Antes que nada, porque sé que iréis directos al capítulo y quizás después leeréis esto, os doy las gracias por vuestros rewiens. ¡He llegado a los 150! ¡Qué emocionante! Eso me ha ayudado mucho a la hora de escribir este capítulo, porque sinceramente, estaba con la inspiración por los suelos. Por desgracia, por cuestiones personales y de trabajo no he podido responder a los rewiens, pero prometo que en el próximo capítulo lo haré. De todas formas, os doy las gracias a todos, incluidos los nuevos lectores, pero sobre todo a los que prácticamente me han estado siguiendo desde el principio. Vuestros comentarios me han dado que pensar sobre la historia y me han hecho desear seguir escribiendo. ¡Muchísimas gracias a todas! No hay nada que me guste más que sentir que a alguien le interesa lo que escribo.

En fin, antes de empezar contesto a unas preguntas rápidas que me han hecho y que no he podido responder. En primer lugar, Bego-Bura-xD, Bra enrrolló la diadema en el bajo de la camiseta de modo que no le rozara la piel, como quien coge margaritas en las envuelve en el bajo de un vestido para llevarlas a casa, o algo así xD no sé si me he explicado bien. La mantenía alejada de sí, por supuesto, envuelta pero alejada de su piel. En segundo lugar, Essentia, la diadema inhibidora afecta a todo aquel que tenga ki, sí, por lo que también hiere a los humanos, por eso Vegeta no le pidió a Bulma que le quitara la diadema a Goku, si no a Uub. Por supuesto, el dolor que sufren los saiyans, con un ki tan potente, es mucho mayor que el que sufriría un humano. El dolor y el efecto aumentan conforme aumenta el poder del portador, por eso es tan difícil quitársela, en primer lugar porque provoca un dolor insoportable a aquel que intenta transformarse, y en segundo lugar porque se adapta al ki de cada uno, peeeeeeeero tiene un límite. Por eso Broly pudo deshacerse de ella en cierta ocasión, porque su nivel de poder era demasiado elevado. Sin embargo, cuanto más braummuro se utilice, más difícil es deshacerse de él. Por eso Broly no ha conseguido deshacerse del collar ni de los brazaletes todavía.

Bueno, una vez respondido a todo solo me queda desear que disfrutéis con este capítulo. Yo lo he hecho enormemente, y creo que a vosotros también os gustará por la aparición de las subparejas, la risa, la intriga y, sobre todo, por la interacción entre nuestro mono verde favorito y la princesa más orgullosa de todas. Sí, creo que por ahora esto será suficiente compensación porque Broly no saliera mucho en el capítulo anterior, además, os lo prometí.

Ah, me interesará mucho saber qué opináis sobre el final del capítulo, mucho, muchísimo, aunque algo me dice que querréis matarme xD. ¡Disfrutad!

Capítulo 13

Echar de menos

Día 145.

No podía creérselo. Su cerebro era incapaz de procesar lo que ella acababa de confesarle.

"¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste antes?" preguntó con los ojos brillantes por el estado de shock. Negó con la cabeza, incrédulo. "¿Por qué no me dijiste que eres la hija del rey de los vegetales, Berenjenina? ¿Por qué no me dijiste que eres la hija de mi peor enemigo?" Berenjenina, con su cabeza morada, le lanzó una acuosa mirada a Brocolín, que derrotado por la confesión, se dejó caer sobre el suelo apoyando ambas manos sobre él.

"Mi misión era enterarme de tus planes para detenerte y ayudar a mi padre, Brocolín, pero…" los ojos de Berenjenina se llenaron de lágrimas. "Pero al conocerte descubrí que eres mucho más que un brócoli. Mi padre es un tirano, pero no es eso lo que me retiene a tu lado, Brocolín" el guerrero del brócoli alzó la mirada solo cuando su princesa extendió la mano y la apoyó sobre su tronco. Ella estaba llorando. "Mis sentimientos por ti no son mentira, pero nuestro amor es imposible. Tú eres un desterrado, y yo soy la princesa del mundo Vegetal, y no puedo soportar ver cómo el vegetal que me ha criado tan amorosamente pelea a muerte con el vegetal al que amo." Brocolín no sabía qué decir. Apresado en aquella celda dentro del castillo del rey de los vegetales, observó a Berenjenina dando media vuelta tras darle un beso sobre su abultada cabeza verde.

"¡Berenjenina!" gritó Brocolín una última vez.

¿Volverá a ver alguna vez Brocolín a Berenjenina? ¿Le confesará entonces sus verdaderos sentimientos aunque la única manera de estar juntos sea acabar con el rey de los vegetales? ¿Triunfará el amor o el odio de Brocolín hacia aquel que lo desterró superará sus sentimientos por Berenjenina? Lo sabremos en el próximo capí…

El narrador no terminó de darle emoción al espectador que, hasta entonces, había observado la televisión con una amarga expresión en la cara. Broly apagó el instrumento de distracción y se mantuvo quieto, tumbado sobre el suelo de la casa cápsula con la mirada clavada en el techo. Se llevó una mano al estómago y suspiró profundamente. Ya habían pasado seis días. Ella no había aparecido en seis días y Broly estaba tremendamente aburrido, decaído y apagado. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no seguía con su entrenamiento? ¿Acaso Vegeta le había hecho algo? El guerrero legendario sentía que se le revolvía el estómago cada vez que pensaba en esa posibilidad. Vegeta era el padre de Bra, y se notaba que ella lo adoraba de alguna manera que él no alcanzaba a comprender, pero temía que él no la quisiera ni la mitad de lo que ella lo hacía.

"Todo esto es por tu culpa" recordó la voz de su propio padre, Paragus, reprochándole su existencia cuando apenas tenía capacidad para pensar. "Deberías agradecerme que te cuide, Broly. Debería haberte abandonado, pero no lo he hecho porque soy tu padre y un padre se sacrifica por el bien de sus hijos. Lo he sacrificado todo por ti cuando nadie más lo habría hecho, así que espero que tú también te sacrifiques por mí, pequeño monstruo"

Broly se giró sobre su costado y apretó los puños. Seguro que Vegeta le había hecho algo a Bra. Sus dientes chirriaron cuando decidió no esperar más y empezar a moverse. Se levantó del suelo y se dirigió hacia la puerta, apartando la mesa de una violenta patada.

Sí, seguro que él le había hecho algo. Al fin y al cabo, los padres eran así.

[…]

Vegeta estaba agotado tanto mental como físicamente. Se había pasado las últimas cuarenta y ocho horas encerrado en la Cámara de Gravedad sin parar de entrenar y estaba famélico y totalmente adormilado. Deseaba echarse en la cama y no despertar hasta el día siguiente para no tener que darle vueltas, una vez más, mientras entrenaba por encima de sus capacidades, al escamoso tema que tenía a los habitantes de la Corporación Cápsula por las nubes: la derrota de Kakarotto a manos de unos alienígenas cuyo poder era desconocido.

Por suerte, esos boburrianos de los que Pan les había hablado no parecían ser capaces de sentir el ki para localizarlos. Eso, o estaban esperando aliados más poderosos para atacarlos. Las perspectivas no eran muy buenas si Vegeta tenía en cuenta lo poco que sabía sobre ellos. Había oído hablar sobre los boburrianos cuando era pequeño en boca de su mismísimo padre. Sabía que vivían en la galaxia del sur, aquel lugar al que nunca había ido porque Freezer nunca había dado órdenes para conquistarlo. Una vez le preguntó el porqué a Nappa, lo recordaba. Él le contestó que el mismísimo Freezer temía ir a la galaxia del sur porque lo que allí entraba nunca salía. Si Freezer había sido algo en la vida, era arrogante, incluso más que él. Que él mismo no se atreviera a cruzar ese límite decía mucho sobre lo que había en la galaxia del sur.

Habían sopesado esa posibilidad mientras Pan relataba con pelos y señales lo que había pasado y Goku se mantenía postrado en una camilla, agotado y vomitando restos de veneno sin parar. Allí, con todos los Guerreros Z reunidos y con su hija lejos, encerrada en su habitación tal y como le había ordenado que hiciera en cuanto las cosas se calmaron, hablaron sobre el nuevo enemigo a batir.

"¿Estás segura de que se llamaron a sí mismos boburrianos, pequeña?" le preguntó Picolo a la adolescente.

"Totalmente segura. Lo memoricé en cuanto lo oí decir por si necesitábamos saber más sobre ellos" una sonrisa orgullosa se dibujó en el rostro de Gohan, que posó una mano sobre el hombro de su hija.

"Por lo visto tu nieta tiene más luces que tú, Goku" se burló Bulma. El pobre Goku, con la cabeza vendada, tumbado sobre la camilla con una máscara de oxígeno sobre su boca y su nariz, sonrió débilmente. El diagnóstico de Bulma no prometía nada bueno. Goku estaría fuera de juego alrededor de dos meses por culpa del potente veneno que le había paralizado el cuerpo. Los antídotos que le habían inyectado por vía intravenosa tardarían un mes en depurarlo todo, y un mes más tardaría en rehabilitarse por completo. Ni siquiera las semillas senzu habían podido hacer nada contra eso. Que no se quejara y no intentara arrancarse la aguja que le habían clavado en el brazo para transmitirle el suero lo decía todo sobre su estado.

