Capítulo 40:

Algo muy parecido al amor

Probablemente no había estado tan nerviosa en una reunión desde hace un buen tiempo atrás, cuando era solo una jovencita que intentaba avanzar en una vida llena de obstáculos y nuevos problemas.

Cormac le había dejado una cosa muy metida en su mente aquella tarde, y ella había decidido tomar el consejo. Era importante que se pusiera a ella misma en primer lugar para poder ser feliz. Había vivido tanto tiempo pensando en el resto de las personas que ya casi era imposible actuar de una manera diferente. Pero por su bien pensaba comenzar a intentarlo.

— ¡Buenos días, Hermione! —saludó rápidamente uno de los directores de la empresa. Hermione se puso de pie y le ofreció su mano gentilmente.

— Buenos días, gracias por venir.

— Nos preocupó la urgencia de la reunión, así que aquí nos tienes. —confesó el hombre.

El resto de ellos también la saludaron y luego tomaron un puesto en la gran y larga mesa. Hermione esperó a que cada uno se sentara, pero algo le pareció extraño.

— ¿Y Robert?

— Lo siento Hermione, creo que al parecer aun no lo sabes…

— ¿Saber qué cosa?

— Robert ha sido destituido de su cargo hasta nuevo aviso. —La noticia causó gran sorpresa en ella, que de todas maneras no se preocupó de ocultarlo. — Y en su lugar estará uno de nuestros socios.

— Disculpa pero no entiendo nada… ¿Por qué ha sido destituido?

— Robert nos ha ocultado una información muy valiosa que le causó a la empresa unos cuantos problemas, que por el momento ya han sido solucionados.

— ¿Puedes hablar claro? Porque sigo sin entender nada.

— Robert nos ha ocultado el nombre de la principal causante de tu secuestro y por lo tanto eso es un tema legal en el que nosotros no pudimos interceder. La policía ha acudido a él y por el momento está bajo prisión preventiva, como principal sospechoso de tu secuestro.

— P-p-pero no pude ser… Robert no haría algo así…

— No podemos ponernos del lado de nadie hasta que den el veredicto. Tú por el momento no debes causar alboroto con este tema, eso solo empeorará las cosas.

— De acuerdo, entiendo. —su mente maquinó unos buenos minutos antes de decir lo que había decidido. — Pero… ¿podrían decirme donde está Robert? Creo que sería bueno que hablara con él… si no les molesta.

— Claro que no. —el hombre le anotó la dirección y luego se la entregó. — Pero tendrás que tener mucha precaución y ser bastante reservada con tu presencia en ese lugar.

Ella asintió y luego guardó la dirección en su bolso.

— Bueno supongo que ahora es mi turno —comentó mucho más seria de lo que esperaba estar. — Los reuní aquí para informarles que debido a los recientes acontecimientos he decidido por mi propio bien hacer ciertos cambios…—todos la observaron atentos. — Necesito cambiarme del lugar en que actualmente estoy viviendo, para mí ya no es un lugar grato, cómodo ni confiable por lo tanto esta es una decisión irrefutable. —tragó saliva y continuó— Segundo, creo que la idea de la parejita Weasley-Granger está causando demasiada tranquilidad en los medios y eso ya no es novedoso… por lo tanto he pensado que tal vez sería una buena idea publicar una ruptura de la relación… adem…

— Disculpa Hermione, debo interrumpirte un poco —alzó la voz uno de los directores. — Hay cambios que si podemos realizar, pero también hay otros que están estipulados en el contrato y por lo tanto no podemos anularlo.

¡Mierda! El contrato…

— Si es verdad, no podemos anularlo… pero si podríamos hacer unos cambios ¿no les parece? —no hubo respuesta. — Estuve investigando algunos "casos"… —al muy estilo Sherlock Holmes, pensó para si misma.— y las estadísticas en ventas después de las rupturas es aún mayor… En este caso las ventas en las revistas, de ropa y todo tipo de cosas subirá porque la gente intentará averiguar todo lo posible de la situación. Sé que suena horrible, pero podría ser una gran victoria.

