Capítulo 39: Sorprendiendo a la vida
Aquella tarde pasó lentamente para los residentes del pent-house de las estrellas del modelaje. Ninguno de ellos había deseado dar la cara después de aquella fatídica conversación, porque después de todo no era un tema del cual pudieran volver a hablar con normalidad y menos aún tranquilidad. Así que ambos se habían mantenido en el mayor silencio posible, casi sin dar señales de vida.
Pero a diferencia de cierta muchacha castaña, Ron si quería escuchar estas señales, saber que todo estaba bien, y tranquilizar la culpa que lo estaba corroyendo por dentro. Necesitaba saber que ella seguía respirando, y no que había hecho alguna locura.
Se acercó a la puerta de la habitación de Hermione y apoyó su oreja en ella. Pensó que probablemente estaría durmiendo, pero recordó que ella no solía dormir a esa hora del día. Varias veces le había mencionado que despertaba con un humor de perros si dormía en otro horario que no fuera el normal. Por lo que descartó esa idea inmediatamente. Intentó acercarse un poco más para percibir si había algún sonido que le permitiera tranquilizar su corazón aunque fuera por unos segundos. Pero para su desgracia no se escuchaba ni el más mínimo sonido.
Comenzó a preocuparse aún más, y sin pensarlo más se decidió a golpear la puerta.
Toc-toc-toc.
No percibió ni un sonido por largos minutos.
Toc-toc-toc
No aún no había nada.
Respiró profundamente y apoyó su cabeza en la madera. Cerró los ojos y separó sus labios.
— Hermione… yo… sé que no quieres saber nada de mí y te juro que te entiendo completamente, pero necesito que por favor hagas el mínimo sonido al menos para saber que sigues ahí —no obtuvo respuesta alguna, suspiró y volvió a hablar. — Mira te entiendo, te juro que lo hago, y puedes odiarme todo lo que quieras pero necesito saber simplemente si estás bien, porque también sé que perdí el derecho a saber que sucede contigo, pero no puedo dejar de preocuparme por ti y te estoy rogando que solo muevas algo, respires o que dejes caer algo… —esperó respuesta: nada— lo que sea… ¡si quieres golpea la puerta o lo que sea pero has algo maldita sea!
Ron respiró entrecortadamente, estaba desesperado.
Pero justo en ese momento sintió un ruido. No proveniente de la habitación de Hermione, pero si del baño. La castaña venía envuelta en una toalla que le cubría lo preciso. Ron tragó saliva nervioso, ella estaba hermosa. Igual que siempre, pero en ese momento la tentación era mucha. Y si no fuera por su estúpida mentira —la segunda— podría hacer todo lo que en su mente pasaba en ese momento.
— Estoy viva —respondió ella con seriedad. — Tu culpabilidad puede estar tranquila, porque para mí la vida no acaba por ti… Y tienes razón en algo… no quiero saber nada de ti.
Ron sintió que algo en su cuerpo se rompía, muy cerca de su pecho. Y eso se incrementó aún más cuando sintió el gran portazo que ella dio al entrar en su habitación. Él pelirrojo suspiró y dio media vuelta hasta su propia habitación, ahí se dejó caer en la cama y miró el techo. Era todo blanco, pero sin embargo seguía siendo una buena vista para reflexionar sobre en lo que se había convertido su vida.
Definitivamente había hecho bien las cosas porque por un momento hasta ella se había creído todo aquello, pero ahora en la soledad de su habitación no había nada que le negara que pudiera dejarse caer unos minutos. Era mucho lo que tenía que fingir y su propio cuerpo tenía conciencia de ello, porque le habían sacado el corazón y vuelto a ponérselo en un solo momento, solo para recordarle que la vida no acababa ahí, que debía seguir luchando para vencer frente a todas las tristezas de su vida.
Se había visto tentada especialmente a salir de aquel lugar, pero lamentablemente no podía hacerlo, debía permanecer ahí hasta que su contrato terminara, así lo había aceptado y así tendría que seguir. Pero ahora que se venía su último trabajo recordaba cuanto había ansiado que esto se alargara lo máximo posible, y actualmente lo único que deseaba es desaparecer un buen tiempo de todo lo que la fama conllevaba. Deseaba ir a una plaza y llorar sola, sin que la reconocieran e inventaran chismes de lo que estaba sucediendo. Así que como mujer fuerte debía seguir fingiendo que todo estaba bien, que su relación iba de bien a mejor.
Cerró los ojos y negó levemente, estaba cansada de la hipocresía, de las mentiras y de los problemas. Y lo peor es que ella había aceptado ser parte de esa mentira un buen tiempo… Ahora se daba cuenta de todo, el Karma tarde o temprano le llegaría y ahí estaba sufriendo las penurias de haberle mentido a tanta gente un buen tiempo.
