra se adentró en el hotel refunfuñando, deseando meterse en la ducha cuanto antes para quitarse la arena de la cabeza. Cuando entró en su habitación, lo primero que hizo fue agarrar el móvil para llamar a casa.
Tenía que seguir con la excusa del viaje a Ciudad del Sur que su universidad había planeado para ella y sus compañeros. Peach la respaldaba, y también Pan desde casa, pero bastaría una llamada de teléfono a Gohan para saber que todo eso era mentira, para que él les dijera que no iba muy bien en los estudios y que llevaba una semana faltando a clase. Definitivamente esa llamada acabaría con ella, pero por ahora Bulma se lo tragaba sin rechistar. Al fin y al cabo, con Vegeta desaparecido, su madre tenía cosas más importantes en las que pensar.
Bra empezó a marcar el número de casa. Se llevó el teléfono al oído sentándose sobre su pequeña cama individual. Frente a ella, Broly caminó por la habitación, bostezó, se quitó por tercera vez la horrible camiseta que Bra le había obligado a ponerse para que no fuera mostrándole el torso a todo el mundo y se tumbó en su propia cama, al lado de la de su alumna. Los muelles chirriaron por su peso y él apoyó la barbilla sobre su mano para observarla de cerca.
—Hola, mamá, ¿cómo van las cosas por ahí? ¿Todavía no ha vuelto papá?— la oyó preguntar. El grito de Bulma fue tan grande al otro lado del teléfono, que el propio Broly se sobresaltó por ello. No conocía a la madre de Bra, pero si tenía la mitad de genio que ella, sin duda sería digna de temer. —Ya veo… es verdad que hacía mucho que no se iba tanto tiempo, pero no creo que tarde mucho más. Ya sabes cómo es. Sí, me lo estoy pasando muy bien. Peach y yo hemos ido al museo y… sí, se han sorprendido mucho al verme comer, pero como Gohan come más que yo, pues…
—Pero mira que eres mentirosa— se burló Broly desde su cama. Bra le lanzó una mirada furibunda que lo decía todo.
—Volveremos mañana por la noche— el guerrero legendario podía oírlo todo desde esa lejanía, pero la voz de Bulma le molestaba e hizo un gran esfuerzo por ignorarla. Era como tener un taladro agujereándole la cabeza, tan chillona a su parecer. De pronto, oyó algo curioso y notó cómo Bra se ponía nerviosa y hacía lo posible por esquivar la pregunta de su madre. —Bueno, mamá, tengo que colgar. ¡Ya te contaré! Nos vemos mañana. ¡Qué pases bien la noche!— y sin esperar una respuesta, colgó el teléfono con un suspiro.
—¿Qué ha querido decir con eso del tipo duro?— preguntó Broly perspicazmente con una ceja alzada.
—¿Estabas espiando?
—No, pero tu madre chilla mucho, y es imposible no oírla. ¿De qué tipo duro hablaba?— Bra se llevó el móvil a los labios, acariciándoselos sin intención de decir lo más mínimo. —No se refería a mí, ¿verdad?— por toda respuesta, ella le giró la cara y una vena empezó a marcarse en la frente del saiyan. —¿Le hablas a tu madre sobre mí?
—No te lo tengas tan creído. Conozco a muchos hombres a parte de ti.
—Sí, pero dudo que sean tipos duros.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que ese macho con el que bailaste cuando te atacó esa cosa era un debilucho.
Bra empezó a irritarse. Se levantó de la cama con los brazos en jarras y lo encaró con expresión fría y seria.
—Para tu información, yo no me junto con debiluchos. Pero de todas formas, ¿a ti qué te importa la clase de hombres con los que yo me codee?
—Nada— contestó él velozmente, girándole la cara haciendo uso de su gran orgullo. —Si quieres perder el tiempo con humanos, allá tú.
—Pues sí, quiero perder el tiempo con ellos. Al fin y al cabo también soy medio humana, por si no lo recuerdas. Además…— Bra sonrió de manera altanera antes de llevarse las manos a las mejillas, ligeramente ruborizada. —Algún día encontraré a un humano fuerte, guapo y rico con el que me casaré y tendré muchos hijos.
Broly notó su ceja agitándose peligrosamente. Un ligero tic marcado por la irritación apareció en sus duras facciones. Por un momento temió lo peor, cosa que desde hacía unos días le estaba preocupando en demasía, concretamente desde que Bra había rechazado a Shenlong y le había permitido vivir. Desde entonces, estaba inquieto.
Tenía pesadillas desde hacía días y por eso había intentado agotarse y caer rendido con aquel viaje, para que su sueño fuera lo bastante profundo como para no tenerlas. Sin embargo, no era tan fácil. Era un saiyan, y no uno cualquiera. Agotarle era prácticamente imposible, así que se había dedicado a dormir poco, a mantenerse despierto todo el tiempo que pudiera. No le gustaban esas pesadillas. Lo hacían enfurecerse y descontrolarse. Lo volvían peligroso, cosa que hasta el momento no le habría importado. No hasta que Bra decidió confiar en él y darle una oportunidad que nadie más le habría concedido. Para él, que había dedicado toda su vida a la destrucción, sonaba extraño, pero aunque así fuera… no quería hacer daño a Bra.
Broly se levantó de la cama entonces y le dio la espalda a la joven con seriedad. Ella, curiosa y divertida, le tocó el hombro con un dedo.
—¿Qué pasa? No me dirás que estás celoso, ¿verdad?— Broly calló, y por un instante ella pensó que de verdad estaba celoso y se ruborizó. —Broly…— murmuró en voz baja. Entonces él se llevó las manos al bañador y se lo quitó de un tirón. Su cola quedó al aire, junto al trasero que la chica había admirado ya un par de veces. Quedó desnudo frente a ella sin ninguna clase de pudor y Bra se llevó las manos al pecho instintivamente. —¿Qué… qué haces? ¿Por qué te desnudas?— él giró la cabeza y una sonrisa maliciosa se dibujo en sus labios. Bra retrocedió. —No estarás pensando… Pero si solo nos hemos besado dos veces. No, no quiero hacerlo. ¡Puede que tú seas un bárbaro, pero yo soy una señorita y no pienso dejar que…!
Broly dejó escapar una risita divertida. Por mucho que se negara, Bra tenía una leve sonrisa de satisfacción en la cara mientras se hacía la modosa. Iba a dejarla con la decepción, porque había dormido poco los días anteriores y el sueño empezaba a vencerlo. Además, era divertido verla enfadada. Sin más, se echó boca abajo sobre su propia cama. La cola cayó, quieta y cansada, entre sus piernas y sus duras nalgas antes de enroscarse alrededor de su cintura. Broly apretó la cara contra la almohada y bostezó.
—Tengo sueño y no estoy de humor para tus tonterías, medio humana, así que deja de hacer escándalo y duérmete.
Las orejas de Bra enrojecieron, y furiosa, le dio una fuerte patada a la cama donde él yacía amorronado.
—¡Serás cerdo! ¿Para qué te desnudas entonces?
—Yo duermo desnudo.
—¿Desnu… incluso delante de una señorita como yo?— Broly sonrió al verla tan avergonzada. De verdad era divertido jugar con su pudor. No sabía por qué seguía ruborizándose después de haberlo visto desnudo tantas veces.
—Si no te gusta puedes irte. ¿Quién sabe? Puede que encuentres a ese humano rico, guapo y fuerte caminando por la playa de noche.
