Capitulo 41: El perdedor
Se sentía una tonta. Una rematada estúpida. Una idiota. ¿Y porque? Porque seguía locamente enamorada de su ex novio el famoso casanova Ronald Weasley, el cual la había engañado cuando estaba secuestrada por el loco de su ex amigo Daniel Wilson. Y su decisión de alejarse de todo aquello que la había hecho sufrir, se había transformado en la idea de cambiar su actual residencia con Ron a volver a su antigua casa, la que solía compartir con su familia antes de comenzar el proyecto con Record Magic. Pero para variar, su mala suerte seguía acompañándola y su decisión había sido nuevamente frustrada gracias a que los directores de su actual trabajo habían decidido traerle el problema a los pies de su casa… nuevamente.
La puerta sonó con insistencia como había ocurrido toda la semana. Ella avanzó los pasos requeridos y la abrió sin el menor ánimo. Observó a su ex y luego dándole un frio beso para los paparazzis que los observaban, lo dejó entrar.
— Buenos días, vecinita.
— Buenos serán para ti —alegó. Ron sonrió dulcemente y le entregó una linda bolsita. Ella lo observó recelosa — ¿Qué es esto?
— Supuse que debido a tu noche de parranda, tendrías una jaqueca de los mil demonios y un hambre feroz como para comerte una vaca. —Hermione suspiró, dándole la espalda. — Entonces eso es un sí.
— Supón lo que quieras.
— De nada —se respondió solo y luego la siguió.
Hermione abrió el paquetito y sacó la caja de aspirinas. Buscó un vaso de agua y se la tomó de un trago, mientras en todo momento era observada por Ron.
— ¿Y cómo es que sabes que salí anoche? ¿Acaso ya te volviste el psicópata Nº 2? —preguntó con ironía, tratando de no mostrar su interés por saber.
— No Hermione, solo se leer y escuchar. —dijo tristemente.
La castaña entrecerró los ojos confundida, mientras Ron encendía la televisión.
— Esperamos que aquella larga noche de juerga, no le haya jugado una mala pasada a nuestra querida Hermione Granger. Pero lamentamos que actualmente se está convirtiendo para el ojo público en la nueva Weasley de la farándula Hollywoodense. ¿Será que se están intercambiando los papeles entre esta linda pareja? —la periodista dirigió su mirada más intrigante y luego con una sonrisa fingida volvió a hablar. — Haremos una pequeña pausa y ya volvemos con más. ¡No se vaya!
— Creo que debería sentirme un poco ofendido.
— Créeme que sí. —respondió ella en un suspiro.
Hermione se llevó una mano a la cabeza y cerró los ojos. Sentía que algo le martillaba en la frente y el dolor era insoportable. La pastilla seguía sin hacer el estúpido efecto y eso la ponía aún más de malas. Ron aprovechó para apagar la televisión y desdoblar el diario que había recogido de la puerta por la mañana.
— Vaya, es cierto que somos el mayor espectáculo hoy en día.
— ¿Querías atención? Pues ya la tienes —respondió ella aún con los ojos cerrados. Se estaba sintiendo cada vez peor, era hora de tomar nuevamente un descanso. Se puso en camino al sillón más cercano y en se recostó Ron la siguió nuevamente y se sentó a su lado.— ¿No tienes nada más que hacer que mirarme con esa cara de idiota?
— Creo que hace mucho quedó claro que no me molestan tus insultos Hermione, pero ya te lo dije y te lo repito, no voy a dejarte sola.
— No te necesito aquí Ronald. Estoy acostumbrada a estar sola y en lo que nos une, bueno… ya no hay nada que nos una como para que sigas aquí.
— Eso también ya me lo has dicho.
— ¿Entonces qué esperas? Te he repetido hasta el cansancio que no me importas, no me gusta que estés aquí y que sinceramente verte me hace peor. —en su interior sabía que cada palabra que decía la destruía aún más. Quería aguantarse y no decirle nada. Quería quedarse callada y dejarlo que se quedara ahí. Justo donde estaba para poder sentirse tranquila al menos, pero no, hacía todo lo contrario a lo que pensaba. Trataba de humillarlo para hacerlo sentir el dolor que ella había sufrido, y en su interior rogaba que por más idiotez que le dijera él se quedara ahí. Justo frente a ella.
— Supongo que soy un egoísta entonces —le respondió inmutable, y tratando de mantener su sonrisa. — porque yo lo único que necesito es estar a tu lado, aun cuando tú no lo quieras.
— Tienes razón, no lo quiero. —claro que lo quiero. Quédate aquí por favor.
— Lo sé.