Suspiró y se acercó a la cama alejando todos sus tristes pensamientos y comenzó a vestirse. Era ropa muy casual, optando por las zapatillas. Se puso unos anteojos de sol y se cubrió con la capucha de la chaqueta. Apagó su notebook y salió de su habitación sin nada más que sus llaves y su cartera. Hoy haría algo diferente y no importaba que pudiera pasar, ya que después de todo se llevaría a uno de los guardaespaldas porque tampoco podía arriesgarse mucho con Dan aún libre por ahí.
— Voy a salir sola hoy, así que uno de ustedes tiene que estar conmigo. —les dijo a los hombres en la puerta. Ambos se miraron sin saber quién tomaría la decisión, así que Hermione señaló al de la derecha. — Tú vendrás conmigo.
El muchacho asintió y la siguió camino al ascensor.
Y una vez ahí, suspiró. Presionó el botón del estacionamiento y luego esperó.
— Lo siento por sacarte de tu rutina —se disculpó la castaña. El muchacho negó.
— No hay problema —respondió con una dulce sonrisa.
— Eso lo sé, solo que me disculpo porque te hare moverte bastante hoy.
— No se preocupe, mi trabajo es protegerla donde sea —Hermione suspiró, pero justo en ese momento estaban frente al auto así que cuando iba a sacar las llaves estas cayeron al suelo. La castaña se llevó una mano a la frente, el dolor de cabeza era insoportable. Así que el muchacho recogió las llaves del suelo y le dijo: — ¿No prefiere que yo maneje?
— No te preocupes —respondió ella intentando sonreír.
— Enserio, no me molestaría poder ayudarla.
Hermione lo medito solo unos segundos, pero finalmente accedió ya que su estado anímico, su incesante dolor de cabeza y las ganas de llorar no eran la mejor mezcla para conducir.
El muchacho caminó junto a ella para abrirle la puerta y luego dio media vuelta para conducir el. Hermione sintió su dolor punzando aún más, porque deseaba esas atenciones solo de una persona.
— Lo siento por no estar informada pero… ¿Cómo te llamas?
Él rió tenuemente y giró su rostro con suavidad para mirarla.
— No se preocupe, prácticamente no tuvimos mucho tiempo para presentarnos. —le extendió su mano segundos antes de encender el motor del auto. — Soy Cormac McLaggen, un placer de al fin conocerla.
— El placer es mío
Se generó un silencio por algunos minutos, hasta que él muchacho decidió romperlo.
— No es por molestarla pero quería confesarle que creo que fui el más emocionado cuando me informaron que sería uno de sus guardaespaldas. —Hermione giró su rostro para mirarlo, no pudo evitar sonreír.— Pensé que desde un principio seriamos presentados a ustedes, pero al parecer no planearon hacerlo de esa forma, así que supuse que todo estaría bien con solo servirle a usted. Y ahora… ¡vaya! Nadie podrá creerme que estoy aquí mismo con usted como si fuéramos amigos. —El chico se sonrojó al confesar eso. — Lo siento, no quise ser imprudente ni atrevido yo solo…
— No te preocupes Cormac, te entiendo —lo detuvo. El muchacho fijó su vista en ella por una milésima de segundo y luego la volvió al camino. — A mí también me sucedía cuando pequeña, no conmigo misma claramente, pero sí con mi ídola… era una modelo muy famosa, muy hermosa claramente, y el día en que la conocí… bueno con eso te aseguro que te entiendo —ambos rieron. — ¿Te puedo hacer una pregunta?
— Sí, claro, por supuesto —respondió con demasiado ímpetu.
— ¿Por qué decidiste ser guardaespaldas?
— Buena pregunta —admitió él. — Y no lo digo solo porque la admire mucho, sino porque… lo siento, ehm… decidí ser guardaespaldas por jerarquía. Mi abuelo y mi padre fueron guardaespaldas, no de personas tan famosas como usted, pero sí reconocidos. Y con el tiempo era un tema de conversación muy frecuente en la familia, por lo que cuando se me dio la oportunidad decidí tomarla y debo agradecer ello, porque eso me trajo aquí para poder al fin conocerla.
— Eso es adorable —comentó. Suspiró y se recostó en el asiento de copiloto. — Sabes Cormac, hoy necesito pedirte un favor. —El muchacho asintió. — Necesito que tengamos una cita.
El rostro de McLaggen pasó de todos los colores a un rojo intenso.
— Disculpe no sé si escuché bien… usted quiere que yo… que yo…
— Si, que tú me invites a salir. —repitió.
— Pero yo no puedo, usted está… esta con Ronald Weasley… y no sería profesional, no, nada profesional.