— O un gran error… —respondió uno de los directores, que jamás había escuchado hablar. — Es cierto que las estadísticas suelen decir eso… pero eso solo dura un mes… luego de la ruptura viene el momento de la separación de las carreras y ahí finaliza todo. —las miradas le prestaron atención a él. — Es simple… ¿han escuchado como las grandes bandas se separan para volverse solistas? Bueno casi siempre es lo mismo… un total fracaso.

— Como usted dijo… casi siempre, por lo tanto también existe la posibilidad de que nos ayude…

— No podemos arriesgarnos a perder todo el poder que tenemos actualmente, esta relación es una mina de oro para la empresa. Tu misma lo sabes Hermione. —Todos los hombres de traje y corbata se miraron entre sí, murmuraron ciertas cosas y finalmente él respondió— creo que en eso no podemos aceptar tu propuesta…

La castaña suspiró y asintió. Tomó la silla más cercana y se sentó en ella, su energía y ganas de luchar habían decaído drásticamente.

— Pero por otra parte podemos ayudarte con el tema de cambiar tu residencia… ¿tienes alguna idea de dónde quieres que sea?


— ¡¿QUÉ DIABLOS?! —exclamó molesto.

Pensó que todo aquello de quitar las cosas de Hermione de su habitación tan solo sería una tonta idiotez del momento, pero las cosas por la mañana seguían igual.

Caminó hasta encontrar el teléfono inalámbrico, marcó rápidamente un número y esperó pacientemente pero nadie contestó. Iba a regañarle al mundo, pero la puerta del departamento sonó con insistencia. Trató de mantener su rabia contenida hasta descubrir que diantres quería esa persona tan temprano.

— Buenos días, señor Weasley. —le saludó amablemente un hombre de traje. Ron no lo reconoció, así que simplemente le ofreció su mano para saludarlo. — lamento despertarlo tan temprano, pero me han dado estrictas ordenes de traerle esto.

El hombre señaló una gran caja y luego la empujó dentro del pent-house.

— ¿De parte de quien es esto?

— Lo siento, no puedo decirle, es confidencial.

— ¿Cómo va a ser confidencial? ¡Podría ser una maldita bomba!

— Le puedo asegurar que no lo es —le dijo rápidamente.

— De acuerdo, terminemos con esto de una vez. —Firmó el papel que le entregaron y luego cerró la puerta tras de sí. Y sin más tardanzas leyó la pequeña tarjeta que traía la caja.

"Quiero que solo una cosa te quede absolutamente clara… definitivamente ya no quiero tener nada que ver contigo"

La tarjeta no decía nada más, pero con esas simples palabras le quedaba claro de quien era aquella caja. Así que con cierta intuición de que podía tener, simplemente la abrió. Dentro de ella estaba todo… absolutamente todo lo que él le había regalado a Hermione en todo el tiempo que habían estado juntos. Desde el más pequeño detalle hasta el objeto más importante de aquella relación…


La tranquilidad espeluznante que había en aquella casa abandonada era horrible. Desde hacía un buen tiempo que había dejado de visitar su antiguo hogar y desde su perspectiva… ya no era lo mismo. Aunque si existía una cosa que logró reconfortarla y era aquella tranquilizadora sensación de hogar… seguía estando ahí a pesar de todo.

Las cosas seguían cubiertas con aquellas típicas sábanas blancas para cubrir el polvo, pero en lo demás todo seguía igual. El gran reloj de su padre, la gran cantidad de cuadros de la familia, las porcelanas de su madre, e incluso aquel sillón que había guardado mil recuerdos familiares, ahora solo estaba cubierto por una sabana.

Había vuelvo a dar el paso de la corriente, había abierto las cortinas oscuras y ahora se disponía a quitar aquella sabana empolvada. Dejándola en el suelo observó aquel mueble con tristeza y ya sin energía se recostó en él.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas cayendo silenciosamente en los cojines del sillón. Hermione se aferró a la calidez de aquel sofá y lloró cuanto le fue necesario para sacarse la rabia interior que tenía. Sabía que no conseguiría nada alejándose de Ron, pero al menos estar en un hogar diferente le permitía tener la tranquilidad de tener privacidad y no encontrárselo cada vez que daba un paso por el pent-house.