Hermione suspiró y abrió lentamente los ojos. Ahí estaba él, con su adorable sonrisa y su cabello tan naranjo como una zanahoria. Sus mejillas ligeramente sonrojadas, sus pecas interminables y sus intensos y hermosos ojos azules. Era imposible no querer tenerlo enfrente por un infinito.
— Puedes quedarte si quieres, de todas formas ni si quiera voy a saber si estás aquí o no. Tomaré una siesta. —dicho eso, se levantó y tambaleándose ligeramente por el dolor subió las escaleras.
Una vez arriba, después de su travesía para subir sin darse un tropezón, se recostó en la gran cama, que aún seguía medianamente tibia. Se había despertado tan solo para abrirle la puerta a Ron y ahora planeaba volver a dormir y alejar ese endemoniado dolor de cabeza.
— No volveré a tomar tanto, lo prometo —susurró ya adormilada.
— ¿Hermione? ¿Cariño? ¡Despierta! —le dijeron sacudiéndola suavemente. — Amor tienes que despertar…
— No quiero —se quejó tapándose hasta la cabeza, para evitar ser molestada.
— Amor si no te despiertas, lo haré yo —le respondió nuevamente la misma voz.
— No dije, no quiero levantarme.
De repente se vió rápidamente descubierta de pies a cabeza, congelando cada parte de su cuerpo. Y lo más extraño es que no podía abrir los ojos. Algo estaba mal...
— Cariño que sigas con los ojos cerrados no te va a proteger de mí. —respondió aquella voz en un sensual susurro.
Finalmente sus ojos se abrieron con lentitud. Ante ella estaba nada más ni nada menos que Ronald Weasley, desnudo desde la cabeza hasta… si, definitivamente hasta los pies.
— ¿Qué haces aquí? ¡No puedes estar así en mi casa! ¡Y menos en mi cama!
Ron se puso a reír de una manera demasiado angelical, sus ojos se cerraban y sus mejillas se alzaban para formar una gran sonrisa. Su cuerpo sonrosado la rozaba en ciertas partes causando un aumento de temperatura inimaginable.
— Amor, creo que dormir tanto te ha afectado un poco la cabeza.
Ella iba a darle un manotazo para sacarlo lejos de donde estaba, pero los veloces reflejos del pelirrojo la detuvieron a tiempo, para luego llevar ambas manos y dejarlas justo sobre su cabeza. Dejándola completamente indefensa y para su sorpresa… ¡desnuda!
— ¿Qué diablos sucede? ¡Sal de mi cama en este instante Weasley!
— Me encanta todo esto de luchar, te hace ver indefensa y apetecible. —ronroneó él, acercando sus labios para besarle la mejilla, el mentón, la curvatura de este y finalmente llegar a su cuello. ¡Oh si, justo ahí!
¡No! ¿Qué diablos le ocurría? ¡Él la había engañado, por todos los cielos! ¡No podía permitirle hacer lo que fuera que estaban haciendo!
— ¡Aléjate! ¡Me engañaste! ¡No tienes derecho a tocarme!
Ron rio divertido.
— ¿De qué hablas, cariño? Yo no te he engañado.
— ¡No seas mentiroso! ¿Qué no recuerdas lo que hiciste mientras estuve secuestrada?
— ¿Qué secuestro? ¿Qué engaño? Amor… ¿estás bien?
Por un segundo pensó que se había vuelto loca. Se quedó pensativa, con sus manos sobre su cabeza y siendo fijamente observaba por ese atractivo pelirrojo. Tal vez él tenía razón… había sido todo parte de una pesadilla.
— ¿Por qué no me dejas hacerte olvidar esa pesadilla?
No tuvo tiempo para responderle un sí o no. No tuvo tiempo para siquiera pensar si eso era parte de un sueño o era realidad. Porque aquel pelirrojo de ensueños buscó su cuello con rapidez depositando en él unos suaves y sensuales besos que la hicieron agradecer encontrase desnuda y lista para la acción. Él era un experto, lo demostraba en cada beso y movimiento que hacía para seducirla. Había soltado sus manos y ahora la tomaba de la cintura intentando atraerla hacia él. Ella sentía cada parte de su anatomía chocarla, incluida cierta anatomía mucho más pronunciada, demostrando sus ansias de sentir ese placer. Y que más daba ella no podía controlar sus gemidos, el deseo la estaba enloqueciendo.
— Te necesito —le susurró él contra su cuello. — Te necesito Hermione.
Ella no pudo evitar sonreír cuando un dulce escalofrió la recorrió. Ella también lo necesitaba, y mucho.
— Ron… —murmuró extasiada. — Ron… hazme tuya.
— ¿Estas segura?