— No te estoy pidiendo que me cortejes ni nada —rió. — Solo necesito que inventes una cita. Que me lleves a los lugares que llevarías a una chica con la que deseas salir, como la conquistarías, qué harías, como lo harías y donde lo harías…
— Pero y el señor Weasley…
— Sí te lo estoy pidiendo es porque necesito que lo hagas, y te aseguro que no tendrás problemas —Para el muchacho eso fue casi un "esta relación no va nada bien, necesito un respiro". — Solo necesito… necesito sentirme bien nuevamente… ¿te molestaría mostrarme eso de nuevo?
— De acuerdo entonces… —el muchacho giró el volante, doblando por una calle que ella jamás en su vida había visto, y aceleró la marcha. En pocos minutos estuvieron en un restaurante de comida rápida. Hermione se sorprendió, no esperaba aquello. Así que para seguir llevándole el juego, se puso sus lentes de sol y la capucha de la chaqueta y miró en dirección contraria al vendedor.
— Bienvenido a McDonald's ¿Qué va a pedir?
— Quiero dos "cuartos de libra", con la promoción, más dos papa fritas grandes y dos helados aliados bañados en chocolate.
— ¿Qué bebidas quiere?
— Coca cola y… —miró a Hermione, ella asintió. — Dos coca colas
— De acuerdo entonces, dos cuartos de libras con coca cola ambos, más papafritas grandes y dos helados aliados con chocolate. ¿cierto?
— Cierto —coincidió Cormac.
— Serán diez minutos señor
El chofer asintió y se giró hacia Hermione. Ella trató de no fijarse en ninguno de los dos hombres que la observaban, era algo incómodo encontrarse en esa situación, así que no prestó mucha atención. Observó el lugar, y medito lo que estaba haciendo. No tenía ningún sentido, pero de todas formas la estaba haciendo sentir bien.
— De acuerdo señor, aquí está su pedido —le entregó una bolsa café, con el característico logo del restaurant de comida rápida y lo hizo avanzar para cobrarle. El muchacho pagó sin ningún complejo. — Muchas gracias por venir a McDonald's que disfrute su pedido.
El guardaespaldas le agradeció y luego continuó con su camino. Hermione no preguntó nada, solo dejó que por primera vez en su vida, todo fuera sorpresa. Cormac parecía saber lo que hacía, así que simplemente se dejó llevar, y para su felicidad, todo resultó ser más que satisfactorio.
El muchacho había estacionado frente a un gran mirador, desde el cual se podía observar gran parte de Londres. Edificios grandes, casas pequeñas, un montón de árboles y todo el río Támesis. Era una maravilla poder ser espectador de toda esa belleza.
— ¡Vaya! Nunca había visto algo así. Esto es maravilloso Cormac, gracias. —el muchacho sonrió, sintiéndose satisfactoriamente dichoso. — ¿Cómo hemos llegado aquí? No sabía que podía existir este lugar.
— Eso es lo bueno de ser guardaespaldas, tienes que saber lugares lejanos y solitarios para poder actuar frente a una emergencia. Además, mi padre me trajo una vez aquí, y desde ese día supe que solamente una persona muy especial debería saber de todo esto.
— Es maravilloso… tanto que no tiene palabras para describirlo.
— Lo sé, es grandioso poder resumir una ciudad tan grande como esta desde esta vida privilegiada. —ambos se quedaron observando la belleza de Londres en silencio por largos minutos, hasta que él decidió bajarse del auto.
Hermione hizo lo mismo, tomando las bolsas de comida. Cormac aprovechó de sacar una gran manta que estaba en la parte trasera de los asientos.
— ¿No le molesta si le ocupo esto? —ella observó aquella frazada, y recordó inmediatamente aquel picnic que Ron había organizado para ella una vez. Negó con la cabeza rápidamente alejando esos recuerdos y le respondió con simpleza. — De acuerdo entonces lo pondré justo aquí.
Cormac ubicó la frazada en la delantera del auto, luego subió sobre esta y le señaló con su mano el espacio vació a su lado, para que ella hiciera lo mismo. Hermione pensó que definitivamente se veía más difícil de lo que era, así que cuando estuvo cómoda agradeció aún más el poder tener esa vista.
El muchacho dispuso la comida equitativamente y la incitó a probar la comida.
— ¿Cómo es que jamás has probado una hamburguesa de McDonald's?
— Problemas con las dietas, debo mantener mi figura para todos esos ajustados vestidos. Mi trabajo se basa en eso.
— Tienes razón… pero bueno, una hamburguesa y unas cuantas papas fritas no te harán mal. Así que pruébala y dime que te parece.