— Si, definitivamente esto va a ser interesante. —se dijo a sí misma dejando que sus ojos se cerraran por el cansancio y la fatiga.


— Vine lo antes posible, ¿Qué sucede? —preguntó impaciente, demostrando su clara molestia.

— Toma asiento por favor Ronald. —le pidió el ahora director de Record Magic.

El pelirrojo le hizo caso, y se sentó en la silla más cercana, apoyando todo su peso en el respaldo. Observó a todos con impaciencia y luego soltó un bufido.

— ¿Me dirán que diablos ocurre?

— Debido a que una de las personas que conforma el contrato ha presentado unas quejas, debemos realizar ciertas modificaciones.

— ¿A qué te refieres? —preguntó. — La otra persona de la que hablas es Hermione ¿no? —esperó una afirmación, pero ninguno de los presentes hizo ni el más mínimo hincapié de responderle. Aunque de todas formas no lo necesito, le bastaba con la mirada que tenía el hombre para saber que era así. — Supongo que no hay nada que pueda hacer sea cual sea la decisión que tomen, así que… ¿Qué tienen planeado para mí? ¿Estoy despedido?

— Claro que no, Ronald. —dijo él rápidamente, soltando una corta risa. Ron permaneció serio sin una pisca de que eso le hubiera causado gracia. — Pero lamentablemente el departamento que estaba establecido para ustedes ya no será propiedad de Record Magic. Y en vista de que tú aún sigues viviendo ahí, hemos buscado otro lugar para ti. Hermione ya ha decidido su nueva residencia personal, y respetamos su decisión. Pero queremos saber… ¿esto tiene que ver algo con problemas personales entre ustedes?

El pelirrojo se mantuvo en silencio, pero no pudo evitar sentir que la rabia nuevamente lo inundaba. Había perdido a la mujer de su vida por una estúpida mentira que había salido a la luz hace solo unas horas. Ahora las ganas de rebobinar todos los hechos de una semana se acumulaban en un deseo irrefrenable por golpear a todos esos idiotas de traje.

— Aceptaré el lugar que sea al que me lleven, las medidas que decidan tomar y cualquier otra cosa con una condición…

—Te escuchamos —dijo el hombre que estaba al otro extremo de la gigantesca mesa de conferencias.

— Quiero a Hermione de vuelta a mi lado, sea donde sea que me manden a vivir.

— Ronald… ¿no lo entiendes? —alzó la voz el nuevo director. — Hermione ha pedido expresamente dejar de vivir en el pent-house a tu lado, como única condición para seguir con el contrato. —la cara de Ron se volvió pálida, no esperaba aquella respuesta. — Ella sugirió que se comenzara una etapa de "ruptura" en la relación para generar mayores ventas, pero hemos decidido en conjunto que no es la mejor idea en este momento. Por ello hemos tenido que aceptar su condición y para que las cosas no se salgan de control, hemos rentado precisamente la casa continua a la que Hermione está actualmente residiendo para no causar sospechas en la prensa.

Ron sabía mejor que nadie, que aquella historia de "etapa de ruptura" no era más que una excusa para alejarse de él lo máximo posible. Y a pesar de que le afectaba más de lo que quería, sabía que no podía permitir que se distanciaran más de lo que ya estaban o si no terminaría perdiéndola para siempre.

— De acuerdo, se dónde es, pero hay algo que no creo entender… —el director asintió esperando su respuesta. — ¿Cómo haremos para seguir haciéndoles creer que somos una pareja feliz si ya ni si quiera viviremos juntos?

— Por el momento esperamos que la prensa no se dé cuenta de ello, gracias a su discreción claro… —Ron asintió. — Y realizaremos mayores apariciones en público para ahuyentar cualquier rumor sobre ruptura.