"Tú eres el que más sabe sobre el espacio, papá. ¿Te suena el nombre de esa raza?" le preguntó Trunks entonces. Él, que se había mantenido al margen apoyado de brazos cruzados contra una pared cercana achicó los ojos.

"He oído algo, pero no tiene sentido"

"¿Qué quieres decir?" indagó Goten, sentado en la cama de su padre, a su lado, al igual que Chichí.

"Los boburrianos son una raza alienígena que vivía en el planeta Boburria. Según tengo entendido, su tecnología era muy superior a la de Vegetasei e incluso a la de Freezer, pero no solían viajar por el espacio para conquistar planetas. No sé nada sobre el ki o sobre su forma de pelear, porque todo aquel que iba a investigar sobre ellos nunca volvía" aseguró Vegeta. Cuando la tensión se hizo presente en el ambiente, el príncipe soltó un suspiro. "Pero es imposible que sean ellos, porque su raza fue aniquilada hace más de treinta años"

"¿Fue destruida? ¿Estás seguro de eso?" cuestionó Gohan, muy serio.

"El planeta Boburria estaba en la galaxia del sur" admitió Vegeta. Un silencio tétrico se formó en el laboratorio. Picolo, Gohan, Goten, Goku, Trunks e incluso la propia Bulma se miraron los unos a los otros, desconcertados y preocupados.

"¿Y qué pasa porque esté en la galaxia del sur?" preguntó Uub entonces, sin entender a qué venían esas serias miradas, al igual que Pan.

"La galaxia del sur fue destruida hace años" respondió Gohan forzando una sonrisa calmada.

"¿Fue destruida? Pero, ¿cómo?" Entonces habló el líder de los Guerreros Z, el innegable salvador del universo en numerosas ocasiones. Goku se llevó una mano a la cara y, poco a poco, bajo la atenta mirada de Chichí, se apartó la mascarilla de oxígeno.

"Broly" murmuró, y acto seguido empezó a toser de manera descontrolada y se inclinó lo suficiente como para vomitar una sustancia negra y humeante sobre el suelo. Bulma se inclinó sobre la sustancia con una probeta y la recogió sin tocarla si quiera.

"Veré qué puedo hacer con esto. Quizás pueda crear un antídoto más eficaz, y si tiene ADN, podemos tener alguna pista de a qué nos enfrentamos" Goku volvió a tumbarse sobre la camilla, mortalmente pálido. Chichí, amorosamente, le colocó la máscara de oxígeno y le dio un beso en la frente.

"Anda, descansa. Ha sido un día agotador"

Pan se había quedado lívida nada más escuchar el nombre del guerrero legendario en boca de su abuelo. Sabía que Broly había destruido una galaxia porque se había informado sobre la historia a fondo cuando descubrió que Bra lo había devuelto a la vida, pero el hecho de que fuera precisamente la galaxia del sur le parecía demasiada casualidad. Si era verdad que los boburrianos procedían de la galaxia del sur y Broly había liquidado a la mayoría, era innegable que él podía contra ellos. Aun más, seguramente sabía algo sobre ellos y eso lo convertía en el as en la manga de Bra y de los Guerreros Z.

Debía contarle todo lo que sabía a su amiga. Quizás ella pudiera convencer a Broly para que los ayudara si la cosa se ponía fea.

"Está bien, hasta que consigamos reunir más información nos pondremos en lo peor y pensaremos en ellos como en boburrianos. ¿Estáis seguros de que no podían detectar el ki?" preguntó Picolo una vez más.

"Completamente. La mujer no podía atacar más allá de lo que veía a simple vista. El abuelo se teletransportó varias veces y ella no pudo seguirlo" Goku levantó el pulgar en señal afirmativa secundando lo dicho por su querida nieta. "Así que supongo que estamos a salvo."

"Yo no diría tanto. Si no pueden sentir el ki, ¿qué es lo que les ha hecho venir aquí?"

Otro nuevo silencio pensativo inundó la habitación. Pan miró a su abuelo, cuyos ojos estaban clavados en Vegeta. Cuando la pequeña lo miró también a él, descubrió que el príncipe estaba tenso. Parecía estar alerta y Pan tuvo un presentimiento al verle negar con la cabeza con mucho disimulo. No quería que dijera que lo que los boburrianos querían era a Bra, y tras echar un último vistazo a su abuelo, el cual imitó el gesto negativo de Vegeta muy débilmente, decidió callar.

La charla se dio por terminada entonces. Era inútil seguir hablando si no había más información que dar. Pan no había dicho absolutamente nada y Vegeta suponía que Kakarotto había insistido en ello desde su camilla en el laboratorio. Aun así, temía que la mejor amiga de su hija se fuera de la lengua cuando estuviera con Bra, que no había salido de su habitación en los últimos días, y no porque él se lo negara. Su castigo seguía en pie, por supuesto, pero la muchacha no había asomado la nariz por voluntad propia ni había insistido en que se lo levantara en ningún momento.

Estaba muy enfadada.

Vegeta alzó el vuelo para llegar hasta la habitación que compartía con su mujer. Desde el cielo pudo ver a través de la ventana de su cuarto a su hija escribiendo en el ordenador de última generación a gran velocidad, tan concentrada que ni siquiera reparó en él. Cuando Vegeta aterrizó sobre la terraza del cuarto que compartía con Bulma, sus ojos se clavaron en los movimientos de dos figuras que se agitaban de un lado para otro prácticamente dentro del armario empotrado. Se acercó, con un ligero tic en el ojo, y lo que descubrió lo dejó perplejo para, acto seguido, provocarle una rabia genuina. Dos cabezas sin pelo indagaban en los cajones de la ropa interior de su mujer.

"¡Pero qué recuerdos! Aunque han pasado más de cuarenta años, Bulma sigue usando la misma ropa interior sexy de siempre" dijo el Maestro Roshi. Entre sus manos había unas bragas rosas que estiró frente a sus ojos ocultos por las gafas de sol.

"Mira este sujetador. ¡Tiene encajes!" Oolong agarró uno de los sujetadores para colocárselo sobre la cabeza con una sonrisa libidinosa.

"Mira, mira, este tanga es negro y transparente. Todavía huele a ella" el Maestro Roshi hundió la nariz en la prenda íntima y una gran hemorragia nasal salió de su nariz.

"¡Pero qué suerte tiene Vegeta!" exclamó Oolong.

"¡Sí, sí, qué suerte!" aseguró el Maestro Roshi.

Entonces, un crujido de nudillos les hizo dejar de sonreír. El cerdo y el maestro se miraron, girando la cabeza muy lentamente con un sudor muy frío recorriéndoles las frentes. Un miedo horrible se situó en sus cuerpos, haciéndolos temblar descontroladamente. Cuando se atrevieron a girarse para encontrarse cara a cara con la desquiciada y demente expresión de un Vegeta colérico que crujía sus nudillos, preparándose para darles la paliza de sus vidas, Oolong no pudo más. Sintió cómo sus pequeños pantalones se humedecían por el pánico.

En otro lugar de la casa, una Chichí muy feliz sostenía una cuchara entre sus manos y la acercaba lentamente a la boca de su marido, que recostado sobre la cama, sonriendo como podía por las atenciones recibidas por parte de todos sus amigos, miraba la comida que le ofrecía su esposa a la vez que clavaba los ojos en la televisión de la habitación, donde Brocolín intentaba salvar a Berenjenina una vez más.

"Vamos, abre la boca, amor mío" le pidió Chichí amablemente, y él, complacido, abrió la boca. No era la clase de hombre que se tiraba el día tumbado sobre una cama. Se aburría inmensamente, pero ya que no podía hacer nada para evitarlo, por lo menos pensaba disfrutar esa predisposición y buen genio de Chichí hasta que se recuperara por completo.

"Qué bien, ¿verdad, papá?" lo consoló Gohan. "Todo el mundo está pendiente de ti ahora" su hijo sabía de sobra que no había consuelo en esas palabras, pues aunque no lo pareciera, Goku era más de moverse de un lado para otro aunque fuera en solitario, pero por toda respuesta el guerrero más fuerte sonrió cuando masticó la comida, que prácticamente estaba depurada para que su estómago no tuviera que trabajar demasiado. Su organismo estaba demasiado ocupado luchando contra el veneno como para que hiciera esfuerzos innecesarios.

"Hay flores por todas partes, aunque yo sé que a mi suegro le gustan más los bombones, ¿verdad?" dijo Videl, acercándose con un gran paquete repleto de bombones que acababa de llegar por correo. Los ojos de Goku brillaron cuando lo vio. "Esto es de parte de mi padre. Buu se ha esforzado mucho para encontrar los mejores bombones" la preocupación apareció en los ojos de Goku, que miró a Gohan y dejó escapar una pregunta muy bajita, tanto, que solo su hijo mayor pudo escucharla.

"No, papá, Buu no ha convertido a nadie en chocolate. Puedes comer tranquilo" Goku frunció el ceño y volvió a murmurar algo. "Que no, papá, ¡qué no son personas!"

"¿Todos se van a quedar aquí hasta que mi Goku se recupere?" preguntó Chichí mientras Videl colocaba las numerosas flores.

"Eso parece. Todos quieren ayudar y si esos boburrianos aparecen por aquí, quieren estar cerca para proteger a Goku. Es lo mínimo que podemos hacer" aseguró Videl. "Gohan, Pan y yo también nos quedaremos hasta que todo esto se solucione. Es una suerte que haya tantas habitaciones en la Corporación Cápsula"

"No hay nada por lo que preocuparse, papá. Con todos nosotros aquí, la corporación es el lugar más seguro de la tierra. Además, así podremos recuperar algo de forma."