La princesa de los guerreros era la personificación de su padre cuando se enfadaba. Herida en lo más profundo de su orgullo, caminó hasta el baño dando fuertes zapatazos contra el suelo y abrió la puerta con la intención de encerrarse en él.
—Voy a ducharme, ya que tú, maldito cerdo, no lo haces. Como se te ocurra mirar o intentes algo raro por la noche, te agarraré la cola y no pararé hasta hacerte gritar.
Broly la miró de reojo. Apoyó su cabeza sobre una mano al despegarse de la almohada y se volvió hacia ella con aparente interés, dejando caer la otra mano sobre su musculoso abdomen. Al hacerlo, su cola se sacudió y él quedó tumbado de lado. Toda su anatomía quedó patente frente a ella, que abrió los ojos como platos al ver con tanta claridad ese potente miembro que, por el momento, estaba dormido.
—¿Cuál de las dos colas dices que me vas a agarrar?— cuestionó él, y entonces Bra se adentró en el baño y cerró la puerta de un portazo.
—¡ERES UN CERDO!
Oyó que gritaba desde el otro lado. Broly dejó escapar una carcajada y volvió a acomodarse en la cama. Podía asegurar que después de destruir planetas y ver la cara de sus habitantes mientras los liquidaba, hacer enfadar a Bra era lo más divertido.
Cerró los ojos cuando el sonido de la ducha empezó, y poco después se quedó profundamente dormido.
Goku tarareaba una canción caminando hasta la mansión de la Corporación Cápsula detrás de Vegeta. Los puños del príncipe apretaban con fuerza un par de revistas. El guerrero más poderoso del universo disfrutaba de sus momentos de libertad antes de volver a casa para recibir los gritos de su mujer, seguro de que no le prepararía la cena por estar una semana fuera sin ni siquiera avisar. Pero, ¿qué otra cosa podría hacer? Si lo que Vegeta le había contado era cierto, la situación era peor de lo que pensaba. El estrés estaba pudiendo con su amigo, y temía que en cualquier momento explotara de mala manera. Tenía que ayudar.
Especialmente después de ver esas comprometedoras revistas que se habían extendido por todas las partes del mundo.
Vegeta entró en casa. Estaba tan enfadado, que ni siquiera se molestó en intentar alejar a Goku como había hecho horas antes, después de leer detenidamente esos artículos que había encontrado de pasada en el escaparate de una papelería en la otra punta del mundo. Ni siquiera se habían encargado de la criatura que por allí revoloteaba. Habían vuelto sin dilación, y Vegeta no había parado de gritarle que volviera a casa en todo el trayecto de vuelta.
Ahora Goku se arrepentía de haberlo seguido, porque cuando Vegeta gritó el nombre de Bulma exigiendo explicaciones, su vieja amiga hizo acto de aparición… y también el plato que lanzó desde la mesa hacia ellos y que se estrelló contra la pared, haciéndose añicos al instante.
—¡Maldito cabrón!— chilló ella. —¿Cómo te atreves a aparecer después de tanto tiempo dando gritos, eh? ¡Fuera de mi casa, desgraciado!— empezó a chillar agitando bruscamente los brazos. Goku retrocedió hasta el salón de manera instintiva. Por suerte o por desgracia, ni Trunks ni Bra parecían encontrarse allí en esos momentos.
—¿Qué demonios significa esto, mujer?— fue la brusca respuesta de Vegeta, soltando las revistas en el suelo. Bulma ni siquiera las miró. Las pisoteó con unos caros zapatos de tacón e ignoró la noticia de la posible aventura que tenía con Goten, totalmente absurda. Incluso Goku se había dado cuenta de que eso no tenía ningún sentido, pero Vegeta no se había dejado convencer tan fácilmente.
—Significa que has estado tanto tiempo fuera de casa que ni siquiera sabes lo mal que lo he pasado en estos últimos días. ¡Me han atacado, Vegeta! Te llamé, grité, ¡y tú no estabas!— chilló con un agudísimo timbre de voz.
—¿Qué te ata…? ¡Eso no tiene nada que ver!— se retractó él enseguida, reprimiendo su preocupación para sustituirla por su gran orgullo. —¿Qué tiene que ver ese mocoso en toda esta mierda?
—¡Tiene que ver que fue él el que me salvó la vida cuando me lanzaron por la ventana de la corporación y estuve a punto de morir aplastada contra el suelo, eso tiene que ver! Pero a ti no te importa. Han pasado tres semanas y ni siquiera me has saludado ni me has preguntado cómo estaba. Ni un beso, ¡ni nada! ¡Y yo aquí sola pasándolo mal con nuestros dos hijos después de anunciar nuestro matrimonio! ¡SI NO QUIERES CASARTE, SÉ UN HOMBRE Y DILO!— sus últimas palabras retumbaron por toda la casa. El pelo de Goku se erizó por completo e incluso Vegeta pareció recular por el histérico chillido. De pronto, los grandes ojos azules de Bulma se llenaron de lágrimas cargadas de impotencia y rabia. Corrió hasta Vegeta y en contra de lo que Goku pensó que haría, empezó a darle fuertes puñetazos en el pecho mientras gritaba.
Por supuesto, Vegeta ni se movió y simplemente permitió que le golpeara. Al cabo de unos segundos, Bulma paró de golpearle. Le dolían los nudillos y Vegeta ni siquiera lo había notado. Finalmente, los humos de ambos parecieron calmarse y ambos soltaron aire al mismo tiempo, deshaciéndose del estrés y la tensión con ese gesto.
—Está bien, mujer, ¿qué demonios te ha atacado?
—Una criatura horrible, asquerosa. No sé cómo entró en la corporación, pero me agarró en los baños y mató a mis guardaespaldas de una sacudida. Me cargó sobre su espalda y si no llega a ser por Trunks y Goten, me habría secuestrado— explicó ella muy seria.
—¿Eso es todo? ¿Qué demonios iba a querer de ti una criatura así?— Bulma se cruzó de brazos, indignada ante esa respuesta tan fría y calculadora. Sabía que Vegeta era totalmente insensible, y ella tampoco era el colmo del cariño, pero a veces deseaba que su futuro marido fuera un poco más cercano y que la consolara en momentos tan difíciles.
—¡Y yo qué sé! Solo mencionó a una princesa antes de que Trunks le volara la cabeza por los aires y…— Pero Vegeta dejó de escuchar. Incluso Goku dejó de hacerlo. Instintivamente, el príncipe de los saiyans se volvió hacia su rival y ambos compartieron la misma expresión de perplejidad y preocupación. Fue entonces cuando Bulma se dio cuenta de que su amigo de la infancia también estaba allí. Había estado demasiado enfadada como para reparar antes en él. —Ah, Goku, estás aquí…
—¿Has dicho que dijo algo sobre una princesa?— la interrumpió Vegeta, y ella asintió.
—Sí. Creo que me confundió con esa princesa o lo que sea. ¿Por qué? Ah… también atacaron a Bra en la fiesta universitaria a la que fue, pero ella se hizo cargo a la perfección. Salió en los medios de comunicación— Bulma anduvo hasta la estantería y abrió uno de los cajones, sacando otra revista que ella misma había leído con sumo interés. Antes de que pudiera entregársela, Vegeta se la quitó de las manos bruscamente y observó la portada, pálido.