La junta continuó realizándole aclaraciones, informándole de los nuevos proyectos y más cosas por un largo rato. Hasta que todo estuvo aclarado, finalmente la junta finalizó. Pero Ron tenía una duda más antes de terminar con toda esa sesión.

— ¿Por qué no ha estado presente Robert?

El nuevo director mantuvo el silencio unos segundos, y removiéndose inquieto se dirigió a él finalmente.

— Robert está bajo prisión preventiva, acusado de ser el principal sospechoso del secuestro de Hermione.


Las paredes grisáceas de aquel lugar no fueron la mayor sorpresa para Hermione. Había estado anteriormente en un lugar así de sombrío, sintiendo una sensación similar a la que ahora concebía y su sorpresa era que a pesar de todo el tiempo que había pasado seguía estando aquella dolorosa sensación de recuerdos.

La noche en que sus padres habían muerto, ella había estado en un lugar como ese. De paredes grises y sombrías. Un lugar tan helado y horrible como lo era ese edificio lleno de calabozos y habitaciones heladas. La sensación se repetía, a pesar de todo.

— Nombre y carnet de identidad —pidió el oficial. Hermione se los entregó obedientemente saliendo de su ensoñación. El hombre verificó que no le estuviera mintiendo y luego le devolvió sus documentos. — Firme aquí y puede pasar. Pero antes tendrá que pasar por el detector.

— De acuerdo —aceptó ella.

El hombre la condujo a través de la máquina y luego le devolvió sus pertenencias.

— El detenido no tiene permiso para acceder a ningún objeto externo, así que si usted le hace entrega de algo estará incumpliendo con las reglas. Además estará siendo vigilada a través de cámaras de seguridad, por lo que le sugiero que no cometa ninguna estupidez.

Hermione se sintió especialmente ofendida por aquello.

— No soy una criminal, si eso es lo que plantea. Y le aclaro que no podría llevar ningún arma nuclear entre mis piernas.

— No lo decía de manera personal señorita, son órdenes del reglamento que debo cumplir con informarle. —respondió él. —Además, se sorprendería de las cosas que hemos encontrado en vestimentas como las de usted.

La castaña sonrió por primera vez y luego le dio un afectuoso abrazo.

— Tiene razón, y le aseguro que hace un buen trabajo, gracias.

El oficial sonrió también y luego la escoltó hasta una habitación de grandes ventanales. Robert sentado en su interior frente a una mesa con dos sillas, vestido con su traje elegante que ya no era tan elegante debido a las horas que había tenido que estar en ese lugar.

Giró su rostro rápidamente al ver que las visitas llegaban, y observó especialmente a Hermione avergonzado.

— Pensé en pasar a visitar a mi jefe a su oficina, lástima que quede un poco más lejos de lo que recordaba. —dijo ella bromeando, mientras tomaba asiento en la silla justo frente a él.

El guardia ingresó junto a otro hombre más para quedarse más rezagados en una esquina de la habitación. Robert por su lado bajo la mirada sonriendo tristemente, luego volvió a mirarla.

— Supongo que me lo merezco. —soltó él tristemente. — He faltado a mis principios.

— No digas eso Robert, no es tu culpa.

— Claro que lo es Hermione, y deberías odiarme por tan solo pensarlo.

— No te odio Robert —aclaró ella rápidamente. — Creo que tienes razones suficientes como para haber tomado aquella decisión y por eso estoy aquí. —Robert la observó atento. — Necesito que me digas la verdad, que me expliques porque no dijiste lo que sabias cuando debiste hacerlo.

El ex director soltó un largo suspiro y luego bajó su mirada.

— Supongo que por amor se cometen muchas locuras. —Hermione puso una expresión parecida a "dímelo a mí" y ambos sonrieron. — No creo que vayas a entender por qué decidí no informarles que mi ex mujer había sido la principal participante de tu secuestro —dijo en un susurro, procurando que los guardias no lo escucharan. — Pero es mi mujer, hubo un tiempo en que la amaba más que a nada en el mundo y prometí por mis votos que estaría ahí con ella en las buenas y en las malas. Probablemente fue la peor forma de actuar frente a esta situación, pero creo que prefiero pagar yo por sus errores a verla seguir sufriendo…

— Vaya… —murmuró Hermione, sintiendo el escozor de las lágrimas en sus ojos. — Supongo que eso es amor real.