"Bueno, mientras no molesten…" dejó caer Chichí.

Fue entonces cuando ocurrió. Los gritos del Maestro Roshi y de Oolong corriendo escaleras abajo retumbaron por las paredes de la corporación. La familia Son pudo verles pasar al otro lado de la puerta a gran velocidad y, poco después, vieron a Vegeta persiguiéndolos con la cara desencajada por la rabia. Llevaba unas bragas y un sujetador en la mano.

"¡JURO QUE MEARÉ SOBRE VUESTRAS TUMBAS, MALDITOS GUSANOS!"

Una gota de sudor recorrió los rostros de los espectadores. Después de unos cuantos segundos de expectación, Goku tiró del vestido de su mujer y abrió la boca, esperando que un bombón cayera en ella. Era su único consuelo después de haber visto semejante escena. Y pensar que podría ser él el que calmara a Vegeta con un puñetazo…

La vida en la Corporación Cápsula sería muy agitada hasta que Goku se recuperara.

[…]

"Bra, sé que tu padre sigue cabreado contigo, pero es normal después de lo que hiciste. ¡Piénsalo bien! En realidad tuviste mucha suerte de que no te pillara con Broly, porque de haberlo encontrado contigo en la cama, habría ardido el planeta" Pan comentaba la situación desde la enorme cama donde dormía la princesa de los saiyans, levantando a Tama, el gato de los Brief, sobre su cabeza, jugueteando con él. Aunque Bra escuchó cada palabra, no le dirigió la mirada ni un instante. Agarró otro vaso y lo llenó de café para bebérselo de inmediato. Bajo sus ojos, las sombras de las pocas horas de sueño se resaltaban con cada parpadeo. Nada más soltar un bostezo, Bra siguió tecleando rápidamente en su ordenador de última generación.

"Ya te he dicho que no utilices su nombre aquí. Imagina qué pasaría si alguien se enterara"

"Nadie se enterará. Todo el mundo está demasiado ocupado cuidando de mi abuelo o parloteando con tu madre sobre la boda. Todos menos tú, claro, que no sé qué demonios haces con ese maldito cacharro desde que atacaron a mi abuelo. Parece que te ha afectado más a ti que a mí" Pan se levantó de la cama abrazada al gato y se acercó a su amiga. La verdad es que no le extrañaba que Bra estuviera tan concentrada trabajando después de que su padre casi la encontrara retozando con uno de sus peores enemigos. Cuando su amiga se lo contó, casi la agarra de los pelos para sacudirla y gritarle que estaba loca por hacer semejante viaje con Broly, y más todavía por pasar la noche con él. Bra no había indagado en el tema, y Pan tampoco quería saber qué habían hecho exactamente esa noche, aunque tenía una vaga idea.

Debía haber pasado algo muy importante, porque desde entonces Bra parecía histérica y taciturna, una zombie encerrada sin entrenar, sin sociabilizar y solo preocupada por su ordenador y por su físico, siempre perfecto. Le había reprochado una y mil veces sus actos, pero su amiga estaba demasiado metida en un proyecto por el que ni siquiera había preguntado. Así, tan inmersa en ese trabajo, se parecía más a Bulma que nunca.

"Está bien, me rindo. ¿Qué estás haciendo?" le preguntó por fin, y Bra sonrió satisfecha. Hizo girar su silla para encarar a su amiga y le dio un leve toque a uno de los cajones que había bajo su ordenador. Pan se había fijado en que toda una red de cableado emergía del interior del cajón para conectarse al ordenador, pero no tenía ni idea de lo que había dentro de él.

"Ábrelo" le pidió su amiga, y ella, curiosa, así lo hizo. Cuando vio lo que había allí dentro, Pan se apartó rápidamente con la cara desencajada. Tama se revolvió entre sus brazos y no paró de agitar las zarpas hasta que se vio libre del agarre de la nieta de Goku.

"Eso es… ¿cómo…?" Pan se asomó al interior del cajón y volvió a ver, patidifusa, lo que allí se guardaba. La diadema de braummuro que había inmovilizado a su abuelo descansaba allí, sobre una superficie de papel plateado, rodeada de cables conectados a la misma con ventosas.

"La cogí cuando nadie me veía y la traje aquí envuelta en mi camiseta. Me llevó horas conectar todo ese cableado a ella y aun así tengo los dedos hechos auténticas yagas por su culpa. Tocarla es realmente doloroso, pero todo ese esfuerzo ha merecido la pena. ¡Mira lo que he descubierto!" Bra le mostró la pantalla del ordenador con una sonrisa de oreja a oreja, pero aunque Pan se esforzó por ver qué había de interesante en él, solo vio un montón de números en una pantalla oscura.

"¿Qué demonios es tan interesante?"

"Oh, claro, olvidaba que eres una aldeana con poca cultura" se burló Bra con aires de superioridad.

"¡Eh, no te metas conmigo si no quieres pelea!" la amenazó ella con el puño en alto. Bra, por toda respuesta, se cruzó de brazos. A pesar de las pocas horas de sueño no podía estar más satisfecha consigo misma.

"Verás, cuando me dijiste que esas criaturas eran boburrianos y que, según mi padre, venían de la galaxia del sur destruida por Broly años atrás, no me cupo la menor duda de que ellos tenían algo que ver con el braummuro que Broly tiene en todo el cuerpo, así que quise investigar más. Tal y como supusiste, es posible que él sepa algo sobre ellos, pero como no puedo moverme de aquí sin que mi padre me detecte no puedo preguntarle. Además, dudo que aunque lo hiciera él me contestara."

"¿Y eso por qué?"

"Tú no conoces a Broly, Pan. A él no le gusta nada hablar sobre su pasado"

"Quizás es porque oculta algo"

"Estoy segura de que sí, pero sé que no me lo dirá así como así"

"¿Y por qué no utilizas tus encantos femeninos con él?" se burló Pan de ella, pícara, devolviéndole la broma que ella le había hecho refiriéndose a Uub en numerosas ocasiones. Un ligero rubor tiñó las mejillas de Bra, que carraspeó al recordar aquella noche que habían pasado juntos. La misma noche que la había dejado sola en manos de su padre. La princesa carraspeó.

"El caso es que, cuando me dijiste que mi padre había dicho que los boburrianos eran una raza muy avanzada tecnológicamente, indagué en la diadema y descubrí que no solo está hecha de un material alienígena potencialmente peligroso para nosotros, sino que también es una fuente de datos, una especie de disco duro con una gran capacidad de almacenamiento, así que, ¡tachán, tachán! Después de mucho investigar y de utilizar los programas descodificadores del ordenador principal, he conseguido abrir el disco duro y acceder al sistema de archivos. ¿No soy un genio?" Pan observó a su amiga fijamente. Había entendido lo que le había dicho a medias, pero aunque no lo hubiera captado todo, tenía la idea fundamental en la cabeza.

"¿Estás diciendo que has hackeado el disco duro de uno de esos boburrianos?" los ojos de Bra dieron vueltas por la habitación, pensando que esa no era la manera adecuada de decirlo, pero sí. Ese sería un buen resumen. "Pero, ¿cómo lo has hecho?"

"He accedido al ordenador principal de la Corporación Cápsula, concretamente a los traductores y descodificadores que mi madre ha almacenado durante años sobre los saiyans con la ayuda de mi padre. Gracias a eso he conseguido descodificar el código alienígena que bloqueaba la entrada al sistema de archivos"

"Es decir, que no solo has hackeado un disco duro alienígena, sino también el ordenador de tu madre. ¿Desde cuándo eres tan lista?"

"Inocente Pan" se rió Bra, sacudiéndose el pelo con una mano como una auténtica diva. "Puede que no sea tan lista como mi madre o como mi hermano, pero desde pequeña me he criado entre ordenadores. Siempre que he querido algo lo he encargado por internet, y cuando algún servidor se negaba…" Bra dejó la frase en el aire. Su cara se mostró tétrica y oscura, y Pan tuvo suficiente para saber que estaba frente a una escalofriante y vengativa mujer de la que nunca abriría los emails, solo por si acaso.

"Yo creo que, sin entrenamiento y sin Broly, estás tan desesperada por entretenerte con algo que te has dedicado a esto" dejó caer la adolescente, agarrando otra vez a Tama para acariciarle el lomo de arriba abajo y unir su nariz con sus bigotes. Al oír ese comentario, el estómago de Bra se encogió un poco en una clara señal de angustia, pero la chica se esforzó por ocultar sus sentimientos, como había estado haciendo durante los últimos días. Se recordó por vigésima vez que ella era la princesa de los saiyans, y que nada justificaba un comportamiento humillante que dejara patente sus debilidades.

"Puedes pensar lo que quieras, pero mira lo que he conseguido" tecleó un par de veces más y cuando Pan centró su atención en la pantalla después de soltar al gato sobre la cama, Bra pulsó enter. Frente a los ojos de la nieta de Goku apareció una grotesca y extraña imagen mal enfocada que dejaba ver el cuerpo inerte de una criatura de color verde, con antenas y gesto tosco. Era un namekiano, pero no era Picolo.