Hermione rió al darse cuenta de que no podría darle un mordisco sin mancharse la cara con esa gran masa de comida. Así que sin darle demasiada importancia lo hizo, y justo en su nariz quedó un poco de mayonesa que rápidamente limpió con una servilleta. Ambos rieron, aún más al ver que ella no conseguía tragarse todo el contenido de su boca.
— ¿Y? ¿Qué te pareció?
La castaña terminó de limpiarse el rostro con la servilleta y luego lo observó con el entrecejo fruncido.
— ¿Qué diablos tiene esta cosa que sabe tan bien? — Cormac volvió a reír a carcajada suelta, y ella siguió comiendo de su hamburguesa.
— Supongo que papas si has comido ¿o no?
— ¡Claro que sí! —respondió ella divertida. — Tampoco soy una inadaptada social.
— Solo era un aporte.
Cormac siguió su ejemplo y siguieron comiendo entre risas. Hermione sintió en un punto que su estómago explotaría después de tanto comer, pero agradeció el detalle que él había tenido.
— De acuerdo, hasta el momento toda esta cita ha sido perfecta. —el asintió agradecido. — Desde la comida, el lugar y sobre todo tienes puntos por la espontaneidad. Te veía más como un chico que me llevaría a un restaurante tan elegante que no podríamos pagar.
El rió divertido.
— Entonces has tenido unos cuantos prejuicios sobre mi Hermione —ella se encogió de hombros con ternura. — La verdad es que admito que lo pensé, pero esa idea la eliminé rápidamente de mis opciones por una simple razón. Yo no soy así, y tampoco puedo darme el lujo de hacerlo. Te mentiría si te dijera que gano lo suficiente como para permitirme esas salidas extremistas. Prefiero comer simple, grasoso y sabroso, que algo insípido que me cae en una muela y que no se pueda disfrutar agradablemente. Tu compañía cambiaria todo eso, pero sin embargo ese no soy yo. Y creo que me cansé de fingir un tiempo no ser quien era. Cambié mucho por una chica, y no me vayas a malinterpretar en ningún sentido, no estoy pidiéndote nada ni mucho menos diciéndote que vayamos a ser algo, pero me prometí a mí mismo que no lo haría por nadie más. Me perdí siendo alguien que jamás sería y creó que eso es lo peor que puede pasar en una relación…
— Tienes razón, creo lo mismo. Uno puede llegar a cambiar mucho por una persona —se estaba sincerando, y no sabía si eso sería lo correcto. — Puedes dejar de ser tú mismo solo para complacer al otro y dejar de hacer todo lo que te gusta solo para mantener bien las cosas.
— ¡Exacto! —coincidió el. — Yo estuve locamente enamorado de una mujer… que creo no valoró todos los sacrificios que hice por ella.
— Lo siento por ser tan entrometida, pero… ¿puedo preguntar qué sucedió?
— Claro que puedes, no es un secreto. Todas las parejas suelen pasar por malos momentos… nosotros solo fuimos uno más. —respondió con aire soñador, observando la majestuosa ciudad frente a sus ojos. — Resulta que después de un par de años de estar juntos, me di cuenta de que ya no era yo mismo, y de que la relación se basaba en mí tratando de satisfacerla en todo. Sucedía que últimamente solo hacíamos lo que ella quería hacer, jamás pude tomar decisiones en eso y las cosas se estaban saliendo de control… incluso llegue a pensar que vivía con mi madre. —rió. Hermione no supo si debía hacerlo también. — Y no siento que se haya ido el amor… pero si me di cuenta de que la forma en que la idealizaba me estaba cegando. Ella no era la mujer que yo había conocido. Y probablemente es mi culpa por no haber escuchado cuando mi madre me dijo que todos cambiamos a lo largo de los años, ya que comenzamos a sacar las cosas que nunca decimos en una cita. Y debo admitir que sinceramente no me arrepiento de nada… pero si acepto que los recuerdos aun duelen.