Robert sonrió avergonzado.

— Yo acepté cumplir mis votos y así será siempre, es lo único que tengo que decir en defensa. —Robert tomó una mano de Hermione y la apretó con cariño. — Y decirte que lo siento muchísimo. Mi esposa puede ser una loca rematada, pero es mi mujer después de todo y enserio lamento que tuvieras que sufrir las consecuencias de todo esto. Nunca podré llegar a decirte lo mucho que lamento lo que pasaste.

— No hay nada que perdonar Robert. —respondió ella poniéndose de pie. — Y voy a arreglar esto lo antes posible.

— Hermione, no —la retuvo él. — Tal vez no soy culpable de organizar tu secuestro, pero soy cómplice de todo lo que sucedió.

— ¿Cómplice de qué? ¿De defender a tu mujer por sobre una chica a la que conociste hace tan solo unos meses? —preguntó ella con tranquilidad. Robert la observó fijamente. — Sin ofender Robert, pero creo que tendrás que hacer algo peor para jugar a los condenados.

Dicho esto salió de la habitación sin mirar atrás, pero dejando a Robert Walmart con una gran sonrisa de tranquilidad.


Hermione había cumplido con su objetivo. Necesitaba saber que Robert estaba bien y confirmar que él no era parte de todo ese plan macabro. Por lo que apenas terminó su visita emprendió un nuevo rumbo para cumplir con su segundo objetivo.

El camino se hizo más largo de lo habitual, y en cierta forma lo agradeció, porque tuvo un largo tiempo para pensar sobre qué sería de su vida ahora. Ya no podía decir que fuera una persona feliz, pero tampoco podía lamentarse de la peor vida, sabiendo que aún tenía a una persona por la que luchar.

La bocina de un auto tras de sí, la despertó de sus pensamientos. Soltó el freno y continuó con el camino, pasando el último semáforo antes de llegar a la Clínica en que su padre permanecía. Trató de pasar lo más rápido posible por la recepción y el ascensor, ya que en ese momento no tenía precisamente ganas de detenerse a conversar con nadie. Así que apenas la enfermera le entregó el pase de Visita, buscó la puerta de la habitación de su padre y se adentró en ella.

Su padre estaba recostado como siempre, en una postura lo más cómoda posible. Hermione sonrió y caminó lentamente hasta él, tomó la silla más cercana y la juntó a la cama. Acercó la mano de su padre con delicadeza y la apoyó en su mejilla. Y en ese momento las lágrimas se liberaron lentamente. Hermione las sintió arder en su garganta y derramarse por sus mejillas sin nada que quisiera detenerlas. Pero también ella sabía que si no hacía algo, terminaría hundiéndose en el dolor.

"Este es el momento de llorar, cariño", escuchó en alguna parte de su mente. Sintió que esas eran las palabras exactas que su padre le habría dicho. "No hay nada que temer, yo estoy aquí".

— Sé que estás aquí —murmuró entre sollozos ahogados, aferrándose a su mano helada— pero no es suficiente. Te necesito devuelta… por favor.

"Tú puedes mi niña. Saldrás de esto como lo has hecho todo este tiempo. No necesitas de mí ni de tu madre para ser la gran mujer en la que te has convertido. Se fuerte mi niña".

— Soy fuerte por ustedes… —susurró finalmente. — solo gracias a ustedes.

"Eres fuerte gracias a ti misma cariño, solo gracias a ti".

Probablemente nadie sentía tanto el pesar de la tristeza como Hermione en ese momento, aunque si existía una persona que se acercaba mucho a su sufrimiento y precisamente era quien la observaba desde detrás de las persianas en ese instante.