En ella, se podía ver claramente a Bra desarreglada, con un traje hecho jirones y con el pelo revuelto dándole un puñetazo en la cara a una criatura que la superaba en peso y en estatura por goleada. El título era "La cara oculta de la niña mimada, una guerrera en potencia"
Entonces todo encajó, y las noticias no podían ser peores.
—¿Cómo es posible que no te dieras cuenta de que también había criaturas por aquí?— preguntó Goku con el ceño fruncido, acercándose y husmeando la portada de la revista. —Bueno, por lo menos parece que no tuvo ningún problema para solucionarlo.
—No sentí el ki de nadie más cuando me fui. Si lo hubiera sentido, no me habría ido— gruñó él.
—Gohan me ha comentado algo sobre eso— soltó Goku, llevándose los dedos a la barbilla, pensativo. —No estoy muy seguro, pero me dijo que no siempre sentía el ki de algunas criaturas, y que estaba seguro de que había seres que sacaban la energía de otra parte. Yo no lo creo, pero eso explicaría por qué no lo sentiste, ¿no?
—Pero eso significaría que…
—Que no hay manera de saber cuándo un enemigo de esa clase se aproxima— concretó Goku.
—¡Maldita sea, no me había dado cuenta hasta ahora de que la percepción del ki no es exacta!
—¿De qué estáis hablando? ¿Qué tiene que ver el ki con…?
Entonces Vegeta soltó la revista y agarró a Bulma firmemente por los hombros, casi haciéndole daño. Sus ojos eran dos pozos negros que amenazaban con tragarse todo si no obtenía lo que quería.
—¿Dónde está nuestra hija, mujer?
No solía pensar las cosas antes de hacerlas y ese día no fue menos. No se reprimió cuando su padre intentó detenerle agarrándole por el brazo y sin más, con una risa demente, dio media vuelta, estiró los dedos y de manera certera, arañó su cara y los introdujo en la cuenca del ojo de Paragus. Lo dejó tuerto de inmediato, y el hombre gritó y se llevó la mano a la cuenca vacía.
Broly rió, y luego voló por los aires el planeta del que acababan de salir.
—Eso te pasa por viejo estúpido. ¿Cuántas veces te he dicho que no me hagas enfadar? Y no te pido mucho, solo que me obedezcas. ¡Así que deja de quejarte! ¿De verdad crees que puedes detenerme, a mí, al guerrero legendario?— esas fueron sus crueles palabras acompañadas de risas rebeldes y sádicas. —¡La próxima vez te arrancaré el otro ojo, maldito viejo inservible!
Se rió otra vez, y su cabeza dio vueltas hasta que se situó frente a una imagen familiar. Paragus estaba junto a él, arrodillado.
—Ya no puedo con él. He intentado educarle lo mejor que he podido, pero es un demonio. ¡Llevadlo con vosotros, os lo suplico!
Una voz que hizo eco en los espacios más recónditos de su mente apareció.
—Si nos lo llevamos, nunca volverás a verlo.
—¡Me da igual! ¡Ese monstruo no es mi hijo, haced lo que queráis con él!— Broly se revolvió. Miró alternativamente a la patética figura de su padre y a las criaturas que había delante de él. Su mente las definía de manera difusa. No recordaba su forma exacta, solo recordaba que se revolvió contra ellas y que destripó a dos antes de que lo inmovilizaran.
Broly estaba sorprendido. No podía moverse.
Cuando despertó estaba en una habitación muy iluminada. El braummuro le inmovilizaba las muñecas y los tobillos, y el collar que le habían puesto pesaba tanto, que no podía respirar bien. Intentó atacarles otra vez, pero lo mantuvieron firmemente sujeto, boca abajo y desnudo. Le acercaron un instrumento de metal que parecía tener vida propia, y cuando lo dejaron caer a lo largo de su espalda, sintió el dolor de una potentísima descarga que lo dejó con los ojos en blanco.
Se quedó inmóvil, vulnerable e indefenso.
—Papá…— murmuró, y la imagen de su padre colocándole la diadema inhibidora en la cabeza apareció como un flash. —Me duele… duele…
No recordaba nada más.
Bra entreabrió los ojos un poco desorientada. La oscuridad de la noche y de la habitación le impedía ver lo que había a su alrededor, pero supo que no estaba en su cuarto cuando palpó la almohada, mucho más suave de la que solía utilizar. Recordó entonces donde estaba, el largo viaje que Broly y ella habían hecho hasta allí y la manera en la que había caído rendida nada más terminar de ducharse. Para entonces, su maestro ya estaba profundamente dormido y ella le había cubierto el cuerpo con una sábana antes de irse a la cama, pues era incapaz de dormir sabiendo que él estaba completamente desnudo en la cama de al lado. Cayó rendida después de taparse el cuerpo con una bata del hotel, y ni siquiera los ronquidos de Broly pudieron impedir que se durmiera.
Bra se restregó los ojos al pensar en ello. Miró su teléfono móvil y vio que eran las dos de la mañana. En su casa apenas serían las doce del mediodía. Se preguntó qué demonios la había despertado antes de hundir la cabeza en la almohada otra vez, pero el ruido de los muelles de la cama de al lado y un intenso gemido la mantuvo despierta.
—¿Broly?— lo llamó. —¿Qué haces? Son las dos de la mañana. Deja de dar vueltas y vuelve a dormirte— le ordenó mirando a tientas en la oscuridad. Vio su espalda, agitándose con brusquedad. La cama pareció saltar con su sacudida y Bra alzó una ceja. Esos movimientos no parecían típicos de él. —¿Broly?
—¡Hurmm!— gruñó él, y unas palabras ininteligibles salieron de su boca. Bra se sentó sobre la cama y encendió la lámpara que había en la mesita de noche. La habitación se iluminó y pudo ver al guerrero legendario escondiendo la cabeza bajo la almohada. Estaba quieto. Bra fue a apagar la lámpara otra vez, pero entonces se percató de cómo le brillaba la piel y de cómo sus músculos se remarcaban ferozmente, con las venas palpitando sobre los bíceps. Estaba sudando a chorros. Ella nunca le había visto sudar, ni siquiera cuando entrenaban juntos.
Se levantó de la cama y se acercó a él, que sobresaltándola, se agitó bajo las sábanas y estiró el brazo, golpeando la lámpara de la otra mesita de noche y haciéndola caer al suelo. Se hizo pedazos.
Bra tragó saliva. La respiración de él era muy agitada. Su pecho subía y bajaba a gran velocidad y ella posó la mano sobre él. Su corazón golpeó contra su palma velozmente, como si acabara de terminar una carrera frenética y todavía no se hubiera calmado. Cuando se apartó, sus dedos estaban empapados en sudor. Gimoteó otra vez. Tenía los ojos cerrados y entonces ella lo comprendió.
Estaba teniendo una pesadilla.
—Broly— lo llamó, sentándose a su lado y llevando sus dedos a su mejilla. El frunció el ceño y rompió a temblar. Le apartó la mano de un manotazo, rehuyendo el contacto.
—No…— musitó.
—Solo es una pesadilla. Tranquilízate.
—¡No!— gritó, y su espalda se arqueó. La cama chirrió y él apretó los dientes con un claro gesto de dolor. —¡Me duele!— chilló. —¡Quítamelo!— se agitó con tanta fuerza, que su puño se estampó contra la pared, abriendo un boquete de considerable tamaño. Bra se temió lo peor al sentir su nivel de ki alzándose de manera descontrolada. Le faltaba poco para transformarse en súper saiyan y si eso sucedía, aunque estuvieran en la otra punta del mundo, lo detectarían.