— ¡Claro que sí! —exclamó como molesta porque siquiera se tomara el tiempo de preguntárselo.
— ¿Me deseas?
— ¡No sabes cuánto!
— Dímelo por favor, necesito oírlo. —le pidió él observándola con los ojos nublados por la pasión. — Dime que me deseas Hermione.
— Te deseo Ron, te deseo demasiado. Por favor…
Esa fue su última frase antes de despertar. Con un calor sofocante, las mejillas sonrojadas y las manos ciertamente cerca de una parte no muy masculina, la hicieron caer en la cuenta de que todo había sido un sueño. Un muy pasional sueño.
¿Cómo había ocurrido eso? Recordaba que habían tocado a la puerta, que había entrado Ron, y que por el dolor de cabeza se había vuelto a acostar, que había subido las esc…
— ¡RON! —exclamó en un grito, alzando su cuerpo hasta apoyarlo en sus manos. Estaba sentada sobre la cama, con un calor asfixiante y los ojos aún cansados. Además, al escuchar el grito el mismísimo pelirrojo había subido las escaleras de un solo salto hasta llegar a la pieza.
— ¿Hermione? ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Te sientes mal? —preguntó preocupado, tratando de controlar su respiración. — Lo siento si entré a tu habitación así, pero pensé que te había pasado algo y ya que gritaste mi nombre…
— Sí, sí, sí, no hay problema —respondió ella sonrojada. — Lo siento si te asuste, solo fue… fue una pesadilla.
Sí, claro, pesadilla. Sueño erótico, creo que sería mejor el nombre.
— ¿Tenias una pesadilla conmigo? ¿Tan feo soy?
Hermione no pudo evitar soltar una risita tonta de mujer enamorada, que detuvo a los pocos minutos. Ron también le sonrió, pero demostró un claro rostro de incomodidad.
— ¿Qué sucede? —preguntó ella sorprendentemente preocupada.
— Nada es que… —comenzó, pero su rostro se puso rojo y evitó mirarla. — No nada.
— Ron… —comenzó ella rodando los ojos. — ¿Qué te pasa?
— Es que… estás… —tragó saliva y trató de no mirarla, era demasiado para él. — Estás sin ropa interior.
— ¿Y cómo sabes eso? —preguntó avergonzada mirándose, mientras se daba cuenta de que seguía con pijama.
— Porque se te nota… —en vez de continuar con aquello, la apuntó fugazmente. — será mejor que baje. ¿Si estás bien?
— Sí, gracias por preocuparte.
Ron le guiñó un ojo y luego salió de la habitación bajando fugazmente la escalera.
Hermione se volvió a recostar, cubriéndose con las sabanas y el cobertor. Se había sentido tan bien en ese último minuto. Le había encantado saber que aún podía afectar de esa forma al pelirrojo, sin que él se diera cuenta de que ella también seguía bajo su hechizo de amor.
Ron estaba agradeciéndoles a todos los santos y demonios por haberlo hecho escapar justo antes de que se despertara. Justo a tiempo para fingir que no había estado en su habitación observándola mientras dormía tan plácidamente y durante aquel tormentoso último momento en que la había escuchado gemir y rogar por tenerlo a él a su lado. Habría dado lo que fuera por haber sido participe de ese sueño, porque era su nombre el que había susurrado, era su nombre el que había gemido y definitivamente había sido su nombre el que había gritado segundos antes de despertar.
Si ella seguía deseándolo tanto como él a ella, las cosas no podrían durar tanto manteniéndolos así de cerca. Estaba claro que ella no daría el primer paso para que volvieran a estar juntos, porque existía una gran y fuerte barrera entre ambos después de aquel "supuesto engaño". Pero si él sabía que todo había sido una total mentira, debía decírselo y arreglar las cosas. El problema era que las cosas estaban tan tranquilas hasta el momento, que tenía miedo de arruinar la única poco cercanía que estaban formando.
Aliviado al menos, se sentó en aquel sillón que estaba más cercano y tomó el diario. Tenía que fingir que todo estaba bien al menos hasta que se diera la oportunidad para contarle lo que había pasado realmente. Ron la escuchó levantarse de la cama y caminar en el segundo piso, probablemente recolectando su ropa porque a los minutos escuchó el sonido de la ducha. Mientras ella se bañaba, se centró en un artículo del diario que llamó su atención.
Hermione no tardó tanto en estar lista y bajar, así que mientras él seguía leyendo las cosas parecían seguir en calma. No se dirigieron palabra alguna, hasta que el teléfono de Hermione resonó en la casa. Caminó rápidamente para atenderlo bajo la atenta pero encubierta mirada del pelirrojo.