— Te entiendo… —respondió Hermione, y esta vez fue su turno de sacar lo que tenía dentro, observó Londres y dejó que su mente solo liberara lo que estaba pensando. — Yo creo que confié demasiado en alguien que sabía que no era bueno. ¿Pero sabes algo? Creo que tengo ese problema… el de ver siempre la bondad y lo bueno de una persona, sin esperar nada malo de ellos… Me han decepcionado muchas veces, eso te lo aseguro… una tras otra a lo largo de estos años… y por lo mismo jamás he llegado a tener amigas… tengo un solo amigo que me ha acompañado a lo largo de estos años. Y te prometo que desearía no haber cometido el mismo error esta vez… porque tengo el corazón destrozado —sonrió mientras unas lágrimas corrían por su rostro. Cormac la abrazó y ella apoyó su cabeza en su hombro. — y tengo miedo de que nunca más vuelva a estar como antes…
— Y no volverá a estarlo Hermione, lamento decírtelo. —ella sollozó. — Pero con el tiempo esa herida que se formó poco a poco irá sanando… Los recuerdos seguirán ahí acechándote cada vez que puedan, pero aprenderás a recordarlos como buenos momentos de esta vida y nada más que eso… porque lamentablemente la felicidad no es completa jamás… solo son pequeños momentos rebosantes de alegría que quedarán para siempre guardados en nuestra cabeza, pero que jamás podremos volver a revivir. Ayudarán a aliviar el dolor y en otras ocasiones serán los causantes de ello — Hermione sintió su corazón doler más que nunca. — Y probablemente ahora… nada de lo que te diga te ayude, pero si te hará pensar en su momento y coincidirás conmigo que todo pasa por algo…
Ambos se quedaron mirando fijamente la lejanía de la ciudad, pensando con tranquilidad en las cosas que los atormentaban, los dolores que causaba la vida y que por muy difíciles que fueran siempre lograban pasar…
Muy lejos de todo lo que la ciudad representaba, un muchacho pelirrojo aguardaba sentado en su auto, viendo una escena que solo causaba dolor en su cuerpo. Pensó en hacer algo al respecto, pero supo que su castigo ante tanta mentira sería su propio sufrimiento. El martirió de ver a la mujer que amaba siendo consolada por otro hombre era más que una daga atravesando su pecho, definitivamente dolía mucho más.
Ron se sintió impotente y admitió a si mismo que había cometido muchos errores en esa relación. Sin duda él debería haber hecho exactamente lo que ese guardaespaldas había hecho por Hermione, debería haber sido espontaneo y llevarla a pasear cada noche. Debería haberle regalado rosas, como lo hacía ese muchacho en ese mismo instante y probablemente debería haberla hecho bailar sin música… como en las tontas películas cursis que el tanto odiaba.
Observó con lágrimas en sus ojos como Hermione sonreí ante las palabras de aquel hombre y sintió unos irrefrenables celos. Las ganas de golpearlo y pisotearlo no se alejaban de su cuerpo, pero sabía que no tenía el derecho, eso se lo merecía. Sí, sin duda se merecía todo lo que le estaba sucediendo. Tantas mentiras habían logrado llevar su vida a la ruina.
Suspiró, se limpió las lágrimas y encendió nuevamente el motor de su auto. Observó por última vez el retrovisor para echarles una mirada, y luego avanzó rumbo a la ciudad. Tenía cosas que hacer esa noche, debía hacer algo si quería recuperarla.
— ¿Qué crees que debo hacer ahora?
— Creo que debes tomar una decisión lo antes posible. No soy nadie para decirte que hacer en tu trabajo, pero si debo aconsejarte que decidas por tu bien. Nadie en esta vida puede pedirte que cambies tu felicidad por el bien de los demás. Todos somos personas Hermione, y por lo tanto tenemos el derecho de decidir por nuestro bien. Sé que estás donde estas por tu trabajo, pero deberías pensar si todo eso lo vale… ¿Vas a sacrificar tu felicidad por la de una persona que no puede ver más allá de sí mismo? —Hermione se mantuvo pensativa. — Porque yo lo hice… y mírame ahora.
— Es difícil, no puedo imponer algo frente a personas tan importantes.
— Puedes y debes… tu eres la estrella Hermione, por lo tanto puedes imponer lo que quieras, y si ellos no pueden entender eso, no vale la pena.
Probablemente decir que llevaba un buen rato golpeando la puerta era hacerle poca justicia, porque ya prácticamente era una media hora sin cesar. La gente de los alrededores lo miraba con tristeza, como si fuera víctima de algo, aunque en la realidad era otra la situación.
— ¡Maldita sea! ¡Abre la puerta sé que estás ahí! —exclamó furioso.
Una mujer se detuvo detrás de él y tironeó de su chaqueta. Ron giró bruscamente casi golpeándola, pero por suerte no alcanzó a lastimarla. Era una anciana, con ropa cómoda y apenas podía mantenerse en pie con una bolsa que parecía pesar más de lo normal.
— No está muchacho, ya no vive aquí.
— ¿Qué? No, no, no, eso no puede ser ella debe…
— Se ha marchado esta mañana —le informó la anciana— Ven acompáñame, creo que en mi casa puedo tener su teléfono.
Ron asintió a la vez que se ofrecía para llevarle la pesada bolsa. La mujer lo condujo hasta la casa de enfrente, en la cual lo hizo pasar. Le indicó que se sentara donde quisiera.
— ¿Quieres algo de tomar? He preparado té.
— No gracias, estoy un tanto apurado.
— Así veo muchacho, pero no sacas nada con acelerar lo inalterable. Te daré el número y podrás llamar a tu novia de inmediato.