"¿Qué…?" murmuró, patidifusa. Bra pulsó el enter repetidas veces y las imágenes se fueron sucediendo sin parar, una detrás de otra. Ya no solo aparecieron namekianos, sino alienígenas de formas con las que jamás había soñado, cada cual más dantesca que la anterior. Todos tenían el mismo gesto; sus ojos estaban cerrados, y sus cabezas descansaban sobre una placa de color cobre. Sobre cada imagen descubrió un patrón común con grandes letras que rezaban: sujeto 13, sujeto 14, sujeto 15, y así sucesivamente conforme se iban pasando las fotografías. Bajo las mismas había una larga lista de caracteres irreconocibles en un idioma extraño. "¿Qué significa esto, Bra?" cuestionó con el ceño fruncido.

"No lo sé, pero parece la lista de una morgue. Creo que todos los alienígenas están muertos" especuló la joven. "Esos boburrianos son de lo más macabros"

"¿Cuántos hay?"

"No tengo ni idea porque todavía no he podido descodificarlos todos, pero creo que esta noche conseguiré acabar la lista. Luego intentaré traducir los caracteres interplanetarios, a ver si descubro algo que nos sea útil"

"Hum… sabes que tu padre podría entenderlos ¿verdad? Me apuesto lo que sea a que es una lengua intergaláctica o algo así" Bra apretó las cejas que, horas antes, se había depilado con gran cuidado para eliminar imperfecciones. Se volvió hacia su amiga con el gesto turbio, furiosa.

"No pienso pedirle ayuda a mi padre. Este es mi descubrimiento, ¡y nadie va a tocarlo, y menos él!" Pan puso los ojos en blanco. Cuando su amiga volvió a clavar su mirada en la pantalla sin admitir discusión, Pan decidió que ya iba siendo hora de acabar con esa visita. La hora se le echaba encima. Ella y Uub habían quedado en entrenar juntos y si tardaba demasiado, su padre los descubriría y se empeñaría en entrenar con ellos. A veces Gohan podía resultar tan molesto como Chichí, porque aunque la mayor parte de su carácter lo hubiera heredado de su padre, en el tema de los hijos era igual que su madre.

"Bueno, yo me voy ya. Si necesitas algo, llámame" Bra apenas la escuchó y simplemente asintió antes de que Pan se dirigiera hacia la puerta. Cuando la adolescente agarró el pomo, la miró un último instante. No se le daban bien los sentimentalismos, pero aun así se sintió obligada a tocar el escamoso tema. "No hace falta que finjas todo el tiempo que no te importa que él no esté, Bra" la joven dejó de teclear. El pelo azul descendió por sus mejillas, acariciando los aros dorados de sus orejas. "Sé que te pedí que me prometieras que no te enamorarías de él, pero creo que recordártelo ya no tiene sentido. Se ve a leguas que él significa mucho para ti." Bra no contestó a eso. Sentía cómo se le revolvían las tripas de pura congoja ante la irrefutable realidad de sus sentimientos. "¿Lo echas de menos?" tardó largos segundos en contestar, pero tras alzar la cabeza para admitir cuánto le dolía no saber nada de él desde hacía seis días, después de la última noche, después de los primeros besos, asintió con la cabeza muy levemente.

"Sí, le echo de menos" admitió, y suspiró una vez más, en profundidad, intentando llenar el hueco que sentía en el pecho con algo de aire. "Pero está claro que él no me echa de menos a mí. Ni siquiera ha intentado acercarse a mí desde entonces. Está claro que no le importa lo más mínimo cómo pueda sentirme" Pan quiso añadir que era normal que él no quisiera acercarse. Con todos los Guerreros Z rondando alrededor de la Corporación Cápsula, intentar acercarse a Bra era prácticamente un suicidio. Aun así la entendía y se tragó el ya te lo dije al ver a su amiga tan alicaída. Estaba claro que Broly no la apreciaba ni un poquito de lo que ella lo hacía.

Las dos se equivocaban.

[…]

Trunks anduvo hacia la amplísima habitación de la tercera planta que su madre utilizaba como su vestidor personal. Cuando era pequeño solía entrar allí y utilizaba la ropa de su madre y de su padre para disfrazarse junto a Goten y jugar así a espías y a alienígenas, un juego que les encantaba, y que ya siendo mayores lo recordaban por surrealista e hilarante. Dulces recuerdos de la infancia. Trunks, sin embargo, ya no tenía tiempo para esas tonterías. Solo hacía falta ver los balances de la corporación para darse cuenta del porqué.

Tocó a la puerta del vestidor sin apartar la mirada de los papeles que traía en la mano. Se recolocó las gafas para vista cansada que solía usar para no forzarla demasiado. Después de horas y horas frente a papeles, los ojos se cansaban y empezaban a fallar. Por supuesto, ni él ni Gohan las necesitaban realmente, pero siempre resultaban más cómodas a la hora de trabajar.

"Mamá, ¿puedo entrar?" cuestionó desde el exterior. "Creo que hay un problema con los balances de la unidad de investigación y desarrollo, pero…"

"¿Trunks?" oyó la voz de su madre desde el interior. "¡Oh, Trunks, claro!"

"¡No, él no!" oyó una segunda voz femenina que le resultaba muy familiar, e infinitivamente más dulce que la aguda de su madre.

"Pero es ideal para esto. Ya verás, ya. ¡Pasa, cielo, necesito tu opinión!"

Trunks abrió la puerta con una ceja alzada, sin darle mayor importancia a las personas que estuvieran reunidas en el ropero con su madre. Entró sin apartar la mirada de los papeles, pero cuando abrió la boca para empezar a hablar sobre la economía de la empresa y alzó la mirada bajo sus gafas, se quedó paralizado.

Aunque A-18 y Bulma estaban allí, Trunks solo se fijó en Marron, en su pelo rubio suelto, en sus ojos claros, en el rubor que le cubría las mejillas y en el precioso vestido de novia que llevaba puesto. ¿Por qué demonios llevaba un vestido de novia? Debía de ser uno de los docenas de vestidos que su madre había encargado para probarse para su boda, pero, ¿por qué lo llevaba ella? ¿Por qué le quedaba tan bien? ¿Por qué estaba tan ceñido al cuerpo y por qué resaltaba su pecho con esas perlas que decoraban su escote, y por qué llevaba encajes en los bajos dándole una apariencia tan inocente, y por qué le quedaba tan bien el blanco, y por qué podía imaginársela perfectamente de camino a un altar donde él la esperaba pacientemente, vestido de negro, con una flor en la solapa y con el corazón saliéndosele por la boca justo como le estaba ocurriendo en ese momento?

Bulma dejó escapar una sonrisa pícara al ver a su hijo paralizado en el umbral de la puerta con una clara mueca de atontamiento perfilándose en sus labios, con las cejas alzadas deshaciéndose por una vez del gesto siempre intimidante que había heredado de su padre. Le dieron ganas de reír.

A-18 observó la cara de Trunks y la catalogó como la cara de un idiota enseguida. Era la misma cara que ponía Krilín en las raras ocasiones que la veía sonreír. Miró a su hija de soslayo y descubrió una expresión más de timidez que de estupidez. Marron jugaba con sus dedos sobre las faldas del vestido que había insistido en probarse después de que Bulma le enseñara todos uno a uno. No era ningún secreto que su hija adorara la ropa al igual que ella, además de su sueño de convertirse en diseñadora algún día, así que nada más ver los vestidos, había rogado que Bulma le dejara probarse uno. Por supuesto, no se esperaba que al hacerlo apareciera el niño, ya hecho adulto, que le subía las faldas cuando era pequeña para verle las braguitas de ositos y reírse de ella.

Marron hizo un mohín con las mejillas ruborizadas, encogiendo el cuello con vergüenza, y A-18 se dio cuenta entonces de lo que allí ocurría. A Marron le gustaba el muchacho, y él… él parecía un completo idiota mirándola así. El cerebro de androide de A-18 dio una sacudida al atar cabos y llegar a una conclusión muy acertada. Trunks era un saiyan, un príncipe y encima era multimillonario. Nunca hubiera imaginado que su hija tuviera tan buen ojo. Si esos dos se casaban, ¡serían ricos! A-18 ya podía ver cuántos vestidos, zapatos y divinos complementos caerían en sus manos entonces. Decidida, se acercó a su hija y posó una mano sobre su hombro con un gesto tan calculador como maternal.

"Es preciosa, ¿verdad? ¿A que dan ganas de casarse con ella?" le preguntó al muchacho.

"¡Mamá!" se quejó Marron, aunque en realidad su interior se deshizo a la espera de una respuesta. Trunks despertó levemente de su estado de trance. Todavía podía verla caminando hasta el altar, pero cuando A-18 le habló y se apresuró a tragar saliva con los ojos brillantes, no supo qué contestar.

De pronto, una sacudida de aire hizo que los papeles que Trunks llevaba en la mano se volaran y se desparramaran por el suelo. Ya totalmente despierto de su trance, se apresuró a recogerlos con las mejillas ardiendo. Bulma quiso ir a ayudar, pero A-18 la detuvo con un gesto cuando su hija, por voluntad propia, caminó hasta él con la dificultad que le suponía llevar el traje de boda y se agachó para ayudarle.

"No, no hace falta…" murmuró él con voz ronca.