— ¿Diga? —dijo apenas alzó el teléfono. — Hola, sí estoy viva. —rió levemente y notablemente incomoda. — No, es solo que no es el mejor momento para hablar. ¿Te llamo después? Ok, gracias. Igual tú, Bye.
— ¿Tu compañero de parrandas supongo? —comentó Ron visiblemente molesto. Hermione quiso creer que era porque estaba celoso. — ¿Quién es el que inteligente que te está haciendo quedar mal frente a las cámaras?
— ¿Disculpa? —preguntó divertida. — No tengo porque informarte con quien salgo.
— Claro que sí, porque aún que no lo sea para nosotros, el mundo creerá que soy un cornudo.
— ¿Y eso te molesta?
— ¡Claro que me molesta!
— Bueno que lastima, porque no te diré. —dicho esto caminó a paso raudo hacia la cocina, estaba muerta de hambre y su estómago lo demostraba claramente. Ron la siguió nuevamente pero esta vez claramente enfadado.
— ¿Quién es?
— Alguien.
— Claro que es alguien, pero… ¿Quién es el imbécil ese?
— No es de tu incumbencia Ron.
— ¡Claro que lo es! Me estás dejando como el cornudo y además te pones a ti mismo como una mujer infiel.
— ¿Pero qué te sucede Ron? ¡Dejamos claro que no íbamos a entrometernos en la vida del otro! ¡Tú me engañaste! ¡Tú lo hiciste, no yo! Así que tengo todo el maldito derecho de hacer lo que se me pegue la gana. ¡Puedo salir con quien quiera sin tener que darte explicaciones porque ya no eres mi dueño! Y en cuanto a mi trabajo, yo decidiré si lo estropeo o no. ¿Te quedó claro?
Ron no pudo responder nada, porque su celular sonó con fuerza en su bolsillo. Tanto él como Hermione se quedaron callados al instante con la rabia a flor de piel. Él contestó mirándola fijamente.
— ¿Qué sucede? —respondió rápidamente Ron. — Estoy ocupado. — Hubo un largo silencio en el que él asintió y respondió con monosílabos. — De acuerdo, en una hora. Adiós.
— ¿Y se supone que tú eres el cornudo? —atacó ella con rabia.
— Sí, solo yo. —guardó su teléfono en el bolsillo. — Quieren que vayamos a una nueva sesión fotográfica. Les dije que podíamos en una hora.
— ¿Por qué en un hora? —preguntó curiosa.
— Porque hay algo que tenemos que hacer antes. —la tomó del brazo y la hizo caminar hasta la puerta, a pesar de su reticencia a no hacerlo.
— ¿Puedes al menos dejarme caminar sola? Tengo que ir por mi cartera y unas cosas antes de salir.
— De acuerdo, tienes tres minutos.
— ¡Deja de darme ordenes! —le espetó molesta.
— Entonces has lo que te pido. —dijo él aún molesto. — Por favor.
Hermione le dirigió una mirada cargada de odio y luego subió las escaleras para buscar sus cosas. Volvió al cabo de unos minutos y pasó delante de él sin siquiera preocuparse de cerrar la puerta. Por su puesto Ron se preocupó de hacerlo y seguirla rápidamente para abrirle la puerta de su lujoso convertible.
— No necesito que lo hagas.
— Claro que sí. —respondió él. — Mis modales no los voy a cambiar porque estés enojada conmigo.
— ¡Ah, que sorpresa! Porque si puedes cambiarlo para otras cosas.
— Puedes decir lo que quieras, estás en tu libertad de hacerlo. Pero después no te arrepientas de ello.
— ¿Por qué habría de arrepentirme? —Ron la observó con una sonrisa misteriosa.
— Ya lo verás.
El camino hacia el lugar desconocido que Ron quería llevarla era más largo de lo que se había esperado, por lo que cansada del silenció quiso encender la radio del auto. Ron la observó atento y Hermione casi pudo percibir una sonrisa.
— Supongo que no te molesta que ponga algo de música, ya que al menos si no me vas a hablar quiero estar cómoda.
— ¿De qué quieres que te hable? —preguntó interesado.
— De algo que no sean nuestros problemas.
— ¿Qué te parece si hablamos de… ese sueño que tuviste hace unas horas?
Hermione pudo sentir como toda su sangre subía a sus mejillas.
— Creo que es una mala idea.
— ¿Por qué? —insistió apropósito. — Quisiera saber porque gritaste mi nombre. ¿Soñabas conmigo?
— No recuerdo que estaba soñando. —mintió rápidamente. — Seguramente una pesadilla por eso no quiero recordar.
— ¿Estás segura que era una pesadilla?