— ¡Ella no es mi novia! —corrigió rápidamente. — ¡Esa mujer destruyó mi vida!
— Lo siento, no lo sabía. —Ron se tranquilizó y le pidió disculpas por los gritos. — Lo siento, pero ella parecía ser una buena chica.
— Usted lo dijo, parecía...
La anciana asintió y camino hasta la mitad del salón, se sentó en uno de los sillones y luego anotó un número que salía en la pantalla del teléfono. Luego se puso nuevamente de pie y le ofreció el papel al pelirrojo.
— Debe ser nuevo porque me ha llamado hace unas horas diciendo que ya se ha instalado en su nueva casa. Al parecer una oferta de trabajo le ofrecía un lugar mejor para vivir. Aunque sigo pensando que se ha equivocado mucho al dejar esta casa. Este barrio es muy tranquilo y seguro… pero bueno, nunca hace mal un cambio. —comentaba ella con aires soñadores. — ¿Estás bien muchacho?
— Sí, lo siento, estoy un poco… sorprendido. —ella asintió. — Espero hayas conseguido algo que pueda ayudarte.
Ron asintió y se puso de pie. Le agradeció por su ayuda y luego salió de la casa. La anciana miró por la ventana como Ron se alejaba y luego volvió a sus cosas.
El pelirrojo por otra parte había subido a su auto rápidamente, y buscó entre las cosas revueltas en el asiento de copiloto su teléfono. Marcó rápidamente el número que la anciana le había dado y luego esperó. El tono de espera lo atendió, así que cortó la llamada. Suspiró unos segundos mirando por el ventanal de su auto y luego tomó el teléfono nuevamente para marcar el número. Esta vez sí le atendieron.
— ¿Sí? ¿Quién habla?
— Soy yo…
— ¿Ron? —preguntó con claro tono asustado.
— Necesitamos hablar.
— No creo que…
— ¡Vamos a hablar maldita sea! ¡Estoy cansado de tus mentiras! ¡Dime ahora mismo donde podemos hablar, porque si no me encargaré de ir con la misma policía a donde sea que te encuentres!
— De acuerdo, de acuerdo. Ven a mi casa.
— Estoy en ella.
— No, me refiero a la nueva. —corrigió ella. Ron bufó. — ¿Tienes donde anotar?
— Me divertí mucho hoy —admitió la muchacha.
Cormac sonrió y asintió.
— Yo también. Creo que esto debería repetirse… —Hermione asintió riendo nerviosa. — Eres una maravilla de mujer Hermione. Y créeme cuando te digo que has sobrepasado mis expectativas…
— Tu tampoco estás nada mal —soltó como una adolescente. Sabía lo que significaban esas palabras, pero a pesar de todo no pensaba detenerse. Estaba dolida, y que un hombre valorará todo lo que ella era, no era nada malo.
O así lo había pensado, hasta que sintió como los labios de Cormac se acercaban lentamente hasta ella.
Hermione estaba indecisa, no sabía si debía o no. Por una parte sabía que estaba cometiendo un gravísimo error, porque estaba en un mal momento y sus sentimientos le pedían a gritos un poco de cariño y comprensión. Ella era una mujer después de todo, y si el pelmaso de Ron no había sabido aprovecharla tampoco era culpa de ella y tenía todo el derecho si quería rehacer su vida. Incluso en el momento y tiempo que ella quisiera… Pero también estaba el problema de su fidelidad frente a las cámaras y al resto del mundo, frente a su trabajo, a Cormac –porque sabía que no sentía nada por él- y sobre todo porque ella no era así… y sus ideales no podían cambiar. Ni siquiera en esta situación…
Antes de que él lograra rosarlos, ella retrocedió. Bajó la mirada avergonzada y con sus mejillas sonrojadas.