Bra se subió a la cama y le agarró la cara con ambas manos. Él se deshizo del agarre con un pataleo que la mandó al suelo, pero ella no tardó en subir otra vez pronunciando su nombre sin parar. Forcejeó con él, pero cuanto más intentaba inmovilizarlo, más se revolvía y más violento se volvía. Ella empezó a desesperarse.
—Broly, no, por favor… cálmate.
—¡Quítamelo, quítamelo!— gritaba él con las manos en la cabeza. —¡Me va a estallar!
—¿Qué es lo que va a estallar?— cuestionó, observándolo desde arriba con desesperación. Era la primera vez que le veía tan dolido, tan incontrolado. Se notaba a leguas que estaba sufriendo, y el corazón de Bra se encogía al pensar que no podía evitarle ese dolor. —¿Qué es lo que te duele, Broly?
Él dio la vuelta sobre la cama y a cuatro patas se llevó las manos a las sienes, inclinándose hacia delante.
—¡La cabeza!— dijo, desgarrándose la garganta con cada grito. —¡Páralo, papá! ¡Para!
Y entonces ella tomó una decisión. No había nada que le doliera más que verle sufrir con tanta intensidad. Cuando los párpados de Broly empezaron a empañársele, a punto de derramar lágrimas por su sufrimiento, Bra apartó las sábanas y se metió bajo ellas. Agarró las grandes manos que sujetaban su cabeza y tiró de él hasta que hundió su cara entre la curvatura de su cuello. Le rodeó la cabeza con los brazos y le acarició el pelo como si intentara calmar a un niño pequeño.
—Ya no lo tienes. Ya no tienes nada en tu cabeza. Eres libre. ¡No hay nada que te haga daño!— le susurró ella, y como respuesta recibió un fuerte puñetazo en el costado que la hizo apretar los dientes y suspirar por el dolor. Sin embargo, no lo soltó. —Ya está, Broly. Cálmate. Nada te está atacando. Nada te hace daño.
—Páralo… ¡páralo!— gritó, y sus fuertes brazos rodearon la cintura de Bra y la apretaron. Por un momento pensó que la partiría por la mitad, porque la apretó con tanta fuerza, que la dejó sin respiración.
—¡Ya lo he parado!— contestó ella también. Entonces, y solo entonces, él pareció relajarse levemente. —Te tengo, Broly, y no dejaré que nadie te haga daño otra vez— él dejó de agitarse y sus temblores, que casi empezaban a ser convulsiones, pararon. Bra descendió las manos desde su pelo hasta su espalda, acariciándole la columna, exactamente el lugar donde tenía esa cicatriz que apenas veía. Broly soltó un jadeo y sus brazos dejaron de apretarla para, suavemente, rodearle la cintura. —Todo está bien ahora. Todo está bien— le repitió ella sobre su oído.
Y él la creyó. Acabó apoyando la cabeza entre sus pechos y ahí se quedó. Bra no se sintió avergonzada. En esos momentos se sentía como una madre acunando a su bebé. Suspiró y se dejó caer sobre la almohada, rendida, intentando evitar por todos los medios rozar con las piernas su pene, el cual había sentido en un par de ocasiones con todo ese ajetreo.
—Tenías que dormirte desnudo, ¿verdad?— murmuró muy por lo bajo, entre dientes. —Eres como un niño, tan caprichoso. Me haces sentir como si fuera tu madre, ¿sabes? Deberías aprender a comportarte como un adulto— a pesar de ello, Bra sonrió y le besó la frente con infinito cariño sin dejar de acariciarle ni una vez.
Ni si quiera se percató de que Broly había abierto los ojos, y una irritada vena aparecía en su frente.
Ella no solía llevar medias, y tampoco falda. No era precisamente el colmo de la feminidad. De hecho, desde muy pequeña solía huir de los lacitos, de los tacones, de los encajes… si no fuera porque el pecho le molestaba a la hora de la lucha, tampoco llevaría sujetador. Ese día había salido antes de tiempo del dojo de su padre donde trabajaba. En realidad, era la única que lo hacía, porque por mucho que intentara disimularlo Satán no era un experto en artes marciales como ella. Ese día, sin embargo, se puso falda y medias, y cuando volvió a casa se encontró con una agradable sorpresa. Gohan no tenía clases ese día y se había quedado trabajando en casa, por lo tanto, no llevaba puesta esa ropa tan formal que le obligaban a vestir para ir a trabajar. Pan estaba en la escuela, Goku llevaba una semana sin aparecer por casa y Chichí había salido de compras para liberar estrés.
Entonces se miraron. Gohan podía ser muy tímido cuando quería, pero después de más de un mes sin sexo, la timidez se había ido al cuerno. Al fin y al cabo, él también era un hombre y tenía sus necesidades. Estaba harto de que Pan, Chichí o Goku los interrumpieran con sus gritos. Los quería, pero había momentos en los que necesitaba intimidad desesperadamente, y ese era uno de ellos.
De repente, Videl estaba sobre la mesa de la cocina con las piernas abiertas y Gohan ya le había arrancado las medias con los dientes, literalmente hablando. No podía negar que a veces merecía la pena aguantar solo para ver a su tímido marido descontrolado como la bestia furiosa que ocultaba dentro de sí con esa sonrisa amable y pacífica.
Los botones de su camisa saltaron y rompió el sujetador de un tirón. No tardó en arrancarle de igual manera las bragas y cuando el milagro iba a suceder, ocurrió.
El teléfono empezó a sonar.
Gohan y ella se miraron. Ella estaba sin aire y Gohan tenía el ceño fruncido usando esa expresión que solo dejaba salir cuando pensaba moler a un enemigo a base de golpes incontrolados.
—Deberías…
—De eso nada— contestó él, y hundió la boca entre sus pechos. Ella se sacudió y se frotó contra el bulto que crecía bajo sus pantalones, empapándolos con sus propios fluidos. El teléfono dejó de sonar y al cabo de un segundo, volvió a hacerlo. Ocurrió dos veces más, y poco a poco, el fuego que recorría el cuerpo de Videl empezó a apagarse.
—Cariño…— murmuró, resignada. Gohan se apartó, anduvo hasta el teléfono extrañamente calmado y se lo llevó al oído. Suspiró.
—¿QUÉ PROBLEMA TENÉIS CON LOS HOMBRES QUE LE HACEN EL AMOR A SUS MUJERES, EH?— gritó con toda la fuerza de sus pulmones.
Al otro lado, Bulma abrió los ojos como platos y observó el auricular con la boca abierta. ¿Ese era Gohan? Porque juraría que el que ella conocía no había gritado en su vida, y menos a ella.
—Eh… ¿Gohan?
—¿Quién iba a ser si no, Bulma?— la cortó él notablemente enfadado. A sus espaldas, Videl cerró las piernas e hizo amago de bajar de la mesa, pero su marido se volvió hacia ella con un gesto amenazador. —Ni se te ocurra bajarte de la mesa, Videl— era la primera vez que Gohan le hablaba con tanta autoridad, y lejos de enfadarse, ella le obedeció y volvió a subirse a la mesa de un salto, totalmente ruborizada y excitada.
Desde luego que merecía la pena esperar.
—¿Cómo es que estás en casa? ¿No tendrías que estar de excursión con mi hija y los chicos de su clase?— preguntó Bulma con manos temblorosas. Gohan alzó una ceja sin deshacer su ceño fruncido.