— ¡Claro que sí! —exclamó a la defensiva. — ¿Por qué te estaría mintiendo?
— ¿Sabes lo que dicen de las personas que se ponen a la defensiva cuando les hacen preguntas?
— No, ¿Qué dicen?
— Que mienten.
— Puedes creer lo que quieras, entonces. —respondió enojada.
Era difícil mentirle, no sabía porque, pero sentía que él sabía algo que ella no.
— ¿No habrás estado en mi habitación cuando estaba durmiendo? —preguntó preocupada porque la hubiera escuchado decir algunas otras cosas.
— Ya hemos llegado —respondió para evadir su pregunta.
Hermione bufó aún más molesta si era posible y apenas Ron estacionó se bajó de su auto, dispuesta a no permitirle acercarse más de lo necesario.
— ¿Me dirás donde diablos estamos?
— Todo a su tiempo.
— Déjate de misterios. —le pidió. — Te aseguro que esa faceta de Sherlock Holmes no te va.
¡Claro que le va! ¡Todo le va a este maldito y sexy pelirrojo!
Ron sonrió y presionándola levemente de los hombros la incitó a caminar hacia el gran edificio que tenían en frente. En la entrada los recibió un hombre de traje y con una chapita que decía "conserje".
— ¿Puedo ayudarlo en algo señor?
— Venimos al Departamento 306
— Déjeme hacer un llamado rápido.
El pelirrojo asintió y esperó a que llamara. Hermione observaba curiosa el edificio tratando de averiguar qué diablos hacían allí.
— Lo siento señor, pero el dueño del departamento no se encuentra.
— ¿Dueño?
— Sí, él señor Edwards no se encuentra.
— Lo siento, debe estar equivocado no vengo al departamento de él. Se supone que ahí vive una mujer joven.
— Disculpe señor, pero creo que se equivoca. —dijo, aunque rápidamente se corrigió. — ¿Usted se refiere a la señorita Lavender Brown?
Hermione tan solo escuchar el nombre, su humor cambió drásticamente.
— Sí.
— Lo siento, pero ella ha dejado la residencia. Ahora existe otro dueño.
— ¿Sabe dónde puedo contactarla?
— No, lo siento.
El conserje les abrió la puerta cuando se disponían a salir. Ron se mantuvo pensativo, al contrario de Hermione que salió hecha una furia.
— ¿Me traes a ver a tu amante? ¡Eres un asco Weasley, un asco!
Ron no tuvo tiempo de seguirla, porque Hermione alzó su mano para detener un taxi. Cerró la puerta tras de ella y el auto avanzó, dejándolo solo.
Para la producción fue extraño percibir que un taxi pedía permiso para ingresar a los estudios de modelaje de Record Magic, o al menos hasta que Hermione hizo acto de presencia y se disculpó por no haber avisado antes.
— No hay problema Hermione, pero creo que te has adelantado un poco, la sesión es en una hora. —le informó una mujer delga y de aspecto de secretaria.
— Pensé que podríamos apresurar un poco la sesión. Lo cierto es que tengo algunas cosas que hacer más tarde y asumí que no les molestaría comenzar antes. —argumentó ella.
— No, claro que no hay problema, pero… ¿Qué hay de Ron? —preguntó confundida la mujer. — Me dijeron que sería una sesión que los incluiría a ambos en las fotos.
— Ya llegará —respondió con una sonrisa indiferente.
Ella asintió y luego le señaló el camino hacía el tráiler en que la prepararían para las fotografías. Allí se reunieron una gran cantidad de personas, que comenzaron rápidamente a moverse con maletas de maquillaje, roperos con trajes enumerados y carritos con pares de zapatos de diversos colores, tamaños y marcas.
— Comenzaremos con el conjunto cuatro, maquillaje natural y labios rojos. —le indicó una muchacha perfectamente arreglada. — Nada que remarque mucho sus facciones.
— Me gustaría que dejaran a la vista sus pecas, son realmente sexys. —dijo un hombre de cabello rubio, muy reconocido en el lugar.
Hermione no pudo evitar reír, hasta que se dio cuenta quien era la persona que había dicho aquello.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella cambiando drásticamente de ánimo. — Fuiste desterrado de las instalaciones de Record Magic… ¿y tienes cara para presentarte aquí Malfoy?
— Quería ser yo personalmente quien te diera las buenas nuevas, o bueno… no tanto.
— ¿A qué te refieres? —quiso saber. — ¿Podrías dejarte de balbuceos y hablar de una buena vez?