"Lo siento, es culpa mía. Me dejé llevar y no estudié los balances detenidamente antes de dártelos"

"Claro que no, yo soy el que debería encargarse de esto y…" Trunks alzó la vista cuando ella recogió el último papel. Sus ojos se cruzaron y el intenso rubor pasó a ser poco más que algo de congoja y bochorno. Un silencio abrasador se formó entre los dos, y Trunks reunió el valor necesario para hablar cuando se dio cuenta de que él debía llevar la iniciativa si quería alcanzarla después de tantos años observándola desde lejos. "Estás preciosa. Cualquier hombre esperaría todo el día en el altar por una novia como tú" no le costó tanto trabajo decirlo como pensaba y Marrón se ruborizó aún más, con los ojos brillantes por la emoción.

"Gracias. A ti… te sientan bien las gafas" fue lo único que se le ocurrió decir a ella, e inmediatamente se llamó a sí misma estúpida, pero a Trunks no pareció importarle lo más mínimo y sonrió.

Tras ellos, A-18 y Bulma los observaban con orgullo.

"Por fin tendré una nuera en condiciones que me dé preciosos nietos" dejó escapar Bulma con una risita.

"Y yo por fin seré rica" ambas mujeres destilaban peligro por cada poro de la piel, pues no se detendrían por nada del mundo para conseguir lo que querían.

Después de la cohibición inicial, Trunks se levantó del suelo y se estremeció cuando la corriente de aire que había enviado la documentación al suelo le acarició la nuca. Mientras Marron se levantaba y volvía al interior del vestidor, Trunks salió al pasillo de la mansión y anduvo hasta la enorme ventana que se había abierto de par en par. Se extrañó, pues nunca abrían las ventanas del pasillo a no ser que fuera verano y el aire acondicionado no funcionara. Asomó la cabeza y lo único que consiguió ver fue el jardín trasero, donde estaba la piscina cubierta por una frágil capa de hielo. Por allí no pasaba nadie a no ser que fuera verano, así que Trunks, pensando que alguno de sus invitados había roto la norma no escrita de no abrir las ventanas en invierno, se adentró de nuevo en el pasillo y se dirigió a los vestidores otra vez, bien dispuesto a seguir la sesión de modelaje aunque odiara el histerismo de las mujeres por la ropa. Mientras fuera Marron quien modelara, podía estar seguro de que no se aburriría.

Antes de entrar en la habitación creyó ver de soslayo algo agitándose al final del pasillo. Sus ojos se clavaron allí de inmediato, pero solo se encontró con la esquina y la blanca pared decorada con cuadros modernos. Trunks se quitó las gafas. Debían estar sucias. Hubiera jurado que había visto una cola agitándose en el aire antes de desaparecer tras la esquina.

[…]

Bra se estiró en la bañera de su cuarto de baño en cuanto despertó de su pequeña siesta. De no ser por su propio calor corporal, el cual había aprendido a ascender según le conviniera después de pasar horas entrenando bajo la nieve por enseñanza de Broly, el agua estaría helada, pero se mantenía tan caliente como dos horas atrás. Después de remolonear un poco más en el agua y entre las olorosas sales de baño de frambuesa, oyó un ruido en el exterior, proveniente de su cuarto.

"¿Pan? ¿Ya has vuelto del entrenamiento?" preguntó, pero no hubo respuesta. "¿Pan?" curiosa, se levantó con los pies todavía hundidos en el agua y alzó un brazo para alcanzar la toalla que colgaba sobre la mampara de la ducha. Antes de ponérsela abrió la mampara y sacó una pierna, dispuesta a salir para encontrarse con su mejor amiga.

Justo en ese momento, la puerta del cuarto de baño se abrió y la persona que menos esperaba encontrar en aquel instante entró con los cinco sentidos agudizados, alerta.

"Bra…" la llamó con esa voz tan masculina y autoritaria que, en ocasiones, podía provocar pavor.

La joven se quedó estática al ver a Broly, a su Broly, adentrándose en el cuarto de baño con cara de urgencia, como si llevaran sin verse años y él la hubiera dado por muerta todos ellos hasta aquel instante. El cerebro de Bra no reaccionó al ver su enorme cuerpo atravesando el umbral de la puerta agachando un poco la cabeza para no golpearse contra el marco. Entonces él también se quedó quieto al ver que estaba completamente desnuda. Sus miradas cargadas de sorpresa se cruzaron primero. Acto seguido, la de él descendió hasta sus voluminosos pechos, que se agitaron cuando Bra se estremeció, a punto de llevarse las manos a la cabeza. No eran tan grandes como los que había visto en esa mujer que tanto se parecía a ella al entrar en la corporación por la ventana, pero no podía quejarse. Sus ojos descendieron hasta ese abdomen duro y bien entrenado para recorrer las caderas y las atléticas piernas. Finalmente, se detuvo en la entrepierna, justo sobre el escaso vello púbico azul. No pudo evitar recordar que lo había tocado y que uno de sus dedos había estado ahí dentro.

Cuando la cola de Broly, que hasta ese momento se había mantenido quieta en el aire, se erizó y se puso tiesa a su espalda, Bra atinó a dar un chillido y a cubrirse inmediatamente con la toalla. ¿Por qué estaba tiesa? ¿Qué demonios significaba que tuviera la cola tiesa?

"¡Largo de aquí, mono pervertido!" chilló, y acto seguido volvió a hundirse en el interior de la bañera con la toalla enredada alrededor del cuerpo. Broly despertó entonces y alzó una mano con la intención de apaciguarla, pero antes de que pudiera explicarse siquiera, un bote de champú voló hasta él y tuvo que hacer malabares para esquivarlo junto con el resto de botes. "¡Eres un animal, un cerdo! ¿Cómo demonios has entrado aquí?" chillaba ella. Después de esquivar con ligeros movimientos de cabeza las cremas y los botes de colonia que le lanzaba, Broly anduvo hasta ella sin el más mínimo rastro de pudor. Bra se encogió todavía más, agarrándose la toalla y apartándose de él todo cuánto su cuerpo pudo. Cuando Broly se agachó frente a la bañera y la examinó con ojos profundos, ella contuvo el aliento.

"¿Estás bien?" le preguntó, y Bra pestañeó, sin entender a qué venía esa endemoniada pregunta. Broly ladeó la cabeza como si intentara ver lo que había debajo de la toalla y ella se abrazó a sí misma, espantada. "¿Te ha pegado?"

"¿Qué?" murmuró, sin entender.

"¿Vegeta te ha pegado?"

"¿Por qué mi padre iba a pegarme?" Broly frunció el ceño.

"¿Te ha insultado y te ha encerrado en un lugar tétrico y oscuro? ¿Te ha torturado para que no hables?" la cara de Bra estaba desencajada por lo ridículo e impredecible de la pregunta. "¿Quieres que lo mate ahora?"

"¡No! ¿Por qué iba a querer que mataras a mi padre? No me ha hecho nada malo, solo me ha castigado"

"¿Castigado?" preguntó él. Su seriedad asustaba. Bra no recordaba la última vez que lo había visto tan serio. "Entonces sí te ha torturado"

"¡No, no entiendes nada! Me refiero a que me ha reñido y me ha ordenado que me quede en mi habitación hasta que se le pase el enfado. Además, me ha prohibido entrenar, así que…" entonces Bra lo entendió. Lo supo cuando analizó detenidamente el rostro de él, por el momento controlado, pero escondiendo una gran furia palpitante que esperaba salir en cuanto ella dijera las palabras claves. El enfado y el rencor que se había esforzado por reunir después de que él la dejara sola en una situación tan desafortunada desapareció al instante, siendo sustituidos por una sensación cálida que casi la hizo subir al cielo con esa imagen tan tierna.

Bra se acercó a él, deshaciendo la lejanía que se había esforzado por mantener hasta ese instante, aun con las manos alrededor de la toalla. Le miró fijamente a los ojos y detectó en sus cejas levemente fruncidas lo que quería ver. Sintió que las mejillas le ardían.

"Broly, tú… estabas preocupado por mí" afirmó muy convencida, encogiéndose de gozo y halago. En aquel momento se sintió la chica más afortunada y querida del mundo. Por su parte, él no supo qué decir. Su cerebro trató de procesar lo que ella acababa de decirle, y cuando entendió lo que esa afirmación implicaba, un espasmo le hizo retroceder de espanto.

"¡Yo no estaba preocupado por ti!" exclamó enseguida, cruzándose de brazos con total indignación.

"Si no estabas preocupado, ¿por qué te has colado en un lugar donde corres un grave peligro y, de entre todas las habitaciones, vienes precisamente a la mía para preguntarme cómo estoy?" Bra apoyó una mano sobre la bañera y se aupó hacia afuera, procurando que su toalla no dejara a la vista más de lo deseado, acercando su cara a la de él, que de forma precipitada retrocedió hasta que sus cuclillas no pudieron aguantarlo. Cayó al suelo de culo y ella le mostró una sonrisa cargada de emociones que él no sabía cómo interpretar. "Eres el hombre más adorable del mundo" dijo, y entonces depositó un suave beso sobre su mejilla.

Broly se quedó quieto sobre el suelo mientras ella salía de la bañera totalmente feliz. Sus piernas desnudas le distrajeron solo un instante antes de quedar en estado de shock. Le habían llamado monstruo, demonio, sádico, animal, bruto, asesino, genocida, loco, destructor de planetas, carnicero, e incluso armario empotrado o rinoceronte, pero… ¿adorable? ¿Por qué adorable? ¿Adorable como un león peleando contra otro, o adorable como esos cachorrillos perrunos que anunciaban en la tele? ¿Adorable como qué? ¡Él no era adorable, él era un maldito asesino, un destructor! Nunca, no desde Kakarotto, se había sentido tan humillado.