—¿De qué me hablas? ¿Excursión adónde? En la universidad no se hacen esas cosas.
Al otro lado de la línea, Bulma palideció, cosa que no pasó desapercibida ni para Vegeta ni para Goku.
—Pero Bra me dijo que…
—Siento tener que decírtelo, pero Bra no es una alumna estrella que digamos. Esperaba más de ella al ser tu hija, pero sus notas son mediocres, y algo me dice que es por pura vaguería. Esta semana ni siquiera ha venido a la universidad y empieza a ser una costumbre— Bulma no daba crédito a lo que oía. Sabía que su hija estaba enfrascada en un entrenamiento que le robaba el tiempo que debería dedicar al estudio, pero no tenía ni idea de que faltara a clase con tanta asiduidad. Además, si no estaba de excursión, ¿adónde demonios había ido? Se volvió hacia Vegeta y a él no le hizo falta preguntar. Podía oírlo todo.
—Pero si no está contigo, ¿dónde…?
—No lo sé. Puede que esté con ese maestro suyo. Dile a Vegeta que tenga cuidado. Diría que no es muy poderoso, pero tampoco puedo asegurarlo porque esconde su ki muy bien.
—Gohan…— el susodicho se volvió al escuchar esa voz tan dulce que lo llamaba desde un rincón de la cocina. Videl se había desprendido del resto de su ropa y en esos momentos su mano se centraba en su húmeda entrepierna, jugando consigo misma a la espera de que su marido volviera para calentarla. Gohan puso los ojos en blanco.
—Tengo que colgar, Bulma.
—Pero…— no le dio tiempo a replicar. Gohan colgó y arrancó de cuajo los cables de la línea telefónica para que nadie más los molestara.
—Ven aquí— habló Videl, haciéndole un gesto con el dedo para que se acercara. —… y enséñame lo que tienes para mí, Gran Saiyaman— Esa noche no tendrían mesa sobre la que comer, y no habría más remedio que remodelar la cocina, pero Videl y Gohan podían estar seguros de que merecería la pena.
—Valiente hija de perra— soltó Vegeta, y algo parecido a una carcajada estrangulada salió del interior de su boca. —La muy cabrona sabe cómo mentir.
—No hables así de tu hija, Vegeta. Son cosas normales a su edad— intentó calmarlo Goku, pero él no lo consintió. Se movía de un lado para otro sin parar, furioso.
—¿Cosas normales a su edad? ¡No tengo ni puta idea de dónde está ni de lo que está haciendo ni con quién! Podría estar… prostituyéndose en una esquina.
—No seas exagerado, hombre— intentó él restarle importancia. —Aunque tenga su ki oculto, sabes que está bien. Si estuviera en peligro ya lo sabríamos.
—¿No podéis sentir su ki?— preguntó Bulma, que taciturna y también muy enfadada, se había sentado en el sofá del salón. —Entonces, ¿cómo podéis estar tan seguros de que está bien?
—Porque de no ser así, las jodidas ondas telepáticas nos lo habrían advertido— Bulma recordó entonces los escasos experimentos que había tenido ocasión de hacerle a su propia familia. Sabía que los saiyans tenían una capacidad telepática que los mantenía conectados a una especie de red a través de la que podían comunicarse muy vagamente. Según lo que Vegeta le había explicado de pasada ante su gran curiosidad, sabía que por ser saiyans de pura cepa él y Goku tenían un vínculo telepático más fuerte que el que podían tener con sus hijos, pero rara vez lo usaban. Al fin y al cabo, eran seres naturalmente guerreros, no telepáticos.
Si Bra seguía formando parte de ese vínculo telepático, significaba que estaba sana y a salvo, pero eso no tranquilizaba a su padre.
—Esperaremos a que deje de ocultarlo. Después quiero que la traigas aquí de inmediato, Vegeta— ordenó Bulma sin admitir el más mínimo reproche.
—¿Crees que hace falta que lo digas, mujer?— no, desde luego que no. Vegeta estaba cada vez más furioso. Ni las artimañas más ñoñas lo tranquilizarían esta vez.
—Bueno, ya que todo está arreglado, creo que será mejor que me vaya a casa. Chichí tiene que estar muy enfadada— se rió Goku, y aunque su rostro denotaba alegría, por dentro un temor atroz le corroía las entrañas. Ninguno de sus amigos lo despidió cuando se dirigió hasta la puerta. El ambiente estaba demasiado cargado como para hablar de cosas innecesarias.
Poco después de que Goku volviera volando a casa, Trunks entró con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba realmente feliz con su nueva secretaria. Por una vez era ella la que no le hacía caso y era él el que se deleitaba con la visión de su trasero moviéndose de un lado para otro mientras organizaba sus papeles. Marron era verdaderamente útil, aunque ya le hubiera provocado un par de erecciones a su jefe.
Cuando entró en casa, un aura oscura y cargada rodeaba a sus padres, que sentados en el sofá, estaban demasiado enfadados como para dirigirle la palabra a nadie. Trunks prefirió no preguntar y fue derecho hasta su despacho, pálido.
Era la calma antes de la tempestad.
Bra casi se había quedado dormida con la cabeza de Broly todavía entre sus pechos. Eran las tres de la mañana y él no había dejado de abrazarla, y por lo visto esa noche no tenía intención de dejar de hacerlo. Como pudo, se acomodó sobre la almohada y cerró los ojos, pero entonces él empezó a moverse. Su cabeza se agitó y se restregó contra sus senos y a ella se le erizó el vello de los brazos. Se recordó a sí misma que él estaba dormido, pero cuando posó una mano sobre su cabeza para apartarlo, Broly clavó los ojos en los suyos.
Estaba bien despierto y la princesa de los saiyans no supo qué decir. Su primera reacción fue excusarse por abrazarlo… desnudo.
—Estabas teniendo una pesadilla— le comentó, incómoda. —Y yo…
—Lo sé— fue su única respuesta, ahorrándole explicaciones. Movió la boca sobre su escote y Bra tragó saliva.
—Oye… quítate— le pidió, pero lejos de hacerle caso, los brazos de él volvieron a cerrarse con fuerza alrededor de su cintura. Ella soltó el pelo que había estado acariciando durante un buen rato y apoyó las manos sobre sus duros hombros, intentando apartarlo a base de buenos empujones, pero él no cedió. —Suéltame, Broly.
—¿Te estoy poniendo nerviosa?
Por supuesto que la estaba poniendo nerviosa. Su cuerpo era casi el doble de grande que el de ella y el doble de pesado, y estaba encima y, para colmo, desnudo. Además, ella no podía decir que estuviera muy cubierta. Bajo la bata de hotel solo llevaba el sujetador y las bragas y lo último que quería era que él se diera cuenta.
Y al paso que iba, no tardaría en descubrirlo.
Bra cerró las piernas con fuerza de manera instintiva, pero no pudo evitar sentir algo que, desde luego, no era la rodilla de Broly, restregándose contra uno de sus muslos. No estaba duro, pero si seguía así no tardaría en estarlo.
—No deberías haberme despertado. No deberías ser tan buena. ¿Y si ahora quiero matarte, qué pasa? ¿Y si ahora quiero follarte qué harás para impedirlo?— Bra abrió la boca de par en par ante ese comentario, y cuando notó su pene rozándose nuevamente contra su muslo, se revolvió y le dio un fuerte puñetazo en la mejilla. Broly sacudió la cabeza y la miró, totalmente impresionado. El golpe, de verdad, le había dolido.