— Tranquila Hermione, es a ti a quien he venido a buscar. —el rubio arregló su corbata mientras se observaba en el espejo y miró a las mujeres que estaban también ahí haciéndoles una seña para que salieron. Ellas hicieron exactamente eso con miedo a ser despedidas, cosa que molestó a Hermione. ¿Quién era el para mandar en ese lugar?
— Como puedes ver, tengo poder en todos lados —dijo con una gran sonrisa. — Y eso no ocurre solo aquí. Verás, cuando decidí establecer un equipo paralelo a Record Magic no me di cuenta de que para crear un gran éxito debía tener a alguien que llamara la atención primero. —hizo silencio, mientras daba ciertas vueltas por el lugar. — Y realmente me preocupa que está gran empresa que dice tanto preocuparse por ti, no fue capaz de siquiera protegerte de un fan loco.
— Dan no es un fan.
— Da igual, el caso es que realmente me preocupa eso —aseguró. Hermione se cuestionó realmente si así lo sentía. — Y pensé que tal vez estarías preocupada porque vuelva a suceder, ya que ese lunático no ha sido atrapado aún. — Draco la miró atento, consciente de que estaba causando efecto en ella. — A lo que quiero llegar es que creo que juntos podríamos hacer grandes cosas y lo más importante, es que estarías realmente segura.
— Estoy segura, gracias por preocuparte —respondió a la defensiva.
— No sé si pueda decir lo mismo… ¿Cómo es que yo, un indeseable en esta zona, pude entrar con tanta facilidad? —la castaña no se había puesto a pensar eso, hasta ahora. — Piensa Hermione, si yo fui capaz de entrar, cualquiera podría hacerlo. Más, me preocupa que sean tus mismos compañeros de trabajo quienes puedan generar tal descuido.
— No… —negó insegura.
— Creo que ahora estás deseando que balbuceara ¿no? —añadió con su gran sonrisa satisfactoria.
— Deberías irte.
— Te dejaré esto para que lo pienses tranquila —le ofreció un sobre blanco cerrado. Hermione no lo aceptó, por lo que él decidió dejarlo sobre un mesón. — Si te decides a tomar cartas en el asunto y preocuparte por su seguridad… puedes llamarme. Mi tarjeta está dentro.
En ese momento ingresó la muchacha con aspecto de secretaria con clara preocupación.
— ¿Quién te dejó entrar? —exigió saber, pero sin esperar respuesta habló por su manos libres. — ¿Seguridad? Tenemos un indeseable en la zona.
— Tranquila, yo ya me retiraba —la detuvo Draco Malfoy sin el más mínimo temblor en su voz. — No tengo nada más que hacer en este cuartucho. ¡Ah, y por cierto! Te aclaro que te sorprendería lo que puede hacer el dinero con tus trabajadores.
Ambas mujeres observaron al rubio salir, pero solo Elza pareció preocupada de lo que había sucedido.
— ¿Te encuentras bien Hermione? ¿Te hizo algo?
— No, nada. —respondió con simpleza, pero completamente desconcentrada.
— Iré a hablar con seguridad, mientras las chicas irán a organizar el estudio. ¿Estás bien aquí sola?
— Sí, no te preocupes.
Elza asintió y finalmente desapareció tras la pista del hijo de la familia Malfoy.
Hermione intentó parecer firme y seria, pero en su interior está comenzando a preocuparse. Tal vez Malfoy podría ser un completo imbécil, pero había llegado a un punto. La seguridad en su vida actualmente era algo fundamental, y aquel miedo de que le volviera a suceder lo del secuestro había sido opacado por sus problemas con Ron. Había redescubierto que actualmente no deambulaba por ahí con un guardaespaldas, y que por lo tanto Dan Wilson podría estar tras los armarios y nadie se daría cuenta.
En un arrebato de miedo se levantó para revisar el lugar derramando algunas cosas a su paso. Se detuvo al instante llevándose una mano a la frente y sintiéndose paranoica, observó su reflejo en el espejo justo cuando la puerta se abría y dejaba entrar a un pelirrojo preocupado.
— ¿Estás bien?
— ¡Claro que estoy bien! —exclamó molesta. Dejó de observarse en el espejo y se sentó en la silla frente al escritorio. Notó que el sobre seguía ahí, por lo que se puso de pie e intentó esconderlo disimuladamente tras de si misma. — ¿Por qué preguntas?
— Porque primero saliste disparada sin permitirme siquiera explicarte por qué estábamos ahí —Hermione rodó los ojos. — Y segundo porque vi salir a Malfoy de aquí. ¿Te hizo algo el muy bastardo ese?
— No, fíjate que no. —respondió ella rápidamente. — De hecho al contrario, me hizo pensar algunas cosas de las que no me había percatado.
— ¿Qué cosas? —se interesó él, dando un paso hacia ella.