— Lo siento mucho —dijo con suavidad. — Yo no he querido… crearte falsas expectativas, pero yo no soy así…. Yo no le soy infiel a nadie, ni si quiera con un beso… y yo no pod…
— Esta bien Hermione. Tranquila, no estoy molesto ni nada. —Ella se permitió mirarlo. Cormac notó lágrimas en sus ojos y ladeó una sonrisa triste. — Sé cómo eres. Hoy pude comprobar por mi cuenta lo buena persona que eres, y te juró que eres perfecta. Más que ninguna otra mujer, y es por ello mismo que te entiendo más que nada. No voy a enojarme porque no quieres ser una buena persona… tú no estás enamorada de mí y lo sé, pero mis impulsos no me han permito impedir la oportunidad de comprobar eso. —Ella sonrió, sollozando. — Creo que Weasley ha desperdiciado una oportunidad muy importante, y está claro que tú lo amas. El problema es que estando así, en tu estado…cuando el vuelva a rogarte perdón probablemente lo perdonarás… y eso no está bien. Tú no deberías perdonarle nada, porque tú no has hecho ni harás nada de ese estilo jamás. No deberías hacerlo, créeme cuando te lo digo, porque él abusará de tu bondad…
— Lo siento Cormac, pero ahí te equivocas. Sí, probablemente no debería perdonarle por lo que me ha hecho, porque yo jamás haré algo así…. Pero tú sabes como soy, perdonaría hasta la persona que podría matar a alguien que amo, solo porque sé que nadie más lo perdonará. Pero esta vez he tocado fondo… Jamás dejé a nadie tener el poder de enamorarme… y ahora que he liberado eso, mira lo que obtengo. Estoy enamorada… estúpida fui y lo sé. Pero agradezco el poder haberlo hecho. Soy afortunada en cierta forma… y no lo voy a negar.
— ¿Y así quieres que no me enamore de ti? —ella sollozó entre risas. McLaggen se acercó para abrazarla y acercándose a su oído le susurró— Eres perfecta Hermione Granger, que nadie te diga lo contrario.
Y ahí, en brazos de un desconocido hasta ese día, Hermione volvía a sentirse bien otra vez. Ya había llorado y sufrido lo suficiente. Toda su tristeza podía comenzar a quedar atrás, ya no había pena en su corazón. Los recuerdos seguirían ahí y eso estaba bien, porque era una nueva cicatriz en su corazón, pero como el guardaespaldas había dicho, era tiempo de pensar por sí misma.
Estacionar fuera habría sido lo más efectivo y rápido, pero debido a que estaba en las residencias de un edificio Malfoy, no era lo correcto. Un muchacho joven se acercó a pedirle las llaves para estacionarlo él y Ron sin más opción aceptó. Bajó de su jeep y caminó hasta la gran entrada principal. Un portero le abrió y le indicó hacía donde ir. Ron presionó el botón HP del elevador y esperó hasta que este lo dejara en el piso más alto. Apenas bajó escuchó las puertas del Penthouse abrirse y tras ellas, la mujer que estaba buscando.
— Bonita pinta —le dijo mirando lo desencajada que tenía la ropa y su peinado.
— Bonito Pent-house —respondió él con fastidio. — ¿A quién has chantajeado esta vez para conseguirlo?
— Adelante, pasa.
Ron la observó fijamente y luego avanzó hasta la salita que el departamento le ofrecía. Estaba completamente amueblado y por lo visto mucho más que él que Record Magic les ofrecía a ellos.
— Has elegido bien tu presa parece. —comentó riendo.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó Lavender confundida.
— Te han servido todas las historias que vendiste de mi ¿no? Gracias a todo el sufrimiento que ha tenido Hermione tú has conseguido todo lo que siempre quisiste.
— No seas injusto…
— ¿Injusto yo? Yo fui el que de un principio te dio una oportunidad…
— ¿Acostándote conmigo? ¿Eso es a lo que le llamas una oportunidad? —Ron mantuvo el silencio. — Si tienes razón esa fue la gran oportunidad que tuve, gracias a mis propios méritos pude conseguir algo en esta vida. Sí, tienes razón. Vi una oportunidad y la utilicé… cúlpame por tratar de ser diferente a ti.
— Me alegro que lo intentes, porque si yo soy el malo de la historia tú eres el mismísimo diablo… Me utilizaste cuando era el peor momento… ¡Mi novia estaba desaparecida! ¡La había secuestrado un lunático! ¡Y tú te aprovechaste de mi debilidad para crearte un nuevo mundo y toda esta mugre de vida!
— ¡Hablas como si fueras la victima de todo esto Ron! ¡Y ambos sabemos que no es así! ¡Tú te aprovechaste de cuanta mujer pudiste para superar a la estúpida de Cho! ¡Y esta vez que te han hecho lo mismo a ti lloras como si fueras un pobre adolescente enamorado por pri….! —Lavender de pronto se silenció en seco. Ron la observó fijamente con rabia en sus ojos. — No puede ser… realmente la amas…
— ¡Sorpresa! —respondió él con brusquedad.
— Yo no… Ron, yo no…
— ¿No creías que yo pudiera enamorarme? Pues te equivocas. Me enamoré de esa mujer… no creía que pudiera pasar, pero así es. Me enamoré de la mujer más maravillosa y la perdí.
— La única forma de perderla es si ella estuviera muerta Ron…
— Eso es lo que ella cree de mí. —respondió con tristeza, dejando la rabia de lado.