—¿Y si yo te rompo los dientes?— dijo ella con una mirada feroz. —Deja de comportarte como un crío que juega a ser rebelde y lloriquea cuando hay alguien que no se lo cree. Sabes tan bien como yo que ya no eres el destructor de planetas que solías ser. De hecho, dudo mucho que pudieras hacerme auténtico daño aunque quisieras llegados a este punto, así que deja de intentar parecer duro, porque ya no funciona, Broly. No te tengo el más mínimo miedo.
Ante esa respuesta, Broly apretó sus bíceps alrededor de su cintura mientras sus dientes se apretaban y el cuerpo de Bra crujía bajo el suyo. La joven soltó un jadeo de dolor, pero no se retractó en sus palabras.
—¿Que no me tienes miedo? ¿Qué ya no soy tan duro como antes? ¿Qué no podría hacerte daño? ¿Quieres comprobarlo?— Bra abrió la boca, pero no tenía aire en los pulmones como para gritar. Las costillas parecían a punto de estallarle, pero ella solo notaba esa cosa que colgaba acariciando su muslo. No podía creerse que se estuviera poniendo duro por el hecho de verla tan desesperada y dolida, pero así era. —Yo soy Broly, el guerrero legendario, ¡y soy el jodido demonio!— gritó frente a su cara. Sus ojos estaban rojos por la rabia, pero Bra pudo ver algo más en ellos. Pudo ver su desesperación ante esa afirmación, su resignación.
Él de verdad creía que era un demonio, y creía que, por lo tanto, no tenía ni podía tener sentimientos. De hecho, Bra estaba segura de que esa brusca reacción solo era un intento desesperado de poner en orden sus prioridades. Primero Goku, después los demás, y por último, la destrucción del universo. En la mente de Broly no había espacio para nada más. ¡No podía haberlo! No podía porque había sido educado para matar y si fallaba en su propósito, su existencia no tendría el más mínimo sentido.
Cuando él estalló en carcajadas dementes al ver su sufrimiento, intentando convencerse a sí mismo de que eso le gustaba, Bra hizo un movimiento inesperado que acertó de pleno. Broly dejó de reír al instante y ella sonrió de oreja a oreja cuando su mano apretó con saña el miembro que había empezado a endurecerse bajo las sábanas. Había sido un segundo. Un segundo en el que había estirado la mano y lo había agarrado por una de las partes más sensibles de un hombre. Por mucho que fuera saiyan, él también temía ese agudo dolor.
Acongojado por ese cambio de planes, sus bíceps dejaron de apretar a la chica y esta pudo respirar por fin.
—Te dije que te agarraría de la cola, pero no te dije cuál de las dos. Ahora ya lo sabes, guerrero legendario. Así que quítate de encima— el sudor volvió a hacer mella en él, pero pese a la delicada situación, no se movió y le sostuvo una mirada más que colérica.
—Maldita puta…— murmuró contra su cara, y Bra, ofendida por el insulto, decidió enseñarle buenos modales. Tiró levemente de su pene antes de recorrerlo hacia abajo y cerrar la mano alrededor de sus testículos, fuerte. El pelo de Broly se erizó como el de un animal y un sonido agudo emergió de las profundidades de su garganta.
—¿No soy lo bastante clara? Quítate de encima— él no podía odiarla más. Despacio y gruñendo, sabiéndose cogido por los huevos literalmente hablando, empezó a deshacer el abrazo sobre su cintura mientras no le quitaba la vista de encima. Abrió los brazos, apartándose poco a poco, levantándose sobre sus cuatro extremidades para que sus cuerpos dejaran de tocarse. A pesar del alejamiento, la mano de Bra siguió firmemente agarrada a sus testículos y conforme él se fue alejando, la sábana empezó a deslizarse por la espalda del guerrero lo suficiente para que ella pudiera ver, claramente, lo que tenía entre sus manos y estómago. —Oh, por Dende…— murmuró. —¿Cómo puedes ponerte duro por esto? Eres un auténtico animal.
Broly gruñó, pero mientras se apartaba y ella intentaba cerrar las piernas, tuvo una idea macabra. Una de sus gruesas manos se deslizó por su bajo vientre y se coló por su bata a gran velocidad hasta encontrar lo que buscaba. Bra dio un salto sobre la cama, gritó su nombre y pataleó, intentando apartar la mano que había encontrado sus bragas y que se cernía a ellas intentando atravesarlas. Él dejó escapar un gruñido cuando ella apretó. Se preguntó qué demonios era esa tela que le impedía llegar a su objetivo, pero no duró mucho tiempo. Tiró de ella y la arrancó de cuajo. Bra gritó e intentó levantarse, pero Broly se dejó caer sobre ella y sus dedos llegaron hasta esa oculta hendidura, cubriéndola por completo. Entonces notó su tacto, su forma tras esos rizos. La mano que no le agarraba los testículos se aferró a uno de sus bíceps y le arañó cuando bruscamente introdujo un dedo en la seca cueva.
Bra no estaba preparada para eso y dejó escapar un chillido que retumbó por toda la habitación. Ambos se quedaron quietos entonces, tensos, sin hacer el más mínimo movimiento. Con los dientes fuertemente apretados y los ojos húmedos, ella le miró.
—Me haces… daño— le hizo saber.
—¿Y qué?— preguntó él con marcado sarcasmo. Bra dejó ver su humillación con las lágrimas que amenazaban con desbordarse por su rostro, y entonces él lo comprendió. —Ooh… si te duele tanto no hay duda de que es porque nunca te han abierto las piernas. En ese caso, si introdujera tres dedos con la suficiente fuerza...— sin compasión, Broly presionó con tres dedos la abertura que, prácticamente, estaba cerrada a cal y canto. Bra apretó los dientes con fuerza al sentir el agudo escozor de ser forzada. Las paredes vaginales se cerraron alrededor de los dedos de él y al oír un clarísimo chillido de dolor, se detuvo.
Desde luego, ser penetrada por los gruesos dedos de Broly no era su idea de perder la virginidad.
—¡NO!— le ordenó ella.
—Suéltame— Bra le fulminó con los ojos empañados y las mejillas ruborizadas. Al ver que su orgullo no la dejaría ceder, él sonrió. —Ahora duele, ¿verdad? Imagínate cuánto dolerá si me transformo en el guerrero legendario y te violo de esa forma.
—¡No serías capaz!— exclamó ella de inmediato.
—¿Quieres ponerme a prueba? Seguro que no tendrá comparación con el dolor que yo sentiré si me tiras de las bolas.— Broly se agachó lo suficiente como para tenerla boca con boca. Su aliento viajaba hasta los labios de ella y viceversa. —Te aseguro que te destrozaría.
Y algo tuvo ese susurro además del significado que guardaban esas palabras. Algo tuvo que hizo que Bra se mordiera el labio inferior en esa situación tan peliaguda. Deseó que no pasara, y posteriormente, al sentir cómo chorros de fluido la empapaban, deseó que por lo menos él no lo comentara. Pero no podía contar con ello. Broly elevó la mirada al techo cuando sintió sus dedos humedecerse. Sonrió antes de volver a mirarla a los ojos.
—¿Quién es el animal ahora?— por toda respuesta, ella le cruzó la cara de un guantazo y Broly volvió a arrugar el entrecejo. Hizo amago de penetrarla más con sus dedos, aunque ya le estaba costando introducirse por lo apretada que estaba, pero entonces Bra soltó sus testículos y él, por un momento, creyó que había vencido. Nada más lejos de la realidad.