Hermione tragó saliva nerviosa e intentó rehuir la mirada de su ex novio. Por otro lado Ron sabía que no debía hacerlo, pero el deseo irrefrenable de acercarse a ella lo atraía como imán.
— ¿Qué haces? —preguntó ella, preocupada por la falta de espacio personal. Ron se acercó un poco más hasta casi tenerla rosando su rostro y de un tirón alejó el sobre blanco que ella escondía.
— ¿Qué es esto? —lo observó rápidamente, antes de que Hermione intentara quitárselo. — ¿Empresas Malfoy? ¿Enserio Hermione? ¿Estás pensando en hacer tratos con ese imbécil?
— ¿Y cuál es el problema?
— El problema es que tienes un contrato con Record Magic que te lo prohíbe. Y además ¿Cómo se te puede pasar por la cabeza siquiera pensarlo? Malfoy es un maldito tramposo que trata de conseguir todo a través de estafas. ¿Es eso lo que quieres? ¿Ser parte de engaños de ese tipo? Porque pensé que al menos eras un poquito más inteligente que eso.
— ¡No vengas a darme lecciones de decencia! ¡Tú menos que nadie Weasley! —gritó fastidiada, su rostro se había vuelto rojo y sus ojos lagrimeaban. — ¡Tú y todos tus engaños me tienen cansada! ¿Crees que soy más inteligente? ¡Pues tienes razón, porque alejarme de ti es lo más inteligente que puedo hacer!
El silencio reinó en aquél tráiler luego de aquellos griteríos. Ambos sabían que seguramente fuera de esas cuatro paredes estarían todos escuchando atentamente, y no se equivocaban, porque la puerta se abrió a los segundos dejando a una gran multitud de trabajadores expectantes.
— Lo siento, creímos que debíamos intervenir. —se disculpó una muchacha delgaducha y de no más de dieciocho años.
Elza apareció al instante, acalorada y con clara actitud de haber corrido como loca.
— ¿Qué hacen todos aquí? ¡Largo! ¡Todos vuelvan de inmediato a trabajar! —gritó molesta observando como todos se apresuraban a salir lejos de ese lugar, excepto un grupo de muchachas muy maquilladas. — ¡¿Y ustedes que esperan?!
— Somos el equipo de estilistas —dijo en un tono muy bajo una de ellas.
— ¡Oh, cierto! —recordó abochornada. — De acuerdo, entonces a trabajar.
Ron entendió aquella señal y se apresuró a salir del lugar. Pero dándose vuelta justo a tiempo para observar a Hermione antes de que la puerta se cerrara y descubrir que las lágrimas corrían con intensidad por su rostro entristecido.
— Y ahora un poco hacía la derecha Hermione, toma la corbata de Ron y has como si tiraras de ella con fuerza —Ron sintió que se por un momento se tomaba muy enserio eso de tomarlo con fuerza, porque su cuello comenzó a suplicar por espacio.
— Creo que ya fue suficiente de la corbata y mi cuello —opinó el pelirrojo. — ¿Qué tal un poco de esto? — Sorpresivamente tomó a Hermione con una mano de la espalda y la empujó hasta tenerla colgando con la mirada fija en él.
— ¡Perfecto! ¡Gran idea Ron! —admitió el fotógrafo. — Necesito que se queden así unos minutos, para que podamos agregar un fondo más acorde y aquellas maletas… ¡Las maletas, tráiganlas! —gritó.
Al instante varias personas trajeron toda la utilería que requerían y Ron dejó de hacer fuerza en aquella pose para pasar a una un poco más tentadora. Hermione había decidido que sería lo más sexy posible para restregarle en la cara lo que se estaba perdiendo y de paso demostrarle que seguía sintiéndose igual de bien que siempre.
— No Hermione, eso n… bueno si, está bien. Buena idea —acertó nuevamente el fotógrafo al encontrarla sentada en una pose demasiado sensual sobre las piernas del pelirrojo. Ron parecía tener problemas por controlar su expresión y a la vez su cuerpo. — ¡Perfecto! Ahora, Ron arrodíllate y que Hermione ponga un pie en tu hombro, como si estuvieras suplicando por algo.
La castaña no pudo evitar sonreír ante aquello, pero intentó disimularlo al momento que la cámara captó la imagen por milésima vez.
— De acuerdo, ahora el ultimo traje y estamos listos.
— ¿De qué es el último conjunto? —quiso saber Ron, con evidente agotamiento. Estar parado por largas horas no era algo fácil de realizar.
— De bodas.
— ¿Qué? —preguntó inesperadamente sorprendida Hermione. Ambos la observaron curiosos. — ¿Y para qué?