— Disculpe, ¿necesita algo? —preguntó una enfermera joven y de aspecto serio. — No puede estar aquí sin permiso o tarjeta de Visita.

— Sí, lo siento, me iré enseguida. —le respondió él con una sonrisa fingida. — Solo vine a corroborar que estaba aquí.

— ¿El paciente? —preguntó la muchacha observando también al interior de la habitación. — ¿O su novia?

Ron no respondió nada, solo le dedicó una sonrisa y luego caminó hacia la salida.


Después de aquella liberadora visita a su padre, Hermione había decidido que debía tomar la situación por las riendas. Y eso comenzaba primero que nada… ¡alimentándose! Llevaba unas buenas horas sin comer nada y su estómago comenzaba ya a rugir. Además en su nueva casa no había ni una pisca de sal, así que simplemente era hora de las compras.

Presionó el acelerador apenas pudo y condujo hasta el supermercado más cercano para realizar sus compras. Estacionó su jeep, quitó las llaves y las guardó en su bolso. Pero además se puso unas gafas de sol de un tono gris, un gorro de lana que había encontrado en uno de los compartimentos del auto y la chaqueta que cubría gran parte de su vestimenta elegante y se emprendió a la aventura.

Caminó con rapidez, consciente de que debía hacer sus compras de manera simplificada para evitar escándalos. Estaba sin seguridad y por lo tanto paparazzis y fans podrían rodearla con gran facilidad. Así que rogando por que los lentes y el gorro cubrieran gran parte de su identidad, se adentró en la tienda comercial. Tomó un carrito y rápidamente fue pasillo por pasillo buscando las cosas que necesitaba. Tiró al carrito cuanta cosa le pareció apetecible y finalmente llegó al pasillo de productos de aseo. Se planteó pasar lo más rápido posible porque prácticamente solo necesitaba: shampoo, acondicionador, cepillo de dientes, pasta de dientes y alguna que otra cosa personal. Y hubiera sido así de fácil si el destino no se empeñara en hacerla luchar.

— ¿Quiere probar la fragancia más reconocida de Ralph Lauren? —le ofreció un jovencito vestido de traje. — Esta en promoción solo por hoy.

Hermione tragó saliva y aguantó la respiración, deseando tirarle aquel perfume al muchacho por la cabeza y darle unos cuantos golpes. Pero se contuvo, porque no era culpa de él ofrecerle justamente en ese momento el perfume que Ronald Weasley tanto adoraba.

— No gracias —respondió ella, intentando que su dulzura natural no se transformara en una feroz cachetada.

— Tal vez le guste alguna de nuestras otr…

— ¡NO! —gritó fastidiada, arrancando rápidamente con su carrito y la montaña de comida hasta llegar al siguiente pasillo que la conducía a las cajas.

Para su favor las cajas no tenían colas tan grandes de personas esperando, por lo que al cabo de unos minutos estaba frente a la cajera poniendo una por una las cosas para pagarlas. La mujer parecía ser de las expertas, porque también en poco tiempo tuvo todo listo.

— Son 76 euros —le informó la cajera. — ¿En efectivo o tarjeta de crédito?

— Crédito —dijo la castaña entregándole su tarjeta de platino.

Tan solo fueron unos segundos para que la mujer cambiara su expresión de cansancio a una de sorpresa. La había reconocido, eso estaba claro. Pero ella pareció intentar pasar desapercibida. Lamentablemente Hermione ya había sufrido muchísimas veces aquella misma fingida mentira, pero le agradeció que no dijera nada frente al resto de los compradores. Eso al menos hasta que ella salió del lugar.

¿Te diste cuenta? ¡Era Hermione Granger! —escuchó que susurraban al verla salir. — Atendí a la mismísima señorita Granger… Que lastima que no estuviera Ron con ella…


El camino a casa se le hizo largo también, tal vez porque deseaba alejarse de ese supermercado lo antes posible o tal vez porque su estómago rugía de hambre. Así que cuando estacionó su auto en la entrada de su casa, se bajó rápidamente para sacar las bolsas y entrarlas a la cocina. Pero al darse cuenta de que eran más bolsas de las que esperaba el viaje se convirtió en unas cuantas idas y vueltas.