Ella decidió cambiar de estrategia, porque sabía suficiente teoría como para creer que tenía ocasión de ganar todavía. Ningún hombre había sido lo bastante bueno como para dejarse dominar por él, pero eso no quería decir que no hubiera sentido curiosidad y no se hubiese permitido disfrutar de otras maneras.
Broly abandonó su ceño fruncido para alzar una ceja cuando sintió la mano de ella aferrarse al tronco de su pene con delicadeza, sin tirar. Sin más, con una maliciosa sonrisa, ella empezó a acariciarlo de arriba abajo y un calor intenso recorrió la cara de él.
—¿Qué… qué haces?
—¿Tú qué crees?— su miembro, que ya mostraba una notoria erección, se endureció como una piedra cuando Bra apoyó su otra mano sobre la base y posó la otra sobre la punta, apretándola lo suficiente como para sacarle un jadeo. —Incluso diría que te gusta.
—Pero, ¿tú sabes lo que estás tocando, medio humana?
Oh, lo sabía. Por supuesto que sí, y cuando su otra cola, la que demostraba que era un saiyan, emergió de entre las sábanas e hizo que estas descendieran hasta dejar su cuerpo a la vista en su totalidad, lo supo todavía más. Era un falo lo que tenía entre sus manos, un falo duro, caliente y palpitante, y lo suficientemente grande y grueso como para mantener ambas manos ocupadas en él. Bra se ruborizó al verlo totalmente. Estaba tan tieso, que la apuntaba a ella, listo para empalar, listo para penetrar… si su dueño quisiera, porque ella sabía que no necesitaba su permiso para desgarrarla. Si Broly quisiera violarla ya lo habría hecho, pero esa clase de sadismo no parecía entusiasmarle.
Él dejó que lo acariciara, aunque notaba que iba con pies de plomo. Podía imaginarse lo que se le pasaba por la cabeza. Temía hacerle daño, pero no por temor a las repercusiones. Por increíble que pareciera lo estaba retando porque sabía que usando la fuerza bruta llevaba las de perder. Chica lista, pensó él.
Eso no significaba que tuviera intención de rendirse.
Sacó los dedos de su interior y Bra sonrió, creyéndose la ganadora, pero el pánico emergió cuando sintió que él aprovechaba su humedad para tocarle más arriba. Esta vez fue él el que sonrió.
—No…— murmuró ella. Y agitó la mano bajo las sábanas antes de soltar un suspiro. Él sabía exactamente donde tocar, o eso le pareció cuando empezó a frotar lentamente sobre su húmeda vagina, recorriendo con un dedo la abertura para centrarse sobre el clítoris, que pequeño y mojado, parecía temblar bajo su mano. —Bastardo gusano…— lo insultó, apretando con la mano libre uno de sus bíceps. Le arañó, y al sentir sus uñas clavándose en su dura piel, él notó que su pene palpitaba, totalmente cargado.
Se echó hacia atrás hasta sentarse sobre las rodillas, notando las mejillas encendidas. Lo que quedaba de la sábana cayó sobre el colchón y Bra pudo apreciar el enorme y musculoso cuerpo que tenía delante. Todavía brillaba por el sudor y sintió la necesidad de apretar esos grandes pectorales y lamer los marcados abdominales hasta más abajo, donde el erizado vello oscuro marcaba el comienzo de la base de ese tronco que tenía entre sus dedos.
—Cuida esa boca, niña— le dijo él, y su dedo viajó hasta el agujero por el cual no dejaba de escurrirse el jugo que la lubricaba. Lo metió dentro, pero esta vez ella no sintió dolor y arqueó la espalda levemente, cerrando las piernas y apretando los muslos sudorosos alrededor de su mano. Agitó la suya propia por el largo de su pene, agarrándolo con fuerza, haciendo que él rozara el dolor y lo mezclara con el placer. Ascendió la mano hasta la punta y la apretó con el pulgar, y fue entonces cuando notó que empezaba a humedecerse.
—No te preocupes por mi boca y… preocúpate más… oohh… por ti mismo.
Y ambos, como si estuvieran en uno de sus entrenamientos, empezaron un vaivén irrefrenable.
Goku entró en casa sin hacer ruido, temeroso de lo que pudiera encontrar tras desaparecer sin siquiera avisar. Se esperaba a Chichí con una sartén en la mano esperándolo en el salón, pero lo único que lo recibió fue un delicioso olor a comida que lo atrajo como el fuego a las polillas. Alzó el vuelo lo suficiente para que sus pies no tocaran el suelo y voló hasta la cocina. Chichí estaba allí, dándole la espalda mientras preparaba un suculento guiso repleto de deliciosa carne y verduras. Aunque su estómago le llamaba, ver a su mujer cocinar con ese delantal que le estaba pequeño desde que había recuperado su juventud no le hizo quedar indiferente. Aunque fuera una mujer con mucho carácter a la que temía y respetaba, Goku nunca se había quejado de su suerte por ser —cazado— por ella. Intentó pasar desapercibido, buscando el modo de hacérselo más llevadero, pero cuando su estómago sonó, exigiendo comida, no hubo marcha atrás.
Chichí se volvió inmediatamente. Su melena, larga otra vez y recogida en una cola baja, se sacudió con el movimiento. Goku le sonrió, tanteando la situación.
—Hola— la saludó, y ella le dirigió una mirada que haría callar al mismísimo demonio.
—Y después de una semana sin aparecer…— dejó caer con voz calmada. Demasiado calmada. Eso solo podía significar que estaba muy enfadada. Goku decidió sacar la artillería pesada.
—Te he traído flores— Chichí observó el ramo de flores silvestres que prácticamente era estrangulado entre las manos de su marido. Era bonito, aunque debido a la alocada carrera que sin duda él había realizado por el aire, las flores empezaban a marchitarse.
—Llena un jarrón de agua y ponlas encima de la mesa— Goku así lo hizo. Si quería calmar el genio de su mujer no le quedaba más remedio que obedecer y no aumentar más su enfado. Cuando se dirigió al fregadero para llenar el jarrón, Chichí soltó un gran suspiro. —¿Piensas irte de casa cada vez que te apetezca cuando tenga al niño, o te ocuparás de él?— preguntó, recriminándole sus viejas costumbres.
—No… no lo haré.
—¿Cómo puedo confiar en tu palabra si siempre acabas dejándome sola?— Goku se sintió mal cuando descubrió que, simplemente, no podía confiar en ello. Él podía prometer que se quedaría para siempre y que nunca volvería a dejarla sola, pero ni siquiera confiaba en su propia palabra.
Tras llenar el jarrón, colocó las flores en su interior y las dejó sobre la mesa. Luego se apoyó en ella y observó a Chichí mientras cocinaba. Ella trató de ignorar el hecho de que no le había contestado.
—Estaba pensando que me gustaría que fuera una niña— dijo él de improviso. —Ya tenemos dos hijos y a veces Gohan me da envidia. Siempre hablando de Pan— Goku notaba que el ambiente se estaba caldeando cada vez más. Chichí ni siquiera lo miraba, pero decidió continuar como si nada. —Me gusta el nombre de Gora para ella— pero no continuó, pues en ese momento su mujer se volvió y lo miró. Sus ojos brillaban intensamente, al borde de las lágrimas, y aunque el corazón de su marido se encogió, él no fue capaz de consolarla.