Broly se volvió con la cara roja por la furia y la indignación.

"¡Yo no soy…!" pero no terminó de decir la frase, pues sus ojos quedaron clavados en las bragas que Bra estaba deslizando por sus piernas para colocarse la ropa interior bajo la toalla. Mostró una pequeña porción de carne rojiza y su cola se erizó nuevamente. Vio cómo descendía la toalla lo suficiente como para colocarse el sujetador sobre la espalda para engancharlo por delante y darle la vuelta para sujetar los senos que apenas le había dado tiempo a analizar. Cuando terminó de colocárselo, se puso la toalla otra vez y le miró de reojo. Él no hizo nada por evitar su mirada, aunque sintió la necesidad de desviar los ojos de los suyos para que ella no pudiera apreciar su turbación.

"Gracias" soltó ella, y Broly se levantó del suelo, alejándose de la bañera para andar hasta la puerta. Estaba dolido. Esas últimas palabras significaban algo que no le gustaba. ¿Estaba pasando de ser el duro asesino que todo el mundo temía a ser un "hombre adorable"? Horrible. ¿Cuándo había permitido que eso ocurriera? No tenía ni idea, pero el hecho de que se hubiera pasado los últimos seis días pensando en lo que Vegeta podría haberle hecho a Bra en lugar de pensar en cómo matarlos a todos, solo podía corroborar la dolorosa verdad. Se estaba volviendo tierno, quizás demasiado blando.

Ella tenía razón. Había estado sumamente preocupado durante toda la semana hasta que por fin la había visto, y el riesgo había sido desproporcionado. No había usado ninguna clase de ki para acercarse a la mansión, ni siquiera había entrado volando, sino trepando para que nadie lo detectara. Dentro de la enorme casa solo se valió de su olfato para encontrarla, y había tenido suerte de no toparse con nadie más aparte de con ese hermano suyo y las extrañas mujeres que se probaban ropa. Si en lugar de Trunks hubiera sido Vegeta, el saiyan experimentado lo habría detectado. Abochornado a más no poder, sintiendo vergüenza de sí mismo por el, a su parecer, patético espectáculo, Broly agarró el pomo de la puerta para desaparecer. Cuanto más tiempo permanecía allí más aumentaba su bochorno y deshonra.

"¿Broly?" lo llamó ella cuando lo vio abrir la puerta.

"Me voy" fue su único aviso. Bra lo miró largamente, analizando lo poco que podía ver de su rostro frío y calculador. No tuvo tiempo de pensar ni de detenerse a darle vueltas a sus sentimientos, pues verlo ahí, decidido, a punto de irse después de tanto tiempo sin saber nada de él, de largarse para, quizás, no volver, provocó una reacción instantánea en ella que nunca hubiera imaginado que tendría.

Sin más, Bra lo agarró del hombro y lo obligó a darse la vuelta usando el peso de su propio cuerpo. Le rodeó la cintura y lo abrazó con todas sus fuerzas, hundiendo la cabeza sobre sus duros pectorales.

"¡No te vayas!" le pidió. "¡Te he echado de menos!" le apretó con tanta fuerza, que el cuerpo de él se estrelló contra la puerta, cerrándola de nuevo. Ella no quiso mirarlo al no sentir sus brazos rodeándola de igual manera. Temía el duro rechazo que, sin duda, llegaría por romper la regla no escrita del límite de contacto. Siempre que se acercaba a él debía hacerlo con cautela, temiendo reacciones agresivas, pero esa vez lo abrazó sin pensar en ello, prácticamente aterrorizada de pensar que no volvería a verle. De solo pensarlo se le revolvía el estómago y le entraban ganas de llorar. "¡No quiero que me dejes, quédate conmigo!"

Broly no podía creérselo. Acorralado contra la pared, no podría creerlo.

Era la primera vez que alguien le pedía que no se fuera, la primera vez que le pedían estar cerca, que le decían que le habían echado de menos. Todo el mundo quería que se fuera no solo por lo que su presencia implicaba, sino también por su agresiva y tensa aura. Todo él era maquiavélico e impredecible, como una bomba que podría estallar en cualquier momento. Nadie le había abrazado nunca, nadie se había acercado tanto si no era para hundirle un puñal en el estómago. Nadie, y mucho menos su padre, que le tenía tanto miedo como odio. Broly no sabía qué hacer ni qué sentir. Se quedó quieto, con los brazos estirados a ambos lados de la pared, lejos de ella, rehuyéndola como si su contacto le quemara. Sintió algo sobre su pecho, la humedad que por un momento atribuyó a su pelo mojado, pero aunque él se esforzó por ignorarlo, no era eso lo que recorría las mejillas de su alumna.

"Abrázame" le pidió ella, pero él no lo hizo. Giró la cabeza para no ver sus lágrimas y se reprimió. Aquello no podía ser. Bra había sobrepasado su límite con creces y, de alguna manera, estaba alterando su comportamiento. Broly no quería cambiar, no quería que lo hiciera sentir como un adorable perro amaestrado. Él no se rebajaría al nivel de Vegeta o de Kakarotto. Debía establecer un límite.

Pero entonces la princesa alzó la cabeza y clavó unos furiosos ojos sobre él. El azul parecía desprender fuego con cada lágrima que resbalaba por sus mejillas.

"¡Abrázame!" demandó con un grito, y una de sus manos se cernió sobre su barbilla, clavándole las uñas a ambos lados para obligarle a bajar la cabeza para mirarla. La agresividad y la seguridad lo pillaron desprevenido, pero no fue eso lo que lo hizo reaccionar. Su cola, en ese instante escondida entre sus piernas como la de un perro asustado por las regañinas de su dueño, se tensó en demasía cuando ella alzó el vuelo lo suficiente como para llegar hasta su boca y reclamar un beso que no dejaba espacio para los romanticismos. Se lo merecía después de seis días sin saber nada, después de seis días pensando que, quizás, lo habían liquidado y por alguna ironía cruel, ella no se había enterado.

Se lo merecía porque, al fin y al cabo, ella era su princesa.

Después de eso, los brazos de Broly se cernieron sobre el pequeño cuerpo y los límites se rompieron. La apretó, furioso por su cabezonería y sus intentos por dominarle y tras saborear sus labios mínimamente, los peores temores de ella se hicieron realidad. Broly cerró los dientes sobre su labio y la mordió, y Bra se separó al instante, atrapada entre sus brazos e intimidada por esa sonrisa que no veía desde hacía seis días. Ya sabía cómo manejar esa clase de agresividad que le invadía cada vez que se acercaba más de lo necesario, y sin más le arreó un rodillazo en la ingle que hizo que él se encogiera y la soltara de inmediato. Se dobló sobre sí mismo como si en lugar de haberle dado un golpe en los testículos le hubiera dado un rodillazo en el estómago y la miró fijamente, amenazante. Bra le devolvió la mirada sin rastro de miedo, y entonces él dio un paso al frente, la agarró del brazo antes de que pudiera escapar y la acorraló contra el lavamanos. La cabeza de la joven se golpeó contra el espejo, resquebrajándolo al instante, y antes de que se diera cuenta, Broly ya le había agarrado de las piernas y se las había subido hasta que sus pies tocaron sus hombros. Bra pataleó y le dio una patada en la mandíbula con el talón. Él se sacudió bruscamente y apretó sus talones con las manos antes de colocarle las piernas sobre sus hombros para descender hasta ella.

La espalda de Bra se dobló de manera incómoda y la entrepierna de él quedó a la altura de su propia entrepierna, cubierta solo por las bragas que apenas le había dado tiempo a colocarse.

"¡Eres un maldito bestia!" chilló.

"¿Dónde ha quedado eso del hombre más adorable del mundo?" cuestionó él con gesto de superioridad y diversión. Luego la besó, y Bra consintió que frotara sus labios con los suyos mientras le golpeaba la cabeza con débiles puñetazos. Cuando él intentó introducir la lengua, fue cuando Bra enseñó los dientes y le mordió el labio. En lugar de apartarse, Broly empujó hacia delante con brusquedad y la cabeza de Bra chocó contra el espejo resquebrajado, haciéndolo añicos. Por un momento, ella fingió quedar aturdida y Broly se apartó al ver que no se movía. Con las narices todavía pegadas, la miró. "¿Bra?" la llamó, y ella aprovechó ese momento para morderle la boca con fuerza, apartarlo de un empujón con los pies y levantarse para noquearle como él mismo le había enseñado. La toalla cayó al suelo, y en ropa interior lo agarró por la muñeca y se la dobló sobre su propia espalda con una llave tan paralizante como dolorosa. Broly, con un extraño sabor a óxido en la boca, la miró de reojo y la retó a hacer lo que podría hacerle en esa posición: romperle el brazo o dislocarle el hombro. Le sonrió, altivo, y Bra se sintió herida en el orgullo al descubrir que él no la creía capaz. Le dobló la muñeca lo suficiente como para provocarle un dolor agudísimo, pero Broly no pareció inmutarse siquiera. Recordaba el dolor que él le había provocado cuando le enseñó la llave, tan fuerte que las lágrimas se le saltaron y gritó pidiendo que la soltara. Sabía con certeza que le estaba haciendo daño de verdad, pero él no parecía notarlo.