— ¿Y qué estás esperando para reconquistarla? ¿Por qué ustedes son siempre así? ¿Qué no lo entienden? Una mujer por muy dolida que esté, siempre tiene la esperanza de que él hombre se la juegue completamente por ella. Que deje de lado la vergüenza y se arriesgue a cualquier cosa por ella. De que la sorprendas y le demuestres que te has equivocado.
— ¿Y cómo quieres que haga eso si ella no quiere ni mirarme?
— Inténtalo entonces… no te voy a decir cómo hacer cada cosa.
— Tú no lo entiendes Lavender. —Se puso de pie y la señaló enojado. — No voy a permitirle embarrarle la vida estando conmigo… soy una mala persona y ella es la mejor que ha pisado esta tierra… ella podrá ser feliz con otro que sepa valorarla y que no la engañe al primer trago que tome.
— Ron…
— No, esa es la verdad. Tú no tienes toda la culpa de esto. Fue mi culpa el no haberme negado y haberte cerrado la puerta en las narices. Debería haber pensado un poco y haberte dejado fuera…
— Ron hay algo que…
— Si no me hubiera comportado como idiota podría haber logrado hacer algo, porque de partida no debería haber recurrido al alcohol para curar las heridas.
— Ron enserio, hay algo que debo decirte.
— …pero no… decidí comportarme como un imbécil y hacer todo lo que siempre puedo hacer… meter la pata hasta… el fondo… muy, muy, muy en el fondo.
— ¡RON NO NOS ACOSTAMOS! —gritó la rubia desesperada. Ron se silenció al instante y la miró fijamente como si no pudiera creer lo que estaba escuchando. — Fue todo una mentira y un plan. Rita Skeeter me estaba pagando por conseguir una historia que lograra los encabezados y su prestigio en el diario. Y debido a que las cosas no habían terminado bien entre nosotros decidí hacerlo, pero cuando me di cuenta de que no era lo correcto simplemente te hice creer que lo habíamos hecho…
Ron estaba como una especie de estatua que apenas parpadeaba. Lavender comenzó creyendo que le había dado un ataque o algo, pero cuando lo vio seguir respirando con normalidad supo que simplemente era la impresión. El pelirrojo no podía estar más sorprendido y sobre todo muy aliviado, más que en cualquier otra ocasión en su vida, pero seguía ahí, parado como una estatua. Apenas movía las manos, solo sus ojos que buscaban el parpadeo natural lo hacían parecer vivo.
— Y lamentablemente eso no es todo… Daniel Wilson, el doctor del padre de Hermione también está involucrado en esto…
— Eso lo sabe todo el mundo… —respondió en un susurró apenas audible.
— No Ron, me refiero a que Rita Skeeter también lo contrató a él. Dan es una buena persona, y se negó en todo momento a hacer lo del secuestro, pero Rita lo amenazó con causarle daño a Hermione.
— ¿Mas de todo el que ustedes le causaron?
— Ron por favor, tienes que entenderme… si hicimos todo esto fue por….
— ¿Por tu ambición y la de ese idiota? Creo que jamás había sentido tanta rabia y decepción de alguien. Y no te confundas con mi sonrisa —sí, porque estaba sonriendo. — esto solo es así, porque sé que podré tener al amor de mi vida de vuelta.
— Ron enserio lo siento, nunca quise causarte daño.
— Eso está claro que no es más que una de tus mentiras… —Ron avanzó hasta la puerta del lugar y presionó el botón del ascensor. — Y te aseguró que no saldrás libre de todo esto. Te irás a la cárcel con todos los que fueron parte de este plan y créeme que no haré nada para que te pudras en la cárcel… Hasta nunca.
Dicho esto el ascensor bajó los pisos necesarios hasta el primer piso. Pidió por su auto y esperó hasta que este llegará y rápidamente se subió en él. Presionó el acelerador dejando atrás el edificio y a Lavender bañada en lágrimas de arrepentimiento.
Mientras más avanzaba menos era el camino que le faltaba para llegar a su casa. Y una vez que estuvo en la entrada dejó el auto con las llaves dentro y entró en el elevador. Marcó el número de su piso y luego se bajó de un saltó apenas llegó a su pent-house y abrió con las llaves rápidamente.
— ¡HERMIONE! —Gritó sonriente— ¡HERMIONE! —no obtuvo respuesta, así que comenzó a recorrer el departamento. Comenzó por la cocina, luego el salón, la pieza de oficina, la pieza de invitados y finalmente su propia pieza. — ¿DÓNDE ESTAS HERMI…?
Se calló al instante, con los ojos dejando atrás la gran alegría que los había bañado por unos minutos. El lugar estaba completamente vacío, ya no había rastro alguna de las cosas de la castaña. Se había ido.
¡Lo siento por la demora! Aquí un nuevo capítulo... espero les guste.
¡Gracias por todo y nos leemos pronto!