Entonces Chichí cogió aire, tragó duro y se golpeó las mejillas con las manos, tragándose el llanto. Era la mujer más dura que él había conocido, y la admiraba enormemente.
—¿Y cómo piensas tener a esa criatura si ni siquiera estás aquí para concebirla?— Goku ladeó la cabeza cuando ella volvió a introducir el cazo en el guiso y le dio la espalda. Una tierna sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios. Se acercó por detrás, estiró la mano y apagó el fuego. Chichí dejó de remover la comida al sentir su aliento contra su oreja. Sus brazos se apoyaron a cada lado del fregadero y ella se volvió para encararlo, apresada entre ambos con su nariz rozando la suya. —¿Por qué lo apagas? ¿No estabas hambriento?
—La comida puede esperar.
Y esperaría hasta que Chichí la derramara sobre el suelo cuando, veinte minutos después, Goku hizo que le rodeara el cuello con las piernas. Y ahí seguiría hasta el día siguiente, porque los dos estaban demasiado ocupados como para hacerle caso a sus estómagos.
El contraste de la fría noche con el calor que hacía en la habitación de aquel hotel podía resultar brusco. Las ventanas se habían empañado por el aliento que no paraba de salir de sus bocas, y el sonido de los grillos en el exterior había sido acallado por los incontables gemidos. Sus cinco sentidos estaban puestos en lo que tenían entre manos. Ni siquiera se habían detenido a pensar en lo que hacían, porque sin duda les parecería una locura. O al menos se lo parecería a Bra, porque a Broly le daba igual estar penetrando con un dedo a la mismísima hija del príncipe Vegeta. Al fin y al cabo, ella lo estaba disfrutando, y aunque él tuviera una ferviente necesidad de penetrarla con otra cosa, no iba a negar que también se deshacía mientras Bra prácticamente saltaba sobre su mano empapada y sobre su propia pierna, también mojada por sus jugos.
El olor a hembra encelada lo estaba poniendo tan duro, que arrancó de cuajo un trozo de madera del cabezal de la cama y, acto seguido, colocó esa misma mano sobre la que Bra usaba para acariciarlo de arriba abajo, obligándola a apretar el agarre sobre la punta humedecida, que palpitaba cada vez que se frotaba contra ella. Ni siquiera recordaba cómo Bra había acabado tumbándolo en la cama y cómo se había montado encima de él, más concretamente sobre su mano izquierda, que había acabado atrapada entre su apretado agujero y su muslo izquierdo. Él no se quejó. De hecho, gracias a esa postura se veía más que satisfecho. Mientras las manos de Bra se paseaban a lo largo de su pene, apretándolo e incluso arañándolo un poco al ir demasiado rápido, su rodilla se frotaba contra sus testículos con cada salto que daba, provocándole una sensación que viajaba entre el placer y el dolor.
Verla cabalgar sobre su extremidad, completamente excitada, prácticamente dominada por la lujuria, le estaba provocando pinchazos de gozo que intentaba controlar a duras penas. Una de las mangas de la bata del hotel se había deslizado por su hombro y le mostraba uno de sus pechos cubierto por el sujetador blanco. Saltaba a la vez que ella, se agitaba, y Broly quiso apretarlo y morderlo, arrancarle la prenda con los dientes, pero cuando intentó tocarlo, Bra pareció despertar de su lujuriosa ensoñación un instante y le dio un guantazo en plena mejilla. Era una salvaje. Y él dejó escapar una sonrisa cuando se atrevió a pegarle. Si no le permitía tocarla, por lo menos quería tener la ocasión de saborearla. Su boca no estaba hecha para dejar escapar gemidos, si no para desgarrar y disfrutar del sabor, y llevado por un golpe instintivo, la agarró bruscamente por la bata y tiró de ella hacia abajo, obligándola a descender hasta él. Bra apretó los ojos. No quería mirarlo, no quería descubrir que el hombre que, en aquel momento, le recorría la clavícula con la lengua y ascendía por su cuello con ella lentamente, llevándose por delante el sudor y su propia vergüenza, era el asesino que atentaba contra la vida de su familia. No quería cruzarse con esos ojos oscuros y poco piadosos, no quería ser consciente de quién era la persona que presionó la lengua contra sus labios cerrados, ejerciendo suficiente fuerza como para abrirlos y meterla en su boca. Su mandíbula dura y áspera, su dominio mientras ejercía presión contra su propia lengua, la forma en la que soltó su bata para agarrar sus mejillas con dos dedos fuertes y obligarla a abrir la boca todavía más para que él pudiera acapararla por completo. Bra soltó un gemido claro que palpitó entre boca y boca y apretó las piernas por la corriente que le sacudía. Se apartó de un tirón y arqueó la espalda sobre él.
Cuando Broly notó que poco le quedaba para acabar, restregó la palma de su mano contra su clítoris. La había mantenido alejada hasta ese momento, consolándola solo con un dedo que ni siquiera la había penetrado hasta el fondo para no romper su virginidad, obligándola a cabalgar si quería restregarse contra ella, pero finalmente le dio el placer que tanto necesitaba. Los ojos de Bra, que hasta entonces se habían mantenido cerrados por temor a recuperar la conciencia de sus actos, se abrieron y se clavaron en el techo. Apretó con fuerza el glande que tenía en una de sus manos y con la otra arañó los duros abdominales de arriba abajo.
—¡No… Bra…!— le oyó gemir a él cuando le clavó las uñas para, acto seguido, llevar esa mano libre hasta la que se le restregaba. La apretó contra sí y lo obligó a no apartarla mientras el intenso orgasmo la recorría de arriba abajo. Broly estaba demasiado centrado en su propia eyaculación como para darse cuenta de que ella se estaba corriendo en su mano. El intenso olor a hembra le inundó la nariz y la mano con la que la había obligado a apretar el glande que ahora desprendía una lluvia de semen que cayó sobre sus propios abdominales se apartó y se estrelló violentamente contra la madera del cabezal, atravesándolo y clavándose en la pared.
Oyó el grito de Bra recalcado en un gran —Síiiiiiiiiii…— tan agudo, que atravesó paredes y ventanas. Sin duda, los habitantes de ese hotel tendrían de qué hablar al día siguiente. Entonces, ella se tambaleó y se dejó caer sobre el pecho de Broly, apoyando la cabeza en su pectoral izquierdo. La respiración agitada de los dos se acompasó, buscando la regularidad. Por supuesto, como guerreros que eran, no tardaron en encontrarla.
Broly arrancó la mano de la pared de hormigón. Sus nudillos habían dado con ladrillo grueso, y por suerte no habían atravesado la pared del todo. Posó el brazo sobre su pecho y sus dedos se enredaron en la cabellera azul de Bra. Cuando la miró, ella tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente. Le costó unos segundos darse cuenta de que se había quedado dormida acurrucada sobre él. Era la primera vez que alguien se quedaba durmiendo a su lado. Normalmente el miedo les impedía conciliar el sueño, pero Bra no le tenía miedo.
Broly apoyó la cabeza en la almohada, apartó la mano de Bra que todavía le sujetaba el miembro ahora calmado, y sacó su dedo del interior de ella. Luego utilizó la cola para atraer la sábana y cubrirlos a los dos sin moverse para no despertarla. Antes de quedarse dormido se recriminó semejante acto, perplejo consigo mismo.
Podría haberla violado y no lo había hecho. Definitivamente aquel planeta lo estaba volviendo estúpido.