"Ya te he dicho que estoy acostumbrado al dolor" Bra tiró con más fuerza y Broly solo soltó una leve risa antes de hacer un movimiento que la dejó patidifusa. Oyó cómo el hombro del guerrero crujía y se deformaba cuando él lo dobló, y entonces dio una vuelta sobre él con un crujido que le puso los pelos de punta, y se soltó del agarre. Inmediatamente la agarró por la nuca y, sin más, la arrojó a la bañera elevándola unos centímetros del suelo. Bra se hundió unos instantes antes de que su cabeza emergiera y sus ojos se clavaran en él, que posicionó su mano sobre su hombro dislocado y se lo encajó sin mostrar un ápice de dolor.

"Por Dende…" dijo, impactada. Él dio media vuelta con aires de grandeza, creyéndose ganador, pero como otras veces descubrió demasiado tarde que la había subestimado. Bra estiró una mano y lo agarró de la cola antes de que pudiera moverse. Tiró de ella con fuerza y en cuestión de segundos, los dos acabaron en la bañera medio vacía, con el suelo del baño encharcado. Sin soltarle la cola, forcejeando, consiguió alzarse y sentarse encima de él, sobre su duro estómago.

Broly la miró con el ceño fruncido, fastidiado y, aparentemente, cansado de jugar.

"Ya estoy harto. Me largo"

"De eso nada" negó ella, apoyando una mano sobre uno de sus pectorales para que no se moviera. "¿Por qué te empeñas en ser el malo de la película? ¿Matar y destruir te parece algo de lo que estar orgulloso?"

"¿De qué coño estás hablando ahora?" cuestionó él sin ocultar su molestia. Le giró la cara, pero Bra lo agarró de la barbilla otra vez y lo obligó a mirarla.

"Ah, no. No vas a huir otra vez"

"¿Cuándo demonios he huido yo?"

"Huyes constantemente. Cuando te hago preguntas sobre el pasado, me esquivas y me cuentas otra historia, o simplemente suspiras y te largas. ¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué te empeñas tanto en ser un mal hombre cuando es obvio que puedes no serlo?"

"Nací para matar y destruir, medio humana" fue su seria y rápida sentencia.

"¿Y eso te lo dijo tu padre? ¿Es por eso por lo que pensabas que el mío me había pegado, porque tu padre te hizo daño?"

"¡Yo no he dicho que lo dijera mi padre!" exclamó, irritado. Esa reacción decía todo lo contrario a lo que decían sus propias palabras. Bra sintió una gran lástima, compasión por la enorme figura que la observaba desde abajo como si fuera una amenaza. Estaba empezando a temer que él la considerara como tal porque, desde luego, no quería que supiera ciertas cosas sobre su pasado. No sabía si era porque le daba vergüenza o porque no quería recordarlo, pero si quería deshacerse de ese gran odio que sentía por todo y por todos, no le quedaría más remedio que abrirse.

El problema era que él no quería deshacerse de su escudo de odio.

"Broly" él la miró con una ceja alzada, mostrando su irritación abiertamente. Cuando Bra soltó su barbilla, él le esquivó la mirada, desinteresado por cualquier cosa que ella le dijera. "Sé que no te gusta hablar sobre eso y no voy a forzarte, pero al menos dame algo a lo que atenerme, porque yo…" Bra calló. Su flequillo azul ocultó sus ojos y el rubor que le cubría las mejillas.

"¿Tú qué?" quiso saber él, pero ella no respondió. Agarró su mano, mucho más grande que la suya en comparación, y también más dura y áspera, y la colocó sobre su mejilla. Él observó cómo dejaba caer su cabeza sobre ella, acariciándola con los dedos. Esa mano había descuartizado a más seres de los que podía recordar, y ella no la temía.

"Yo sé que tú no has nacido para destruir" Broly se sintió mal. Se le formó un nudo en la boca del estómago cuando ella acarició la palma de su mano, esa palma asesina, con los labios.

"Te equivocas, no sabes cuánto"

"No me has destruido a mí, ¿no? Y has podido hacerlo en muchas ocasiones"

"A ti no quiero hacerte daño. Eres la única persona del universo que no será herida por mi mano una vez llegue el momento" Bra se enterneció, y el rubor que le cubría las mejillas se desarrolló por toda la cara. Hizo que su mano descendiera en una caricia hasta su corazón, que latía con una fuerza descomunal, justo entre su sujetador que, empapado como estaba, hacía que se transparentaran sus pechos. Él los veía, pero aunque la visión le perturbaba la mente y esta pedía a gritos que los envolviera con las manos, no lo hizo.

"No quieres destruirme" repitió ella. "¿Lo entiendes? Puedes decidir entre destruir o no"

Broly dejó escapar una risa sarcástica. Ella no sabía nada aunque se empeñara en saberlo todo. Él había intentado decidir hacía mucho tiempo, pero cuando empezaba no había forma de pararlo. Había hecho más cosas de las que ella podría soportar escuchar, pero mientras no se las contara seguiría insistiendo, confiando en él, y eso estaba bien porque si se enteraba de todo, no querría volver a saber nada de él. Y él no quería que eso pasara, porque si ya no lo quería, no tendría sentido dejarla viva.

Broly se inclinó hacia adelante y Bra lo imitó cuando supo que estaba buscando sus labios.

"Eres tan ingenua…" le dijo cuando sus frentes se unieron. Entonces cerraron los ojos para dar por acabada esa conversación. Esta vez, la mano de Broly sí se ciñó sobre uno de los mojados pechos, envolviéndolo con ella, apretándolo lo suficiente como para que Bra dejara escapar un jadeo mientras sus labios se unían, sus brazos le rodeaban el cuello y sus dedos se hundían en su pelo oscuro.

Daba igual cuántas veces él lo negara. Ella estaba cada vez más segura de que no estaba hecho para destruir. En momentos como ese juraría que estaba hecho para estar con ella.

"¡Braaaaaaa!" la excitación, o el momento romántico según quién lo viera, se deshizo cuando la voz chillona de Pan se adentró en la habitación para, acto seguido, atravesar el baño al abrir la puerta y adentrarse en él. "¿A qué no sabes qué? ¡Uub y yo hemos estado a punto de…!"

Solo cuando ella dejó de hablar y se quedó clavada en el sitio dejaron de besarse para mirarla. Solo entonces la sonrisa que la joven llevaba pintada desapareció al verles allí, abrazados, ella sentada encima de él desde una perspectiva desde la que solo podía ver desnudez. Esa imagen la descolocó por completo, pues no solo no se esperaba ver allí a Broly, sino que encima parecía estar a punto de hacerle algo a su amiga de lo que luego ella se arrepentiría. Pan intentó contener un grito, pero fue imposible no llevarse las manos a la cabeza y soltar un chillido que retumbó entre las paredes del baño.

Pillados.

[…]

"Lárgate de una vez" exigió Pan mientras cenaba sobre el escritorio de Bra. Como la adolescente seguía castigada, comía en su propio cuarto como una presidiaria. La propia Pan era la encargada de llevarle la comida y la cena, y puestos a hacer de mejor amiga, se quedaba a su lado en lugar de ir al comedor junto al resto de los guerreros. Ese día lo hizo con especial desilusión, siendo observada de cerca por Broly, que revoloteaba a su alrededor husmeando la comida de ambas chicas.

"Eso no lo decides tú" la corrigió él con altanería. Estiró un brazo para agarrar un trozo de carne pero Pan le abofeteó la mano, apartándolo de la comida de su amiga.

"Si tienes hambre vete a matar ciervos, animal" Pan y Broly se fulminaron con la mirada. Estaba claro que no se llevaban nada bien. Bra salió del baño en ese momento, ya vestida, revolviéndose el pelo húmedo con una toalla.

"¿Queréis dejarlo ya?"

"¡Es que tu novio es insoportable!"

"¡Yo no soy su novio!" exclamó Broly enseguida. Luego miró a Bra con una expresión entre confusa y curiosa. "¿Qué es novio?" Bra suspiró, ruborizada.

"Significa pareja, idiota" le contestó Pan sin dejar de comer.

"¿Pareja… pareja para apearse?" entonces él pareció pensárselo detenidamente. "¿Si somos novios podremos aparearnos?"

"¿Es que solo puedes pensar en eso?" preguntó Bra.

"También pienso en matar a su abuelo" Pan se atragantó al oír semejante afirmación. Miró a Broly con rabia y él le sonrió con malicia. No, definitivamente no se llevaban bien.

"Vete al infierno"

"Vengo de allí, maldita mocosa, y no pienso volver en mucho tiempo"

"A no ser que yo me vaya de la lengua, claro está" lo amenazó ella.

"¡Inténtalo!"

"¡Parad ya, por favor! Me estáis dando dolor de cabeza" se quejó Bra, que ignorando su comida, se sentó sobre la silla del escritorio con las manos en las sienes.

"¿Lo ves? Le duele la cabeza por tu culpa" volvió a la carga Pan, que tras terminar su cena, se dirigió hacia Tama y lo estrechó entre sus brazos. El gato no le quitaba la vista de encima a Broly, pero no por temor. De hecho, se había restregado contra su pierna un par de veces y él, a pesar de su amenazadora aura, lo había ignorado.