— Esas fotos serán enviadas a una sección de la revista Vogue. —dijo el bronceado fotógrafo. Y añadió: — Un especial de novios.
— Fantástico —susurró una molesta Hermione.
— Esas fotos la mayoría serán individuales así que el que primero esté listo será el primero en comenzar.
Ambos modelos se miraron inesperadamente y luego se apresuraron a ir a sus vestidores. Hermione supuso que perdería por con tan solo mirar el traje que debía usar. Era de un blanco radiante, amplio, con hermosos y brillantes detalles en encaje, una cola demasiado amplia y de un escote en corazón. Era maravillosamente perfecto, y de tan solo pensar que lo llevaría por unos minutos lo había hecho emocionarse. Esa era una de las mejores partes de ser modelo, podía usar todas esas prendas aunque fuera por unos minutos y si tenía suerte en ocasiones podía llevarse algunas prendas a elección.
Las estilistas no tardaron tanto como esperaba y en tan solo unos minutos su maquillaje de novia la dejó impactada.
— Lo siento — se disculpó una de las muchachas, mientras se limpiaba unas lágrimas de la emoción.
Hermione sonrió levemente, pero poco a poco el verse tan, como decirlo… ¡Radiante! causó estragos en ella y unas leves lagrimas también se le escaparon.
— No llores por favor, el maquillaje se va a correr —suplicó otra de las mujeres un tanto molesta.
— ¡No seas insensible! —le recriminó en un susurro la muchacha que había abierto la puerta anteriormente.
— De acuerdo, último esfuerzo ¿estas lista? —preguntó Elza con una gran sonrisa. Hermione asintió. — Te vez hermosa Hermione.
— Gracias —dijo ella sinceramente, sonrojándose.
— ¡Te lo dije! —acertó una de las estilistas emocionada. — No necesitaba rubor.
No se sentía bien por el hecho de que había llegado primero a la sesión individual de fotos de novio, se sentía bien porque sabía que había ganado a Hermione. Cosa que no debería alegrarlo de todas formas, porque no había nada que ganar realmente. Aun así cumplió con su trabajo adoptando todas las posiciones que le indicaron. Todo hasta que cierta damisela de vestido blanco y cabello castaño apareció ante los ojos de todos con un sorprendente vestido de novia.
Probablemente existía un deja vu para varias personas que recordaron haber sentido lo mismo en una sesión de fotos del pasado, pero decir que Hermione estaba hermosa, era quedarse corto de palabras.
Y la castaña pudo notar rápidamente toda la atención que la rodeaba, por lo que sus mejillas ya encendidas por los nervios, se intensificaron a todo su rostro.
Ron inmediatamente se acercó para ofrecerle una mano, a lo que ella se iba a negar. ¡Juró que se iba a negar! Pero era imposible hacerlo, cuando Ron enfundado en un elegante traje negro la miraba con evidente rostro embobado.
— Gane —susurró él.
Hermione sintió su suelo moverse, que las lágrimas se apelmazaban en sus ojos y que sus fuerzas por pelear terminaban. Todo menos su corazón que insistía en reprocharle su dolor.
— No Ron —negó tristemente. — Perdiste.
La sonrisa del pelirrojo se esfumó hasta convertirse en una fina línea curvada y llena de tristeza. La castaña soltó su mano rápidamente y avanzó hasta quedar frente a las grandes cámaras y proyectores. Realizó la posé que el fotógrafo le pidió haciendo como si hubiera agarrado el ramo de rosas y quisiera guardar ese recuerdo para siempre en su memoria. El fotógrafo le celebró más aún, que por sus mejillas ciertas lagrimas se acentuaran, pero lo que no sabía es que aquellas lagrimas eran de todo menos felicidad.
Hermione tenía razón, él había perdido.
¡Hola mi queridisima gente!
He vuelto en tan solo una semana, y es que creo que era lo justo ¿no? Después de varios meses sin aparecer, lo mínimo es llegar con algo como disculpa... Jajaja
Bueno sé que algunas dijeron que el capítulo anterior había sido muy lineal, pero la verdad es que los capítulos de transición son fundamentales para que una historia se desarrolle bien. No quiero que mi historia se base en poner y poner problemas o grandes situaciones, quiero que sea una historia ligada a la realidad (bueno, lo más que se pueda xd).
Así que aquí les traje un nuevo capítulo con más acción. Y les aseguro que desde el próximo poco a poco se nos acerca el tan esperado desenlace.
¡Muchas gracias por los comentarios, los favoritos y su buena onda!
Esta historia está creado por y para ustedes, así que nos leemos pronto.
¡Muchos cariños y saludos a todos!