— ¿Dónde es la fiesta? —preguntó una voz demasiado conocida para ella, justo cuando ponía el primer pie en su casa. Se giró lentamente y con dificultad trató de no botar nada.

— No son para una fiesta —le corrigió con el ceño fruncido.

— Me equivoque supongo —respondió él con una pequeña sonrisa.

— No sería la primera —respondió rápidamente ingresando en la casa sin esperar que él también lo hiciera.

— La sutileza no es lo tuyo parece —bromeó, pero no consiguió ni una sonrisa de Hermione. En cambió si recibió un contraataque.

— Y el compromiso parece que no es el tuyo.

Ron bajó la mirada tratando de mantener la sonrisa. Sería difícil hacer cambiar de parecer a Hermione eso estaba más que claro.

— De acuerdo, ya entendí sigues enfadada. — Hermione rió con ironía. — Y está bien, pero no vine a discutir más.

— ¿Ah no? ¿Y a que viniste entonces? —atacó rápidamente. — Porque no veo cual pueda ser la razón después de que te dejara claro que no quiero saber nada de ti. Y te aseguro que esperaba que al menos aquí no pudieras encontrarme… pero ¡Ta Tan! —cantó sin alegría. — Aquí estás, dentro de mi casa.

— Creo que aún no te han informado de algunos cambios… —murmuró más para sí mismo que para ella. Pero Hermione tenía una agudeza que él conocía a la perfección.

— No Weasley, al parecer no. —bufó. — ¿No me digas que ahora te mandaron a vivir a mi casa también?

— Cerca —acertó. — La verdad es que seré tu vecino.

Hermione no evitó rodar los ojos, porque su rabia era demasiada como para contenerla.

— Lo que me faltaba. —murmuró.

Probablemente se había ilusionado demasiado al creer que la junta directiva tendría un poco de compasión por ella. Se había equivocada, lamentablemente. Le entraron unas ganas irrefrenables de llorar, pero se hizo la fuerte y las aguantó junto con el nudo en su garganta.

— Hermione… no puedo estar enojado contigo.

— Quisiera poder decir lo mismo Ron, te lo juro. Pero yo no te odio, simplemente ya no te soporto. Y quisiera que al menos tengas el respeto de irte de mi casa, porque tal vez para ti no sea necesario pero por mi parte quiero mantenerte lo más lejos posible de mi vida. Así que te aseguro que lo único que me mantendrá ligada a ti, será ese estúpido contrato.

Hermione dio un paso en su dirección. Intentó no sentirse afectada por aquella intensa mirada azul, pero los bellos ojos de su ex novio seguían ahí en una extraña conexión que ni ella podía explicarse. Por ello, haciendo acopio de su fuerza de voluntad lo tomó del brazo y lo llevó hasta la puerta principal. Una vez ahí, lo empujó fuera del marco de la entrada y cerró la puerta, sin decirle ni un adiós.


Creo que unas cuantas personas estarán desplegando todo su odio hacia mi por haber demorado tanto en actualizar... ¡Y las entiendo completamente! Pero he tenido unos meses de locos. Quisiera compartirles que he ingresado a estudiar lo que tanto quería: ¡Obstetricia! Así que se imaginaran mi alegría y también la inmensidad de cosas que tengo por hacer... tiempo, es lo único que no tengo. Pero creo que ya era hora de volver y hacerme presente. Y además... ¡Celebrar que mi querido Chile ha tenido un partido de lo más grandioso en el mundial ante España!

Bueno, eso y agradecerles por seguir ahí después de tanto tiempo. Este fic es parte importante de mi, por lo que les aseguro que no lo abandonaré. Espero que les haya gustado el capitulo y si no hay mayor inconveniente leernos pronto.

Con todo el cariño del mundo les deseo lo mejor. ¡Nos vemos pronto!

PD: ¡Estaré ansiosa de leerlas nuevamente! 3