"No es eso. Solo estoy estresada. Llevo demasiado tiempo sin entrenar y eso me irrita" Broly se sentó sobre la cama con la cola agitándose en el aire. Aunque el cuarto de la chica era grande, estaba lleno de cosas que romperían si se entrenaban allí. Además, lo detectarían al instante. Empezó a pensar en qué podían hacer para salir de allí sin que Vegeta se enterara, pero una energía débil lo desconcentró. Su cola dejó de agitarse.

Al instante, sorprendiendo a las dos chicas, el sonido de alguien llamando a la puerta con los nudillos sonó.

"Bra, cielo" oyeron la voz extrañamente alegre de Bulma al otro lado de la puerta. "He hablado con tu padre y ya puedes salir de tu habitación cuando quieras. ¡Pero sigues castigada, eh! ¿Puedo pasar?" Bulma agarró el pomo y tiró, pero antes de que pudiera abrir la puerta, Pan se cernió sobre ella y empujó hacia afuera, cerrándosela en las narices. "¿Bra?"

"¡Bra no está presentable!" gritó Pan enseguida.

"¿Y qué?" preguntó la mujer, confusa. "Soy su madre, Pan. ¡No me digas que le da vergüenza! Pero si yo te cambiaba los pañales cuando eras pequeña, Bra. ¡Vamos, ábrele a tu madre!"

Bra se quedó paralizada, pero Broly reaccionó enseguida. Se dirigió a la ventana del cuarto y la abrió para saltar y desaparecer tan pronto como había llegado. Por suerte para él, nadie cruzaba el jardín a esas horas de la noche.

"¡Espera!" lo llamó ella, agarrándolo de la mano.

"¿Qué estáis haciendo ahí dentro las dos?" preguntó Bulma al otro lado de la puerta.

"¡Bra!" exclamó Pan, nerviosa.

"¿Vendrás mañana?" preguntó la susodicha, desesperada, apretando con más fuerza su mano.

"No lo sé, ¿acaso tú quieres que venga?" Bra asintió aceleradamente. "Bueno… no prometo nada" dijo, remarcando la última oración con un ligero rubor en las mejillas, desviando la mirada para que ella no lo detectara. La princesa sonrió y le acarició las mejillas con ambas manos. Sus frentes se unieron y él restregó la suya contra sus sienes y su pelo azul, todavía húmedo, como haría un animal buscando una caricia. Luego, antes de que ella pudiera abrazarle, él saltó por la ventana y aterrizó ágilmente sobre el suelo para correr a toda velocidad lejos de allí. Bra ni siquiera oyó a su madre entrando en la habitación, observando cómo el cuerpo de Broly desaparecía en la oscuridad.

"¿Bra?" preguntó Bulma a su hija, al verla con la cabeza asomada por la ventana, ausente.

"Ainss…" suspiró ella. "Ahora entiendo a Julieta esperando a su Romeo" Bulma alzó una ceja y miró a Pan, sin entender a qué venía semejante muestra de retórica. Pan se llevó una mano a la cara.

"Solo espero que no acabéis igual que ellos"

[…]

"Así que tu hermano y Marron, eh" comentó Pan jugando con el gato sobre la cama de su amiga un rato después. Bulma había aparecido en el momento justo para traerles el postre y para cotillear con su hija, pasatiempo que siempre había agradado a Bra, pero al que después de despedirse de Broly había hecho ascos. Se había tumbado en la cama con la cabeza en las nubes mientras su madre le contaba con todo lujo de detalles cómo Trunks se había quedado embobado mirando a Marron con un traje de novia, y cómo no había apartado los ojos de ella en tres largas horas mientras la joven modelaba sin parar. Bulma incluso le había regalado algunos vestidos con los que Trunks se había puesto especialmente entusiasta con la esperanza de que algo sucediera en aquella casa mientras la familia de Krilín dormía allí. Su madre ya fantaseaba con tener nietos, y eso que pensaba tener su propio hijo pronto.

La familia Brief era tan rara.

"Yo pensaba que Marron no lo soportaba. A Trunks se le veía a leguas; siempre se metía con ella y se ponía muy nervioso cuando estaba cerca, pero de ella… ¿tú qué opinas? Marron me cae muy bien, aunque no sabe pelear como su madre. Quizás deberíamos hablar más con ella o... ¿Bra?" la susodicha seguía sentada frente a su ordenador, tecleando sin parar. Los restos de la comida seguían allí, y Pan no entendía por qué no bajaba a ver a los demás después de que su padre lo consintiera. Se hacía una vaga idea. Ella también tendría miedo de Vegeta si fuera su padre. "¿Todavía sigues con eso? Pensaba que lo dejarías después de ver a Broly"

"Verle solo me ha dado más motivos para seguir investigando. Está claro que él no me dirá nada sobre su pasado, y eso incluye el tema de los boburrianos"

"Bueno, por lo menos estás colaborando con los Guerreros Z a tu manera"

"Sí, pero… oye, Pan" la llamó. Se volvió hacia ella y le pidió que se acercara con un dedo. La joven, a regañadientes, lo hizo sin soltar a Tama. "¿Oíste algo sobre un tal sujeto 813 cuando peleaste contra los boburrianos?"

"¿Sujeto 813? Pues ahora que lo dices me suena haberlo oído, pero no estoy segura de cuándo. ¿Por qué lo preguntas?"

"He descodificado toda la lista de la morgue, todas las fotografías e incluso parte del idioma utilizando los datos sobre galáctico estándar del ordenador de mi madre, pero hay una ficha que me está costando muchísimo descodificar. Es mucha información comparada con la de los otros sujetos. Llevo más de una hora intentando descubrir el código de una de las imágenes y creo que estoy a punto, pero me resulta raro que haya tanta diferencia entre este y los demás sujetos"

Pan se encogió de hombros. Para ella, todos los datos y números que se mostraban en la pantalla del ordenador no tenían sentido.

"¿Y esa ficha es del sujeto 813?"

"Eso parece"

"Creo que los boburrianos dijeron algo sobre eso, pero no me acuerdo de qué. ¿Es tan importante?"

"Si está tan bien codificado, yo diría que sí. Es posible que sea alguna clase de sujeto que se salga de la media" Bra volvió al teclado y siguió trabajando sin detenerse. Pan suspiró y miró el reloj del ordenador, que marcaba la una de la mañana.

"Deberías dejar eso e irte a la cama. Tu madre le ha pedido a mi padre que te ayude con la carrera, y te aseguro que es muy duro. Te tendrá trabajando toda la mañana sin parar"

"Voy ahora mismo. Creo que ya lo tengo" tras un par de tecleos más, Bra pulsó el botón de enter y la pantalla se quedó en blanco un instante mientras la imagen palpitaba, reconstruyéndose frente a ella. "¡Lo conseguí!"

"En cualquier caso, si no duermes bien mañana tendrás ojeras y estarás horrible para cuando Broly llegue, ¿no crees?" le dijo su amiga para picarla, pero no obtuvo respuesta. Las manos de Bra quedaron flojas sobre el teclado cuando la imagen apareció ante sus ojos y, con un fuerte temblor, la joven se levantó de la silla, tirándola al suelo. "¿Bra?" preguntó Pan, preocupada al verla así, lívida, tan blanca como la leche. Pudo ver como una gota de sudor le recorría la frente hasta el cuello. "¿Qué demonios…?" volvió a cuestionar, acercándose a ella para asomarse y mirar la pantalla sobre su hombro. Lo que descubrió la dejó tan paralizada como a ella.

A diferencia de las otras imágenes, esa era de cuerpo entero y el alienígena que se mostraba en ella estaba vivo. No tendría más de diecisiete o dieciocho años, quizás incluso menos. Estaba totalmente desnudo, y los grandes y gruesos músculos junto al pelo oscuro y la cola que se encogía entre sus piernas dejaban ver claramente que se trataba de un saiyan de raza pura. Apenas podía sostenerse sobre el suelo, y Pan no sabía si se debía a su demacrado aspecto o a las cadenas de braummuro que le rodeaban tobillos, muslos, cuello, cintura y sobre todo brazos, desde los bíceps hasta las muñecas. Por si fuera poca contención, las cadenas ascendían hasta el techo y mantenían sus brazos tan estirados, que se veía claramente que se habían salido de sus hombros, dislocados. La brutalidad no acababa ahí. La habitación en la que se encontraba era inmaculada y la pared estaba tan blanca y limpia, que podía verse el reflejo de su espalda. Tras él, un grueso cableado se conectaba a su espina dorsal, donde podía verse un extraño aparato pegado a su espalda, recorriéndola desde la nuca hasta donde empezaba su cola. Ninguna sabía lo que era eso, pero a juzgar por la gama de colores amarillos, morados e incluso negros propios de heridas que intentaban sanar con o sin éxito, podían jurar que no era indoloro. La espalda estaba en carne viva, y la sangre descendía por sus piernas hasta el suelo.

A pesar de semejante tortura, él estaba vivo y miraba fijamente hacia delante con la expresión más fría e inhumana que alguien pudiera tener, lo suficiente como para ponerle los pelos de punta a cualquiera con el que cruzara la mirada. Tenía los ojos de un asesino, de alguien que había perdido la cordura, demenciales.

Los ojos de un perro rabioso.

Bra conocía demasiado bien esa mirada, porque la había visto cara a cara meses atrás. Conocía ese cuerpo que había visto desnudo tantas veces, conocía ese rostro rudo y ese pelo erizado. Sobre la imagen, unas palabras que habían sido traducidas a la lengua humana parecían brillar frente a sus ojos.

Sujeto 813: Broly.